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31 mayo 2006

FATIGA CRÓNICA

- ¿Cómo se encuentra hoy, Sr. Mancini?:

- Estoy....muy cansado...


¿Se acuerdan ustedes del pusilánime Sr. Mancini?. Era uno de los recluidos en aquel peculiar manicomio retratado de forma magistral por Milos Forman en “Alguien voló sobre el nido del cuco” (1975). El chalado histrión R. D. McMurphy, protagonizado por el celebrado Jack Nicholson, se le subía en una escena encima de los hombros para tratar de encestar una pelota de baloncesto en las canastas de la desolada y lúgubre pista de juego de la institución psiquiátrica. El Sr. Mancini siempre estaba profundamente cansado. Tal vez padeciera un síndrome de fatiga crónica en grado extremo.
Sostiene el Dr. Enrique Baca, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Puerta de Hierro, que los pacientes afectados por este extraño síndrome se quejan de un cansancio permanente e invalidante. Este experto no sabe si el sufrimiento de estos enfermos es mayor por la amplia y variada sintomatología física que padecen o por la incomprensión del entorno que les rodea. 
Hace unos días una funcionaria ourensana aquejada de fatiga crónica protagonizaba una sentada ante los estamentos sanitarios oficiales para llamar su atención y reivindicar sus derechos como enferma crónica. Es cierto que los que sufren enfermedades raras o escasamente prevalentes entre la población general se ven obligados a actuar de manera estridente y provocadora para lograr que la sociedad vuelva su mirada hacia sus padecimientos. De seguro que a esta paisana no le servirá de consuelo aquella máxima de Sócrates afirmando que es mejor sufrir una injusticia que cometerla.

También en fechas recientes he tenido la oportunidad de asistir a los actos conmemorativos del Día Mundial de la Fibromialgia, realizados de manera existosa en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ourense. En demasiadas ocasiones ambas patologías tienden a confundirse, quizás por sus características incapacitantes y crónicas. Mis admirados colegas y maestros, el Dr. Ovidio Fernández y el Dr. Manuel Cabaleiro, defendieron la creación de unidades multidisciplinares destinadas al diagnóstico y al tratamiento de ambas enfermedades, donde médicos de familia, internistas, reumatólogos, rehabilitadores, psiquiatras y psicólogos trabajen codo con codo para ofertar una mayor calidad asistencial.
Pero ¿y la comprensión social?. Las mayores dificultades con las que se enfrentan los pacientes de fibromialgia y fatiga crónica aparecen a la hora de reclamar sus derechos laborales, las incapacidades funcionales o las correspondientes pensiones por enfermedad; en otras palabras, al miedo al engaño y a la simulación. Es cierto que aquellos países cuyas legislaciones sanitarias resultan más laxas en el reconocimiento de la categoría de enfermedad profesional para estos trastornos se enfrentan a tasas más elevadas de indemnizaciones por discapacidad permanente. Pero resulta que estamos ante enfermedades que afectan predominantemente a mujeres jóvenes en edad productiva y reproductiva, y además ¿cómo actuamos la mayoría de los médicos de familia en nuestras consultas masificadas ante una paciente que de manera reiterada se queja de cansancio, debilidad muscular, flatulencia, diarrea, desmotivación, cefalea, dolores múltiples y variados, mialgias, tos crónica y persistente, falta de atención y pérdida de memoria, manos y pies fríos, fotofobia, erupciones cutáneas, sofocos, parestesias y fasciculaciones, intolerancia al alcohol, micciones frecuentes, etc, etc, etc.?

22 mayo 2006

LISTAS DE ESPERA





Por enésima vez se me quejaba la otra tarde un conocido sobre las listas de espera. Su esposa acudió a la consulta del médico de familia aquejada de unas molestias genitales. Una vez explorada le fue detectada una lesión vulvar, por lo que recibió la correspondiente hoja de interconsulta para el servicio de ginecología de referencia. A pesar de que dicha solicitud llevaba marcada la casilla preferente, a esta señora le dieron cita para atención especializada en marzo del 2007. 


Intentando su consuelo le conté otra historia similar: no eran hemorroides las que le causaban a un paciente asistido en mi consulta de atención primaria un sangrado anal recidivante. A pesar de referir unos llamativos antecedentes familiares de cáncer de colon (presentes en un tío paterno y en su propio progenitor) también le dieron cita para realizarse una colonoscopia en marzo de 2007. Por lo menos, el especialista del aparato digestivo apenas tardó 2 semanas en consultarle.

Estos son dos ejemplos de los muchos usuarios del SERGAS que en la provincia de Ourense se enfrentan a las barreras establecidas por la administración sanitaria que gestiona las listas de espera para una primera consulta o para la realización de una prueba diagnóstica en determinados servicios de atención especializada. En el caso de la ginecología, el otro día la portada de un diario anunciaba que el tiempo medio de demora alcanzaba los 117 días en Galicia; en otras palabras, los 4 meses. 


En este ejemplo concreto, la potenciación del nivel asistencial primario mediante el correcto desarrollo del hasta ahora llamado Programa de la Mujer, seguramente podría aligerar las listas de espera eliminando de las mismas a todas nuestras paisanas que intentan acudir al ginecólogo para una revisión de salud. Otro cantar sería ya la atención de mujeres portadoras de diversa patología.

El pasado 19 de mayo, un informativo de noticias electrónicas relacionadas con la sanidad se hacía eco de un reportaje que se me antoja de importancia capital, a pesar de que tan sólo se le dedicaran al mismo una docena de líneas: 23 años después, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le ha dado la razón a la propuesta del entonces Defensor del Pueblo, D. Joaquín Ruiz Jiménez, respecto a la licitud de acudir a un servicio asistencial ajeno siempre que el sistema público no sea capaz de proporcionarle al usuario la asistencia adecuada en tiempo y forma.

Ya se pueden poner las pilas sin distinción todos los servicios autonómicos de salud para establecer decretos que garanticen unos tiempos mínimo de espera reales, sin maquillajes, sin trampa ni cartón, con medidas eficaces y efectivas antes de que los jueces se pongan mano a la obra y las peticiones de los afectados colapsen nuestros masificados juzgados. De seguro que lloverán las facturas de los centros privados. 


Mientras se sigue echando mano de las en su tiempo tan criticadas peonadas y de los tan denostados centros concertados, los pacientes siguen esperando que se tome la medida gestora que todos conocemos para paliar el efecto oprobioso de las listas de espera: un mayor presupuesto sanitario. Eso sí, habrá que mojarse y decidir qué es políticamente más correcto: subir los impuestos (directos y/o indirectos), recortar las prestaciones o establecer medidas de copago. A ver quién se atreve a ponerle el cascabel al gato.

LAMENTO BOLIVIANO


Están que echan humo las emisoras de radio ante la inminente llegada del estío pugnando una vez más por la designación de la llamada Canción del Verano. Nada de extrañar en estas fechas puesto que todos los años asistimos impasibles a una pugna similar. ¿Recuerdan cuántas veces en el pasado se proclamó Georgie Dann vencedor de tan singular campeonato? 


Este año las tonadas nominadas para este insigne galardón son tres: “La Mordidita”, éxito de cubaton - reggaeton interpretado por el tropical Candyman, llena de ritmo porfiado y con una letra sugerentemente libidinosa, seguida muy de cerca por “A Cabritinha”, propuesta sorbetera entonada en la ilustre lengua de Camoens por Quim Barreiros, si bien el populacho se decanta por el triunfo del “Lamento Boliviano”, bachata popularizada en su día por los Enanitos Verdes y hoy felizmente revitalizada por el grupo caribeño Toque d´Keda.

Bolivia está de moda, y no sólo por la demostración política del lado oscuro de la fuerza de Evo Morales, el azote del capitalismo más ortodoxo en aquellas tierras de chaco y altiplano, considerado un moderno héroe revolucionario o un desagradecido que muerde la mano que alegremente le tendió el gobierno español según baile el agua del paisano. ¿Tal vez no murió en vano el Che Guevara en aquella escuelita de La Higuera?

Nuestro apreciado colega ourensano, el Dr. Manuel Garrido Valenzuela, es un experto conocedor de la realidad social y sanitaria de Bolivia, la nación más pobre de Hispanoamérica junto con Haití. Anda ahora empeñado este buen cirujano infantil en la siembra de quirófanos móviles por las estribaciones de los Andes bolivianos, dispositivos asistenciales que quizás permitan concluir su gran obra de entrega solidaria comenzada en solitario un buen día en la pequeña localidad de Santa Cruz de la Sierra.

Los problemas sanitarios de Bolivia se me antojan bien distintos a los de Galicia y de Ourense. Allí el 60% de la población es menor de 25 años y sólo el 7% es mayor de 65 años. Su tasa global de fecundidad se sitúa en los 3.8 hijos por mujer, oscilando entre los 3.1 del ámbito urbano y los 5.5 del rural. La esperanza de vida de un boliviano al nacer se sitúa en los 63 años y medio (considerando en conjunto ambos sexos).

En aquel país se mueren por culpa de las enfermedades cardiovasculares (30%), por las enfermedades transmisibles (12%) y por causas externas (11%). Bolivia no iba a ser la excepción y una vez más las mujeres tienen más probabilidades de morirse, sobre todo las rurales, las de menor grado de instrucción y las de origen campesino o indígena, lo mismo que las que han emigrado a los grandes centro urbanos buscando mejores condiciones de vida.

El cáncer de cuello uterino, por ejemplo, constituye un problema de salud pública de magnitud máxima en Bolivia. Sin embargo, la relación de casos SIDA es de 2.8 hombres por cada mujer. Respecto a la mortalidad infantil, entre 1989 y 2003 descendió de 94 por mil nacidos vivos a casi la mitad. Por último destacaría también que el 60% del territorio boliviano es endémico respecto al padecimiento de la enfermedad de Chagas.

Chompas aparte, sería necesario y deseable que las supuestas mejoras económicas pretendidas por parte del gobierno de Morales se vean convenientemente reflejadas en el ámbito de la sanidad. Bolivia no se merece más lamentos. Por cierto, la única canción del verano que se escucha a todas horas es el himno del Barça.

NOUVELLE CUISINE


Una de mis entretenimientos favoritos consiste en brujulear por las tiendas de discos y por las librerías de segunda mano en la búsqueda de curiosidades. Confieso que de esta manera he conseguido notables piezas de coleccionista. A veces tampoco hace falta visitar rastros de objetos inservibles porque los modernos centros comerciales y los grandes supermercados me sorprenden gratamente con alguna ganga en sus departamentos de saldos. La otra tarde sin ir más lejos me entretuve a ojear un gran cajón repleto de DVD de ocasión. Allí encontré un baratísimo ejemplar de sesión doble con “La tienda de los horrores”, tosca e ingeniosa obra de serie B dirigida en 1960 por Roger Corman y que presenta a un bisoño Jack Nicholson con una cara de loco que acojona, y “La última vez que vi París” (1954) de Richard Brooks, protagonizada por una bellísima Elisabeth Taylor de mirada color topacio imperial.

Precisamente entre la galería de chalados que capitaneaba Jack Nicholson en el filme de Corman destaca un tal Burson Fouch, excéntrico cliente habitual de las floristerías al que le encantaba comer flores. En estos días he visto en las noticias de TV unas secuencias sobre una feria gastronómica en la que los innovadores de la cocina proponían comer flores. La verdad es que las cajitas de plástico en la que se ofertaban estos regalos de la naturaleza se veían la mar de apetecibles. Lo cierto es que para los profanos en la materia como yo nos sorprenderá conocer que las flores han sido empleadas desde tiempo inmemorial en la cocina de las culturas indú, griega y romana, por ejemplo. Sus llamativos colores y sugestivos aromas parecen despertar los sentidos más vívidos de los comensales. Pétalos de rosa recién cortados (¿tal vez fue en Túnez donde probé un sorbete de pétalos de rosa?), violetas, jazmines, caléndulas, capuchinas, flores de azahar, magnolias, mejorana, hierba luisa o hierbabuena forman parte de un completo arsenal al servicio del creador culinario más atrevido.

En la cocina con las flores los expertos recomiendan las mismas precauciones que se toman con las setas, pues igualmente existen ejemplares comestibles y tóxicos. Acabo de leer en un blog de la web las experiencias de Carlos Meribona con flores comestibles tailandesas en el restaurante “Thai Gardens” de Barcelona: tempura de flor de calabacín y orquídeas, ensalada de pétalos de rosa con salsa de lima, caldo suave de flor de plátano con leche de coco o ensalada de la flor del dok kem (rauwolfia serpentine) rebozada con jengibre. Por cierto, existe un fármaco antihipertensivo que ha sido ampliamente utilizado llamado reserpina derivado de este mismo arbusto.

Mientras los poetas nos alertan que comer flores es un pecado mortal, porque es como comerse las estrellas o devorar rodajas de luz de luna, está claro que sobre el comer no existen límites. Sólo hay que esperar sentado hasta que una tendencia se ponga de moda: ¿comeremos normalmente en un futuro no muy lejano sabrosos insectos y larvas aderezados con los más exquisitos aderezos?; ¿dejaremos alguna vez de zamparnos a todos esos animales que tienen la desgracia de compartir con nosotros este ofuscado planeta? 


Releeré al malogrado antropólogo Marvin Harris a ver si encuentro las respuestas adecuadas.

03 mayo 2006

LA VOZ FEMENINA


En su magnífico poema “La voz a ti debida” prometía enamorado Pedro Salinas a su idealizada amada:

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!.
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría.


En contraposición a tan elevadas pretensiones, el antipoeta Aloysius termina de descubrir que la voz femenina provoca agotamiento en el cerebro del hombre, y no como fruto de especulaciones varias o de leyendas urbanas, sino basándose en sólidos fundamentos científicos.

Y es que parece ser que hartan por igual las voces de la esposa, de la madre, de la suegra, de las hijas, de las queridas, de las primas carnales y lejanas, de las vecinas, de las compañeras de trabajo y de las azafatas que nos explican cómo ponernos correctamente el chaleco salvavidas en un viaje aéreo que nos traslada desde Madrid a Granada, cuando el único verde mar que sobrevolamos lo forman los vastos olivares que manchan Andalucía al sur de Despeñaperros.

El profesor Michael Hunter, de la Universidad británica de Sheffield, ha estudiado mediante técnicas de neuroimagen similares a las empleadas en la resonancia nuclear magnética (RNM), cómo los tonos de voz femenina activan en general todas las áreas auditivas cerebrales, mientras que la voz de otro varón sólo estimula ciertas zonas subtalámicas. No se trata pues de un machismo encubierto, sino un fenómeno natural derivado de la mayor complejidad sonora de la voz femenina.

Tal hallazgo no deja de ser una curiosa anécdota que nunca debería servir de justificación para aquellos hombres que no prestan la debida atención a las mujeres de su vida. Cuán importante resulta la comunicación en nuestro cotidiano devenir; pero para que ésta se produzca siempre deben existir un emisor y un receptor, mecanismo al que los expertos añaden además el necesario “feed – back” o retroalimentación; en otras palabras, la certeza para el emisor de que su mensaje ha sido correctamente descifrado por el receptor.


Permanece Aloysius algo pasmado con todas estas cuestiones. Para contrarrestar su misoginia galopante le regalo otros preciosos versos de Salinas que dicen así: “ceñida en tu silencio/ sí y no, mañana y cuando/ quiebran agudas puntas/ de inútiles saetas/ en tu silencio liso/ sin derrota ni gloria./ ¡Cuidado!, que te mata/ fría, invencible, eterna/ eso, lo que te guarda/ eso, lo que te salva/ el filo del silencio que tú aguzas/.

Prestémosle pues la debida atención a las voces femeninas que cada vez se hacen sonar más intensas en nuestros oídos; especialmente a la de las abuelas. Yo hecho mucho en falta la de la mía. De veras.




ILUSTRES GALENOS


Le debemos el apelativo de galeno al médico griego que comenzó su actividad profesional en la vieja escuela de gladiadores de Pérgamo, y que alrededor del año 164 de nuestra era emigró a Roma, metrópoli de la antigüedad en la que llegó a ser médico de la corte del sabio emperador Marco Aurelio. Y es que en determinadas ocasiones resulta cuanto menos curioso el papel que los médicos desempeñamos en la sociedad. Sabe Dios cuántas espaldas partidas tuvo que atender Galeno remendando gladiadores para establecer la importancia de la columna vertebral en nuestra estructura corporal o cuantos tajos de espada hubo de suturar para interesarse por la disección de diversos sistemas musculares en el hombre y en los animales.

Recuerdo que a finales de los años 70 se saturaron las facultades patrias de Medicina como consecuencia de la proyección televisiva de la serie “Centro Médico”, gracias al papel estelar de Chad Everett como el atractivo cirujano Dr. Gannon. Parece ser que para la vocación médica resultó mucho más estimulante la aparición de un guaperas endomingado en las pantallas que las vidas ejemplares de D. Santiago Ramón y Cajal o del Dr. Severo Ochoa, a pesar de que nuestros Premios Nobel de Medicina también tuvieron sus espacios televisivos de ficción interpretados respectivamente por el gran Adolfo Marsillach y por el insípido Imanol Arias.

En la época del Dr. Gannon también se emitió “Marcus Welby, doctor en medicina”, si bien para el público femenino resultó menos encantador el personaje encarnado por el ya fallecido actor Robert Young. ¿Y qué opinan nuestras prójimas de galenos tan galanes como Omar SharifDr. Zhivago o Richard ChamberlainDr. Kildare?.


Pero no siempre la figura altruista del facultativo ha sido bien tratada por los medios de ficción. La siniestra lista negra es profusa, encabezada por el inquietante Dr. Moreau, un histriónico Marlon Brando en la versión de 1996 dirigida por John Frankenheimer, seguido muy de cerca por el malvado Dr. Mabuse de Fritz Lang, encarnación eterna del mal, artista del disfraz capaz de manipular y dominar la psique de sus infelices víctimas, para el cual nunca existió el amor como sentimiento, sino el deseo más violento y animal. 


Por cierto, Fritz Lang era el favorito para dirigir otra película emblemática de este retorcido género de terror, “El gabinete del Dr. Caligari”, pero al final el encargo fue llevado a término por otro director alemán llamado Robert Wiese. Impagable el personaje del sonámbulo Césare y terribles sus predicciones mortales. Otro galeno asesino fue interpretado por el turbador Vincent Price en la saga protagonizada por el malvado Dr. Phibes, especializado en el homicidio selectivo de sus antiguos colegas por venganza. ¿Y qué decir del reciclado ex - nazi Dr. Strangelove?. 


Todos ellos se convierten en claros ejemplos negativos contrarios al espíritu bondadoso que impregna nuestro Juramento Hipocrático. Hay quien sostiene por ahí que este juramento debe su nombre mitad y mitad a Hipócrates de Cos, padre de la medicina naturalista, y a lo hipócritas que podemos ser los facultativos cuando nos escondemos detrás de nuestra jerga técnica y de nuestra falta de humanidad para con nuestros prójimos.

Como castigo para los deslenguados pienso pedir cita para ellos en las consultas de mis colegas de ficción, empezando por la del Dr. Doolittle, el médico que hablaba con los animales, para continuar con la del Dr. Patch Adams, a ver si le aplica un tratamiento intensivo a base de risoterapia. Espero que no haya lista de espera.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS



Nos pasamos la vida formulando preguntas; unas veces obtienen la respuesta adecuada, pero en la mayoría de las ocasiones no resulta así. Inquisitivas preguntas pertenecientes al estricto ámbito de la convivencia doméstica: ¿cuándo vas a ordenar la habitación?, ¿a qué hora llegaste anoche?, ¿tienes dinero?. 


Candorosos interrogantes infantiles de inusitada profundidad espiritual: ¿por qué se ha muerto nuestra mascota?, ¿irá también al cielo como el abuelo?, ¿nos estarán observando juntos desde aquella lejana estrella que brilla en el firmamento?, ¿de dónde vienen los niños?.

La tan socorrida parte vocacional de la profesión médica radica en la disposición permanente para contestar todo tipo de preguntas. Y si no que se lo pregunten al tándem formado por Mark Leyner y Billy Goldberg, autores del libro que lleva camino de convertirse en best – seller titulado “¿Por qué los hombres tienen pezones?”, en el que un médico de urgencias y un periodista recopilan una serie de cuestiones que los pacientes sólo se atreverían a preguntarle a su médico de cabecera tras haber ingerido al menos un tercer Martini ®


Entre las perlas de este recopilatorio existen algunas tan histriónicas e indiscretas como por qué nos entra hambre al cabo de una hora de comer en un restaurante chino, por qué tenemos apéndice si podemos vivir sin él o la trascendental duda sobre si podremos contraer alguna enfermedad por sentarnos en un váter público.


Queda claro que un médico que se precie debe estar siempre dispuesto a contestar las preguntas que cualquier prójimo le formule en cualquier situación y circunstancia, a cualquier hora del día o de la noche, luzca un sol resplandeciente o lluevan chuzos de punta, se trate de un día corriente o de un necesario festivo. A veces resulta harto complicado dar una respuesta adecuada a una pregunta aparentemente simple, pero que detrás de sí esconde terribles dudas vitales para nuestro interpelador.

El otro día un compañero leía el informe del alta hospitalaria de un paciente afectado por una grave enfermedad oncológica. Cuando llegaba al final del mismo, el enfermo le preguntó con una enorme y franca mirada: - doctor, ¿cuánto me queda?. Entiéndame usted bien..., es que tengo muchas cosas que arreglar mientras pueda - ...  


Por supuesto, todo ello sin tener nada que ver con aquella máxima atribuida a Johann W. Goethe en la que reclamaba para sí el beneficio de las convicciones ajenas, pero resguardándose a la vez de las dudas del prójimo, debido precisamente a lo complicado que resulta la resolución de nuestra propia incertidumbre.



Sin embargo, en muchas otras ocasiones a los médicos se nos acusa de preguntar poco, como por ejemplo ocurre a la hora de interrogar a nuestros pacientes sobre el problema de la incontinencia urinaria, y que sólo en España afecta más o menos a unos 2 millones de personas. Dicen los expertos que 3 de cada 4 personas que sufren este problema son mujeres y que 4 de cada 10 mujeres refieren habitualmente pequeñas pérdidas de orina. El sentimiento de vergüenza hace que en demasiadas ocasiones este problema permanezca oculto, mientras el médico dispone hoy en día de suficientes herramientas para el adecuado abordaje diagnóstico y terapéutico de la incontinencia urinaria. Preguntemos pues, para que nos cuenten. 


Por cierto, ¿saben ustedes por qué los hombres tienen pezones?.