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15 agosto 2021

EXPECTANTES

Sin haber controlado todavía la pandemia intentamos recuperar a la carrera aquella vieja normalidad tan añorada. Regresan los espectadores a conciertos y eventos deportivos. Pero ¿qué ocurrirá ahora?. 

Hemos avanzado notablemente con la vacunación masiva, pero ésta no es la solución definitiva. El ritmo de la pandemia avanza de manera desigual por el planeta. Los países combaten diferentes oleadas con suerte muy dispar. Paralelamente, las campañas de vacunación tampoco son homogéneas y pierden los de siempre, como en otras patologías infecciosas.  

Mientras las naciones desarrolladas acaparan vacunas, la debilidad de los sistemas de salud en África padece una escasez inaceptable: menos del 1% de su población se encuentra inmunizada. También América Latina y el Caribe se debaten entre la virulencia de la variante delta y la carencia de vacunas, en una tragedia sanitaria de dimensión y consecuencias impredecibles. Faltan unidades y cada vez son más caras. 

¿Acaso pensamos que el SARS-CoV-2 se comporta de manera diferente que otros virus patógenos? ¿Que quizás respeta a grupos de personas según su edad, raza, convicción o nacionalidad?. A estas alturas, después de meses combatiendo la plaga, sabemos bien que no es así; que además de la vacunación, las únicas medidas preventivas que han venido funcionando son las barreras que levantamos frente al contagio: cuarentenas, higiene, mascarillas y distanciamiento social. 

Curiosamente, las clásicas que han puesto fin a pandemias anteriores que azotaron a la humanidad. En la actualidad, con toda la potencia investigadora del planeta funcionando a contrarreloj, empezamos a conocer los resultados preliminares de determinados fármacos experimentales, que podrían neutralizar al coronavirus y evitar la diseminación de su infección. 

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de anunciar la puesta en marcha de varios ensayos hospitalarios con tres prometedores medicamentos: artesunato, de la farmaceútica Ipca, con sede en la India, empleado para casos graves de malaria, el anticancerígeno imatinib de la multinacional Novartis, y el infliximab, de Johnson & Johnson, utilizado contra la artritis reumatoide y otras enfermedades autoinmunes. 

En Israel están probando un fármaco innovador basado en la molécula CD24, capaz de curar a más del 90% de los pacientes Covid-19 graves en menos de 5 días. Y aunque las puertas a la esperanza continúan abiertas de par en par, debemos ser cautelosos, sin olvidar los fracasos anteriores de hidroxicloroquina, el antiviral remdesivir, el interferón o los antirretrovirales lopinavir y ritonavir. 

Particularmente, seguimos creyendo que la victoria final vendrá de la mano de un medicamento o vacuna que neutralice al virus antes de su diseminación. Lo demás es medicina paliativa, que no es poco.