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15 diciembre 2018

¡AL ATAQUE!



Pensaba comenzar hoy con el título “Permítame que insista”, pero me he percatado que ya lo he utilizado en dos ocasiones anteriores. Y como pienso incidir de nuevo en algunas cuestiones sobre las que hemos reflexionado en el pasado, volvemos al ataque, con una nueva ofensiva. 

Comenzamos apoyando abiertamente las declaraciones de Azucena Martí, la nueva delegada del Plan Nacional sobre Drogas, respecto al comportamiento ejemplar de algunas estrellas televisivas, léase presentadores, actores y futbolistas, que han alquilado su imagen a la promoción de las apuestas on-line, probablemente sin haber reflexionado lo suficiente sobre lo que estas acciones suyas representan como ejemplo para nuestra juventud. 

Algunos expertos hablan ya sin tapujos de una epidemia de ludopatía juvenil imposible de atajar, una nueva patología social con la que lidiar desde los estamentos políticos, comunitarios y sanitarios, por supuesto. 

Por si fuera poco, los acontecimientos deportivos que antes levantaban todo tipo de pasiones, hoy en día añaden a su a veces explosiva mezcla un interés desmesurado por las apuestas, sin al parecer darnos cuenta de la exposición y el riesgo que podrían suponer para muchos adolescentes y jóvenes. 

Traemos a colación estas reflexiones cuando repuntan en nuestro país el consumo de cannabis y tabaco, recuperando las cifras de fumadores previas a las leyes antitabaco de 2005 y 2010. Así lo revelan los datos del recientemente estudio EDADES del Ministerio de Sanidad, presentado hace tan solo unos días por las autoridades sanitarias nacionales. 

Si en los dos últimos años la subida representa 3 puntos en general, entre los jóvenes el consumo de tabaco crece un 5 puntos. Una vez más los especialistas nos alertan sobre la pasividad, autocomplacencia y dejadez en las políticas antitabaco. 

Repunta también el consumo de cannabis, la primera de las drogas ilegales, y la quinta después de alcohol, tabaco, sedantes e hipnóticos (con o sin receta) y los analgésicos opioides. En los dos últimos apartados, las consumidoras superan a los consumidores. 

El consumo de heroína, hace un tiempo convertido prácticamente en un consumo marginal, reaparece avivando tenebrosos fantasmas del pasado. 

Respecto al alcohol, aunque su consumo se mantiene estable, en España seguimos bebiendo demasiado, un hábito poco saludable estrechamente ligado al ocio y a la diversión. 

Se acercan unas fiestas muy entrañables donde se dispara el consumo en general. Recordemos especialmente las desgracias que continúan ocurriendo en nuestras carreteras por el abuso de sustancias, legales e ilegales. Los medios de comunicación y las redes sociales recogían hace poco la macabra anécdota del conductor que en un control rutinario dio positivo en alcohol y todas las drogas posibles que los agentes de tráfico son capaces de identificar. 

Por un ocio responsable y unos hábitos más saludables, hoy volvemos al ataque.

01 diciembre 2018

HOMO NOVUS



En 1998 adquirí un ejemplar de un libro ciertamente tentador: “Vuelta al Edén” de Lee M. Silver, eminente biólogo molecular que imparte clases en la Universidad de Princeton. 

Resulta curioso que el lema de tan prestigiosa institución educativa, Dei Sub Numine Viget, sea una alegoría del progreso, siempre bajo la tutela divina. Y lo digo porque en temas de genética los avances futuros no caerán de los cielos, sino  que seguirán procediendo de mentes humanas. 

En su libro Lee Silver, que además fue co-fundador de GenePeeks, una compañía de investigación dedicada a la detección de trastornos genéticos, ponía en boca de un personaje ficticio la siguiente predicción: “si la acumulación de conocimiento genético y los avances de la tecnología de enriquecimiento genético continúan al ritmo actual, para finales del tercer milenio la clase genrica y la clase natural se habrán convertido en los seres humanos-genricos y los seres humanos-naturales: especies completamente separadas  sin capacidad de cruzarse, y con el mismo interés romántico mutuo que un ser humano actual tendría por un chimpancé”. Lee Silver vaticinaba estos hechos para el año 2350...

A principios del siglo XXI, cuando las consideraciones del biólogo estadounidense pivotaban sobre la tremenda vuelta de campana bioética que podría suponer para la humanidad la generalización de la clonación, los sistemas de edición genética se encontraban en fase de desarrollo, si bien la compañía Genentech ya era capaz de producir insulina a gran escala desde finales de los 70, a partir de cultivos de la bacteria Escherichia Coli a las que se les había añadido un gen humano. 

Traemos a colación estas reflexiones como consecuencia del anuncio del nacimiento de dos niñas en China que podrían ser los primeros seres humanos modificados genéticamente. La comunidad científica se está moviendo entre la incredulidad de unos y el estupor y la condena de otros. 

Entre todas las opiniones, me ha llamado la atención la de Íñigo de Miguel, de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano de la Universidad del País Vasco (UPV), poco partidario de las líneas rojas en medicina, y aún dudando de la veracidad del hito anunciado  a bombo y platillo por el investigador He Jiankiu, entiende que la tecnología empleada no está lo suficiente madura para garantizar el éxito de la edición genética en seres humanos. Pero, quizás cuando sí lo esté... Dicha tecnología se denomina CRISPR-Cas9, grosso modo una especie de recorta y pega del ADN que habría permitido que las recién nacidas chinas sean inmunes a la infección por el VIH. 

Otros científicos como Lluís Montoliú, investigador del Centro nacional de Biotecnología y presidente fundador de la Sociedad Internacional para las Tecnologías Transgénicas,  entienden que el peligro de todo esto radicaría en la creación de una nueva estirpe de humanos, que además podrían transmitir a su descendencia modificaciones en sus propias líneas germinales.

Muchas esperanzas se habían depositado en la técnica CRISPR para modificar genes anómalos y curar determinadas enfermedades. Más tarde hemos sido alertados de sus peligros, pues su empleo en células humanas puede generar tumores. Estaremos atentos a lo que nos deparará el futuro. 

Pues si algo hemos aprendido de la ciencia es que cuando un avance técnico se hace posible, su aplicación práctica será incuestionable: ¿alguien recuerda las barreras éticas que se levantaron contra las primeras vacunas y los pioneros trasplantes?