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19 junio 2021

HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE


Probablemente nos estemos repitiendo. El muy retentivo Aloysius me lo asegura: ya hemos empleado este título con anterioridad. Concediéndole el beneficio de la duda, lo cierto es que esta idea nos viene de perlas para reflexionar sobre algunos acontecimientos que comienzan a germinar, cuando la pandemia parece remitir dentro de nuestras fronteras. El verano pasado ocurrió algo parecido, gracias a las mascarillas y a las medidas de distanciamiento social, apenas un espejismo, la calma que precedió a la tormenta de la cuarta ola que nos zarandeó durante las primeras semanas del 2021. 

Ahora, cuando el gobierno anuncia el final de las mascarillas obligatorias al aire libre, la reducción lenta y progresiva de la incidencia y la mortalidad de la Covid-19 en España traerá como consecuencia el fin de la actividad de muchas empresas que se dedicaron precisamente a producir barbijos y tapabocas, tan escasas y cotizadas al principio de esta plaga. 

Tampoco debemos obviar que la mayoría de estas protecciones continúan fabricándose en China, según los expertos el 90% de las utilizadas aquí. En abril de 2020, aterrizaban en la base militar de Torrejón de Ardoz las sofisticadas máquinas que entonces podrían surtirnos con 10 millones de mascarillas mensuales. De estos ingenios, uno se instaló en el Centro de Farmacia del Ministerio de Defensa en Burgos. Los otros tres, propiedad de Bexen Medical de Hernani, se quedaron en Euskadi. Llegaron procedentes de China, acompañadas por un equipo de ingenieros asiáticos encargados de su instalación y puesta en marcha. Sin duda, ahora esta producción se verá notablemente afectada. 

Algo similar ha ocurrido con algunos laboratorios farmacéuticos. AstraZeneca acaba de informar que su tratamiento con anticuerpos específicos no ha sido capaz de prevenir la Covid-19 sintomática. Por el momento, pues dichos estudios continúan desarrollándose. Este fracaso, unido a los problemas relacionados con los raros pero graves efectos secundarios en determinados colectivos de personas, asociados a su vacuna Vaxzevria ®, junto a los pleitos entablados por la Unión Europea por sus incumplimientos en el suministro de las dosis contratadas, pueden suponer un duro varapalo económico para esta multinacional anglo-sueca. Y ya conocemos los efectos de este tipo de debacles económicas y su traducción en la pérdida de puestos de trabajo y en la paralización de los proyectos de investigación en marcha. 

Sin ser expertos en Economía, no resulta complicado entender que todas las crisis que han afectado a la humanidad han supuesto la ruina y la riqueza para tantas otras empresas. La pandemia Covid-19 no iba a ser diferente. Además de enfermos y fallecidos, dejará también una élite de hombres ricos y una multitud de hombres pobres.



08 mayo 2021

SANTOS ANTIPANDEMIAS

Sabedor de nuestra afición por la antropología, el siempre observador Aloysius nos ha hecho llegar un artículo  de la revista “Ethics, Medicine and Public Health” cuyo título nos ha llamado poderosamente la atención:  “¿A qué santo rezar para luchar contra la Covid?”.

Y aunque sólo Dios puede hacer milagros, en las hagiografías católica y ortodoxa proliferan los santos abogados contra muchas de las enfermedades que han venido atormentando a nuestros prójimos desde los albores de la cultura cristiana. 

Algunos de los más venerados son San Antonio Abad contra el herpes, San Vito contra la epilepsia, y Santa Lucía contra la ceguera. San Lucas es el patrono de los médicos y los santos Cosme y Damián de los cirujanos. Pero la palma, y no solo del martirio, se la lleva San Blas, intercesor frente a las enfermedades de la garganta, la hidropesía, las ampollas de la piel, los dolores de la dentición, las enfermedades respiratorias, las patologías de la vejiga y las vías urinarias. 

Y es que San Blas de Sebaste, el santo obispo armenio, fue martirizado en la época del emperador romano Licinio, a principios del siglo IV. Previamente, además de curar a sus compañeros de cautiverio, salvó la vida de un niño que se había atragantado con una espina de pescado. Sus curaciones milagrosas habrían beneficiado tanto a humanos como a animales. Mi madre todavía conserva una pequeña figura de este santo tan milagrero, procedente de Dubrovnik, la ciudad croata de la que es patrón. 

La invocación de los santos como auxilio de la medicina alcanzó su punto más álgido durante la Edad Media. Y aunque desde el Renacimiento se fueron separando las dimensiones físicas y espirituales del enfermar, en pleno siglo XXI los devotos han seguido implorando la ayuda de los santos, incluso más cuando todos nos hemos visto desbordados por el coronavirus SARS-Cov-2, del que cada día seguimos aprendiendo un poco más. 

Pues bien, los autores trabajo del anteriormente referenciado, pertenecientes a centros médicos y universitarios de Montigny-le-Bretonneux (Francia) y Gorizia (Italia), entre el 21 y el 25 de agosto  de 2020  analizaron  en Twitter y Facebook las respuestas recibidas a la pregunta: ¿a qué santo le rezaría para combatir la Covid?. 

Tan peculiar encuesta alcanzó a 15840 personas, el 92% europeos. Un total de 1158 adultos respondieron de manera anónima, la mayoría ciudadanos franceses e italianos. Por razones éticas, no se evaluaron las cuestiones relacionadas con la cultura, edad y sexo de los participantes. ¿Adivinan cuáles fueron los santos más implorados?: Santa Rita (558), San Roque (268) y San Sebastián (95). 

Nada de extrañar, pues la primera es la abogada de las causas imposibles, mientras el culto de los otros dos venerables ha sido vinculado tradicionalmente a la lucha contra la peste y otras epidemias. Por cierto, La Virgen María sólo obtuvo 3 votos, mientras el mismísimo Jesús y el ínclito San Blas consiguieron 1.


23 abril 2021

LUCKYS

Hoy voy a hacerle caso a la sabia recomendación que un día me regaló el maestro Jaime Noguerol: escribe sobre tus sentimientos. Algo ciertamente complicado cuando los temas que abordamos en esta columna tienen una impronta marcadamente técnica, y por lo tanto, más árida y menos literaria. 

El mérito de los buenos comunicadores científicos radica precisamente en hacer atractivo y comprensible el contenido de sus informaciones. Intentamos aprender de ellos, aunque casi siempre nos quedemos muy lejos del objetivo. 

Estos días estamos muy apesadumbrados. Hemos asistido al acto final de la ceremonia de la vida de nuestra pequeña Luckys, una dulce y bondadosa perrita que nos ha acompañado durante 17 primaveras, el tránsito de la vida a la muerte, indefectiblemente ligado a nuestra existencia como seres vivos. Porque algún día también nos extinguiremos, como lo hacen las civilizaciones, las estrellas, las galaxias. 

Y hoy me acuerdo más que nunca de esa pequeña motita azul pálido en la inmensidad del espacio, el planeta Tierra, albergando todo lo que somos, lo que hemos sido y lo que de momento seremos. 

Inmersos aún en la pandemia de COVID-19, esperanzados por el efecto de las vacunas en nuestra inmunidad particular y colectiva, contabilizamos todavía demasiados enfermos y difuntos. Los especialistas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos alertan sobre la salud mental y las necesidades de apoyo psicosocial de nuestros prójimos, una consecuencia directa de tanto sufrimiento colectivo con fronteras que se extienden más allá del ámbito sanitario, con dolorosas consecuencias económicas y sociales. 

Muchos somos los que hemos sobrellevado semejante desasosiego gracias a la compañía especial de estos familiares a los que llamamos mascotas. La Asociación Americana de Salud Mental revela que el 80% de las personas que conviven con un perro o un gato reconocen su inestimable apoyo emocional. Un 66% de ellas estima que su compañía ha aliviado su estrés, y en un 55% de las ocasiones, su ansiedad y depresión se han visto notablemente reducidas. 

Los expertos hablan de seguridad ontológica, una referencia al sentido de orden y continuidad derivados de la capacidad de las personas para darle sentido a su propia existencia, y así mantener una visión positiva de si misma, del mundo y del futuro. Porque responsabilizarse del cuidado de estos extraordinarios seres, de su alimentación y su bienestar alivia los problemas de los propios cuidadores. Si además éstos tienen problemas de salud mental, los animales de compañía contribuyen a darle un mayor sentido a su identidad propia. 

Los ancianos, los niños con TDAH, las personas con trastornos del espectro autista se pueden beneficiar, y mucho, del cuidado de una mascota. Gracias, pequeña Luckys, por tu alegría, por tu fidelidad. Por tu amor incondicional. Nunca te olvidaremos.


17 abril 2021

QUIMERAS


En los últimos años, el nombre de Juan Carlos Ispizúa viene sonando con fuerza en todas las quinielas para un hipotético futuro premio Nobel de Medicina. Desde el Instituto Salk de la Jolla, en California, sus investigaciones en medicina regenerativa supondrán un salto de gigante en la historia de la humanidad. 

En 2013, trabajando con células madre humanas, consiguió fabricar unos minirriñones esenciales para comprender la génesis de las enfermedades renales y sus posibles tratamientos. 

Los avances en medicina regenerativa podrán permitir, en un futuro cada vez más cercano, prolongar nuestra longevidad, en condiciones saludables, así como la reparación de cualquier tejido dañado de nuestro organismo. 

Recientemente, en un laboratorio de China, el equipo del Dr. Ispizúa ha creado 132 embriones reuniendo células humanas y de macaco. Tres de éstos acúmulos celulares, formados por unas 10000 unidades, fueron capaces de crecer 19 días fuera de un útero materno, momento en el que se paró el experimento. 

Para entendernos, estamos hablando de quimeras, entidades obtenidas al combinar células de dos individuos distintos, de la misma o distinta especie, así nombradas en recuerdo de aquellos seres de la mitología clásica griega que tenían cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. 

Las quimeras pueden generarse de manera natural, al fusionarse dos óvulos fecundados o cigotos, dando como resultado un individuo que posee dos tipos de ADN diferentes. Pero también pueden crearse quimeras en el laboratorio. 

Pioneros en esta especialidad fueron los biólogos del desarrollo Nicole Le Dourain y Richard Gardner, que en 1975 mezclaron células de embriones de pollo y codorniz para investigar cómo nos desarrollamos los vertebrados realmente. 

Quimeras de la misma especie han sido también creadas para estudiar la posible formación de órganos de un individuo transplantables a otro distinto, como los trabajos de 2010 con ratones mutantes en el laboratorio de Hiromitsu Nakauchi, de la Universidad japonesa de Tsukuba. 

¿Se imaginan, por ejemplo, la producción de riñones humanos, perfectamente compatibles con cualquier donante, en el interior de cerdos? 

En este campo innovador, que pudiera parecer auténtica ciencia ficción, el equipo del Dr. Ispizúa va en cabeza. En 2017 consiguieron que células humanas colonizaran algunos órganos de un embrión de cerdo en desarrollo. Este tipo de experimentos plantean tremendos dilemas éticos. Ya no se trata de crear quimeras que compartan células de rata y ratón, o de cabra y oveja, sino de células humanas entremezcladas con células de otros animales. Según lo conocido por el momento, el desarrollo de estos cerdos quiméricos se detuvo antes de que ninguna célula humana hubiera colonizado el cerebro del animal. 

Sin duda alguna, una puerta tan esperanzadora como inquietante acaba de ser abierta.



30 enero 2021

LAS GUERRAS VACUNALES


A este paso, llevan paso de convertirse en todo un clásico, como la Guerra de Troya, la Guerra de las Galias, la Guerra de los 100 Años o las Guerras Mundiales, a cada cual más devastadora. 

Sostiene Aloysius que todo este follón se debe al egoísmo. Y puede que tenga razón. Atrás quedaron los tiempos solidarios, en los albores de la pandemia, cuando desconocíamos a qué nos enfrentábamos. Aplausos en los balcones, ¿recuerdan? Pues bien, durante el pasado año, las agresiones a los profesionales sanitarios se incrementaron un 30%. Iniciativas altruistas en las redes sociales. Hoy más bien indiferencia, y que cada barco aguante su vela, a pesar de que muchos ya navegan al pairo, o al garete, que es todavía peor. 

Los psicólogos hablan de fatiga pandémica. Anestesia pandémica, más bien. Hace unos meses nos estremecíamos ante las imágenes del Palacio de Hielo de Madrid, convertido en improvisada repleta morgue. Ahora, los medios de comunicación reportan a diario varios centenares de muertos por COVID-19, y el consuelo es que son apenas unas decenas menos que ayer. Es fácil ser codicioso en un planeta habitado por 7700 millones de almas, y más en nuestro entorno, acostumbrados a un estado del bienestar en el que el malestar y la incomodidad no tenían cabida. 

Unas cifras que no paran de crecer nos dicen que esta pandemia va ya por los 102 millones de casos y los 2.2 millones de fallecidos. Para hacernos una idea, 10 millones prójimos se infectan de tuberculosis cada año en el mundo. En este mismo tiempo, el Mycobacterium tuberculosis se lleva por delante las vidas de 10 millones de personas. En España, según cifras oficiales, hemos rebasado de largo las 58000 defunciones, cuando cada año, las muertes por enfermedades cardiovasculares representan más de el doble. 

Visto así, de esta cruel manera, tampoco sería para tanto, máxime cuando más del 50% de las defunciones corresponden a las personas más débiles y frágiles, para la filosofía utilitarista imperante, socialmente amortizados. De aquí también la Guerra de las Vacunas y su codicia, porque para algunas de las patologías que diezmaron a la población infantil durante siglos, las vacunas se produjeron en cantidades suficientes, a precios muy baratos, e incluidas en todos los calendarios vacunales pediátricos. 

En 1955, el Dr. Jonas Salk (1914-1995) descubrió la vacuna contra la polio. Decidió no patentarla, para hacerla más asequible a todo el mundo. Dicen que así renunció de paso a unas ganancias de 7 millones dólares, de los de entonces. Mientras tanto, con la población mundial asomando el hocico desde las trincheras, a ver si el SARS-CoV-2 nos da alguna tregua, las autoridades sanitarias y la industria farmacéutica litigan por las tan necesarias vacunas. Fuego amigo, en forma de viales, afiladas jeringuillas y émbolos idóneos. Ya lo decía el Gran Combo de Puerto Rico: No Hay Cama Pa´ Tanta Gente. ¡Póngase de acuerdo, por favor!



24 enero 2021

MICROBIOMA


En los últimos años, los expertos le están dando mucha importancia a las relaciones entre los humanos y los microorganismos que viven en nuestro interior. No vamos a referirnos a los patógenos, capaces de provocarnos enfermedades, sino a ese otro amplio conjunto necesario para nuestra salud. 

Para entendernos, ¿qué es el microbioma? Empecemos por definir el término microbiota, el conjunto formado por diferentes microorganismos (bacterias, algas, protozoos, hongos), que aún perteneciendo a diferentes reinos de la naturaleza, pueden interactuar favorablemente en un medio determinado (vegetal, marino, humano) a través de metabolitos y elementos estructurales (proteínas, polisacáridos, lípidos, ácidos nucleicos), en unas condiciones ambientales determinadas. 

Centrémonos ahora en el microbioma intestinal humano, la casa que alberga una comunidad microbiana muy compleja, y donde están involucrados alrededor de 10 millones de genes. Para conservar la salud, este microbioma específico debe permanecer en constante equilibrio, a pesar de las variaciones cotidianas provocadas por lo que comemos, las medicinas que tomamos, la integridad de nuestra mucosa intestinal, nuestro sistema inmunológico e incluso el teatro de operaciones de la propia microbiota. 

Pues bien, cuando se produce un desequilibrio en tan complejo escenario (disbiosis), se contribuye al desarrollo y agravamiento de determinadas enfermedades, como por ejemplo la obesidad, el cáncer de colon y recto, algunas enfermedades inflamatorias intestinales, la artritis reumatoide, ciertas enfermedades hepáticas y la diabetes mellitus tipo 2, variante patológica que no precisa generalmente el empleo de insulina. 

Cada vez más, la medicina avanza en estas cuestiones. Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad de Trento, en Italia, en colaboración con el Departamento de Ciencias de la Nutrición del King´s College de Londres, han publicado en la prestigiosa Nature Medicine los resultados de un estudio realizado con los microbiomas intestinales de casi 1100 personas, dentro del estudio Personalized Responses to Dietary Composition Trial (PREDICT 1), encontrando diversas asociaciones significativas entre microbios y nutrientes específicos, alimentos, grupos de alimentos e índices dietéticos generales, impulsados por la presencia en la dieta de alimentos saludables, especialmente de origen vegetal. Dicho microbioma, por supuesto sujeto a múltiples variaciones individuales, resultó predictivo para un extenso panel de marcadores cardiometabólicos, lipémicos, inflamatorios y niveles de glucosa en plasma, demostrando aquellas máximas clásicas de que somos los que comemos y que en el equilibrio está la virtud. Y la salud.





19 diciembre 2020

UNA REALIDAD PARTICULAR


Nos aproximamos al final de este aciago e inquietante 2020 con demasiada incertidumbre. Hay quien anhela que el cambio de guarismo en el calendario traiga la esperanza y el olvido. Ojalá. La realidad particular podría ser que, después de estas Navidades, las camas de los hospitales vuelvan a llenarse con enfermos COVID-19, mientras su presión asistencial todavía no se ha relajado. 

Está previsto que la vacunación contra esta pandemia comience en España la víspera de los Santos Inocentes, pero sus efectos beneficiosos tardarán semanas, incluso meses. Entretanto, más mascarillas, higiene y distanciamiento social. 

Nuestra experiencia personal, durante todos estos meses, confirma los descubrimientos de los expertos y afianza sus recomendaciones. La enorme mayoría de los pacientes atendidos en la consulta de atención primaria se infectaron en reuniones familiares, especialmente después del verano, cuando se suavizaron las restricciones después del confinamiento. Exceso de confianza. El elemento en común fue la transmisión respiratoria, probablemente en forma de aerosoles, en espacios cerrados y escasamente ventilados. 

También constatamos la gran variabilidad de respuesta ante la infección por el SARS-CoV-2. En una misma unidad familiar hubo contagiados, sintomáticos y asintomáticos, y no contagiados, cuestiones relacionadas con la inmunidad personal y la carga viral del portador. Asimismo, los más jóvenes padecieron una enfermedad más benigna, con síntomas controlables con antitérmicos y analgésicos. 

Otros pacientes más frágiles, diabéticos, hipertensos, obesos o inmunodeprimidos, necesitaron hospitalización, incluso en la UCI. Por desgracia alguno desarrolló un curso evolutivo fatal, falleciendo por la enfermedad o sus complicaciones. Casos contados, pero no por ello menos dolorosos. Un recuerdo muy especial para sus familias, en esta Navidades tan tristes para ellas. 

Precisamente esta realidad particular vivida, a pesar de su sesgo inevitable, debe activar nuestra alerta ante lo que podría repetirse en las próximas semanas. Aún a riesgo de resultar cansinos, apelamos una vez más a la responsabilidad individual, porque la realidad es tozuda. Las reuniones grupales en nuestra provincia, relacionadas con tradiciones como la matanza, han provocado brotes epidémicos en algunos ayuntamientos, de la misma manera que otras reuniones familiares a finales del verano. Ojalá no ocurra lo mismo durante estas entrañables celebraciones. 

Sigamos el ejemplo de lo más pequeños de la casa, que cada día acuden al colegio respetando escrupulosamente las normas sanitarias, aún a costa de pasar frío. Responsabilidad y disciplina. Porque de sobra conocemos las consecuencias contrarias.