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29 julio 2016

SALUD MENTAL Y VIOLENCIA


Los profesionales y las asociaciones que se preocupan por el bienestar de las personas con enfermedades mentales y sus familiares, como por ejemplo A.F.E.M Morea en Ourense, en repetidas ocasiones han manifestado su disconformidad por el tratamiento que reciben en los medios de comunicación determinados sucesos protagonizados por unos pacientes que, si me lo permiten, continúan siendo por desgracia socialmente incómodos, desde los casos leves hasta los más complicados. Nos estamos refiriendo a prójimos afectados por patologías del estado de ánimo, como depresión y trastorno bipolar, trastornos ansiosos (ansiedad y angustia, fobias, estrés postraumático), problemas relacionados con el consumo y abuso de sustancias, incluyendo el alcohol y otras drogas, los trastornos psicóticos y esa amplia herida abierta todavía sin suturar representada por la atención de los factores de riesgo psicosocial.

Hace relativamente poco tiempo, ante la pérdida dramática de sus seres queridos, una familia ourensana hubo de enfrentarse además a las críticas de la sociedad porque en un innecesario juicio de valor se les acusó de abandonar a un paciente con una supuesta demencia de Alzheimer avanzada. Los legos en la materia suelen confundir diferentes enfermedades neurodegenerativas. En este caso, no existía ningún antecedente de patología mental en el historial clínico del paciente y nadie se preocupó de contrastar la información sanitaria con la familia antes de publicar la noticia.

Ante los desgraciados sucesos padecidos recientemente por las sociedades francesa y alemana, pudiera dar la impresión que los actos criminales lo serían todavía más al ser protagonizados por inmigrantes que se encontraban a tratamiento psiquiátrico. No olvidemos que la salud y la enfermedad de millones de refugiados amontonados a las puertas de Europa huyendo de la guerra, la miseria y el terrorismo representan un nuevo reto para las autoridades sanitarias internacionales. Por supuesto, las enfermedades mentales no tienen por qué ser tratadas en inferioridad de condiciones.

Vulgarmente solemos referirnos a las cosas de locos. Y no quedamos tan panchos. En 2014 se publicaron los resultados de un estudio llevado a cabo en Estados Unidos. Una de sus conclusiones más llamativas fue que los delitos cometidos por enfermos mentales proporcionan grandes titulares en los medios de comunicación, y esta circunstancia termina calando en la población. Resulta que en la mayoría de las ocasiones, las personas con enfermedades mentales no son violentas ni peligrosas. Más bien al contrario, pues existe la constancia de ser más víctimas que verdugos. Recordemos que los nazis los consideraron indignos de vivir; y no solamente ellos. Existen múltiples guías de estilo a disposición de los profesionales de la información para que el abordaje de la salud mental, cuestión de enorme trascendencia social, refleje la realidad de lo que verdaderamente significa vivir cada día con alguna de estas enfermedades.


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