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10 enero 2015

SOBRE LA HEPATITIS C


Cada día resulta más complicado debatir, en el seno de una sociedad que avanza hacia la medicalización más absoluta, cuestiones relacionadas con el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades. 

Y es que detrás de cada cifra aséptica (dosis, precio del fármaco, tasa de remisión, número de pacientes que es necesario tratar, etc) se encuentra un ser humano enfermo y una familia que sufre. 

Es cierto que desde hace años las voces de los expertos, independientemente de su color político, nos alertan sobre la difícil sostenibilidad de los sistemas sanitarios. El informe Abril, análisis del sistema público español, se redactó en 1991 impulsado por el gobierno socialista de Felipe González. Ya entonces no avisaba de lo que ha ido ocurriendo en los años posteriores, al ser limitados los recursos e ingente la demanda.

La sanidad española se enfrenta a una cruda realidad: el número de pacientes afectados por la hepatitis C se aproxima al medio millón de prójimos. Se trata de una patología causada por un virus que puede persistir de manera crónica en el 85% de los pacientes infectados, pudiendo provocar cirrosis y cáncer hepático. Como en otras enfermedades de contaminación predominantemente sanguínea, muchos de los afectados recibieron antes de 1992 transfusiones o transplantes infectados por el virus. Para complicar todavía más la cuestión, existen 7 genotipos diferentes de este virus, cada uno dividido en diversos subtipos.

En su forma crónica, no existe cura espontánea de la enfermedad. Pero sí se han desarrollado fármacos que permiten la curación del 50 – 80% de los pacientes, gracias a la asociación de interferón subcutáneo y ribavirina por vía oral. 

En 2012, se introdujeron otros dos fármacos que mejoraron los porcentajes de curación como complemento de esta doble terapia. Se trata del telaprevir y el boceprevir, dos antivíricos con similar mecanismo de actuación, cuya administración depende de criterios médicos muy concretos, según el genotipo del virus, el grado evolutivo de la enfermedad y el tipo de paciente. 

En 2014, la Agencia Europea del Medicamento aprobó el uso de sofosbuvir, también asociado a interferon y ribavirina, pero con un precio excepcionalmente elevado (aproximadamente 60000 euros por paciente para 24 semanas de tratamiento). Este coste ha desatado encendidas controversias a nivel mundial, no solamente en España. Por razones obvias, los estudios son todavía muy limitados pero, a pesar de ello, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha reconocido que el sofosbuvir presenta un valor añadido como tratamiento en determinados estadios clínicos de la enfermedad, con un buen perfil de seguridad y una duración menor de la terapia.

Todavía existen varias preguntas sin responder: ¿por qué el precio del sofosbuvir es desorbitadamente elevado si su síntesis no es ni más complicada ni más costosa que la de otros fármacos similares? Considerando que la empresa farmacéutica que monopoliza su fabricación hasta 2029 desembolsó 8800 millones de euros por una patente que nunca investigó ¿podríamos estar ante un caso de descarada especulación económica?


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