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22 noviembre 2015

TOSFERINA



La actualidad informativa ha vuelto a poner en el foco de nuestra atención una enfermedad considerada poco frecuente en nuestro entorno gracias a las campañas de vacunación, pero que sin embargo cada año provoca en el mundo entre 30 y 50 millones de afectados y más de 300000 fallecimientos. Aunque pueden darse casos en cualquier edad, lo más frecuente es que afecte a los menores de 5 años, y más específicamente a los menores de 6 meses. 

Está causada por una bacteria, Bordetella pertussis, capaz de producir diferentes toxinas. Se transmite por vía aérea con enorme facilidad, y sus síntomas característicos consisten en una tos convulsa y espasmódica, con dificultad para respirar y un ruido estridente provocado por al entrada del aire en los pulmones. En los casos más graves, pueden verse afectados tanto el corazón como el sistema nervioso. Al tratarse de una enfermedad previsible, el calendario de vacunas en nuestra comunidad incluye diferentes dosis, a los 2, 4, 6 y 18 meses de vida, y una dosis adicional a los 6 años de tos ferina de baja carga antigénica junto a tétanos y difteria. Entonces, ¿a qué viene tanto revuelo con la vacuna contra la tos ferina?

El compromiso fundamental de la medicina preventiva es actuar antes de que surja cualquier problema de salud. Hasta la generalización de las vacunas, la mayoría de estas enfermedades infecciosas segaban prematuramente la vida de millones de niños. Pero, todavía hoy en día pareciera que sólo nos acordamos de la santa cuando truena, es decir, cuando descubrimos casos como el del niño de Olot, fallecido por difteria porque sus padres habían decidido no vacunarlo, o el pequeño de Boiro que perdió la vida por un posible caso de meningitis tipo B, enfermedad para la que también existe una vacuna pero que se administra al margen del calendario oficial. Sin embargo, campañas como la vacunación contra la gripe, que cada año se pone a disposición de la población adulta o de riesgo antes de la llegada del invierno, todavía luchan contra cierto escepticismo o desidia por parte de algunos vecinos (cada vez menos) que desoyen este tipo de recomendaciones y llamamientos.

Retomando la tosferina, este año en España ha causado la muerte de 3 menores de 6 meses, 2 en Andalucía (un niño de 15 días en Málaga y una niña de 2 meses en Sevilla, que a pesar de su edad no había sido vacunada) y otro caso en la Comunidad de Castilla-La Mancha (un bebé de 2 meses y medio que sí había sido inmunizado a los 60 días)

Las cuestiones pendientes de resolver son la recomendación de esta vacunación a las embarazadas, para que así transmitan inmunidad a sus futuros hijos, el desabastecimiento de este tipo de vacunas, consecuencia de su complejo proceso de fabricación, y la unificación de los calendarios vacunales dentro del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, liderado por el Ministerio de Sanidad, para que los niños españoles, sea cual fuera la comunidad en la que vengan al mundo, tengan garantizados los mismos derechos sanitarios antes y después de haber nacido. Y no sólo en cuestión de vacunas.




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