CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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12 noviembre 2012

SUICIDIO EN ESPAÑA




Cuando tecleamos “suicidio” en Google ®, la primera referencia es el icono de un teléfono rojo, el Teléfono de la Esperanza. Al 968343400 le acompaña esta pregunta: ¿necesitas ayuda? 

En los últimos tiempos, cada vez que una persona se quita la vida en relación a la pérdida de su vivienda, las redes sociales y los medios de comunicación multiplican sus alertas. Rápidamente se señala a los culpables: banqueros y políticos. 

Un periódico de tirada nacional enmarcaba el suicidio de Amaia Egaña en Baracaldo con el titular “La gota que ha colmado el vaso”. Gobierno y oposición han adelantado sus reuniones para modificar la ley, las entidades bancarias han suspendido los desahucios, casi 400000 desde 2007, mientras la voz de la sociedad se ha alzado unánime pidiendo soluciones inmediatas. 

He leído un artículo de Juan Gervás, miembro del equipo CESCA (Madrid), que siempre firma sus opiniones como médico general. Uno de sus pareceres figura entre las 23 referencias que tiene la palabra “suicidio” en Wikipedia. Su título me llamó la atención: “Seamos prácticos. Frente a la crisis, ningún suicidio”. Sostiene el Dr. Gervás que las crisis económicas se acompañan de un empeoramiento de la salud, pero no de una mayor mortalidad. Y esa salud más deficiente viene determinada por el paro, la pobreza y las diferencias entre ricos y pobres. Pero aunque las crisis económicas no aumentan el número de muertes, sí incrementan el número de suicidios. 

He tratado de comprobar si este fenómeno está ocurriendo en España...

Según datos correspondientes al 2010, los últimos disponibles según el INE (Instituto Nacional de Estadística), la mortalidad global descendió en nuestro país un 1.1% respecto al año 2009. 31 de cada 100 españoles fallecieron por enfermedades cardiovasculares, 28 de cada 100 por cáncer y casi 11 de cada 100 por enfermedades respiratorias. Sin embargo, la cifra de suicidios fue la más baja de los últimos 17 años: 3145 casos. El número de suicidios se ha mantenido más o menos constante, teniendo en cuenta el tiempo que viene durando nuestra crisis económica, si bien hoy fallecen ya más españoles por suicidios que por accidentes de tráfico.

Psiquiatras y psicólogos nos han enseñado que el suicidio se gesta en el pensamiento, y que el proyecto suicida nunca es improvisado, aunque la realización sea algunas veces impulsiva. También sostienen que la causa del suicidio radica en alguna patología psiquiátrica, y nunca en el análisis lógico del individuo. 

Se estima que el 75% de los suicidas padecieron alguna enfermedad de tipo depresivo y que las enfermedades mentales están presentes en 9 de cada 10 suicidas: depresión, ansiedad y adicciones. El riesgo se incrementa cuando síntomas psicóticos e ideas delirantes, como ocurre en la esquizofenia, acompañan a los trastornos del estado de ánimo. 

Los suicidas son más depresivos, vulnerables a la desesperanza, dependientes, impulsivos y poseen poca tolerancia a la frustración. Pero las noticias siguen siendo contradictorias. 

Mientras unos medios informan que desde octubre de 2010 hasta hoy se han producido en España 5 casos de suicidio motivados por los desahucios, otros nos alertan de 9 suicidios diarios, 3 de ellos impulsados por la crisis. El desempleo sí está asociado al suicidio. Por lo tanto, la lucha contra el paro debería convertirse en la mejor terapia contra el suicidio.


08 noviembre 2012

RETROVOLUCIÓN




En mi correo electrónico recibí un mensaje del inquietante Aloysius citándome en una céntrica cafetería ourensana. Antes de que apenas tomase asiento, desplegó ante mis ojos la página de información científica de un diario nacional de gran tirada. Con un rotulador amarillo fosforescente había remarcado dos nombres: “Montana State University”y “Jack Horner”. Posó la punta de su índice derecho sobre el papel dirigiendo hacia mí su mirada inquisitoria: ¿será posible?

Hace tiempo comenté una noticia sobre el Sr. Horner, uno de los paleontólogos más famosos del mundo, cuyas innovadoras teorías sobre los dinosaurios inspiraron a Steven Spielberg su saga sobre “Parque Jurásico”. Paradojas científicas contemporáneas, mientras cada día se extingue en este planeta alguna especie animal o vegetal, el ser humano, con su insaciable hambre de saber, está empeñado en resucitar aquellas desaparecidas en la noche de los tiempos. 

Una sonada línea de investigación se inició tratando de devolver a la vida a los mamuts. Para ello emplearían técnicas de clonación y los embriones serían implantados en el útero de elefantas nodrizas. El dilema ético que plantea esta idea es revivir a unos animales que se extinguieron porque el hábitat que ocupaban también desapareció. Aunque el experimento tuviera éxito, quedaría limitado a una suerte de parque temático o un zoológico espurio. 

Precisamente, desde estas líneas, propusimos en su día el empleo de la clonación para evitar la extinción del lince ibérico, aprovechando los escasos ejemplares que todavía viven y que todavía podrían garantizar cierta y necesaria variabilidad genética.

Jack Horner, al frente de un equipo de investigadores a buen seguro financiados por alguna potente iniciativa privada, propone una idea a la par audaz que temeraria. A partir de un embrión de pollo, mediante ingeniería genética, haría retroceder el tiempo en su genoma hasta conseguir sacar el dinosaurio que toda ave guarda entre sus primitivos ancestros. Se marca un plazo de 5 años para conseguirlo. Pero el ilustre paleontólogo nos advierte que el nuevo ser no tendrá las plenas características de un dinosaurio, sino que compartirá las de aquellos extintos reptiles con las de nuestras humildes gallinas domésticas. En resumidas cuentas, se “creará” de manera artificial una nueva criatura a la que sus padres todavía no saben bien si bautizar como pollosaurio o dinopollo.

Sensu stricto, podríamos encontrarnos ante un cierto tipo de involución, una regresión genética propiamente dicha. Ante la imposibilidad actual de extraer ADN de los dinosaurios a partir de huesos fósiles o de insectos atrapados en ámbar (como en la popular película), los investigadores han decidido reactivar los genes atávicos procedentes de las aves actuales. Humildemente, proponemos para este proceso el nombre de retrovolución o evolución artificial inversa, y permaneceremos bien atentos a los avances producidos en esta excepcional vía. Mientras escribo esto, mi pequeña pomerania dormita sobre el sofá. Viéndola tan dulce, no me gustaría que Jack Horner hiciese brotar el fiero oso perro que permanece aletargado entre sus genes más arcaicos.

06 noviembre 2012

CUENTA ATRÁS




Reloj, cinta métrica del tiempo.
Cada minuto comienzo
Una nueva cuenta atrás,
Silenciosa e invisible
Como tú, casi todos los días.
Cuento las horas,
De exigua o dilatada duración,
Según la marejada,
Con una lógica periódica,
Mientras, errabundo,
acaricio la yema de tus dedos.


03 noviembre 2012

EL DOLOR




Sostiene el ontológico Aloysius que los humanos empleamos habitualmente muchas palabras que terminan en “or” de las que conocemos perfectamente su significado, pero que nos plantean serias dificultades a la hora de definirlas. Por poner un ejemplo, todo el mundo habla del Amor, incluso los que nunca han estado enamorados, pero la condición de haberlo estado no mejora la capacidad de definición de aquellos que un día fueron heridos por los dardos de Cupido. En otras palabras, nos cuesta definir todo aquello que tiene difícil cuantificación.

A pesar de los poetas, algunos magníficos notarios del Amor, no podemos determinar el porcentaje de afecto que sentimos por la mujer o por el hombre amado; tampoco podemos comparar la intensidad de nuestro sentimiento con el del prójimo que tenemos al lado, ni nuestras tasas de enamoramiento. Y cuando juramos amor eterno, lo hacemos a sabiendas que tanto el ser que ama como el amado llevan en sus cuerpos la indeleble marca de la caducidad del tiempo. ¿Qué hubiera sido del perenne amor de Romeo y Julieta si la desventura suicida no se hubiera cruzado en su camino? ¿Acaso seguirían siendo en su senectud amantes dichosos que comían las infelices perdices abundantes entonces en la campiña de Verona?

Algo similar ocurre con el Dolor, un tormento que frecuentemente ha nutrido la inspiración de aedos, vates y rapsodas. Desde el punto de vista patológico, el dolor es una sensación compleja y subjetiva, pues cada quien lo percibe y sufre de distinta manera. Por si fuera poco, en el mismo individuo, nada tiene que ver un dolor de agudo, por ejemplo de oídos o de muelas, con otro tipo de dolor intenso y urgente de tipo visceral, como un cólico nefrítico. Y mucho menos con dolores crónicos, sordos, menos intensos pero no por ello más tolerables debido a su duración. 

Un estudio publicado recientemente en el European Journal of Pain afirma haber encontrado la influencia del sexo y de la raza en la tolerancia al dolor. Las investigaciones se han llevado a cabo en la Universidad Metropolitana de Leeds por el equipo del Dr. Osama Tashani. Participaron en el mismo 200 voluntarios durante un periodo de dos años. En líneas generales, los hombres demostraron una mayor tolerancia al dolor que las mujeres. La mayor sensibilidad femenina se ha sido explicado como en otras ocasiones, debido a causas hormonales y socioculturales. Los estrógenos incrementan los niveles de alerta y de actividad del sistema nervioso, y por lo tanto influyen en la transmisión del dolor. Por su parte, la testosterona masculina incrementa el umbral de tolerancia al dolor. Sin embargo, el dolor del parto sería más soportable para las madres debido al efecto de las endorfinas, sustancias analgésicas muy potentes fabricadas por el propio organismo. Respecto a las condiciones étnicas, los británicos de raza blanca presentaron una mayor sensibilidad al dolor que los voluntarios libios participantes en el ensayo. 

Podemos preguntarnos: ¿hasta dónde ha influido la genética y hasta dónde la cultura de cada grupo? Mientras Aloysius busca una Aspirina ® para su dolor de cabeza, ambos seguimos pensando que todavía quedan pendientes cuestiones muy interesantes para seguir investigando.

26 octubre 2012

ABUELAS



Hace un tiempo anunciábamos desde este mismo espacio las investigaciones del Profesor Bryan Sykes, de la Universidad de Oxford, que intentaban desentrañar el origen de los actuales europeos. Según las huellas del ADN mitocondrial, precisamente el heredado en exclusiva por vía materna, todos procedemos de las llamadas Siete Evas, una de ellas originaria de la Península Ibérica. También comentábamos la posibilidad de conocer a cual de estos siete primigenios clanes pertenecemos. 

Los interesados solamente tienen que consultar la página web de la empresa “Oxford Ancestors” (www.oxfordancestors.com). El ADN se aporta mediante el envío de una pequeña muestra del raspado interior de la mejilla, un simple gesto mucho menos doloroso que las 120 libras que cuesta la resolución del problema. 

El intrépido Aloysius tal vez se anime. Al fin y al cabo, su curiosidad se ha despertado al conocer que no somos solamente lo que comemos, sino también lo que comieron nuestros abuelos. Y así, tirando hacia atrás de su árbol genealógico, seguramente descubrirá que la alimentación de sus antepasados podría ser mucho más variada e interesante que la actualmente permitida al comprar en tiendas y supermercados. 

En “Obesos y famélicos”, sagaz ensayo sobre el impacto de la globalización en el sistema alimentario mundial, el profesor Raj Patel recuerda la enorme variedad de manzanas que albergaban las estanterías de la vieja tienda de sus padres.

También desde este mismo rincón defendíamos que matemáticas e informática aportarán infinitamente más avances a la medicina que la experimentación con animales, por ejemplo. Recientes simulaciones por ordenador de la “Hipótesis de la Abuela” parece querer darnos la razón. Esta tesis tradicional defiende que la longevidad de los primeros seres humanos es debida al papel desempeñado por las abuelas en la alimentación de sus nietos.

La Royal Society se fundó en Londres, en noviembre de 1660. Tiene su sede en la señorial Carlton House Terrace. Publica una prestigiosa revista científica titulada “Proceedings of The Royal Society”. Su serie A está dedicada a los avances en matemáticas, física e ingeniería, mientras que la serie B se centra en la biología. En uno de sus números más recientes, la investigadora Kristen Hawkes, de la Universidad de Utah (EEUU), ha publicado sus conclusiones sobre dichas simulaciones informáticas. 

En la actualidad, la longevidad de los primates no humanos no suele superar los 40 años, y así se ha mantenido estable durante los últimos 2 millones de años. En esa etapa, los ancestros comunes de humanos y simios hubieron de enfrentarse en África un entorno más seco, deforestado y hostil. 

Aquellas especies que disponían de hembras que, habiendo superado la edad reproductiva podían ayudar a alimentarse a sus nietos desenterrando tubérculos o rompiendo las cáscaras de los frutos secos, evolucionaron con mayor celeridad; de esta sutil manera, las madres pudieron destetar antes a sus hijos para desplazarse a territorios más lejanos, en la procura de un mejor sustento para sus familias. Por algo dijo el cómico estadounidense Richard Lewis que su abuela era una malabarista judía que podía ocuparse de seis cosas a la vez.


18 octubre 2012

NARICES ELECTRÓNICAS




El inquietante Aloysius se ha apuntado a un curso de galletas artísticas. La otra tarde tuvo la deferencia de invitarme, junto a un grupo de amigas y amigos, a degustar sus creaciones. Observé que antes de probar bocado, una muchacha se lo acercaba a su nariz, olisqueándolo con exquisita delicadeza. Nuestro desconcertado anfitrión me miró encogiéndose de hombros. Para su tranquilidad, le expliqué la íntima relación existente en el olfato y el gusto, mientras le hincaba el diente a una galleta encarnada con forma de beso.

Los médicos clásicos apreciaban el valor diagnóstico del olfato. Sus tratados confirman el olor a manzanas en la orina de los diabéticos con cetoacidosis, el fetor característico de los enfermos con enfermedades hepáticas crónicas o la pestilencia de las infecciones causadas por bacterias anaerobias.

En la actualidad, modernos avances técnológicos han permitido desarrollar las llamadas narices electrónicas, dispositivos electrónicos capaces de captar los compuestos orgánicos volátiles (COV) presentes en la fase gaseosa de la respiración. Como en otras ocasiones, las primeras narices electrónicas tuvieron un uso militar, encargándose de detectar posibles armas químicas en el aire ambiental.

Desde la década de los 90, la detección de estos compuestos volátiles pasó a ser más fiable y reproductible. La industria cosmética fue la primera en beneficiarse de sus ventajas, pero también la alimentaria, especialmente en el caso de la elaboración de quesos y vinos. Los expertos se lanzaron a la caza y captura de los bouquets más selectos para mejorar sus productos.

Por supuesto, los investigadores también desarrollaron aplicaciones útiles en medicina, como por ejemplo para la valoración de los COV en el aire expirado, productos del funcionamiento de alveolar que podrían servir como marcadores de determinados procesos patológicos pulmonares.

La nanotecnología ha permitido fabricar dispositivos cada vez más manejables y efectivos, que han sido utilizados en los primeros estudios sobre asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y cáncer de pulmón. Pero todavía queda mucho camino por delante. Sería crucial descubrir qué patrón de “olor” es el característico de cada enfermedad pulmonar, comenzando por la patología infecciosa e inflamatoria, que se nos antoja lo más sencillo.
Los avances matemáticos, químicos e informáticos serán las otras herramientas necesarias para discriminar y diferenciar las diferentes enfermedades del aparato respiratorio.

Mientras percibo de nuevo el aroma de las galletas dorándose en el horno de la cocina, alguien ha encendido la radio; se escucha la desgarrada voz de Kurt Cobain cantando “Smell Like Teen Spirit” ¿Qué olor tiene la vida?

08 octubre 2012

EXPERIMENTOS CON ANIMALES




Sostiene Aloysius que un cuchillo es una herramienta tan útil para cortar pan como para matar a una persona, desgraciadamente. Las palabras son también armas de doble filo. Muchas veces sirven para ensalzar o denigrar a las personas, las ideas y las cosas. Algo parecido ocurre con la globalización de la información. Mientras un fabricante emplea su página web para ofertar sus artículos al público en general, otra similar desata una campaña en contra del consumo de tales productos. Esto es lo que le acaba de ocurrir a la marca Mars ®, productora de chocolates, chicles, golosinas, arroz, té, café, bebidas aromáticas y una amplia variedad de comidas para mascotas. Para que nos hagamos una idea de su potencial, su facturación alcanza los 30 billones de dólares netos.

Sin embargo, www.marscandykills.com/experiments.asp ha denunciado a esta multinacional norteamericana por promocionar experimentos con animales, más concretamente, por patrocinar un experimento en la Universidad de California (EEUU) para determinar el efecto de los ingredientes del chocolate en los vasos sanguíneos de las ratas de laboratorio, consecuencias ampliamente demostradas ya en humanos. Se preguntarán ustedes en qué consisten estas investigaciones. Advertimos de antemano a las personas sensibles. Las ratas reciben alimentación forzada mediante unos tubos de plástico que actúan a modo de sonda a través de sus gargantas. Después, se les practican incisiones en sus patas que dejan sus arterias expuestas al aire. Estos vasos sanguíneos son además clampados con pinzas. Una vez realizado el experimento, cada animal es sacrificado, un eufemismo utilizado por algunos para enmascarar el pasaporte al otro barrio. Los expertos en la materia prefieren hablar de vivisección, un  término de connotaciones inicuas procedente del latín “vivus” (vivo) y “secare” (cortar).


En la página denunciante se pueden consultar las reseñas de otros tantos crueles experimentos con animales de laboratorio. Por motivos de espacio (y de pudor) no vamos a detenernos en ellos. Tan sólo mencionar aquí la figura de Pietro Croce, el autor de un controvertido libro titulado “Vivisezione o scienza: una scelta”. 

Nacido en Dalmacia en 1920, se graduó en Medicina en la Universidad de Pisa (Italia). Patólogo de prestigio internacional, desarrolló su extensa y prolífica carrera profesional e investigadora en Italia, Estados Unidos y España. La idea más interesante de su libro es el rechazo de la experimentación con animales no solamente por el respeto a tantos seres vivos que conviven con nosotros en este planeta, sino por el firme convencimiento que este tipo de investigaciones no han aportado avances a la medicina, sino más bien al contrario. Pietro Croce habla de el método erróneo. Existen múltiples diferencias entre los animales y humanos respecto a su genética, anatomía, fisiología, histología, inmunología, farmacología, psicología y su comportamiento social, tantas que es un error descomunal extrapolar los resultados de las investigaciones de unos sobre otros. 

En pleno siglo XXI existen múltiples alternativas a la investigación animal. Y además, Medicina y Veterinaria son dos ciencias harto diferentes. Por algo será.


22 septiembre 2012

ROBOTIZADOS




Sostiene Aloysius que comer manzanas resulta beneficioso para la salud. La sabiduría popular británica lo corrobora con una recomendación: “one apple a day keeps the doctor away”; no en vano Steve Jacobs eligió una de estas frutas como anagrama de su marca. Además, una Granny Smith cortada por la mitad identificaba Apple Records, el sello discográfico fundado por The Beatles. 

Raj Patel, en su ensayo “Gordos y famélicos”, mencionaba las diferentes variedades de manzanas que progresivamente han ido desapareciendo de los estantes de los supermercados, en aras de la mayor uniformidad de otras piezas capaces de defender mejor su lozanía resistiendo frente los embates del tiempo. Y es que devoramos pomas por los ojos, como Blancanieves. Y así le fue.

La primera tarde de este otoño compartimos la dulzura de unas manzanas Fuji mientras debatíamos una vez más sobre el futuro de un mundo compartido por varias especies de humanos con multitud de robots y androides. Afloraron a la superficie de nuestra discusión Isaac Asimov y las tres leyes de la robótica, los Nexus 6 de “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) inspirados por la oscura clarividencia de Philip K. Dick y sus androides que soñaban con ovejas eléctricas, “Deep Blue” y su pugna particular contra los mejores ajedrecistas de la historia. Y por supuesto Hal 9000 (Heuristical programmed ALgorithmic computer), el cíclope robot de la increíble odisea espacial imaginada al alimón por Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke.

Recientemente, la empresa japonesa "Cyberdyne" ha desarrollado un robot-traje destinado a implementar la fuerza corporal de personas mayores o discapacitadas. Tal vez inspirados por el cine y la literatura, sus responsables también bautizaron a este ingenio como Hal...

Guardo “Los robots del fin del mundo”, un recorte de Julio Miravalls publicado el 14 de enero de 2008 en el periódico “El Mundo”. Según algunas proyecciones sociales y económicas, dentro de 30 años vivirá en Japón un jubilado por cada dos trabajadores activos. Y si alguien no pone remedio, en apenas un siglo la población japonesa actual descenderá a un tercio. Parece ser que en lugar de incrementar su índice de natalidad o favorecer la inmigración procedente de otros países, los nipones han puesto sus esperanzas en la robótica.

Atesoro dicha tira periodística dentro de la cubierta de un libro, “Entre lobos y autómatas”, el galardonado ensayo de Víctor Gómez Pin sobre la causa del hombre, gracias a cuya lectura algunos cosmopolitas domésticos contemplamos vacilantes la coincidencia genética del hombre con otros primates y sus consecuencia, como en la recordada saga de “El planeta de los simios”, pasando por la eugenesia anunciada en “Gattaca” (Andrew Niccol, 1997), hasta alcanzar los todavíaa ignotos territorios de la inteligencia artificial mitificados en la sobrevalorada “Yo, robot” (Alex Proyas, 2004).

Y traemos todo esto a colación ante dos recientes informaciones sobre el progreso robótico cuando apenas el siglo XXI termina de agotar su primera década. 

En la Universidad de Aberdeen están trabajando con un robot capaz de debatir con los humanos, justificando y discutiendo todas sus actuaciones. 

Al otro lado del charco, en la Universidad de Northeastern (Boston, Massachusetts), han realizado una serie de experimentos con un grupo de estudiantes y un robot muy particular llamado Nexi. Los resultados han sido publicados en la revista “Psychological Science” revelando que existen cuatro gestos de seguridad que alertan a nuestro cerebro sobre la desconfianza en determinados individuos: cruzar los brazos, frotarse las manos o la cara, inclinarse hacia atrás o alejarse de nosotros.


Ya lo saben. Si acuden a una sucursal bancaria para obtener un crédito y su interlocutor les recibe repantingado en su sillón, parapetado tras una amplia mesa de despacho marcando las distancias, con los brazos cruzados, que solamente descruzará para frotarse varias veces la cara cavilando ante sus súplicas, no aguarden ni un instante más para terminar contemplando cómo se frota las manos mientras ustedes se han encadenado durante varios lustros a la galera de su hipoteca. O mejor, lleven con ustedes a un robot polemista. Quizás tengan más éxito.

19 septiembre 2012

ENFERMEDADES MITOCONDRIALES




En los pasados días, los medios de comunicación se han hecho eco de la controversia suscitada en el Reino Unido ante la posible puesta en marcha de técnicas biomédicas que eviten en el futuro graves enfermedades genéticas. En este sentido, ha estado trabajando un grupo de investigadores de la Universidad de Newcastle capitaneados por Doug Turnbull.

En realidad nos estamos refiriendo a un escaso número de patologías, causadas por unas 200 mutaciones, con una prevalencia estimada de 1 caso por cada 5000 nacimientos. Dependiendo de su gravedad, pueden afectar en mayor o menor medida al sistema nervioso (casi en la mitad de las ocasiones), corazón, hígado, riñón, músculos, sistema respiratorio y sistema endocrino del paciente. La primera de ellas fue descrita hace 50 años por el Dr. Rolf Luft, de la Universidad de Estocolmo.

Las mitocondrias son unos órganos celulares muy particulares. Su función principal es generar energía celular. Pero también son las únicas dotadas con material genético fuera del núcleo. Este ADN se transmite siempre de madre a hijos. Hablando en plata, los padres no pintan nada en esta herencia. Si consiguiéramos eliminar todas las mitocondrias maternas dañadas, resultaría imposible la transmisión a su descendencia de este tipo de patologías.

Para ello, uno de los procedimientos valorados es el siguiente. Se obtiene un óvulo de la madre transmisora de la enfermedad. Se le extrae el núcleo y éste es implantado en un óvulo sano de la mujer donante, sustituyendo su núcleo. El resultado es un óvulo con el ADN nuclear de la madre biológica y el ADN mitocondrial de la madre donante. Posteriormente, este óvulo reprogramado es fecundado en el laboratorio con espermatozoides del padre (o de un donante anónimo, si esto fuera necesario). 

Desde que se pusieron en marcha las técnicas de fecundación in vitro, nuevos dilemas éticos han saltado a la palestra. Es indudable que mediante estos procedimientos miles de parejas han podido tener hijos propios, y que en un futuro muy cercano muchas enfermedades genéticas serán historia. Pero también es cierto que algunos de los hijos así concebidos, o sus descendientes, podrían verse afectados al conocer que su material genético fue modificado artificialmente en un laboratorio.

Sostiene la psicóloga Lauren Slater que integramos mejor lo que se nos cuenta como un relato... 

Aquella mañana de septiembre, la pequeña Eva salió de la escuela. Delante se extendía un jardín con columpios y una fuente en forma de sirena. Mientras los familiares de sus compañeros aguardaban a la salida de clase, a ella le esperaba un cortejo muy especial. Su padre, Pedro, había aprovechado un momento libre en su céntrico despacho de abogados para acercarse hasta el lugar. De complexión atlética y mediana estatura, poseía una mirada azul especialmente luminosa. Al llegar, posó suavemente los labios en el rostro de Raquel, su esposa, que nerviosa movía adelante y atrás un cochecito de bebé, donde descansaba Miguel, un bebé con apenas 6 meses de vida, el segundo hijo de la pareja. Nuria, una hermosa joven de larga cabellera dorada, sonriendo extendió sus brazos hacia la pizpireta Eva, que se acercó a ella correteando. 

Gracias a las mitocondrias de Nuria, Eva y Miguel se había librado de padecer una enfermedad que, generación tras generación, habían ido transmitiendo las predecesoras de Raquel. Padecieron una enfermedad hoy en día conocida como neuropatía óptica hereditaria de Leber. Sin embargo, 3 de cada 4 de estas mujeres nunca llegaron a manifestar claros síntomas de esta enfermedad. Las más desafortunadas, perdieron completamente la visión. 

Unos pasos más atrás, sin que nadie se hubiera dado cuenta, una mujer observa atentamente la escena. Su nombre era Alba y portaba un ramillete de globos de colores. Alba se había encargado de traer al mundo a Eva y a Miguel. Antes de nacer los niños, Raquel y Pedro habían tenido un aparatoso accidente de tráfico. La mujer sufrió un violento traumatismo abdominal que obligó a los médicos a extirparle el útero. Alba es lo que vulgarmente se conoce como un vientre de alquiler. Durante 40 semanas, albergó en su matriz los embriones que portaban el ADN nuclear de Raquel, el ADN mitocondrial de Nuria y el material genético aportado por Pedro. 

Hoy es el cumpleaños de Eva, y todos sus progenitores han decido ir a celebrarlo juntos.


12 septiembre 2012

DIFICIL SUPERVIVENCIA




El tiempo consume al tiempo. Avanza septiembre y las calles pronto volverán a poblarse con el bullicio de los niños que van y vienen de la escuela. La emoción que provoca el reencuentro con los compañeros de pupitre se convierte en el antídoto balsámico ideal contra la nostalgia por las vacaciones estivales.

La otra tarde, el consternado Aloysius me telefoneó para comentarme que acababa de ver en la televisión una de esas llamadas películas de culto. Confluencia accidental entre la programación de relleno veraniega y las casualidades del zapping, se trataba de “Dirkie” (James Uys, 1970), película sudafricana filmada en el inhóspito desierto de Kalahari. 

El protagonista es un pequeño de 8 años que sobrevive a un accidente de aviación. Acompañado por su inseparable perrita, una entrañable terrier que incluso decide parir a su camada en medio de la aventura, durante dos semanas el niño vaga extraviado entre las dunas ocres y escarlata alimentándose de huevos de pájaro y bebiendo el agua tan escasa que recoge de algún charco solitario.

Mi atribulado amigo se preguntaba si desde el punto de vista médico podría resultar posible subsistir en semejantes condiciones, durante todo ese tiempo, en un medio tan extremadamente hostil. El Kalahari es muy árido en su área suroriental, donde recibe menos de 175 m3 de lluvia al año. Por el día, su temperatura oscila entre los 20 y los 40º C, pero por la noche puede descender hasta los 0º C, lesivas para un chico que deambula cargado con una maleta y un bolso de tela donde apenas recoge un agua a todas luces no potable. Y por si fuera poco, una hiena les persigue obcecada, acosándolos hasta la extenuación.

En este drama, la guinda del pastel la ponen un escorpión y una serpiente. La mayoría de los escorpiones resultan venenosos para el ser humano y los expertos recomiendan la atención médica inmediata ante cualquier picadura. Respecto a la serpiente, Dirkie es atacado por una cobra escupidora, probablemente una Naja anchietae, una Naja nivea o una Naja annulifera, por tratarse de géneros abundantes en aquella geografía.

El veneno de estas cobras tiene un componente neurotóxico, que causa parálisis y puede resultar letal. También contiene unas toxinas de potente efecto anticoagulante. Pero, aunque no muerdan a su víctima, el veneno escupido se comporta como un poderoso irritante. Si alcanza el ojo, como en el caso de nuestro protagonista, provoca un ardor intenso y una ceguera temporal, que puede incluso resultar permanente si no se limpia a fondo inmediatamente.

Alfred Hitchcock sostenía que el cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de un pastel. También decía que el cine son 400 butacas que llenar. Apaciguo a mi querido amigo con el final feliz, para el niño y para su perrita, de esta extraña película. Y quedamos emplazados para estudiar otro día, desde el punto de vista traumatológico, cómo es posible que el oficial John McClane (Bruce Willis), de la policía de Nueva York, hubiera salido sano y salvo de “La jungla de Cristal” (John McTiernan, 1988).

07 septiembre 2012

DIFERENCIAS




La otra tarde me comentaba Aloysius su afición por ciertos libros de corte sensacionalista como “Todo lo que usted quiso saber para hacerse millonario y nunca se atrevió a preguntar” o “Adelgace usted ahora o engorde para siempre”.

Ha escogido estos temas para escribir su tesis y obtener su esperado doctorado en antropología. En algunas ocasiones, libros de este tipo encuentran su alojamiento en las estanterías pobladas con otros títulos que banalizan, por ejemplo, las supuestas diferencias existentes entre el cerebro de la mujer y el hombre. Algunos graciosos, presumiendo de ocurrentes, se han especializado incluso en esta suerte de chascarrillos y tratan de animar así el café y los postres en algunas cenas de pretendida camaradería.

En 1995, la nada sospechosa revista Science publicó un artículo sobre las diferencias sexuales en el metabolismo cerebral de la glucosa en estado de reposo. Ahí es nada. Mediante tomografía de emisión de positrones, los investigadores detectaron varias desigualdades entre mujeres y hombres en determinadas áreas cerebrales. Concluyeron que éstas podrían justificar determinadas disparidades en el procesamiento de las emociones.

Ese mismo año, la revista Nature publicaba las diferencias sexuales para el lenguaje en la organización funcional del cerebro. Mediante resonancia magnética, estudiaron las reacciones de 19 mujeres y hombres jóvenes mientras realizaban pruebas ortográficas, fonográficas y semánticas. Detectaron procesos específicos para el lenguaje, con marcadas diferencias entre ambos sexos, y las relacionaron con patrones de organización funcional cerebral también diferentes.

Pues bien. Un reciente estudio realizado por Israel Abramov y su equipo en la Universidad de Nueva York acaba de concluir que hombres y mujeres ven el mundo de diferente manera. Los resultados han sido publicados en la revista Biology of Sex Differences, y aunque esta deducción pudiera resultar baladí, han demostrado que el ojo femenino tiene una mayor capacidad para distinguir entre el tono de los colores. Esta facultad viene determinada evolutivamente, pues las hembras de nuestros primitivos antecesores desarrollaron tal habilidad durante miles de años de dedicación a las labores recolectoras.

Esta claro que las estructuras oculares son idénticas en ambos sexos. Pero los hombres han desarrollado una mayor capacidad para percibir movimientos rápidos. La justificación está en la cantidad de los andrógenos y de sus receptores cerebrales. Durante la formación del embrión, las hormonas masculinas son responsables del control del desarrollo neuronal en la corteza cerebral. Y de nuevo nos topamos con la evolución, pues probablemente esta diferencia justifique la mayor especialización de nuestros ancestros masculinos en las tareas cinegéticas. La vía de investigación permanece abierta. Alguno seguirá empeñado en distinguir entre el sexo cerebral y el cerebro sexual. Desde aquí le deseamos mucha suerte.




31 agosto 2012

RESTRICCIÓN CALÓRICA




La revista Nature acaba de publicar los resultados de un experimento que ponen en solfa una de las tesis fundamentales de la denominada restricción calórica: limitar la ingesta energética de la dieta retrasa el envejecimiento. Sostiene Aloysius que se han comunicado evidencias de este tipo en la literatura científica en primates, ratas, ratones y arañas; también en la inefable mosca del vinagre (o de la fruta), y en nemátodos, gusanos redondos alguno de los cuales poseen nombres tan rimbombantes como Caernohabditis elegans.

Aunque millones de años nos separan de nuestros antecesores, nuestros genes conservan en su memoria algunas causas de las enfermedades de la opulencia, como por ejemplo la obesidad. Imaginémonos un pequeño grupo de homínidos nómadas, actualmente ya extintos, que en su constante deambular se encontraron con un bosque repleto de fruta madura. Su experiencia les había enseñado a ingerir toda la cantidad de alimento que pudieran. Poseían genes encargados de conservar tal exceso de calorías en forma de grasa. Cuando llegaran los períodos de escasez y hambre, esas reservas podrían movilizarse para obtener energía y así garantizar su supervivencia. 

No resulta complicado entender que los individuos mejor dotados genéticamente para dicha función de almacenamiento tendrían mayores posibilidades de reproducirse, para traspasar aquel legado a sus descendientes, y para alcanzar edades más avanzadas. El equilibrio necesario entre el hartazgo y el sobrepeso estaba determinado por la regularidad del ejercicio físico que desarrollaban por aquellos prójimos en su permanente vagar. 

El problema surge en nuestros días. Los herederos de aquellos genes ahorradores intentan progresar ahora inmersos en la abundancia alimentaria con un modus vivendi sedentario. Habíamos entendido que la genética, la buena alimentación y el ejercicio físico avalaban la vejez de nuestros antepasados, obviando la mortalidad provocada por las enfermedades infecciosas y los frecuente traumatismos físicos, accidentales o por las contiendas.

Volviendo al caso que nos ocupa, el estudio fue diseñado 30 años atrás por el gerontólogo Don Ingram, de la Universidad Estatal de Louisiana, mientras trabajaba en el Instituto Nacional del Envejecimiento de Bethesda (Maryland). En 2009, un estudio previo realizado en Wisconsin en un centro específico de primates concluyó que los macacos alimentados con una dieta de restricción calórica habían alcanzado edades más avanzadas que aquellos otros pertenecientes al grupo control. 

La comparación entre ambos estudios ha revelado la importancia de una dieta saludable, incluyendo ácidos grasos esenciales y antioxidantes, más que la mera restricción calórica. Además, los macacos del grupo control de Wisconsin pudieron alimentarse descontroladamente. La polémica está servida. Como la evidencia genética está ahí, harán falta más investigaciones para ver cómo influye la alimentación en la longevidad del ser humano. Por cierto, los chimpancés no montan demasiado follón cuando entre ellos se roban la comida. Los primates humanos sí.