CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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27 enero 2011

PERSUASION NARRATIVA



Termina de pasarme Aloysius un artículo muy interesante firmado por Juan J. Igartua, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca, sobre la llamada persuasión narrativa. Ha sido publicado en un número muy reciente de la Revista de Comunicación y Salud, y trata de explicarnos el valor que poseen ciertas técnicas de educación y entretenimiento en la comunicación para la salud.
Pero, ¿para qué sirve este tipo de comunicación? Definiendo dicha entidad por sus objetivos, estaríamos hablando de cambiar comportamientos, actitudes, creencias y normas sociales con la finalidad de incrementar la calidad de vida de las personas y mejorar la salud pública en general, siempre dentro de unos límites culturales precisos.
En este aspecto, las estrategias de educación – entretenimiento suponen una prometedora innovación. Nos moveríamos en un territorio fronterizo entre las ciencias de la salud y los medios de comunicación, en el primero de los casos, optimizando todo lo que conocemos respecto a las modificaciones conductuales, y en el segundo, aprovechando los usos y los efectos de la potente comunicación mediática.
¿Podría el uso de las narraciones de ficción inducir modificaciones en las actitudes de las personas? Veamos la utilidad de la persuasión narrativa y en qué se diferencia de una mera campaña informativa.
En primer lugar, la persuasión narrativa se refiere a acontecimientos concretos, no hastía con informaciones exhaustivas. En segundo lugar, se basa en personajes, no aporta información a secas o señala advertencias. Además entretiene y divierte, provocando a la vez un efecto educativo. Finalmente, posee una estructura narrativa completamente definida, con planteamiento, nudo y desenlace. Por poner unos ejemplos, estas actividades han demostrado su utilidad a la hora de prevenir el contagio de la infección por el VIH – SIDA, para evitar embarazos no deseados, como medios de apoyo en pacientes a tratamiento por un cáncer de mama o para combatir la incidencia de la obesidad y de la hipertensión entre los adolescentes.


Todo esta teoría ha devuelto a mi memoria el Proxecto Titania, la historia de Roi e A Gotiña, una serie de cortometrajes de animación hecha por ourensanos y destinada al fomento de la donación de sangre entre los escolares. Los dibujos son de Jorge E. Bóveda, en la banda sonora participaron Fernando F. Picos y Cristina Asenjo, la dirección corrió a cargo de Antonio Carcedo y el incansable motor del proyecto fue Javier González Lamelas. Estoy muy orgulloso de esta obra, en la que tuve una humilde participación. Nunca fui partidario de que la letra se acompañase con la sangre, y hago mía aquella loable pretensión de mejor convencer entreteniendo.

22 enero 2011

TREN DE LARGO RECORRIDO


Mientras aguardo la llegada del tren, me entretengo en observar cómo avanzan las agujas del reloj de la estación, cuán lento transcurre un minuto y que rápida discurre la vida.

Ourense Empalme. Un ramillete de vías férreas que quiebra la ciudad dormida, ese nudo de comunicaciones que ata y desata los caminos de hierro, donde los trenes se desenganchan, cambian de vía y vuelven a engancharse otra vez, hacia Poniente o hacia el Sur, qué más da, donde se suman y restan los vagones, se multiplican las maletas repletas y se acurrucan los espíritus, hacia el Norte o el Levante, mercancías, regalos, de vuelta a casa, por vacaciones, o quizás para partir definitivamente, en un viaje sin retorno.


Apago la luz de mi departamento y me acuesto en la litera. Intento conciliar el sueño en el interior de una estridente hormigonera. Como no lo consigo, me voy de paseo por los furgones. En la cafetería, los camareros preparan los pedidos. Tren de largo recorrido. Muchos suspiramos por la alta velocidad, Ourense - Madrid en menos de tres horas, pero esa celeridad indefectiblemente llevará consigo la desaparición de los trenes nocturnos. El vagón restaurante es ahora apenas un recuerdo de lo que fue en el pasado, cocina de carbón, con cocinero y pinches que elaboraban suculentas viandas, justo lo contrario de este carrusel de alimentos prefabricados al que hoy nos tienen acostumbrados, plastificados, enlatados, envasados al vacío, bocados que cada día se parecen más a la comida rápida de los aviones. La tierra, para las tortugas y el cielo, para las aves.


En mi adolescencia, crucé España de lado a lado en viejos trenes de largo recorrido que tardaban casi un día en alcanzar su destino. Asientos de escay, ventanas de madera, cristales ahumados por la intemperie, revisores con uniforme dueños de aquellas fascinantes maquinitas de picar los billetes, que en la ida se comían un diminuto triángulo de papel y en la vuelta un pequeño redondel. Los pasajeros más previsores y ahorrativos se llevaban de casa la comida para el viaje. De repente, el tren se colmaba con el aroma de las tortillas y de los bocadillos de chorizo, con el olor de las Farias y de las naranjas recién peladas, con la voz de los vendedores ambulantes que recorrían los vagones anunciando mantecadas de Astorga y rosquillas anisadas, y hasta las botas de vino colgaba algún pasajero del exterior de la ventana, para que el tinto se le mantuviera fresco.


Partíamos de viaje más animosos, dispuestos a soportar lo que el azar nos había deparado para esta ocasión, quién será mi compañero de asiento, una guapa muchacha con el pañuelo empapado en agua de colonia, un caballero regordete y roncador, una madre de familia que a duras penas conseguirá mantener a raya su extensa prole, o aquel inquieto que entraba y salía del compartimento una docena de veces, para echarse un pitillo que le hiciera más llevadero el insomnio y menos cargante el trayecto. Recuerdo que entonces las farmacias no vendían tantos ansiolíticos...


De madrugada, poco antes de salir el sol, en un descuido se me cayó el teléfono portátil entre la litera y la pared. Cuando por fin conseguí recuperarlo, las luces de la ciudad comenzaban a divisarse a lo lejos. Fin de trayecto.

20 enero 2011

VIOLENCIA EN LA CONSULTA



El Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Ourense me ha enviado una información referente a las agresiones que los médicos sufren a manos de sus pacientes, o de los usuarios como ahora es más correcto nombrarles, pues puede tratarse de prójimos enfermos, sanos o de sus familiares.
Las cifras reflejan que en España, durante el pasado año 2010, se produjeron 451 agresiones a médicos. Con toda seguridad fueron muchísimas más, pues estos datos solamente representan la proporción de las que han sido registradas por las propias organizaciones médico colegiales.
A Aloysius este tipo de conflictos siempre le ha resultado chocante, pues le cuesta mucho entender cómo un ciudadano se puede liar a palos con un profesional que supuestamente es el responsable de custodiar su salud y combatir su enfermedad. Y no hablamos sólo de golpes físicos, sino también de insultos y trato despectivo o irrespetuoso.
El informe revela otra circunstancia especial. Resulta que la hostilidad es mayor entre los familiares de los pacientes, y curiosamente, los médicos más castigados son aquellos con edades comprendidas entre los 46 y los 55 años, supuestamente un colectivo profesional con suficiente experiencia sobre sus espaldas y habilidades para manejar este tipo de situaciones.
Otro dato llamativo: el 57% de las agresiones se producen en las consultas de atención primaria, las más accesibles y cercanas al paciente, las del médico de familia, las del médico de cabecera de toda la vida.
Los motivos más frecuentes para este tipo de comportamientos belicosos suelen ser la discrepancia con la atención médica, la negativa a recetar algún fármaco reclamado por el paciente o cuestiones de tipo personal.
En urgencias, las agresiones recogidas en el registro de los colegios médicos durante el pasado año supusieron el 8% del total. Existe una idea generalizada de que en este ámbito asistencial, por la inmediatez de la demanda y por la exigencia de una rápida actuación, la conflictividad debería ser mayor. Lo que ya no sorprende tanto es que la sanidad pública se lleve la palma en este aspecto.
Recordemos que este tipo de acometidas hace tiempo que ya no quedan impunes. Los agresores pueden incluso ser condenados a prisión.
Hace años, un compañero me mostró una reclamación realizada por uno de sus pacientes. Entonces me pareció increíble. Aquel individuo protestaba porque el médico no le había querido recetar unos medicamentos de un especialista privado. Antes de firmar su demanda, añadió: “no me extrañan las agresiones que sufren los médicos. Más le tendrían que dar. A ver si así espabilan”. Se me viene a la memoria una frase de Isaac Asimov: “la violencia es el último recurso del incompetente”.

13 enero 2011

REBELDE SIN CAUSA



La cinefilia de Aloysius es vox populi, cinefagia más bien diría yo, pues literalmente devora toda la información que encuentra referente al apasionante mundo del 7º Arte. Hoy le he pedido prestado este titular, el de la famosa película dirigida por Nicholas Ray en 1955, y que protagonizaron los malogrados James Dean, Natalie Wood y Sal Mineo. Me ha comentado que el guión original está basado en el libro del psiquiatra Robert M. Lindner, cuyo título traducido al español viene a ser “Rebelde sin causa: el hipnoanálisis de un psicópata criminal”.

Lo traemos hoy a colación para seguir debatiendo sobre la ley antitabaco española. Vaya por delante que desde el punto de vista sanitario apoyamos sin fisuras este tipo de medidas. El respaldo parlamentario resultó unánime ante la propuesta de reforma de la anterior ley, una iniciativa de IU y ERC apoyada también por PSOE, PP y los demás partidos.
Los establecimientos de hostelería en los que se permitía fumar, además de competir en ventaja con los espacios libres del humo de los cigarrillos, obligaban a los asalariados a trabajar en un ambiente insalubre. Tampoco valdría la excusa de la voluntariedad de los trabajadores, pues como médicos estamos obligados siempre a prestar una ayuda, incluso a aquellos prójimos que no desean seguir viviendo.
Además de intentar regular el consumo de un producto que ha demostrado sobradamente su efecto pernicioso sobre la salud individual y colectiva, esta ley ha servido también para reavivar esa mentalidad levantisca que en el extranjero nos adjudican a los españoles como característica.
Si nos obligan a usar el cinturón de seguridad, vamos al médico para reclamar un certificado aclaratorio sobre el por qué no podemos llevar sobre el tórax aparatos que nos presionen las costillas. Si nos pillan bebidos al volante de un coche, solicitamos otro certificado médico para tratar de convencer a las autoridades que estamos tomando una medicación que incrementa el alcohol en nuestras venas. Si nos ponen un límite de velocidad en las carreteras, ocultamos en nuestros automóviles sofisticados dispositivos que nos alertan de la proximidad de un rádar, para levantar entonces el pie del acelerador. Si vamos a ver un concierto y la cola en la entrada es muy larga, tratamos de buscar a un conocido que nos cuele y nos evite el incómodo momento de la espera. Si entra en vigor una nueva ley antitabaco, surge un grupo de hosteleros insurrectos que pretenden pasársela por el arco de triunfo, aun a costa de costosas sanciones.
Insistimos, legislar sobre un acto cívico no debería resultar tan complejo. El otro día leía la protesta de José Carlos Caneiro, que tuvo que ver el Depor – Barça sumergido en la espesa nube que provocaban varios cigarros puros ardiendo a la vez. Rebeldes con o sin causa, ahí continúa combativo el Club de Fumadores que ha vuelto a poner Ourense en el mapa informativo, gracias a los resquicios de una ley no tan perfecta. Tal vez sirva este hecho para acelerar la llegada del AVE a nuestra ciudad, para que así vengan a concentrase en el Xesteira todos los recalcitrantes fumadores de la patria. Vai ti a saber.


04 enero 2011

LA NUEVA LEY ANTITABACO


Aloysius no ha fumado nunca, ni creo que le vaya a dar ahora por empezar a quemar tabaco. El humo de los cigarrillos le molesta profundamente. Aun así, siempre ha recelado de las leyes prohibitivas y del dogmatismo. Sostiene que si en España ha sido necesaria una segunda ley para limitar el mal hábito de fumar en los locales públicos es porque la primera se hizo de aquella manera. ¿Cómo recuperarán ahora toda la pasta que se gastaron los hosteleros para separar a tirios de troyanos? No olvidemos que estamos entre los primeros países productores mundiales de papel administrativo. Cada año se legisla más aquí que en Alemania, por ejemplo. Pero mucha normativa nace con una fecha de caducidad, preceptos para la galería, leyes tan efímeras como los Kleenex ®, auténtico papel mojado, todo lo contrario de lo que hicieron nuestros antepasados, empeñados en elaborar leyes perdurables, que por algo se sigue estudiando Derecho Romano en las facultades.

El defecto primordial es que esta ley de nuevo se olvida de los fumadores. No les aporta alternativas para la deshabituación. Excepto algunos ultras de la colilla y el cenicero, que también los hay, la mayoría de los fumadores que conozco saben perfectamente que esta costumbre es mala para su salud. Muchos han intentado dejar de fumar en varias ocasiones, con suerte dispar. Nuestros gobernantes se lavan las manos y remiten a los fumadores a las consultas de los médicos de cabecera, allá se las apañen ustedes, que encima los tratamientos para dejar de fumar no están financiados por nuestra sanidad pública. Otro marrón. También escasean las unidades especializadas para desintoxicarnos de la nicotina, una droga de elevado potencial adictivo. Otra vez nos olvidamos de educar para la salud, que siempre resulta más económico que multar y perseguir.

Hemos aprendido poco de la experiencia de otras naciones pioneras en legislar sobre la materia. ¿Qué ha ocurrido en Irlanda, Noruega o Italia? Aquí un padre no puede echarse un pito mientras su hijo se columpia en el parque infantil, pero sí puede meterse entre pecho espalda un descomunal veguero con el mismo niño sentado a su lado en el campo de fútbol, para mayor gloria de sus colores. Podremos fumar sin cuartel en las cárceles, en los psiquiátricos y en las residencias de ancianos, pero no podrá hacerse al aire libre en muchos lugares, a pesar de lo irrespirable que hacen del mismo los escapes de las motos y los coches. Legislamos sobre un acto cívico, que significa no molestar con el humo de mis cigarrillos a los que no desean fumar. Y lo de las denuncias tiene tela, pues los microinquisidores van a brotar como champiñones en un sótano plagado de humedad.

Y las multas, otra boutade, pues si quieres fumar libremente saldrá más a cuenta robar para que te manden a la trena. La hipocresía reinante en el mundo del tabaco es tremenda. Existe una película magnífica que se titula “Gracias por fumar” (Jason Reitman, 2005). Se la recomiendo. En vez de tanta masacre sentimental alguna cadena debería programarla en estas fechas. Por un lado, llenamos nuestras arcas con los impuestos sobre el tabaco. Y acto seguido legislamos para que todo el mundo deje de fumar. Me lo expliquen.

29 diciembre 2010

PRECIO Y VALOR




Estas navidades, tal vez influenciado por malas compañías, y en especial por aquellos camaradas suyos políticos y economistas, anda Aloysius demasiado abstraído en sesudas cuestiones sobre la escasez y la abundancia. Como tantos otros españoles su calculadora doméstica está que arde contando cuántos euros no podrá ahorrar durante el próximo año 2011, ya saben, este año subieron los precios de la gasolina y demás combustibles, por supuesto aprovechando los puentes en el calendario, y la energía eléctrica pronto va a deslumbrarnos más por su elevada factura que por la calidez y la calidad de su luz.

Dicen los expertos que en una economía de mercado todo producto o servicio tiene un precio. Nos han fastidiado, como en la vida. El quid de la cuestión está en el valor que como ciudadanos estamos dispuestos a pagar por un producto o servicio. Cuando vamos al supermercado, por ejemplo, los ciudadanos nos convertimos en consumidores. Cuando vamos como pacientes a la consulta del médico del sistema nacional de salud, nos convertimos en usuarios. Del precio de estas visitas pocas veces nos informan, para que sepamos si pagamos mucho o poco.

Sin embargo, a pesar de la libre competencia en los mercados, sospecho que el precio de la energía eléctrica, del gas, de los combustibles, de los servicios telefónicos... casi siempre es el mismo, sea cual sea la compañía suministradora del servicio. Aquí no podemos elegir. Nos lo suben con alevosía y nocturnidad mientras todavía nos estamos tragando la última uva con la campanada que marca la extinción de un año y la venida del próximo, que de repente ya se ha vuelto a transformar en presente.

Bajan los sueldos y las pensiones, que ya ni siquiera se congelan a pesar de la ola de frío que nos mantiene temblando. Pero, realmente ¿a qué le damos más valor cómo consumidores o usuarios? En economía doméstica lo tenemos más o menos claro. Les llamamos bienes de primera necesidad por algo. A nuestra vivienda, alimentación, vestido y energía le damos un valor primordial, por eso nos gusta poco que nos toquen sus precios. También los medicamentos son bienes prioritarios. La contención de su precio es deseable a nivel personal y a nivel comunitario.

Entre las alegaciones que ha enviado al Ministerio de Sanidad contra la unidosis, la Federación Empresarial de los Farmacéuticos Españoles plantea que, si entra en vigor dicha medida el precio de cada comprimido de paracetamol (incluidos los envases, el IVA y los márgenes de fabricantes, distribuidores y farmacéuticos) será de 0.0033 euros, 0.095 para un comprimido de omeprazol y 0.050 para uno de ibuprofeno…

Actualmente, considerando la marca o el genérico más barato, un envase con 40 comprimidos de 1 gr de paracetamol cuesta en la farmacia 2.79 euros (0.069 euros por comprimido). En el caso del omeprazol de 20 mg, un envase con 28 comprimidos cuesta 2.95 euros, es decir 0.105 euros por pastilla. Finalmente, un envase de ibuprofeno de 600 mg con 40 comprimidos cuesta 1.98 euros, o lo que es lo mismo 0.0495 euros cada pastilla. La batalla de los precios continúa.

Para resolver tan espinosas cuestiones habrá que considerar el coste de los productos (para las empresas), el valor de los mismos (para los usuarios) y el precio que las administraciones públicas están dispuestas a pagar para seguirnos subvencionando los medicamentos.

23 diciembre 2010

NAVIDAD Y SALUD



Me ha pedido Aloysius que sea benévolo, porque estamos en Navidad, una entrañable etapa que se repite cada año y en la que todos nos cargamos de buenas vibraciones, deseos, intenciones… Dicen que durante la Primera Guerra Mundial hasta los más encarnizados enemigos pactaban una tregua por Nochebuena, seguramente los cristianos influidos por sus creencias religiosas, pero con una buena voluntad que también se extendía entre los no creyentes. El sentido más espiritual de estas fiestas ha ido cediendo terreno a la modernidad y al consumismo. Escribo estas líneas el 23 de diciembre, y he visto con mis propios ojos a los tres Reyes Magos deambulando por la Rua do Paseo en Ourense. A buen seguro le están echando un pulso a Papá Noel, encargando con el debido tiempo sus regalos en las zonas comerciales.
Como si fueran pequeñas bolas para adornar un árbol de Navidad virtual, aquí dejo estas sencillas reflexiones, que ni siquiera tengo que compartir, pero que seguramente a algún lector le provocarán el asombro o la curiosidad. Comenzamos. Una de estas tardes escuché en una cafetería un reproche contra la Ley de Dependencia en boca de una persona por la que tengo un aprecio especial. Criticaba la habitual excusa referente a la escasez de medios económicos dedicados a la sanidad. Pensaba que dinero hay, pero que deben reasignarse los recursos. Precisamente en eso andan todas las administraciones públicas. Otro parroquiano recomendaba una mayor flexibilidad en nuestro actual sistema nacional de salud y que todos los usuarios sepan lo que nos cuesta una determinada consulta, un tratamiento, una prueba diagnóstica o una hospitalización. A propósito de estas cuestiones, acabo de leer en la prensa especializada el valor de una fertilización in vitro en los Estados Unidos. Si se emplean los óvulos de la propia mujer, 24373 dólares; si éstos proceden de una donante, el montante asciende a 38015 dólares, y si el procedimiento obtiene el éxito (algo que ocurre en casi el 50% de las ocasiones), la factura final alcanzaría los 76000 dólares.
Otro apunte. Excepto para los pensionistas, en nuestro país existe el copago farmacéutico. En 1980, el conjunto de los españoles pagaba el 17.5% del coste de las medicinas. En el 2010 solamente sufragamos el 5.8%. No puede extrañarnos que las autoridades sanidades anden de cabeza con el gasto farmacéutico. En el número de septiembre de la prestigiosa Revista de Administración Sanitaria, Luis Ángel Otero Ochoa considera inexcusable, palabras textuales la coordinación del Estado con los gobiernos autonómicos para ejecutar políticas de contracción del gasto público. No olvidemos el escenario en el que nos ha tocado movernos, con una población cada vez más envejecida (1 de cada 4 ourensanos supera los 65 años) y una tasa de paro prevista que superará el 20% en el 2011. Yo voy a pedirle a Papá Noel y a los Reyes Magos mucha salud, porque dicen que resulta más barata que la enfermedad. Feliz Navidad.

17 diciembre 2010

BALADA TRISTE DE TROMPETA





Robert Wyatt tocando la trompeta


Acaba de estrenarse en las pantallas de cine la última película del iconoclasta Alex de la Iglesia, en opinión de Aloysius el más original e imaginativo de nuestros cineastas, capaz de cosechar a la par adhesiones y discrepancias sin apenas dejarle un espacio libre a los indiferentes. Esta novedad ha resucitado aquella interpretación vitriólica de otra balada triste de trompeta, la del incombustible Raphael en el film “Sin un adiós” (Vicente Escrivá, 1970),  de la que los lectores más veteranos seguramente guardarán un grato recuerdo.
A balada triste de trompeta han sonado las últimas quejas proferidas por José Manuel Ramírez, desde el Observatorio Estatal de la Dependencia. Hace cuatro años se aprobó en España la Ley de Dependencia, para algunos una ley trampa, porque la normativa encargada de garantizar estos derechos a nuestros ciudadanos nacía huérfana del respaldo económico necesario para convertir la teoría en práctica. Esta opinión negativa no es personal, sino compartida por muchos enfermos que se quejan cada día por ello en las consultas de los médicos, en los despachos de los trabajadores sociales y en los medios de comunicación.
Durante su etapa al frente del Ministerio de Sanidad, Trinidad Jiménez prometió presentar el informe de evaluación del desarrollo de la Ley de Dependencia. Este compromiso caducó el pasado mes de septiembre, y parece ser que la nueva ministra Leire Pajín pasó de puntillas sobre tan espinosas cuestiones al presidir su primer Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.
Llegado el mes de noviembre, con sus lluvias frías y la amenaza de renovadas gripes, desde la dirección general del Instituto de Mayores y Servicios Sociales se remitió a todas las comunidades autónomas un cuestionario para evaluar el Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). A José Manuel Ramírez el diseño de esta evaluación le ha parecido poco riguroso, máxime cuando el ministerio sigue sin publicar los datos recogidos precisamente por el SAAD. Los expertos en todas estas cuestiones aguardan desde julio del 2009 que esta información crucial vea la luz. ¿Se imaginan que el ministerio de Trabajo no publicara con la debida periodicidad las cifras del paro?
La habitual turba de los maledicentes sostiene que si no se divulgan estos números es porque hay cosas que ocultar. En política sanitaria, cualquier medida que se tome para incrementar la salud y el bienestar de la población debe ser convenientemente evaluada, por razones de efectividad y de eficiencia, máxime en tiempos de ajuste económico y de crisis social como los que ahora nos está tocando vivir. La mejor de las legislaciones, sin la financiación necesaria, corre el riesgo de quedarse en eso, en una balada triste de trompeta.



12 diciembre 2010

¿MONSTRUOS?

Hoy mismo repasaba una vieja entrada de nuestro blog hermano "Medycine" en la que se analizaba la película "La parada de los monstruos" (Tod Browning, 1932). 


Reflexionábamos sobre el trato que la sociedad deparaba hace un siglo a todos aquellos prójimos que sufrían una discapacidad, en la mayoría de las ocasiones condenados a existir como fenómenos de feria. Gracias a esta infamia, algunos alcanzaron la fama y la riqueza, tal y como leemos en "American Sideshow" (Marc Hartzman), una especie de enciclopedia que recopila todas estas extrañas historias.




Siempre me ha fascinado el tesón demostrado por las personas obligadas a vivir cada día enfrentadas a las limitaciones de su discapacidad, ya sea ésta congénita o adquirida, física o psíquica... Es cierto que para conseguir sus objetivos algunos se han apoyado en unas férreas convicciones religiosas...


Para expresar esta admiración, hete aquí algunos ejemplos:















10 diciembre 2010

MEMORIA DE MOSQUITO



Anda mi querido Aloysius muy preocupado ultimamente porque se olvida de muchas cosas, pulula un tanto despistado y con memoria de pájaro, como dicen los británicos, aunque en nuestro idioma coloquialmente prefiramos empequeñecer todavía más esta cualidad de nuestro cerebro cuando no funciona debidamente.
Y es que una cosa diferente es olvidarse de algo más o menos trascendente, como dónde aparqué ayer el coche, dónde puse las dichosas gafas para ver de cerca, quién se ha olvidado de cerrar el grifo de la cocina… y otra bien distinta es ir perdiendo progresivamente todos nuestros recuerdos, como ocurre en la enfermedad de Alzheimer. Para evitar los olvidos, hay quien activa la alarma de su teléfono móvil, se cambia el reloj de muñeca o se llena los bolsillos con escuetas anotaciones. Un amigo mío, reconocido artista plástico, prefiere pintarrajearse el dorso de las manos para que el sudor de las palmas no contribuya a hacer todavía más frágil su memoria.
Más diminutos que los mosquitos son las bacterias. Unos científicos de Hong Kong acaban de conseguir un hito: almacenar 90 GB de información en 1 gramo de bacterias. Sostienen estos investigadores que esta cantidad supone unos 10 millones de células, y que sólo harían falta 18 de ellas para archivar el texto completo de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo. Ya hay quien anda imaginando por ahí que este tipo de memorias biológicas podría terminar sustituyendo a los actuales dispositivos USB e incluso a los discos duros de los ordenadores. Las puertas de la ciencia ficción vuelven a estar abiertas, de par en par.
El último informe PISA (Programme For International Student Assessment) como ya viene siendo habitual, no deja en muy buen lugar al sistema educativo español. Nuestros bachilleres no carburan. Si el experimento chino made in Hong Kong funciona, ni hará falta que sigan estudiando, porque con el cerebro de un mosquito tendremos suficiente espacio para almacenar toda la información que hoy en día ocupa montañas de páginas en los libros.
Como seres humanos somos fascinantes. Hemos domesticado animales para que nos ayuden en las tareas cotidianas, para que contribuyan a nuestra alimentación, para que nos sirvan de compañía. Hemos utilizado levaduras para fabricar pan, yogur o cerveza, y hemos aprovechado determinadas hongos y bacterias para sintetizar valiosos antibióticos. Científicos norteamericanos han sido capaces de emplear bacterias para mover diminutos engranajes suspendidos en soluciones acuosas. Los microorganismos nadan en grupos nutridos capaces de generar una fuerza que impulse estos microengranajes. Así, al final, un pretendido insulto como microbio se puede convertir en la más lisonjera de las alabanzas. Y sino, al tiempo.

01 diciembre 2010

DIA MUNDIAL CONTRA EL SIDA 2010

Hay que mantener la vigilancia...



29 noviembre 2010

ULTRALUX




Detalle del Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni
Domenico GHIRLANDAIO 1489 - 1490. 
Museo Thyssen - Bornemisza Madrid.


Frente al mar,
Las voces nuevas, las ultraluces,
Los años tuertos que vienen y asoman
Por la boca del mañana,
Como oscuros silos.
Todo lo prescindible,
Comparsas en el desfile
Los años cero, los derrumbes,
Vuelan hacia la papelera,
Como pájaros que lloran
De frío, exagerados
Desnudos calcetines blancos.
Es cortada tu ausencia
En ráfagas, en piezas,
En algún que otro cielo
Escrito con un pulso firme,
Sobre el sueño indoblegable
De los perros sin dueño.


25 noviembre 2010

UNA ENFERMEDAD SOCIAL



ANA ORANTES: su muerte despertó nuestras conciencias...


Con motivo de la celebración del Día Internacional contra la Violencia Machista, un circunspecto Aloysius me preguntaba si esta lacra podría entenderse como una patología social, en el sentido de que las sociedades se enferman a la par que los individuos que las conforman. Desde luego, una cuestión difícil de responder. Traté de explicarle aquel lúcido concepto de enfermedad definido por Georges Canguilhem, el filósofo francés especializado en la historia de la ciencia, donde la salud representaría un superávit de recursos capaz de permitirle a un ser vivo responder a las infidelidades del medio ambiente. Consecuentemente, la enfermedad y la muerte sobrevendrían cuando los recursos fueran insuficientes y las exigencias del medio se modificasen o se incrementasen.


Siguiendo este original postulado, una mujer maltratada ha ido perdiendo progresivamente su capital de salud a manos de su castigador. En palabras del fiscal Julián Pardinas, estas mujeres se van convirtiendo en invisibles, tratando desesperadamente de desaparecer del escenario de la tragedia, buscando un refugio, tantas veces inexistente en un hogar y una familia antaño seguros. Pero no son ella, sino precisamente sus verdugos quienes dilapidan intencionadamente la vitalidad de sus parejas, construyendo tamaña ignominia a base de desprecio, insultos, vejaciones, golpes y palizas. Así entraríamos de lleno en la segunda parte de la definición de Canguilhem, pues a la falta de recursos se une ahora un medio tremendamente hostil. Lo que un día fuera amor, respeto y protección se transforma en el más terrorífico de los desamparos.


Una sociedad está enferma cuando no se enfrenta con energía contra esta plaga. En España, en lo que va de año, 64 mujeres han muerto a manos de sus parejas, una cifra que supera ya las aciagas estadísticas del pasado año. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia machista representaría la primera causa de mortalidad a nivel planetario en las mujeres con edades comprendidas entre los 15 y los 35 años, por encima de las guerras y el cáncer, por ejemplo.


Para combatir las enfermedades debemos esmerarnos en la prevención, en el diagnóstico precoz y en la efectividad del tratamiento. Para que nuestra sociedad sea más sana, hay que esforzarse en educar a nuestros jóvenes en la igualdad y en el respeto. Los profesionales (médicos, enfermería, trabajadores sociales) deberían disponer de tiempo y medios necesarios para detectar a tiempo todo tipo de agresiones físicas y psicológicas que cualquier mujer padezca en de su ámbito doméstico.


Y además, la justicia debe ser dotada de los instrumentos eficaces para castigar y para rehabilitar a los maltratadores. Desde luego, dejar de celebrar este tipo de días internacionales sería una gran noticia. 

18 noviembre 2010

MUERTE EN HAITI

Sin palabras...



16 noviembre 2010

11 noviembre 2010

UN PREMIO, POR FAVOR...



El otro día le escuché pedir a mi buen amigo el Dr. Juan José Rodriguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), un premio Príncipe de Asturias para todos los médicos que trabajamos en el Sistema Nacional de Salud... No creo que nos lo concedan... Más bien, al contrario... Después del brutal recorte en nuestras nóminas, promovido por el gobierno socialista del Sr. Zapatero, nuestro salario quedará también congelado durante el próximo año 2011. 

Entonces, ¿cuándo recuperaremos nuestro anterior poder adquisitivo?...

Un castigo inmerecido. Ciertos políticos gestionan mal y lo pagan los ciudadanos, algunos por partida doble...

Yo me sumo a la demanda de un galardón, aunque sea simbólico, como el que merecen también los sufridos ratones de laboratorio, esos inefables roedores de pelaje blanco y ojos colorados, que nos miran como incandescentes lamparitas en la soledad de  la noche.

Como seres humanos, a esa dócil especie le debemos infinitos favores. Miles de crueles experimentos llevados a cabo con ellos han servido para avanzar kilómetros en la lucha contra las enfermedades del hombre.

El último, el descubrimiento de los circuitos neuronales implicados en el miedo...


Miedo me dan algunos, los que siguen experimentando con los médicos del Sistema Nacional de Salud, como conejillos de indias, como humildes ratoncillos blancos de laboratorio.

SOBRE MI CADÁVER



Esta mañana, al abrir el correo electrónico, me he topado con un mensaje que el industrioso Aloysius me envió de madrugada. Parece que por fin le ha encontrado una utilidad a su pertinaz insomnio. Me contaba que se despertó sobresaltado por una pesadilla, algo relacionado con la inmortalidad, con la catalepsia y el día de difuntos, un relato confuso y deshilvanado, vanos recuerdos que se esfuman nada más despertar.

Amablemente, le he recomendado que vigile su alimentación y que no se acueste inmediatamente después de cenar. Así su descanso será placentero y su soñar más ameno. Ya conocen el refrán: después de una comida una buena siesta y después de una cena una buena fiesta, o algo así.

Y para conjurar la desazón de sus preocupaciones sobre el futuro y la eternidad le he enviado un recorte de prensa que recientemente ha atraido mi atención. Se trata de una serie de posibles usos para nuestro cuerpo cuando se haya convertido en un cadáver, propuestas tan dispares como convertirnos en crash test dummies humanos, esos indefensos maniquíes que la industria automovilística mete en sus coches para chocarlos contra un muro a toda velocidad, o donar nuestros restos a una universidad para que los estudiantes aprendan anatomía y los futuros médicos puedan perfeccionar su técnica; al fin y al cabo, aprendemos más de los muertos que de los vivos. En esta línea se situaría también el legado de nuestro esqueleto o de nuestros miembros para su exhibición en museos científicos, convirtiéndonos en los dignos sustitutos del Negro de Banyoles, o ofertar nuestros despojos para que viajen ad perpetuam en las giras internacionales del Body Words, eso sí, convenientemente plastinados según las mañas del científico y artista alemán Gunther von Hagens, fuera fluidos y grasas, bien rellenitos de caucho de silicona a modo de vistosas momias despellejadas o descarnadas esculturas del progreso y la modernidad.


Una curiosidad: en 1977 Von Hagens dio a conocer en Heidelberg la técnica de la plastinación...

Otra alternativa sería descansar en una granja de cuerpos, donde los expertos y los estudiantes observan las fases de descomposición de los cadáveres para luego auxiliar a los antropólogos y a los forenses en sus estudios e investigaciones.

Yo sigo pensando que lo más útil, altruista, solidario, o como se quiera llamar, es la donación de nuestros órganos y tejidos para que puedan salvar las vidas de unos cuantos prójimos después de nuestra muerte. Así se lo he propuesto a Aloysius mientras ensalzo una vez más la efectividad de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) española, modelo a seguir por muchos otros países, embarcada ahora en la fascinante alternativa de los trasplantes en cadena, una suerte de sucesión de favores, un consorcio de buenos samaritanos que podría mejorar de manera exponencial los resultados de este tipo de tratamiento. No lo olvide, ante la tentación de disecarse o esqueletizarse, sea generoso, done sus órganos. A buen seguro que alguien se lo agradecerá. Y mucho.



Y por cierto, ya que hablamos de trasplantes...