CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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26 octubre 2012

ABUELAS



Hace un tiempo anunciábamos desde este mismo espacio las investigaciones del Profesor Bryan Sykes, de la Universidad de Oxford, que intentaban desentrañar el origen de los actuales europeos. Según las huellas del ADN mitocondrial, precisamente el heredado en exclusiva por vía materna, todos procedemos de las llamadas Siete Evas, una de ellas originaria de la Península Ibérica. También comentábamos la posibilidad de conocer a cual de estos siete primigenios clanes pertenecemos. 

Los interesados solamente tienen que consultar la página web de la empresa “Oxford Ancestors” (www.oxfordancestors.com). El ADN se aporta mediante el envío de una pequeña muestra del raspado interior de la mejilla, un simple gesto mucho menos doloroso que las 120 libras que cuesta la resolución del problema. 

El intrépido Aloysius tal vez se anime. Al fin y al cabo, su curiosidad se ha despertado al conocer que no somos solamente lo que comemos, sino también lo que comieron nuestros abuelos. Y así, tirando hacia atrás de su árbol genealógico, seguramente descubrirá que la alimentación de sus antepasados podría ser mucho más variada e interesante que la actualmente permitida al comprar en tiendas y supermercados. 

En “Obesos y famélicos”, sagaz ensayo sobre el impacto de la globalización en el sistema alimentario mundial, el profesor Raj Patel recuerda la enorme variedad de manzanas que albergaban las estanterías de la vieja tienda de sus padres.

También desde este mismo rincón defendíamos que matemáticas e informática aportarán infinitamente más avances a la medicina que la experimentación con animales, por ejemplo. Recientes simulaciones por ordenador de la “Hipótesis de la Abuela” parece querer darnos la razón. Esta tesis tradicional defiende que la longevidad de los primeros seres humanos es debida al papel desempeñado por las abuelas en la alimentación de sus nietos.

La Royal Society se fundó en Londres, en noviembre de 1660. Tiene su sede en la señorial Carlton House Terrace. Publica una prestigiosa revista científica titulada “Proceedings of The Royal Society”. Su serie A está dedicada a los avances en matemáticas, física e ingeniería, mientras que la serie B se centra en la biología. En uno de sus números más recientes, la investigadora Kristen Hawkes, de la Universidad de Utah (EEUU), ha publicado sus conclusiones sobre dichas simulaciones informáticas. 

En la actualidad, la longevidad de los primates no humanos no suele superar los 40 años, y así se ha mantenido estable durante los últimos 2 millones de años. En esa etapa, los ancestros comunes de humanos y simios hubieron de enfrentarse en África un entorno más seco, deforestado y hostil. 

Aquellas especies que disponían de hembras que, habiendo superado la edad reproductiva podían ayudar a alimentarse a sus nietos desenterrando tubérculos o rompiendo las cáscaras de los frutos secos, evolucionaron con mayor celeridad; de esta sutil manera, las madres pudieron destetar antes a sus hijos para desplazarse a territorios más lejanos, en la procura de un mejor sustento para sus familias. Por algo dijo el cómico estadounidense Richard Lewis que su abuela era una malabarista judía que podía ocuparse de seis cosas a la vez.


18 octubre 2012

NARICES ELECTRÓNICAS




El inquietante Aloysius se ha apuntado a un curso de galletas artísticas. La otra tarde tuvo la deferencia de invitarme, junto a un grupo de amigas y amigos, a degustar sus creaciones. Observé que antes de probar bocado, una muchacha se lo acercaba a su nariz, olisqueándolo con exquisita delicadeza. Nuestro desconcertado anfitrión me miró encogiéndose de hombros. Para su tranquilidad, le expliqué la íntima relación existente en el olfato y el gusto, mientras le hincaba el diente a una galleta encarnada con forma de beso.

Los médicos clásicos apreciaban el valor diagnóstico del olfato. Sus tratados confirman el olor a manzanas en la orina de los diabéticos con cetoacidosis, el fetor característico de los enfermos con enfermedades hepáticas crónicas o la pestilencia de las infecciones causadas por bacterias anaerobias.

En la actualidad, modernos avances técnológicos han permitido desarrollar las llamadas narices electrónicas, dispositivos electrónicos capaces de captar los compuestos orgánicos volátiles (COV) presentes en la fase gaseosa de la respiración. Como en otras ocasiones, las primeras narices electrónicas tuvieron un uso militar, encargándose de detectar posibles armas químicas en el aire ambiental.

Desde la década de los 90, la detección de estos compuestos volátiles pasó a ser más fiable y reproductible. La industria cosmética fue la primera en beneficiarse de sus ventajas, pero también la alimentaria, especialmente en el caso de la elaboración de quesos y vinos. Los expertos se lanzaron a la caza y captura de los bouquets más selectos para mejorar sus productos.

Por supuesto, los investigadores también desarrollaron aplicaciones útiles en medicina, como por ejemplo para la valoración de los COV en el aire expirado, productos del funcionamiento de alveolar que podrían servir como marcadores de determinados procesos patológicos pulmonares.

La nanotecnología ha permitido fabricar dispositivos cada vez más manejables y efectivos, que han sido utilizados en los primeros estudios sobre asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y cáncer de pulmón. Pero todavía queda mucho camino por delante. Sería crucial descubrir qué patrón de “olor” es el característico de cada enfermedad pulmonar, comenzando por la patología infecciosa e inflamatoria, que se nos antoja lo más sencillo.
Los avances matemáticos, químicos e informáticos serán las otras herramientas necesarias para discriminar y diferenciar las diferentes enfermedades del aparato respiratorio.

Mientras percibo de nuevo el aroma de las galletas dorándose en el horno de la cocina, alguien ha encendido la radio; se escucha la desgarrada voz de Kurt Cobain cantando “Smell Like Teen Spirit” ¿Qué olor tiene la vida?

08 octubre 2012

EXPERIMENTOS CON ANIMALES




Sostiene Aloysius que un cuchillo es una herramienta tan útil para cortar pan como para matar a una persona, desgraciadamente. Las palabras son también armas de doble filo. Muchas veces sirven para ensalzar o denigrar a las personas, las ideas y las cosas. Algo parecido ocurre con la globalización de la información. Mientras un fabricante emplea su página web para ofertar sus artículos al público en general, otra similar desata una campaña en contra del consumo de tales productos. Esto es lo que le acaba de ocurrir a la marca Mars ®, productora de chocolates, chicles, golosinas, arroz, té, café, bebidas aromáticas y una amplia variedad de comidas para mascotas. Para que nos hagamos una idea de su potencial, su facturación alcanza los 30 billones de dólares netos.

Sin embargo, www.marscandykills.com/experiments.asp ha denunciado a esta multinacional norteamericana por promocionar experimentos con animales, más concretamente, por patrocinar un experimento en la Universidad de California (EEUU) para determinar el efecto de los ingredientes del chocolate en los vasos sanguíneos de las ratas de laboratorio, consecuencias ampliamente demostradas ya en humanos. Se preguntarán ustedes en qué consisten estas investigaciones. Advertimos de antemano a las personas sensibles. Las ratas reciben alimentación forzada mediante unos tubos de plástico que actúan a modo de sonda a través de sus gargantas. Después, se les practican incisiones en sus patas que dejan sus arterias expuestas al aire. Estos vasos sanguíneos son además clampados con pinzas. Una vez realizado el experimento, cada animal es sacrificado, un eufemismo utilizado por algunos para enmascarar el pasaporte al otro barrio. Los expertos en la materia prefieren hablar de vivisección, un  término de connotaciones inicuas procedente del latín “vivus” (vivo) y “secare” (cortar).


En la página denunciante se pueden consultar las reseñas de otros tantos crueles experimentos con animales de laboratorio. Por motivos de espacio (y de pudor) no vamos a detenernos en ellos. Tan sólo mencionar aquí la figura de Pietro Croce, el autor de un controvertido libro titulado “Vivisezione o scienza: una scelta”. 

Nacido en Dalmacia en 1920, se graduó en Medicina en la Universidad de Pisa (Italia). Patólogo de prestigio internacional, desarrolló su extensa y prolífica carrera profesional e investigadora en Italia, Estados Unidos y España. La idea más interesante de su libro es el rechazo de la experimentación con animales no solamente por el respeto a tantos seres vivos que conviven con nosotros en este planeta, sino por el firme convencimiento que este tipo de investigaciones no han aportado avances a la medicina, sino más bien al contrario. Pietro Croce habla de el método erróneo. Existen múltiples diferencias entre los animales y humanos respecto a su genética, anatomía, fisiología, histología, inmunología, farmacología, psicología y su comportamiento social, tantas que es un error descomunal extrapolar los resultados de las investigaciones de unos sobre otros. 

En pleno siglo XXI existen múltiples alternativas a la investigación animal. Y además, Medicina y Veterinaria son dos ciencias harto diferentes. Por algo será.


22 septiembre 2012

ROBOTIZADOS




Sostiene Aloysius que comer manzanas resulta beneficioso para la salud. La sabiduría popular británica lo corrobora con una recomendación: “one apple a day keeps the doctor away”; no en vano Steve Jacobs eligió una de estas frutas como anagrama de su marca. Además, una Granny Smith cortada por la mitad identificaba Apple Records, el sello discográfico fundado por The Beatles. 

Raj Patel, en su ensayo “Gordos y famélicos”, mencionaba las diferentes variedades de manzanas que progresivamente han ido desapareciendo de los estantes de los supermercados, en aras de la mayor uniformidad de otras piezas capaces de defender mejor su lozanía resistiendo frente los embates del tiempo. Y es que devoramos pomas por los ojos, como Blancanieves. Y así le fue.

La primera tarde de este otoño compartimos la dulzura de unas manzanas Fuji mientras debatíamos una vez más sobre el futuro de un mundo compartido por varias especies de humanos con multitud de robots y androides. Afloraron a la superficie de nuestra discusión Isaac Asimov y las tres leyes de la robótica, los Nexus 6 de “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) inspirados por la oscura clarividencia de Philip K. Dick y sus androides que soñaban con ovejas eléctricas, “Deep Blue” y su pugna particular contra los mejores ajedrecistas de la historia. Y por supuesto Hal 9000 (Heuristical programmed ALgorithmic computer), el cíclope robot de la increíble odisea espacial imaginada al alimón por Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke.

Recientemente, la empresa japonesa "Cyberdyne" ha desarrollado un robot-traje destinado a implementar la fuerza corporal de personas mayores o discapacitadas. Tal vez inspirados por el cine y la literatura, sus responsables también bautizaron a este ingenio como Hal...

Guardo “Los robots del fin del mundo”, un recorte de Julio Miravalls publicado el 14 de enero de 2008 en el periódico “El Mundo”. Según algunas proyecciones sociales y económicas, dentro de 30 años vivirá en Japón un jubilado por cada dos trabajadores activos. Y si alguien no pone remedio, en apenas un siglo la población japonesa actual descenderá a un tercio. Parece ser que en lugar de incrementar su índice de natalidad o favorecer la inmigración procedente de otros países, los nipones han puesto sus esperanzas en la robótica.

Atesoro dicha tira periodística dentro de la cubierta de un libro, “Entre lobos y autómatas”, el galardonado ensayo de Víctor Gómez Pin sobre la causa del hombre, gracias a cuya lectura algunos cosmopolitas domésticos contemplamos vacilantes la coincidencia genética del hombre con otros primates y sus consecuencia, como en la recordada saga de “El planeta de los simios”, pasando por la eugenesia anunciada en “Gattaca” (Andrew Niccol, 1997), hasta alcanzar los todavíaa ignotos territorios de la inteligencia artificial mitificados en la sobrevalorada “Yo, robot” (Alex Proyas, 2004).

Y traemos todo esto a colación ante dos recientes informaciones sobre el progreso robótico cuando apenas el siglo XXI termina de agotar su primera década. 

En la Universidad de Aberdeen están trabajando con un robot capaz de debatir con los humanos, justificando y discutiendo todas sus actuaciones. 

Al otro lado del charco, en la Universidad de Northeastern (Boston, Massachusetts), han realizado una serie de experimentos con un grupo de estudiantes y un robot muy particular llamado Nexi. Los resultados han sido publicados en la revista “Psychological Science” revelando que existen cuatro gestos de seguridad que alertan a nuestro cerebro sobre la desconfianza en determinados individuos: cruzar los brazos, frotarse las manos o la cara, inclinarse hacia atrás o alejarse de nosotros.


Ya lo saben. Si acuden a una sucursal bancaria para obtener un crédito y su interlocutor les recibe repantingado en su sillón, parapetado tras una amplia mesa de despacho marcando las distancias, con los brazos cruzados, que solamente descruzará para frotarse varias veces la cara cavilando ante sus súplicas, no aguarden ni un instante más para terminar contemplando cómo se frota las manos mientras ustedes se han encadenado durante varios lustros a la galera de su hipoteca. O mejor, lleven con ustedes a un robot polemista. Quizás tengan más éxito.

19 septiembre 2012

ENFERMEDADES MITOCONDRIALES




En los pasados días, los medios de comunicación se han hecho eco de la controversia suscitada en el Reino Unido ante la posible puesta en marcha de técnicas biomédicas que eviten en el futuro graves enfermedades genéticas. En este sentido, ha estado trabajando un grupo de investigadores de la Universidad de Newcastle capitaneados por Doug Turnbull.

En realidad nos estamos refiriendo a un escaso número de patologías, causadas por unas 200 mutaciones, con una prevalencia estimada de 1 caso por cada 5000 nacimientos. Dependiendo de su gravedad, pueden afectar en mayor o menor medida al sistema nervioso (casi en la mitad de las ocasiones), corazón, hígado, riñón, músculos, sistema respiratorio y sistema endocrino del paciente. La primera de ellas fue descrita hace 50 años por el Dr. Rolf Luft, de la Universidad de Estocolmo.

Las mitocondrias son unos órganos celulares muy particulares. Su función principal es generar energía celular. Pero también son las únicas dotadas con material genético fuera del núcleo. Este ADN se transmite siempre de madre a hijos. Hablando en plata, los padres no pintan nada en esta herencia. Si consiguiéramos eliminar todas las mitocondrias maternas dañadas, resultaría imposible la transmisión a su descendencia de este tipo de patologías.

Para ello, uno de los procedimientos valorados es el siguiente. Se obtiene un óvulo de la madre transmisora de la enfermedad. Se le extrae el núcleo y éste es implantado en un óvulo sano de la mujer donante, sustituyendo su núcleo. El resultado es un óvulo con el ADN nuclear de la madre biológica y el ADN mitocondrial de la madre donante. Posteriormente, este óvulo reprogramado es fecundado en el laboratorio con espermatozoides del padre (o de un donante anónimo, si esto fuera necesario). 

Desde que se pusieron en marcha las técnicas de fecundación in vitro, nuevos dilemas éticos han saltado a la palestra. Es indudable que mediante estos procedimientos miles de parejas han podido tener hijos propios, y que en un futuro muy cercano muchas enfermedades genéticas serán historia. Pero también es cierto que algunos de los hijos así concebidos, o sus descendientes, podrían verse afectados al conocer que su material genético fue modificado artificialmente en un laboratorio.

Sostiene la psicóloga Lauren Slater que integramos mejor lo que se nos cuenta como un relato... 

Aquella mañana de septiembre, la pequeña Eva salió de la escuela. Delante se extendía un jardín con columpios y una fuente en forma de sirena. Mientras los familiares de sus compañeros aguardaban a la salida de clase, a ella le esperaba un cortejo muy especial. Su padre, Pedro, había aprovechado un momento libre en su céntrico despacho de abogados para acercarse hasta el lugar. De complexión atlética y mediana estatura, poseía una mirada azul especialmente luminosa. Al llegar, posó suavemente los labios en el rostro de Raquel, su esposa, que nerviosa movía adelante y atrás un cochecito de bebé, donde descansaba Miguel, un bebé con apenas 6 meses de vida, el segundo hijo de la pareja. Nuria, una hermosa joven de larga cabellera dorada, sonriendo extendió sus brazos hacia la pizpireta Eva, que se acercó a ella correteando. 

Gracias a las mitocondrias de Nuria, Eva y Miguel se había librado de padecer una enfermedad que, generación tras generación, habían ido transmitiendo las predecesoras de Raquel. Padecieron una enfermedad hoy en día conocida como neuropatía óptica hereditaria de Leber. Sin embargo, 3 de cada 4 de estas mujeres nunca llegaron a manifestar claros síntomas de esta enfermedad. Las más desafortunadas, perdieron completamente la visión. 

Unos pasos más atrás, sin que nadie se hubiera dado cuenta, una mujer observa atentamente la escena. Su nombre era Alba y portaba un ramillete de globos de colores. Alba se había encargado de traer al mundo a Eva y a Miguel. Antes de nacer los niños, Raquel y Pedro habían tenido un aparatoso accidente de tráfico. La mujer sufrió un violento traumatismo abdominal que obligó a los médicos a extirparle el útero. Alba es lo que vulgarmente se conoce como un vientre de alquiler. Durante 40 semanas, albergó en su matriz los embriones que portaban el ADN nuclear de Raquel, el ADN mitocondrial de Nuria y el material genético aportado por Pedro. 

Hoy es el cumpleaños de Eva, y todos sus progenitores han decido ir a celebrarlo juntos.


12 septiembre 2012

DIFICIL SUPERVIVENCIA




El tiempo consume al tiempo. Avanza septiembre y las calles pronto volverán a poblarse con el bullicio de los niños que van y vienen de la escuela. La emoción que provoca el reencuentro con los compañeros de pupitre se convierte en el antídoto balsámico ideal contra la nostalgia por las vacaciones estivales.

La otra tarde, el consternado Aloysius me telefoneó para comentarme que acababa de ver en la televisión una de esas llamadas películas de culto. Confluencia accidental entre la programación de relleno veraniega y las casualidades del zapping, se trataba de “Dirkie” (James Uys, 1970), película sudafricana filmada en el inhóspito desierto de Kalahari. 

El protagonista es un pequeño de 8 años que sobrevive a un accidente de aviación. Acompañado por su inseparable perrita, una entrañable terrier que incluso decide parir a su camada en medio de la aventura, durante dos semanas el niño vaga extraviado entre las dunas ocres y escarlata alimentándose de huevos de pájaro y bebiendo el agua tan escasa que recoge de algún charco solitario.

Mi atribulado amigo se preguntaba si desde el punto de vista médico podría resultar posible subsistir en semejantes condiciones, durante todo ese tiempo, en un medio tan extremadamente hostil. El Kalahari es muy árido en su área suroriental, donde recibe menos de 175 m3 de lluvia al año. Por el día, su temperatura oscila entre los 20 y los 40º C, pero por la noche puede descender hasta los 0º C, lesivas para un chico que deambula cargado con una maleta y un bolso de tela donde apenas recoge un agua a todas luces no potable. Y por si fuera poco, una hiena les persigue obcecada, acosándolos hasta la extenuación.

En este drama, la guinda del pastel la ponen un escorpión y una serpiente. La mayoría de los escorpiones resultan venenosos para el ser humano y los expertos recomiendan la atención médica inmediata ante cualquier picadura. Respecto a la serpiente, Dirkie es atacado por una cobra escupidora, probablemente una Naja anchietae, una Naja nivea o una Naja annulifera, por tratarse de géneros abundantes en aquella geografía.

El veneno de estas cobras tiene un componente neurotóxico, que causa parálisis y puede resultar letal. También contiene unas toxinas de potente efecto anticoagulante. Pero, aunque no muerdan a su víctima, el veneno escupido se comporta como un poderoso irritante. Si alcanza el ojo, como en el caso de nuestro protagonista, provoca un ardor intenso y una ceguera temporal, que puede incluso resultar permanente si no se limpia a fondo inmediatamente.

Alfred Hitchcock sostenía que el cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de un pastel. También decía que el cine son 400 butacas que llenar. Apaciguo a mi querido amigo con el final feliz, para el niño y para su perrita, de esta extraña película. Y quedamos emplazados para estudiar otro día, desde el punto de vista traumatológico, cómo es posible que el oficial John McClane (Bruce Willis), de la policía de Nueva York, hubiera salido sano y salvo de “La jungla de Cristal” (John McTiernan, 1988).

07 septiembre 2012

DIFERENCIAS




La otra tarde me comentaba Aloysius su afición por ciertos libros de corte sensacionalista como “Todo lo que usted quiso saber para hacerse millonario y nunca se atrevió a preguntar” o “Adelgace usted ahora o engorde para siempre”.

Ha escogido estos temas para escribir su tesis y obtener su esperado doctorado en antropología. En algunas ocasiones, libros de este tipo encuentran su alojamiento en las estanterías pobladas con otros títulos que banalizan, por ejemplo, las supuestas diferencias existentes entre el cerebro de la mujer y el hombre. Algunos graciosos, presumiendo de ocurrentes, se han especializado incluso en esta suerte de chascarrillos y tratan de animar así el café y los postres en algunas cenas de pretendida camaradería.

En 1995, la nada sospechosa revista Science publicó un artículo sobre las diferencias sexuales en el metabolismo cerebral de la glucosa en estado de reposo. Ahí es nada. Mediante tomografía de emisión de positrones, los investigadores detectaron varias desigualdades entre mujeres y hombres en determinadas áreas cerebrales. Concluyeron que éstas podrían justificar determinadas disparidades en el procesamiento de las emociones.

Ese mismo año, la revista Nature publicaba las diferencias sexuales para el lenguaje en la organización funcional del cerebro. Mediante resonancia magnética, estudiaron las reacciones de 19 mujeres y hombres jóvenes mientras realizaban pruebas ortográficas, fonográficas y semánticas. Detectaron procesos específicos para el lenguaje, con marcadas diferencias entre ambos sexos, y las relacionaron con patrones de organización funcional cerebral también diferentes.

Pues bien. Un reciente estudio realizado por Israel Abramov y su equipo en la Universidad de Nueva York acaba de concluir que hombres y mujeres ven el mundo de diferente manera. Los resultados han sido publicados en la revista Biology of Sex Differences, y aunque esta deducción pudiera resultar baladí, han demostrado que el ojo femenino tiene una mayor capacidad para distinguir entre el tono de los colores. Esta facultad viene determinada evolutivamente, pues las hembras de nuestros primitivos antecesores desarrollaron tal habilidad durante miles de años de dedicación a las labores recolectoras.

Esta claro que las estructuras oculares son idénticas en ambos sexos. Pero los hombres han desarrollado una mayor capacidad para percibir movimientos rápidos. La justificación está en la cantidad de los andrógenos y de sus receptores cerebrales. Durante la formación del embrión, las hormonas masculinas son responsables del control del desarrollo neuronal en la corteza cerebral. Y de nuevo nos topamos con la evolución, pues probablemente esta diferencia justifique la mayor especialización de nuestros ancestros masculinos en las tareas cinegéticas. La vía de investigación permanece abierta. Alguno seguirá empeñado en distinguir entre el sexo cerebral y el cerebro sexual. Desde aquí le deseamos mucha suerte.




31 agosto 2012

RESTRICCIÓN CALÓRICA




La revista Nature acaba de publicar los resultados de un experimento que ponen en solfa una de las tesis fundamentales de la denominada restricción calórica: limitar la ingesta energética de la dieta retrasa el envejecimiento. Sostiene Aloysius que se han comunicado evidencias de este tipo en la literatura científica en primates, ratas, ratones y arañas; también en la inefable mosca del vinagre (o de la fruta), y en nemátodos, gusanos redondos alguno de los cuales poseen nombres tan rimbombantes como Caernohabditis elegans.

Aunque millones de años nos separan de nuestros antecesores, nuestros genes conservan en su memoria algunas causas de las enfermedades de la opulencia, como por ejemplo la obesidad. Imaginémonos un pequeño grupo de homínidos nómadas, actualmente ya extintos, que en su constante deambular se encontraron con un bosque repleto de fruta madura. Su experiencia les había enseñado a ingerir toda la cantidad de alimento que pudieran. Poseían genes encargados de conservar tal exceso de calorías en forma de grasa. Cuando llegaran los períodos de escasez y hambre, esas reservas podrían movilizarse para obtener energía y así garantizar su supervivencia. 

No resulta complicado entender que los individuos mejor dotados genéticamente para dicha función de almacenamiento tendrían mayores posibilidades de reproducirse, para traspasar aquel legado a sus descendientes, y para alcanzar edades más avanzadas. El equilibrio necesario entre el hartazgo y el sobrepeso estaba determinado por la regularidad del ejercicio físico que desarrollaban por aquellos prójimos en su permanente vagar. 

El problema surge en nuestros días. Los herederos de aquellos genes ahorradores intentan progresar ahora inmersos en la abundancia alimentaria con un modus vivendi sedentario. Habíamos entendido que la genética, la buena alimentación y el ejercicio físico avalaban la vejez de nuestros antepasados, obviando la mortalidad provocada por las enfermedades infecciosas y los frecuente traumatismos físicos, accidentales o por las contiendas.

Volviendo al caso que nos ocupa, el estudio fue diseñado 30 años atrás por el gerontólogo Don Ingram, de la Universidad Estatal de Louisiana, mientras trabajaba en el Instituto Nacional del Envejecimiento de Bethesda (Maryland). En 2009, un estudio previo realizado en Wisconsin en un centro específico de primates concluyó que los macacos alimentados con una dieta de restricción calórica habían alcanzado edades más avanzadas que aquellos otros pertenecientes al grupo control. 

La comparación entre ambos estudios ha revelado la importancia de una dieta saludable, incluyendo ácidos grasos esenciales y antioxidantes, más que la mera restricción calórica. Además, los macacos del grupo control de Wisconsin pudieron alimentarse descontroladamente. La polémica está servida. Como la evidencia genética está ahí, harán falta más investigaciones para ver cómo influye la alimentación en la longevidad del ser humano. Por cierto, los chimpancés no montan demasiado follón cuando entre ellos se roban la comida. Los primates humanos sí.


24 agosto 2012

INMUNIDAD Y AUTISMO




El autismo forma parte de un amplio grupo de desórdenes del desarrollo y comportamiento conocido como Trastornos del Espectro Autista (TEA). Así viene recogido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), de la Asociación Americana de Psiquiatría, y en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud (CIE). 

Se trata de trastornos generalizados, que pueden cursar con problemas de socialización, comunicación, afectividad y conducta. Según su gravedad podemos encontrarnos con formas de autismo de bajo funcionamiento, que padecen importantes discapacidades en varias de las áreas anteriores, hasta el llamado Síndrome de Asperger, más leve, donde no existe retraso en la adquisición del lenguaje y la inteligencia está completamente preservada.

Se habla de espectro porque repercuten de manera diferente en cada persona, si bien la interacción social puede estar deteriorada en mayor o menor medida. Su variabilidad es amplia y pueden afectar a 4 de cada 1000 niños. Aparecen antes de los 3 años y no se curan, aunque sus síntomas pueden mejorar notablemente con el tiempo. La enorme mayoría de los padres perciben esta problemática en sus hijos antes de los 24 meses. 

En nuestra provincia, desde el 31 de enero de 1999 existe la Asociación Autismo Ourense, dedicada a prestar apoyo a las personas afectadas por los TEA y a sus familiares. Personalmente he tenido la oportunidad de conocer  de cerca la magnífica labor de D. Manuel Ojea Rúa, psicólogo, doctor en psicopedagogía  y catedrático de Orientación Educativa, y de sus colaboradores.

Hace muy poco tiempo he tenido conocimiento de los resultados de un trabajo llevado a cabo en el Instituto Tecnológico de California (Caltech) en el que se recupera la vieja hipótesis de la alteración inmunitaria en la génesis de los TEA. Y digo vieja, aunque las primeras investigaciones de este tipo se remontan a 10 años atrás. Estos experimentos se realizaron con ratones y sus resultados no pueden extrapolarse al autismo humano.

En aquella línea, un amplio estudio epidemiológico evaluó el historial médico personal de todos los nacidos en Dinamarca entre 1980 y 2005. Estos investigadores alertaron de una posible correlación entre el mayor riesgo de padecer un TEA en los niños nacidos de madres que padecieron una infección viral durante el primer trimestre del embarazo. 

En 1998, la prestigiosa revista médica británica The Lancet publicaba un artículo en el que se relacionaba la vacuna triple vírica (sarampión, rubéola, paperas) con el desarrollo de alteraciones gastrointestinales y la presencia de síntomas regresivos autistas en 12 niños, que levantó una tremenda polémica entre las autoridades sanitarias y los grupos contrarios a la vacunación. 

A pesar de la escasa calidad científica del artículo, sirvió para que muchos padres decidieran no vacunar a sus hijos, poniendo en peligro la salud individual de los niños y la salud general de la población. Al demostrarse la manipulación de los datos y de sus conclusiones, en 2010 la revista se vio obligada a la retirada del artículo en cuestión.


16 agosto 2012

VIDA EN MARTE




El triunfal amartizaje del Curiosity ha reavivado la ilusión humana sobre la conquista del planeta rojo, esperanza alimentada por los fantásticos resultados de los vehículos de exploración robóticos, Spirit y Opportunity, los gemelos de la NASA que en enero de 2004 posaron sus ruedas sobre la superficie marciana. Ideados para resistir una misión estimada en apenas 3 meses, el Spirit dejó de funcionar el 22 de marzo de 2010. El Opportunity todavía se mantiene operativo.

El ser humano es consciente de su aparente soledad en un planeta entre millones existentes en el Universo. Sus esfuerzos se han dirigido a la búsqueda de vida más allá de nuestras fronteras, pero estas investigaciones no se desarrollan solamente en el espacio exterior, sino que también se centran en esos otros mundos inexplorados descubiertos en el mismo patio de casa. 

En la lejana infancia, además de los éxitos en la carrera espacial para alcanzar la Luna o para instalar una estación espacial habitada en órbita permanente sobre la Tierra, los hallazgos en los fondos abisales despertaron nuestra fantasía. Extraños seres, habitantes de la oscuridad, fueron la fuente de inspiración de terroríficos seres imaginarios, dotados de grandes ojos y poderosas mandíbulas repletas de dientes afilados. 

Hoy en día tenemos conocimiento de un océano ignoto bajo los hielos perpetuos de la Antártida, que alberga formas de vida completamente desconocidas y que prosperan al calor de las fuentes termales de los fondos marinos. También habrá que ver lo que sacamos en limpio del descubrimiento de las inmensas bolsas de agua subterránea ocultas bajo el desierto del Sahara, de 75 metros de espesor, vírgenes desde hace 5000 años y resguardadas por una urna de granito compacto. 

O las conclusiones de los estudios sobre la vida de las bacterias que sobreviven en ese ambiente imposible generado en la cuenca del Río Tinto, organismos capaces de obtener su energía a partir de elementos como el hierro y el azufre, a soportar temperaturas por encima de los 170 grados centígrados o los efectos perniciosos de una intensa radiación ultravioleta, y que se han convertido en el modelo para el estudio de posibles formas de vida desarrolladas en Marte en condiciones similares.

Un último descubrimiento abriría una nueva brecha en esta línea. Nos referimos a los organismos hallados en una cantera de Ramle, a las afueras de Tel–Aviv, especies prehistóricas vivas endémicas de esa zona capaces de obtener su energía a partir del agua sulfúrica. Se trata de siete especies de crustáceos y un escorpión, todos ellos blancos o translúcidos, carentes de ojos, completamente innecesarios para desenvolverse en un entorno sin luz. 

Sostiene Aloysius que si existen organismos capaces de desarrollarse sin necesidad de fotosíntesis, donde la materia inorgánica se convierta en orgánica gracias a la energía luminosa, o de hacer funcionar su metabolismo sin precisar oxígeno, al obtener la energía necesaria a partir de compuestos químicos, moléculas como la clorofila o la hemoglobina serán prescindibles en aquellas formas de vida completamente diferentes a las que hasta ahora estamos habituados; entonces tendremos que replantearnos toda aquella biología que nos enseñaron durante el pasado siglo XX, y le tocará, una vez más, cantar a David Bowie…

11 agosto 2012

DARWIN EN VERANO



En Ourense aprieta el calor de agosto. Con la intención de ayudarme a soportar tal rigor estival, el caritativo Aloysius me ha obsequiado con dos libros desde hace tiempo apetecidos. 

El primero es “La cadera de Eva”, del Prof. Dr. José Enrique Campillo, autor también de la magistral “El mono obeso”. Este catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina de Extremadura se define como un apasionado de la medicina darwiniana. Como divulgador científico defiende el papel esencial de la mujer en la evolución de la especie humana, pues precisamente ellas, garantes de la salud y de la supervivencia del embrión y del feto durante la gestación, hubieron de soportar cambios evolutivos en su anatomía indispensables para que un cuerpo en bipedestación pudiera soportar el peso de un cráneo con un cerebro más o menos inteligente en su interior.

Sostiene el profesor Campillo que la reproducción sexual permitió la existencia de unos mecanismos de barrera que preservan la pureza de nuestro material genético, evitando de paso la mezcla de genes procedentes de especies diferentes. Mediante el estudio de sus genomas, hoy en día está demostrado el origen común de los primates, incluyendo al controvertido Homo sapiens. Pero tampoco existen dudas sobre la posibilidad de especies mixtas a lo largo de la corta historia de nuestra evolución. 

La recombinación y la mutación han sido los mecanismos responsables de la variabilidad genética. En el primero de los casos, y atendiendo a las explicaciones del Dr. Campillo, se intercambian lotes de cartas (fragmentos de genes) de diferentes barajas (una materna y otra paterna). En el segundo, los cambios se producen en el material genético del espermatozoide del padre o en el óvulo de la madre, y así son trasmitidos a su descendencia. Pero, después de miles de años de cambios y modificaciones genéticas, ¿podríamos explicar nuestras particularidades como especie única en este planeta? 

Veamos un sencillo ejemplo. Compartimos el 96% de nuestros genes con chimpancés y bonobos, aunque hace 7 millones de años nuestras líneas evolutivas se separaron. Existe una zona común en el genoma de las ratas, las gallinas, los chimpancés y los hombres que se denomina HAR1 (formada por 118 bases o piezas), responsable de los genes encargados del desarrollo de la corteza cerebral y de las conexiones neuronales. Entre una gallina y un chimpancé apenas existen 2 bases diferentes; sin embargo, entre el chimpancé y el hombre la diferencia asciende a 18 bases. 

Tal vez una mutación fue la responsable de acelerar los cambios en esta región del genoma, que hasta entonces había permanecido inalterable durante al menos 100 millones de años. Si existe un daño en estos genes responsables de la rugosidad de la corteza cerebral, el recién nacido padecerá una disencenfalia, un cerebro liso asociado a gravísimos trastornos cognitivos y motores. 

El segundo libro regalado por Aloysius es “El sueño del neandertal”, del investigador británico Clive Finlayson, cuya lectura nos descubrirá por qué se extinguieron unos seres humanos más fuertes que se separaron de nuestra estirpe apenas hace 500000 años, y que incluso estaban dotados con cerebros mayores que el nuestro. 


Les mantendremos informados...


02 agosto 2012

PÍLDORAS TONTAS E INTELIGENTES




Hace relativamente poco tiempo elucubrábamos desde este misma sección sobre los peligros inherentes a la proliferación de los medicamentos falsificados. Hoy traemos a colación unas noticias nuevamente relacionadas con el mundo de la industria farmacéutica.

La primera de ellas hace referencia al desabastecimiento producido en el suministro de benznidazol, un fármaco de primera línea empleado en el tratamiento de la enfermedad de Chagas, que cada año provoca 12500 fallecimientos y afecta a entre 8 y 10 millones de prójimos en el mundo. La globalización y los movimientos migratorios han ido acercando a nuestros hogares esta patología antes catalogada como enfermedad tropical, cuyas víctimas se desperdigaban por países tan alejados de nuestras fronteras como Brasil o Bolivia, por poner unos ejemplos. Esta medicina, antaño fabricada por el gigante Roche, pasó a manos de los laboratorios públicos brasileños Lapefe (Laboratorio Farmacéutico do Estado de Pernambuco). 

El principio activo, la parte del medicamento responsable de su efecto, fue encargado a un único laboratorio privado, Nortec Química, incapaz de fabricar la cantidad suficiente para todas las píldoras necesarias en el mundo. Quedamos a la espera que las administraciones sanitarias nacionales e internacionales solucionen lo antes posible este grave problema sanitario.

Mientras tanto, a partir de septiembre deberían estar disponibles en Estados Unidos y en Europa las llamada píldoras inteligentes, capaces de controlar si un paciente está tomando correctamente o no su medicación. El mecanismo de acción, recientemente avalado por la todopoderosa FDA norteamericana, encargada de darle el visto bueno a cualquier producto farmacéutico que pretenda venderse al público, se basa en la detección de una corriente eléctrica originada por la reacción del cobre y el magnesio presente en las píldoras con el ácido clorhídrico del estómago del paciente. Dicha corriente eléctrica podrá detectarse mediante unos sensores externos especiales.

Los expertos consideran especialmente útiles estas medicinas para optimizar el tratamiento de enfermedades como la tuberculosis, la diabetes y otras patologías de tipo crónico, cuyo éxito depende del cumplimiento terapéutico por parte de los pacientes. En 2010, la Universidad de Florida fue precursora en este tipo de tratamientos, con el diseño de una píldora que portaba un microchip y cuyas señales podían detectarse por medios informáticos.

Sostiene Aloysius que cuando comenzó a emplearse la primera cápsula con cámara incorporada para realizar endoscopias digestivas, él pensó que ya había visto de todo. Está claro que no, que vendrán todavía avances espectaculares en el campo de la farmacología. De todas las maneras, resulta paradójico que la misma sociedad capaz de diseñar mejoras tecnológicas tan avanzadas sea también incapaz de garantizar el suministro de fármacos para el tratamiento de algunas enfermedades infecciosas. Tal vez detrás de estas maniobras se esconda una vez más el poderoso caballero llamado Don Dinero.

Viaje al "pasado": la iPill de Philips...