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24 enero 2015

EL MAL DEL PASTOR


Desfile del ejército de Carlos VIII el 12 de mayo de 1495 en Nápoles, después de su derrota
Miniatura del manuscrito "Cronaca della Napoli aragonesa" c. 1498
Nueva York. The Pierpont Morgan Library

Orgullo patrio. En la serie televisiva “Isabel”, el actor ourensano Héctor Carballo fue el encargado de dar vida al personaje de Carlos VIII. Este monarca francés, enemigo acérrimo de los Reyes Católicos, llegó en su día a comandar el ejército más poderoso del planeta. En 1495 conquistó la ciudad de Nápoles para ser posteriormente derrotado por las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Durante estas disputas, la enfermedad venérea conocida como sífilis, comenzó a adquirir características epidémicas. En sus desplazamientos, las huestes de la época iban acompañadas por un tropel de cortesanas y prostitutas, que pudieron diseminar con gran celeridad el mal “francés”, “español” o “italiano” entre ambos bandos.

Se trata de una enfermedad tan especial, que ni siquiera hoy en día los expertos se ponen de acuerdo sobre su origen. Apoyándose en milenarios restos humanos procedentes de las estepas rusas, o de las ruinas de Pompeya, sepultadas bajo las cenizas volcánicas del Vesubio, así como en esqueletos procedentes del cementerio de una abadía inglesa de Hull, las teorías más modernas establecen la procedencia precolombina de esta enfermedad. 

Otros investigadores, sin embargo, defiende que los españoles retornados a Europa tras el descubrimiento de América transportaron la infección al Viejo Mundo, contagiados previamente al intimar con las nativas. Una tercera teoría compagina las dos anteriores, defendiendo la existencia de un germen del género treponema, antepasado común tanto de la espiroqueta de la sífilis como de otras causantes de dolencias tropicales semejantes como la guiñada, el bejel o la pinta.


Durante varios siglos, los que van del XV al XX, la sífilis fue una enfermedad claramente indecorosa. Sin antibióticos, su padecimiento resultaba penoso y mortal. Abandonada a su libre evolución, puede dañar diferentes órganos, como el corazón, el cerebro o la médula espinal; causa trastornos oculares y ceguera, demencia e incluso puede transmitirse desde la madre infectada a su descendencia, durante el embarazo y el parto. 

En las décadas de los 80 y los 90 del pasado siglo, al generalizarse el uso del preservativo como protector frente al VIH, la prevalencia de la sífilis manifestó una tendencia descendente. En mi experiencia como médico de familia, corroboro que los casos de sífilis detectados se contaban con los dedos de las manos. Sin embargo, en los últimos 6 años, esta patología ha repuntado en España, pasando de 4 a 8 casos por cada 100000 habitantes desde 2006 a 2012. La prevalencia más elevada se reveló en Baleares, Madrid y Canarias, con nuevos casos afectando primordialmente a varones entre los 20 y los 45 años. 

La penicilina representa todavía un tratamiento altamente eficaz contra la sífilis. Pero no debemos olvidar que su agente causal, el Treponema pallidum, puede invadir el sistema nervioso desde las etapas más precoces de la enfermedad, y que los antibióticos no evitan la aparición de futuras secuelas. 

Siguiendo a Fracastoro, poeta y cirujano del Renacimiento, sostiene Aloysius que el vengativo Apolo, sintiéndose desafiado por el joven pastor Sífilo, le castigó contagiándole tan terrible perturbación.

18 enero 2015

CÁPSULAS, SOBRES Y JARABES


Estamos en tiempo de la gripe. Se desbordan los servicios de urgencias y las consultas de atención primaria. Las complicaciones de esta enfermedad hacen mella en el colectivo de las personas mayores afectadas por otras enfermedades. Digamos que el virus de la gripe es cobarde, se aprovecha de la debilidad. Hay incluso quien ha cuestionado la efectividad de las campañas de vacunación, al parecer menos protectoras este año que en los anteriores. 

Si consultamos las hemerotecas, este caos se repite cíclicamente, con la llegada del invierno. Es una situación que puede y debe preverse. Un euro gastado en prevención ahorra muchos otros en medicina asistencial. Es un axioma básico cuyo efecto práctico, sin embargo, no llega a cuajar. 

Existe otro fenómeno paralelo que también se reproduce, a propósito de la gripe. Las campañas en los medios de comunicación incrementan su intensidad y diferentes preparados se convierten en los reyes de la publicidad farmacéutica. Nos estamos refiriendo a los antigripales mediáticos, algunos ya clásicos de reconocida solera. En líneas generales, y sin mencionar marcas, son cócteles medicamentosos destinados al alivio sintomático del paciente griposo: fiebre, dolores de cabeza y musculares, tos y mucosidad abundante.

En esencia, el antigripal estándar contiene en su formulación un analgésico – antipirético. Los más empleados son el paracetamol y el ácido acetilsalicílico, este último de popularidad infinito gracias un inevitable nombre comercial: Aspirina ®. En los últimos años, el ibuprofeno, un antiinflamatorio no esteroideo muy utilizado, ha ido ocupando el tercer puesto en este podium de los analgésicos.

En segundo lugar, la clorfenamina es otro componente habitual de los antigripales. Se trata de un veterano antihistamínico que pretende tratar los síntomas de rinitis asociados a la gripe: estornudos, goteo y obstrucción nasales. A pesar de que décadas de comercialización amparan su uso, no está exenta de numerosos efectos secundarios.

Algo similar ocurre con la fenilefrina y la pseudoefedrina, medicamentos manejados como descongestionantes, el primero de ellos, más eficaz en forma inhalada, y el segundo, cada vez menos empleado por su potencial adictivo. La ficción televisiva la ha hecho famosa. En la exitosa serie “Beaking Bad”, partiendo de la pseudoefedrina sus protagonistas sintetizan metanfetamina, una conocida droga cuyo consumo provoca devastadores perjuicios para la salud.

En tercer lugar se encuentran los antitusivos, fundamentalmente dextrometorfano, pero también codeína, aunque en menor medida, porque también puede provocar adicción. 

Por último, otras sustancias como el ácido ascórbico (vitamina C) y la cafeína suelen complementar, junto con sus correspondientes excipientes, esos bálsamos de Fierabrás que, si le hacemos caso a la publicidad, son capaces de aliviar al instante cohortes completas de tan molestos síntomas. Y así, de esta maravillosa manera, los pañuelos desaparecen, por arte de magia.

10 enero 2015

SOBRE LA HEPATITIS C


Cada día resulta más complicado debatir, en el seno de una sociedad que avanza hacia la medicalización más absoluta, cuestiones relacionadas con el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades. 

Y es que detrás de cada cifra aséptica (dosis, precio del fármaco, tasa de remisión, número de pacientes que es necesario tratar, etc) se encuentra un ser humano enfermo y una familia que sufre. 

Es cierto que desde hace años las voces de los expertos, independientemente de su color político, nos alertan sobre la difícil sostenibilidad de los sistemas sanitarios. El informe Abril, análisis del sistema público español, se redactó en 1991 impulsado por el gobierno socialista de Felipe González. Ya entonces no avisaba de lo que ha ido ocurriendo en los años posteriores, al ser limitados los recursos e ingente la demanda.

La sanidad española se enfrenta a una cruda realidad: el número de pacientes afectados por la hepatitis C se aproxima al medio millón de prójimos. Se trata de una patología causada por un virus que puede persistir de manera crónica en el 85% de los pacientes infectados, pudiendo provocar cirrosis y cáncer hepático. Como en otras enfermedades de contaminación predominantemente sanguínea, muchos de los afectados recibieron antes de 1992 transfusiones o transplantes infectados por el virus. Para complicar todavía más la cuestión, existen 7 genotipos diferentes de este virus, cada uno dividido en diversos subtipos.

En su forma crónica, no existe cura espontánea de la enfermedad. Pero sí se han desarrollado fármacos que permiten la curación del 50 – 80% de los pacientes, gracias a la asociación de interferón subcutáneo y ribavirina por vía oral. 

En 2012, se introdujeron otros dos fármacos que mejoraron los porcentajes de curación como complemento de esta doble terapia. Se trata del telaprevir y el boceprevir, dos antivíricos con similar mecanismo de actuación, cuya administración depende de criterios médicos muy concretos, según el genotipo del virus, el grado evolutivo de la enfermedad y el tipo de paciente. 

En 2014, la Agencia Europea del Medicamento aprobó el uso de sofosbuvir, también asociado a interferon y ribavirina, pero con un precio excepcionalmente elevado (aproximadamente 60000 euros por paciente para 24 semanas de tratamiento). Este coste ha desatado encendidas controversias a nivel mundial, no solamente en España. Por razones obvias, los estudios son todavía muy limitados pero, a pesar de ello, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha reconocido que el sofosbuvir presenta un valor añadido como tratamiento en determinados estadios clínicos de la enfermedad, con un buen perfil de seguridad y una duración menor de la terapia.

Todavía existen varias preguntas sin responder: ¿por qué el precio del sofosbuvir es desorbitadamente elevado si su síntesis no es ni más complicada ni más costosa que la de otros fármacos similares? Considerando que la empresa farmacéutica que monopoliza su fabricación hasta 2029 desembolsó 8800 millones de euros por una patente que nunca investigó ¿podríamos estar ante un caso de descarada especulación económica?


01 enero 2015

INSOMNES


La verdad es que el inagotable Aloysius no deja de sorprenderme. Avanzada la otra noche, al no conseguir dormir, se puso en contacto conmigo en la procura de un remedio efectivo para contrarrestar su insomnio. Como pensé que estaba de broma, le recomendé que se pusiera a limpiar su cuarto, su conciencia o su correo electrónico. Pero, ante tanta insistencia, le conté el caso de un hombre que, afectado por un raro trastorno del sueño, se dedicaba cada noche a pasear por la ciudad, repasando las matrículas de los vehículos aparcados. La policía local lo tenía en grande estima, pues gracias a su colaboración se habían detectado algunos coches robados y solucionado otros casos de automóviles desaparecidos. Unos cuentan ovejitas, y otros, se entretienen con los números y las letras de las matrículas.

Una de las opciones más socorridas por aquellos que de noche se desvelan es leer o ver una película. Y digo leer, en el sentido clásico de la acción, un libro o un periódico, de papel. En los últimos días de 2014, un medio de comunicación nacional se hacía eco de una noticia inquietante. Leer antes de dormir textos en soportes modernos como tabletas o teléfonos inteligentes, empeora claramente nuestro descanso. Parece ser que la luz de onda corta emitida por estos instrumentos difiere el inicio del sueño y deteriora la calidad del mismo. 

Los clásicos del pasado siglo XX ya alertaban de un efecto similar provocado por las pantallas de la televisión, quizás por el mismo fundamento físico. Pero es que además, los investigadores del Hospital Brigham de Boston, relacionaron este tipo de alteraciones con una mayor incidencia de patologías como la obesidad y el cáncer.

Por ejemplo, hay algunos prójimos que aprovechan la duermevela para instruirse en sociología. Una vez rechazada la opción de leer utilizando los dispositivos electrónicos modernos, y sintiendo además una escasa atracción por los libros de toda la vida, prefieren concentrarse en lo que se desarrolla de madrugada, en nuestros televisores. 

Hasta hace poco tiempo, prosperaban en estas emisiones los augures y nigromantes, las adivinas y videntes. Pero parece ser que la saturación de oferta ha difuminado la demanda. En un primer momento, este espacio fue ocupado poco a poco por bingos y casinos virtuales, y también por timbas de póker, con llamativas cartas y fichas fluorescentes. Aún así, toda moda es efímera, por definición, y ahora proliferan las casas de apuestas que animan a los jugadores a invertir en cualquier tipo de envite, desde el resultado de un partido de fútbol o baloncesto, hasta el nombre del deportista que primero ponga en ventaja a su equipo frente al rival.


Y es que lo del juego es tan llamativo que en algunos establecimientos públicos existen maquinitas que te permiten apostar por un galgo que está a punto de iniciar una veloz carrera detrás de su señuelo en un remoto canódromo de las Islas Británicas. Apostar es un también un mal remedio contra el insomnio, sobre todo en un país donde la ludopatía arruina cada año a millares de españoles. Y a sus familias.

06 diciembre 2014

TRATANDO EL ÉBOLA


El jueves pasado, gracias al Foro La Región y a la Cruz Roja ourensana, tuve la oportunidad de escuchar a Cristina Castillo, una cooperante de esta institución humanitaria que ha trabajado en situaciones de emergencia en Filipinas, Haití, los Balcanes y Sierra Leona. 

En este paupérrimo país africano, uno de los más desfavorecidos del mundo, con una mortalidad infantil intolerable y una esperanza de vida que ronda los 45 años, Cristina relató su experiencia personal en el remoto hospital de Kenema. Durante su exposición, destacó el importante papel que allí desempeñó el personal técnico, desde los obreros que desbrozaron y allanaron el terreno, pasando por los encargados de construir en el medio de la selva un hospital de características tan especiales, hasta los expertos en depuración de las aguas, desinfección de trajes y enseres, los responsables de logística y aquellos otros que quizás desempeñen la labor más peligrosa, los servicios funerarios. 

Y es que el virus del Ébola es especialmente peligroso en los últimos momentos de la vida. Su máxima virulencia se produce durante la agonía y el fallecimiento del enfermo. Mudar ancestrales costumbres relacionadas con la despedida definitiva de los seres queridos, en un entorno cultural tan diferente al nuestro, representa para los trabajadores sociales una labor de titanes. En Kenema, no todo se reduce al trabajo de los médicos y las enfermeras. 

En España, debemos en gran parte el conocimiento de esta enfermedad al contagio de la auxiliar Teresa Romero, cuya enfermedad fue seguida minuto a minuto por los medios de comunicación. En Sierra Leona, todo es diferente. No existen extraordinarias medidas de tratamiento, sino que la suerte de los pacientes depende de los cuidados paliativos, en especial hidratación y alimentación adecuadas, y la capacidad individual de desarrollar anticuerpos contra el virus. 

La prestigiosa revista médica “The Lancet” se hacía eco de la opinión de dos expertos, Ian Roberts (Escuela de Medicina Tropical de Londres) y Anders Perner (Universidad de Copenhague). Ambos destacaban que los centros de tratamiento del Ébola deberían ser algo más que meros recintos de cuarentena. 

En este aspecto, coincidían plenamente con Cristina Castillo, pues los enfermos debe entender que en el hospital les van a proporcionar un mejor cuidado que en sus propios domicilios. En Sierra Leona, Liberia, y Guinea Conakry, los pacientes se mueren por culpa de la deshidratación extrema y el déficit de los electrolitos causado por vómitos y diarreas. Los expertos defienden que la simple reposición por vía intravenosa de líquidos y otras sustancias vitales sería capaz de salvar a muchos de ellos. 

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que alguien decida un buen día abandonar la comodidad que disfruta en el mundo occidental para embarcarse en estas peripecias de incierto futuro. ¿Cuál es el motivo? ¿Un espíritu aventurero e inconformista? ¿Un especial sentido de la solidaridad? ¿El amor al prójimo? ¿Una inquebrantable fe religiosa? ¿Un compendio de todas estas emociones? ¿Algo que todavía no alcanzamos a comprender? Cuando alguien le preguntó a Cristina por qué había escogido ese tipo de vida, ella contestó con una brillante sonrisa: “me siento útil aquí, pero me siento más útil allá”. Tal vez ahí se encuentre el ejemplar secreto.

30 noviembre 2014

LEY SECA


En una Cuba imaginada por Francis Ford Coppola, en las estancias de un gran hotel que en realidad son las habitaciones del Embajador, en Santo Domingo, el taimado Hyman Roth (Lee Strasberg) le recordaba Michael Corleone (Al Pacino) como él y el desaparecido Padrino Don Vito pasaban melaza de contrabando desde Canadá hasta los Estados Unidos, para contravenir las estrictas normas de la Ley Seca. 

En realidad, la Enmienda XVIII de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica ha supuesto un generoso filón literario y cinematográfico, pero un auténtico fiasco desde el punto de vista político sanitario. Aunque no prohibía el consumo de bebidas alcohólicas, sí lo hacía con su producción, transporte y venta. Si bien recogía las inquietudes de gran parte de la sociedad ante la progresión de la enfermedad alcohólica como terrible plaga entre sus ciudadanos, en la práctica desencadenó más daños que los que pretendía atajar.

Hoy traemos a colación estas reflexiones ante la reciente publicación en Lancet de un análisis sobre el alcoholismo en Irán. En los países musulmanes, las restricciones fundamentadas en la aplicación estricta del Corán, varían notablemente entre unas naciones y otras, desde las que como Arabia Saudita castigan con severidad cualquier violación de esta norma religiosa, hasta aquellas otras más permisivas que toleran parcialmente el consumo de alcohol etílico, limitado a ciudadanos extranjeros, en determinados bares y restaurantes de algunos hoteles.

Al igual que ocurrió con los antiguos gánsteres norteamericanos de la gran pantalla, hoy en día el alcohol atraviesa las fronteras iraníes gracias a los contrabandistas para venderse en el mercado negro. Como en nuestras latitudes, la destilación casera y el uso de alcoholes adulterados resulta seriamente problemática para la salud pública; en no pocas ocasiones concluyen con graves intoxicaciones y muertes provocadas por el alcohol metílico. En Ourense, por desgracia, somos buenos conocedores de los estragos provocados por este tipo de envenenamiento. 

Aunque no abundan los trabajos científicos al respecto, se estima que en la República Islámica de Irán, la prevalencia de trastornos relacionados con el consumo etílico puede alcanzar al 10% de los varones jóvenes, según determinadas regiones. Sin embargo, la dependencia es notablemente inferior, alrededor del 0.2%.

Nos llama la atención que las autoridades sanitarias iraníes han de lidiar con otro tipo de dependencias, pues detentan en sus lares las tasas mundiales más elevadas respecto al consumo de opiáceos. Actuaciones específicas para la deshabituación con metadona y buprenorfina atienden a medio millón de prójimos, y los programas de reducción de daños, que promueven el libre acceso a jeringas desechables, han disminuido la incidencia de infecciones como VIH, hepatitis B y C. 

Terminamos como comenzamos. Don Vito Corleone, gánster a la antigua usanza, se lucraba con los negocios del juego, el alcohol y la prostitución. Sin embargo, el tráfico de drogas en sus áreas de influencia estaba totalmente vetado. Las normas son las normas.


24 noviembre 2014

ALGO FALLA



Un viejo amigo, de vuelta a casa tras una prolongada estancia en el extranjero, se ha sorprendido por la cantidad de personas presentes en los hospitales y en los centros de salud de Ourense. 

Durante la última semana, se ha fraguado esta particular opinión tras acompañar a su anciana madre por la consulta de diferentes médicos. Incluso ha sido capaz de reconocer, en tan poco tiempo, rostros familiares entre los que cada día aguardan su turno en las salas de espera. 

Hemos platicado de los pacientes denominados “hiperfrecuentadores”, los que acuden a la consulta de su médico de familia en más de 12 ocasiones al año, es decir, 10 veces más que el resto. Su porcentaje no es nada desdeñable, un 20 - 25% del total. Para obtener una visión más real de problema calculamos que en una consulta de atención primaria a la que diariamente acuden 40 pacientes (unos 200 a la semana, unos 800 al mes), entre 160 y 200 repiten visita, constantemente.

¿Cómo es esto posible?, se pregunta este paisano, acostumbrado a pagar por cualquier emanda sanitaria en su país de destino. ¿Será porque aquí todo es gratis?... 

Me lleva un tiempo explicarle que lo de gratis es relativo, y que el sistema de salud público español lo pagamos entre todos los contribuyentes, a partir de nuestros impuestos. La explicación más plausible para justificar este ansia de citas médicas podría esconderse tras lo que algunos expertos denominan somatizaciones, dolores físicos provocados por cuadros de ansiedad o depresión. 

Resulta que España, después de Portugal, es el país europeo que más ansiolíticos consume. Parece ser que el nivel de tolerancia a la frustración es muy bajo entre nuestros prójimos, y que cualquier situación adversa en la vida, desde una ruptura de pareja hasta la pérdida de un familiar, dispara el consumo de estos medicamentos.

Además de su desesperación personal, el gasto sanitario generado por los usuarios hiperfrecuentadores se dispara, pues se multiplican los análisis y las pruebas, casi siempre con resultados inespecíficos, destinadas a diagnosticar sus patologías. Tampoco resulta extraño que estos pacientes consuman más fármacos que la media. Estudios realizados en países anglosajones han llegado a responsabilizarles del 10% del gasto sanitario total de un país desarrollado. 

Los problemas sociosanitarios, especialmente en las personas más mayores, asimismo representan una causa frecuente y constante de consulta, contrariedades para las que en muchas ocasiones no existe un tratamiento médico específico.


Bien por haber emigrado a un país donde la mayoría de la población se concentra en las primeras décadas de la vida, bien porque en aquellos pagos la visita al médico cuesta demasiado dinero, mi amigo continúa sorprendido con la situación que vivimos en Ourense. 

Quizás la solución pase por dedicarles más tiempo a estos pacientes, en unas consultas masificadas, la pescadilla que se muerde la cola, porque 5 minutos apenas sirven para escuchar sus quejas y para confortarles, porque no todo en la vida son pastillas, intervenciones quirúrgicas, prótesis, marcapasos o resonancias magnéticas.

15 noviembre 2014

A ESMORGA



Hoy se inaugura la 19ª edición del OUFF, el Festival de Cine de Ourense. Se ha creado mucha expectación por el estreno de “A Esmorga” (Ignacio Vilar, 2014), una nueva versión de la novela de Eduardo Blanco Amor, descarnada crónica de una jornada vertiginosa de desenfreno y tragedia. 

Cada día, la mirada de metal fundido de Don Eduardo se recrea en el sol que se oculta tras el monte del Seminario, mirada clara, intemporal, como la del gordo “Buck” Mulligan, que desde la Torre Martello ofrecía al Universo un cuenco con espuma de jabón de afeitar, frente al mar verde moco irlandés, envuelto en una lustrosa bata amarilla. 

“A Esmorga” de Blanco Amor tiene en común con el “Ulyses” de James Joyce el relato minucioso de la vida de unos personajes durante 24 horas de su existencia. En Ourense, a modo de Bloomsday, existe un roteiro literario para conmemorar los pasos de aquellos tunantes de ficción, señalizado mediante 8 coloreadas placas de cerámica de Manolo Figueiras, desde la Avenida de Zamora hasta la Alameda, la última cercana al lugar donde precisamente hoy se erige la estatua de Blanco Amor. 

En 1977, el prestigioso cineasta Gonzalo Suárez se atrevió con esta misma obra. La película se tituló “Parranda” y contó con elenco de consagrados actores españoles, alguno de ellos ya desaparecido, como el inefable Antonio Ferrandis, que de “Mil Hombres” pasó a “Chanquete” gracias a la magia de la televisión. José Sacristán fue “Cibrán” y José Luis Gómez “El Bocas”. La actriz argentina Marilina Ross, catapultada a la fama como protagonista de “La Raulito” (Lautaro Murúa, 1975) encarnó a la desdichada “Socorrito”. Ahora, en 2014, Miguel de Lira, Karra Elejalde y Antonio Durán “Morris” se han metido en la piel de “Cibrán”, “O Bocas” y el taimado “Milhomes”, al que también dio vida en 1997 mi querido y admirado Sergio Pazos en la pequeña pantalla.

Considerando la cinta de Gonzalo Suárez y la novela original de Blanco Amor, en MEDYCINE nos permitimos un sencillo ejercicio médico matemático consistente en calcular la cantidad de alcohol que los esmorgantes fueron capaces de trasegar en su disparatada jornada. 

Comenzaron el día con albor en la taberna de la Tía Esquilacha con 2 ó 3 jarros de vino de 2 netos cada uno (un neto equivale a medio litro) y un cuartillo de aguardiente (más o menos también medio litro), “para curarse el catarro”, pasando por infinidad de botellas de vino, aguardiente, licor café, anís escarchado, litros de queimada en el pazo de O Castelo, donde las canadas (recipiente de latón capaz de albergar unos 4 litros) pasaban de mano en mano hasta completar una cantidad cercana a los 24 litros de alcohol repartidos entre aquellas gargantas sedientas, para finalizar con más botellas de licor y vino añejo dispuestas sobre las mesas de la Casa dos Andrada y que sirvieron para nublar el sentido de O Bocas, un alcohólico con un más que probable trastorno de la personalidad antisocial, le llevaron a cometer un crimen atroz que desencadenó el infortunio para él y sus borrachos camaradas. 

Y que, como en otras ocasiones parecidas, sostiene el obstinado Aloysius que la conciencia es soluble en alcohol.

09 noviembre 2014

CONGELADOS


Por fin ha llegado el otoño, convocando la lluvia sobre nuestros cristales. A partir de ahora, como la meteorología no va a ayudarnos demasiado, me temo que el contumaz Aloysius se dejará caer con mayor frecuencia por mi humilde morada. La otra tarde, sin ir más lejos, apareció con un curioso folleto de una empresa dedicada a la criogenización, encargada de exponer a personas o animales a condiciones de un frío tan intenso que permitan preservar su cuerpo para reanimarlo en un futuro.

Sensu stricto, estaríamos hablando de una especie de resurrección, pero en tiempos más propicios. Inicialmente, estas técnicas fueron proyectadas para criopreservar a determinadas personas, generalmente multimillonarias y desahuciadas por la medicina actual, a la espera de que los avances de la ciencia permitieran obtener un tratamiento eficaz para sus enfermedades incurables. Ciertamente, estaríamos ante un proceso de selección artificial de algunos que, no resignándose al final de sus días, buscaran en el futuro la inmortalidad.

Desde el punto de vista científico, este tema me resulta fascinante. En realidad, estos procedimientos se están realizando ya para preservar óvulos y embriones. Representan un paso de gigante en el desarrollo de las técnicas de reproducción asistida. El polifacético Carl Djerassi, más conocido como el padre de la píldora anticonceptiva, ha vaticinado para la primera mitad del siglo XXI un mundo más preocupado en mejorar sus tasas de fertilidad que en inhibirlas. Hace muy pocos días, la mecha de la controversia se encendía una vez más cuando Apple y Facebook propusieron a sus trabajadoras retrasar la maternidad haciéndose cargo las empresas de la costosa vitrificación de ovocitos, un proceso de criopreservación que impide la formación de cristales de hielo que puedan dañar tan valiosas células germinales femeninas.

Independientemente de cuestiones éticas y morales, que a buen seguro cambiarán a medida que ciencia y sociedad avancen, el deterioro molecular provocado por las bajísimas temperaturas y la falta del oxígeno necesario para los tejidos, representan en la actualidad serios hándicaps para la criogenización de órganos de mayor complejidad e incluso de prójimos enteros. Pero, en realidad, ¿quién sería criogenizado, un individuo moribundo pero todavía vivo o un verdadero cadáver? ¿quedaríamos a la espera de un futuro tratamiento eficaz para curar a un enfermo o en realidad, utilizaríamos esta hipotética habilidad para resucitar a los muertos?


El anhelo de inmortalidad ha acompañado a los seres humanos desde el mismo momento en que fuimos conscientes de nuestra propia caducidad como seres vivos. Por el momento, los que saben mucho de estas cuestiones se decantan más por conseguir una longevidad saludable, hecho que no parece tan lejano, más que por resucitarnos en un mundo y tiempo venideros para los que todavía no estamos preparados, ni siquiera regresando medio congelados del silencioso mundo de los muertos.

31 octubre 2014

ENFERMEDADES DEL ALMA


Por aquello de la inmediatez y la premura, sostiene Aloysius que el vertiginoso ritmo de la sociedad moderna sólo nos permite prestarle atención a las enfermedades del cuerpo. En lengua inglesa, la palabra physician designa a la par a médicos y doctores, distinguiendo esta profesión de contacto permanente con lo físico, con lo material, aunque esto solamente sea lo exterior del cuerpo humano, del otro vocablo surgeon, cirujano, el especialista en seccionar y suturar, capaz de hurgar entre vísceras y entrañas en la procura de una sanación, cruenta, pero incondicionalmente física.

Hace décadas, el cuerpo teórico de la medicina superó la famosa dicotomía cuerpo – alma. Con los descubrimientos y avances en neurociencias, existe un mapa cerebral cada vez más preciso que representa aquello que nuestros predecesores denominaron cualidades y virtudes del alma.

Decía Albert Camus, del que acabamos de releer “La peste”, que nunca es agradable estar enfermo, pero que hay ciudades y países que nos sostienen en la enfermedad, lugares en los que, en cierto modo, uno puede confiarse. Porque los enfermos necesitan a su alrededor blandura, apoyarse en algo. Y para el adalid de la Filosofía del absurdo, este requisito es algo natural.

Por suerte, me ha tocado trabajar en hospitales y en centros de salud, en pueblos y en ciudades. He escuchado las cuitas de pacientes jóvenes y ancianos, de mujeres y hombres, de afectados por patologías más o menos graves graves, desde prójimos prácticamente sanos hasta dolientes terminales. Pero, en todos los casos, para poder prestarles adecuada asistencia sanitaria, me resultó imprescindible la orientación holística de su enfermedad. 

¿Hasta dónde alcanza el amparo protector de la bata blanca de los médicos? ¿Cuándo esta albura de sus uniformes muda en una sobriedad más propia hábitos sacerdotales? ¿Cuántos acuden cada día a las consultas demandando palabras más eficaces que el más certero de los medicamentos?

Pronto nos habituaremos a manejar terapias genéticas y tratamientos individualizados que hasta hace muy poco tiempo solamente soñábamos. Quizás seamos capaces de vencer al cáncer, doblegando una por una sus fornidas patas y tenazas. Tal vez sinteticemos la vacuna perfecta, que nos permita combatir cualquier enfermedad infecciosa. O fabricar una píldora maravillosa que aleje de nosotros todo mal capaz de deteriorar nuestras arterias y venas, o erradicar el hambre y la malnutrición en el mundo.

Pero para conseguir cualquiera de estas utopías, debemos también rechazar la soledad, la más contemporánea de las enfermedades, la tristeza, la depresión, la insolidaridad, pues son éstas patologías del alma que provocan tanto sufrimiento como la más enconada de las heridas, como el dolor más recalcitrante y refractario. Dicen que decía Albert Camus que la enfermedad es el opresor más temible. Intentemos pues, borrar las huellas de tamaña tiranía.


17 octubre 2014

GUERRA BIOLÓGICA


Por definición, toda clasificación resulta tremendamente subjetiva. Existe un catálogo en particular que no ha conseguido eludir este axioma: las 15 películas más polémicas de la historia del cine. Para su elaboración, los autores escogieron una serie de características especiales: la exhibición de una excesiva e injustificable violencia, el sexo explícito y no artístico, o el abuso de un lenguaje soez e inadecuado. Encabezada por “Saló o los 120 días de Sodoma” (Pier Paolo Pasolini, 1976), un film difícilmente soportable por su desmesurada crudeza incluso hoy en día, por una humanidad que parece libre de espantos. 

En segundo lugar figura “Los hombres detrás del sol” (Tun Fei Mou, 1988), una cinta producida en Hong Kong, y que relata un cúmulo de indescriptibles torturas cometidas por los japoneses en un remoto campo de concentración chino durante la 2ª Guerra Mundial. Esta cinta tiene un fundamento real, pues muestra las felonías cometidas por el Escuadrón 731, un programa encubierto para la investigación y desarrollo de armas biológicas. Realizaron experimentos con civiles chinos, mongoles, coreanos y rusos, pero también con prisioneros de guerra estadounidenses y europeos. Intencionadamente, desataron epidemias de cólera, carbunco y peste bubónica, responsables de la muerte de unos 400000 ciudadanos chinos. 

La Unión Soviética tampoco se quedó atrás. De fundación más tardía (mediados de los 70), bajo la sutil denominación de Biopreparat, encubría el mayor aparato de guerra biológica en aquel país, una extensa red de funestos laboratorios secretos, cada cual especializado en un agente mortal distinto: peste bubónica, viruela, Ébola, y cómo no, carbunco.

Detengámonos por un instante en el Bacillus anthracis, el agente causal de esta última enfermedad. Las teorías conspirativas sobre la génesis artificial del virus Ébola deberían tener en mayor consideración a este bacilo capaz de reproducirse mediante esporas y de vivir en ausencia de oxígeno. A diferencia del dichoso virus, cuyo contagio exige el estrecho contacto con la sangre o las secreciones del enfermo, el Bacillus anthracis es capaz de vivir en el suelo, donde desarrolla sus esporas. 

Aunque su reservorio son los cadáveres de los animales infectados, también sobrevive en los terrenos contaminados por las heces o las secreciones de los animales afectados. De esta manera, puede infectar productos como la lana o el pienso. Además, tiene la capacidad de producir toxinas, capaces por sí mismas de provocar el envenenamiento del infectado. Sus cepas más virulentas son tan peligrosas porque son capaces de contagiar a los humanos mediante el contacto directo con los animales infectados o con sus productos (lana, pieles); pero también son vehiculados por insectos como los mosquitos, pueden penetrar por vía digestiva, al consumir carnes contaminadas, y sobre todo, por vía respiratoria tras la inhalación de sus esporas.

Mientras la humanidad entera se ha puesto en alerta para combatir la reciente epidemia de Ébola, tal vez en determinados laboratorios impenetrables alguien podría sentirse tentado en reavivar las perversidades del Escuadrón 731 o de Biopreparat. Quizás esa red de maldad todavía no tenga un nombre. Ahí siguen los cuchillos, no para matar, sino para cortar el pan.

11 octubre 2014

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL ÉBOLA



Cuando comenzamos a escribir estas líneas, el número de víctimas mortales causado por el virus Ébola en África supera ya los cuatro millares. Y no para de crecer. Mientras tanto, en España, la auxiliar Teresa Romero lucha por superar los síntomas causados por esta misma enfermedad, después de contagiarse por error o por accidente, prestando cuidados al médico misionero Manuel García Viejo. Teresa se ofreció voluntaria para ese trabajo. Admirable generosidad la suya. 

Antes de fallecer y ser incinerado, el hermano Manuel había dedicado la mayor parte de su vida a los más necesitados. A las puertas del humilde hospital de Mabesseneh, en Lunsar (Sierra Leona) los trabajadores celebran el fin de la cuarentena que durante tres semanas los mantuvo aislados, por culpa del Ébola. Desde aquellas sombrías estancias partió el religioso enfermo para nunca más volver. Siempre me han llamado la atención este tipo de historias. 

Está claro que el amor al prójimo es el motor que mueve a muchas personas de robustas creencias cuando toman una decisión de semejante calibre, partiendo hacia las tierras más lejanas para intentar auxiliar a los que nada tienen. Pero también admiro profundamente a esa otra legión de compañeros sanitarios, seglares miembros o no de organizaciones no gubernamentales, que quizás sin sentir el impulso de la devoción, un buen día envuelven en sus bártulos su sabiduría y toman exactamente la misma determinación.

El pasado 6 de octubre, navegando por Twitter, descubrí en la cuenta del polifacético Ian Bremmer, experto estadounidense en Ciencias Políticas, una viñeta harto significativa: varios ciudadanos de color padecen encamados la devastación del Ébola, rodeando un lecho en el que un enfermo de raza blanca es el único objeto de atención de los medios de comunicación. 

Sostiene Aloysius que, con esta epidemia, en Europa y Estados Unidos, estaríamos pagando el peaje por décadas de abandono y olvido de las necesidades más básicas, económicas, sociales y sanitarias, en muchos países del África Subsahariana. Pensar que, tal y como ocurrió en el pasado en Gabón, República Democrática del Congo (antiguo Zaire), Sudán y Uganda, la actual epidemia causada por el virus Ébola quedaría circunscrita a los cuatro puntos cardinales de Guinea, Liberia y Sierra Leona, ha demostrado ser una tremenda ingenuidad.


Es la hora de las conjeturas. Hemos leído todo tipo de hipótesis sobre esta enfermedad, desde las más increíbles a las más plausibles. La eutanasia practicada a Excalibur, el perro de Teresa y Javier, ha provocado encendidos debates en las redes sociales. Como en tantas ocasiones el cine, una vez más, superó la realidad.

La afamada “Pretty Woman” Julia Roberts, en un reciente papel más cercano a la realidad, el de la Dra. Brookner en la serie televisiva “The Normal Heart” (2014), que narra los albores del SIDA en la comunidad gay de Nueva York, anclada en su silla de ruedas por las secuelas de la polio, intenta consolar a uno de sus pacientes recordándole: “en el pasado, la poliomielitis mató a millares de personas; hoy en día, a nadie”.



Con la esperanza y el deseo de la recuperación de Teresa Romero, esperamos ese día, cuando el virus del Ébola ya no pueda exterminar a ninguna persona.

27 septiembre 2014

ALGO QUE VENDRÁ



Acabo de escuchar que en España, cada 5 minutos, un prójimo sufre un ictus. El desenlace no siempre es fatal. Algunos casos se recuperan completamente. Otros, la mayoría, sobrevivirán con secuelas. Los que saben de estas cosas, llevan décadas alertándonos sobre la influencia en la salud pública de las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, cardiopatía isquémica e ictus). 

El tipo 2 de la diabetes mellitus, que si no es tratado adecuadamente provoca también un deterioro inexorable de las arterias humanas, ha sido calificada como la peste del siglo XXI. Panorama sombrío, a pesar de los permanentes esfuerzos preventivos de este tipo de trastornos. 

La segunda causa general de mortalidad en los seres humanos continua siendo el cáncer, en todas sus variedades y extensiones. Pero, las enfermedades infecciosas, rivales supuestamente controlados durante el pasado siglo XX gracias a vacunas y antibióticos, resurgen, espectrales.

No vamos a incidir hoy en la magnitud de la epidemia de Ébola en África, tan remota y tan cercana a la vez, que si bien por el momento no mata a un semejante cada 5 minutos, podría alcanzar proporciones dantescas de no ser controlada. La tuberculosis, enfermedad contagiosa por antonomasia, todavía no ha sido todavía dominada. Ni mucho menos. Enfermedades bacterianas y víricas, supuestamente domadas desde hace décadas en el mundo, pueden reaparecer por el abandono de las vacunaciones, de manera consciente o no. Nos estamos refiriendo a poliomielitis, difteria, sarampión… Y qué decir de la gripe, patología nos visita anualmente, con la llegada del invierno, una bomba de relojería latente en el caso de que una mutación del virus inactive nuestras barreras sanitarias defensivas. Continuamos muriendo de SIDA, cada día más banalizado, pero también por enfermedades infecciosas de las vías respiratorias y del aparato digestivo, las temibles diarreas bacterianas y por rotavirus, que siegan la vida de millones de niños en los países del Tercer Mundo. En el África subsahariana, por ejemplo, la malaria campa a sus anchas: el 75% de su mortalidad ocurre en edades infantiles. Está causada por parásitos del género Plasmodium, transmitida por la picadura de ciertos mosquitos.

Por culpa de estos artrópodos, fundamentalmente del género Aedes, se produce la transmisión de otra enfermedad vírica incipiente, de exótico nombre: la chikungunya. Tras una fase inicial de 2 a 5 días, donde la fiebre se convierte en su síntoma principal, se desarrolla un doloroso período de afectación de las articulaciones que puede persistir semanas, meses e incluso años (12% de los casos). Desde hace unos meses se han notificado en España 162 casos de esta enfermedad (129 confirmados y 33 probables). En Galicia han sido 4 casos, 3 procedentes de República Dominicana y 1 de Angola. 

La globalización en el transporte de mercancías, el turismo de masas y la inmigración, controlada o no, harán que estas patologías cada vez nos parezcan menos lejanas. Sin lugar a dudas, la evolución de las especies, presente en los microorganismos más diminutos, hará el resto. Porque, no olvidemos, su supervivencia depende de nosotros, y la nuestra, de su extinción.