CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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21 febrero 2007

OJALA QUE LLUEVA


IMAGEN: "WATERY SUNSET" de ANDY100

Acabo de estar en Valencia y llovía. Una fina llovizna pertinaz multiplicaba mi incomodidad a medida que el viento del levante soplaba intrincado por la arboleda plantada en el que un día fue el cauce del Turia.

Aquel atardecer sabatino me trajo a la memoria unos versos del Osip Mandelstam deportado en Siberia: “las flores son inmortales. El cielo, denso. Y el futuro, sólo una promesa”.

Paradojas de la vida, viaja uno para aprender un poco de ciencia en un simposio internacional sobre asma y EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) y se trae en el equipaje una bronquitis de las que hacen época. ¿Virus de la gripe, alergia al polen de las inmortales flores de azahar, o más bien daños colaterales provocados por el aire acondicionado de hoteles, aeropuertos y aeronaves? Vete tú a saber.

Esta anécdota viene a cuento porque en la revista profesional Atención Primaria, acaba de publicarse un estudio firmado por varios médicos de Urgencias que trabajan en el Área Sanitaria 6 de Valencia. Su título es harto sugerente: “Pluviometría y asistencia a Urgencias”.


Resulta que cuando llueve nuestros prójimos frecuentan menos dichos dispositivos asistenciales. Y cuanto más llueve, menos visitas. Este fenómeno se constata todavía más en el grupo de los usuarios denominados hiperfrecuentadores (los que más acuden a los servicios de Urgencias por problemas de menor entidad, considerados no urgentes). Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva…




Desconozco si una investigación semejante se ha llevado a cabo en los servicios de urgencias de nuestro entorno. Si así fuera, me gustaría conocer sus resultados y comparar si los paisanos ourensanos se comportan al respecto igual que los ches (los valencianos y por qué no, también los argentinos). Y si no se hubiera realizado, animo a mis compañeros de los PAC y de las urgencias hospitalarias a que comprueben este fenómeno (si les queda tiempo para ello). La moraleja de la historia nos enseña de qué manera influyen en la asistencia médica, ademas de la patologia pura y dura, determinados factores medioambientales y sociales que a veces nos pudieran parecer una frusleria.

De mi época de médico asistente voluntario en el servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Clínico de Santiago procede una historieta parecida. Aunque nunca nadie se molestó en estudiar seriamente el asunto, todos los que trabajábamos de guardia en las urgencias del servicio teníamos la impresión de que, mientras se estaba televisando un partido de fútbol de esos de máxima audiencia, dificilmente alguna usuaria acudía a nuestras puertas demandando atención médica inmediata. Sin embargo, transcurridos unos minutos tras el pitido final del encuentro, esforzados maridos o parejas comenzaban a traernos a sus medias naranjas afectadas por copiosas metrorragias, apuradas por contracciones uterinas galopantes, rompiendo aguas o con las criaturitas prestas a abandonar el confortable seno materno. Y con lo que llovía entonces en Compostela

Jura y perjura mi muy tendencioso Aloysius que el otro día le pareció escuchar a un médico de urgencias, en pleno fragor de su cotidiana batalla asistencial, tararear aquella bachatita que hace un tiempo popularizó el espigado Juan Luís Guerra y que comenzaba diciendo: “Ojalá que llueva…”.

14 febrero 2007

EL OJO Y LA LUZ

IMAGEN: PRETTY GREEN EYES by BBMaui
“Cierra tu ojo corporal, para que veas primero tu pintura con el ojo del espíritu. Entonces deja salir a la luz que viste en la oscuridad, para que pueda ejercer su efecto sobre los otros, del exterior al interior.”
(Friedrich 1830).

Maltrató en exceso el trágico destino a la bella reina Dido de Cartago; apresuradamente huyó de Fenicia porque su propio hermano había ordenado asesinarla.

Hallada por fin la paz en las playas de Cartago, finos arenales bañados por la cálida luz del Mediterráneo, sostiene el poeta que prefirió darse muerte ante la definitiva partida de su amado Eneas hacia las guerras de Troya.

Una bandada de flamencos levantó el vuelo hacia el poniente para ahogar allí su enorme pena.


“Debe el ojo su existencia a la luz. De subalternos órganos auxiliares animales la luz desarrolla un órgano adecuado a ella; así el ojo se adapta gracias a la luz para la luz, para que a la luz exterior corresponda otra interior… Nadie negará este parentesco directo del ojo con la luz; cuesta más concebir el uno y la otra como una y la misma cosa…”
(Goethe, 1810).

¿Tenemos ojos porque vemos o vemos porque tenemos ojos?
André Bretón escribió en su poema “A la mirada de las divinidades”:
“Un poco antes de medianoche, cerca del desembarcadero.
Si una mujer desmelenada te sigue, no te preocupes.
Es el azul. No tienes que temer nada del azul…”

Tienen a Melibea cautiva en una torre de marfil; al igual que la dulce Dido, decide hacerse dueña de su amargo destino. Vuela libre… Retorna a la luz de la mirada primitiva.
Todo lo que puedas anhelar te lo muestran las traviesas miradas de Dido y Melibea.

Este texto es una variación del que en su día vio la luz en la sección titulada “Mare Tranquilitatis” de la página web de Alcer-Ourense. Merecía la pena recuperarlo, porque fue el primero y el último. Los ojos que lo inspiraron son privados y no pueden (ni deben) reproducirse ahora. En su día estuvieron al servicio del inexorable paso del tiempo.

13 febrero 2007

EQUIVOCARSE Y ACERTAR


Conserva mi taimado Aloysius una serie de amigos muy peculiares, de los que viven casi siempre tan deprisa que a veces no tienen ni siquiera tiempo para despertarse y volverse dormir. Apenas sobreviven libando de las flores y componiendo poesías con el rocío de la mañana. Con cierta frecuencia, uno de ellos le regala hermosas frases que encuentra brujuleando entre las páginas de los libros que muy poca gente lee. Él afirma que Karl Popper dijo un día que en el mundo no hay relojes, sino nubes. A mí Popper me cae simpático, pues construyó parte de su cuerpo filosófico sobre algo tan simple como que los seres humanos somos capaces de aprender todos los días a base de ensayar, equivocarnos, volver a probar y finalmente acertar. Pero ya quisiéramos que no hubiera relojes, ni ONG. Ni Comité Anti-Sida.

Tal vez ya les haya contado esta historia. Pasa consulta en Ourense un colega y buen amigo mío que sostiene que, dejando al margen la ingente solidaridad internacional, en nuestro país no debería existir ninguna asociación de este tipo. No es de derechas ni de izquierdas. Simplemente es un hombre sensato y apreciado por sus fieles pacientes. Este controvertido razonamiento suyo se basa en que nuestro estado de bienestar debería responsabilizarse de todos los enfermos y desfavorecidos. Y lo de todos lo pone con mayúscula. Lo enfatiza. Lo arranca del ámbito privado y lo transplanta al campo de lo público. De esta manera, por ejemplo, ningún toxicómano se desengancharía fuera del sistema sanitario. De esta forma, los enfermos de SIDA (o sus familiares y seres queridos) no deberían defender con uñas y dientes unos derechos comunes idénticos a los de otros pacientes (que de antemano cuentan con el necesario apoyo social e institucional). Y los vecinos de un barrio podrían vivir tranquilos sin ponerse en pie de guerra periódicamente porque recelan de quien no deberían temer. Son necesarias la información, la empatía y la inteligencia emocional, capaz de hacernos sentir bien con nosotros mismos y con los demás. O como diría Daniel Goleman, el inventor de este término afectivo, haría prevalecer a los que progresan y a la vez se llevan bien con toda clase de personas.

Algunos echaban en falta mi apoyo público al Comité Anti-Sida de Ourense. Estimo que no era tan necesario, pues sin duda siempre han contado con mi afecto y reconocimiento. Muchos y mejores les han manifestado su solidaridad y mi testimonio podría resultar redundante y oportunista en estas fechas. No voy a defender yo aquí una labor que se dignifica día a día con su mera existencia. Solamente pretendo reflexionar sobre la tristeza que me producen conflictos innecesarios que se generan por la incomprensión entre los seres humanos, tan cercanos y distantes a la vez, incluso cuando manejamos cuestiones tan espinosas como el sufrimiento de nuestros prójimos. Sostiene Aloysius que en Auriavella hay muchos edificios que podrían restaurarse y cederse para que allí trabajen todas nuestras ONG ourensanas. Propone que muchas subvenciones públicas destinadas al área humanitaria y social consideren la transferencia de los espacios físicos y de los medios materiales necesarios para que la maquinaria del voluntariado sea efectiva (y afectiva) y funcione perfectamente engrasada en un entorno amigable. Y que esa labor se desarrolle siempre de puertas abiertas, pues la desconfianza hacia lo desconocido hace tiempo que se cura con la comprensión (como ya decía Virgilio, uno se cansa de todo menos de comprender).

08 febrero 2007

FUEGO AMIGO

AUTOR DE LA IMAGEN: RICARDO RECH (Brasil) (c)
Sostiene Aloysius que las palabras las carga el diablo, como las armas. Por eso el hombre debe manejarlas con cuidado, para que no le exploten en los labios. Esta aseveración se la ha copiado literalmente mi iracundo incondicional amigo al escritor Julio Llamazares. Tiene toda la razón. En Medicina hay palabras que explosionan como bombas incendiarias según el contexto en el que son utilizadas. Los médicos estamos acostumbrados a emplear el término colapso como sinónimo de brusco decaimiento, desfallecimiento, desmayo, síncope, vahído o desvanecimiento. Pero nadie quiere escuchar la palabra en cuestión para definir el estado operativo de los servicios de urgencias en determinadas épocas invernales. La modernísima hiperfrecuentación resulta políticamente más correcta, mientras el término saturación también queda completamente proscrito.

Siempre que los médicos de urgencias hospitalarias se ven obligados a trabajar al límite de sus posibilidades se responsabiliza a diferentes entidades: en primer lugar, a los propios usuarios, que no saben (o no quieren) distinguir entre una patología urgente (más o menos grave) de una atención diferida o aplazable (por ser menos comprometedora para la vida humana). Ya sabemos que el dolor y el sufrimiento son subjetivos y a cada uno su problema le parece el más importante del mundo. También se ha acusado a los pacientes de tratar de puentear las listas de espera mediante la afluencia masiva a los servicios de urgencias (a ver si cuela). Otros echan la culpa de este abarrotamiento al propio sistema sanitario, a las limitaciones y a las deficiencias resolutivas de la atención primaria, a la descoordinación entre niveles, a la burocracia cada vez más asfixiante y a las bolsas de ineficacia de los grandes centros hospitalarios.

Lo que nunca había escuchado es que la sobrecarga asistencial soportada en la urgencias sanitarias de Galicia durante el pasado mes de enero (y lo que llevamos de febrero), se debe a la actitud de los facultativos y a la invención de los medios de comunicación. Siempre habrá alguno que considere a los médicos y a los periodistas como elementos sociales sospechosos porque comparten peligrosas y comunes armas (bolígrafos, plumas y ahora modernos teclados de ordenador). Resulta cuanto menos inquietante escuchar al portavoz parlamentario del BNG, el Sr. Aymerich, afirmando que los médicos están realizando una huelga a la japonesa, saboteando el sistema desde dentro. Particularmente creo que me moriré si ver en este país una huelga médica organizada y efectiva, ni a la japonesa ni al estilo pilotos de aviación, pues tantos y tan contradictorios intereses laborales tiene un colectivo heterogéneo como el de los médicos españoles. Así nos va. Además resulta descortés meter en el mismo saco a todos los facultativos del SERGAS, porque además de los calandracas del PP, alguno habrá también que sea votante, simpatizante o militante del BNG o del PSOE (digo yo) y no hay por qué faltarles al respeto. Esto es lo que yo entiendo como fuego amigo. En mi humilde opinión, tampoco ha estado muy acertado el portavoz del PSOE, el Sr. Modesto Pose, acusando a la prensa de alarmismo mediático. Tan sólo recordarle que cuando gobernaba el Sr. Fraga, más de un político opositor llamó insistentemente a las puertas de las redacciones de los periódicos patrios para que prestos acudieran a fotografiar las camas por los pasillos, denunciaran las urgencias colapsadas y la desidia de los conselleiros que nombraban gerentes incompetentes (por cierto, alguno de ellos desempeñando altos cargos en el actual organigrama de la Consellería de Sanidade de nuestro gobierno bipartito). Hay que estar a las duras y a las maduras. También se echa de menos la defensa de los médicos gallegos que los colegios profesionales y los sindicatos deberían realizar ante tan torticeras acusaciones. Por cierto, ¿para cuando un pacto político serio encaminado a defender y prestigiar nuestro sistema sanitario público? Mientras este feliz hito no ocurre, no frivolicen con el trabajo de los profesionales. Ni ellos, ni los usuarios, se lo merecen.

31 enero 2007

LA SALITA


Imagen de bman ojel (Jakarta, Indonesia)

Frente al "atomismo monista" de Bradley (concepción idealista del mundo), donde todo hecho que existe se relaciona con el Universo formando un todo interdependiente, Russell y Wittgenstein postulan el "atomismo lógico", donde cada hecho puede ser conocido independientemente de los demás. Por ello, el mundo posee la estructura de la lógica matemática. Ahora apliquemos estas dos ideas a la vida del día a día.

La salita de espera mediría unos diez metros cuadrados. La pared más ancha miraba al norte y estaba completamente desnuda. La de enfrente, sobresaliendo unos diez centímetros de la vertical, tenía colgado a media altura un cuadro de seguridad donde se guardaban el extintor y la manguera contra incendios. Algún muchacho de mantenimiento había colocado una fila de asientos anaranjados justo debajo. Si alguien se sentaba despistado, podía darse un buen coscorrón contra el saliente del cuadro.

El Sr. Rosadito se acomodó cuidadosamente en el extremo derecho del banco. La Sra. Crujiente aguardaba paciente su turno sentada a su lado. Los demás asientos estaban vacíos. El Sr. Bolas de Fullereno y el Sr. Preñamoscas prefirieron permanecer de pie. Cosa rara, nadie hablaba en la sala de espera. Aún era demasiado temprano.

Con cierto esfuerzo, empujé el ala izquierda de la puerta de cristal que servía de separación entre el final del pasillo y la salita de espera.

- Buenos días – dije cortésmente. Nadie me devolvió el saludo.

Pulsé el botón de llamada del ascensor, que comenzó a descender desde el décimo piso. El Sr. Rosadito abrió la boca como bostezando y dijo:

- ¿A quién se le ocurriría poner estos asientos debajo del cuadro de seguridad?; ¿es que no se dan cuenta que alguien puede golpearse en la cabeza si no se fija bien al sentarse?

Todos los demás asintieron; unos con un tenue murmullo, otros inclinando su pesada cabeza con un gesto afirmativo.

Con la mirada busqué la complicidad del Sr. Bolas de Fullereno y del Sr. Preñamoscas, que parecían más sanos o más jóvenes, y dije:

- La fila de asientos no está atornillada al suelo. Si ustedes quieren, podemos moverla hacia una de las paredes laterales, donde a nadie molesta.

El Sr. Bolas de Fullereno se hurgó en los bolsillos de la chaqueta, como si tratara de hacerse cosquillas. El Sr. Preñamoscas sonrió y se puso a carraspear nerviosamente dando saltitos en la punta de los pies. La Sra. Crujiente siguió sentada, aguardando sin mediar palabra, pensando muy absorta: “a otra cosa, mariposa”.

El Sr. Rosadito apuntó, como excusándose:

- Mejor dejémosla así.

Entre tanto, llegó el ascensor. Abrí la puerta y me metí en él.

EL ORIGEN DE LA VIDA


Autora de la imagen: Mylene Bressan (Auvergne // France)


Cádiz es una ciudad que enamora; por lo menos a Antonio Burgos, al añorado Carlos Cano y a mi mismo en particular. Una mañana de primavera me estuvo soplando el viento la cabellera en el Campo del Sur, y ese mismo atardecer, me acunaron las olas de la Playa de La Caleta. Como un colegial, yo también me enamorisqué de Cádiz.

De allí es Carmen Bousada, la mujer que ha decidido convertirse en madre a los 67 años. De gemelos como Rómulo y Remo, los padres de Roma, o como los inquietantes hermanos Beverly y Elliot Mantle, interpretados por Jeremy Irons en la película “Inseparables”, de David Cronenberg.

Ella puso el útero y las 33 semanas de gestación. Los espermatozoides fueron cosa de un guaperas rubio de ojos azules. Y el óvulo necesario lo aportó una hermosa chica morena. De esta sencilla manera, acaba de cumplirse una de las profecías que Lee M. Silver, catedrático de Princeton (y autoridad mundial en todo lo referente al impacto social de la biotecnología y de la genética reproductiva) vaticinaba en 1997 en su muy recomendable libro “Vuelta al Edén”. Dentro de muy poco tiempo, los conceptos de maternidad y paternidad poco o nada tendrán que ver con lo que conocemos hoy en día. Y si estos se modifican, será porque la sociedad ha cambiado radicalmente.

Mientras todo esto ocurre, los expertos siguen sin ponerse de acuerdo en cómo se originó la vida en la Tierra. En los EEUU, las teorías creacionistas se perpetúan en algunas escuelas del siglo XXI. Así, nuestros primeros antecesores fueron Adán, modelado en barro a imagen y semejanza del Creador, y Eva, cincelada a partir de una recia costilla. Tal vez a la especial consistencia de esa primigenia materia ósea se deba la longevidad de nuestras hembras (de nuestras santas, como diría Paco Umbral). El origen del ser humano sería pues divino, y la vida un soplo del espíritu.


Sin embargo, el influyente grupo intelectual de los neodarwinistas, capitaneados por el zoólogo Richard Dawkins (de la Universidad británica de Oxford) defienden que la vida es simplemente un medio para reproducir el ADN, ese “gen egoísta” que se perpetúa de generación en generación. Y es precisamente esta herencia de los cambios genéticos producidos al azar la que hace evolucionar a las especies, la que encumbra a los más fuertes y la que extermina a los menos dotados. En la etiqueta del Anís del Mono patrio se burlan de la teoría de la evolución de Charles Darwin y lo retratan como un descendiente de los simios. Allá ellos.

Los trabajos de la bióloga norteamericana Lynn Margulis, la primera mujer nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Vigo, defienden una tesis diferente. La llamada simbiogénesis, explica el origen de las nuevas especies por la permanente fusión de diferentes variedades de células bacterianas con otras que descienden de comunes antepasados bacterianos. Para entendernos, una célula se tragó a otra y la supervivencia conjunta de ambas condujo a la formación de una nueva especie. Esta circunstancia podría explicar porque el ADN del núcleo de las células es diferente del ADN contenido en las mitocondrias (este último similar al de las bacterias que respiran oxígeno), que heredamos exclusivamente por vía materna.


Creados por la Divina Providencia, descendientes de los monos o producto de la simbiosis bacteriana, aquí estamos, con todas nuestras maravillosas contradicciones, capaces de engendrar la más hermosa obra de arte como de descender al pozo de la más profunda iniquidad. Seres humanos, al fin y al cabo. Váyanse ustedes preparando; con la hembrada de la sexagenaria gaditana el futuro ya está aquí.


21 enero 2007

ROSA VILA ALVAREZ. IN MEMORIAM

IMAGEN: Mylene Bressan (c)


Parece mentira y ha transcurrido ya un año. Y a pesar de tantas horas y minutos que habrían de ser balsámicos, todavía se me anuda la garganta y mi saliva se convierte en piedra al mirar tu sofá vacío, tu cama, de la que se fue desvaneciendo el último calor prendido de tus ropas convertidas en mortaja. Parece que te fuiste silenciosa y no te has ido, ni te irás por lo menos mientras vivamos alguno de los que tanto te quisimos, pues como cantaba aquel creador de “Ángeles sobre Roma”, “para morir, como dijo el anciano, basta sólo un ruidillo: el de otro corazón (¿mío, tuyo?) al callarse”.

Ya quisiera yo asomarme a la ventana para verte regresar de aquella iglesia que tanto te gustaba, con la primera flor hurtada a la primavera en tus manos. Ya quisiera yo volver a disponer de tu silencio cómplice para tapar nuestras travesuras. Ya quisiera reñirte por cruzar por donde no se debe, por trabajar demasiado, por no quejarte nunca del dolor o de la fatiga, o por no refugiarte covenientemente ni del frío, ni de la lluvia, ni del calor, que ninguno de ellos te espantaba. Tú, la que siempre escondía alguna brizna de caridad y de misericordia para obsequiar a los demás.

Para amortiguar mi pesar, aquellos tristísimos días de enero busqué el refugio en los que ya habían experimentado el dolor antes que yo, en los íntegros, en los valerosos, en los pacíficos, en los imperturbables. Y encontré cierto consuelo en aquellos versos que Ungaretti escribió bajo el nombre de Serenidad: “después de tanta niebla/ una a una se muestran las estrellas/ respiro el aire que me regala el color del cielo/ me reconozco imagen pasajera/ atrapado en un círculo inmortal”.

Dicen que cuando nos hacemos viejos de verdad, nuestra memoria se diluye como azúcar en agua caliente. El recuerdo de todo lo vivido se vuelve etéreo y vaporoso. Por despistados, un día nos olvidamos de respirar y nos quedamos dormidos para siempre. Tú, sin embargo, poseedora de una fuerza vital tan difícil de doblegar, seguro que nos reconocerás cuando volvamos a encontranos en el cielo. No me cabe la menor duda.

16 enero 2007

TURISMO MACABRO

IMAGEN: "BLUE DEAD" de CHRISTOF WITTWER

Las palabras y las acciones no existen hasta que alguien inventa el nombre adecuado para ellas. El concepto intangible abunda desde siempre en el limbo, perdido, gaseoso e insustancial. Flota libre y etéreo en el mundo filosófico de las ideas, y se encarna realmente en el lenguaje en el preciso instante donde el término es bautizado.
Este fenómeno acaba de ocurrir en la dinámica lengua de Shakespeare con la invención de la palabra “grief tourism”, algo así como turismo de duelo, de pesar, pero también turismo de morbo, una manera de viajar a las escenas donde ocurrieron tragedias o desastres. Corría el año 2002, cuando esta definición saltó a la palestra en los medios de comunicación británicos para describir un singular fenómeno: en la pequeña ciudad inglesa de Soham, tras resolverse el brutal asesinato de dos niñas (Holly Wells y Jessica Chapman) a manos de su monitor escolar, los visitantes empezaron a pulular como enjambre por calles y plazas portando presentes y flores.
Este lúgubre flujo no ha cesado desde entonces. Una situación similar fue vivida en los EEUU tras los trágicos atentados de las Torres Gemelas. Incluso allí pueden adquirirse hoy en día recuerdos de la hecatombe en los puestos instalados a lo largo y ancho de la llamada Zona Cero. Los chismosos establecen un precedente, el turismo de luto, iniciado al morir Lady Di junto a Dodi Al - Fayed en aquel desafortunado accidente de tráfico ocurrido en el parisino túnel de l´Alma.
Pues miren ustedes por donde (¡y yo sin enterarme) resulta que he estado practicando turismo macabro sin saberlo. Lo hice cuando inspeccioné las ruinas del campo de concentración de Treblinka en Polonia. Todavía mantengo vívido el recuerdo del silencio espectral, de la hierba alta sin segar y de las picaduras de los mosquitos.
Practiqué tanatoturismo en el cementerio parisino de Pére Lachaise, al tomarme una cerveza y al cantar “Light my Fire” sentado sobre la tumba de Jim Morrison.
Reincidí en Toledo y en Florencia, al visitar aterrorizado el Museo de las Torturas, sobrecogido ante tanta refinada maldad como la que el ser humano es capaz de desarrollar en las noches más tétricas de su alma.
Precisamente en la capital de la Toscana, derroché una mañana de verano copiando algunos epitafios de las lápidas en la Galleria dei Monumenti del Ochociento, donde conmovido descubrí el sepulcro de Aloysio Eustachio Polydori, médico, profesor de fisiología humana y medicina legal, y que no debemos confundir con John Polidori, el famoso médico y confidente de Lord Byron.
Queda pendiente para un futuro improbable alimentar mi morbo comiendo fresas ante el edificio Dakota de Nueva York, donde el enajenado Mark David Chapman puso fin a la vida de John Lennon. Anteriormente, en 1968, Roman Polanski había rodado en aquellas malditas estancias las escenas de “La semilla del diablo”.
Apuesto que, al igual que los turistas actuales recorren la clausurada prisión de Alcatraz o los despoblados gulags soviéticos en Siberia, algún día irán en peregrinación a la liquidada cárcel iraquí de Abu Ghraib o al abandonado macrocentro de detención de los islamistas radicales en Guantánamo. En Cuba, además podrían aprovechar por el mismo precio la visita y pasear por las prisiones castristas, cerradas definitivamente por la democracia que habrá de venir.
En España, de momento, ningún avispado ha establecido rutas de turismo de duelo, aunque cualquier agencia de viajes podría oportunista ponerlo de moda (ya saben cómo somos de ultramodernos por estos pagos). De esta manera, darse un garbeo por el lugar donde ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco se me antoja similar a la actual visita a la casa de Ana Frank en Amsterdam. Y el recorrido de Madrid por la ruta de los trenes de la muerte del 11 – M comenzaría a las 8.15 de la mañana, la misma hora en la que la bomba atómica arrasó Hiroshima el 25 de julio de 1945. ¿Tendría el mismo morbo una gira por el Valle de los Caídos que buscar el horror por los helados páramos de Paracuellos del Jarama? Y todas estas visitas serían muy útiles si sirvieran para enviar a la papelera de reciclaje a todos los que tratan de imponer su razón mediante la dialéctica de las pistolas y de las bombas.

13 enero 2007

LA LOURDITAS



Rafael Pérez Estrada. Poeta.

“El filósofo renacentista Alberto de Sicilia, en su tratado sobre las Insistencias Naturales, declaró que la substancia de los besos era análoga al polen de algunas mariposas”.
Un caballero pulcro, entre 70 y 75 años, vestido con una americana de pana planchada, aguarda su turno delante de mi puesto de atención al público. Como tejido para vestir, la pana está ahora mucho más socializada. Las chaquetas y los pantalones de pana gruesa, sobados y arrugados, antaño representaron la indumentaria de los campesinos. Más tarde, ciertos jóvenes progresistas sazonados con esmero en las cocinas del Mayo del 68, hicieron de la pana su marca de identidad. Pensaban que conjugaba los antagónicos polos popular e intelectual de su proyecto político. A día de hoy, cualquiera se viste con un traje de pana. Y si el terno está impecablemente planchado, nos transforma en individuos pulcramente homogéneos.
- Buenos días, vengo por lo de La Lourditas - me espetó.
No me atreví a preguntarle quién era La Lourditas. El caballero daba por supuesto que yo debería conocerla. Mientras miraba despistadamente a su alrededor, deslizó sobre mi mesa un formulario estándar, de esos que se cubren para solicitar una ayuda social del Ministerio.
- La Lourditas me dijo que era usted muy amable - y siguió pajareando con su mirada extraviada.
¿Me confundiría con otro compañero de una ventanilla diferente? Tecleé la clave numérica de la documentación y la pantalla del ordenador permaneció oscura durante unos instantes. ¿Quién era La Lourditas?; supongo que su esposa. ¿Cómo sería, rubia o morena, delgada como un junco o más bien rellenita y con un hablar sofocado? ¿Qué tal cocinaría La Lourditas? Seguro que prepara unos guisos caseros cojonudos. El caballero tiene buen aspecto, está limpio y aseado. Seguro que tiene detrás a una mujer juiciosa.
La impresora siseante depositó un folio sobre la bandeja. Se lo entregué a mi despistado usuario.
- ¿Todo correcto? - preguntó desganado.
- Todo correcto. Dele saludos a La Lourditas, de mi parte.
- Serán dados. Buenos días - giró sobre sus talones y silencioso fue a perderse por la puerta de salida a la calle. Posé un beso sobre la palma de mi mano y lo soplé al aire.

10 enero 2007

NO ES LO MISMO


No se trata de estar a un lado o de echarse a un lado, como dice la letra de la canción de Alejandro Sanz. Con demasiada frecuencia nos toca convivir con determinados hechos y circunstancias que parecen ser distintas, aunque en el fondo simulen ser lo mismo. Un ejemplo muy manido: a medida que la ciencia avanza, todo lo que creíamos conocer se relativiza y pasa a depender de la subjetividad del que opina. El que opina, se posiciona, e inmediatamente se granjea admiradores y detractores; y se echa a un lado.
Hace unos años, un cirujano japonés fue invitado a operar en un prestigioso hospital de París. Se trataba de un experto en intervenciones correctoras de varices esofágicas en pacientes cirróticos. Donde el Sol Naciente, las tasas de supervivencia y recuperación de este maestro oriental eran espectacularmente elevadas. Sin embargo, de la decena de pacientes franceses intervenidos por él no sobrevivió ninguno. “Es que los japoneses son diferentes” – alegaban por los pasillos del hospital sus colegas parisinos.
Observo la fotografía de un orfanato chino y me quedo perplejo al contemplar a medio centenar de infantes hacinados durmiendo la siesta plácidamente. La imagen encuadra sólo una parcela de lo que parece un gran dormitorio improvisado sobre colchonetas. Su paz contrasta con el bullicio vivido en algunas guarderías patrias a la hora de convencer a sus diminutos inquilinos para que echen una cabezadita. “Es que los chinitos son distintos” – se oye como excusa por ahí. ¿Se acuerdan de aquel reportaje sobre los hospicios de China que fue televisado en nuestro país y que tantas ampollas levantó? Se constata que las adopciones de niñas chinas se multiplicaron desde entonces en España.
Otro reportaje, al menos tan estremecedor como éste, acaba de emitirse por la BBC denunciando el tráfico de recién nacidos en Ucrania. Probablemente fueron secuestrados en las maternidades para abastecer el mercado internacional de células madre. Lo terrible de este caso es que no se trata de embriones, abortos o fetos con graves malformaciones incompatibles con la vida, sino de niños completamente sanos. Me acuerdo de Aldous Huxley:
“llorando todavía, los niños vestidos de caqui fueron cargados de nuevo en los carritos y retirados de la sala, dejando tras de sí un olor a leche agria y un agradable silencio”.
Un Mundo Feliz
En la investigación biomédica no es lo mismo cuál es el origen de las células madre. Existen unas procedentes de las primeras etapas del desarrollo embrionario. Los científicos que trabajan en esta línea prefieren los embriones de 7 semanas, porque células de estadíos más precoces (por ejemplo los blastocistos) con demasiada frecuencia producen tumores. Existen otras vías de investigación abiertas, como por ejemplo las que emplean células madre derivadas de tejidos humanos adultos o las extraídas del líquido amniótico mediante amniocentesis. Su manipulación presenta menos dilemas éticos. No es lo mismo.
Mientras muchas parejas luchan para conseguir la anhelada gestación, en el mundo abortan al año 35 de cada 1000 mujeres con edades comprendidas entre 15 y 44 años. De cada 100 gestaciones que se producen en este planeta nacen 63 niños vivos, 15 constituyen abortos espontáneos o partos en los que el bebé nace muerto y 22 terminan en interrupciones voluntarias del embarazo. Los datos españoles del 2005 son elocuentes: 91600 abortos inducidos (2525 de ellos en Galicia). El 88% se practicaron en el ámbito extrahospitalario privado. Existe también otra cara de la moneda, pues 70000 mujeres pierden la vida anualmente al abortar en condiciones inapropiadas. Al final, como siempre, la luz de la sabiduría se nos sigue ocultando y todo queda sumergido en la profunda penumbra de los dilemas éticos: ¿es mejor salvar a un embrión o curar a un enfermo de Parkinson? No es lo mismo. La vida no es sencilla, pues todos la complicamos al vivirla.

LA ASIGNATURA PENDIENTE


¿Me disculpará José Luis Garci por parafrasear el título de su primer largometraje, visionado en 1977 en las pantallas cinematográficas de la España de la transición? Yo voy a referirme a otra asignatura pendiente, la aceptación de la homosexualidad, especialmente en determinadas sociedades modernas.

Y es que termino de leer un interesante artículo de la antropóloga y feminista mexicana Marta Lamas, en el que sintetiza el estado actual de las uniones homosexuales en América Latina. Aporta datos sobre su propio país, donde las llamadas “sociedades de convivencia” acaban de ser aprobadas por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México. Se reconoce así el derecho de dos o más personas físicas a vivir en un lugar común, con voluntad de permanencia y ayuda mutua, pudiendo además beneficiarse entre sí de la sucesión y de la tutela. México se ha convertido en el tercer país latinoamericano en aceptar (en un Estado o ciudad) la unión civil de personas del mismo sexo, por detrás de Argentina (la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo hizo en el 2002) y de Brasil (en el 2004, el estado de Río Grande do Sul). En este recién finalizado 2006, el Tribunal Supremo de Justicia brasileño ha reconocido que las relaciones estables de personas del mismo sexo constituyen una pareja de facto, debiendo ser tratadas a todas luces como un matrimonio convencional, incluso por la propia Seguridad Social estatal.

Estos ejemplos han sido imitados por otros países hispanos como Chile, Uruguay, Colombia y Costa Rica, con legislaciones específicas algunas aún en proceso de tramitación. Aquí finalizaría, por el momento, el listado del progresismo. Revisando diversas informaciones sobre el tema, la mayoría de los expertos atribuyen las causas de la homofobia en América Latina al profundo arraigo del catolicismo entre amplios sectores de la sociedad y a un machismo tradicionalmente recalcitrante, que todavía hoy contempla como inaceptables los derechos de mujeres y homosexuales.

Pero, ¿qué ocurre en la Cuba castrista o en la Venezuela bolivariana, por poner dos ejemplos de naciones dirigidas por gobiernos de izquierda? En el caso cubano, la homosexualidad sigue considerándose una “zona de silencio” en la prensa estatal. Resulta sorprendente que el diario “Juventud Rebelde” (el segundo más leído en la isla) publicase este agosto pasado la historia de unos padres arrepentidos por haber rechazado a su hijo gay. Fue en ese mismo periódico en el que, a finales de los años 90, se publicaron unos reportajes sobre la prostitución en Cuba, tema que desde entonces ha regresado al ostracismo más profundo. ¿Volverá a ser el helado de fresa y chocolate el preferido en El Copelia? La represión homosexual en Cuba ocurre de dos maneras: la políticamente incorrecta, es decir la persecución del individuo por sus tendencias sexuales (mediante la reeducación en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción – UMAP -, las condenas de cárcel – la famosa prisión del Cayo Diego Pérez -, las redadas, las vejaciones y las expulsiones) y la políticamente correcta (la represión entre los propios homosexuales, distinguiendo entre afines y contrarios a la revolución). Mientras el Che era un homófono de tomo y lomo, Fidel fue más tolerante al permitir ciertos refugios culturales oficiales (“nidos de locas”), como La Casa de las Américas, el ICAIC o el Ballet Nacional.
En 1934, el todopoderoso Adolf Hitler ordenó la muerte de su amigo homosexual Ernst Roehm y de sus seguidores. Entre los bárbaros ejecutores de las Tropas de Asalto nazis destacó entonces algún reconocido dirigente gay. Llegados a este punto resultaría injusto no señalar que desde la reforma penal de 1997, la legislación cubana no incluye regulaciones de corte homofóbico, si bien tampoco existen organizaciones organizadas de gays y lesbianas, ni movimientos en defensa de los derechos humanos de estos ciudadanos.

En Venezuela se desarrolla la historia de Juan Ramón Merentes, candidato a diputado para la Asamblea Nacional en el 2005. Se trata del coordinador general de la Unión Afirmativa de Venezuela, asociación civil sin ánimo de lucro, creada para dar a conocer los pactos internacionales de protección de homosexuales, bisexuales y transexuales. Estos ciudadanos defienden además su reconocimiento jurídico y social. En octubre de 2003, el propio Merentes introdujo un recurso ante el Tribunal Supremo de Justicia para obtener el reconocimiento de las parejas del mismo sexo a la hora de contraer matrimonio, tener hijos y heredar. El recurso se aceptó en diciembre de 2004, pero todavía no existe el dictamen legislativo definitivo. Parece ser que si la Constitución venezolana ratifica un pacto internacional, su cumplimiento ha de ser inmediato. Por lo tanto, resulta un tanto esquizofrénico apoyar tratados para luego no cumplirlos.
Me soplaN al oído que la Venezuela chavista se ha adherido a la Carta Andina para la Promoción y Protección de los Derechos Humanos (incluyendo los de las personas homosexuales ¿NO?). Finalizmos aquí recordando la admirable interpretación que Javier Bardem hizo del represaliado escritor cubano Reinaldo Arenas, tanto más valiosa por proceder de un actor originario de una conocida familia comunista, y que como protesta contra toda forma de totalitarismo e intolerancia, se metió en la piel de un maricón repudiado hasta en su infortunado exilio.


31 diciembre 2006

PROMESAS


Las casualidades del azar han determinado que el primer día del año 2007 caiga en lunes. Generalmente, los seres humanos manifestamos una tendencia curiosa: al comenzar cada semana intentamos poner en marcha nuestras promesas de cambio vital. De la misma manera, nuestros buenos propósitos también se reiteran el primer día del año nuevo. ¿Cuántas veces hemos escuchado aquello de que el próximo lunes me pongo a dieta?; ¿y lo del próximo año dejo de fumar? Te lo juro cariño, esta vez va de veras, desde el primer día. La definitiva. Resulta un buen sistema para lavar nuestras conciencias, en cualquier situación y a cualquier temperatura. Además se trasmite de generación en generación.

Por culpa de las lecturas que Aloysius me recomienda ultimamente, yo también voy a publicar mis promesas venideras. Afirma el escritor Juan Manuel de Prada que nunca cultivó el fetichismo del autógrafo por culpa de una sentencia que leyó en La Ilíada cuando apenas era un adolescente: “cual la generación de las hojas, así es la de los hombres”. No cabe duda que hasta las gestas más gloriosas de la humanidad son perecederas y que la gloria del hombre es efímera. Comparto que lo importante del autor es su obra y no una firma garrapateada bajo una dedicatoria impersonal en la primera página de un libro o sobre la carátula de un disco musical. Por lo tanto, mi primera promesa será no volver a pedir autógrafos. El último ha sido el del pianista Kenny Barron en un CD de “Quintet Images”. Por cierto, fue muy amable al atenderme en plena calle, delante del Café Latino.

La segunda promesa consiste en no volver a emplear frases célebres en mis escritos. Sostenía el eminente paleontólogo y biólogo Stephen Jay Gould que, en la mayoría de las ocasiones, las citas famosas son inventadas. ¿Cómo podría estar alguien atento, en pleno fragor de la Guerra de las Galias, si Julio César decía o no aquello tan manido de “veni, vidi, vinci”? Seguro que el más ocioso de los legionarios romanos estaría más pendiente de que un colega de Astérix no le rebanase el pescuezo. Además, tal y como andan las asociaciones en defensa del copyright, resulta que un buen día te levantas de la cama y mientras desayunas, te encuentras con una demanda por haber mencionado en un artículo unas palabras pertenecientes a otro autor.

Con las últimas hojas del calendario de este moribundo 2006, silenciosamente se ha ido un entrañable amigo, el Dr. Manuel Montero, con su mirada clara y su porte caballeroso, como de Cid Campeador de bata blanca al que han traicionado demasiadas veces. Hace poco más de un mes, casualmente me hicieron llegar unas páginas suyas manuscritas, abandonadas y perdidas en el fondo del cajón de un despacho, apenas un borrador con correcciones de un discurso electoral de aquella época en la que juntos participamos en una candidatura a la presidencia del Colegio de Médicos de Ourense. ¿Qué valor tienen ahora todas aquellas prometidas intenciones? Su bienhechora labor profesional y personal es la que realmente perdurará en el recuerdo de todos los que alguna vez le apreciamos.
Querido Manolo: llegado este momento, no consigo evocar ningún célebre pensamiento tuyo. Tan sólo dos anécdotas que me guardo como modelo de médico y persona. Un día me contaste cómo todos los domingos, después de oír misa en la capilla del viejo hospital, ibas a pasar visita a tus enfermos hospitalizados porque ellos no tenían culpa de que fuera festivo. Otro día, recién cesado por D. Manuel Fraga de tu cargo de Conselleiro de Sanidad (el de las incómodas transferencias sanitarias a Galicia), sorprendido me encontré sentado a tu lado en un curso sobre ecografía abdominal que se celebraba en Madrid, cerca de El Retiro. Estabas animado y sonriente, como un bisoño alumno más. Intentaré (lo prometo) seguir tu ejemplo. Lo malo de las promesas es que hay que cumplirlas.

22 diciembre 2006

OTRA VEZ NAVIDAD


Como cada año, anda muy atareado Aloysius con sus felicitaciones navideñas postales y virtuales. Resulta que la Navidad es una fiesta religiosa cristina a la que el costumbrismo (y el consumismo) han ido despojando de bastante espiritualidad. En estas fechas, mientras unos cuantos progresistas tratan de introducir en el debate el concepto imposible de unas navidades laicas, el resto de los parroquianos preparan sus cuerpos para unos días de excesos. Volverá a derretirse el plástico de muchas tarjetas de crédito en regalos y cuchipandas. La solidaridad está que se nos sale por los poros. Hasta la cuesta de enero; luego otra vez llegará el olvido.
Prepara amenazante mi escolástico amigo una felicitación navideña a la famosa directora que desmontó el belén en un centro de enseñanza público en Andalucía:
“Estimada señora: coherente con su manera de interpretar estas tradicionales fiestas, debería usted renunciar a los días libres de vacaciones navideñas. Estoy convencido que encontrará actividades más productivas para realizar en solitario dentro de unas dependencias escolares silenciosas y vacías. De paso, haga lo mismo con las vacaciones de Semana Santa y con el puente de la Inmaculada. Y reflexione, no vaya a ser que Dios verdaderamente exista (o no se haya muerto del todo) y haga revivir en su modernidad de usted aquel antiquísimo mito de Sísifo, condenándola a montar y desmontar belenes el resto de la eternidad. Atentamente…”
Yo, en lugar de discutir, prefiero disfrutar del Belén del maestro escultor ourensano Arturo Baltar. Me parece mucho más edificante. Hablando de excesos. Sin ánimo publicitario ni ofensivo, reproduzco aquí un menú de Nochevieja escogido al azar entre los publicados en la prensa. ¿Tendrá alguien suficientes bemoles para comerse todo esto?:
Cóctel de cava, boca chups de jamoncitos de codorniz, tosta de uva y queso, brocheta de melón con jamón ibérico, buñuelos de solomillo y boletus, milhojas de paté de centollo con salmón y corona de langostinos, cigalas de nuestras costas al vapor, medallones de rape con vinagreta de piñones y endibia caramelizada, sorbete exótico, paletilla de cordero lechal asada con reducción de su jugo y trufa, tarta Ceilán con mousse de cava, chocolate y helado de frutos del bosque, exquisiteces navideñas y uvas de la suerte. Para beber aguas minerales, refrescos, vino blanco del Ribeiro y tinto de La Rioja, cava (para que no se pique Carod Rovira), cafés y licores. Y al finalizar barra libre, cómo no. Viva la dieta atlántica.

En la muy marinera villa de Baiona se han reunido recientemente expertos internacionales en alimentación y nutrición para asentar las bases de una nueva política preventiva de la obesidad, promocionando de paso una dieta rica en el consumo de pescados y mariscos. La llamada “Dieta de la Zona” (Galicia, Asturias y Norte de Portugal), presentada por el médico y bioquímico estadounidense Barry Sears, se basa en la reducción de los almidones y de los cereales, ya que provocan un indeseable exceso en la producción de insulina, moderando la ingesta de carnes y huevos, y priorizando el consumo de frutas, verduras, hortalizas y pescado (hasta 4 veces por semana), alimento rico en ácidos grasos omega 3.
Se pregunta Aloysius un tanto azarado dónde le encontraremos entonces cabida al pan de Cea, a las patatas de Xinzo, a los huevos de Coren y a los tradicionales productos de la matanza de nuestros cerdos totémicos de Manzaneda. A lo mejor la provincia de Ourense, por no tener costa con la mar océana y estar pegada a Castilla y a León no entra en los planes de la Declaración de Baiona ni en los nuevos usos horarios.

Mientras por Navidad, el presidente de la Xunta y nuestra conselleira de Sanidade reparten cariñosos regalos a los niños hospitalizados en Santiago (como es costumbre), el concello de Carballiño decide que en sus calles no se escuchen panxoliñas por la megafonía de los comerciantes, no vaya a ser que el ruido moleste a unos y el mensaje cristiano de los villancicos incordie a otros. Sospecha Aloysius que los reyes magos, a unos cuantos, les van a traer carbones.

13 diciembre 2006

INDUSTRIA FARMAÉTICA


No se confundan. El título de esta colaboración no contiene ninguna errata. A lo largo de su lectura les demostraré por qué. El pasado 20 de noviembre, el santoral celebró el día de San Félix de Valois. Esa misma fecha fue la elegida para conmemorar el Día Internacional de los Derechos del Niño, coincidiendo además con el Día de la Industrialización de África. Por si fuera poco, en Nairobi (Kenia) fallecía a los 81 años de edad el médico jesuita norteamericano Angelo D´Agostino. Efemérides y obituarios aparte, D´Agostino fue un adalid principal en la lucha contra el SIDA en el continente africano. También se convirtió en la voz de la conciencia que reclamaba sin descanso el acceso gratuito de los pobres a los fármacos antirretrovirales. Denunció permanentemente la inhumana avaricia de las industrias farmacéuticas con sede en los países occidentales. Durante el año 2001, llegó incluso a importar ilegalmente en la India este tipo de medicinas, retando en solitario a la todopoderosa Organización Mundial de Comercio (OMC). Una gran pérdida.

Al igual que Manuel Rivas, sostiene Aloysius que la vida tiene vocación de cuento. En esos mismos días de noviembre, mi inefable amigo me regaló un ejemplar en DVD de “El jardinero fiel” (Fernando Meirelles, 2005), protagonizada por el siempre convincente Ralph Fiennes. Esta película desarrolla con una crudeza especial una supuesta trama de injusticia y experimentación farmacológica precisamente en Kenia. Está basada en un relato original de John Le Carré, autor también de la afamada “El espía que surgió del frío”, como el desgraciado Litvinenko, envenenado con polonio 210 por modernos y sofisticados rasputines. Otro día hablaremos de él. Prometido.

La industria farmacéutica mueve millones y millones de dólares cada día. Constituye el segundo grupo productivo mundial debido a su potencial económico, detrás (cómo no) de la industria armamentística. La finalidad de ambas está clara: obtener beneficios económicos para sus propietarios y accionistas. Dejando a un lado la ética del matar, centrémonos en la ética del morir, fin previsible en la lucha permanente mantenida entre la salud y la enfermedad. Aquí están profundamente implicadas las medicinas. Llegados a este punto, permítanme que me apropie de unas palabras pronunciadas por Pedro Echenique Landirívar, físico y Premio Príncipe de Asturias de Investigación y Técnica: “el siglo XX fue un período de éxito de la ciencia y de fracaso de la solidaridad”.

Acabamos de asistir a un importante seísmo financiero en las bolsas internacionales debido a los malos resultados obtenidos por el gigante farmacéutico Pfizer con un fármaco que pretendía ser innovador en el tratamiento de las enfermedades del colesterol. Varapalos similares sufrieron en el pasado con otras sustancias colosos como MSD o Bayer.

Coincidiendo con el regalo de Aloysius, llegó a mis manos un ejemplar de “Los inventores de enfermedades”, del polémico científico y periodista alemán Jörg Blech. Grande mosca cojonera, este controvertido teutón nos pone como chupa de dómine a los galenos, a los farmacéuticos, a los visitadores médicos, a los medios de comunicación, a los políticos, a las administraciones sanitarias estatales e incluso a la propia Organización Mundial de la Salud (OMC). A todos sin distinción, por despilfarradores y corruptos. Por la falta de ética necesaria en el triángulo de las relaciones entre administrados (los pacientes), los administradores (profesionales y autoridades sanitarias) y los proveedores (industria farmacéutica). Una visión crítica de un monte donde afortunadamente no todo es orégano.

Mientras la demanda de un nuevo comportamiento en el tratamiento de las enfermedades de los más desfavorecidos se está convirtiendo en un clamor, la empresa farmacéutica alemana Schwarz Pharma (recientemente adquirida por la belga UCB) repartirá como despedida una gratificación de 10000 euros para cada uno de sus empleados. Bonito aguinaldo para premiar los servicios prestados. La ética de la solidaridad también está llegando a los medicamentos. Sea pues bienvenida la Farmaética.

11 diciembre 2006

LA MUERTE OTOÑAL


Agonizó el mes de noviembre tejiendo con las hojas muertas de la arboleda una alfombra inacabada sobre el suelo del Parque de San Lázaro. Escribió Antonio Puigverd que el otoño simboliza el año que se despide, el pasillo que conduce al sueño invernal, metáfora de la muerte. Casi al mismo tiempo, por los cielos de Auriavella comenzaron a colgar las luces que iluminarán nuestra Navidad. Diligente como siempre, he desempolvado mi vieja libreta en la que computo los anuncios de turrones, de cava, de juguetes, de perfumes, de buenas intenciones.

Al atardecer, mientras regresábamos hacia casa desde el colegio, Valentina me obligó a detenerme delante de las fotografías de la exposición REVELA 06, fúnebre escaparate gráfico del lívido rostro de la muerte planeando sobre los más recientes conflictos que azotan la conciencia de la humanidad: Irak, Haití, Sahara, Sudán, Palestina, Chechenia, los Balcanes…

¿Qué opina un niño sobre la muerte de otros niños? Silencio. Tristeza. Conmoción. Inocentes infantes iraquíes víctimas de la abyecta locura de los adultos, acribillados a balazos por los combates intestinos entre diversas facciones musulmanas rivales, heridos, mutilados o reventados por las explosiones de los coches – bomba o el fuego presuntamente pacificador de las tropas occidentales allí desplegadas. Si con mucho respeto te acercas a las fotografías, casi puedes escuchar el alarido desesperado de los que se quedan padres huérfanos de los niños que nunca tendrán Navidad.

Otra parada: instantáneas desde distintos planos del mismo muchacho caído inerme sobre el cárdeno charco de su sangre derramada en las revueltas calles de Puerto Príncipe. ¿Por qué la sangre coagulada se parece tanto al chocolate? ¿Merece la pena participar en una manifestación para que algún esbirro te descerraje un tiro en la cabeza? El premio es una foto en primer plano de su hermoso cadáver. Dejó en herencia un mechero a punto de agotarse, como su propia vida, y un manojo de llaves. Las llaves del Paraíso o las del Averno. Tal vez a ese adolescente le mataron tan rápido que no tuvo apenas tiempo para elegir su eternidad. Así son las revoluciones tropicales que tan barrocamente describió el maestro Alejo Carpentier ¿Realmente se independizará Haití algún día del horror reinante en sus cañaverales?

Como si doblásemos un mapamundi de papel, vimos a una mujer guerrillera que cruzaba un río africano sosteniendo un fusil y un fardo en sus brazos. Hembra soldado rebelde combatiente contra el ejército sudanés, con los senos al aire amamantando ráfagas de ametralladora. Y más niños – soldado, a estas alturas seguramente ya muertos. Parecen escrutarnos desde el oscuro pozo de sus ojos petrificados: - "¿qué miráis?, ¿nunca habéis visto a un combatiente del absurdo?"
Muy cerca de allí, en una esquina del parque, medio despegado queda al viento un cartel que nos invita a donar sangre. Por un momento imaginamos al niño soldado apoyando el arma en un árbol y leyendo aquellos versos de Blas de Otero: "luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte, al borde del abismo, estoy clamando a Dios. Y su silencio, retumbando, ahoga mi voz en el vacío inerte". El descarnado alarido de los que guerrean y de todas sus víctimas apenas nos deja oír el silencio de Dios. A muchos los han retratado gritando en silencio. La magia de la fotografía nos permite seguir escuchándolos con una violentísima claridad. Seguimos caminando, otra vez con la vaga esperanza de que esta Navidad traiga verdaderamente la paz para todos.

EL RETRATO ROBOT DE JACK EL DESTRIPADOR


Jack el Destripador continúa siendo una obsesión para los británicos, en especial para los londinenses. Considerando el refinamiento y la precisión empleados en despanzurrar a sus víctimas, sigue en boga la teoría de que este asesino en serie podía haber sido un famoso cirujano de la época. Hoy en día andamos sobrados de destripadores; incluso algunos conviven con sus parejas hasta que un buen día deciden darles pasaporte para el otro barrio. Tony Alexander King y el Monstruo de Machala han venido desde otros pagos a engrosar este macabro elenco. Y también la parejita de amantes que mataron a la madre del novio, la descuartizaron y la depositaron por capítulos en los contenedores de basura.

He visto el supuesto retrato robot de Jack el Destripador. Tenía el cabello corto, el rostro afilado, la mirada asesina fijamente posada en los ojos del que osara observarle (como la de Txapote) y un tupido mostacho al más puro estilo Juan Valdés, el exigente de Saimaza. No sé por qué, pero al contemplar esa sobrecogedora faz, se me vino a la memoria aquel gélido verso del recién galardonado Antonio Gamoneda: "vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte".

Ya conocía de antes el rostro de Jack el Destripador. Aunque muy borroso por la deficiente calidad de las imágenes, un tanto deterioradas de tanto copiarse y saltar de móvil en móvil y de ordenador en ordenador, durante unos instantes horrorizado alcanzó a contemplar la mala jeta del hijo de la gran vulpeja que, armado con una afiladísima katana, seccionó por la mitad a un pobre gato indefenso que previamente había colgado por las patas delanteras. Aún retumban en mis oídos sus maullidos de desesperación.

En algunas ocasiones resulta cuanto menos peculiar el significado de las palabras. A la hora de definir tamañas barbaridades, el diccionario emplea términos como animalada, bestialidad o burrada. Pero el que provoca esta atrocidad tiene la apariencia de un ser humano. Cosas del lenguaje, que diría Wittgenstein.

Una pareja acaba de viajar desde Fuengirola hasta Lugo porque creyó reconocer en "Lobo" al perro que les habían robado hacía 4 años. Este can fue utilizado como sparring en las peleas ilegales y tal vez se salvó por su mansedumbre. Quizás ahora sea adoptado por el matrimonio malagueño y pase a ocupar el vacío canino que existía en sus corazones desde hace tanto tiempo.
Un asno de raza zamorano-leonesa fue abandonado en la Alameda de Compostela. ¿Sería compañero de algún piadoso peregrino? El presidente de la Asociación de Burros Fariñeiros ha prometido hacerse cargo de él. Decía otro gran poeta, Rafael Pérez Estrada, que el amante espera que el espejo le devuelva el positivo de la amada. De momento, al burrito le han bautizado como "Romeo" porque ya tiene una "Julieta" aguardándole en una finca de Boqueixón.

Concluyo haciéndome eco de la enérgica denuncia de la Asociación Francesa e Internacional de Protección de los Animales (Afipa), que acusa a varios peleteros de adquirir, producir y comercializar artículos elaborados con pieles de perros y gatos. Estos desdichados animales son despellejados (la mayoría de las veces sin haber muerto) en China, Tailandia y Corea, donde se consume su carne habitualmente. Los desaprensivos comerciantes camuflan la mercaduría de estas atrocidades con exóticas palabras (¡otra vez la semántica!): Sobaki, chacal asiático, Gou-pee, Kou pi, Gae-wolf, Gubi, lobo de China, lobo asiático y zorro cosaco para los perros. Gato montés, Katzenfelle y Goyangi, para los felinos. Este mundo nuestro cada día se parece más a una galería de exposición permanentemente de los infinitos retratos robot de Jack el Destripador.

12 noviembre 2006

LIBERACIÓN ANIMAL


Aloysius arranca con desganada parsimonia las hojas de su calendario de animales del Nacional Geographic. Está abonado a aquel pensamiento de Henri Bergson en el que defendía que “hay cambios, pero no hay, bajo el cambio, cosas que cambien”. “Cambiar para que nada cambie”, como se lamentaba el Príncipe de Salina en “El Gatopardo” del tándem Lampedusa y Visconti


Mientras todavía soplan los vientos cálidos del Atlántico Sur en este Veraniño de San Martiño, como heraldos de tanto aguacero que unos bendecirán y otros aborrecerán (ya conocen aquello de que nunca llueve a gusto de todos), repaso las recientes noticias protagonizadas por el Frente de Liberación Animal. Han dado el pistoletazo de salida a sus polémicas acciones libertando centenares de visones en varias granjas gallegas. Los ecologistas andan que los hostian, por el daño que provocan estos mustélidos en libertad entre nuestras especies autóctonas. Por si fuera poco, los visones se extinguen en masa, incapaces de sobrevivir fuera de la cautividad que les vio nacer. ¿Cuándo se atreverán a libertar a un zoo completo, al más puro estilo “Doce Monos”?


“Liberación animal” es también el nombre de una de las principales obras del controvertido filósofo Peter Singer, profesor de Bioética de Princeton, cofundador del Proyecto Gran Simio, adalid de la Ética Utilitarista y a cuya lectura somos aficionados el presidente Rodríguez Zapatero y yo, pero por motivos bien distintos. Singer dixit: “cuanto más conozco a los monos, más me doy cuenta de lo mucho que se parecen a los hombres”. Para este filósofo irreverente y visionario, los simios deberían contar con los derechos fundamentales destinados a su protección frente a los malos tratos, la explotación y la muerte. Fraguó este cuerpo doctrinal basándose en determinadas capacidades cognitivas presentes en los grandes monos, como por ejemplo rivalizar por el poder, formar coaliciones unos con otros, amar, compadecerse o afligirse por la muerte de sus semejantes queridos. Además están dotados de la virtud de la autoconciencia y son capaces de entender lenguajes basados en signos. Comparten el 99% de sus genes con nosotros. Aloysius y yo nos sumamos a la bondad de esta causa. Un problema diferente se genera a la hora de dotar de derechos a otras especies animales, digamos menos cognitivas y más comestibles, como por ejemplo los pollos, los cerdos, las vacas, las ovejas, las cabras y los conejos. Y ¿por qué dejar fuera a las casi extinguidas anchoas, sardinas, merluzas y atunes? ¿Qué pasa con los visones, criados para ser desollados y abrigar nuestras vanidades? ¿Cuánto nos quedaría entonces por hablar de los derechos de otros muchos animales como las moscas, los berberechos, los escorpiones, los pillos gorriones o los peces abisales?


Muy a su pesar, Peter Singer se hizo demasiado popular por unos comentarios suyos políticamente incorrectos; como los embriones humanos no tienen conciencia ni sienten, ni tienen dolor ni se relacionan con sus semejantes, desde una perspectiva ética utilitarista deberían tener menos derechos básicos que los simios. Este audaz pensamiento, especialmente escandaloso y contrario a la tradición judeocristiana y humanísitica, Singer lo hizo extensivo a todos aquellos niños que hubiesen nacido con severas discapacidades mentales y físicas.

La polémica está servida. Mientras la Sociedad Internacional de Bioética pide que se abra un debate razonable y sosegado en el seno de la sociedad sobre la regulación de la eutanasia infantil, los padres de la niña británica Charlotte Wyatt, nacida con graves deficiencias en su cerebro, pulmones e hígado, obligada a vivir conectada permanentemente a unas complejas máquinas, han ganado la batalla judicial contra los médicos que recomendaban que se dejara morir a la pequeña. Mientras desde el año 2003, se puede aplicar la eutanasia a los menores de 12 años en Holanda, en nuestra nación se ofrece la sedación terapéutica a aquellos familiares de niños afectados por penosas enfermedades terminales. El Código Penal español castiga la eutanasia y el suicidio asistido. Derechos humanos; derechos embrionarios; derechos animales ¿Qué nos deparará el futuro?


Concluyendo, me parece oportuno reclamar la atención pública sobre la abolición de los experimentos científicos con animales, especialmente aquellos destinados a la confección de productos cosméticos o medicamentosos, dada su especial crueldad y ensañamiento. Tan solo un ejemplo: en la búsqueda de fármacos antineoplásicos, se llevaron a cabo investigaciones con oncogenes humanos insertados en embriones de ratón, para que al desarrollarse estos roedores artificiales fueran invadidos por diferentes tipos de cánceres. La conclusión fue que los genes cancerígenos y los tumores tienen comportamientos diferentes, dependiendo del experimento (in vitro o in vivo) y del organismo afectado. Empleemos los modelos informáticos, que para esto también evolucionan las ciencias. Aloysius reivindica también esta forma de liberación animal.



Yo, le pregunto al Tucán...

07 noviembre 2006

CAFÉ CON LECHE PARA TODOS

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Nuestra vieja amistad viene de la época en la que compartíamos a diario el café con leche y los ideales de la Revolución Francesa. Café con leche para todos, pues todos los hombres somos iguales y tenemos los mismos derechos (o deberíamos tenerlos). Entonces no existían ni el comunismo, ni el bushismo, ni el marxismo, ni el nacionalsindicalismo, ni el fascismo, ni el castrismo ni el maoismo. Tan sólo Dadaísmo y mucho café con leche per tutti en el Café Voltaire. Café con leche para todos, sin distinción de sexo, raza, religión, clase social ni lugar de nacimiento. ¿Existe algo más veleidoso que el lugar de nacimiento, del que nadie es culpable, únicamente la madre que a cada uno buenamente lo parió? ¿Qué culpa tiene un prójimo de nacer en una aldea o en una urbe, dependiendo solamente de cuándo se les ocurra a las maternas contracciones uterinas expulsarlo al hostil mundo exterior? Sostiene Aloysius que la causa de todos las carencias en la convivencia pacífica habidas en el mundo actual se debe al mal funcionamiento de la guillotina desde 1789. Y a la carencia de máquinas de hacer café con leche para todos.

Resulta que Oliver Curry, un moderno experto de la prestigiosa Escuela de Economía de Londres, anda por ahí defendiendo una teoría subjetiva donde establece que dentro de unos 100000 años, coexistirán sobre la faz de la tierra dos subespecies humanas: una superclase acaudalada y una infraclase destinada a trabajos digamos más inhumanos. El economista británico vaticina además, para dentro de un millar de años, un planeta habitado por unos seres de dos metros de estatura, con una expectativa de vida de 120 años, pertenecientes a una única etnia caracterizada por su piel café con leche. ¡Por fin, café con leche para todos!; aunque se ponga por las nubes, como el Blue Mountain jamaicano.

Me muestro más desesperanzado. Profundas diferencias sociales y económicas, unidas al continuo avance insolidario de los medios de formación y a la tecnificación divergente de nuestra civilización, hacen que en el actual momento evolutivo existan ya diferentes subespecies humanas. Lo de la infraclase dedicada al trabajo sucio es ya un hito al alcance de nuestra moderna sociedad. Sólo hace falta asomarnos a nuestros televisores para darnos cuenta de ello. Por si fuera poco, considerando el ritmo al que avanza el deterioro ecológico del planeta, no creo que alcancemos a habitar la Tierra como especie animal dentro de 10 centurias. Por no tener, ni siquiera tendremos el planeta de los simios.

Los avances genéticos, la eugenesia y el carnet de inmigrante por puntos harán el resto. Pronostica Oliver Curry que los hombres se harán cada vez más holgazanes, y como si de lobos domesticados se tratase, hasta las mandíbulas se nos van a atrofiar de tanto masticar fofos alimentos procesados. Café con leche y boquitas de piñón para todos. Y muchas pajitas con mando a distancia incorporado para poder sorber los nutrientes. Por si acaso alguien se queda con dudas, Curry advierte que los avances en medicina y la obsesión por la higiene terminarán por rematar la destrucción del sistema inmunitario humano. Profecía nada anticipada, pues hace tiempo que conocí a un galeno que recomendaba no lavarse nunca el cabello para combatir la alopecia. ¡Viva el manto ácido!

Mucho más productivas se me antojan las investigaciones genéticas del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de Valencia, donde han desarrollado vegetales capaces de resistir las sequías y la salinidad de los terrenos de cultivo. La especie elegida para estos experimentos posee un nombre digno del más refinado poeta latino: Arabidopsis Thaliana. Si por casualidad alguno de estos expertos leyera estas líneas, con su mayor humildad Aloysius le propone una línea de trabajo: ya que en Estados Unidos han descifrado el código genético del álamo negro, hagan lo mismo con el del pino canario. Busquen el valioso gen que regula el grosor característico de su corteza, como responsable de su particular inmunidad ante el fuego. A continuación, se lo transplantan a nuestros sufridos pinos galaicos. Muchos somos los que se lo agradeceremos. No esperen 1000 años, por favor. Los duendes de la floresta esmeralda se lo pedimos. Encarecidamente.