CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

Protected by Copyscape DMCA Takedown Notice Violation Search

20 octubre 2013

EL LAZO ROSA


En televisión. En Facebook. En Twitter. En las fotos de los perfiles telefónicos de WhatsApp. Estos días hemos tenido profusión del color rosa, especialmente en forma de lazos. Por lo detectado en mi entorno, el compromiso ha sido mayoritariamente femenino. 

En los países desarrollados, representa el tumor maligno que con mayor frecuencia afecta a las mujeres, aproximadamente el 30% de todos los cánceres en ellas diagnosticados. En nuestro país, su tasa de incidencia se sitúa en torno al  80 por 100000. Anualmente, 8 de cada 10000 españolas están en riesgo de padecer un cáncer de mama. Respecto al número de fallecimientos, en este aspecto España ocupa afortunadamente el último lugar en las tablas europeas ajustadas por mortalidad; aun así, la traducción real de estos datos y cifras se me antoja elevada: 18 de cada 10000 mujeres pierden la vida cada año por culpa de esta enfermedad. En Galicia, esta tasa es ligeramente inferior a la del resto del país. No nos sirve de consuelo.

Indudablemente, detrás de este supuesto éxito nacional en las listas de mortalidad continental, las campañas de detección precoz desempeñan un papel fundamental en el control de esta patología. Permiten detectar este tipo de tumores en etapas iniciales de la enfermedad. Con el tratamiento adecuado, la supervivencia se incrementa de manera considerable. En España y en Galicia, resulta muy llamativo el descenso de la mortalidad obtenido en las últimas décadas, especialmente durante el período abarcado entre 1992 y 2008.


Está demostrado que la prueba diagnóstica más eficaz para detectar un cáncer de mama que todavía no haya dado síntomas es la mamografía. Y su eficacia para reducir la mortalidad es tanto mayor si se realiza en el grupo de mujeres con edades comprendidas entre los 50 y los 69 años. Siguiendo las recomendaciones internacionales al respecto, todas las comunidades autonómicas han puesto en marcha programas de detección precoz del cáncer de mama. 

Con esta finalidad, la primera unidad de exploración mamográfica en Galicia data de 1992, contando entonces con la colaboración de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). En 1998, apenas 6 años después, este programa se había extendido abarcando al 100% de la población diana. El papel de los médicos de atención primaria promocionando que las mujeres sigan participando en esta actividad preventiva resulta fundamental, porque la supervivencia de las pacientes con cáncer de mama así detectado es superior a la de aquellas otras cuyo diagnóstico fue incidental.

18 octubre 2013

EL AROMA DEL LIMONERO




"Rama de limón"
Robbin Gourley

Jaula de carne y hueso,
dominante matriz,
anticiparon sus dedos delgados
aquella derrota apresada,
de mi siempre sumisa cerviz.

Ocurrió entonces cuando,
tras un silente paso fugaz,
permaneció oscilante
en sus manos
el tibio perfume esbozado,
la perturbada rama del limonero,
vespertino viento solaz,
apenas pujante, plateado.



14 octubre 2013

BAJÓN DE AZUCAR


Sostiene Aloysius que, en mayor o menor medida, todos tenemos bajones de azúcar, días sombríos en los que nuestro ánimo se adelgaza tanto que cualquier brisa de mal viento se lo lleva volando lejos, muy lejos. En esos momentos, una cálida sonrisa, una frase amable, una canción favorita, se convierten en el azucarillo necesario para recuperar el tono afectivo. No vamos a hablar de estos dulces desplomes.

En los diabéticos, los bajones de azúcar se llaman hipoglucemias. Se trata del efecto adverso más frecuente en el tratamiento de esta enfermedad. Hasta hace relativamente poco tiempo, desconocíamos los efectos potencialmente mortales de esta adversidad. Fue cobrando fuerza una leyenda urbana que desmitificaba la importancia de las hipoglucemias, quizás porque la mayoría de estos incidentes tratados por los propios pacientes eran calificados, por ellos mismos, de importancia leve. Quizás los médicos pensábamos que sólo aquellos episodios hipoglucémicos subsidiarios de tratamiento externo para su recuperación eran los verdaderamente importantes y peligrosos para la salud. 

En el año 2007, fueron publicados los resultados de un amplio estudio llevado a cabo en el Reino Unido con pacientes afectados de diabetes tipo 2, el tipo que debuta en la edad adulta y que normalmente precisa fármacos antidiabéticos orales, pero tratados en todos aquellos casos con insulina. El U.K. Hypoglycemia Study Group demostró que la hipoglucemia grave en este tipo de pacientes era un problema habitual, y que se hacía más frecuente cuanto más tiempo llevase el paciente pinchándose con insulina. Al loro, pues, con los bajones de azúcar.

Desde los años 60, en los diabéticos tipo I, cuya enfermedad se inicia en la infancia y que precisan desde entonces del tratamiento con insulina, se planteó la posibilidad de que la hipoglucemia estuviera implicada en episodios de muerte súbita. Esta circunstancia llegó a denominarse “síndrome de muerte en la cama”. 

Un estudio de autopsias realizado en Australia en 2008, reveló que la muerte súbita inesperada era 4 veces más frecuente en diabéticos tipo I que en una población comparable de no diabéticos. A muchos de estos fallecidos la muerte les sorprendió delante de su propia cama sin deshacer.


Investigaciones más recientes han alertado que tratamientos de la diabetes tipo 2 demasiado agresivos pueden resultar contraproducentes. 

Incluso ha llegado a imputarse a la hipoglucemia una incremento en la mortalidad cardiovascular de los diabéticos tipo 2 tratados con insulina. Cada vez que se produce una hipoglucemia en un ser humano adulto, su gasto cardíaco se incrementa en gran medida, aunque sea de manera transitoria. Si el sujeto en cuestión en un paciente mayor, diabético, y con sus arterias coronarias afectadas, las consecuencias pueden ser muy peligrosas. 

Son muchos los trabajos que han reconocido en la actualidad a las hipoglucemias, los temibles bajones de azúcar, la categoría de nuevo factor de aterosclerosis y riesgo cardiovascular, obligándonos a ambos, médicos y pacientes, a prestarle mucha más atención a estos episodios para nada banales e inconsistentes.

06 octubre 2013

TRATANDO DE COMUNICAR



Sostiene Aloysius que durante su etapa de estudiante universitario nadie se molestó en enseñarle lo más mínimo en materia de comunicación, permitiendo una capacitación postgraduada para la adecuada transmisión de informaciones y sentimientos a las personas que quisieran escucharle, leerle o entenderle. Y es que acabo de regalarle un breviario sobre la comunicación no verbal. Espero que separa sacarle partido en su labor cotidiana de promocionar la salud y batallar contra la enfermedad. 

En líneas generales ¿sabemos interpretar los gestos de los pacientes que acuden a nuestras consultas?; ¿nos atrevemos a profundizar en ese espinoso terreno que se extiende allende las palabras? Después de su lectura, acabo de entender que no es lo mismo la mímica, comunicación no verbal voluntaria y discontinua, que la kynesia, otro tipo de comunicación no verbal, pero esta vez involuntaria, continua. 

Un paciente considera que quizás lleva ya demasiado tiempo esperando en la sala de espera del centro de especialidades para realizarse una radiografía. Ha pedido permiso en su trabajo y cuenta con apenas media hora. Su jefe de personal es tremendamente estricto. Justo enfrente de él, se sienta una madre con su hijo, aguardando turno. Ambos intercambian una fugaz mirada. Sin mediar palabra, el hombre se remanga la camisa, muestra el reloj a su interlocutora, infla los carrillos y deja escapar un sonoro soplido. Ella, se encoge de hombros, mientras acaricia la cabeza del pequeño. Señoras y señores: esto es mímica. La transmisión del mensaje no verbal ha sido, en todo momento, voluntaria. 

Días más tarde, nuestro paciente en cuestión solicita un nuevo permiso laboral. Ahora debe acudir a la consulta del médico de familia para conocer el resultado de su radiografía. El médico le pide que tome asiento. Mientras teclea en el ordenador buscando el informe radiológico, observa por el rabillo del ojo cómo el paciente se mueve incómodo en su asiento, mirando insistentemente su reloj de pulsera. Esta gestualidad ha sido realizada de manera totalmente inconsciente, por supuesto, sin emplear la cantidad de energía desplegada días atrás en la sala de espera de radiología.


Dicen los expertos que la kynesia es mucho más importante que la mímica, precisamente por la sutilidad de un mensaje que alguien nos está enviando de manera totalmente involuntaria. Este tipo de transmisión es capaz de contradecir incluso lo que una misma persona nos está contando por su propia boca. Y, curiosamente, sólo un tercio de lo que comunicamos a diario lo hacemos verbalmente. Las otras dos terceras partes restantes son comunicación no verbal kynésica. Como no podía ser menos, este tipo de mensajes deberán ser interpretados siempre dentro de un marco social y cultural determinado, de la misma manera que una frase o una palabra significan lo mismo o lo contrario según el contexto en que sean pronunciadas o escritas. 

Ojo con los ojos. Ya lo decía la canción: “ollos verdes son traidores e azules mentireiros; os negros e acastañados son firmes e verdadeiros” En este caso, no es cuestión de colores, sino de pupilas, que se dilatan hasta cuatro veces cuando alguien se entusiasma, , o se contraen cuando alguien se enfada, involuntariamente.

28 septiembre 2013

MI CASA ESTÁ ENFERMA



Buenos días, doctor: mi casa está enferma; ¿qué puedo hacer por ella? Esta frase no pertenece a ningún guión cinematográfico o teatral. No es una ocurrencia de Woody Allen ni de los hermanos Coen. 

Y es que si la morada que ocupamos ha sido edificada sobre una bolsa de gas radón estamos apañados. Los neumólogos ourensanos nos lo advertían en una de sus últimas reuniones científicas. La relación de este elemento radiactivo con el cáncer de pulmón ha sido ampliamente contrastada. Sin alcanzar el dramatismo de esta enfermedad, sostiene Aloysius que algo similar ocurre cuando nuestra casa se alza sobre una corriente de agua subterránea. Y no precisamente por el riesgo de un derrumbe, sino por la radiación así acumulada. Lo mismo ocurre con las construcciones sobre fallas tectónicas y geológicas. Determinadas radiaciones y alteraciones electromagnéticas de las fuentes naturales podrían justificar síntomas como la cefalea y fatiga crónicas, variadas dolencias de tipo muscular e incluso problemas respiratorios.

Los materiales de construcción, desde una humilde teja hasta la más sofisticada y moderna pintura de interiores, deben garantizar en su composición la ausencia de elementos nocivos para la salud de los futuros habitantes de la vivienda. El empleo de elementos naturales y ecológicos (piedra, madera, fibras vegetales, ladrillos cerámicos…) ha de primar sobre plásticos, superficies lacadas, PVC, hormigón armado con mucho hierro o aditivos químicos sintéticos.

Las urbanizaciones son más habitables cuanto más alejadas se encuentren de las líneas de alta tensión y los transformadores de elevada potencia; de esta sencilla manera se minimizarían los efectos de la contaminación eléctrica. Conozco el caso de una señora que presentaba diversos problemas de salud porque la cabecera de su cama se apoyaba contra una pared por la que discurría una viga metálica, excelente conductora de electromagnetismo. No descartemos que parte del insomnio y del nerviosismo que nos acucian cada noche sean provocados por los elementos que comparten nuestro espacio vital (lámparas, televisores, radios, despertadores y otros dispositivos electrónicos) aun cuando permanezcan en estado latente mientras el astro rey no vuelve a iluminar nuestras ventanas.

La tradición arquitectónica, acumulada durante el transcurrir de los siglos, es buena conocedora las ventajas de una correcta orientación solar. Las construcciones en los países fríos disponen de amplios ventanales para aprovecha mejor la iluminación natural, además de los elementos aislantes necesarios para  conservar un ambiente cálido y confortable. 

La presencia de vegetación también tiene su importancia. La propia NASA ha demostrado el efecto purificador de las plantas de interior, capaces de eliminar en pocas horas más del 80% de algunas sustancias tóxicas ambientales, como el benceno y el tricloroetileno. 

Y es que nuestra casa es mucho más que cuatro muros y un techo. Ya lo cantaba el veterano y romántico Gino Paoli: “cuando estás conmigo, esta habitación no tiene paredes, sino árboles, árboles infinitos”.

23 septiembre 2013

LA GENOMICA Y EL PANADERO



Si fuera posible, que no lo es, me hubiera gustado conocer la opinión de Marco Virgilio Eurysaces sobre la utilidad que para su trabajo de panadero le hubieran supuesto los conocimientos actuales sobre la genómica del trigo y de otros cereales comestibles. 

Puestos a imaginar, como sabiamente nos recomendaba Don Álvaro Cunqueiro cuando afirmaba que “la verdad no es suficiente”, me gustaría poder probar hoy un pan horneado en la Ciudad de las Siete Colinas, elaborado con el mejor trigo recolectado en los confines del Imperio Romano, convenientemente triturado en los viejos molinos de la confluencia de Requeixo, Deorelle y Queixa, regatos que nutren el caudal del Río Navea. Por algo sostenía Cunqueiro que “una lengua es buena cuando sabe a pan… cuando sabe a pan fresco”.

Transcurridos 22 siglos desde el entierro del celebre panadero romano junto a su esposa Atistia, muy cerca de la Porta Maggiore de Roma, por encargo de un moderno Eurysaces nacido en Chandrexa de Queixa, yo, un humilde médico de familia, me atrevo a dirigirme a ustedes para hablarles de genómica. Espero su indulgencia perdonando semejante atrevimiento.

El pasado 25 de julio conmemoramos el nacimiento de Rosalind Franklin; si hoy viviera tendría 93 años. Esta biofísica y cristalógrafa inglesa, con su famosa Fotografía 51, contribuyó al descubrimiento de la estructura doble helicoidal del ADN, el código que contiene las instrucciones genéticas necesarias para el desarrollo y el funcionamiento de los organismos vivos y de algunos virus, el responsable último de la transmisión hereditaria. La historia posterior es conocida para todos, desde el Nobel concedido a Watson, Crick y Wilkins en 1962, hasta la secuenciación del ADN y el Proyecto Genoma Humano.

Según la genética clásica, la de las Leyes de Mendel, la mosca del vinagre, las herencias dominantes y recesivas, la de las mutaciones y la herencia ligada al sexo, durante décadas los médicos han tratado de estudiar los trastornos genéticos según su fenotipo, es decir, según sus rasgos físicos y conductuales expresados en un ambiente determinado; en la mayoría de las ocasiones estaríamos hablando de mutaciones, y estaríamos intentando descubrir los genes responsables de cada patología.

La genómica supone un avance crucial, pues trata de predecir el funcionamiento de los genes a partir de su secuencia o sus interacciones con otros genes. En cierta manera, la genómica intenta realizar una interpretación más global, incluso holística, apartándose del reduccionismo propio de otras ramas de la investigación biológica.
Como suele ocurrir siempre que la ciencia da un paso de gigante hacia delante, la genómica hubiera sido imposible sin los avances de otras disciplinas como la estadística y la informática.

Aunque actualmente se conocen más de 6000 enfermedades hereditarias monogénicas o mendelianas, como por ejemplo la hemofilia A, la fibrosis quística o la anemia falciforme, la mayoría de las enfermedades hereditarias que nos afectan son poligénicas, es decir, producidas por la interacción de distintos genes y el ambiente, como por ejemplo la hipertensión arterial, la diabetes, la esquizofrenia, la enfermedad de Alzheimer o el asma.

Por otra parte, la genómica también puede explicar por qué el mismo fármaco puede causar efectos completamente diferentes en dos individuos. La farmacogenómica será capaz de conseguir fármacos efectivos para cada enfermedad concreta, sin provocar efectos secundarios indeseables. Nada de esto será sencillo. Recientemente se ha descubierto que la mayor parte de las variaciones hereditarias asociadas a determinadas enfermedades (o al riesgo de contraerlas), se encuentran en los desiertos genómicos que algunos científicos se aventuraron a denominar “ADN basura”, y que hasta ahora nadie sabía como interpretar. Esta especie de materia oscura del genoma humano (un 98.5% de su totalidad) es el objetivo del programa ENCODE, en el que se han embarcado 400 científicos de todo el mundo.

Se abre ante nuestra asombrada mirada un futuro excepcional. El conocimiento completo de las secuencias genómicas permitirá avances hoy en día solamente soñados. Pero, como otros utensilios y técnicas al servicio del ser humano, cuenta con ventajas e inconvenientes: un cuchillo sirve tanto para cortar en rodajas los panes de Eurysaces como para herir a nuestros semejantes. Porque, al fin y al cabo, los médicos que nos sobrevendrán deberán seguir enfrentándose a las patologías provocadas por los genes, los panes… y los cuchillos.

21 septiembre 2013

PATOLOGÍA FICCIÓN



Repasando el buzón de mi correo electrónico, ese misterioso espacio virtual que a nada que me despiste enseguida se colma de ingente cantidad informativa, me topé con una reseña del blog “Primun Non Nocere” en la que su autor nos proponía la elección de un día de septiembre para dedicarlo a la Jornada Mundial de las Enfermedades Inventadas. 

Sostiene al respecto el avinagrado Aloysius la bipolaridad de la sociedad moderna occidental que, por un lado parece desvivirse en la consecución de la eterna juventud y la salud permanente, sin escatimar esfuerzos para ello, y por otro, se mantiene empeñada en descubrir una nueva enfermedad cada día, como si no fueran suficientes los males que causan tremendos dolor y mortandad a toda la humanidad. Por ejemplo, si nos referimos a los virus que afectan a los mamíferos, los expertos estiman que podrían existir al menos 320000 esperando su descubrimiento. Con que sólo el 1% de los mismos sea capaz de provocar enfermedades en los seres humanos, echen ustedes la cuenta y verán lo que nos espera.

Una de las enfermedades ficticias más criticadas es, por supuesto, el llamado síndrome post-vacacional, del que alguno de nuestros prójimos afirma no haberse recuperado todavía. Se denomina síndrome porque abarca un conjunto de varios síntomas: desde el malestar general a la tristeza, desde la astenia y la fatiga hasta la incapacidad para concentrarse. A pesar de que esta entidad patológica no cuenta con el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunos se empeñan en dotarlo de un verdadera entidad patológica. Y donde hay un trastorno, probablemente haya también un remedio, un tratamiento, o varios, y seguramente algún avispado saque suculenta tajada del síndrome o del síntoma en general. 

Si no me creen, enciendan ustedes la televisión o la radio, o naveguen un ratito por la red de redes: Podrán constatar cómo se promocionan sin pudor milagrosas dietas, ungüentos, pulseras imantadas, plantillas para el calzado y hasta complejos y coloridos multivitamínicos personalizados capaces de cambiar unas moneditas por dosis crecientes de bienestar y felicidad. 

Y ¿qué decir de la banalización de la lucha contra el colesterol? Todavía hay quien cree a pies juntillas en las bondades de un pequeño comprimido que le permita seguir comiendo igual de mal que siempre a cambio de unos ajustes en las fracciones buenas y malas del colesterol en su sangre.


El otro día me comentaba un amigo que haríamos mejor en cuidar y mejorar nuestro planeta antes que embarcarnos en locas aventuras siderales para conquistar otros mundos y otros satélites. Quizás tenga razón. Algo similar opinaría él mismo respecto a los esfuerzos dedicados por los sistemas sanitarios para mantener a raya las patologías que todavía hoy continúan azotando a gran parte de la humanidad (cáncer, lesiones cardiovasculares y enfermedades infecciosas) más que en perder nuestro valioso tiempo en la procura de una amplia gama de patología ficción. Al fin y al cabo, ya conocen aquella máxima de los clásicos afirmando que los pacientes se curan, a pesar de los médicos.


14 septiembre 2013

17 SISTEMAS




Mientras repasaba con Aloysius la historia reciente de la antigua Yugoslavia, tratando de entender cómo determinadas desigualdades económicas y sociales influyen en la desintegración de las naciones, cayó en mis manos el último ejemplar de “Diario Médico”. 

Centré mi atención en un artículo que chequea la actual sanidad autonómica española, realizado a partir de datos correspondientes a 2011, los últimos disponibles aportados por nuestro Ministerio de Sanidad. Según dicha información, la esperanza de vida al nacer disminuyó en nuestro país ligeramente respecto al año anterior. Disculpen mi insistencia, pero las cifras y porcentajes corresponden a 2011, no a 2013. Así está reflejado, descartando la supuesta influencia de ciertos factores a los que algunos políticos, interesadamente, imputan ese ligerísimo descenso del parámetro (de 82.22 a 82.1 años) Curiosamente, corresponde a Madrid la mayor esperanza de vida, 83.6 años de media, mientras la peor se sitúa en Andalucía, con una media de apenas 80.7 años. 

Y empleamos “apenas” porque comparando con las estadísticas del Banco Mundial nos preocupamos por los 47 años de Afganistán y los 50 del Chad, frente a los 79 de Estados Unidos, 80 de Dinamarca, Bélgica y Finlandia, 81 años de Alemania, Austria, Portugal y Grecia, o los 83 del longevo Japón. En Galicia, alcanzamos una esperanza de vida media al nacer de 81.9 años, que tampoco está nada mal. 

Hay quien defiende que los padres de la Constitución Española, cuando diseñaron y consolidaron su proyecto autonómico, no pensaron en 17 comunidades autonómicas, varias de ellas uniprovinciales, con la duplicidad e ineficacia administrativa que este sistema quizás representa en demasiadas ocasiones. Repasando los datos sanitarios, contemplamos como existen diferencias indeseables, lo que en nuestra modesta opinión podría cuestionar este modelo de gestión.

Además, así parecen percibirlo también los ciudadanos. En 2011, un 24.7 de la población española valoraba de forma negativa su estado de salud. En 2009, este porcentaje ascendía al 30%, por lo que, en líneas generales, estaríamos mejorando. Pero, si nos centramos ahora en las diferentes autonomías, el 31% de los canarios y los gallegos se quejaba de su mal estado de salud general, frente a tan sólo el 19% de los navarros. La evolución de otros indicadores de salud también resulta curiosa, como por ejemplo el porcentaje de fumadores. Globalmente, en España cada vez hay menos fumadores, apenas el 20% en Galicia frente al 27% de Madrid y Andalucía, curiosamente las comunidades con la mayor y menor esperanza de vida. 

Otro tanto ocurre con los porcentajes de sobrepeso, en descenso a nivel nacional, pero que oscilan entre el 34% de los madrileños, pasando por el 40% de los gallegos, hasta el 42% de los cántabros, o con el porcentaje de mujeres que refieren haberse hecho una mamografía, 66% en Andalucía, 83.2% en Galicia y 88.7% de Navarra. 

Andalucía se lleva la cuchara de madera en varios apartados, destacando su gasto público más bajo y su peor ratio de médicos. Galicia, junto a Aragón y Navarra despunta en la aplicación de recursos tecnológicos sanitarios. Para finalizar, considerando la satisfacción por la atención recibida, a nivel general los españoles se muestran mayoritariamente satisfechos: un 87% de la atención primaria y un 83% de la especializada. Habrá que seguir trabajando, mucho más en unir y confluir que en separar y disentir. Disponemos de mecanismos y herramientas útiles; lo que queda es aplicarlas.

07 septiembre 2013

LA GUERRA CONTRA LA MALARIA



Destaca el sagaz Aloysius el eufónico nombre de esta patología, “mal aire”, que sirvió en un principio para designar una enfermedad típica de las tierras húmedas y pantanosas. Varias especies de un parásito denominado plasmodio vienen asociándose desde al menos 50000 años con las hembras de los mosquitos Anopheles para infectar y enfermar a los seres humanos, con grande y letal éxito. 

También conocida como paludismo, los últimos datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos alertan de 219 millones de casos de malaria y 660000 muertes acaecidas a nivel mundial durante el pasado año 2012. En la actualidad, esta enfermedad infecciosa continúa cebándose con la población infantil del África subsahariana, Asia y Sudamérica. 

El plasmodio es especialmente escurridizo, dificultando la consecución de una vacuna y de los medicamentos efectivos. En este aspecto, las inversiones realizadas en el tratamiento de la malaria crecieron desde los 85 millones de euros de 1993 hasta los 429 millones de 2009. Hoy en día, existen simultáneamente 50 vías abiertas en la investigación farmacológica contra el paludismo. Sólo 10 países, entre los que se encuentra España, representan el 90% del montante económico total de las donaciones de fondos públicos para luchar contra la malaria.

La lucha para la erradicación de los mosquitos representa el segundo frente en esta crucial contienda. En este sentido, se han desarrollado diferentes estrategias para combatir las larvas del insecto en las aguas estancadas, su hábitat natural. Los larvicidas han demostrado gran utilidad, siempre y cuando las ciénagas a tratar resulten accesibles y las larvas se encuentren en sus estados más primitivos. También resulta efectiva la pulverización de los interiores de las casas con insecticidas de larga duración y el empleo de mosquiteros tratados con estos productos químicos. 

Uno de ellos fue el polémico DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano), prohibido por sus efectos perniciosos para los humanos y el medio ambiente. Pero, todavía hoy, la polémica se mantiene viva. Algunos científicos e investigadores afirman sin dudar que el DDT permitió la erradicación de la malaria en zonas endémicas europeas, como Italia y Grecia, y en otras latitudes más lejanas como la India, Sri Lanka o Bangladesh, donde se han constatado importantes disminuciones en el número de casos de esta enfermedad.

Del total de las inversiones económicas realizadas en la lucha contra la malaria, el 38% se viene dedicando a la procura de nuevos fármacos, el 28% a las vacunas, el 23% se destina a la investigación básica, el 4% a productos químicos para mantener a raya al mosquito Anopheles y un 1% a modernas técnicas de diagnóstico. Los expertos consideran que, para avanzar realmente en este terreno, las inversiones en insecticidas deberían multiplicarse por 4. 

Esperemos, optimistas, el desarrollo de productos buenos, bonitos y baratos, respetuosos con el medio ambiente y las especies de insectos apreciados, como por ejemplo las abejas, y cómo no, con nuestros prójimos. No vayamos a perder la última gran batalla de una guerra que viene durando algo más de 500 siglos.


24 agosto 2013

VIVIR EN EL ESPACIO




Cuando éramos niños, algunas previsiones futuras despertaban nuestra admiración y perplejidad. Aquellos visionarios, considerando el vertiginoso desarrollo de la humanidad durante el siglo XX, se animaron a vaticinar un futuro mejor, libre de guerras, calamidades y padecimientos. Colonias en Marte. Explotaciones mineras en la Luna. Fantásticas metrópolis construidas bajo cúpulas en el fondo del mar. Ahora apenas llevamos una década del presente siglo, y aunque todavía queda mucho por ver que quizás nunca veamos, determinados avances tecnológicos nos hacen albergar renovadas esperanzas. 

El otro día comentábamos cómo una empresa está decidida a enviar a los primeros humanos a Marte. En la era televisiva, el fabuloso presupuesto económico para tal aventura correría a cargo de la publicidad. También manifestábamos nuestras dudas sobre el éxito de tal evento, considerando la falta de agua potable en la superficie marciana, la diferente gravedad y los efectos devastadores de la radiación cósmica en un planeta sin una atmósfera protectora como la de la Tierra. 

Hay quien sigue pensando que resultaría menos complicado establecer bases espaciales habitables que conquistar satélites y planetas. El argumento de la recientemente estrenada “Elysium” (Neill Blomkamp, 2013) se basa precisamente en uno de estos entornos fantásticos. El ejemplo elegido por los guionistas es un toro (o toroide) de Stanford, una estructura geométrica en forma de rosquilla que rota a una frecuencia determinada capaz de generar en su interior una fuerza gravitatoria. Para un total de 10000 habitantes, se calculó una estructura de acero de 10 millones de toneladas, con un diámetro de 1.6 kilómetros. Esta idea data de 1975...



En 1929, el científico John D. Bernal fue un pionero en el diseño de estaciones espaciales. Su modelo se basaba en una esfera hueca de 16 kilómetros de diámetro, capaz de albergar en su interior 25000 habitantes. Partiendo de la idea original de Bernal, Gerard K. O´Neill propuso en 1976 otra esfera, de 0.5 Km de diámetro, que rotaría a 1.9 revoluciones por minuto para generar en su interior una gravedad similar a la terrestre. La forma esférica fue la elegida para obtener una presión atmosférica óptima y para preservarse de la radiación exterior. La luz sería aportada por el Sol, bien directamente a través de aperturas en la estructura, bien a través de grandes espejos reflectantes. 

El propio O´Neill propuso otras configuraciones en forma de cilindros, de 3.2 kilómetros de radio y 32 kilómetros de largo, cuyo interior estaría acondicionado con lagos, árboles y agradables superficies para el desarrollo humano. Anillos exteriores albergarían las zonas agrícolas e industriales. Finalmente, en 1997, Forrest Bishop propuso su anillo rotatorio, capaz de generar gravedad también a partir de la fuerza centrífuga. Al proponer el uso de nanotúbulos de carbono, muy ligeros y resistentes, las dimensiones serían mucho mayores, llegando a alcanzar superficies equivalentes a las de Argentina o la India.

Sostiene Aloysius que parece mucho más sencillo diseñar grandes construcciones espaciales que establecer el modelo social y de convivencia para esas futuras colonias humanas en el cosmos. Porque, si van a copiar los actuales imperantes en la Tierra, entones ¿para qué tantos esfuerzos?

16 agosto 2013

ADELGAZANDO OBESOS



Vayan por adelantado mis disculpas a los editores de la prestigiosa revista médica “The Lancet”, por fusilarles parte del título de un artículo publicado recientemente en su edición digital. Sin un optimismo excesivo, aporta noticias esperanzadoras. Y es que, a nivel comunitario, la lucha contra la obesidad comienza a convertirse en una tarea menos complicada que cazar gamusinos. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) llevan tiempo advirtiéndonos del peligro que suponen para nuestra sociedad la obesidad y las enfermedades crónicas asociadas a ella: diabetes tipo II, hipertensión arterial, cardiopatía isquémica y algunos tipos de cáncer. Curiosamente, al revés de lo que ha venido ocurriendo a lo largo de la historia, en nuestros días la obesidad se relaciona con unos menores ingresos económicos. Parece ser que los precios más baratos de los alimentos corresponden a aquellos productos ricos en grasas saturadas, azúcares y sal, y pobres en calcio, hierro, vitaminas y minerales. 

Las familias con mayores recursos económicos pueden acceder, por término medio, a una variedad de 250 alimentos diferentes, mientras que las clases sociales más deprimidas compran apenas 2 decenas de productos alimenticios... 

Retomando el editorial de “The Lancet”, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos han revelado una tendencia a la baja en la prevalencia de la obesidad en niños en edad preescolar pertenecientes a las familias con ingresos económicos más bajos, un grupo de población especialmente vulnerable. A pesar de estos datos esperanzadores, los expertos se quejan de las dificultades que se encuentran a la hora de determinar cuáles son las medidas sanitarias más eficaces para continuar adelgazando a los gordos. 

Los diferentes estados que conforman la potencia norteamericana difieren notablemente en sus políticas de salud pública, en sus programas educativos y de fomento de una alimentación sana y de una actividad física aceptable. 

Hete aquí el primer obstáculo administrativo, que bien podría trasladarse a la Comunidad Europea y, por qué no, a nuestro propio país, con 17 sistemas autonómicos de salud pública desigualmente gestionados. Está demostrado que las medidas más efectivas para combatir la obesidad y su cohorte de enfermedades satélites deben comenzar desde la más tierna infancia. Aquí, una vez más, padres, educadores y cuidadores desempeñan un papel esencial. 

Los expertos recomiendan potenciar el acceso a los campos de juego fuera del horario escolar, agua potable gratuita (evitaría el consumo de bebidas edulcoradas) y almuerzos y meriendas saludables. Pero, para llegar a buen puerto, estas medidas requieren el compromiso decidido de las autoridades locales. 

En su informe de 1993, el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo concluía que la esperanza de vida al nacer había aumentado en nuestro planeta hasta los 63 años, que la viruela había sido erradicada y que se habían reducido drásticamente los casos de sarampión y poliomielitis. A ver si algún día de un futuro cercano, podemos leer en informes similares noticias tan alentadoras respecto a la lucha contra la obesidad. Apostamos que sí.

07 agosto 2013

HAMBURGUESAS


El domingo al mediodía, mis pasos se cruzaron con los de una singular comitiva. Una docena de escolares, uniformados todos con el mismo chándal, se dirigían hacia el centro comercial con sus monitores deportivos. Uno de los adultos, para animar la excursión, comenzó a canturrear, a viva voz: ¡ensaladas!, ¡ensaladas!, ¡ensaladas!... Tras un instante de silencio, aquella chiquillería al completo comenzó a gritar: ¡hamburguesas!, ¡hamburguesas!, ¡hamburguesas!... Entonces comprendí por qué el inefable devorador de hamburguesas llamado Pilón (Wimpy para los americanos) le había ganado la partida a Popeye y a sus insulsas espinacas. A tomar por saco la leyenda urbana de los saludables vegetales verdes. 

Dicen que fueron los emigrantes alemanes que partían desde el puerto de Hamburgo en el siglo XIX, los encargados de llevar aquellos especiales filetes de carne picada hacia los Estados Unidos. La pujante industria alimentaria de una nación transformándose con celeridad hizo el resto. 

Sostiene el circunspecto Aloysius que desde hace tiempo hemos perdido la batalla contra la “Fast food”, comida rápida, comida basura, comida chatarra, como prefieran. Los modernos chefs, adelantándose a tan sonora derrota, reivindican ahora las modestas hamburguesas en sus más sofisticadas y saludables versiones. Existen hamburguesas vegetarianas, a base de proteína de soja (como el tofu) o de derivados del gluten de trigo (como el seitán), e incluso hamburguesas de pescado, generalmente elaboradas con atún. 

Los detractores de las hamburguesas esgrimen sus potentes razones. Para obtener un kilo de carne de vacuno se consume 12 veces más agua que para elaborar un kilo de pan, 64 veces más que un kilo de patatas y 86 veces más que un kilo de tomates. Hay quien se atreve a ir más lejos, responsabilizando del mismísimo calentamiento global a los gases liberados por las deyecciones bovinas. 

En el año 2011, muchos nos escandalizamos con las recomendaciones gastronómicas del Dr. Mitsuyuki Ikeda, un investigador japonés de los Laboratorios Okayama, capaz de desarrollar apetitosos filetes de carne a partir de los deshechos obtenidos en las alcantarillas. Utilizando elementos procedentes los flujos fecales consiguió bistecs con un 63% proteínas, 25% hidratos de carbono, 9% minerales y 3% lípidos. Un oportuno baño de color rojo junto a un toque de soja, para matizar el sabor, completaron tan exquisito producto.

Pero siempre hay otra vuelta de tuerca. El Dr. Mark Post, cardiólogo de la Universidad de Maastricht, acaba de presentar en sociedad su hamburguesa in vitro, elaborada en el laboratorio a partir de células madres musculares obtenidas del hombro de una vaca. A partir de aquí, comiencen ustedes a elucubrar. Posiblemente se quedarán cortos. Sin lugar a dudas, la producción industrial de hamburguesas de carne artificial contribuirá a atizar furibundas controversias éticas y culturales. Nos revelamos con repugnancia y estupor contra aquellos países orientales que se comen a sus perros y a sus gatos, mientras en Occidente hacemos lo mismo con vacas, terneros, cerdos, cochinillos, corderos, cabritos, conejos, aves y caza. 

Dicen que somos lo que comemos, que los primates humanos somos omnívoros: ¿será verdad?

05 agosto 2013

EFI-CIENCIA SANITARIA



Para realizar verdadera ciencia, los científicos analizan, razonan, experimentan, elaboran hipótesis y deducen principios, construyen leyes generales y sistemas, todo ello mediante un método específico que investiga hechos objetivos y observables. Por lo tanto, el método científico debería también demostrar su utilidad a la hora de estudiar aquellos fenómenos, objetivos y observables, que se relacionan con los sistemas sanitarios y la preservación de la salud.

Hace poco me llamó la atención un hecho singular. La multinacional japonesa Toyota emplea un sistema de producción específico que intenta entregar el máximo valor a sus clientes empleando los mínimos recursos necesarios. Muy interesante. Los economistas expertos en gestión lo denominan “Lean manufacturing”, o producción ajustada (del inglés “lean”, austero, ajustado). 

Este sistema exige una aplicación conjunta, que competa a toda la organización. Exige centrarse en lo sustancial del proceso, eliminando los elementos improductivos y ahorrando costes, sin reducir ni un ápice la calidad. Se preguntarán ustedes a dónde les quiero llevar, dónde está el truco. Pues resulta que este método ya ha sido aplicado exitosamente en el ámbito sanitario. 

Los profesionales del Hospital Clínico de Barcelona, por ejemplo, lo han empleado para reducir los tiempos de espera dentro de su servicio de Urgencias, reduciéndolos desde los 84 minutos hasta los 60, durante el pasado 2012. Este método tiene una ventaja adicional, pues son los propios profesionales los encargados de su aplicación, tras un breve aprendizaje. Profundizando en el sistema de Toyota, su estrategia de producción ajustada se basa en tres sencillas premisas: la primera, describe el trabajo que debe hacerse, cómo se hace y quién es el responsable del mismo. La segunda, define quiénes son el cliente y el proveedor. El cliente más importante en la cadena de montaje de estos automóviles japoneses es siempre el siguiente trabajador. La tercera premisa se basa en la aplicación del método científico, planificando en primera instancia, para después poner en marcha una medida productiva, evaluar los efectos del cambio y extender el plan, siempre que demuestre una mejoría real.

Sostiene el perspicaz Aloysius que el método “lean” podría aplicarse, por ejemplo, en la mejora de la asistencia de los diabéticos dentro de la atención primaria de salud. Para los expertos, la relación cliente – proveedor en este caso haría que el personal de enfermería detectase las disfunciones del sistema, se las trasladara a los médicos, y éstos se convirtieran en los proveedores de las instrucciones claras para mejorar la asistencia de estos pacientes, avanzando más allá del mero diagnóstico y la prescripción de dietas y tratamientos. 

Por último, la responsabilidad en el autocuidado de su salud por parte de los propios diabéticos aportaría un mayor valor a los actuales estándares en el control asistencial de esta enfermedad. Y quien habla de diabéticos, habla también de otros enfermos crónicos, que bien podrían beneficiarse de la aplicación de los métodos de producción industrial en su asistencia cotidiana. Porque, de momento, seguimos trabajando con personas, no con meros números y enfermedades.