CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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08 marzo 2015

CUESTIÓN DE NARICES


Acaban de remitirme por correo electrónico la actualización más reciente de la revista “Prescrire”, publicada por un organismo francés que se define independiente y sin ánimo de lucro, dedicado a la formación y a la información sobre los medicamentos a los profesionales de la salud, y por ende, a los pacientes.

Esta última y exhaustiva revisión de 2015, realizada entre los años 2010 y 2014, pone en solfa 71 fármacos, nada más y nada menos, clasificados por especialidades que van desde la cardiología y la diabetes hasta la psiquiatría, deteniéndose en campos más específicos como la neurología (existe un apartado específico dedicado al tratamiento del Alzheimer) o la hematología.

Aunque no resultan novedosas, me han llamado la atención las alertas específicas para un grupo heterogéneo de fármacos que suelen emplearse, quizás con demasiada frecuencia, en el tratamiento de la congestión producida en las vías respiratorias altas como síntoma de resfriados, catarros comunes e incluso de las formas más benignas de la gripe.

Estos medicamentos provocan la vasoconstricción de la mucosa nasal y faríngea, representando un alivio de la molesta obstrucción respiratoria, del taponamiento de la nariz. Los más populares son efedrina y pseudoefedrina, nafazolina, oximetazolina y el sulfato de tuaminoheptano. En algunas fórmulas, estos medicamentos figuran como complemento de los mucolíticos.

Pues bien, los expertos informan que este tipo de fármacos puede provocar severos trastornos cardiovasculares: crisis hipertensivas, arritmias e infartos. Y además, son tremendamente taxativos, pues estiman inaceptable el manejo de estas medicinas en procesos respiratorios leves y generalmente de resolución espontánea y rápida.

Conocedor de mi cinefilia, el sempiterno Aloysius me ha recordado el papel central que la pseudoefedrina ocupa en el argumento de la popular serie norteamericana “Breaking Bad”, en el que un profesor de química de un instituto de Alburquerque (Nuevo México), afectado por un cáncer de pulmón avanzado, se convierte en un sanguinario narcotraficante. El profesor Walter White, interpretado por un colosal Bryan Cranston, construye su productivo imperio de metanfetamina azul sintetizando tan devastadora droga a partir del aparentemente inocuo descongestionante nasal. 

Como la ficción se ve superada, en demasiadas ocasiones, por la propia realidad, parece ser que el verdadero Walter White inundó el mercado estadounidense de la droga diez años antes de que la serie televisiva viera la luz, desde una humilde cabaña rural en la más ignota Alabama. Cosas de la vida, hoy en día una compañía telefónica utiliza como reclamo el anuncio del abogado que defendía los intereses del Walter White imaginario: mejor, llama a Saúl. Cuestión de narices.

16 febrero 2015

DOULAS


En la introducción de su libro “La cadera de Eva” (2005), el Dr. José Enrique Campillo, catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura, define como características exclusivas de la especie humana: (1) la receptividad sexual constante y la ocultación de la fertilidad femeninas, (2) la posición ventral para la cópula, (3) el orgasmo femenino, (4) la menstruación, (5) el parto, generalmente complicado, que suele precisar la ayuda de otras personas, convirtiendo así este acontecimiento en un acto social, (6) las crías prematuras, que no pueden valerse por sí mismas hasta aproximadamente  los 5 años de edad, y (7) la menopausia, que conlleva el fin de la actividad reproductiva décadas antes de la muerte, con la consiguiente aparición de la figura de la abuela. 

El Profesor Campillo, al que tuve el placer de conocer personalmente cuando visitó Ourense para presentar otro magnífico libro suyo, “El mono obeso”, nos plantea una hipótesis sencilla pero muy innovadora: el papel esencial del sexo femenino en la evolución de la especie humana. Durante millones de años, esa serie de cambios drásticos producidos en la anatomía femenina posibilitaron la adaptación a nuevas circunstancias ambientales y cambios ecológicos, de manera que los antecesores de los humanos actuales pudieron abandonar la vida en los grandes bosques para aventurarse en un más que incierto futuro de supervivencia en las sabanas.

A propósito de embarazos, partos y puerperios, estos días de carnaval ha adquirido mayor intensidad el debate entre el Consejo General de Colegios Oficiales de  Enfermería de España y diversas asociaciones de doulas. Con esta palabra de etimología griega, se definía a las sirvientas esclavas más importantes en el mundo heleno antiguo. Estas mujeres probablemente se encargaban de ayudar a sus amas en la crianza de la prole. 

Las modernas doulas intentan encuadrar su labor en el acompañamiento y consejo de aquellas mujeres que deciden ser madres, durante las etapas de embarazo, parto y puerperio. En Internet proliferan los blogs y las páginas especializadas al respecto, algunas con las tarifas correspondientes a este tipo de servicios, convertido ahora en lucrativo negocio, incluyendo servicios de comadrona y atención del nacimiento a domicilio. 

Nos referíamos anteriormente al Dr. Campillo cuando el catedrático extremeño comentaba la naturaleza social del parto. A lo largo de la historia de la humanidad, inclusive en la actualidad, millones de mujeres han traído al mundo a sus hijos en la soledad más absoluta.

Sin duda alguna, parteras y comadronas primero, y más tarde la necesaria atención sanitaria profesional y de calidad aportada por médicos (especialistas en Obstetricia y Ginecología, pediatras neonatólogos) y enfermeras (matronas), ha contribuido a reducir drásticamente la mortalidad materno – infantil allí donde dichos servicios se encuentran perfectamente estructurados y organizados en los ámbitos de la atención primaria y hospitalaria. 

Y no debemos olvidar, por ser de justicia, la formación académica y profesional de las matronas actuales, frente a otras opciones que, en bastantes ocasiones, han llegado a proponer a las puérperas el consumo de sus propias placentas.

09 febrero 2015

SALUD Y PERSONAS MAYORES


El último número de la prestigiosa revista “The Lancet”, cuya referencia ha sido mencionada en estas páginas en varias ocasiones anteriores, presenta ciertas valiosas aportaciones sobre la salud de las personas mayores. La primera de ellas, firmada por un grupo de expertos de la OMS, confirma algo que venimos observando desde los años 80 del pasado siglo XX. 

En los países desarrollados, la esperanza de vida a los 60 años se ha incrementado en mujeres y hombres. En el sexo masculino, estos datos positivos se apoyan en el descenso del número de fumadores y en el mayor control de las enfermedades cardiovasculares, fundamento común compartido con el sexo femenino. Resumiendo: menos tabaco, mejor alimentación, práctica de ejercicio físico y mejor diagnóstico y tratamiento de la hipertensión, la diabetes y la hipercolesterolemia. 

Sin embargo, este fenómeno no se constató en los varones habitantes de América Latina, el Caribe, los países menos desarrollados de Europa ni en Asia Central, ni tampoco en el global de las ciudadanas de los países con menos ingresos económicos. Una evidencia más, y ya van unas cuantas, de que en la preservación de la salud y en la lucha contra la enfermedad de momento resulta más importante el código postal que el genético.

En segundo lugar, aunque la senectud no tiene por qué ir indefectiblemente de la mano de la enfermedad, sí es cierto que el 23% de la carga mundial por enfermedades corresponde a las personas mayores de 60 años. A esto contribuyen, en primer lugar, las enfermedades cardiovasculares, seguidas por el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas, las enfermedades del aparato locomotor, como por ejemplo la artrosis, y los trastornos neurológicos y mentales, como por ejemplo las demencias. 

Una vez más, los expertos internacionales insisten en la prevención primaria de todas estas patologías, especialmente durante las etapas más precoces de la vida, una responsabilidad éste tanto individual como colectiva. Debemos seguir mejorando en materia de política sanitaria, pues una buena gestión se basa precisamente en abandonar las prioridades equivocadas en salud mental, en no discriminar a la población según su sexo y edad, en preparar los sistemas de salud para atender las enfermedades crónicas, así como en integrar la atención en modelos socio-sanitarios capaces de responder a la demanda de una población cada vez más mayor y afectada por patologías múltiples. 

El coste social y económico provocado por demencias, accidentes cerebrovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y deficiencias visuales surge más de la propia discapacidad que de la mortalidad.

En una provincia como Ourense, que destaca por encontrarse entre las más envejecidas de España, incluso de Europa y del planeta, está claro que las medidas de política sanitaria deberán enfocarse cada día más en la prevención de la enfermedad, desde edades infantiles y juveniles, y en la mayor atención a un nada desdeñable grupo de nuestra población en riesgo de padecer discapacidad y pluripatologías. Conocemos perfectamente de qué nos enfermamos y por qué morimos. Pues entonces, manos a la obra.

 



30 enero 2015

ENFERMEDADES MUSICALES (SOPLAD, SOPLAD, MALDITOS!!!)



¿Puede la práctica musical provocar enfermedades? La otra tarde, a la espera de que cayera una copiosa nevada, el siempre inquisitivo Aloysius me interrogaba sobre estas cuestiones. 

Todavía conservo un antiguo artículo del British Medical Journal, publicado en diciembre de 1999 por Sanjay Kinra y Mona Osaka, especialistas británicos en Salud Pública y Medicina Social, en el que se planteaban la hipótesis de que la práctica del saxofón podía resultar perjudicial para la salud del intérprete. 

Desde hace años, mantengo viva mi afición por el jazz. He tenido la oportunidad de escuchar a las más grandes figuras internacionales del género, muchas de ellas dentro del Café Latino, en Ourense. Allí fui testigo de una impactante actuación, la de la última formación que acompañara al genial Charlie Mingus: el pianista Don Pullen, el batería Dannie Richmond y el saxofonista George Adams. 

De este último, vestido para la ocasión con una amplia túnica africana, recuerdo su compacta y alta figura combada hacia atrás en un difícil escorzo, mientras realizada un solo interminable con su saxo tenor. Me preguntaba entonces cómo sería capaz aquel músico de hacer sonar su instrumento respirando a la vez. La respuesta está en el viento, en una técnica excepcional, denominada respiración circular, que permite soplar exhalando el aire de los pulmones a la vez que se inhala por las fosas nasales. 

El trompetista Dizzy Gillespie, todo un clásico, era capaz de almacenar gran cantidad de aire en su cuello y mejillas, adoptando una espectacular deformación en su rostro mientras tocaba su instrumento. Algunos investigadores ya habían alertado sobre la posibilidad de que se desencadenaran accidentes vasculares cerebrales por culpa de estos esfuerzos. Para producir las notas más agudas, trompetistas y asimilados deben realizar con los labios una presión equivalente a un peso de 20 kilos, lo que a la larga puede llevar a la pérdida del tono muscular bucal obligándoles a abandonar su profesión. 

Retomando el artículo de Kinra y Osaka, los investigadores realizaron un estudio de cohortes incluyendo 813 famosos músicos de jazz nacidos entre el 1 de enero de 1882 y el 30 de junio de 1974. De todos ellos, 349 (un 43%) fallecieron durante el periodo de seguimiento del estudio, finalizado el 15 de febrero de 1998. Detectaron que los saxofonistas presentaban el mayor riesgo de muerte. 

Encontraron otras diferencias significativas en contra de los músicos de origen estadounidense y de los que habían sido líderes de sus correspondientes bandas o multiinstrumentistas. Los que tocaban dispositivos de metal o madera también padecieron una mortalidad significativamente mayor que los vocalistas, por ejemplo. 

El incremento de la presión ejercida sobre el cuello al soplar implica una reducción del flujo sanguíneo al cerebro, pudiendo causar una isquemia, además de bloqueo venoso, que incrementa el riesgo de tromboembolismo. De todas las maneras, la respiración circular no pudo ser evaluada. 

Parece ser entonces que lo más sano sería cantar bajo la ducha. Con agua caliente, por favor. Y de soplar, más bien poco. En todos los sentidos. Y ahora nos vamos a escuchar al incombustible John Coltrane.



24 enero 2015

EL MAL DEL PASTOR


Desfile del ejército de Carlos VIII el 12 de mayo de 1495 en Nápoles, después de su derrota
Miniatura del manuscrito "Cronaca della Napoli aragonesa" c. 1498
Nueva York. The Pierpont Morgan Library

Orgullo patrio. En la serie televisiva “Isabel”, el actor ourensano Héctor Carballo fue el encargado de dar vida al personaje de Carlos VIII. Este monarca francés, enemigo acérrimo de los Reyes Católicos, llegó en su día a comandar el ejército más poderoso del planeta. En 1495 conquistó la ciudad de Nápoles para ser posteriormente derrotado por las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Durante estas disputas, la enfermedad venérea conocida como sífilis, comenzó a adquirir características epidémicas. En sus desplazamientos, las huestes de la época iban acompañadas por un tropel de cortesanas y prostitutas, que pudieron diseminar con gran celeridad el mal “francés”, “español” o “italiano” entre ambos bandos.

Se trata de una enfermedad tan especial, que ni siquiera hoy en día los expertos se ponen de acuerdo sobre su origen. Apoyándose en milenarios restos humanos procedentes de las estepas rusas, o de las ruinas de Pompeya, sepultadas bajo las cenizas volcánicas del Vesubio, así como en esqueletos procedentes del cementerio de una abadía inglesa de Hull, las teorías más modernas establecen la procedencia precolombina de esta enfermedad. 

Otros investigadores, sin embargo, defiende que los españoles retornados a Europa tras el descubrimiento de América transportaron la infección al Viejo Mundo, contagiados previamente al intimar con las nativas. Una tercera teoría compagina las dos anteriores, defendiendo la existencia de un germen del género treponema, antepasado común tanto de la espiroqueta de la sífilis como de otras causantes de dolencias tropicales semejantes como la guiñada, el bejel o la pinta.


Durante varios siglos, los que van del XV al XX, la sífilis fue una enfermedad claramente indecorosa. Sin antibióticos, su padecimiento resultaba penoso y mortal. Abandonada a su libre evolución, puede dañar diferentes órganos, como el corazón, el cerebro o la médula espinal; causa trastornos oculares y ceguera, demencia e incluso puede transmitirse desde la madre infectada a su descendencia, durante el embarazo y el parto. 

En las décadas de los 80 y los 90 del pasado siglo, al generalizarse el uso del preservativo como protector frente al VIH, la prevalencia de la sífilis manifestó una tendencia descendente. En mi experiencia como médico de familia, corroboro que los casos de sífilis detectados se contaban con los dedos de las manos. Sin embargo, en los últimos 6 años, esta patología ha repuntado en España, pasando de 4 a 8 casos por cada 100000 habitantes desde 2006 a 2012. La prevalencia más elevada se reveló en Baleares, Madrid y Canarias, con nuevos casos afectando primordialmente a varones entre los 20 y los 45 años. 

La penicilina representa todavía un tratamiento altamente eficaz contra la sífilis. Pero no debemos olvidar que su agente causal, el Treponema pallidum, puede invadir el sistema nervioso desde las etapas más precoces de la enfermedad, y que los antibióticos no evitan la aparición de futuras secuelas. 

Siguiendo a Fracastoro, poeta y cirujano del Renacimiento, sostiene Aloysius que el vengativo Apolo, sintiéndose desafiado por el joven pastor Sífilo, le castigó contagiándole tan terrible perturbación.

18 enero 2015

CÁPSULAS, SOBRES Y JARABES


Estamos en tiempo de la gripe. Se desbordan los servicios de urgencias y las consultas de atención primaria. Las complicaciones de esta enfermedad hacen mella en el colectivo de las personas mayores afectadas por otras enfermedades. Digamos que el virus de la gripe es cobarde, se aprovecha de la debilidad. Hay incluso quien ha cuestionado la efectividad de las campañas de vacunación, al parecer menos protectoras este año que en los anteriores. 

Si consultamos las hemerotecas, este caos se repite cíclicamente, con la llegada del invierno. Es una situación que puede y debe preverse. Un euro gastado en prevención ahorra muchos otros en medicina asistencial. Es un axioma básico cuyo efecto práctico, sin embargo, no llega a cuajar. 

Existe otro fenómeno paralelo que también se reproduce, a propósito de la gripe. Las campañas en los medios de comunicación incrementan su intensidad y diferentes preparados se convierten en los reyes de la publicidad farmacéutica. Nos estamos refiriendo a los antigripales mediáticos, algunos ya clásicos de reconocida solera. En líneas generales, y sin mencionar marcas, son cócteles medicamentosos destinados al alivio sintomático del paciente griposo: fiebre, dolores de cabeza y musculares, tos y mucosidad abundante.

En esencia, el antigripal estándar contiene en su formulación un analgésico – antipirético. Los más empleados son el paracetamol y el ácido acetilsalicílico, este último de popularidad infinito gracias un inevitable nombre comercial: Aspirina ®. En los últimos años, el ibuprofeno, un antiinflamatorio no esteroideo muy utilizado, ha ido ocupando el tercer puesto en este podium de los analgésicos.

En segundo lugar, la clorfenamina es otro componente habitual de los antigripales. Se trata de un veterano antihistamínico que pretende tratar los síntomas de rinitis asociados a la gripe: estornudos, goteo y obstrucción nasales. A pesar de que décadas de comercialización amparan su uso, no está exenta de numerosos efectos secundarios.

Algo similar ocurre con la fenilefrina y la pseudoefedrina, medicamentos manejados como descongestionantes, el primero de ellos, más eficaz en forma inhalada, y el segundo, cada vez menos empleado por su potencial adictivo. La ficción televisiva la ha hecho famosa. En la exitosa serie “Beaking Bad”, partiendo de la pseudoefedrina sus protagonistas sintetizan metanfetamina, una conocida droga cuyo consumo provoca devastadores perjuicios para la salud.

En tercer lugar se encuentran los antitusivos, fundamentalmente dextrometorfano, pero también codeína, aunque en menor medida, porque también puede provocar adicción. 

Por último, otras sustancias como el ácido ascórbico (vitamina C) y la cafeína suelen complementar, junto con sus correspondientes excipientes, esos bálsamos de Fierabrás que, si le hacemos caso a la publicidad, son capaces de aliviar al instante cohortes completas de tan molestos síntomas. Y así, de esta maravillosa manera, los pañuelos desaparecen, por arte de magia.

10 enero 2015

SOBRE LA HEPATITIS C


Cada día resulta más complicado debatir, en el seno de una sociedad que avanza hacia la medicalización más absoluta, cuestiones relacionadas con el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades. 

Y es que detrás de cada cifra aséptica (dosis, precio del fármaco, tasa de remisión, número de pacientes que es necesario tratar, etc) se encuentra un ser humano enfermo y una familia que sufre. 

Es cierto que desde hace años las voces de los expertos, independientemente de su color político, nos alertan sobre la difícil sostenibilidad de los sistemas sanitarios. El informe Abril, análisis del sistema público español, se redactó en 1991 impulsado por el gobierno socialista de Felipe González. Ya entonces no avisaba de lo que ha ido ocurriendo en los años posteriores, al ser limitados los recursos e ingente la demanda.

La sanidad española se enfrenta a una cruda realidad: el número de pacientes afectados por la hepatitis C se aproxima al medio millón de prójimos. Se trata de una patología causada por un virus que puede persistir de manera crónica en el 85% de los pacientes infectados, pudiendo provocar cirrosis y cáncer hepático. Como en otras enfermedades de contaminación predominantemente sanguínea, muchos de los afectados recibieron antes de 1992 transfusiones o transplantes infectados por el virus. Para complicar todavía más la cuestión, existen 7 genotipos diferentes de este virus, cada uno dividido en diversos subtipos.

En su forma crónica, no existe cura espontánea de la enfermedad. Pero sí se han desarrollado fármacos que permiten la curación del 50 – 80% de los pacientes, gracias a la asociación de interferón subcutáneo y ribavirina por vía oral. 

En 2012, se introdujeron otros dos fármacos que mejoraron los porcentajes de curación como complemento de esta doble terapia. Se trata del telaprevir y el boceprevir, dos antivíricos con similar mecanismo de actuación, cuya administración depende de criterios médicos muy concretos, según el genotipo del virus, el grado evolutivo de la enfermedad y el tipo de paciente. 

En 2014, la Agencia Europea del Medicamento aprobó el uso de sofosbuvir, también asociado a interferon y ribavirina, pero con un precio excepcionalmente elevado (aproximadamente 60000 euros por paciente para 24 semanas de tratamiento). Este coste ha desatado encendidas controversias a nivel mundial, no solamente en España. Por razones obvias, los estudios son todavía muy limitados pero, a pesar de ello, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha reconocido que el sofosbuvir presenta un valor añadido como tratamiento en determinados estadios clínicos de la enfermedad, con un buen perfil de seguridad y una duración menor de la terapia.

Todavía existen varias preguntas sin responder: ¿por qué el precio del sofosbuvir es desorbitadamente elevado si su síntesis no es ni más complicada ni más costosa que la de otros fármacos similares? Considerando que la empresa farmacéutica que monopoliza su fabricación hasta 2029 desembolsó 8800 millones de euros por una patente que nunca investigó ¿podríamos estar ante un caso de descarada especulación económica?


01 enero 2015

INSOMNES


La verdad es que el inagotable Aloysius no deja de sorprenderme. Avanzada la otra noche, al no conseguir dormir, se puso en contacto conmigo en la procura de un remedio efectivo para contrarrestar su insomnio. Como pensé que estaba de broma, le recomendé que se pusiera a limpiar su cuarto, su conciencia o su correo electrónico. Pero, ante tanta insistencia, le conté el caso de un hombre que, afectado por un raro trastorno del sueño, se dedicaba cada noche a pasear por la ciudad, repasando las matrículas de los vehículos aparcados. La policía local lo tenía en grande estima, pues gracias a su colaboración se habían detectado algunos coches robados y solucionado otros casos de automóviles desaparecidos. Unos cuentan ovejitas, y otros, se entretienen con los números y las letras de las matrículas.

Una de las opciones más socorridas por aquellos que de noche se desvelan es leer o ver una película. Y digo leer, en el sentido clásico de la acción, un libro o un periódico, de papel. En los últimos días de 2014, un medio de comunicación nacional se hacía eco de una noticia inquietante. Leer antes de dormir textos en soportes modernos como tabletas o teléfonos inteligentes, empeora claramente nuestro descanso. Parece ser que la luz de onda corta emitida por estos instrumentos difiere el inicio del sueño y deteriora la calidad del mismo. 

Los clásicos del pasado siglo XX ya alertaban de un efecto similar provocado por las pantallas de la televisión, quizás por el mismo fundamento físico. Pero es que además, los investigadores del Hospital Brigham de Boston, relacionaron este tipo de alteraciones con una mayor incidencia de patologías como la obesidad y el cáncer.

Por ejemplo, hay algunos prójimos que aprovechan la duermevela para instruirse en sociología. Una vez rechazada la opción de leer utilizando los dispositivos electrónicos modernos, y sintiendo además una escasa atracción por los libros de toda la vida, prefieren concentrarse en lo que se desarrolla de madrugada, en nuestros televisores. 

Hasta hace poco tiempo, prosperaban en estas emisiones los augures y nigromantes, las adivinas y videntes. Pero parece ser que la saturación de oferta ha difuminado la demanda. En un primer momento, este espacio fue ocupado poco a poco por bingos y casinos virtuales, y también por timbas de póker, con llamativas cartas y fichas fluorescentes. Aún así, toda moda es efímera, por definición, y ahora proliferan las casas de apuestas que animan a los jugadores a invertir en cualquier tipo de envite, desde el resultado de un partido de fútbol o baloncesto, hasta el nombre del deportista que primero ponga en ventaja a su equipo frente al rival.


Y es que lo del juego es tan llamativo que en algunos establecimientos públicos existen maquinitas que te permiten apostar por un galgo que está a punto de iniciar una veloz carrera detrás de su señuelo en un remoto canódromo de las Islas Británicas. Apostar es un también un mal remedio contra el insomnio, sobre todo en un país donde la ludopatía arruina cada año a millares de españoles. Y a sus familias.

06 diciembre 2014

TRATANDO EL ÉBOLA


El jueves pasado, gracias al Foro La Región y a la Cruz Roja ourensana, tuve la oportunidad de escuchar a Cristina Castillo, una cooperante de esta institución humanitaria que ha trabajado en situaciones de emergencia en Filipinas, Haití, los Balcanes y Sierra Leona. 

En este paupérrimo país africano, uno de los más desfavorecidos del mundo, con una mortalidad infantil intolerable y una esperanza de vida que ronda los 45 años, Cristina relató su experiencia personal en el remoto hospital de Kenema. Durante su exposición, destacó el importante papel que allí desempeñó el personal técnico, desde los obreros que desbrozaron y allanaron el terreno, pasando por los encargados de construir en el medio de la selva un hospital de características tan especiales, hasta los expertos en depuración de las aguas, desinfección de trajes y enseres, los responsables de logística y aquellos otros que quizás desempeñen la labor más peligrosa, los servicios funerarios. 

Y es que el virus del Ébola es especialmente peligroso en los últimos momentos de la vida. Su máxima virulencia se produce durante la agonía y el fallecimiento del enfermo. Mudar ancestrales costumbres relacionadas con la despedida definitiva de los seres queridos, en un entorno cultural tan diferente al nuestro, representa para los trabajadores sociales una labor de titanes. En Kenema, no todo se reduce al trabajo de los médicos y las enfermeras. 

En España, debemos en gran parte el conocimiento de esta enfermedad al contagio de la auxiliar Teresa Romero, cuya enfermedad fue seguida minuto a minuto por los medios de comunicación. En Sierra Leona, todo es diferente. No existen extraordinarias medidas de tratamiento, sino que la suerte de los pacientes depende de los cuidados paliativos, en especial hidratación y alimentación adecuadas, y la capacidad individual de desarrollar anticuerpos contra el virus. 

La prestigiosa revista médica “The Lancet” se hacía eco de la opinión de dos expertos, Ian Roberts (Escuela de Medicina Tropical de Londres) y Anders Perner (Universidad de Copenhague). Ambos destacaban que los centros de tratamiento del Ébola deberían ser algo más que meros recintos de cuarentena. 

En este aspecto, coincidían plenamente con Cristina Castillo, pues los enfermos debe entender que en el hospital les van a proporcionar un mejor cuidado que en sus propios domicilios. En Sierra Leona, Liberia, y Guinea Conakry, los pacientes se mueren por culpa de la deshidratación extrema y el déficit de los electrolitos causado por vómitos y diarreas. Los expertos defienden que la simple reposición por vía intravenosa de líquidos y otras sustancias vitales sería capaz de salvar a muchos de ellos. 

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que alguien decida un buen día abandonar la comodidad que disfruta en el mundo occidental para embarcarse en estas peripecias de incierto futuro. ¿Cuál es el motivo? ¿Un espíritu aventurero e inconformista? ¿Un especial sentido de la solidaridad? ¿El amor al prójimo? ¿Una inquebrantable fe religiosa? ¿Un compendio de todas estas emociones? ¿Algo que todavía no alcanzamos a comprender? Cuando alguien le preguntó a Cristina por qué había escogido ese tipo de vida, ella contestó con una brillante sonrisa: “me siento útil aquí, pero me siento más útil allá”. Tal vez ahí se encuentre el ejemplar secreto.

30 noviembre 2014

LEY SECA


En una Cuba imaginada por Francis Ford Coppola, en las estancias de un gran hotel que en realidad son las habitaciones del Embajador, en Santo Domingo, el taimado Hyman Roth (Lee Strasberg) le recordaba Michael Corleone (Al Pacino) como él y el desaparecido Padrino Don Vito pasaban melaza de contrabando desde Canadá hasta los Estados Unidos, para contravenir las estrictas normas de la Ley Seca. 

En realidad, la Enmienda XVIII de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica ha supuesto un generoso filón literario y cinematográfico, pero un auténtico fiasco desde el punto de vista político sanitario. Aunque no prohibía el consumo de bebidas alcohólicas, sí lo hacía con su producción, transporte y venta. Si bien recogía las inquietudes de gran parte de la sociedad ante la progresión de la enfermedad alcohólica como terrible plaga entre sus ciudadanos, en la práctica desencadenó más daños que los que pretendía atajar.

Hoy traemos a colación estas reflexiones ante la reciente publicación en Lancet de un análisis sobre el alcoholismo en Irán. En los países musulmanes, las restricciones fundamentadas en la aplicación estricta del Corán, varían notablemente entre unas naciones y otras, desde las que como Arabia Saudita castigan con severidad cualquier violación de esta norma religiosa, hasta aquellas otras más permisivas que toleran parcialmente el consumo de alcohol etílico, limitado a ciudadanos extranjeros, en determinados bares y restaurantes de algunos hoteles.

Al igual que ocurrió con los antiguos gánsteres norteamericanos de la gran pantalla, hoy en día el alcohol atraviesa las fronteras iraníes gracias a los contrabandistas para venderse en el mercado negro. Como en nuestras latitudes, la destilación casera y el uso de alcoholes adulterados resulta seriamente problemática para la salud pública; en no pocas ocasiones concluyen con graves intoxicaciones y muertes provocadas por el alcohol metílico. En Ourense, por desgracia, somos buenos conocedores de los estragos provocados por este tipo de envenenamiento. 

Aunque no abundan los trabajos científicos al respecto, se estima que en la República Islámica de Irán, la prevalencia de trastornos relacionados con el consumo etílico puede alcanzar al 10% de los varones jóvenes, según determinadas regiones. Sin embargo, la dependencia es notablemente inferior, alrededor del 0.2%.

Nos llama la atención que las autoridades sanitarias iraníes han de lidiar con otro tipo de dependencias, pues detentan en sus lares las tasas mundiales más elevadas respecto al consumo de opiáceos. Actuaciones específicas para la deshabituación con metadona y buprenorfina atienden a medio millón de prójimos, y los programas de reducción de daños, que promueven el libre acceso a jeringas desechables, han disminuido la incidencia de infecciones como VIH, hepatitis B y C. 

Terminamos como comenzamos. Don Vito Corleone, gánster a la antigua usanza, se lucraba con los negocios del juego, el alcohol y la prostitución. Sin embargo, el tráfico de drogas en sus áreas de influencia estaba totalmente vetado. Las normas son las normas.


24 noviembre 2014

ALGO FALLA



Un viejo amigo, de vuelta a casa tras una prolongada estancia en el extranjero, se ha sorprendido por la cantidad de personas presentes en los hospitales y en los centros de salud de Ourense. 

Durante la última semana, se ha fraguado esta particular opinión tras acompañar a su anciana madre por la consulta de diferentes médicos. Incluso ha sido capaz de reconocer, en tan poco tiempo, rostros familiares entre los que cada día aguardan su turno en las salas de espera. 

Hemos platicado de los pacientes denominados “hiperfrecuentadores”, los que acuden a la consulta de su médico de familia en más de 12 ocasiones al año, es decir, 10 veces más que el resto. Su porcentaje no es nada desdeñable, un 20 - 25% del total. Para obtener una visión más real de problema calculamos que en una consulta de atención primaria a la que diariamente acuden 40 pacientes (unos 200 a la semana, unos 800 al mes), entre 160 y 200 repiten visita, constantemente.

¿Cómo es esto posible?, se pregunta este paisano, acostumbrado a pagar por cualquier emanda sanitaria en su país de destino. ¿Será porque aquí todo es gratis?... 

Me lleva un tiempo explicarle que lo de gratis es relativo, y que el sistema de salud público español lo pagamos entre todos los contribuyentes, a partir de nuestros impuestos. La explicación más plausible para justificar este ansia de citas médicas podría esconderse tras lo que algunos expertos denominan somatizaciones, dolores físicos provocados por cuadros de ansiedad o depresión. 

Resulta que España, después de Portugal, es el país europeo que más ansiolíticos consume. Parece ser que el nivel de tolerancia a la frustración es muy bajo entre nuestros prójimos, y que cualquier situación adversa en la vida, desde una ruptura de pareja hasta la pérdida de un familiar, dispara el consumo de estos medicamentos.

Además de su desesperación personal, el gasto sanitario generado por los usuarios hiperfrecuentadores se dispara, pues se multiplican los análisis y las pruebas, casi siempre con resultados inespecíficos, destinadas a diagnosticar sus patologías. Tampoco resulta extraño que estos pacientes consuman más fármacos que la media. Estudios realizados en países anglosajones han llegado a responsabilizarles del 10% del gasto sanitario total de un país desarrollado. 

Los problemas sociosanitarios, especialmente en las personas más mayores, asimismo representan una causa frecuente y constante de consulta, contrariedades para las que en muchas ocasiones no existe un tratamiento médico específico.


Bien por haber emigrado a un país donde la mayoría de la población se concentra en las primeras décadas de la vida, bien porque en aquellos pagos la visita al médico cuesta demasiado dinero, mi amigo continúa sorprendido con la situación que vivimos en Ourense. 

Quizás la solución pase por dedicarles más tiempo a estos pacientes, en unas consultas masificadas, la pescadilla que se muerde la cola, porque 5 minutos apenas sirven para escuchar sus quejas y para confortarles, porque no todo en la vida son pastillas, intervenciones quirúrgicas, prótesis, marcapasos o resonancias magnéticas.

15 noviembre 2014

A ESMORGA



Hoy se inaugura la 19ª edición del OUFF, el Festival de Cine de Ourense. Se ha creado mucha expectación por el estreno de “A Esmorga” (Ignacio Vilar, 2014), una nueva versión de la novela de Eduardo Blanco Amor, descarnada crónica de una jornada vertiginosa de desenfreno y tragedia. 

Cada día, la mirada de metal fundido de Don Eduardo se recrea en el sol que se oculta tras el monte del Seminario, mirada clara, intemporal, como la del gordo “Buck” Mulligan, que desde la Torre Martello ofrecía al Universo un cuenco con espuma de jabón de afeitar, frente al mar verde moco irlandés, envuelto en una lustrosa bata amarilla. 

“A Esmorga” de Blanco Amor tiene en común con el “Ulyses” de James Joyce el relato minucioso de la vida de unos personajes durante 24 horas de su existencia. En Ourense, a modo de Bloomsday, existe un roteiro literario para conmemorar los pasos de aquellos tunantes de ficción, señalizado mediante 8 coloreadas placas de cerámica de Manolo Figueiras, desde la Avenida de Zamora hasta la Alameda, la última cercana al lugar donde precisamente hoy se erige la estatua de Blanco Amor. 

En 1977, el prestigioso cineasta Gonzalo Suárez se atrevió con esta misma obra. La película se tituló “Parranda” y contó con elenco de consagrados actores españoles, alguno de ellos ya desaparecido, como el inefable Antonio Ferrandis, que de “Mil Hombres” pasó a “Chanquete” gracias a la magia de la televisión. José Sacristán fue “Cibrán” y José Luis Gómez “El Bocas”. La actriz argentina Marilina Ross, catapultada a la fama como protagonista de “La Raulito” (Lautaro Murúa, 1975) encarnó a la desdichada “Socorrito”. Ahora, en 2014, Miguel de Lira, Karra Elejalde y Antonio Durán “Morris” se han metido en la piel de “Cibrán”, “O Bocas” y el taimado “Milhomes”, al que también dio vida en 1997 mi querido y admirado Sergio Pazos en la pequeña pantalla.

Considerando la cinta de Gonzalo Suárez y la novela original de Blanco Amor, en MEDYCINE nos permitimos un sencillo ejercicio médico matemático consistente en calcular la cantidad de alcohol que los esmorgantes fueron capaces de trasegar en su disparatada jornada. 

Comenzaron el día con albor en la taberna de la Tía Esquilacha con 2 ó 3 jarros de vino de 2 netos cada uno (un neto equivale a medio litro) y un cuartillo de aguardiente (más o menos también medio litro), “para curarse el catarro”, pasando por infinidad de botellas de vino, aguardiente, licor café, anís escarchado, litros de queimada en el pazo de O Castelo, donde las canadas (recipiente de latón capaz de albergar unos 4 litros) pasaban de mano en mano hasta completar una cantidad cercana a los 24 litros de alcohol repartidos entre aquellas gargantas sedientas, para finalizar con más botellas de licor y vino añejo dispuestas sobre las mesas de la Casa dos Andrada y que sirvieron para nublar el sentido de O Bocas, un alcohólico con un más que probable trastorno de la personalidad antisocial, le llevaron a cometer un crimen atroz que desencadenó el infortunio para él y sus borrachos camaradas. 

Y que, como en otras ocasiones parecidas, sostiene el obstinado Aloysius que la conciencia es soluble en alcohol.

09 noviembre 2014

CONGELADOS


Por fin ha llegado el otoño, convocando la lluvia sobre nuestros cristales. A partir de ahora, como la meteorología no va a ayudarnos demasiado, me temo que el contumaz Aloysius se dejará caer con mayor frecuencia por mi humilde morada. La otra tarde, sin ir más lejos, apareció con un curioso folleto de una empresa dedicada a la criogenización, encargada de exponer a personas o animales a condiciones de un frío tan intenso que permitan preservar su cuerpo para reanimarlo en un futuro.

Sensu stricto, estaríamos hablando de una especie de resurrección, pero en tiempos más propicios. Inicialmente, estas técnicas fueron proyectadas para criopreservar a determinadas personas, generalmente multimillonarias y desahuciadas por la medicina actual, a la espera de que los avances de la ciencia permitieran obtener un tratamiento eficaz para sus enfermedades incurables. Ciertamente, estaríamos ante un proceso de selección artificial de algunos que, no resignándose al final de sus días, buscaran en el futuro la inmortalidad.

Desde el punto de vista científico, este tema me resulta fascinante. En realidad, estos procedimientos se están realizando ya para preservar óvulos y embriones. Representan un paso de gigante en el desarrollo de las técnicas de reproducción asistida. El polifacético Carl Djerassi, más conocido como el padre de la píldora anticonceptiva, ha vaticinado para la primera mitad del siglo XXI un mundo más preocupado en mejorar sus tasas de fertilidad que en inhibirlas. Hace muy pocos días, la mecha de la controversia se encendía una vez más cuando Apple y Facebook propusieron a sus trabajadoras retrasar la maternidad haciéndose cargo las empresas de la costosa vitrificación de ovocitos, un proceso de criopreservación que impide la formación de cristales de hielo que puedan dañar tan valiosas células germinales femeninas.

Independientemente de cuestiones éticas y morales, que a buen seguro cambiarán a medida que ciencia y sociedad avancen, el deterioro molecular provocado por las bajísimas temperaturas y la falta del oxígeno necesario para los tejidos, representan en la actualidad serios hándicaps para la criogenización de órganos de mayor complejidad e incluso de prójimos enteros. Pero, en realidad, ¿quién sería criogenizado, un individuo moribundo pero todavía vivo o un verdadero cadáver? ¿quedaríamos a la espera de un futuro tratamiento eficaz para curar a un enfermo o en realidad, utilizaríamos esta hipotética habilidad para resucitar a los muertos?


El anhelo de inmortalidad ha acompañado a los seres humanos desde el mismo momento en que fuimos conscientes de nuestra propia caducidad como seres vivos. Por el momento, los que saben mucho de estas cuestiones se decantan más por conseguir una longevidad saludable, hecho que no parece tan lejano, más que por resucitarnos en un mundo y tiempo venideros para los que todavía no estamos preparados, ni siquiera regresando medio congelados del silencioso mundo de los muertos.