CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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21 junio 2013

COLESTEROL MALO




Sostiene el dicotómico Aloysius que existe dos tipos de prójimos: los que van al médico y los que no. Dentro de los primeros, establece una clara y sencilla división: los que hacen caso de la indicaciones facultativas y los que no. Dentro de los pacientes obedientes, también diferencia otros dos subtipos: los que regularmente toman sus medicinas y los que no. 

Al final, resume todas estas dualidades en usuarios del sistema sanitario que necesitan fármacos o no… Pero ¿qué hacemos con aquellos que no necesitando medicamentos deciden tomarlos? ¿Es lo mismo que un sujeto sano ingiera píldoras con aportes adicionales de vitaminas, que un culturista consuma anabolizantes, que un deportista se dope, que se le administren hormonas a mujeres sanas para retrasar su proceso natural de menopausia, que un varón demande el uso lúdico de esas populares pastillas que todo el mundo conoce contra la disfunción eréctil, o que una mujer, rebosante de salud pero en edad fértil, necesite la prescripción de píldoras anticonceptivas? ¿Resultaría ético negarle asistencia médica a un diabético que hace caso omiso de las recomendaciones terapéuticas y ni siquiera respeta la dieta? ¿Resultaría aceptable no prescribirle a un paciente bronquítico crónico los inhaladores que necesita para poder seguir respirando malamente porque no le da la gana (o no es capaz) de dejar de fumar cigarrillos? ¿Y si a un prójimo o prójima le vedamos el tratamiento para curarse, por ejemplo, unas purgaciones (u otras enfermedades más graves de transmisión sexual) porque mantiene contactos carnales de riesgo sin la debida protección de los preservativos? ¿Son los drogodependientes y los alcohólicos pacientes o enfermos, o debemos considerarlos, como en el siglo XIX, unos viciosos que sólo viven para mantenerse en un estado constante de ebriedad? 

Todas estas cuestiones forman parte del eterno debate sobre fármacos y necesidad. Un ejemplo. A propósito del TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) se ha suscitado una polémica muy reciente. Parece ser que el Dr. León Eisenberg, el psiquiatra que descubrió esta controvertida patología, confesó 7 meses antes de fallecer que se trataba de una enfermedad ficticia. Sin embargo, el Dr. Rojas Marcos, prestigioso investigador y Profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, ex - presidente ejecutivo del Sistema de Salud y Hospitales Públicos neoyorkinos, ha solicitado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la declaración del Día Anual de Sensibilización sobre el TDAH, mucho más prevalente en los Estados Unidos que en Europa. 

Para rematar esta controversia, el otro día escuché decir a un experto que los niveles idóneos de LDL-C, el colesterol malo, el responsable de infinidad de muertes por patología cardiovascular, deberían aproximarse a los que tenemos durante los primeros años de nuestra vida. Existiendo hoy potentes fármacos capaces de reducir en nuestra sangre los niveles del colesterol pernicioso, me pregunta el contumaz Aloysius si, aun estando completamente “sanos”, ¿deberíamos tomar estos medicamentos para conseguir niveles de LDL-C por debajo de los 70 mg/dL para prevenir el desarrollo de futuros infartos de miocardio o ictus cerebrales?

15 junio 2013

LA DIABETES Y SUS APLICACIONES




No se dejen confundir por el título. Hoy no vamos a tratar sobre ninguna aplicación patológica, considerando literalmente el concepto de este término, sinónimo de utilidad y servicio, pero también de cuidado, esmero, adorno y ornamentación. Vamos a referirnos a las “apps”, abreviatura de la palabra inglesa “application”, sencillos y dinámicos destinados a los usuarios de los nuevos dispositivos de comunicación (celulares de última generación o tabletas) y que nos permiten descargar desde juegos, conexiones a las redes sociales hasta el último grito en mensajería. 

Los que saben de estas cuestiones afirman que en 2009 ya existían unas 60 apps relacionadas con la diabetes, y que su ritmo de creación se incrementa exponencialmente apenas 4 años después. El utópico Aloysius está encandilado con las nuevas tecnologías y su aplicación en Telemedicina. Está convencido que la profesión de médico tiene fecha de caducidad, y no solamente porque el número de médicas dobla al de sus compañeros masculinos, sino porque en un futuro muy cercano cualquier paciente podrá consultar sus problemas con un robot o un ordenador. Es problema de dinero, no de tecnología. 

Las aplicaciones móviles ya están disponibles tanto para los profesionales como para los pacientes y familiares, esos modernos usuarios de nuestro sistema sanitario. El otro día cayó en mis manos una información sobre las apps más populares sobre la diabetes, la plaga del siglo XXI. Comentaremos brevemente algunas que se descargan gratuitamente. Los médicos disponemos, por ejemplo, de una aplicación creada por la prestigiosa ADA (American Diabetes Association), que nos permite acceder a los estándares de calidad para el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes diabéticos, basada en las evidencias científicas más recientes. También es gratuita la descarga para el acceso inmediato a las publicaciones de esta sociedad científica, incluyendo artículos científicos, noticias, vídeos, imágenes y material complementario. 

Por poco más de un dólar canadiense, el valor simbólico cobrado por los descubridores de la insulina al ceder a la humanidad los derechos de esta singular terapia, también podemos descargarnos la aplicación “Diabetes Pharma”, que recomienda la idoneidad de un tratamiento u otro según las cifras de hemoglobina glicosilada y el peso de nuestros pacientes, considerando el riesgo de hipoglucemias o efectos secundarios adversos, e incluyendo además las instrucciones para insulinizar a este tipo de enfermos. Por cierto, esta aplicación en Made in Spain, desarrollada por un grupo de sanitarios de Extremadura y que a finales del 2012 ocupó durante 2 semanas el primer puesto del ranking mundial de apps médicas. 

Pero también existen interesantes apps para diabéticos: diarios interactivos de glucemias que facilitan el autocontrol de la enfermedad, y llegado el caso, el tratamiento insulínico, recetas específicas, con sus tablas calóricas, y programas para la configuración del ejercicio físico. 

Sostiene Aloysius que pronto alguien diseñará la aplicación “White Coat”, Bata Blanca. No se trata del nombre de un gran jefe indio, sino del médico de familia virtual que nos atenderá desde nuestros propios teléfonos móviles. Gratis.

09 junio 2013

MAS ALLA DE DARWIN



Acontecidos los 150 años tras la publicación de “El origen de las especies”, la llama del debate sobre aquellas cuestiones dependientes de la biología evolutiva todavía se mantiene encendida. Comentábamos el otro día que, en el pasado de este planeta, varias especies humanas convivieron a la vez. Unas, superaron con éxito la prueba de la existencia; otras, sin embargo, desaparecieron de la faz de la Tierra engullidas por la noche de los tiempos. Eso hecho, que hoy parece irrefutable, parece que volverá a repetirse en un futuro no muy lejano. 

Y es que una vez descifrado el genoma humano, siendo capaces ya de leer la información albergada en nuestros genes, no parece imposible que podamos atrevernos también a escribir modificando este código, añadiendo todos los fragmentos que nos parezcan oportunos. De hecho, éste experimento ya se ha llevado a cabo, diseñando por ejemplo bacterias sintéticas, microorganismos artificiales.

Hace poco tiempo escuché una entrevista con Juan Enríquez, antiguo socio del controvertido Craig Venter en la empresa Synthetic Genomics, quien ya en el 2009 vaticinaba la llegada del Homo evolutis, un posible sustituto del actual Homo sapiens en este planeta y, por qué no, en otros de esta misma galaxia. Para esta visionaria personalidad científica y exitoso hombre de negocios, el ser humano se estaría ya moviendo al margen de las restricciones de la evolución darwiniana. Al contar con la capacidad de modificar nuestro entorno a conveniencia, para bien y para mal estamos dirigiendo el camino evolutivo de otros series vivos que hasta ahora compartían con nosotros este mundo, léanse virus, bacterias, plantas, e incluso animales. El siguiente paso no resulta difícil de adivinar. 

Los cambios y avances en la reproducción humana, por poner un ejemplo, hace tiempo que provocaron modificaciones en las normas éticas que parecían inmóviles en nuestra sociedad hasta hace tan solo unas pocas décadas. La clonación celular, reproductiva y terapéutica, comenzará a abrir las puertas a campos de conocimiento hasta ahora solamente imaginables. Y las nuevas necesidades generarán nuevos derechos. Y nuevos sistemas económicos. 

Pero en el campo de la bioética, no todo se reduce a mirar con esperanza y a la vez con temor al futuro. El psicólogo e investigador holandés Frans de Waal acaba de destapar una vez más la caja de los truenos con la publicación de su nuevo libro, “El bonobo y el ateo”, en el que trata de sentar las bases del comportamiento moral de la socialización humana habiendo rastreado previamente las mismas en nuestros parientes más cercanos, los primates no humanos. La bomba ha estallado: la moral humana no debería buscarse en las religiones y filosofías antiguas, sino en el comportamiento de los primates, que toman las decisiones necesarias sobre jerarquía y comportamiento capaces de asegurar su superviviencia sin otro tipo de imposiciones de las creencias. 

Para De Waal esto es válido incluso para nuestros humanos prehistóricos antecesores. Me pregunta Aloysius si lo será también para los venideros Homo evolutis. Y yo me callo.


02 junio 2013

DOWN TOWN




Revolviendo en la colección de curiosidades que atesora bajo llave el desconfiado Aloysius, me topé con un viejo video en blanco y negro, el protagonizado en 1964 por Petula Clark, en el que interpreta su popular canción encumbrada a los primeros puestos de las listas de éxitos de Gran Bretaña y Estados Unidos. Cuando los problemas te agobien, todo lo bueno estará esperando por ti, en el moderno centro de la ciudad, en el downtown: sus luces son allí más brillantes, y podrás bailar con ellas al ritmo de la bossa nova… Un paisaje urbano armonioso, feliz, ideal… 

Jugando con las palabras, divertimento al que es tan aficionado nuestro incondicional amigo, una noche soñó con una maravillosa ciudad en la que todos sus habitantes tenían el síndrome de Down, un trastorno genético causado por la presencia de una copia extra en el cromosoma 21. 

El 15 de julio de 2008, en el blog Medycine, especializado en el estudio de las películas desde el punto de vista médico, veía la luz un comentario sobre “León y Olvido” (Xavier Bermúdez, 2004), film acaparador de múltiples y sonados galardones. Centrado en la historia de dos hermanos, uno de los cuales, León, se enfrenta a la vida desde esa peculiar atalaya que supone tener un síndrome de Down, tiene como protagonista al actor novel Guillem Jiménez, que cosechó por este papel la alabanza unánime de la crítica. Además, esta película contaba también con Marta Larralde, la inolvidable Olvido, la tenaz luchadora hermana del protagonista, y con la banda sonora obra del polifacético músico y compositor ourensano, Coché Villanueva. Aprovechando la circunstancia, el artículo del blog medycinético repasaba otra serie de películas cuyos argumentos giran en torno de tan particular patología. 

En diferentes ocasiones, hemos podido disfrutar de una gratísima experiencia personal al compartir diferentes facetas la vida de tantas personas con síndrome de Down, con sus familiares, amigos y educadores, con la asociaciones encargadas de su promoción social y de su inserción laboral. Siempre ha habido alguno que nos ha sorprendido por su simpatía, sus excepcionales cualidades deportivas y su enorme humanidad.

Hace tan solo unos días, los medios de comunicación se hacían eco de una desafortunada noticia: al parecer, algunos establecimientos de una cadena hotelera habrían rechazado en sus instalaciones el alojamiento de personas con síndrome de Down, alegando que con su algarabía podrían molestar a otros huéspedes de vacaciones. A las pocas horas, los máximos responsables de la empresa publicaron una nota de prensa desmintiendo tal información. Los chicos y chicas con síndrome de Down que participaron en el programa de televisión “Con una sonrisa”, donde demostraban su adaptación y profesionalidad al desempeñar diferentes puestos dentro de la plantilla de un hotel, lideran una campaña en las redes sociales para que la cadena hotelera en cuestión contrate a trabajadores afectados por este síndrome, un paso más hacia su justa y completa integración social. 

Porque Down es solo un apellido, el del médico británico que describió por primera vez los rasgos de tan singular patología, y “Downtown”, el título de aquella canción de Petula Clark, y los hechos son siempre más que palabras.

23 mayo 2013

EXPERIMENTACION CON ANIMALES




Cuando pulsé el timbre del portero automático, escuché al poco rato la voz del taciturno Aloysius, preguntando quién era al otro lado del aparato. Para no molestarse en abrir dos veces la puerta de su casa, suele de paso dejarla entreabierta. En la mayoría de las ocasiones, al entrar, nuestro saludo se queda perdido flotando en la penumbra de los pasillos. Como fondo musical, reconocí la 5ª Sinfonía de Mahler. Sin lugar a dudas, se estaba gestando una nueva crisis de melancolía...

Tendió hacia mi el recorte de un periódico nacional que informaba sobre los pequeños animales enviados al espacio por la agencia espacial rusa, hace apenas unas semanas. Los componentes de esta misión, bautizada como Bion–M, ratones, jerbos, lagartos, caracoles…, retornaron a la Tierra en una cápsula después de mantenerse orbitando 30 días alrededor de nuestro planeta. 

Fallos en los equipos, dentro de las lógicas previsiones de los investigadores, fueron los responsables de la muerte de la mitad de los ratones y de la totalidad de los jerbos. Los supervivientes serán ahora enviados a varios laboratorios para estudiar los efectos provocados en ellos por la ingravidez prolongada y las radiaciones ionizantes, hechos por otra parte de sobra constatados en animales y también en humanos, tras décadas de misiones espaciales y la permanencia de decenas de astronautas durante varias semanas suspendidos en el vacío de nuestro Universo más cercano. 

A nuestro juicio, lo más destacable de la misión Bion–M han sido unas placas de basalto dotadas con diferentes esporas bacterianas e incorporadas al fuselaje de la cápsula. El estudio de lo ocurrido con estos microorganismos servirá para corroborar o no la teoría de la Panspermia, defensora de que la vida pudo llegar a nuestro planeta viajando a bordo de cometas o meteoritos que se estrellaron contra la primitiva Tierra, hace millones de años. 

Retomando la inútil masacre de animalitos, nos encontramos ante otra más de las muchas que se producen diariamente en los denominados laboratorios de experimentación, en estériles investigaciones que poco o nada aportan al avance científico; más bien al contrario, y entre ellos incluyo a muchos trabajos de investigación médica.

Para completar la tarde, decidí investigar en el cuarto de baño de Aloysius. Para mi sorpresa, me topé con dos envases de gel de baño, adquiridos en una macrosuperficie comercial ourensana, en los que figuraba claramente la leyenda “Dermatológicamente testado. Producto no testado sobre animales”. Su fabricante era español...

Existe en Internet profusa información sobre las multinacionales que comercializan infinidad de productos previamente experimentados con animales, en la mayoría ocasiones tras causarles graves trastornos y dosis de un dolor innecesario y cruel. Algunas de ellas, viendo peligrar sus ventas en una sociedad cada vez más concienciada, han prometido abandonar estas prácticas durante este mismo año. 

Pero, además de con animales, varias han experimentado también en países subdesarrollados, a cambio de importantes cantidades de dinero, empleando cobayas humanas. Queden estos datos para la reflexión. Silencio. La 5ª de Mahler ha dejado de sonar. Ahora escuchamos “Laika”, de Mecano…



18 mayo 2013

CLONA, QUE ALGO QUEDA




Sostiene Aloysius que las últimas noticias sobre los avances en la clonación le han obligado a repasar diversas cuestiones relacionadas con la reproducción asexual y con la bioética que tenía aparcadas bajo una pila de libros y papeles. De nuevo ha recordado toda una serie de interesantes cuestiones y acalorados debates. 

En el reino animal, existen procedimientos que permiten la creación de nuevos seres sin la intervención de un padre y una madre, o mejor dicho, de los gametos o células sexuales procedentes de los progenitores, capaces de engendrar un nuevo ser. Las esponjas y las estrellas de mar, o cierto tipo de gusanos, pueden reproducirse sin tener que recurrir al sexo. 

En la especie humana, los gemelos univitelinos se generan por la división no sexual del huevo o cigoto, siendo toda la camada idéntica y del mismo sexo, pues todos estos individuos proceden de la unión del mismo óvulo y espermatozoide, y por supuesto, comparten idéntica carga genética. Nos encontramos ante verdaderos clones naturales. Los clones son copias del mismo individuo. 

El temor a la clonación en humanos se basa en el temor a un posible uso malicioso que de este procedimiento pudieran hacer determinados gobiernos totalitarios, exactamente tal y como ocurre, por ejemplo, con la energía nuclear. Una vez más, nos enfrentamos a la paradoja del cuchillo, instrumento que sirve tanto para cortar pan como para acabar con la vida de un semejante. 

En la experimentación, la bioética es la encargada de establecer premisas y barreras. Las reticencias a la clonación estaban determinadas por el empleo de células madres obtenidas a partir de embriones desarrollados exclusivamente para la investigación. Estas células madre pueden ser totipotenciales, capaces de generar completamente un nuevo individuo, tal y como ocurre en el caso de los gemelos univitelinos que anteriormente mencionábamos, o bien pueden ser pluripotenciales, capaces de generar la mayor parte de nuestros tejidos (piel, músculo, sangre, neuronas…), pero también tumores. La frontera entre unas y otras se establece en el paso de mórula a blástula, es decir, en la transformación y desarrollo de una pequeña pelota de 16 células embrionarias con capacidad de diferenciación. 

Pues bien, la clonación permite conseguir células madre embrionarias casi idénticas a las de un embrión gestado naturalmente, pero creadas artificialmente en un laboratorio, a partir de la transferencia del núcleo (con todo su material genético) de una célula adulta (en este caso de la piel) a un óvulo sin fecundar. 

Desde la aparición de la famosa oveja Dolly, obtenida mediante clonación reproductiva, estos procedimientos se han ido desarrollando progresivamente en nuestros laboratorios, con mayores o menores dificultades y éxito. En realidad, de lo que estamos ahora hablando es de la clonación terapéutica, destinada a la obtención de líneas celulares capaces de reemplazar a aquellas otras dañadas por patologías como la diabetes, el Parkinson o muchas otras enfermedades neurodegenerativas. 

La pregunta sería entonces: teniendo la seguridad y el conocimiento necesarios para curar de esta manera tantas enfermedades, ¿sería ético no emplear estas células madre obtenidas sin utilizar embriones? El debate está servido.

15 mayo 2013

CUERDAS Y CLAVIJAS




El 14 de mayo de 2013, tras el acorde final del concierto de Pat Martino en el Café Latino de Ourense, algunos de los espectadores sufrieron la tentación de comparar la magnífica actuación que acababan de disfrutar con la protagonizada la noche anterior, sobre el mismo escueto escenario, por el guitarrista neoyorkino Mark Whitfield. Poco o nada que ver, como las clavijas y las cuerdas, dos partes bien diferenciadas de la guitarra, cada una con su función específica, ambas imprescindibles para que el sonido fluya en toda su plenitud a partir del popular instrumento.

Ambos artistas tienen en común haber trabajado junto al excepcional pianista y organista Jack McDuff, al que el veterano guitarrista de Filadelfia dedicó uno de los temas postreros de su repertorio ocasional. A su vez, George Benson, considerado el mentor de Whitfield en sus inicios profesionales, compartió también uno de sus álbumes con “Brother” Jack McDuff. Por si no fueran suficientes las coincidencias, Whitfield y Martino lideraron sendos tríos de guitarra, batería y órgano Hammond, eso sí, con desigual efectividad en los teclados (un tanto a favor de Pat Bianchi) y un honroso empate técnico en las baquetas, entre el tarraconense Esteve Pi y Carmen Intorre, un joven y poderoso percusionista dotado de un hermoso nombre de mujer y con la potencia indómita de un martillo hidráulico.


Además, el hard bop se acicaló con estéticas bien distintas. Cabellera alba y peinada la de Martino, casi 70 años a la espalda, de aspecto frágil y delicado de salud, vistió una impecable americana, una camisa blanca y una corbata oscura, calzando las botas camperas que apenas parecían sostener su figura enjuta. Whitfield, musculoso y cincelado, lucía una camiseta negra que terminó completamente empapada, acodado sobre el mástil de su guitarra sorteando como un buen púgil fajador una velada completa de soul jazz saturada de complicados scherzos melódicos.

Confieso mis preferencias. Me quedo con Martino, con su “Blue Bossa Nova”, con este primer concierto suyo en Auriavella culminando alrededor de la media noche, recordándonos al grande Thelonius Monk, mientras las notas que brotaban de su guitarra negra se mecían en el ambiente, oscilantes, revoloteando de un lado para otro, en una genial recreación del “All Blues” del colosal Miles Davis. Por algo Pat Martino aprendió a tocar la guitarra dos veces en una misma vida.


11 mayo 2013

REDES SOCIALES Y MEDICINA



Resulta evidente que la mayoría de nosotros utilizamos las redes sociales de manera cotidiana. En el sentido más amplio, comprar unas entradas para un concierto a través de Internet o conversar mediante las aplicaciones y la mensajería de nuestros teléfonos y ordenadores se ha convertido en algo inherente a nuestra existencia. ¿Cómo podíamos vivir antes sin todos estos avances en las comunicaciones? A los más jóvenes podrá parecerle increíble, pero muchos sobrevivimos en este planeta antes de Internet, la web 2.0 y las apps para los móviles. 

Sostiene Aloysius que en el espacio de un diminuto microchip hoy en día cabe el saber enciclopédico de la humanidad. Las apuestas para dirimir discusiones culturales ya no tienen el aliciente de antaño, por culpa de Google. Cada día tengo menos claro cómo va a terminar esta fascinante aventura. Quizás no finalice nunca, y todo esto siga creciendo hasta el infinito, de forma exponencial. Probablemente, en unas pocas décadas, nuestra sociedad cambiará tanto que cuando los recién nacidos actuales se jubilen, nuestro mundo será completamente distinto.

Por supuesto, todo aquello relacionado con la medicina tampoco ha podido mantenerse al margen de tanta vorágine. Desde hace unos años, en la relación clásica entre médico y pacientes, resulta habitual que me consulten dudas previo asesoramiento en Internet. En aproximadamente 0.18 segundos, Google es capaz de encontrar 73.2 millones de resultados sobre la palabra “enfermedad”, y en 0.30 segundos, 552 millones sobre la palabra “salud”. Aquí, como en los western, los buenos ganan por goleada. 

Pero dejando a un lado el uso lúdico de la red de redes, es cierto que los profesionales de la medicina utilizamos cada día más las medios de comunicación sociales para la relación con nuestros compañeros y también con nuestros pacientes. Los grupos y las comunidades de pacientes están proliferando en las redes sociales. La historia clínica informatizada, aunque siempre mejorable, ha supuesto un avance en la atención primaria y especializada de salud. Existen sencillas y variadas aplicaciones para los teléfonos capaces de mejorar la calidad de vida de los enfermos y ayudar a sus cuidadores y familiares.

Pero estos geniales instrumentosde comunicación, como algunos cuchillos, tienen doble filo. Conozco el ejemplo protagonizado por un residente de cirugía norteamericano, que durante una intervención grabó con su móvil a un especialista insertando un tubo en la garganta de un paciente cuyo rostro era totalmente visible. Posteriormente, colgó ese vídeo doméstico en YouTube, en un foro destinado a médicos en prácticas. 

Además de las consideraciones éticas, este tipo de actuaciones involuntarias y desprovistas de toda malicia, llegada la ocasión pueden acarrear incómodas implicaciones jurídicas. Los que saben mucho sobre estas innovadoras cuestiones recomiendan siempre la máxima cautela respecto a la confidencialidad, el anonimato, el consentimiento expreso del paciente, la discreción y un exquisito respeto en la relación médico – paciente.





06 mayo 2013

ENFERMEDADES DE HOMBRES



Tiene el inefable Aloysius guardada bajo llave una colección de imágenes del pasado: sellos, fotografías, postales, recortes de periódicos… Un auténtico catálogo sociológico que le permite entender por qué los seres humanos reaccionamos de determinada manera, en determinadas ocasiones. Afirma que no necesita explorar nuestros cerebros, a la usanza de científicos e investigadores. Sostiene que es capaz de vaticinar cómo nos vamos a comportar con tan sólo observar lo que comemos, lo que cantamos, lo que tiramos a la basura, todo aquello que nos irrita, nos conmueve o nos emociona. 

Ahora está completando su colosal recopilación con vídeos cortos que cada día descubre en Internet. La otra tarde me mostró un corte publicitario de los años 70, donde una muchacha rubia cantaba aquello de “Soberano, es cosa de hombres”, acompañándose por una guitarra. Algunos crecimos en una sociedad especialmente machista, en la que llorar y jugar con muñecas era cosa de niñas, y jugar al fútbol y tomar copazos de coñac era cosa de hombres. Cuestión de estrógenos, progestágenos y testosterona. Por fortuna, los tiempos han ido cambiando, aunque muchas mujeres continúan todavía luchando para conseguir la igualdad. Lo vemos cada día, mirando a nuestro alrededor.

Pero las diferencias biológicas entre ambos sexos propician que en Medicina se estudien por separado las enfermedades específicas de la mujer bajo especialidades tan importantes como la Obstetricia y la Ginecología. En contrapartida, hay quien habla también de Andrología, centrándose en el estudio de todos aquellos trastornos relacionados con las funciones sexual y reproductiva masculina.

En los 60, también acompañado por una guitarra, cantaba Bob Dylan que los tiempos estaban cambiando, una canción protesta de cuyas polémicas intenciones no ha conseguido escapar ni su propio autor. En Medicina, la visión sobre las enfermedades del hombre también han ido cambiando. En nuestra cultura y sociedad, la disfunción eréctil y la patología de la próstata han dejado de ser temas tabú, quizás porque su tratamiento aporta a la industria farmacéutica notables beneficios. La creciente publicidad en los medios está ahí para constatarlo. 

Pero también existe un transfondo no comercial que ha servido para concienciar a los hombres sobre las ventajas de la prevención de estas enfermedades. Diversos estudios han relacionado la disfunción eréctil con el daño provocado en el aparato vascular varones diabéticos, hipertensos o con cardiopatía isquémica. Hay incluso quien se ha atrevido a señalar la disfunción eréctil como un síntoma precoz que nos alerta sobre ciertas patologías cardiovasculares. 

Otro tanto podríamos decir sobre la conveniencia de visitar al médico de familia o al urólogo ante los síntomas relacionados con la función sexual y urinaria masculina, sobre todo a partir de los 50 años. Al fin y al cabo, prevenir las enfermedades cardiovasculares y la patología de la próstata, como el Soberano, también debe ser cosa de hombres.

28 abril 2013

HEMOFILIA




Sostiene Aloysius que, por suerte o desgracia, prácticamente cada día del calendario recordamos una enfermedad. Y dice recordamos porque en estos casos los verbos celebrar o conmemorar son políticamente incorrectos. El pasado 17 de abril le tocó el turno a la hemofilia. Esta patología tiene una serie de particularidades. Estos pacientes padecen problemas de la coagulación: sangran más tiempo del normal y pueden presentar hemorragias espontáneas dentro de sus articulaciones, músculos y otros órganos.

Cuando sufrimos una herida, el primer paso de la coagulación de la sangre depende de nuestras plaquetas, células especializadas en el taponamiento de la brecha. En un segundo paso, se activan los factores de coagulación, proteínas encargadas de formas fibras para reforzar el coágulo y detener la hemorragia. En la hemofilia, algunos de estos factores están ausentes o son insuficientes, concretamente los denominados VIII ó IX. 

El 80% de los casos de la enfermedad se deben a alteraciones del factor VIII (hemofilia A); la causa del 20% restante es el déficit o la ausencia del factor IX (hemofilia B). De manera general, se trata de una enfermedad hereditaria, dependiente de los genes de los progenitores, pero con una particularidad, pues está ligada al cromosoma X. Decimos de manera general porque existe una forma esporádica de la enfermedad (30% de los casos) en la cual no existen antecedentes familiares y que se debe a mutaciones genéticas.

Por tratarse de un trastorno hereditario ligado al cromosoma X, durante muchos años se pensó que la hemofilia era una enfermedad exclusiva del sexo masculino, mientras las mujeres afectadas sólo podrían ser portadoras. Hoy en día, con los avances en el conocimiento de esta patología, se ha descubierto que algunas mujeres viven mucho tiempo con síntomas atenuados de la enfermedad si diagnosticar. 

La herencia clásica de esta patología nos ha enseñado que, los hijos varones de una pareja en la que el padre es hemofílico y la madre no portadora del gen de la enfermedad, no padecerán jamás la enfermedad. Sin embargo, toda la descendencia femenina siempre será portadora del gen de la hemofilia. Los hijos de estas mujeres portadoras, aunque sus padres no sean hemofílicos, tendrán un 50% de posibilidades de padecer la enfermedad. De ahí la importancia del asesoramiento genético y el diagnóstico prenatal.


Aunque es una enfermedad poco frecuente, con una prevalencia de 1 de cada 10000 recién nacidos vivos, estimaciones procedentes de la Asociación Ourensana de Hemofilia nos alertan de varias decenas de casos en nuestra provincia, personas que gracias al esfuerzo diario de los especialistas en Hematología y a la propia asociación pueden llevar una vida completamente normal. No existe la cura de la hemofilia, pero sí un tratamiento sustitutivo para los factores ausentes o defectuosos. Como en tantas otras enfermedades humanas, la prevención resulta esencial, evitando cualquier tipo de lesión que pueda provocar el sangrado y la afectación crónica de músculos y articulaciones.



19 abril 2013

CRÓNICAS MARCIANAS




Una vez más, ante mi exigua originalidad, solicito la indulgencia del lector. El título de la legendaria obra de Ray Bradbury nos sirve hoy para introducir unas cuestiones biológicas sobre la posible colonización humana del planeta rojo. 

Cabría atribuir al insaciable afán de conocimiento la aventura de habitar un mundo mucho más inhóspito que el nuestro, con temperaturas que oscilan entre los 87 y los 5 grados bajo cero y una superficie poblada por cráteres de impacto, volcanes y campos de lava, dunas de arena y cauces secos. En Marte no hay agua líquida, indispensable para la vida. Se especula que ésta pueda esconderse abundante en su subsuelo. Hace 2000 millones de años, múltiples cavernas marcianas habrían captado por filtración el agua procedente de la superficie, dejando las cicatrices de profundos canales en las rocas calizas. Marte disponía entonces de una atmósfera más densa que lo protegía del devastador efecto de las radiaciones cósmica y solar.

Mientras los ciclamores engalanan la primavera ourensana con su manto violáceo, Mars One, una empresa holandesa intenta reclutar voluntarios para la primera colonia humana en Marte. Se trata de una organización sin ánimo de lucro. Dispone de su propia página web (mars-one.com), por si alguien se anima a apuntarse, y esperan consolidar su presencia marciana en 2023. 

A falta del suficiente poderoso caballero don dinero, los beneficios aportados por el show televisivo que transmitiesen tamaña audacia podrían suponer una lucrativa fuente de financiación, desde el proceso de selección de los aspirantes, pasando por su necesario adiestramiento físico y psicológico, hasta el “amartizaje” y residencia posterior en Marte. Eso sí, los elegidos emprenderían un viaje sin retorno. 

Un periplo prolongado, de 7 a 8 meses, confinados en una nave de espacio limitado, con la consiguiente pérdida de masa muscular y ósea a pesar del indispensable ejercicio, provocaría efectos indeseables en la anatomía de los astronautas. Una vez instalados allá, la adaptación al campo gravitacional marciano, casi 3 veces inferior al terrestre, imposibilitaría la vuelta a casa. 

Los aspirantes a marciano deberían enfrentarse a varios problemas para su supervivencia: atmósfera rica en dióxido de carbono, sin apenas oxígeno, ausencia de agua líquida, por lo menos en la superficie del planeta, y una intensa radiación solar y cósmica capaz de provocar daños en su material genético, limitando la existencia de la vida en Marte a una profundidad superior a los 8 metros bajo su superficie. ¿Y cómo se reproducirían en esas condiciones? ¿Cómo ampliarían su descendencia? 

Para la terraformación marciana haría falta, en primer lugar, la importación de vida microbiana y vegetal capaz de generar el suficiente oxígeno capaz de dulcificar la atmósfera marciana. Sostiene el animoso Aloysius que por algo la bandera oficiosa de Marte tiene tres bandas verticales: roja, verde y azul. 

E intencionadamente, ha dejado sobre mi mesa un libro abierto por una página: “tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido”.


13 abril 2013

LA CULTURA DEL DESCONTROL




Los que saben mucho más que yo de todas estas cuestiones me enseñaron que la morbilidad y la mortalidad en las etapas adolescente y juvenil están provocadas, en la mayoría de las ocasiones, por factores conductuales y extrínsecos al propio individuo, como por ejemplo el consumo de alcohol y otras drogas, accidentes de tráfico o en el tiempo de ocio, violencia, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, fracaso escolar, trastornos de la alimentación, suicidios… No creo que estos hechos hayan variado demasiado en las últimas décadas.

Preservar la salud y prevenir la enfermedad en estas etapas tempranas de la vida, difieren de las medidas recomendadas desde el ámbito sanitario para otras edades.

El inquisitivo Aloysius está tratando de encontrar la justificación a determinados comportamientos de riesgo desarrollados por algunos jóvenes, más allá del mero interés por conocer o experimentar nuevas sensaciones al margen de la prudencia que nos enseña la experiencia. En este sentido, Jamie Derringer, investigadora de la Universidad de Minnesota, recientemente ha empleado una técnica para averiguar cuál es la genética que subyace en el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Para ello, seleccionó 8 genes con funciones relacionadas con la dopamina, un neurotransmisor vinculado al preciso deseo de probar nuevas experiencias. Y aunque resulta prematuro para establecer conclusiones definitivas, el equipo investigador encontró evidencias genéticas capaces de explicar el comportamiento humano, aunque sea parcialmente. Pero, la pregunta sin respuesta persiste: ¿hasta dónde llega la influencia de nuestros genes y hasta dónde alcanza la de nuestra sociedad y cultura?

Hoy traemos a colación estos argumentos para ilustrar una práctica moderna y preocupante: el “slimming”, tal y como comenzó a conocerse en los EEUU, donde se inició ante la existencia de diversas trabas legales destinadas a evitar el consumo alcohólico por menores de 21 años. El procedimiento resulta sencillo: se trata de empapar tampones en bebidas alcohólicas que a continuación son introducidos en la vagina o en el ano del consumidor. Obviamente, estas mucosas no están preparadas para el contacto continuado con el alcohol, lo que provoca lesiones locales y el incremento de infecciones. Pero, dadas las especiales características anatómicas de la región genital, el alcohol así absorbido pasa fácilmente a la sangre y los efectos embriagadores se consiguen de manera mucho más rápida. Al ser muy difícil calcular las dosis de alcohol empleadas, las intoxicaciones etílicas graves resultan mucho más frecuentes y peligrosas.

Por desgracia, en demasiadas ocasiones, unas prácticas de riesgo llevan a otras, consumiendo además otras drogas por estas vías, lo que multiplica el riesgo de accidente y enfermedad. Se me viene a la memoria aquella frase que siempre decía un amigo de juventud cuando se pasaba con el alcohol: tranqui tío, que ya controlo… Un accidente de tráfico segó su vida cuando apenas contaba 21 años. Un hermoso y joven cadáver que descansa en paz.