CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

Protected by Copyscape DMCA Takedown Notice Violation Search

28 septiembre 2013

MI CASA ESTÁ ENFERMA



Buenos días, doctor: mi casa está enferma; ¿qué puedo hacer por ella? Esta frase no pertenece a ningún guión cinematográfico o teatral. No es una ocurrencia de Woody Allen ni de los hermanos Coen. 

Y es que si la morada que ocupamos ha sido edificada sobre una bolsa de gas radón estamos apañados. Los neumólogos ourensanos nos lo advertían en una de sus últimas reuniones científicas. La relación de este elemento radiactivo con el cáncer de pulmón ha sido ampliamente contrastada. Sin alcanzar el dramatismo de esta enfermedad, sostiene Aloysius que algo similar ocurre cuando nuestra casa se alza sobre una corriente de agua subterránea. Y no precisamente por el riesgo de un derrumbe, sino por la radiación así acumulada. Lo mismo ocurre con las construcciones sobre fallas tectónicas y geológicas. Determinadas radiaciones y alteraciones electromagnéticas de las fuentes naturales podrían justificar síntomas como la cefalea y fatiga crónicas, variadas dolencias de tipo muscular e incluso problemas respiratorios.

Los materiales de construcción, desde una humilde teja hasta la más sofisticada y moderna pintura de interiores, deben garantizar en su composición la ausencia de elementos nocivos para la salud de los futuros habitantes de la vivienda. El empleo de elementos naturales y ecológicos (piedra, madera, fibras vegetales, ladrillos cerámicos…) ha de primar sobre plásticos, superficies lacadas, PVC, hormigón armado con mucho hierro o aditivos químicos sintéticos.

Las urbanizaciones son más habitables cuanto más alejadas se encuentren de las líneas de alta tensión y los transformadores de elevada potencia; de esta sencilla manera se minimizarían los efectos de la contaminación eléctrica. Conozco el caso de una señora que presentaba diversos problemas de salud porque la cabecera de su cama se apoyaba contra una pared por la que discurría una viga metálica, excelente conductora de electromagnetismo. No descartemos que parte del insomnio y del nerviosismo que nos acucian cada noche sean provocados por los elementos que comparten nuestro espacio vital (lámparas, televisores, radios, despertadores y otros dispositivos electrónicos) aun cuando permanezcan en estado latente mientras el astro rey no vuelve a iluminar nuestras ventanas.

La tradición arquitectónica, acumulada durante el transcurrir de los siglos, es buena conocedora las ventajas de una correcta orientación solar. Las construcciones en los países fríos disponen de amplios ventanales para aprovecha mejor la iluminación natural, además de los elementos aislantes necesarios para  conservar un ambiente cálido y confortable. 

La presencia de vegetación también tiene su importancia. La propia NASA ha demostrado el efecto purificador de las plantas de interior, capaces de eliminar en pocas horas más del 80% de algunas sustancias tóxicas ambientales, como el benceno y el tricloroetileno. 

Y es que nuestra casa es mucho más que cuatro muros y un techo. Ya lo cantaba el veterano y romántico Gino Paoli: “cuando estás conmigo, esta habitación no tiene paredes, sino árboles, árboles infinitos”.

23 septiembre 2013

LA GENOMICA Y EL PANADERO



Si fuera posible, que no lo es, me hubiera gustado conocer la opinión de Marco Virgilio Eurysaces sobre la utilidad que para su trabajo de panadero le hubieran supuesto los conocimientos actuales sobre la genómica del trigo y de otros cereales comestibles. 

Puestos a imaginar, como sabiamente nos recomendaba Don Álvaro Cunqueiro cuando afirmaba que “la verdad no es suficiente”, me gustaría poder probar hoy un pan horneado en la Ciudad de las Siete Colinas, elaborado con el mejor trigo recolectado en los confines del Imperio Romano, convenientemente triturado en los viejos molinos de la confluencia de Requeixo, Deorelle y Queixa, regatos que nutren el caudal del Río Navea. Por algo sostenía Cunqueiro que “una lengua es buena cuando sabe a pan… cuando sabe a pan fresco”.

Transcurridos 22 siglos desde el entierro del celebre panadero romano junto a su esposa Atistia, muy cerca de la Porta Maggiore de Roma, por encargo de un moderno Eurysaces nacido en Chandrexa de Queixa, yo, un humilde médico de familia, me atrevo a dirigirme a ustedes para hablarles de genómica. Espero su indulgencia perdonando semejante atrevimiento.

El pasado 25 de julio conmemoramos el nacimiento de Rosalind Franklin; si hoy viviera tendría 93 años. Esta biofísica y cristalógrafa inglesa, con su famosa Fotografía 51, contribuyó al descubrimiento de la estructura doble helicoidal del ADN, el código que contiene las instrucciones genéticas necesarias para el desarrollo y el funcionamiento de los organismos vivos y de algunos virus, el responsable último de la transmisión hereditaria. La historia posterior es conocida para todos, desde el Nobel concedido a Watson, Crick y Wilkins en 1962, hasta la secuenciación del ADN y el Proyecto Genoma Humano.

Según la genética clásica, la de las Leyes de Mendel, la mosca del vinagre, las herencias dominantes y recesivas, la de las mutaciones y la herencia ligada al sexo, durante décadas los médicos han tratado de estudiar los trastornos genéticos según su fenotipo, es decir, según sus rasgos físicos y conductuales expresados en un ambiente determinado; en la mayoría de las ocasiones estaríamos hablando de mutaciones, y estaríamos intentando descubrir los genes responsables de cada patología.

La genómica supone un avance crucial, pues trata de predecir el funcionamiento de los genes a partir de su secuencia o sus interacciones con otros genes. En cierta manera, la genómica intenta realizar una interpretación más global, incluso holística, apartándose del reduccionismo propio de otras ramas de la investigación biológica.
Como suele ocurrir siempre que la ciencia da un paso de gigante hacia delante, la genómica hubiera sido imposible sin los avances de otras disciplinas como la estadística y la informática.

Aunque actualmente se conocen más de 6000 enfermedades hereditarias monogénicas o mendelianas, como por ejemplo la hemofilia A, la fibrosis quística o la anemia falciforme, la mayoría de las enfermedades hereditarias que nos afectan son poligénicas, es decir, producidas por la interacción de distintos genes y el ambiente, como por ejemplo la hipertensión arterial, la diabetes, la esquizofrenia, la enfermedad de Alzheimer o el asma.

Por otra parte, la genómica también puede explicar por qué el mismo fármaco puede causar efectos completamente diferentes en dos individuos. La farmacogenómica será capaz de conseguir fármacos efectivos para cada enfermedad concreta, sin provocar efectos secundarios indeseables. Nada de esto será sencillo. Recientemente se ha descubierto que la mayor parte de las variaciones hereditarias asociadas a determinadas enfermedades (o al riesgo de contraerlas), se encuentran en los desiertos genómicos que algunos científicos se aventuraron a denominar “ADN basura”, y que hasta ahora nadie sabía como interpretar. Esta especie de materia oscura del genoma humano (un 98.5% de su totalidad) es el objetivo del programa ENCODE, en el que se han embarcado 400 científicos de todo el mundo.

Se abre ante nuestra asombrada mirada un futuro excepcional. El conocimiento completo de las secuencias genómicas permitirá avances hoy en día solamente soñados. Pero, como otros utensilios y técnicas al servicio del ser humano, cuenta con ventajas e inconvenientes: un cuchillo sirve tanto para cortar en rodajas los panes de Eurysaces como para herir a nuestros semejantes. Porque, al fin y al cabo, los médicos que nos sobrevendrán deberán seguir enfrentándose a las patologías provocadas por los genes, los panes… y los cuchillos.

21 septiembre 2013

PATOLOGÍA FICCIÓN



Repasando el buzón de mi correo electrónico, ese misterioso espacio virtual que a nada que me despiste enseguida se colma de ingente cantidad informativa, me topé con una reseña del blog “Primun Non Nocere” en la que su autor nos proponía la elección de un día de septiembre para dedicarlo a la Jornada Mundial de las Enfermedades Inventadas. 

Sostiene al respecto el avinagrado Aloysius la bipolaridad de la sociedad moderna occidental que, por un lado parece desvivirse en la consecución de la eterna juventud y la salud permanente, sin escatimar esfuerzos para ello, y por otro, se mantiene empeñada en descubrir una nueva enfermedad cada día, como si no fueran suficientes los males que causan tremendos dolor y mortandad a toda la humanidad. Por ejemplo, si nos referimos a los virus que afectan a los mamíferos, los expertos estiman que podrían existir al menos 320000 esperando su descubrimiento. Con que sólo el 1% de los mismos sea capaz de provocar enfermedades en los seres humanos, echen ustedes la cuenta y verán lo que nos espera.

Una de las enfermedades ficticias más criticadas es, por supuesto, el llamado síndrome post-vacacional, del que alguno de nuestros prójimos afirma no haberse recuperado todavía. Se denomina síndrome porque abarca un conjunto de varios síntomas: desde el malestar general a la tristeza, desde la astenia y la fatiga hasta la incapacidad para concentrarse. A pesar de que esta entidad patológica no cuenta con el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunos se empeñan en dotarlo de un verdadera entidad patológica. Y donde hay un trastorno, probablemente haya también un remedio, un tratamiento, o varios, y seguramente algún avispado saque suculenta tajada del síndrome o del síntoma en general. 

Si no me creen, enciendan ustedes la televisión o la radio, o naveguen un ratito por la red de redes: Podrán constatar cómo se promocionan sin pudor milagrosas dietas, ungüentos, pulseras imantadas, plantillas para el calzado y hasta complejos y coloridos multivitamínicos personalizados capaces de cambiar unas moneditas por dosis crecientes de bienestar y felicidad. 

Y ¿qué decir de la banalización de la lucha contra el colesterol? Todavía hay quien cree a pies juntillas en las bondades de un pequeño comprimido que le permita seguir comiendo igual de mal que siempre a cambio de unos ajustes en las fracciones buenas y malas del colesterol en su sangre.


El otro día me comentaba un amigo que haríamos mejor en cuidar y mejorar nuestro planeta antes que embarcarnos en locas aventuras siderales para conquistar otros mundos y otros satélites. Quizás tenga razón. Algo similar opinaría él mismo respecto a los esfuerzos dedicados por los sistemas sanitarios para mantener a raya las patologías que todavía hoy continúan azotando a gran parte de la humanidad (cáncer, lesiones cardiovasculares y enfermedades infecciosas) más que en perder nuestro valioso tiempo en la procura de una amplia gama de patología ficción. Al fin y al cabo, ya conocen aquella máxima de los clásicos afirmando que los pacientes se curan, a pesar de los médicos.


14 septiembre 2013

17 SISTEMAS




Mientras repasaba con Aloysius la historia reciente de la antigua Yugoslavia, tratando de entender cómo determinadas desigualdades económicas y sociales influyen en la desintegración de las naciones, cayó en mis manos el último ejemplar de “Diario Médico”. 

Centré mi atención en un artículo que chequea la actual sanidad autonómica española, realizado a partir de datos correspondientes a 2011, los últimos disponibles aportados por nuestro Ministerio de Sanidad. Según dicha información, la esperanza de vida al nacer disminuyó en nuestro país ligeramente respecto al año anterior. Disculpen mi insistencia, pero las cifras y porcentajes corresponden a 2011, no a 2013. Así está reflejado, descartando la supuesta influencia de ciertos factores a los que algunos políticos, interesadamente, imputan ese ligerísimo descenso del parámetro (de 82.22 a 82.1 años) Curiosamente, corresponde a Madrid la mayor esperanza de vida, 83.6 años de media, mientras la peor se sitúa en Andalucía, con una media de apenas 80.7 años. 

Y empleamos “apenas” porque comparando con las estadísticas del Banco Mundial nos preocupamos por los 47 años de Afganistán y los 50 del Chad, frente a los 79 de Estados Unidos, 80 de Dinamarca, Bélgica y Finlandia, 81 años de Alemania, Austria, Portugal y Grecia, o los 83 del longevo Japón. En Galicia, alcanzamos una esperanza de vida media al nacer de 81.9 años, que tampoco está nada mal. 

Hay quien defiende que los padres de la Constitución Española, cuando diseñaron y consolidaron su proyecto autonómico, no pensaron en 17 comunidades autonómicas, varias de ellas uniprovinciales, con la duplicidad e ineficacia administrativa que este sistema quizás representa en demasiadas ocasiones. Repasando los datos sanitarios, contemplamos como existen diferencias indeseables, lo que en nuestra modesta opinión podría cuestionar este modelo de gestión.

Además, así parecen percibirlo también los ciudadanos. En 2011, un 24.7 de la población española valoraba de forma negativa su estado de salud. En 2009, este porcentaje ascendía al 30%, por lo que, en líneas generales, estaríamos mejorando. Pero, si nos centramos ahora en las diferentes autonomías, el 31% de los canarios y los gallegos se quejaba de su mal estado de salud general, frente a tan sólo el 19% de los navarros. La evolución de otros indicadores de salud también resulta curiosa, como por ejemplo el porcentaje de fumadores. Globalmente, en España cada vez hay menos fumadores, apenas el 20% en Galicia frente al 27% de Madrid y Andalucía, curiosamente las comunidades con la mayor y menor esperanza de vida. 

Otro tanto ocurre con los porcentajes de sobrepeso, en descenso a nivel nacional, pero que oscilan entre el 34% de los madrileños, pasando por el 40% de los gallegos, hasta el 42% de los cántabros, o con el porcentaje de mujeres que refieren haberse hecho una mamografía, 66% en Andalucía, 83.2% en Galicia y 88.7% de Navarra. 

Andalucía se lleva la cuchara de madera en varios apartados, destacando su gasto público más bajo y su peor ratio de médicos. Galicia, junto a Aragón y Navarra despunta en la aplicación de recursos tecnológicos sanitarios. Para finalizar, considerando la satisfacción por la atención recibida, a nivel general los españoles se muestran mayoritariamente satisfechos: un 87% de la atención primaria y un 83% de la especializada. Habrá que seguir trabajando, mucho más en unir y confluir que en separar y disentir. Disponemos de mecanismos y herramientas útiles; lo que queda es aplicarlas.

07 septiembre 2013

LA GUERRA CONTRA LA MALARIA



Destaca el sagaz Aloysius el eufónico nombre de esta patología, “mal aire”, que sirvió en un principio para designar una enfermedad típica de las tierras húmedas y pantanosas. Varias especies de un parásito denominado plasmodio vienen asociándose desde al menos 50000 años con las hembras de los mosquitos Anopheles para infectar y enfermar a los seres humanos, con grande y letal éxito. 

También conocida como paludismo, los últimos datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos alertan de 219 millones de casos de malaria y 660000 muertes acaecidas a nivel mundial durante el pasado año 2012. En la actualidad, esta enfermedad infecciosa continúa cebándose con la población infantil del África subsahariana, Asia y Sudamérica. 

El plasmodio es especialmente escurridizo, dificultando la consecución de una vacuna y de los medicamentos efectivos. En este aspecto, las inversiones realizadas en el tratamiento de la malaria crecieron desde los 85 millones de euros de 1993 hasta los 429 millones de 2009. Hoy en día, existen simultáneamente 50 vías abiertas en la investigación farmacológica contra el paludismo. Sólo 10 países, entre los que se encuentra España, representan el 90% del montante económico total de las donaciones de fondos públicos para luchar contra la malaria.

La lucha para la erradicación de los mosquitos representa el segundo frente en esta crucial contienda. En este sentido, se han desarrollado diferentes estrategias para combatir las larvas del insecto en las aguas estancadas, su hábitat natural. Los larvicidas han demostrado gran utilidad, siempre y cuando las ciénagas a tratar resulten accesibles y las larvas se encuentren en sus estados más primitivos. También resulta efectiva la pulverización de los interiores de las casas con insecticidas de larga duración y el empleo de mosquiteros tratados con estos productos químicos. 

Uno de ellos fue el polémico DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano), prohibido por sus efectos perniciosos para los humanos y el medio ambiente. Pero, todavía hoy, la polémica se mantiene viva. Algunos científicos e investigadores afirman sin dudar que el DDT permitió la erradicación de la malaria en zonas endémicas europeas, como Italia y Grecia, y en otras latitudes más lejanas como la India, Sri Lanka o Bangladesh, donde se han constatado importantes disminuciones en el número de casos de esta enfermedad.

Del total de las inversiones económicas realizadas en la lucha contra la malaria, el 38% se viene dedicando a la procura de nuevos fármacos, el 28% a las vacunas, el 23% se destina a la investigación básica, el 4% a productos químicos para mantener a raya al mosquito Anopheles y un 1% a modernas técnicas de diagnóstico. Los expertos consideran que, para avanzar realmente en este terreno, las inversiones en insecticidas deberían multiplicarse por 4. 

Esperemos, optimistas, el desarrollo de productos buenos, bonitos y baratos, respetuosos con el medio ambiente y las especies de insectos apreciados, como por ejemplo las abejas, y cómo no, con nuestros prójimos. No vayamos a perder la última gran batalla de una guerra que viene durando algo más de 500 siglos.


24 agosto 2013

VIVIR EN EL ESPACIO




Cuando éramos niños, algunas previsiones futuras despertaban nuestra admiración y perplejidad. Aquellos visionarios, considerando el vertiginoso desarrollo de la humanidad durante el siglo XX, se animaron a vaticinar un futuro mejor, libre de guerras, calamidades y padecimientos. Colonias en Marte. Explotaciones mineras en la Luna. Fantásticas metrópolis construidas bajo cúpulas en el fondo del mar. Ahora apenas llevamos una década del presente siglo, y aunque todavía queda mucho por ver que quizás nunca veamos, determinados avances tecnológicos nos hacen albergar renovadas esperanzas. 

El otro día comentábamos cómo una empresa está decidida a enviar a los primeros humanos a Marte. En la era televisiva, el fabuloso presupuesto económico para tal aventura correría a cargo de la publicidad. También manifestábamos nuestras dudas sobre el éxito de tal evento, considerando la falta de agua potable en la superficie marciana, la diferente gravedad y los efectos devastadores de la radiación cósmica en un planeta sin una atmósfera protectora como la de la Tierra. 

Hay quien sigue pensando que resultaría menos complicado establecer bases espaciales habitables que conquistar satélites y planetas. El argumento de la recientemente estrenada “Elysium” (Neill Blomkamp, 2013) se basa precisamente en uno de estos entornos fantásticos. El ejemplo elegido por los guionistas es un toro (o toroide) de Stanford, una estructura geométrica en forma de rosquilla que rota a una frecuencia determinada capaz de generar en su interior una fuerza gravitatoria. Para un total de 10000 habitantes, se calculó una estructura de acero de 10 millones de toneladas, con un diámetro de 1.6 kilómetros. Esta idea data de 1975...



En 1929, el científico John D. Bernal fue un pionero en el diseño de estaciones espaciales. Su modelo se basaba en una esfera hueca de 16 kilómetros de diámetro, capaz de albergar en su interior 25000 habitantes. Partiendo de la idea original de Bernal, Gerard K. O´Neill propuso en 1976 otra esfera, de 0.5 Km de diámetro, que rotaría a 1.9 revoluciones por minuto para generar en su interior una gravedad similar a la terrestre. La forma esférica fue la elegida para obtener una presión atmosférica óptima y para preservarse de la radiación exterior. La luz sería aportada por el Sol, bien directamente a través de aperturas en la estructura, bien a través de grandes espejos reflectantes. 

El propio O´Neill propuso otras configuraciones en forma de cilindros, de 3.2 kilómetros de radio y 32 kilómetros de largo, cuyo interior estaría acondicionado con lagos, árboles y agradables superficies para el desarrollo humano. Anillos exteriores albergarían las zonas agrícolas e industriales. Finalmente, en 1997, Forrest Bishop propuso su anillo rotatorio, capaz de generar gravedad también a partir de la fuerza centrífuga. Al proponer el uso de nanotúbulos de carbono, muy ligeros y resistentes, las dimensiones serían mucho mayores, llegando a alcanzar superficies equivalentes a las de Argentina o la India.

Sostiene Aloysius que parece mucho más sencillo diseñar grandes construcciones espaciales que establecer el modelo social y de convivencia para esas futuras colonias humanas en el cosmos. Porque, si van a copiar los actuales imperantes en la Tierra, entones ¿para qué tantos esfuerzos?

16 agosto 2013

ADELGAZANDO OBESOS



Vayan por adelantado mis disculpas a los editores de la prestigiosa revista médica “The Lancet”, por fusilarles parte del título de un artículo publicado recientemente en su edición digital. Sin un optimismo excesivo, aporta noticias esperanzadoras. Y es que, a nivel comunitario, la lucha contra la obesidad comienza a convertirse en una tarea menos complicada que cazar gamusinos. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) llevan tiempo advirtiéndonos del peligro que suponen para nuestra sociedad la obesidad y las enfermedades crónicas asociadas a ella: diabetes tipo II, hipertensión arterial, cardiopatía isquémica y algunos tipos de cáncer. Curiosamente, al revés de lo que ha venido ocurriendo a lo largo de la historia, en nuestros días la obesidad se relaciona con unos menores ingresos económicos. Parece ser que los precios más baratos de los alimentos corresponden a aquellos productos ricos en grasas saturadas, azúcares y sal, y pobres en calcio, hierro, vitaminas y minerales. 

Las familias con mayores recursos económicos pueden acceder, por término medio, a una variedad de 250 alimentos diferentes, mientras que las clases sociales más deprimidas compran apenas 2 decenas de productos alimenticios... 

Retomando el editorial de “The Lancet”, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos han revelado una tendencia a la baja en la prevalencia de la obesidad en niños en edad preescolar pertenecientes a las familias con ingresos económicos más bajos, un grupo de población especialmente vulnerable. A pesar de estos datos esperanzadores, los expertos se quejan de las dificultades que se encuentran a la hora de determinar cuáles son las medidas sanitarias más eficaces para continuar adelgazando a los gordos. 

Los diferentes estados que conforman la potencia norteamericana difieren notablemente en sus políticas de salud pública, en sus programas educativos y de fomento de una alimentación sana y de una actividad física aceptable. 

Hete aquí el primer obstáculo administrativo, que bien podría trasladarse a la Comunidad Europea y, por qué no, a nuestro propio país, con 17 sistemas autonómicos de salud pública desigualmente gestionados. Está demostrado que las medidas más efectivas para combatir la obesidad y su cohorte de enfermedades satélites deben comenzar desde la más tierna infancia. Aquí, una vez más, padres, educadores y cuidadores desempeñan un papel esencial. 

Los expertos recomiendan potenciar el acceso a los campos de juego fuera del horario escolar, agua potable gratuita (evitaría el consumo de bebidas edulcoradas) y almuerzos y meriendas saludables. Pero, para llegar a buen puerto, estas medidas requieren el compromiso decidido de las autoridades locales. 

En su informe de 1993, el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo concluía que la esperanza de vida al nacer había aumentado en nuestro planeta hasta los 63 años, que la viruela había sido erradicada y que se habían reducido drásticamente los casos de sarampión y poliomielitis. A ver si algún día de un futuro cercano, podemos leer en informes similares noticias tan alentadoras respecto a la lucha contra la obesidad. Apostamos que sí.

07 agosto 2013

HAMBURGUESAS


El domingo al mediodía, mis pasos se cruzaron con los de una singular comitiva. Una docena de escolares, uniformados todos con el mismo chándal, se dirigían hacia el centro comercial con sus monitores deportivos. Uno de los adultos, para animar la excursión, comenzó a canturrear, a viva voz: ¡ensaladas!, ¡ensaladas!, ¡ensaladas!... Tras un instante de silencio, aquella chiquillería al completo comenzó a gritar: ¡hamburguesas!, ¡hamburguesas!, ¡hamburguesas!... Entonces comprendí por qué el inefable devorador de hamburguesas llamado Pilón (Wimpy para los americanos) le había ganado la partida a Popeye y a sus insulsas espinacas. A tomar por saco la leyenda urbana de los saludables vegetales verdes. 

Dicen que fueron los emigrantes alemanes que partían desde el puerto de Hamburgo en el siglo XIX, los encargados de llevar aquellos especiales filetes de carne picada hacia los Estados Unidos. La pujante industria alimentaria de una nación transformándose con celeridad hizo el resto. 

Sostiene el circunspecto Aloysius que desde hace tiempo hemos perdido la batalla contra la “Fast food”, comida rápida, comida basura, comida chatarra, como prefieran. Los modernos chefs, adelantándose a tan sonora derrota, reivindican ahora las modestas hamburguesas en sus más sofisticadas y saludables versiones. Existen hamburguesas vegetarianas, a base de proteína de soja (como el tofu) o de derivados del gluten de trigo (como el seitán), e incluso hamburguesas de pescado, generalmente elaboradas con atún. 

Los detractores de las hamburguesas esgrimen sus potentes razones. Para obtener un kilo de carne de vacuno se consume 12 veces más agua que para elaborar un kilo de pan, 64 veces más que un kilo de patatas y 86 veces más que un kilo de tomates. Hay quien se atreve a ir más lejos, responsabilizando del mismísimo calentamiento global a los gases liberados por las deyecciones bovinas. 

En el año 2011, muchos nos escandalizamos con las recomendaciones gastronómicas del Dr. Mitsuyuki Ikeda, un investigador japonés de los Laboratorios Okayama, capaz de desarrollar apetitosos filetes de carne a partir de los deshechos obtenidos en las alcantarillas. Utilizando elementos procedentes los flujos fecales consiguió bistecs con un 63% proteínas, 25% hidratos de carbono, 9% minerales y 3% lípidos. Un oportuno baño de color rojo junto a un toque de soja, para matizar el sabor, completaron tan exquisito producto.

Pero siempre hay otra vuelta de tuerca. El Dr. Mark Post, cardiólogo de la Universidad de Maastricht, acaba de presentar en sociedad su hamburguesa in vitro, elaborada en el laboratorio a partir de células madres musculares obtenidas del hombro de una vaca. A partir de aquí, comiencen ustedes a elucubrar. Posiblemente se quedarán cortos. Sin lugar a dudas, la producción industrial de hamburguesas de carne artificial contribuirá a atizar furibundas controversias éticas y culturales. Nos revelamos con repugnancia y estupor contra aquellos países orientales que se comen a sus perros y a sus gatos, mientras en Occidente hacemos lo mismo con vacas, terneros, cerdos, cochinillos, corderos, cabritos, conejos, aves y caza. 

Dicen que somos lo que comemos, que los primates humanos somos omnívoros: ¿será verdad?

05 agosto 2013

EFI-CIENCIA SANITARIA



Para realizar verdadera ciencia, los científicos analizan, razonan, experimentan, elaboran hipótesis y deducen principios, construyen leyes generales y sistemas, todo ello mediante un método específico que investiga hechos objetivos y observables. Por lo tanto, el método científico debería también demostrar su utilidad a la hora de estudiar aquellos fenómenos, objetivos y observables, que se relacionan con los sistemas sanitarios y la preservación de la salud.

Hace poco me llamó la atención un hecho singular. La multinacional japonesa Toyota emplea un sistema de producción específico que intenta entregar el máximo valor a sus clientes empleando los mínimos recursos necesarios. Muy interesante. Los economistas expertos en gestión lo denominan “Lean manufacturing”, o producción ajustada (del inglés “lean”, austero, ajustado). 

Este sistema exige una aplicación conjunta, que competa a toda la organización. Exige centrarse en lo sustancial del proceso, eliminando los elementos improductivos y ahorrando costes, sin reducir ni un ápice la calidad. Se preguntarán ustedes a dónde les quiero llevar, dónde está el truco. Pues resulta que este método ya ha sido aplicado exitosamente en el ámbito sanitario. 

Los profesionales del Hospital Clínico de Barcelona, por ejemplo, lo han empleado para reducir los tiempos de espera dentro de su servicio de Urgencias, reduciéndolos desde los 84 minutos hasta los 60, durante el pasado 2012. Este método tiene una ventaja adicional, pues son los propios profesionales los encargados de su aplicación, tras un breve aprendizaje. Profundizando en el sistema de Toyota, su estrategia de producción ajustada se basa en tres sencillas premisas: la primera, describe el trabajo que debe hacerse, cómo se hace y quién es el responsable del mismo. La segunda, define quiénes son el cliente y el proveedor. El cliente más importante en la cadena de montaje de estos automóviles japoneses es siempre el siguiente trabajador. La tercera premisa se basa en la aplicación del método científico, planificando en primera instancia, para después poner en marcha una medida productiva, evaluar los efectos del cambio y extender el plan, siempre que demuestre una mejoría real.

Sostiene el perspicaz Aloysius que el método “lean” podría aplicarse, por ejemplo, en la mejora de la asistencia de los diabéticos dentro de la atención primaria de salud. Para los expertos, la relación cliente – proveedor en este caso haría que el personal de enfermería detectase las disfunciones del sistema, se las trasladara a los médicos, y éstos se convirtieran en los proveedores de las instrucciones claras para mejorar la asistencia de estos pacientes, avanzando más allá del mero diagnóstico y la prescripción de dietas y tratamientos. 

Por último, la responsabilidad en el autocuidado de su salud por parte de los propios diabéticos aportaría un mayor valor a los actuales estándares en el control asistencial de esta enfermedad. Y quien habla de diabéticos, habla también de otros enfermos crónicos, que bien podrían beneficiarse de la aplicación de los métodos de producción industrial en su asistencia cotidiana. Porque, de momento, seguimos trabajando con personas, no con meros números y enfermedades.

19 julio 2013

EL TURISTA SANITARIO



En 1988, Lawrence Kasdan estrenaba “El turista accidental”, un drama sobre las vicisitudes que atraviesa un escritor de guías de viaje para hombres de negocios, y que recupera las ganas de vivir gracias al amor por una mujer muy especial. Al éxito de esta película, sin duda alguna, contribuyeron las actuaciones de la pareja protagonista, William Hurt y Geena Davis. Desde entonces, mucho se ha debatido sobre otro tipo de viajeros accidentales, los denominados turistas sanitarios. Hace ya algunos años, en un hotel de Berlín, descubrí un diario que ensalzaba las virtudes del sistema sanitario español, animando al turismo a visitar nuestros pagos, y no precisamente por la suavidad de nuestro clima, la riqueza de nuestra cultura y las excelencias de nuestra gastronomía.

Una aclaración. El término turista sanitario quizás pueda resultar demasiado amplio e impreciso. Abarca varias situaciones bien diferenciadas. Algunos pacientes deciden visitar otros países para conseguir, gratis si es posible, determinados servicios sanitarios ausentes o más caros en sus países de origen. 

Desde la entrada de España en la Comunidad Europea, esta circunstancia se ha convertido progresivamente en un problema que supone para las arcas estatales alrededor de 1000 millones de euros anuales en facturas sin cobrar. El gobierno español tratará de legislar la asistencia sanitaria transfronteriza mediante un Real Decreto que permita la liberalización del sistema, para que los pacientes europeos puedan elegir entre los hospitales públicos y privados nacionales, siempre que sus países de origen incluyan su atención en las correspondientes carteras de servicios sanitarios, abonándolos por adelantado. 

Al respecto, existen dos destinos favoritos de los turistas sanitarios: los países que ofrecen una medicina tecnológicamente avanzada, como por ejemplo Estados Unidos, Alemania o Francia, o aquellos otros que ofertan una asistencia sanitaria a bajo coste, como por ejemplo Tailandia, India, Colombia, Brasil, y dentro de Europa Hungría, Polonia o la República Checa. El mercado global estimado se sitúa en 7400 millones de dólares cada año, un pastel nada despreciable del que España solamente se lleva un pedacito de 140 millones. Sólo en 2012, casi 22000 turistas visitaron nuestro país atraídos por el sector de la salud para gastarse en ello algo más de 12 millones de euros.


Ourense. As Burgas (1895) J. Pacheco

Pero existen además otros peculiares turistas sanitarios, los que se desplazan a balnearios y sanatorios para disfrutar de las bondades de sus instalaciones y paisajes. Aquí estarían los clásicos agüistas de Karlovy Vary o los bañistas de las termas de Baden-Baden, o los mucho más cercanos para nosotros como As Burgas y la ruta termal del Miño (en Ourense), La Toja, Mondariz, Baños de Molgas, Laias, O Carballiño, Cabreiroá y los manantiales verineses de Fontenova y Sousas, y tantos otros en Galicia que necesitarían un espacio descriptivo mucho más amplio y detallado. Ourense atesora un enorme potencial al respecto, no solo en el aspecto lúdico del termalismo, sino también en el sanitario. Hay quien ve en este tipo de turismo una nueva fiebre del oro. A ver si somos capaces de aprovecharla.



07 julio 2013

MI ESQUELETO EXTERNO


El WAD de Honda

Confiesa Aloysius nuestra profunda admiración por “Mi pie izquierdo”, la magnífica película dirigida en 1989 por Jim Sheridan y protagonizada por el inconmensurable Daniel Day-Lewis. Y eso que nuestra fascinación no se debe únicamente a la belleza formal del film, sino especialmente a la sensibilidad con la que se trata el afán de superación de un prójimo ante las limitaciones provocadas por su discapacidad física.

A buen seguro, la vida de Christy Brown hubiera sido más mucho fácil si hubiera contado con un exoesqueleto. Este pintor, poeta y escritor irlandés vivió afectado por una parálisis cerebral que apenas le permitía moverse. Los esqueletos externos constituyen un avance evolutivo muy útil para garantizar la supervivencia de insectos y crustáceos, por ejemplo. Con fines bélicos, los humanos hemos copiado de estos animales el diseño y la construcción de corazas y armaduras.


De las paredes de National Gallery de Londres cuelga un lienzo muy curioso. Se titula “A Knight with his Jousting Helmet”. Este óleo fue pintado entre 1554 y 1558 por el artista Giovanni Batista Moroni y es más conocido por su título original, “Il Cavaliere dal Piede Ferito”, pues retrata a un joven caballero renacentista sobre un fondo clásico construido sobre unas ruinas de mármol. Si nos fijamos bien, podemos observar cómo este personaje porta una especie de abrazadera sujetando su rodilla y pie izquierdos. Se trata de una ortesis, un dispositivo médico que actúa parcialmente como un exoesqueleto, permitiendo la corrección de determinados defectos físicos de la extremidad en cuestión.

Por suerte o por desgracia, he aquí una vez más la paradoja del cuchillo que sirve tanto para cortar el pan como para herir a un semejante. Los avances tecnológicos en Medicina suelen avanzar a la par que el desarrollo armamentístico. Los primeros exoesqueletos fueron concebidos con fines bélicos, como por ejemplo el HULC de la Lockheed Martin, diseñado para reducir la fatiga en las piernas y los brazos de los soldados. También existen otros exoesqueletos de carga, como el Hércules de la casa francesa RB3D, cuyas prestaciones facilitarán enormemente sus pesadas tareas industriales a miles de operarios.


Tras 14 años de pruebas, la popular Honda acaba de finalizar la construcción de su Walking Assits Device, un exoesqueleto ligero especializado en la asistencia de personas con dificultades para caminar. El artefacto deberá ahora pasar los correspondientes test de pruebas en los hospitales nipones. La empresa está trabajando en colaboración con unos 100 centros sanitarios. 

Anteriormente, fue la Cyberdyne la que ofreció los servicios de su exoesqueleto HAL, más engorroso y complejo, a 10 hospitales de Japón. Las expectativas de futuro que se abren en el campo médico semejan esperanzadoras y apasionantes. Veremos qué nos depara el sueño de los tiempos. Porque no todo en la vida son drones y maldad. Afortunadamente.

21 junio 2013

COLESTEROL MALO




Sostiene el dicotómico Aloysius que existe dos tipos de prójimos: los que van al médico y los que no. Dentro de los primeros, establece una clara y sencilla división: los que hacen caso de la indicaciones facultativas y los que no. Dentro de los pacientes obedientes, también diferencia otros dos subtipos: los que regularmente toman sus medicinas y los que no. 

Al final, resume todas estas dualidades en usuarios del sistema sanitario que necesitan fármacos o no… Pero ¿qué hacemos con aquellos que no necesitando medicamentos deciden tomarlos? ¿Es lo mismo que un sujeto sano ingiera píldoras con aportes adicionales de vitaminas, que un culturista consuma anabolizantes, que un deportista se dope, que se le administren hormonas a mujeres sanas para retrasar su proceso natural de menopausia, que un varón demande el uso lúdico de esas populares pastillas que todo el mundo conoce contra la disfunción eréctil, o que una mujer, rebosante de salud pero en edad fértil, necesite la prescripción de píldoras anticonceptivas? ¿Resultaría ético negarle asistencia médica a un diabético que hace caso omiso de las recomendaciones terapéuticas y ni siquiera respeta la dieta? ¿Resultaría aceptable no prescribirle a un paciente bronquítico crónico los inhaladores que necesita para poder seguir respirando malamente porque no le da la gana (o no es capaz) de dejar de fumar cigarrillos? ¿Y si a un prójimo o prójima le vedamos el tratamiento para curarse, por ejemplo, unas purgaciones (u otras enfermedades más graves de transmisión sexual) porque mantiene contactos carnales de riesgo sin la debida protección de los preservativos? ¿Son los drogodependientes y los alcohólicos pacientes o enfermos, o debemos considerarlos, como en el siglo XIX, unos viciosos que sólo viven para mantenerse en un estado constante de ebriedad? 

Todas estas cuestiones forman parte del eterno debate sobre fármacos y necesidad. Un ejemplo. A propósito del TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) se ha suscitado una polémica muy reciente. Parece ser que el Dr. León Eisenberg, el psiquiatra que descubrió esta controvertida patología, confesó 7 meses antes de fallecer que se trataba de una enfermedad ficticia. Sin embargo, el Dr. Rojas Marcos, prestigioso investigador y Profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, ex - presidente ejecutivo del Sistema de Salud y Hospitales Públicos neoyorkinos, ha solicitado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la declaración del Día Anual de Sensibilización sobre el TDAH, mucho más prevalente en los Estados Unidos que en Europa. 

Para rematar esta controversia, el otro día escuché decir a un experto que los niveles idóneos de LDL-C, el colesterol malo, el responsable de infinidad de muertes por patología cardiovascular, deberían aproximarse a los que tenemos durante los primeros años de nuestra vida. Existiendo hoy potentes fármacos capaces de reducir en nuestra sangre los niveles del colesterol pernicioso, me pregunta el contumaz Aloysius si, aun estando completamente “sanos”, ¿deberíamos tomar estos medicamentos para conseguir niveles de LDL-C por debajo de los 70 mg/dL para prevenir el desarrollo de futuros infartos de miocardio o ictus cerebrales?

15 junio 2013

LA DIABETES Y SUS APLICACIONES




No se dejen confundir por el título. Hoy no vamos a tratar sobre ninguna aplicación patológica, considerando literalmente el concepto de este término, sinónimo de utilidad y servicio, pero también de cuidado, esmero, adorno y ornamentación. Vamos a referirnos a las “apps”, abreviatura de la palabra inglesa “application”, sencillos y dinámicos destinados a los usuarios de los nuevos dispositivos de comunicación (celulares de última generación o tabletas) y que nos permiten descargar desde juegos, conexiones a las redes sociales hasta el último grito en mensajería. 

Los que saben de estas cuestiones afirman que en 2009 ya existían unas 60 apps relacionadas con la diabetes, y que su ritmo de creación se incrementa exponencialmente apenas 4 años después. El utópico Aloysius está encandilado con las nuevas tecnologías y su aplicación en Telemedicina. Está convencido que la profesión de médico tiene fecha de caducidad, y no solamente porque el número de médicas dobla al de sus compañeros masculinos, sino porque en un futuro muy cercano cualquier paciente podrá consultar sus problemas con un robot o un ordenador. Es problema de dinero, no de tecnología. 

Las aplicaciones móviles ya están disponibles tanto para los profesionales como para los pacientes y familiares, esos modernos usuarios de nuestro sistema sanitario. El otro día cayó en mis manos una información sobre las apps más populares sobre la diabetes, la plaga del siglo XXI. Comentaremos brevemente algunas que se descargan gratuitamente. Los médicos disponemos, por ejemplo, de una aplicación creada por la prestigiosa ADA (American Diabetes Association), que nos permite acceder a los estándares de calidad para el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes diabéticos, basada en las evidencias científicas más recientes. También es gratuita la descarga para el acceso inmediato a las publicaciones de esta sociedad científica, incluyendo artículos científicos, noticias, vídeos, imágenes y material complementario. 

Por poco más de un dólar canadiense, el valor simbólico cobrado por los descubridores de la insulina al ceder a la humanidad los derechos de esta singular terapia, también podemos descargarnos la aplicación “Diabetes Pharma”, que recomienda la idoneidad de un tratamiento u otro según las cifras de hemoglobina glicosilada y el peso de nuestros pacientes, considerando el riesgo de hipoglucemias o efectos secundarios adversos, e incluyendo además las instrucciones para insulinizar a este tipo de enfermos. Por cierto, esta aplicación en Made in Spain, desarrollada por un grupo de sanitarios de Extremadura y que a finales del 2012 ocupó durante 2 semanas el primer puesto del ranking mundial de apps médicas. 

Pero también existen interesantes apps para diabéticos: diarios interactivos de glucemias que facilitan el autocontrol de la enfermedad, y llegado el caso, el tratamiento insulínico, recetas específicas, con sus tablas calóricas, y programas para la configuración del ejercicio físico. 

Sostiene Aloysius que pronto alguien diseñará la aplicación “White Coat”, Bata Blanca. No se trata del nombre de un gran jefe indio, sino del médico de familia virtual que nos atenderá desde nuestros propios teléfonos móviles. Gratis.