CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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17 agosto 2006

INCONTINENCIA

Podríamos debatir largo y tendido sobre el término incontinencia; si consultamos los diccionarios nos encontraremos con amplias definiciones que oscilan entre la lógica ausencia de continencia (por ejemplo verbal, tan típica de Aloysius), hasta cierta circunstancia de la persona que no puede reprimir sus deseos y pasiones. Dentro de este segundo dictamen tendría perfecta cabida el caso de Cleto Ruiz Díaz, el Tigre de Corrientes, obligado a litigar contra la administración sanitaria argentina porque le deniegan una y otra vez una a todas luces muy necesaria intervención de vasectomía. Este dilema persiste a pesar de que este incontinente sexual elevado al cubo ha procreado 37 vástagos a la esperanzadora edad de 44 años.

Pero la palabra incontinencia también puede referirse a la enfermedad provocada por el déficit en la retención de la orina (incontinencia urinaria). Este trastorno afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres, debido fundamentalemente a particulares circunstancias de la vida femenina que actúan acentuando esta especial vulnerabilidad: el embarazo, el parto y la menopausia. La causa fundamental de la incontinencia de orina es la debilidad de la musculatura del suelo pélvico. Además, un porcentaje no desdeñable de estos casos (alrededor del 17%) se encuentra relacionado con una debilidad muscular de tipo hereditario.

Los expertos estiman que alrededor de 2 millones de mujeres españolas refieren problemas de incontinencia urinaria. Nuestras paisanas se ven atormentadas por incómodos escapes líquidos en circunstancias cotidianas tan banales como toser, estornudar, reir, bailar, hacer ejercicio, andar o simplemente ponerse de pie.

La mayoría de ellas no lo consulta por vergüenza o por miedo a la cirugía. Recordemos aquí una vez más al agudo Baltasar Gracián, afirmando que hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos. Otras féminas además son presa de la desesperación al pensar que su problema no tiene solución. Datos referentes al estudio NOBLE, realizado en los Estados Unidos, revelan que más del 50% de los afectados por incontinencia no habían acudido nunca al médico, a pesar de algunos de ellos estuvieran utilizando ya absorbentes urinarios.

A medida de que las mujeres van cumpliendo años, sobre todo al superar la menopausia, la incontinencia urinaria puede hacerse más prevalente. Hace poco tiempo escuché a un colega ginecólogo comentar acertadamente que podríamos sospechar si una señora mayor padece este trastorno observando simplemente el tamaño de su bolso.

Es obligación del médico de cabecera interrogar sobre los posibles síntomas de incontinencia a todas nuestras pacientes. Suena a perogrullada, pero resulta muy adecuada aquella máxima atribuída al escritor francés Georges Duhamel: cuando se quiere saber una cosa, lo mejor que se puede hacer es preguntarla. No debemos olvidar luchar contras las barreras del sonrojo, de la ignorancia y de la desconfianza que cercan con demasiada frecuencia todo aquello referente a nuestra geografía genital y sexual. No olvidemos que ni todos los pacientes tienen la misma vivencia de su trastorno, ni todas las incontinencias urinarias son iguales.
Para tratar correctamente a estas pacientes, el facultativo debe en primer lugar conocer si está ante un caso típico de incontinencia de esfuerzo (escapes de orina al hacer ejercicio, por ejemplo) o más bien ante un descontrol debido a una vejiga hiperactiva, que a veces provoca un deterioro aún mayor de la calidad de vida de la paciente. La urgencia miccional y la incapacidad de llegar a tiempo para orinar obligan a la afectada a vestir ropas oscuras ocultadoras de manchas, a llevar pañales o a vivir inmersa en zonas de seguridad que nunca se alejen demasiado de un servicio público urinario. No lo duden: si se les escapa el pis, consulten con su médico. Seguro que les ayuda.

10 agosto 2006

LA LUNA Y LAS HOGUERAS


FOTO DE LA LUNA SOBRE LENGUAS DE FUEGO.
AUTOR: JOSÉ JOAQUÍN MORENO (C)
Escribía Cesare Pavese algo sobre la luna y las hogueras. Mientras leo su novela, arrecia el olor a chamusquina en esta Galicia nuestra que ha quedado convertida de repente en una terrible gran queimada. Nuestros gobernantes ponen cara de póker. Entre tanto, los paisanos gallegos se convierten en los héroes anónimos de esta desigual batalla contra el fuego. Benditos sean.

En plena vorágine incendiaria, La Región se hacía eco hace unos días de una información ciertamente sorprendente: las preferencias laborales del 95% de nuestros niños nada tienen que ver con la profesión de sus padres.

A la cabeza de las predilecciones masculinas figura, como no, el trabajo de futbolista. De futbolista millonario, añadiría yo, porque nadie piensa en arrastrar sus patas por otras canchas que no sean el Santiago Bernabeu o el Nou Camp. En la cara de la moneda se sitúan nuestras féminas, que prefieren la más loable profesión de profesora, a pesar de cómo se las gastan hoy en día los alumnos en nuestras aulas patrias.

Muy poquitos quieren ser médicos, y menos todavía, bomberos. Todo ello a pesar de que Aloysius porfíe que una de las profesiones más valorada por la sociedad actual continúe siendo la de médico. Tal vez tenga algo que ver en esta admiración la lucha permanentemente contra el sufrimiento y la enfermedad; el noble oficio de sanador covertido en el paladín de nuestra comunidad. Chamanes, brujos, hechiceros o curanderos, han venido empleando para tratar el mal misteriosas energías espirituales y mágicas. Los médicos, sin embargo, se han apoyado en la razón, en la ciencia y en la evidencia (o por lo menos así debería ser).

Mientras se mantienen en la estratosfera las notas medias necesarias para acceder a las facultades españolas de Medicina, los jóvenes todavía quieren ser médicos. Pero no los hijos de los médicos. Ni tampoco sus nietos. ¿Será porque perciben lo que se cuece a diario en sus vidas familiares?. La respetada figura del galeno tradicional ha sido sustituída por la del médico funcionario. En muchas otras profesiones, las nóminas son más gordas a final de mes, sin que además lleven intrínseca la responsabilidad sobre la vida y el bienestar del prójimo. Además, andan diciendo por ahí que la profesión de médico quema. Ven a la escuela de calor.

Un reciente estudio norteamericano indica que el 45% de los estudiantes de medicina se autodefinen como quemados (burnout), presentando síntomas tan preocupantes como el agotamiento emocional, la despersonalización (tratar a los semejantes como si fueran objetos) y la realización personal seriamente mermada. Por si las moscas habría que estudiar también este fenómeno en España.

Por aquello de consejos vendo, pero para mí no tengo, los facultativos no solemos llevar a la práctica lo siguiente: sabemos que las personas optimistas sufren menos enfermedades y sobreviven más. Al contrario, los pesimistas consumen más medicamentos y frecuentan las consultas médicas con mayor asiduidad. Según el Dr. Flórez Lozano, catedrático de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Oviedo, el asma, la artritis, las cefaleas, las úlceras gástricas, los problemas cardíacos y hasta las enfermedades infecciosas afectan más a los individuos propensos al odio, a la rabia, al desprecio, a la ingratitud, a la intolerancia y al resentimiento. Ya saben, la mucha tristeza es muerte lenta. Pero es difícil ser optimista cuando vemos tanta vida arrasada por el fuego a nuestro alrededor.

04 agosto 2006

WHIZZINATOR


Me cuenta enardecido Aloysius que de esta guisa se llama el último grito de la moda en doping. Este trebello se compone de un pene sintético unido a un pequeño depósito (que el deportista tramposo lleva preparado con orina “limpia”). Si por sorpresa le toca control, podrá engañar al comisario haciendo que mea cuando en realidad no mea. Muy pícaro. Como estamos inmersos en un mercado mundial globalizado, el Whizzinator se comercializa en cinco tonos diferentes de piel.

La serpiente de este verano, además del execrable conflicto armado de Oriente medio, nació del huevo depositado por otra gran serpiente multicolor llamada Tour de Francia. Dicen que el ganador de la edición 2006 ha hecho trampa y que de rebote habrá un gallego campeón. Por méritos propios ya lo mereció con creces, pero hubiera sido mejor que Oscar Pereiro se hubiera subido a lo más alto del cajón de manera estrictamente deportiva.

Sabemos que los métodos dopantes son amplios y variados: estimulantes (cafeína, cocaína y anfetaminas), analgésicos (codeína – permitida con justificación médica), betabloqueantes y diuréticos, etc. Pero cuando se destapa un escándalo de este tipo, generalmente se refiere al consumo de determinadas hormonas y sus derivados. Dejando a un lado a la ya famosa eritropoyetina (EPO), se emplean los anabolizantes porque aumentan la masa muscular.

En estos días hemos contemplado unos hechos llamativos: ante la confirmación por parte de la Audiencia Nacional de los 2 años de sanción para el futbolista Gurpegui, el presidente del Atlético de Bilbao desata su ira contra el Secretario de Estado para el Deporte, al que acusa de querer ser ministro a costa de este caso. Recordemos que Gurpequi dio positivo por nandrolona. Los mismo que el céltico Giovanella.

De manera casi inmediata, el velocista Justin Gatlin dió positivo por estanozolol, un esteroide bastante pasado de moda. Tal vez pensó que una carrera de tercera categoría nadie se iba a preocupar de controlar el doping de los atletas. Lo pillaron. Y por mucho que declare su inocencia basándose en la teoría de un complot en su contra, lo pillaron.

Los análisis de orina de Floyd Landis, el ciclista con nombre de masaje de afeitar, acaban de revelarnos que la testosterona que eliminó no era natural, sino sintética. Los modernos laboratorios de control disponen de análisis precisos para discriminar si el origen de esta hormona es endógeno (segregada por el organismo) o exógena. Hace 2 años, en atletismo se redujo de 6 a 4 el coeficiente testosterona / epitestosterona necesario para iniciar una investigación sobre dopaje. Valores naturales bajos de epitestosterona hacen que el coeficiente aumente de manera matemática. Este fenómeno también ocurre con la ingesta de alcohol, porque el etanol interfiere en el metabolismo hepático de la testosterona. Por ello, en un intento desesperado por conservar el maillot amarillo del Tour, los abogados de Landis alegaron que el ciclista norteamericano había ingerido whisky la noche antes del control positivo.
Ya andaba algo mosca Aloysius cuando vio cómo se recuperaba Landis en la etapa 17ª del Tour (disputada entre Saint Jean de Maurienne y Morzine) tras haber sido prácticamente barrido de la carretera el día anterior por la magnífica actuación del campeón de Mos; lo del yanqui o era garrafón o era un anabolizante. Veremos en que queda todo. Como con el cabezazo de Zidane, una vez más pierde el deporte.

26 julio 2006

ESTIVALIA

A pesar del título hoy no vamos de anuncio de perfumes. Sostiene Aloysius que si Federico Fellini hubiera nacido en esta querida Auriavella nuestra (o si por lo menos se hubiera inspirado en ella) a buen seguro habría filmado una película titulada “Estivalia”. En su escena de inicio, una bandada de estorninos sobrevolaría a una pandilla de pillastres persiguiéndose por las calles de Colón y de la Libertad, corriendo como locos hacia el Jardín del Posío para engañar a la canícula bajo las sombras de la floresta. O tal vez anunciaría la llegada del verano con la imagen de unos golfetes lanzándose río Miño abajo desde la playa de Oira a bordo de rancias cámaras de neumáticos hinchadas con aire y agua a partes iguales.
Cerca de mi casa existía un taller de recauchutados que surtía de tan peculiares flotadores a los bravos que se atrevían a conquistar las riberas del río entre el Puente Romano y el embalse de Velle. Eran pasados tiempos peores, en los que por no haber en Ourense no había ni ahogados. El caucho, la gutapercha y el látex tienen orígenes vegetales comunes. Estos populares productos tan pronto valen para un roto como para un descosido. Y es que viendo los últimos datos publicados sobre la ingente demanda por parte de nuestras jóvenes de anticonceptivos de emergencia (la mal llamada píldora del día después) tal vez fuera un buen negocio reabrir la antigua tienda de recauchutados, no para reparar cubiertas de ruedas sino para reforzar condones. Una exitosa unión temporal de empresas entre Michelin® y Durex®. El principal motivo por el que se solicita la anticoncepción de emergencia es la rotura del preservativo. Dicho accidente viene ocurriendo aproximadamente en 9 de cada 10 casos. Entiende Aloysius que las usuarias y usuarios de este servicio contraceptivo, o bien no cuentan toda la verdad (practicando relaciones sexuales sin protección), o bien los modernos machos desbravan cada vez con más frenesí. A pesar de tanto despliegue amatorio, las muestras de semen de nuestros paisanos cada vez contienen menos espermatozoides válidos, dicen que por el estrés y los malos hábitos de la vida moderna.
Bajan este verano los ríos de la provincia escasos de agua y ricos en truchas (o por lo menos mis amigos cada vez son mejores pescadores). Vuelven al mapa del tiempo los soles que anuncian temperaturas por encima de los 40 grados. Sostiene Aloysius, y yo le doy la razón, que los precios de las piscinas deberían ser más baratos en Ourense, por aquello de la discriminación climática positiva. En Oira se puede elegir entre unas piscinas gratis y otras de pago. El peligroso río también es gratuito. La Playa de la Antena se convierte en un espectáculo multicolor donde rivalizan en broceado los cuerpos y las almas. Mientras tanto, las piscinas del Concello de Barbadás son mucho más caras para los foráneos que para los oriundos. Las de Monterrey cuestan lo mismo para tirios y troyanos.
Comenzábamos con una bandada de pájaros cantarines anunciando la llegada del verano a Auriavella. Un estío más de entre tantos a los que cantó con su fina voz Pura Vázquez:
“violís e páxaros
cantarolan nos meus abidueiros
c-un estronicio multiforme
lizgairos y pequenos”.
Seguro que irán a despertarla con armoniosos trinos a su nueva morada.

11 julio 2006

PROUSTIANA





Le encantaban los espaguetis a la boloñesa. Pero tenía un problema: no sabía por qué. ¿Cuándo había comido ese plato por primera vez?. No se acordaba. ¿Quién preparó entonces aquella exquisita comida que tanto le apetecía ahora?. Tampoco encontró en su memoria la respuesta adecuada.

Tras esa primera inquietud gastronómica se preguntó lo mismo respecto a sus gustos musicales o literarios. Por ejemplo, ¿por qué se aficionó al jazz, o a la música clásica, o al blues o al buen rock and roll?. 



Sin embargo recordaba perfectamente aquella tarde de verano en la que caminaba hacia el colegio y se sorprendió tarareando “Imagine” de John Lennon. Una araña flotaba en el viento agarrada al filamento transparente que pendía de la palmera enana. El aire caliente aportaba un inmenso sopor que invitaba a dormitar en la sombra de los árboles. 


Siguió andando. Los portalones entreabiertos dejaban escapar un aroma a papeles usados, a frescor de escombro. Las zapatillas de deporte, apenas recién estrenadas, le apretaban en el empeine. Su mirada se perdió entre los cabellos de la joven pelirroja con la que indefectiblemente se cruzaba todos los días al final de la cuesta, justo antes de embocar la Plaza Mayor. 


Le gustaba aquella chica, a pesar de la marca que le dejaban los calcetines en sus tobillos, quizás un poquito gruesos. Pensó que aquellos pies mejorarían mucho dentro de unos zapatos de tacón. En las carteleras del cine anunciaban una de vaqueros, una de esas películas de bajo presupuesto en las que los sioux lucían el pelo corto y patillas, al más puro estilo bandolero de Sierra Morena. Falsas también eran las pinturas de guerra.


De repente lo envolvió el olor de los espaguetis recién escurridos y se fijó en cómo se derretía la mantequilla en la sartén. A un lado esperaban la carne picada y el bote de salsa de tomate, dispuestos a fundirse en un abrazo que le devolvería a su paladar todo aquel tiempo perdido.

10 julio 2006

AMOR ETERNO


Te juré amor eterno. Todas las noches me dormía abrazado a la almohada, transmutada en tu cuerpo que todavía desconocía. Ponía el volumen del magnetofón en el máximo que me permitía escucharlo sin que se enterasen mis padres. No les gustaba que les molestasen mientras dormían. Se levantaban siempre muy temprano para ir a trabajar. Sonaban “Let it Be”, “Hey Jude”, “Angie” y “Wish you were here” una vez detrás de otra, hasta que el cansancio me vencía. Temía que la casete se me rompiera de tanto ponerla para atrás y para adelante. Gasté cientos de pilas.

Grabé tu nombre dentro de mi viejo pupitre de madera, para que perdurase mi lealtad hacia ti por siempre. Con un aerosol de pintura roja escribí bien grande tu nombre y el mío en la pared externa de las piscinas, para que todo el mundo lo leyera. En el medio pinté un corazón atravesado por una flecha. Sabes que soy muy clásico y previsible. Añadí la fecha.

Pasaron treinta años. Treinta estíos abrasadores como éste. Camino hacia el aparcamiento para rescatar mi coche de la calorina. Te he visto pasar con tus hijos de la mano al lado del muro de las piscinas. Te quedas mirando un gran corazón encarnado y macilento, atravesado por una flecha casi invisible. Hay dos nombres escritos y una fecha. Continúas impasible tu camino. Te juré amor eterno y nunca lo supiste.




EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ


En vísperas de la entrada del tercer milenio en nuestras vidas, dejé transcurrir parte de aquel verano del 2000 en Icod de los Vinos leyendo bajo la sombra protectora del Drago Milenario. Entre otras, alterné las páginas de la saga de historia - ficción espacial firmada por Isaac Asimov (Fundación) con las del libro titulado “Predicciones” de la editorial Taurus. Nada más y nada menos que 31 expertos en diversas áreas de la biología, la física, la filosofía y las ciencias sociales se atrevían a vaticinar cómo sería en realidad el futuro que nos espera. Por cierto, el único español presente en esta selección mundial fue el pensador Fernando Savater, recientemente amenzado de muerte por ETA.

Los lectores habituales de esta modesta colaboración dominical (según Aloysius mi propio padre, él y tres o cuatro incondicionales más) recordarán que alguna vez ya he mencionado a Shirley Turkle, socióloga de la ciencia del Instituto Tecnológico de Massachussets, el prestigioso MIT norteamericano. Tras nutrirse durante muchos años de las fuentes del psicoanálisis y del postestructuralismo francés (Lacan, Foucault, Barthes) esta doctora se centró en el estudio de las relaciones que establecemos las personas con los ordenadores, especialmente los vínculos afectivos entre los niños y los robots humanoides (o animaloides), las mascotas virtuales (como los Tamagotchi) o los muñecos digitales (los Furby por ejemplo).

En palabras de la propia Turkle, estos artefactos piden al niño que valore su estado de ánimo para poder establecer una buena relación entre ambos; piden que se les alimente, que se les cuide, que se les mantenga limpios y sanos. Los Furby son además entrañables y hablan cariñosamente con sus compañeros de juegos. Durante la infancia de los de mi generación, algunos se dedicaban a desmontar sus juguetes para conocer cómo funcionaban en realidad (luego conseguían montarlos de nuevo con más o menos suerte; incluso sobraban piezas). A los actuales niños que juegan con los Tamagotchi o con los Furby no les preocupan los entresijos de sus mascotas, sino la manera de hacerlas felices.

Nosotros preferíamos tener un cachorro (y dábamos la murga con el tema). Nuestros modernos chiquillos se decantan por los bichos virtuales que no ensucian ni destrozan nada; tampoco hay que sacarlos de paseo, ni huelen a perro o a gato. Sus cacas pueden recogerse con un simple movimiento de lápiz óptico sobre la pantalla del ordenador o del Nintendo y encima podemos adiestrarlos en cuestión de minutos para que realicen una serie (siempre limitada al software) de habilidades. Me recuerdan a los protagonistas de la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, del inclasificable Philip K. Dick, en la que precisamente se basó Ridley Scott para rodar el film de culto “BladeRunner”. Aquellos personajes trabajaban duramente para poder comprarse un animal natural como mascota, hartos de los sucedáneos artificiales con los que se tenían que conformar los ciudadanos de menor poder adquisitivo.

Cuando veo jugar a mis hijas absortas con su nuevo Nintendog, arrojo la toalla vencido y voy en busca de nuestra Pomerania para sacarla a dar un paseo. Prefiero contentarme con el agradecimiento que me demuestra con sus saltitos y su mirada llorosa. ¡Qué le vamos a hacer!, soy del siglo pasado.

CARA Y CRUZ





Vivimos una existencia llena de posibilidades. Repleta de probabilidades. Al igual que los sondeos electorales, la salud y la enfermedad se encuentran sometidas a las imperturbables leyes de la estadística. Un ejemplo escogido al azar entre las noticias médicas más recientes: el consumo de hachís eleva hasta en un 30% la probabilidad de padecer esquizofrenia. Otro similar: entre un 50 – 60% de las mujeres que han heredado de sus antepasados las mutaciones denominadas genes BRCA1 y BRCA2 desarrollarán un cáncer de mama antes de cumplir los 70 años.

Los modernos pacientes, ahora oficialmente llamados usuarios, exigen que los facultativos les demos porcentajes de curación. Hacen bien. Están en su derecho. Para ello vivimos inmersos en el mundo de los derechos. El papel del médico actual se parecerá cada vez más al del gestor de la salud (y de la enfermedad) de sus usuarios. Nosotros asesoramos y los ciudadanos y ciudadanas deciden. Incluso pueden rechazar las medidas terapéuticas propuestas. Pero seguramente que nuestra existencia será perfecta cuando también asumamos plenamente nuestras obligaciones. La más incómoda de todas: responsabilizarnos de nuestro propio cuidado (los que puedan) y conocer nuestras limitaciones como seres humanos; sólo así entenderemos la salud y la enfermedad como las dos caras de la misma moneda, como dos partes de un todo.

El papel del médico en la sociedad contemporánea cambia vertiginosamente. Y más que cambiará a medida de los avances técnicos nos obliguen a realizar una práctica médica que poco o nada se parece a lo que nos enseñaron (y todavía enseñan) en las facultades de Medicina. Tampoco nos servirá demasiado de ayuda la experiencia profesional, pues con mayor frecuencia nos enfrentaremos a situaciones ante las cuales ésta será inexistente. Bienvenidos pues al mundo de la intuición. A la par que cambia la medicina lo harán también la filosofía y la antropología, incluso la religión grosso modo.


La ficción, como es habitual, ha rebasado por la izquierda a la realidad. ¿Se acuerdan ustedes del ingenuo Dr. Fleichsman, protagonista de la serie “Doctor en Alaska”?. Todos los días tenía que atender a los pacientes más variopintos de un remoto y gélido poblado perdido en el tiempo, contando con la única ayuda de una enfermera, una peculiar auxiliar administrativa nativa y unos medios materiales ciertamente limitados. Un chamán más que un médico. Mi amigo socarrón me pregunta: ¿y cuántos compañeros tuyos han tenido que ejercer en la Galicia rural de la misma manera que el Dr. Fleischman lo hacía en el pueblo de Cicely?.

En la cruz de la moneda nos encontramos al Dr. Gregory House: misántropo, impío, faltón, mordaz y sagaz a partes iguales, se pasa el día huyendo de los pacientes y mortificando a sus compañeros de trabajo, mientras cojea apoyado en su muleta consumiendo analgésicos según le aprieta un dolor crónico poco soportable. Nunca lleva bata blanca, para diferenciarse de los demás médicos. Experto en el diagnóstico de difíciles patologías mediante sofisticados medios técnicos, encarna a la perfección al profesional hipercualificado que sólo ve enfermedades donde en realidad hay enfermos. Me asombra el Dr. House, pero me pregunto, ¿qué haría él solito en una destartalada consulta perdida en el medio de Alaska (o de Galicia)?. ¿Qué haría yo?.

03 julio 2006

ALPINCHE




El mero hecho de vivir hace que nos podamos crear simpatías y antipatías a partes iguales. Uno opina buenamente sobre la supuesta jubilación futbolística de Zidane tomándose unas cañas con los amigos en la barra del bar y el parroquiano a tu lado que te escucha en silencio te jura amistad o enemistad eternas. Y así con otras muchas cuestiones, desde las más banales a las más trascendentales.

Acaba de aparcarse en las inmediaciones del Parque de San Lázaro un Alpinche pilotado por Reverter y Coleman y ya se ha desatado la polémica entre sus incondicionales y sus detractores. Hay que ver lo que dan que hablar las silentes estatuas. Recuerdo con cuánto lujo y boato se inauguraron en el pasado las colosales efigies de Ceaucescu, Lenin, Musolini o Franco, por poner unos ejemplos, y con cuánto empeño fueron derribadas por el mismo pueblo que sólo unos meses antes ensalzaba a esos mismos gobernantes. No me extraña nada pues la controversia generada por el original híbrido de Alpine y Porsche. Incluso Aloysius se ha atrevido a terciar en la porfía, ya que entiende que el mejor aparcamiento del afamado coche de rallies sería la esquina superior del Parque, justo enfrente del Choupana, para que Toñito Coleman pudiera pasar lista de todos los colegas que entran y salen a diario de este establecimiento o del Gaimola, y a la vez saludar a los que suben calle Bedoya arriba para comer en Casa José Luis. Pero ese puesto privilegiado ya está ocupado desde hace tiempo por el Carrabouxo.

Lo que sí ruega Aloysius encarecidamente es que los prójimos respeten las estatuas, víctimas frecuentes del incivismo urbano, porque todas tienen sus sentimientos aunque no posean corazón. Y siguiendo con cuestiones cardíacas: ¿podremos algún día pedirle a los cirujanos que nos extirpen el corazón y nos lo sustituyan por uno nuevo, para prevenir el padecimiento de una enfermedad mortal a la que de seguro nos condena nuestra herencia genética?. Hace escasas semanas diez primos miembros de una misma familia norteamericana, los Slabaugh, se han extirpado sus estómagos sanos para evitar el desarrollo de un cáncer de estómago hereditario que había provocado anteriormente el fallecimiento de una abuela común, de sus padres y de sus tíos. A partir de ahora deberán alimentarse muchas veces al día en pequeñas cantidades. En la foto de la prensa se les veía muy felices.

Medidas tan drásticas han sido tomadas también en la lucha contra otros cánceres, como por ejemplo el de mama, si bien la actual medicina basada en la evidencia solamente apoya la mastectomía profiláctica (extirpación de los senos sanos en mujeres con peligro de padecer un cáncer de mama hereditario) en aquellos casos de riesgo constatado muy elevado.

Hace ya unos cuantos años atendí en mi consulta de Atención Primaria a una joven de unos 20 años que quería vaciarse. Le pregunté sobre si tenía alguna enfermedad en el útero o en los ovarios que la hiciera subsidiaria de semejante tratamiento quirúrgico. Con una tranquilidad pasmosa me contestó que su estado de salud era perfecto. Simplemente demandaba una histerectomía porque no tenía instintos maternales. Entonces le expliqué que nuestro sistema sanitario no cubría sus pretensiones. Sin más, se despidió y abandonó la consulta.

En el juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, sostiene Aloysius que habiendo dado el terrorista Txapote tan terribles muestras de insensibilidad ante el dolor causado por su actividad criminal, el juez podría haberle condenado a la extirpación profiláctica de su condición humana, porque está claro que de nada va a servirle en el futuro.



14 junio 2006

¿ANGUSTIA O ANSIEDAD?

Estaba la otra tarde Aloysius desempolvando viejos discos de vinilo guardados en unas cajas del desván cuando de repente se encontró un ejemplar del “Nat King Cole canta en español”. ¿Cuántas veces habremos escuchado aquella añeja versión del tema “Ansiedad”?; ¿cuántos amores se habrán gestado en este planeta al compás de tales acordes tradicionales?.

Los trastornos ligados al estrés y a la ansiedad son la primera causa de absentismo laboral en nuestro país, muchas veces asociados a la depresión. Y eso que en España todavía parece disfrutarse de un ritmo de vida que ya quisieran en otras muchas naciones europeas, mal que le pesen al Fondo Monetario Internacional y a mister Euribor.

Los médicos deberíamos entender la ansiedad como una situación no patológica, es decir, como un componente normal de la vida cotidiana, conducta tal vez heredada de nuestros primitivos ancestros que se pasaban la mayor parte de su vida en situación de alerta para poder sobrevivir jornada tras jornada. Algo similar podemos observarlo en los animales, nuestros parientes más cercanos, ya que cuando se enfrentan a una situación de peligro responden con comportamientos de huída o de lucha.
¿Qué ocurre entonces en nuestra particular jungla de asfalto? No todos estamos dotados de una misma capacidad de respuesta ante situaciones de estrés: la presión laboral, una desengaño sentimental o la pérdida de un ser querido, generalmente se convierten en circunstancias desagradables en nuestro devenir cotidiano, si bien algunos prójimos desarrollan ante las mismas una respuesta exagerada que se convierte en síntomas y en enfermedad. Como muy bien decía Enrique Echeburúa, Catedrático de Terapia de la Conducta de la Universidad del País Vasco, en los trastornos de ansiedad la respuesta al miedo o al estrés funciona como un dispositivo antirrobo defectuoso, que se activa y pone a funcionar la alarma ante un peligro inexistente.

Todavía sigue siendo difícil diferenciar entre ansiedad y angustia, palabras que además comparten la misma raíz etimológica. Los expertos entienden que la ansiedad se encontraría más ligada a una sensación de agudo desasosiego, que mantendría al paciente en tensión y con sensación de ahogo permanente, mientras la angustia se representaría en un nivel mucho más visceral, relacionada con sensaciones de tipo opresivo que mantendrían al enfermo cautivo del miedo a enloquecer o a la muerte inminente.
Dejando a un lado clasificaciones académicas, en la práctica el tratamiento de los estados patológicos de ansiedad y angustia se basa fundamentalmente en medicamentos y en terapias psicológicas específicas.

Al igual que Lou Marinoff, autor de aquel éxito de ventas de antaño titulado “Más Platón y Menos Prozac”, defiende Aloysius las bondades de los nuevos usos de la filosofía clásica para combatir la ansiedad, la angustia y la depresión que nos causa el ser mujeres y hombres contemporáneos. En esta línea les recomiendo la lectura de la pequeña gran obra titulada “El primer trago de cerveza”, de Philippe Delerm, delicioso breviario que nos enseña a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como por ejemplo ver un película en el cine, ponerse un jersey en otoño, oler las manzanas que maduran en el sótano o leer el periódico mientras desayunamos, como hoy. Y es que mojarse las alpargatas es conocer el amargo placer de un naufragio completo.

LA COVADA


En una escena intimista de “El paciente inglés” (Anthony Minghella 1996) el conde László Almásy (Ralph Fiennes) susurra al oído de su amada Catherine Clifton (Kristin Scott Thomas) los nombres de los vientos del desierto: el Ghibli, el Aajej, el Simún, el Harmattan o viento rojo. Alguna que otra de estas tórridas corrientes aéreas anda calentando nuestra ciudad en estos días de estío adelantado al final de la primavera. Igual de candente se encuentra la actualidad política a propósito de las negociaciones con la ilegalizada Batasuna en el País Vasco y al desarrollo de la campaña por el Estatuto de Cataluña, donde los responsables máximos de la movida independentista piden ahora el NO exactamente igual que los fachas del PP, pero claro está por motivos bien diferentes.
Una auténtica covada para estadistas de salón. Mientras pasa todo esto, el pueblo en general se entretiene pensando en las próximas vacaciones veraniegas, titubeando aún entre los rescoldos de los macro - funerales de Rocío Jurado y la confianza ciega en que la selección española gane por fin un campeonato mundial de fútbol; ni Zapatero se atrevió a apostar por ellos y ya saben ustedes que nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas, como diría Anatole France.
Y hablando de tocar las pelotas, he leído unas simpáticas anotaciones pertenecientes al libro de Adele Gelty titulado “La diosa Madre de la naturaleza viviente”, en las que cuenta una sana costumbre de los indios huicholes de Méjico. En esta cultura se piensa que el hombre y la mujer deben compartir tanto el placer del embarazo como los dolores del parto; por este crucial motivo, mientras ellas dan a luz ellos se colocan sentados sobre unas vigas situadas a la cabeza de la parturienta, con una cuerda atada a los testículos. Es fácil que mientras la madre se retuerce de dolor (y de alegría) tire de la cuerda al ritmo de las contracciones. Dice la autora del libro que este acto contribuye a una actitud paterna solidaria, como si de un empollamiento del nuevo hijo se tratara.
Por preferir, la mayoría de los machos nos inclinaríamos hacia la covada, del latin cubare – guardar cama durante el puerperio -; narrada ya en la antigüedad por Apolonio de Rodas en su obra Los Argonautas, el padre sustituye a la madre en el lecho una vez se ha producido el nacimiento del hijo para alimentarle, cuidarle y darle cobijo. Esta costumbre estuvo muy extendida entre algunas comunidades, como por ejemplo los corsos, los vascos (J. A. Zamácola, Historia de las naciones Bascas, 1818), los canarios y los ibicencos. En el siglo XX se ha constatado la covada en Laponia, Borneo, Inglaterra, Francia, Brasil, Alemania... Hasta el mismísimo Sigmund Freud le encontró una explicación a tan peculiar demostración: en su disertación sobre los celos femeninos del pene, el padre del Psicoanálisis justificó la sustitución paternal de la puérpera en el lecho del recién parido como un acto de lucimiento del miembro viril ante las vecinas.
Dentro de su particular concepción del mundo que nos rodea, interpreta Aloysius que la covada ocurre por la envidia ancestral que el género masculino tiene del femenino dada nuestra incapacidad para parir. Con mucha cautela le prestaremos atención a tales aseveraciones, ya que está muy preocupado porque su perra acaba de parir seis cachorros el día sexto del sexto mes del sexto año del presente siglo: ¿el número de la Bestia?.

31 mayo 2006

FATIGA CRÓNICA

- ¿Cómo se encuentra hoy, Sr. Mancini?:

- Estoy....muy cansado...


¿Se acuerdan ustedes del pusilánime Sr. Mancini?. Era uno de los recluidos en aquel peculiar manicomio retratado de forma magistral por Milos Forman en “Alguien voló sobre el nido del cuco” (1975). El chalado histrión R. D. McMurphy, protagonizado por el celebrado Jack Nicholson, se le subía en una escena encima de los hombros para tratar de encestar una pelota de baloncesto en las canastas de la desolada y lúgubre pista de juego de la institución psiquiátrica. El Sr. Mancini siempre estaba profundamente cansado. Tal vez padeciera un síndrome de fatiga crónica en grado extremo.
Sostiene el Dr. Enrique Baca, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Puerta de Hierro, que los pacientes afectados por este extraño síndrome se quejan de un cansancio permanente e invalidante. Este experto no sabe si el sufrimiento de estos enfermos es mayor por la amplia y variada sintomatología física que padecen o por la incomprensión del entorno que les rodea. 
Hace unos días una funcionaria ourensana aquejada de fatiga crónica protagonizaba una sentada ante los estamentos sanitarios oficiales para llamar su atención y reivindicar sus derechos como enferma crónica. Es cierto que los que sufren enfermedades raras o escasamente prevalentes entre la población general se ven obligados a actuar de manera estridente y provocadora para lograr que la sociedad vuelva su mirada hacia sus padecimientos. De seguro que a esta paisana no le servirá de consuelo aquella máxima de Sócrates afirmando que es mejor sufrir una injusticia que cometerla.

También en fechas recientes he tenido la oportunidad de asistir a los actos conmemorativos del Día Mundial de la Fibromialgia, realizados de manera existosa en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ourense. En demasiadas ocasiones ambas patologías tienden a confundirse, quizás por sus características incapacitantes y crónicas. Mis admirados colegas y maestros, el Dr. Ovidio Fernández y el Dr. Manuel Cabaleiro, defendieron la creación de unidades multidisciplinares destinadas al diagnóstico y al tratamiento de ambas enfermedades, donde médicos de familia, internistas, reumatólogos, rehabilitadores, psiquiatras y psicólogos trabajen codo con codo para ofertar una mayor calidad asistencial.
Pero ¿y la comprensión social?. Las mayores dificultades con las que se enfrentan los pacientes de fibromialgia y fatiga crónica aparecen a la hora de reclamar sus derechos laborales, las incapacidades funcionales o las correspondientes pensiones por enfermedad; en otras palabras, al miedo al engaño y a la simulación. Es cierto que aquellos países cuyas legislaciones sanitarias resultan más laxas en el reconocimiento de la categoría de enfermedad profesional para estos trastornos se enfrentan a tasas más elevadas de indemnizaciones por discapacidad permanente. Pero resulta que estamos ante enfermedades que afectan predominantemente a mujeres jóvenes en edad productiva y reproductiva, y además ¿cómo actuamos la mayoría de los médicos de familia en nuestras consultas masificadas ante una paciente que de manera reiterada se queja de cansancio, debilidad muscular, flatulencia, diarrea, desmotivación, cefalea, dolores múltiples y variados, mialgias, tos crónica y persistente, falta de atención y pérdida de memoria, manos y pies fríos, fotofobia, erupciones cutáneas, sofocos, parestesias y fasciculaciones, intolerancia al alcohol, micciones frecuentes, etc, etc, etc.?

22 mayo 2006

LISTAS DE ESPERA





Por enésima vez se me quejaba la otra tarde un conocido sobre las listas de espera. Su esposa acudió a la consulta del médico de familia aquejada de unas molestias genitales. Una vez explorada le fue detectada una lesión vulvar, por lo que recibió la correspondiente hoja de interconsulta para el servicio de ginecología de referencia. A pesar de que dicha solicitud llevaba marcada la casilla preferente, a esta señora le dieron cita para atención especializada en marzo del 2007. 


Intentando su consuelo le conté otra historia similar: no eran hemorroides las que le causaban a un paciente asistido en mi consulta de atención primaria un sangrado anal recidivante. A pesar de referir unos llamativos antecedentes familiares de cáncer de colon (presentes en un tío paterno y en su propio progenitor) también le dieron cita para realizarse una colonoscopia en marzo de 2007. Por lo menos, el especialista del aparato digestivo apenas tardó 2 semanas en consultarle.

Estos son dos ejemplos de los muchos usuarios del SERGAS que en la provincia de Ourense se enfrentan a las barreras establecidas por la administración sanitaria que gestiona las listas de espera para una primera consulta o para la realización de una prueba diagnóstica en determinados servicios de atención especializada. En el caso de la ginecología, el otro día la portada de un diario anunciaba que el tiempo medio de demora alcanzaba los 117 días en Galicia; en otras palabras, los 4 meses. 


En este ejemplo concreto, la potenciación del nivel asistencial primario mediante el correcto desarrollo del hasta ahora llamado Programa de la Mujer, seguramente podría aligerar las listas de espera eliminando de las mismas a todas nuestras paisanas que intentan acudir al ginecólogo para una revisión de salud. Otro cantar sería ya la atención de mujeres portadoras de diversa patología.

El pasado 19 de mayo, un informativo de noticias electrónicas relacionadas con la sanidad se hacía eco de un reportaje que se me antoja de importancia capital, a pesar de que tan sólo se le dedicaran al mismo una docena de líneas: 23 años después, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le ha dado la razón a la propuesta del entonces Defensor del Pueblo, D. Joaquín Ruiz Jiménez, respecto a la licitud de acudir a un servicio asistencial ajeno siempre que el sistema público no sea capaz de proporcionarle al usuario la asistencia adecuada en tiempo y forma.

Ya se pueden poner las pilas sin distinción todos los servicios autonómicos de salud para establecer decretos que garanticen unos tiempos mínimo de espera reales, sin maquillajes, sin trampa ni cartón, con medidas eficaces y efectivas antes de que los jueces se pongan mano a la obra y las peticiones de los afectados colapsen nuestros masificados juzgados. De seguro que lloverán las facturas de los centros privados. 


Mientras se sigue echando mano de las en su tiempo tan criticadas peonadas y de los tan denostados centros concertados, los pacientes siguen esperando que se tome la medida gestora que todos conocemos para paliar el efecto oprobioso de las listas de espera: un mayor presupuesto sanitario. Eso sí, habrá que mojarse y decidir qué es políticamente más correcto: subir los impuestos (directos y/o indirectos), recortar las prestaciones o establecer medidas de copago. A ver quién se atreve a ponerle el cascabel al gato.

LAMENTO BOLIVIANO


Están que echan humo las emisoras de radio ante la inminente llegada del estío pugnando una vez más por la designación de la llamada Canción del Verano. Nada de extrañar en estas fechas puesto que todos los años asistimos impasibles a una pugna similar. ¿Recuerdan cuántas veces en el pasado se proclamó Georgie Dann vencedor de tan singular campeonato? 


Este año las tonadas nominadas para este insigne galardón son tres: “La Mordidita”, éxito de cubaton - reggaeton interpretado por el tropical Candyman, llena de ritmo porfiado y con una letra sugerentemente libidinosa, seguida muy de cerca por “A Cabritinha”, propuesta sorbetera entonada en la ilustre lengua de Camoens por Quim Barreiros, si bien el populacho se decanta por el triunfo del “Lamento Boliviano”, bachata popularizada en su día por los Enanitos Verdes y hoy felizmente revitalizada por el grupo caribeño Toque d´Keda.

Bolivia está de moda, y no sólo por la demostración política del lado oscuro de la fuerza de Evo Morales, el azote del capitalismo más ortodoxo en aquellas tierras de chaco y altiplano, considerado un moderno héroe revolucionario o un desagradecido que muerde la mano que alegremente le tendió el gobierno español según baile el agua del paisano. ¿Tal vez no murió en vano el Che Guevara en aquella escuelita de La Higuera?

Nuestro apreciado colega ourensano, el Dr. Manuel Garrido Valenzuela, es un experto conocedor de la realidad social y sanitaria de Bolivia, la nación más pobre de Hispanoamérica junto con Haití. Anda ahora empeñado este buen cirujano infantil en la siembra de quirófanos móviles por las estribaciones de los Andes bolivianos, dispositivos asistenciales que quizás permitan concluir su gran obra de entrega solidaria comenzada en solitario un buen día en la pequeña localidad de Santa Cruz de la Sierra.

Los problemas sanitarios de Bolivia se me antojan bien distintos a los de Galicia y de Ourense. Allí el 60% de la población es menor de 25 años y sólo el 7% es mayor de 65 años. Su tasa global de fecundidad se sitúa en los 3.8 hijos por mujer, oscilando entre los 3.1 del ámbito urbano y los 5.5 del rural. La esperanza de vida de un boliviano al nacer se sitúa en los 63 años y medio (considerando en conjunto ambos sexos).

En aquel país se mueren por culpa de las enfermedades cardiovasculares (30%), por las enfermedades transmisibles (12%) y por causas externas (11%). Bolivia no iba a ser la excepción y una vez más las mujeres tienen más probabilidades de morirse, sobre todo las rurales, las de menor grado de instrucción y las de origen campesino o indígena, lo mismo que las que han emigrado a los grandes centro urbanos buscando mejores condiciones de vida.

El cáncer de cuello uterino, por ejemplo, constituye un problema de salud pública de magnitud máxima en Bolivia. Sin embargo, la relación de casos SIDA es de 2.8 hombres por cada mujer. Respecto a la mortalidad infantil, entre 1989 y 2003 descendió de 94 por mil nacidos vivos a casi la mitad. Por último destacaría también que el 60% del territorio boliviano es endémico respecto al padecimiento de la enfermedad de Chagas.

Chompas aparte, sería necesario y deseable que las supuestas mejoras económicas pretendidas por parte del gobierno de Morales se vean convenientemente reflejadas en el ámbito de la sanidad. Bolivia no se merece más lamentos. Por cierto, la única canción del verano que se escucha a todas horas es el himno del Barça.

NOUVELLE CUISINE


Una de mis entretenimientos favoritos consiste en brujulear por las tiendas de discos y por las librerías de segunda mano en la búsqueda de curiosidades. Confieso que de esta manera he conseguido notables piezas de coleccionista. A veces tampoco hace falta visitar rastros de objetos inservibles porque los modernos centros comerciales y los grandes supermercados me sorprenden gratamente con alguna ganga en sus departamentos de saldos. La otra tarde sin ir más lejos me entretuve a ojear un gran cajón repleto de DVD de ocasión. Allí encontré un baratísimo ejemplar de sesión doble con “La tienda de los horrores”, tosca e ingeniosa obra de serie B dirigida en 1960 por Roger Corman y que presenta a un bisoño Jack Nicholson con una cara de loco que acojona, y “La última vez que vi París” (1954) de Richard Brooks, protagonizada por una bellísima Elisabeth Taylor de mirada color topacio imperial.

Precisamente entre la galería de chalados que capitaneaba Jack Nicholson en el filme de Corman destaca un tal Burson Fouch, excéntrico cliente habitual de las floristerías al que le encantaba comer flores. En estos días he visto en las noticias de TV unas secuencias sobre una feria gastronómica en la que los innovadores de la cocina proponían comer flores. La verdad es que las cajitas de plástico en la que se ofertaban estos regalos de la naturaleza se veían la mar de apetecibles. Lo cierto es que para los profanos en la materia como yo nos sorprenderá conocer que las flores han sido empleadas desde tiempo inmemorial en la cocina de las culturas indú, griega y romana, por ejemplo. Sus llamativos colores y sugestivos aromas parecen despertar los sentidos más vívidos de los comensales. Pétalos de rosa recién cortados (¿tal vez fue en Túnez donde probé un sorbete de pétalos de rosa?), violetas, jazmines, caléndulas, capuchinas, flores de azahar, magnolias, mejorana, hierba luisa o hierbabuena forman parte de un completo arsenal al servicio del creador culinario más atrevido.

En la cocina con las flores los expertos recomiendan las mismas precauciones que se toman con las setas, pues igualmente existen ejemplares comestibles y tóxicos. Acabo de leer en un blog de la web las experiencias de Carlos Meribona con flores comestibles tailandesas en el restaurante “Thai Gardens” de Barcelona: tempura de flor de calabacín y orquídeas, ensalada de pétalos de rosa con salsa de lima, caldo suave de flor de plátano con leche de coco o ensalada de la flor del dok kem (rauwolfia serpentine) rebozada con jengibre. Por cierto, existe un fármaco antihipertensivo que ha sido ampliamente utilizado llamado reserpina derivado de este mismo arbusto.

Mientras los poetas nos alertan que comer flores es un pecado mortal, porque es como comerse las estrellas o devorar rodajas de luz de luna, está claro que sobre el comer no existen límites. Sólo hay que esperar sentado hasta que una tendencia se ponga de moda: ¿comeremos normalmente en un futuro no muy lejano sabrosos insectos y larvas aderezados con los más exquisitos aderezos?; ¿dejaremos alguna vez de zamparnos a todos esos animales que tienen la desgracia de compartir con nosotros este ofuscado planeta? 


Releeré al malogrado antropólogo Marvin Harris a ver si encuentro las respuestas adecuadas.

03 mayo 2006

LA VOZ FEMENINA


En su magnífico poema “La voz a ti debida” prometía enamorado Pedro Salinas a su idealizada amada:

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!.
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría.


En contraposición a tan elevadas pretensiones, el antipoeta Aloysius termina de descubrir que la voz femenina provoca agotamiento en el cerebro del hombre, y no como fruto de especulaciones varias o de leyendas urbanas, sino basándose en sólidos fundamentos científicos.

Y es que parece ser que hartan por igual las voces de la esposa, de la madre, de la suegra, de las hijas, de las queridas, de las primas carnales y lejanas, de las vecinas, de las compañeras de trabajo y de las azafatas que nos explican cómo ponernos correctamente el chaleco salvavidas en un viaje aéreo que nos traslada desde Madrid a Granada, cuando el único verde mar que sobrevolamos lo forman los vastos olivares que manchan Andalucía al sur de Despeñaperros.

El profesor Michael Hunter, de la Universidad británica de Sheffield, ha estudiado mediante técnicas de neuroimagen similares a las empleadas en la resonancia nuclear magnética (RNM), cómo los tonos de voz femenina activan en general todas las áreas auditivas cerebrales, mientras que la voz de otro varón sólo estimula ciertas zonas subtalámicas. No se trata pues de un machismo encubierto, sino un fenómeno natural derivado de la mayor complejidad sonora de la voz femenina.

Tal hallazgo no deja de ser una curiosa anécdota que nunca debería servir de justificación para aquellos hombres que no prestan la debida atención a las mujeres de su vida. Cuán importante resulta la comunicación en nuestro cotidiano devenir; pero para que ésta se produzca siempre deben existir un emisor y un receptor, mecanismo al que los expertos añaden además el necesario “feed – back” o retroalimentación; en otras palabras, la certeza para el emisor de que su mensaje ha sido correctamente descifrado por el receptor.


Permanece Aloysius algo pasmado con todas estas cuestiones. Para contrarrestar su misoginia galopante le regalo otros preciosos versos de Salinas que dicen así: “ceñida en tu silencio/ sí y no, mañana y cuando/ quiebran agudas puntas/ de inútiles saetas/ en tu silencio liso/ sin derrota ni gloria./ ¡Cuidado!, que te mata/ fría, invencible, eterna/ eso, lo que te guarda/ eso, lo que te salva/ el filo del silencio que tú aguzas/.

Prestémosle pues la debida atención a las voces femeninas que cada vez se hacen sonar más intensas en nuestros oídos; especialmente a la de las abuelas. Yo hecho mucho en falta la de la mía. De veras.




ILUSTRES GALENOS


Le debemos el apelativo de galeno al médico griego que comenzó su actividad profesional en la vieja escuela de gladiadores de Pérgamo, y que alrededor del año 164 de nuestra era emigró a Roma, metrópoli de la antigüedad en la que llegó a ser médico de la corte del sabio emperador Marco Aurelio. Y es que en determinadas ocasiones resulta cuanto menos curioso el papel que los médicos desempeñamos en la sociedad. Sabe Dios cuántas espaldas partidas tuvo que atender Galeno remendando gladiadores para establecer la importancia de la columna vertebral en nuestra estructura corporal o cuantos tajos de espada hubo de suturar para interesarse por la disección de diversos sistemas musculares en el hombre y en los animales.

Recuerdo que a finales de los años 70 se saturaron las facultades patrias de Medicina como consecuencia de la proyección televisiva de la serie “Centro Médico”, gracias al papel estelar de Chad Everett como el atractivo cirujano Dr. Gannon. Parece ser que para la vocación médica resultó mucho más estimulante la aparición de un guaperas endomingado en las pantallas que las vidas ejemplares de D. Santiago Ramón y Cajal o del Dr. Severo Ochoa, a pesar de que nuestros Premios Nobel de Medicina también tuvieron sus espacios televisivos de ficción interpretados respectivamente por el gran Adolfo Marsillach y por el insípido Imanol Arias.

En la época del Dr. Gannon también se emitió “Marcus Welby, doctor en medicina”, si bien para el público femenino resultó menos encantador el personaje encarnado por el ya fallecido actor Robert Young. ¿Y qué opinan nuestras prójimas de galenos tan galanes como Omar SharifDr. Zhivago o Richard ChamberlainDr. Kildare?.


Pero no siempre la figura altruista del facultativo ha sido bien tratada por los medios de ficción. La siniestra lista negra es profusa, encabezada por el inquietante Dr. Moreau, un histriónico Marlon Brando en la versión de 1996 dirigida por John Frankenheimer, seguido muy de cerca por el malvado Dr. Mabuse de Fritz Lang, encarnación eterna del mal, artista del disfraz capaz de manipular y dominar la psique de sus infelices víctimas, para el cual nunca existió el amor como sentimiento, sino el deseo más violento y animal. 


Por cierto, Fritz Lang era el favorito para dirigir otra película emblemática de este retorcido género de terror, “El gabinete del Dr. Caligari”, pero al final el encargo fue llevado a término por otro director alemán llamado Robert Wiese. Impagable el personaje del sonámbulo Césare y terribles sus predicciones mortales. Otro galeno asesino fue interpretado por el turbador Vincent Price en la saga protagonizada por el malvado Dr. Phibes, especializado en el homicidio selectivo de sus antiguos colegas por venganza. ¿Y qué decir del reciclado ex - nazi Dr. Strangelove?. 


Todos ellos se convierten en claros ejemplos negativos contrarios al espíritu bondadoso que impregna nuestro Juramento Hipocrático. Hay quien sostiene por ahí que este juramento debe su nombre mitad y mitad a Hipócrates de Cos, padre de la medicina naturalista, y a lo hipócritas que podemos ser los facultativos cuando nos escondemos detrás de nuestra jerga técnica y de nuestra falta de humanidad para con nuestros prójimos.

Como castigo para los deslenguados pienso pedir cita para ellos en las consultas de mis colegas de ficción, empezando por la del Dr. Doolittle, el médico que hablaba con los animales, para continuar con la del Dr. Patch Adams, a ver si le aplica un tratamiento intensivo a base de risoterapia. Espero que no haya lista de espera.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS



Nos pasamos la vida formulando preguntas; unas veces obtienen la respuesta adecuada, pero en la mayoría de las ocasiones no resulta así. Inquisitivas preguntas pertenecientes al estricto ámbito de la convivencia doméstica: ¿cuándo vas a ordenar la habitación?, ¿a qué hora llegaste anoche?, ¿tienes dinero?. 


Candorosos interrogantes infantiles de inusitada profundidad espiritual: ¿por qué se ha muerto nuestra mascota?, ¿irá también al cielo como el abuelo?, ¿nos estarán observando juntos desde aquella lejana estrella que brilla en el firmamento?, ¿de dónde vienen los niños?.

La tan socorrida parte vocacional de la profesión médica radica en la disposición permanente para contestar todo tipo de preguntas. Y si no que se lo pregunten al tándem formado por Mark Leyner y Billy Goldberg, autores del libro que lleva camino de convertirse en best – seller titulado “¿Por qué los hombres tienen pezones?”, en el que un médico de urgencias y un periodista recopilan una serie de cuestiones que los pacientes sólo se atreverían a preguntarle a su médico de cabecera tras haber ingerido al menos un tercer Martini ®


Entre las perlas de este recopilatorio existen algunas tan histriónicas e indiscretas como por qué nos entra hambre al cabo de una hora de comer en un restaurante chino, por qué tenemos apéndice si podemos vivir sin él o la trascendental duda sobre si podremos contraer alguna enfermedad por sentarnos en un váter público.


Queda claro que un médico que se precie debe estar siempre dispuesto a contestar las preguntas que cualquier prójimo le formule en cualquier situación y circunstancia, a cualquier hora del día o de la noche, luzca un sol resplandeciente o lluevan chuzos de punta, se trate de un día corriente o de un necesario festivo. A veces resulta harto complicado dar una respuesta adecuada a una pregunta aparentemente simple, pero que detrás de sí esconde terribles dudas vitales para nuestro interpelador.

El otro día un compañero leía el informe del alta hospitalaria de un paciente afectado por una grave enfermedad oncológica. Cuando llegaba al final del mismo, el enfermo le preguntó con una enorme y franca mirada: - doctor, ¿cuánto me queda?. Entiéndame usted bien..., es que tengo muchas cosas que arreglar mientras pueda - ...  


Por supuesto, todo ello sin tener nada que ver con aquella máxima atribuida a Johann W. Goethe en la que reclamaba para sí el beneficio de las convicciones ajenas, pero resguardándose a la vez de las dudas del prójimo, debido precisamente a lo complicado que resulta la resolución de nuestra propia incertidumbre.



Sin embargo, en muchas otras ocasiones a los médicos se nos acusa de preguntar poco, como por ejemplo ocurre a la hora de interrogar a nuestros pacientes sobre el problema de la incontinencia urinaria, y que sólo en España afecta más o menos a unos 2 millones de personas. Dicen los expertos que 3 de cada 4 personas que sufren este problema son mujeres y que 4 de cada 10 mujeres refieren habitualmente pequeñas pérdidas de orina. El sentimiento de vergüenza hace que en demasiadas ocasiones este problema permanezca oculto, mientras el médico dispone hoy en día de suficientes herramientas para el adecuado abordaje diagnóstico y terapéutico de la incontinencia urinaria. Preguntemos pues, para que nos cuenten. 


Por cierto, ¿saben ustedes por qué los hombres tienen pezones?.