CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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27 abril 2015

CRISIS Y DESASTRES


Cuando escribimos estas líneas, la última catástrofe que acaba de azotar a la humanidad es el terremoto de Nepal, una tragedia que todavía computa víctimas, heridos, muertos, desaparecidos. Como ya ocurriera en Haití en 2010, este tipo de desastres naturales acarrean las consecuencias más dramáticas para aquellas poblaciones aisladas por la geografía y deprimidas por su economía.

En la Escala Ritcher, los efectos de un seísmo de 7.8 grados de intensidad se catalogan como graves, provocando serios daños en extensas zonas. Las comunicaciones quedan cortadas, y el suministro de agua, alimentos y medicinas se convierte en una misión imposible. Indudablemente, la repercusión informativa del terremoto nepalí ha tenido como caja de resonancia los testimonios de muchos alpinistas occidentales atrapados en el Everest por avalanchas de nieve y rocas. Los dispositivos celulares han permitido, una vez más, la transmisión en directo del desastre, incluso antes de que las cámaras de los intrépidos periodistas gráficos comenzaran a captar las imágenes de la desolación.

Nuevamente, como en el caso de Haití, lo peor todavía está por venir, con una fase de recuperación tan ralentizada como así lo quiera la ayuda y cooperación internacionales. Por cierto, en Nepal tan sólo existen 2 médicos y 50 camas de hospital por cada 10000 habitantes. Piensen en una ciudad como Ourense, donde apenas 20 médicos hubieran de ocuparse de la salud de toda la comunidad.

Sin el concurso de una naturaleza salvajemente desatada, la población del Yemen está padeciendo un infortunio similar. En este caso, la voz de las armas sustituye al fragor de la energía telúrica desbocada. Yemen es el país árabe más pobre, aunque en este conflicto se enreden motivos económicos y religiosos, estos últimos enraizados en ancestrales luchas intestinas suscitadas en el seno del Islam tras el fallecimiento de Mahoma. Más de la mitad de la población yemení subsiste bajo el umbral de la pobreza. De sus 24.5 millones de habitantes, 13.5 millones no tienen acceso a agua potable, 12 millones viven en zonas carentes de saneamiento, 8.5 millones no disponen de atención sanitaria, 2 millones de niños presentan desnutrición crónica y se estima que 75000 críos se encuentran en grave riesgo de contraer enfermedades evitables con vacunas. Los pequeños yemeníes se enfrentan a una situación equiparable a la de muchos otros afectados y desplazados por la terrible guerra en Siria e Irak.

En Nepal, por culpa del terremoto, y en Yemen, por culpa de la guerra, los cadáveres abandonados en poco tiempo pueden convertirse en un grave problema de salud pública. Los alimentos básicos han duplicado su precio, y aún disponiendo de dinero para comprarlos, su adquisición se convierte en una aventura. Y qué decir de los medicamentos. Los bancos de sangre se han quedado sin reservas. Ya hay quién reclama con insistencia, siguiendo el ejemplo de lo acontecido en Afganistán hace años, un alto el fuego temporal para que las instituciones sanitarias nacionales e internacionales puedan actuar con seguridad allí donde más se las necesita. 

Decía Henry Miller que cada guerra es una destrucción del espíritu humano, lo mismo que cada terremoto.

20 abril 2015

MEDICINA SOCIAL



Nuestra sociedad, como cualquier otro ser vivo, disfruta y padece ciclos de salud y enfermedad, puede necesitar, en determinados momentos, de los cuidados y el asesoramiento de los médicos sociales, dedicados a la promoción de la salud y a la prevención de la enfermedad en esos grupos que los primates humanos tendemos a formar para beneficiarnos mutuamente del progreso, la comunicación y la solidaridad comunes.

Revistas científicas de la calidad de “The Lancet” vienen presentando dentro de sus contenidos apartados específicos dedicados a este tipo de patologías. Hoy nos gustaría destacar sus esfuerzos en contra de la violencia machista. Por desgracia, cada día, millones de niñas y mujeres experimentan la crueldad masculina disfrazada bajo las más turbias tonalidades de la iniquidad: agresiones físicas y psicológicas, asesinatos, mutilación genital, abusos sexuales y violaciones, matrimonios infantiles forzados o prostitución impuesta, y todo ello por el simple hecho de que la víctima es niña, mujer, esposa o pareja.

Existen diferentes y recientes estudios al respecto. Algunos expertos han revisado determinados modelos de intervención contra tamaña lacra social. Curiosamente, en los países con ingresos económicos más elevados, las investigaciones tienden a focalizarse en cuál debería ser la respuesta más efectiva ante este tipo de agresiones sexistas, intentando reducir, de alguna manera, la propia victimización de las mujeres agredidas. Sin embargo, en los países con economías menos potentes, la investigación se ha centrado mayormente en la prevención de la violencia machista, obteniendo prometedores resultados mediante intervenciones en la colectividad. Es decir, tratamientos comunitarios ante la patología social.

Combatir la violencia contra las mujeres es una prioridad para la Organización Mundial de la Salud, que promueve el fortalecimiento del papel de los sistemas sanitarios en el tratamiento de las agresiones a mujeres y niñas.

Nos ha llamado la atención un estudio firmado por científicas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Uganda y Nicaragua en el que las autoras destacan varios puntos básicos en cualquier política eficaz contra la violencia machista. Introducen un concepto que nos resulta novedoso, la ecología social, individual, interpersonal, comunitaria y social, refiriéndose como tal al delicado equilibrio de interactuar en la vida de las personas desde contextos sociales, institucionales, culturales y políticos. 

Pero, ¿cómo equilibrar elementos sociales, culturales y políticos allí donde se empeñan en discriminar a mujeres y niñas cosificadas por determinados machos que las consideran una posesión, mientras les niegan los derechos más fundamentales mediante el único argumento del sometimiento de la fuerza y el terror? ¿Cómo contraer la profunda brecha que todavía separa el análisis social de la práctica médica? ¿Vendrá la curación de la brutalidad sexista de la mano de la medicina social? Sin lugar a duda.


12 abril 2015

MALARIA


La existencia del Capitán Hércules Vinagre se desarrolló bajo signo mordaz. No es de extrañar que, con una vida tan peculiar, Henry Fielding (1707 - 1754) publicara en 1749 la novela “La historia de Tom Jones, expósito”, convirtiéndose en un autor capaz de poner de manifestar esa amalgama de virtudes y defectos que constituyen el alma humana. 

A Fielding y Hércules Vinagre, dos nombres para una misma persona, se le atribuye la máxima de que casi todos los médicos tienen una enfermedad favorita, a la que atribuyen todas las victorias obtenidas sobre la naturaleza humana. Fielding falleció en Lisboa, no de la malaria, sino como consecuencia de una fatal disentería. Siguiendo su axioma, confieso que la malaria (o paludismo) es una de mis enfermedades favoritas. Y lo es, entre otras razones, por su tremenda complejidad. Como en “Los Tres Mosqueteros”, su protagonismo se reparte entre varios sujetos.

En el desarrollo de una enfermedad que los clásicos atribuían al mal aire que enviciaba la atmósfera de las regiones palustres, en primer lugar interviene un parásito, un protozoo de la especie Plasmodium, capaz de infectar a mosquitos y a humanos. El segundo mosquetero se llama Anopheles. El parásito se reproduce sexualmente en las hembras de este intervertebrado. Entonces, utilizando el insecto como vector de trasmisión, el Plasmodium se hospeda en un anfitrión vertebrado, en este caso el ser humano, el tercer mosquetero de tal aventura. 

Las hembras del Anopheles cuando pican, mediante su saliva inoculan el parásito en el sistema linfático del huesped. Desde aquí, ya convertidos en esporozoitos, son capaces de infectar el hígado y transformarse en merozoitos. Tras esta fase inicial de reproducción asexuada, los merozoitos pueden reinfectar más células hepáticas o penetrar en los glóbulos rojos. Dentro de estas células sanguíneas, utilizan las proteínas de la hemoglobina como alimento para transformarse en trofozoitos. Tras su multiplicación, revientan los glóbulos rojos liberando nuevos merozoitos, que a su vez podrán infectar más células sanguíneas o transformarse en gametocitos, masculinos o femeninos. 

Finalmente, si el individuo infectado es picado de nuevo por un mosquito, los gametocitos pasan al insecto. Ahora, tras una fase de reproducción celular, los nuevos plasmodium se alojan de nuevo en las glándulas salivares de los Anopheles, completando el ciclo. Y vuelta a empezar.

Pero en nuestra historia inversa de los Tres Mosqueteros faltan D´Artagnan y el Cardenal Richelieu. Y es que la única forma posible de contagio entre humanos es a través de la placenta, cuando una madre infectada transmite la enfermedad al feto, o a través de transfusiones.  

Cada año, la malaria causa entre 500 y 700 millones de casos, con alrededor de 1.6 millones de muertes. Más del 90% de los casos ocurren en África. Contra esta enfermedad no existe todavía una vacuna efectiva y su lucha se centra fundamentalmente en las medidas preventivas del contagio. Diversos y novedosos fármacos contra la malaria continúan todavía en fase de experimentación. Deseamos que muy pronto comiencen a recolectar provechosos frutos.


02 abril 2015

PRIMATES HERMANOS


A día de hoy hay quien reniega de la teoría de la evolución de Charles Darwin. Y en el caso de los primates, que es el que nos compete, todavía más. Basándose en creencias fundamentalistas que interpretan escritos religiosos al pie de la letra, como el Libro del Génesis, la presencia del ser humano en este planeta se desvincula de una cadena evolutiva iniciada hace millones de años, desde las formas más sencillas y primitivas de la vida. 

Hace 2.5 millones de años, los primeros humanos abandonaron los bosques tropicales para intentar sobrevivir en territorios menos arbolados. Los primates actuales, que habitan en un medio arborícola, nacen con unas habilidades psicomotrices muy desarrolladas, bastante mayores que las de nuestros indefensos bebés humanos, y que desde los primeros días de su existencia les permiten aferrase al pelaje materno para no caerse mientras se desplazan de rama en rama. 

Razones tan sencillas como ésta explican por qué la mayor parte de los simios no continuaron diferenciándose en primates humanos. Porque hay quien confunde evolución con progreso, cuando en realidad el proceso de selección natural de las especies realmente se debe al azar, una sucesión de cambios basados en pruebas y errores. 

Por eso, los chimpancés (Pan troglodytes) o los bonobos (Pan paniscus) han evolucionado hasta adaptarse exitosamente a las condiciones de su hábitat natural, bien distinto por cierto del de los humanos. El chimpancé es nuestro pariente más próximo, nuestro hermano, pero no nuestro antepasado. Desde el punto de vista genético, humanos y chimpancés se encuentran más estrechamente emparentados que chimpancés y gorilas, por ejemplo. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Tarzán y la mona Chita, eran primates hermanos, mientras que la evolución habría reservado para los gorilas el papel de nuestros primos hermanos.

En el año 2001 se identificó el gen FOXP2, el más estudiado por su relación con la capacidad humana del lenguaje. Hasta el día de hoy es el único implicado en el habla. Presente en todos los vertebrados, apenas ha sufrido cambios en el devenir evolutivo. Si comparamos la proteína codificada por este gen en ratones y chimpancés, tan solo existe un aminoácido de diferencia, contando que estos pequeños roedores surgieron en este planeta 75 millones de años antes que los grandes simios. 

Respecto al chimpancé, la proteína humana codificada por el FOXP2 se diferencia en apenas dos aminoácidos, suficientes como para moldear nuestros cerebros adaptándolos a la adquisición del lenguaje, así como para el desarrollo de las estructuras anatómicas que posibilitan nuestra capacidad para hablar.

En febrero de 2015, un grupo de científicos descubrió otro gen fundamental, el ARHGAP11B, que incrementa espectacularmente las neuronas en el neocórtex cerebral, emplazamiento fundamental para los procesos de pensamiento, lenguaje y percepción. Se trata de un gen exclusivamente humano, ausente en los chimpancés, pero presente en los humanos contemporáneos, en los neardentales y en el homínido de Denisova, decisivo para la expansión masiva de nuestro cerebro. Primos primates, primates humanos.

29 marzo 2015

GASTROACCESIBILIDAD


La gastroaccesibilidad es una forma de combatir la discriminación, o por decirlo de otra manera, representa un acto de inclusión social. Cada vez son más los prójimos que padecen intolerancias alimentarias. Más, porque continúa aumentando la supervivencia y la calidad de vida de la población en general, y más porque cada vez se diagnostica mejor este tipo de patologías. 

Así han ido diferenciándose los cuadros de alergia alimentaria de otros muchos representativos casos de intolerancia. Para que exista una alergia, en este caso a un alimento, como también al polen o a un determinado medicamento o producto químico, debe desencadenarse una reacción inmunológica cuando el afectado contacte con el alergeno. Este tipo de reacción libera en el organismo una cantidad anormal de histamina, la sustancia causante del picor, el moqueo, la tos, el lagrimeo, la dermatitis o los síntomas respiratorios más graves (constricción e inflamación y asma)

La intolerancia alimentaria no afecta al sistema inmunológico, sino al metabolismo del paciente. Ejemplos clásicos son la intolerancia a la lactosa, provocada por la disminución o la ausencia de una enzima, la lactasa, encargada de descomponer el azúcar de la leche (lactosa), o la enfermedad celíaca (celiaquía) donde la presencia del gluten, conjunto de proteínas presentes en el trigo, el centeno, la cebada, la avena o cualquiera de sus derivados e híbridos, provoca daños en la mucosa intestinal que dificultan o impiden la absorción de nutrientes esenciales (grasas, proteínas e hidratos de carbono), pero también de vitaminas y minerales.

Desde hace varios años, las asociaciones y familias de los afectados por la intolerancia al gluten están luchando para que estas personas puedan salir a disfrutar tranquilamente de una comida en cualquier establecimiento hostelero, sin la necesidad de quedar expuestos a una sustancia que puede provocarles desagradables síntomas gastrointestinales, de diversa gravedad.

Porque, aunque resulten más palpables, no solamente existen en nuestras ciudades barreras arquitectónicas que discriminan a diferentes grupos de ciudadanos según su movilidad. También existen otro tipo de obstáculos que impiden garantizar una calidad de vida similar para todos.

Diversos estudios epidemiológicos han revelado que la intolerancia al gluten puede afectar a 1 de cada 100 ciudadanos europeos, que además de desarrollar una serie de síntomas completamente evitables, para alimentarse correctamente están obligados a desembolsar un 250% más de dinero en sus cestas de la compra para la adquisición de productos exentos de gluten.

En Galicia han existido diversas iniciativas pioneras en materia de gastroaccesibilidad. Diferentes establecimientos de hostelería se han comprometido a elaborar, a precios asequibles, platos especiales que tengan en consideración las particularidades de las personas celíacas y con intolerancia a la lactosa, pero también de los diabéticos, los enfermos renales y los afectados por esclerosis múltiple o lupus, cuyas patologías demandan una alimentación especialmente diferenciada. Que cunda el ejemplo y que por nuestros manteles se extienda la mancha, sin gluten ni lactosa.

08 marzo 2015

CUESTIÓN DE NARICES


Acaban de remitirme por correo electrónico la actualización más reciente de la revista “Prescrire”, publicada por un organismo francés que se define independiente y sin ánimo de lucro, dedicado a la formación y a la información sobre los medicamentos a los profesionales de la salud, y por ende, a los pacientes.

Esta última y exhaustiva revisión de 2015, realizada entre los años 2010 y 2014, pone en solfa 71 fármacos, nada más y nada menos, clasificados por especialidades que van desde la cardiología y la diabetes hasta la psiquiatría, deteniéndose en campos más específicos como la neurología (existe un apartado específico dedicado al tratamiento del Alzheimer) o la hematología.

Aunque no resultan novedosas, me han llamado la atención las alertas específicas para un grupo heterogéneo de fármacos que suelen emplearse, quizás con demasiada frecuencia, en el tratamiento de la congestión producida en las vías respiratorias altas como síntoma de resfriados, catarros comunes e incluso de las formas más benignas de la gripe.

Estos medicamentos provocan la vasoconstricción de la mucosa nasal y faríngea, representando un alivio de la molesta obstrucción respiratoria, del taponamiento de la nariz. Los más populares son efedrina y pseudoefedrina, nafazolina, oximetazolina y el sulfato de tuaminoheptano. En algunas fórmulas, estos medicamentos figuran como complemento de los mucolíticos.

Pues bien, los expertos informan que este tipo de fármacos puede provocar severos trastornos cardiovasculares: crisis hipertensivas, arritmias e infartos. Y además, son tremendamente taxativos, pues estiman inaceptable el manejo de estas medicinas en procesos respiratorios leves y generalmente de resolución espontánea y rápida.

Conocedor de mi cinefilia, el sempiterno Aloysius me ha recordado el papel central que la pseudoefedrina ocupa en el argumento de la popular serie norteamericana “Breaking Bad”, en el que un profesor de química de un instituto de Alburquerque (Nuevo México), afectado por un cáncer de pulmón avanzado, se convierte en un sanguinario narcotraficante. El profesor Walter White, interpretado por un colosal Bryan Cranston, construye su productivo imperio de metanfetamina azul sintetizando tan devastadora droga a partir del aparentemente inocuo descongestionante nasal. 

Como la ficción se ve superada, en demasiadas ocasiones, por la propia realidad, parece ser que el verdadero Walter White inundó el mercado estadounidense de la droga diez años antes de que la serie televisiva viera la luz, desde una humilde cabaña rural en la más ignota Alabama. Cosas de la vida, hoy en día una compañía telefónica utiliza como reclamo el anuncio del abogado que defendía los intereses del Walter White imaginario: mejor, llama a Saúl. Cuestión de narices.

16 febrero 2015

DOULAS


En la introducción de su libro “La cadera de Eva” (2005), el Dr. José Enrique Campillo, catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura, define como características exclusivas de la especie humana: (1) la receptividad sexual constante y la ocultación de la fertilidad femeninas, (2) la posición ventral para la cópula, (3) el orgasmo femenino, (4) la menstruación, (5) el parto, generalmente complicado, que suele precisar la ayuda de otras personas, convirtiendo así este acontecimiento en un acto social, (6) las crías prematuras, que no pueden valerse por sí mismas hasta aproximadamente  los 5 años de edad, y (7) la menopausia, que conlleva el fin de la actividad reproductiva décadas antes de la muerte, con la consiguiente aparición de la figura de la abuela. 

El Profesor Campillo, al que tuve el placer de conocer personalmente cuando visitó Ourense para presentar otro magnífico libro suyo, “El mono obeso”, nos plantea una hipótesis sencilla pero muy innovadora: el papel esencial del sexo femenino en la evolución de la especie humana. Durante millones de años, esa serie de cambios drásticos producidos en la anatomía femenina posibilitaron la adaptación a nuevas circunstancias ambientales y cambios ecológicos, de manera que los antecesores de los humanos actuales pudieron abandonar la vida en los grandes bosques para aventurarse en un más que incierto futuro de supervivencia en las sabanas.

A propósito de embarazos, partos y puerperios, estos días de carnaval ha adquirido mayor intensidad el debate entre el Consejo General de Colegios Oficiales de  Enfermería de España y diversas asociaciones de doulas. Con esta palabra de etimología griega, se definía a las sirvientas esclavas más importantes en el mundo heleno antiguo. Estas mujeres probablemente se encargaban de ayudar a sus amas en la crianza de la prole. 

Las modernas doulas intentan encuadrar su labor en el acompañamiento y consejo de aquellas mujeres que deciden ser madres, durante las etapas de embarazo, parto y puerperio. En Internet proliferan los blogs y las páginas especializadas al respecto, algunas con las tarifas correspondientes a este tipo de servicios, convertido ahora en lucrativo negocio, incluyendo servicios de comadrona y atención del nacimiento a domicilio. 

Nos referíamos anteriormente al Dr. Campillo cuando el catedrático extremeño comentaba la naturaleza social del parto. A lo largo de la historia de la humanidad, inclusive en la actualidad, millones de mujeres han traído al mundo a sus hijos en la soledad más absoluta.

Sin duda alguna, parteras y comadronas primero, y más tarde la necesaria atención sanitaria profesional y de calidad aportada por médicos (especialistas en Obstetricia y Ginecología, pediatras neonatólogos) y enfermeras (matronas), ha contribuido a reducir drásticamente la mortalidad materno – infantil allí donde dichos servicios se encuentran perfectamente estructurados y organizados en los ámbitos de la atención primaria y hospitalaria. 

Y no debemos olvidar, por ser de justicia, la formación académica y profesional de las matronas actuales, frente a otras opciones que, en bastantes ocasiones, han llegado a proponer a las puérperas el consumo de sus propias placentas.

09 febrero 2015

SALUD Y PERSONAS MAYORES


El último número de la prestigiosa revista “The Lancet”, cuya referencia ha sido mencionada en estas páginas en varias ocasiones anteriores, presenta ciertas valiosas aportaciones sobre la salud de las personas mayores. La primera de ellas, firmada por un grupo de expertos de la OMS, confirma algo que venimos observando desde los años 80 del pasado siglo XX. 

En los países desarrollados, la esperanza de vida a los 60 años se ha incrementado en mujeres y hombres. En el sexo masculino, estos datos positivos se apoyan en el descenso del número de fumadores y en el mayor control de las enfermedades cardiovasculares, fundamento común compartido con el sexo femenino. Resumiendo: menos tabaco, mejor alimentación, práctica de ejercicio físico y mejor diagnóstico y tratamiento de la hipertensión, la diabetes y la hipercolesterolemia. 

Sin embargo, este fenómeno no se constató en los varones habitantes de América Latina, el Caribe, los países menos desarrollados de Europa ni en Asia Central, ni tampoco en el global de las ciudadanas de los países con menos ingresos económicos. Una evidencia más, y ya van unas cuantas, de que en la preservación de la salud y en la lucha contra la enfermedad de momento resulta más importante el código postal que el genético.

En segundo lugar, aunque la senectud no tiene por qué ir indefectiblemente de la mano de la enfermedad, sí es cierto que el 23% de la carga mundial por enfermedades corresponde a las personas mayores de 60 años. A esto contribuyen, en primer lugar, las enfermedades cardiovasculares, seguidas por el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas, las enfermedades del aparato locomotor, como por ejemplo la artrosis, y los trastornos neurológicos y mentales, como por ejemplo las demencias. 

Una vez más, los expertos internacionales insisten en la prevención primaria de todas estas patologías, especialmente durante las etapas más precoces de la vida, una responsabilidad éste tanto individual como colectiva. Debemos seguir mejorando en materia de política sanitaria, pues una buena gestión se basa precisamente en abandonar las prioridades equivocadas en salud mental, en no discriminar a la población según su sexo y edad, en preparar los sistemas de salud para atender las enfermedades crónicas, así como en integrar la atención en modelos socio-sanitarios capaces de responder a la demanda de una población cada vez más mayor y afectada por patologías múltiples. 

El coste social y económico provocado por demencias, accidentes cerebrovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y deficiencias visuales surge más de la propia discapacidad que de la mortalidad.

En una provincia como Ourense, que destaca por encontrarse entre las más envejecidas de España, incluso de Europa y del planeta, está claro que las medidas de política sanitaria deberán enfocarse cada día más en la prevención de la enfermedad, desde edades infantiles y juveniles, y en la mayor atención a un nada desdeñable grupo de nuestra población en riesgo de padecer discapacidad y pluripatologías. Conocemos perfectamente de qué nos enfermamos y por qué morimos. Pues entonces, manos a la obra.

 



30 enero 2015

ENFERMEDADES MUSICALES (SOPLAD, SOPLAD, MALDITOS!!!)



¿Puede la práctica musical provocar enfermedades? La otra tarde, a la espera de que cayera una copiosa nevada, el siempre inquisitivo Aloysius me interrogaba sobre estas cuestiones. 

Todavía conservo un antiguo artículo del British Medical Journal, publicado en diciembre de 1999 por Sanjay Kinra y Mona Osaka, especialistas británicos en Salud Pública y Medicina Social, en el que se planteaban la hipótesis de que la práctica del saxofón podía resultar perjudicial para la salud del intérprete. 

Desde hace años, mantengo viva mi afición por el jazz. He tenido la oportunidad de escuchar a las más grandes figuras internacionales del género, muchas de ellas dentro del Café Latino, en Ourense. Allí fui testigo de una impactante actuación, la de la última formación que acompañara al genial Charlie Mingus: el pianista Don Pullen, el batería Dannie Richmond y el saxofonista George Adams. 

De este último, vestido para la ocasión con una amplia túnica africana, recuerdo su compacta y alta figura combada hacia atrás en un difícil escorzo, mientras realizada un solo interminable con su saxo tenor. Me preguntaba entonces cómo sería capaz aquel músico de hacer sonar su instrumento respirando a la vez. La respuesta está en el viento, en una técnica excepcional, denominada respiración circular, que permite soplar exhalando el aire de los pulmones a la vez que se inhala por las fosas nasales. 

El trompetista Dizzy Gillespie, todo un clásico, era capaz de almacenar gran cantidad de aire en su cuello y mejillas, adoptando una espectacular deformación en su rostro mientras tocaba su instrumento. Algunos investigadores ya habían alertado sobre la posibilidad de que se desencadenaran accidentes vasculares cerebrales por culpa de estos esfuerzos. Para producir las notas más agudas, trompetistas y asimilados deben realizar con los labios una presión equivalente a un peso de 20 kilos, lo que a la larga puede llevar a la pérdida del tono muscular bucal obligándoles a abandonar su profesión. 

Retomando el artículo de Kinra y Osaka, los investigadores realizaron un estudio de cohortes incluyendo 813 famosos músicos de jazz nacidos entre el 1 de enero de 1882 y el 30 de junio de 1974. De todos ellos, 349 (un 43%) fallecieron durante el periodo de seguimiento del estudio, finalizado el 15 de febrero de 1998. Detectaron que los saxofonistas presentaban el mayor riesgo de muerte. 

Encontraron otras diferencias significativas en contra de los músicos de origen estadounidense y de los que habían sido líderes de sus correspondientes bandas o multiinstrumentistas. Los que tocaban dispositivos de metal o madera también padecieron una mortalidad significativamente mayor que los vocalistas, por ejemplo. 

El incremento de la presión ejercida sobre el cuello al soplar implica una reducción del flujo sanguíneo al cerebro, pudiendo causar una isquemia, además de bloqueo venoso, que incrementa el riesgo de tromboembolismo. De todas las maneras, la respiración circular no pudo ser evaluada. 

Parece ser entonces que lo más sano sería cantar bajo la ducha. Con agua caliente, por favor. Y de soplar, más bien poco. En todos los sentidos. Y ahora nos vamos a escuchar al incombustible John Coltrane.



24 enero 2015

EL MAL DEL PASTOR


Desfile del ejército de Carlos VIII el 12 de mayo de 1495 en Nápoles, después de su derrota
Miniatura del manuscrito "Cronaca della Napoli aragonesa" c. 1498
Nueva York. The Pierpont Morgan Library

Orgullo patrio. En la serie televisiva “Isabel”, el actor ourensano Héctor Carballo fue el encargado de dar vida al personaje de Carlos VIII. Este monarca francés, enemigo acérrimo de los Reyes Católicos, llegó en su día a comandar el ejército más poderoso del planeta. En 1495 conquistó la ciudad de Nápoles para ser posteriormente derrotado por las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Durante estas disputas, la enfermedad venérea conocida como sífilis, comenzó a adquirir características epidémicas. En sus desplazamientos, las huestes de la época iban acompañadas por un tropel de cortesanas y prostitutas, que pudieron diseminar con gran celeridad el mal “francés”, “español” o “italiano” entre ambos bandos.

Se trata de una enfermedad tan especial, que ni siquiera hoy en día los expertos se ponen de acuerdo sobre su origen. Apoyándose en milenarios restos humanos procedentes de las estepas rusas, o de las ruinas de Pompeya, sepultadas bajo las cenizas volcánicas del Vesubio, así como en esqueletos procedentes del cementerio de una abadía inglesa de Hull, las teorías más modernas establecen la procedencia precolombina de esta enfermedad. 

Otros investigadores, sin embargo, defiende que los españoles retornados a Europa tras el descubrimiento de América transportaron la infección al Viejo Mundo, contagiados previamente al intimar con las nativas. Una tercera teoría compagina las dos anteriores, defendiendo la existencia de un germen del género treponema, antepasado común tanto de la espiroqueta de la sífilis como de otras causantes de dolencias tropicales semejantes como la guiñada, el bejel o la pinta.


Durante varios siglos, los que van del XV al XX, la sífilis fue una enfermedad claramente indecorosa. Sin antibióticos, su padecimiento resultaba penoso y mortal. Abandonada a su libre evolución, puede dañar diferentes órganos, como el corazón, el cerebro o la médula espinal; causa trastornos oculares y ceguera, demencia e incluso puede transmitirse desde la madre infectada a su descendencia, durante el embarazo y el parto. 

En las décadas de los 80 y los 90 del pasado siglo, al generalizarse el uso del preservativo como protector frente al VIH, la prevalencia de la sífilis manifestó una tendencia descendente. En mi experiencia como médico de familia, corroboro que los casos de sífilis detectados se contaban con los dedos de las manos. Sin embargo, en los últimos 6 años, esta patología ha repuntado en España, pasando de 4 a 8 casos por cada 100000 habitantes desde 2006 a 2012. La prevalencia más elevada se reveló en Baleares, Madrid y Canarias, con nuevos casos afectando primordialmente a varones entre los 20 y los 45 años. 

La penicilina representa todavía un tratamiento altamente eficaz contra la sífilis. Pero no debemos olvidar que su agente causal, el Treponema pallidum, puede invadir el sistema nervioso desde las etapas más precoces de la enfermedad, y que los antibióticos no evitan la aparición de futuras secuelas. 

Siguiendo a Fracastoro, poeta y cirujano del Renacimiento, sostiene Aloysius que el vengativo Apolo, sintiéndose desafiado por el joven pastor Sífilo, le castigó contagiándole tan terrible perturbación.

18 enero 2015

CÁPSULAS, SOBRES Y JARABES


Estamos en tiempo de la gripe. Se desbordan los servicios de urgencias y las consultas de atención primaria. Las complicaciones de esta enfermedad hacen mella en el colectivo de las personas mayores afectadas por otras enfermedades. Digamos que el virus de la gripe es cobarde, se aprovecha de la debilidad. Hay incluso quien ha cuestionado la efectividad de las campañas de vacunación, al parecer menos protectoras este año que en los anteriores. 

Si consultamos las hemerotecas, este caos se repite cíclicamente, con la llegada del invierno. Es una situación que puede y debe preverse. Un euro gastado en prevención ahorra muchos otros en medicina asistencial. Es un axioma básico cuyo efecto práctico, sin embargo, no llega a cuajar. 

Existe otro fenómeno paralelo que también se reproduce, a propósito de la gripe. Las campañas en los medios de comunicación incrementan su intensidad y diferentes preparados se convierten en los reyes de la publicidad farmacéutica. Nos estamos refiriendo a los antigripales mediáticos, algunos ya clásicos de reconocida solera. En líneas generales, y sin mencionar marcas, son cócteles medicamentosos destinados al alivio sintomático del paciente griposo: fiebre, dolores de cabeza y musculares, tos y mucosidad abundante.

En esencia, el antigripal estándar contiene en su formulación un analgésico – antipirético. Los más empleados son el paracetamol y el ácido acetilsalicílico, este último de popularidad infinito gracias un inevitable nombre comercial: Aspirina ®. En los últimos años, el ibuprofeno, un antiinflamatorio no esteroideo muy utilizado, ha ido ocupando el tercer puesto en este podium de los analgésicos.

En segundo lugar, la clorfenamina es otro componente habitual de los antigripales. Se trata de un veterano antihistamínico que pretende tratar los síntomas de rinitis asociados a la gripe: estornudos, goteo y obstrucción nasales. A pesar de que décadas de comercialización amparan su uso, no está exenta de numerosos efectos secundarios.

Algo similar ocurre con la fenilefrina y la pseudoefedrina, medicamentos manejados como descongestionantes, el primero de ellos, más eficaz en forma inhalada, y el segundo, cada vez menos empleado por su potencial adictivo. La ficción televisiva la ha hecho famosa. En la exitosa serie “Beaking Bad”, partiendo de la pseudoefedrina sus protagonistas sintetizan metanfetamina, una conocida droga cuyo consumo provoca devastadores perjuicios para la salud.

En tercer lugar se encuentran los antitusivos, fundamentalmente dextrometorfano, pero también codeína, aunque en menor medida, porque también puede provocar adicción. 

Por último, otras sustancias como el ácido ascórbico (vitamina C) y la cafeína suelen complementar, junto con sus correspondientes excipientes, esos bálsamos de Fierabrás que, si le hacemos caso a la publicidad, son capaces de aliviar al instante cohortes completas de tan molestos síntomas. Y así, de esta maravillosa manera, los pañuelos desaparecen, por arte de magia.

10 enero 2015

SOBRE LA HEPATITIS C


Cada día resulta más complicado debatir, en el seno de una sociedad que avanza hacia la medicalización más absoluta, cuestiones relacionadas con el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades. 

Y es que detrás de cada cifra aséptica (dosis, precio del fármaco, tasa de remisión, número de pacientes que es necesario tratar, etc) se encuentra un ser humano enfermo y una familia que sufre. 

Es cierto que desde hace años las voces de los expertos, independientemente de su color político, nos alertan sobre la difícil sostenibilidad de los sistemas sanitarios. El informe Abril, análisis del sistema público español, se redactó en 1991 impulsado por el gobierno socialista de Felipe González. Ya entonces no avisaba de lo que ha ido ocurriendo en los años posteriores, al ser limitados los recursos e ingente la demanda.

La sanidad española se enfrenta a una cruda realidad: el número de pacientes afectados por la hepatitis C se aproxima al medio millón de prójimos. Se trata de una patología causada por un virus que puede persistir de manera crónica en el 85% de los pacientes infectados, pudiendo provocar cirrosis y cáncer hepático. Como en otras enfermedades de contaminación predominantemente sanguínea, muchos de los afectados recibieron antes de 1992 transfusiones o transplantes infectados por el virus. Para complicar todavía más la cuestión, existen 7 genotipos diferentes de este virus, cada uno dividido en diversos subtipos.

En su forma crónica, no existe cura espontánea de la enfermedad. Pero sí se han desarrollado fármacos que permiten la curación del 50 – 80% de los pacientes, gracias a la asociación de interferón subcutáneo y ribavirina por vía oral. 

En 2012, se introdujeron otros dos fármacos que mejoraron los porcentajes de curación como complemento de esta doble terapia. Se trata del telaprevir y el boceprevir, dos antivíricos con similar mecanismo de actuación, cuya administración depende de criterios médicos muy concretos, según el genotipo del virus, el grado evolutivo de la enfermedad y el tipo de paciente. 

En 2014, la Agencia Europea del Medicamento aprobó el uso de sofosbuvir, también asociado a interferon y ribavirina, pero con un precio excepcionalmente elevado (aproximadamente 60000 euros por paciente para 24 semanas de tratamiento). Este coste ha desatado encendidas controversias a nivel mundial, no solamente en España. Por razones obvias, los estudios son todavía muy limitados pero, a pesar de ello, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha reconocido que el sofosbuvir presenta un valor añadido como tratamiento en determinados estadios clínicos de la enfermedad, con un buen perfil de seguridad y una duración menor de la terapia.

Todavía existen varias preguntas sin responder: ¿por qué el precio del sofosbuvir es desorbitadamente elevado si su síntesis no es ni más complicada ni más costosa que la de otros fármacos similares? Considerando que la empresa farmacéutica que monopoliza su fabricación hasta 2029 desembolsó 8800 millones de euros por una patente que nunca investigó ¿podríamos estar ante un caso de descarada especulación económica?


01 enero 2015

INSOMNES


La verdad es que el inagotable Aloysius no deja de sorprenderme. Avanzada la otra noche, al no conseguir dormir, se puso en contacto conmigo en la procura de un remedio efectivo para contrarrestar su insomnio. Como pensé que estaba de broma, le recomendé que se pusiera a limpiar su cuarto, su conciencia o su correo electrónico. Pero, ante tanta insistencia, le conté el caso de un hombre que, afectado por un raro trastorno del sueño, se dedicaba cada noche a pasear por la ciudad, repasando las matrículas de los vehículos aparcados. La policía local lo tenía en grande estima, pues gracias a su colaboración se habían detectado algunos coches robados y solucionado otros casos de automóviles desaparecidos. Unos cuentan ovejitas, y otros, se entretienen con los números y las letras de las matrículas.

Una de las opciones más socorridas por aquellos que de noche se desvelan es leer o ver una película. Y digo leer, en el sentido clásico de la acción, un libro o un periódico, de papel. En los últimos días de 2014, un medio de comunicación nacional se hacía eco de una noticia inquietante. Leer antes de dormir textos en soportes modernos como tabletas o teléfonos inteligentes, empeora claramente nuestro descanso. Parece ser que la luz de onda corta emitida por estos instrumentos difiere el inicio del sueño y deteriora la calidad del mismo. 

Los clásicos del pasado siglo XX ya alertaban de un efecto similar provocado por las pantallas de la televisión, quizás por el mismo fundamento físico. Pero es que además, los investigadores del Hospital Brigham de Boston, relacionaron este tipo de alteraciones con una mayor incidencia de patologías como la obesidad y el cáncer.

Por ejemplo, hay algunos prójimos que aprovechan la duermevela para instruirse en sociología. Una vez rechazada la opción de leer utilizando los dispositivos electrónicos modernos, y sintiendo además una escasa atracción por los libros de toda la vida, prefieren concentrarse en lo que se desarrolla de madrugada, en nuestros televisores. 

Hasta hace poco tiempo, prosperaban en estas emisiones los augures y nigromantes, las adivinas y videntes. Pero parece ser que la saturación de oferta ha difuminado la demanda. En un primer momento, este espacio fue ocupado poco a poco por bingos y casinos virtuales, y también por timbas de póker, con llamativas cartas y fichas fluorescentes. Aún así, toda moda es efímera, por definición, y ahora proliferan las casas de apuestas que animan a los jugadores a invertir en cualquier tipo de envite, desde el resultado de un partido de fútbol o baloncesto, hasta el nombre del deportista que primero ponga en ventaja a su equipo frente al rival.


Y es que lo del juego es tan llamativo que en algunos establecimientos públicos existen maquinitas que te permiten apostar por un galgo que está a punto de iniciar una veloz carrera detrás de su señuelo en un remoto canódromo de las Islas Británicas. Apostar es un también un mal remedio contra el insomnio, sobre todo en un país donde la ludopatía arruina cada año a millares de españoles. Y a sus familias.