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15 agosto 2014

EL VIRUS PERFECTO


En el año 2000 se estrenó en la gran pantalla “La tormenta perfecta”, la adaptación cinematográfica de la novela homónima del escritor Sebastian Junger. El cineasta alemán Wolfgang Petersen eligió al carismático George Clooney para encarnar al capitán Billy Thyne, un esforzado patrón de pesca que no dudó en arriesgar su propia vida y la de su tripulación intentando retornar con su navío a puerto. A pesar de la dilatada y exitosa carrera del galán norteamericano, nadie niega el punto de inflexión que en la misma representó su interpretación del pediatra Dr. Doug Ross, en la galardonada serie televisiva “Urgencias”. 

Una vez más el cine, fuente de vocaciones médicas. Hoy, parafraseando el título de aquella película, el brote epidémico de enfermedad de Ébola que a estas alturas ya ha hecho sucumbir a un millar de prójimos en varios países africanos podría representar para la sanidad actual el problema perfecto, causado por el virus perfecto. Sostiene el sapiente Aloysius que las ciencias del siglo XXI solamente han identificado al 1% de todos los microorganismos existentes en nuestro planeta. Y eso porque la enorme mayoría de éstos resulta patógena para el ser humano o los animales domésticos.

¿Por qué el virus Ébola puede representar un tremendo problema sanitario? 

En primer lugar, aunque parezca una obviedad, por tratarse precisamente  de un virus. Poco a poco la medicina ha ido desarrollando diferentes antibióticos contra las bacterias y otros microorganismos patógenos. La irrupción de ciertos virus, como el asociado a la inmunodeficiencia humana (VIH) en la década de los años 80, puso de manifiesto las enormes dificultades de los sistemas sanitarios para encontrar vacunas y fármacos eficaces frente a los mismos. Otro tanto podríamos especular respecto a la limitada pandemia de gripe A (H1N1) entre 2009 y 2010. 

En segundo lugar, el período de incubación de la infección Ébola es variable, si bien existen casos en los que puede alcanzar las 3 semanas. Esto implica que muchas personas infectadas todavía no enfermas, pueden diseminar ampliamente el virus dentro de la comunidad. Si a esta particular circunstancia añadimos la globalización, la superpoblación de las grandes urbes y la celeridad de los medios de transporte, sobran casi las explicaciones. 

En tercer lugar, el virus se transmite por contacto directo con fluidos corporales: sangre, saliva, orina, sudor y vómitos. Las condiciones de hacinamiento y de escasa higiene multiplican el riesgo de esta infección, tal y como ocurrió durante aquellas grandes plagas que diezmaron la población europea en la Edad Media. La letalidad del Ébola es rápida y extensa. Durante el brote de 1976 fallecieron alrededor del 90% de los infectados. 

Por último, su comienzo abrupto, con cefalea, fiebre elevada, dolores musculares intensos y la aparición posterior de graves hemorragias obligan a un intenso despliegue de medios destinados al precoz tratamiento sintomático de los enfermos. 

El capitán Billy Thyne nunca consiguió arribar con el “Andrea Gale” al puerto de Gloucester. Nosotros aguardamos impacientes el remedio que despeje los fatídicos negros nubarrones esparcidos por el Ébola en la singladura del ser humano sobre este maravilloso planeta.

25 julio 2014

UN ARMA LLAMADA DOLOR



Sostiene Aloysius que nacemos preparados para el dolor. En el desarrollo de nuestro sistema neurológico se sintetizan sustancias (hormonas y neurotransmisores) y estructuras (neuronas y receptores celulares) sin los cuales sería imposible vivir (o padecer) esa experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión real o potencial.

Empleando un reduccionismo quizás simplista, podíamos aventurar que la evolución humana surge pareja a la capacidad de infringir dolor a nuestros semejantes. El que promueve el dolor domina, pero el que lo amansa también. Sin embargo, los depredadores mata a sus víctimas para poder alimentarse y sobrevivir, así es la cadena de la vida, pero procura hacerlo de manera rápida, provocando el menor sufrimiento posible. Su instinto le lleva a atacar preferentemente las zonas vitales de su presa. De esta manera, la extinción acude presta y ligera. No existe el ensañamiento con los más débiles. La rendición del adversario es aceptada y la vida del derrotado suele ser respetada. El motor de la acción nunca se alimenta de la mera crueldad. 

Algunas de estas cuestiones han sido abordadas por diferentes investigaciones científicas. En 2009, la filósofa y teóloga Jessica Pierce junto al biólogo Marc Bekoff escribieron al alimón “Justicia salvaje. La vida moral de los animales”, un texto muy recomendable para todos aquellos interesados en conocer cómo los animales pueden demostrar compasión y empatía.

Traigo a colación estas reflexiones sobre el dolor en unas jornadas especialmente tristes, cubiertas por la sombra del recuerdo del aciago accidente ferroviario que hace un año provocó tanto daño en nuestra ciudad y en nuestro entorno más cercano. Pero también al ser testigo de las masacres cotidianas en territorios tan lejanos pero tan próximos a la vez como Siria, Irak, Sudán del Sur, Ucrania, Israel y Palestina. 

En este último conflicto, de tan desiguales resultados, confluyen el terror y el dolor empleados como armas letales por tantas mentes radicales incapaces del más mínimo consenso. En la franja de Gaza no entran agua, alimentos ni medicamentos. Pero las baterías de cohetes siempre están dispuestas para vomitar su carga contra personas, propiedades e intereses del otro bando; en la parte contraria, con un despliegue totalmente desproporcionado, en aplicación desorbitada de la terrible venganza del ojo por ojo y el diente por diente, los que manejan el cotarro no se conforman con herir al contrario, sino que se empeñan en la desaparición de personas y casas. Ni siquiera el dolor infantil consigue la piedad de propios y extraños. 

Mientras tanto, seguimos empeñados en llamarnos humanos y en considerar animales a todos los otros seres condenados a compartir con nosotros este bendito planeta.

El dolor provoca miedo, y el miedo dolor. Lo saben bien los verdugos y los torturadores. Pero también los médicos. Un prójimo atrapado por un intenso dolor es capar de pagar cualquier precio por unos instantes de alivio. Mientras media humanidad intenta averiguar las formas más refinadas y sádicas para lastimar y amedrentar a sus semejantes, otros se esfuerzan en sofocar un incendio que no se extingue.

18 julio 2014

EL COLOR DEL TABACO


Mira que me gusta Paul Newman, una estrella de Hollywood de lo más versátil en la gran pantalla. Después de una trayectoria ejemplar repleta de geniales interpretaciones, casi en el ocaso de su carrera recibió un preciado galardón de la Academia cinematográfica norteamericana, el Óscar al mejor actor por su intervención en una película flojita, en mi modesta opinión, “El color del dinero” (Martin Scorsese, 1986), donde encarnaba a Eddie Felson, un veterano campeón de billar encargado de promocionar a un prometedor novato, Vincent Lauria, alias Tom Cruise. Sin lugar a dudas, me quedo con el mismo protagonista y el mismo actor principal de “El buscavidas” (Robert Rossen, 1961), aunque el Gordo de Minnessota todavía no hubiera pasado a mejor vida.

Reclama Aloysius mi atención para que no me extravíe entre los meandros que conforman el cine y la medicina, para que me centre en las reflexiones de hoy. Para la industria tabaquera, un gigante de la economía mundial, el color del tabaco es semejante al color del dinero. Mientras los costes globales originados por la atención sanitaria de los problemas derivados del consumo de cigarrillos no supere a sus beneficios económicos industriales, tendremos humo de tabaco para rato. No lo duden. 

En estos días he repasado los resultados de un interesante estudio que también relaciona color con tabaco. Me estoy refiriendo a un trabajo publicado en agosto de 2013, hace casi un año, por el equipo de investigadores encabezado por el profesor Freddy Sitas, sobre las diferencias encontradas en la mortalidad atribuida al tabaco entre la población de Sudáfrica. Las causas de 481640 defunciones fueron evaluadas en un estudio caso-control, con prójimos comprendidos entre los 35 y los 74 años, considerando el color de su piel: mulatos, blancos y negros sudafricanos.

En reiteradas ocasiones, diversas y prestigiosas voces se han alzado en las últimas décadas respecto a la interpretación de ciertos estudios médicos epidemiológicos, preferentemente centrados en el mundo occidental, con poblaciones donde predominaba el sexo masculino, mientras las mismas patologías analizadas, como por ejemplo cáncer, diabetes o hipertensión arterial, dejaban a un lado países emergentes o poco desarrollados, así como el porcentaje de mujeres. Podría parecer que se investigan determinadas enfermedades en aquellos lugares en donde los paciente pueden costearse sus tratamientos. De ahí el interés del estudio de Sitas y colaboradores.


En la República Sudafricana, el 80% de la población se considera así misma de raza negra. El 9% son blancos, otro 9% mulatos y el 2% es de origen asiático, con antecesores procedentes principalmente del subcontinente indio. Las tasas de mortalidad nacionales fueron especialmente más altas entre los ciudadanos de color que en la población blanca, de origen europeo. Consecuentemente, los peligros de fumar en la población de color fue más del doble que entre los blancos. 

Y aunque el Capitán América parece ser que ahora dejará de ser rubio para ser afroamericano, todavía nadie ha contestado a aquella crucial pregunta sobre el color de la piel de Dios.

12 julio 2014

TDAH


Estas siglas esconden tras de sí un problema. Según progresa la sociedad y los conocimientos médicos avanzan, nuevas patologías van conformando su existencia. 

El título sirve para definir el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), una alteración del comportamiento que según algunas estimaciones podría afectar al 10% de los niños en edad escolar. Por razones todavía desconocidas, afecta tres veces más a los varones que a las hembras. 

Resulta difícil escapar a la controversia siempre que tratamos este tema. Una aclaración previa: no es nuestra intención cuestionar la existencia del TDAH. Me explico. El Dr. Leon Eisenberg, un médico que dedicó gran parte de su vida intentando demostrar que el TDAH constituía una patología real, sorprendentemente, poco antes de fallecer declaró que estábamos ante un ejemplo más de una enfermedad ficticia. Los que aportan combustible para que el debate continúe candente se basan en ciertos apuntes epidemiológicos y sociales. 

En Estados Unidos, los expertos estiman que uno de cada diez niños padece un TDAH. Sin embargo, en Francia, el número de niños diagnosticados de esta patología se reduce al 0.5%

Estas profundas diferencias se deben a dos enfoques completamente diferentes a la hora de abordar la enfermedad. Mientras en Estados Unidos los psiquiatras sostienen que el TDAH tiene una fase biológica, y por lo tanto sugestiva de tratamiento con fármacos, en Francia los expertos defienden las causas psicosociales en la génesis del trastorno, y para tratarlo y corregirlo hacen énfasis en el entorno social del niño, valorando la psicoterapia o la terapia familiar mucho más que los medicamentos. 

En el Reino Unido, el flamante nuevo Presidente del Real Colegio de Psiquiatras, el Dr. Simon Wessely, ha mostrado su preocupación por lo que él considera medicalización de los niños, destacando la presiones familiares, sociales y económicas a las que se ven sometidos los médicos a la hora de tratar el TDAH.

Los fármacos estimulantes representan el tratamiento más conocido y empleado en estos casos. Aunque no existen por el momento pruebas de efectos secundarios indeseables a largo plazo, el manejo de estos medicamentos produce incomodidades a sus consumidores, de tipo digestivo, pero también irritabilidad e insomnio. Pero también es cierto que los fármacos destinados a tratar el comportamiento impulsivo y las dificultades de atención presentes en estos niños resultan tanto más eficaces cuando se utilizan combinados con terapias de tipo conductual.

Recientemente, la Academia Americana de Pediatría ha publicado un informe clínico que recoge las estrategias necesarias para reducir el riesgo de desarrollar un futuro trastorno en el uso de sustancias (alcohol, marihuana y otras drogas) en niños y adolescentes con TDAH, así como las recomendaciones para prescribir, de forma segura, los medicamentos de tipo estimulante.

Aunque el Mundial de Fútbol ha llegado a su fin, en el caso del TDAH la pelota continúa estando en el alero.

06 julio 2014

DE IURE IURANDO



Manos al volante, conducía contemplando la carretera. También las piernas de ella. Recorría con miradas furtivas el trayecto azulado de sus venas, evocadas bajo aquel fino recubrimiento de piel tersa y dorada. Mientras tanto, el zarco asfalto plomizo se prolongaba hasta horadar el parabrisas en un punto tan lejano del horizonte, allá, donde remotamente les esperaban un hogar, apenas una casa, la dirección de un domicilio escrita en un sobre, una pequeña placa metálica sobre la frialdad de un buzón. Apartar la vista para concentrarse en el pilotaje, devorando el camino con la misma dilación con la que ella plegaba una y otra vez el reborde de su vestido, allí, justamente donde la tela de la ropa se empeñaba en desvelar el umbral de la lujuria. Cuatro ruedas y un tanque de gasolina mediado, con dos tremendos embusteros a bordo, jurando no mentirse jamás.

04 julio 2014

UNA DE COMUNICACIONES



Cuando un ser humano desea comunicarse con otro, todas las barreras lingüísticas saltan por los aires. Y si aun así todavía no conseguimos nuestro objetivo, el lenguaje no verbal acude presto para echarnos una mano. Los primates humanos necesitamos hacer partícipes de nuestros pensamientos y sentimientos a los prójimos que nos rodean; entre otras cosas, somos animales sociales. Recuerdo aquellas entrañables escenas de “Naúfrago” (Robert Zemeckis, 2000) en las que el protagonista interpretado por Tom Hanks establecía una amistad incondicional con un balón llamado Wilson, al que podía contarle sus cuitas abandonado en aquella isla solitaria.

Hoy traemos a colación estas reflexiones a consecuencia de un recorte de prensa que mi querido Aloysius me ha hecho llegar por un amigo en común. Y es que parece ser que 4 de cada 5 pacientes consiguen entender las indicaciones de su médico. Me alegro. Y mucho. En este aspecto, en algunas ocasiones he sentido la tentación de tirar la toalla. Pero la adecuada comunicación es un pilar fundamental en la relación médico – paciente, máxime cuando hay días que apenas dispones de tiempo en la consulta. Cruel paradoja. Alguien acude demandando tu atención profesional y sólo dispones de unos breves minutos para escucharle.

Mi satisfacción es doble, porque en palabras de Pilar Farjas, Secretaria General de Sanidad y Consumo y antigua Conselleira de Sanidade de la Xunta de Galicia, “es justo reconocer el trabajo, preparación y buen hacer de los profesionales sanitarios de nuestro país”...

Los médicos, en general, seguimos siendo bien valorados por los ciudadanos. A pesar de nuestros defectos y limitaciones. Y si encima la mayoría de nuestros pacientes nos entienden, pues mucho mejor. Parece ser que cada día vamos adquiriendo mayores habilidades en el aspecto comunicativo. Todo ello a pesar de la irrupción de Internet en nuestras vidas, como elefante en cacharrería, pues cada vez son más los que acuden a nuestros consultorios habiéndose asesorado  previamente con el gran oráculo signos, síntomas, temores y preocupaciones. Evaluación de la competencia profesional permanente y por duplicado. Y eso que en la red de redes puede escribir cualquiera, así es nuestra valiosa libertad de expresión. 

Diferenciar el grano de la paja ya es harina de otro costal.

28 junio 2014

ESTUDIAR MEDICINA


"Lección de anatomía" de Ramiro Martínez Plasencia

Comienza el verano, y como cada año, los futuros estudiantes universitarios contemplan su futuro con ilusión. Aunque ahora transformados en desvaídos recuerdos lejanos, vivimos sensaciones parecidas hace ya unos cuantos años. Dicen que estudiar Medicina nos es fácil. No lo era en 1980, pero 34 años después es mucho más complicado. Bachilleres impecables y exitosos exámenes de selectividad. Luego vendrán 6 años de carrera, un examen MIR y entre 4 y 5 años de especialidad. Con mucha suerte, comenzarán a competir en el mercado laboral rozando la treintena. Como para pensárselo mucho. Y aunque se mantenga el trasfondo esencial de una carrera vocacional, es obvio que el reto formativo en una facultad de Medicina española exige ciertas consideraciones adicionales, algunas de abordaje ciertamente complicado para una chica o un chico de apenas 18 años.

En España existe el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM). Me llaman la atención las conclusiones de su último congreso. Sus objetivos prioritarios se han centrado en la reivindicación de mejoras en el ámbito educativo, en el compromiso ético y en el humanismo. Llevo años acudiendo a diversos foros médicos profesionales y sindicales, y las mismas inquietudes de los futuros galenos todavía son las reivindicaciones de los médicos en activo. Sostiene Enrique Lázaro, presidente del CEEM: “somos el futuro de la medicina, una generación que anhela ser mejor médico, mejor profesional y eso nos compromete a seguir formándonos para ofrecer la mejor atención a nuestros pacientes”.

Comencemos por el final, si me lo permiten, es decir, por implementar la visión humanística de la medicina. Parece ser que el rigor académico sigue exigiendo un profundo conocimiento de lo que el iconoclasta Aloysius denomina catálogo de enfermedades, cuando en realidad, los médicos trabajamos con enfermos, prójimos que pierden su salud, temporal o definitivamente, por culpa de ciertas patologías denominadas enfermedades. La diferencia parece obvia, pero llevar una idea tan simple a la práctica parece seguir siendo harto complicado.

Impregnado en el sesgo profesional de la Atención Primaria, entiendo que los estudiantes de Medicina continúan reclamando una formación integral e integrada, holística, pues aunque los profesores sabiamente nos hayan instruido en el conocimiento de la tuberculosis, por poner un ejemplo, la realidad nos enseña que la tuberculosis de la Señora Pérez es diferente de la del Señor López, porque en la vivencia personal de cada patología influyen múltiples factores. Ya hay quien habla de la Medicina Basada en el Humanismo, parafraseando la necesaria praxis de la Medicina basada en la Evidencia.

Respecto a la ética, el compromiso profesional del médico no es solamente con el paciente, sino también con la sociedad y con el Sistema Nacional de Salud. Para que podamos seguir presumiendo de una de las mejores sanidades del mundo, en la gestión de sus recursos debemos implicarnos todos: políticos, gestores, médicos, personal sanitario y, por supuesto, los propios ciudadanos, sanos o no.

En los años 80, aunque ya estaba en marcha el filtro del numerus clausus para cursar estudios en la facultad de Medicina de Santiago, las aulas estaban masificadas, la anatomía se estudiaba básicamente en atlas, en dibujos, y el aula 8 era tomada con demasiada frecuencia por las reivindicaciones de las asambleas universitarias, no existía Internet, con todo su maravilloso potencial intelectual y científico, y las redes sociales eran una utopía únicamente presentes en libros y películas de ciencia-ficción.


Pero a pesar de todo, ellas y ellos seguirán jurando, año tras año, por Apolo, médico, por Esculapio, Higía y Panacea, tributar a sus maestros en Medicina el mismo respeto que a los autores de sus días.

22 junio 2014

REFUGIADOS



¿Podrían imaginarse por un instante que, en su ciudad o en su país, se desencadene un conflicto que le obligue a abandonar a sus seres queridos, su hogar, sus amigos, su trabajo, su vida cotidiana? Pues esta terrible circunstancia es la que le toca vivir cada día a millones de prójimos en este planeta, que intentan huir desesperadamente de una violencia tan salvaje que les amenaza con el exterminio. Según las noticias más recientes, se estima que unas 300000 personas han tenido que abandonar la ciudad iraquí de Mosul por el enfrentamiento fratricida entre chiitas y sunitas, una división irreconciliable entre dos comunidades musulmanas que se remonta prácticamente a los albores de dicha religión.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos internacionales, como ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, la Cruz Roja, la Media Luna Roja, y varias ONGs especializadas deben afrontar ahora las demandas sanitarias de todas estas personas que carecen de lo más elemental para sobrevivir: agua, alimentos, refugio y cuidados médicos.

En la Siria que se desangra lentamente, se estima que más de 2 millones y medio de personas han escapado del país o se han visto desplazadas dentro de sus propias fronteras. La lista de naciones afectadas por dramas similares es extensa. Eritrea, Sudan del Sur o la República Centroafricana son otros ejemplos candentes. 

Ya son más de 50 millones los afectados por desplazamientos forzados en el mundo. Y aunque parezca que esto sólo puede ocurrir en regiones lejanas donde la violencia se ceba en la pobreza y la desesperación, piensen por un momento en su propio entorno, en lo que ocurrió en España durante los desgraciados años de la guerra incivil, o en el terror habitual de los campos de concentración en la antigua Yugoslavia, donde miles de personas perdieron la vida hace unas décadas, como si hubieran reaparecido los fantasmas de la solución final del nazismo o las más atroces purgas del estalinismo, o lo que todavía puede llegar a ocurrir en las frágiles fronteras que separan Rusia de Ucrania. El pasado 20 de junio se celebró el Día Mundial del Refugiado. Quizás para algunos pasó desapercibido, pues ya parece que nos estamos acostumbrando a recordar demasiados días especiales en el calendario.

Los que más sufren por estas calamidades, como siempre, los más débiles y desfavorecidos: madres con sus niños, personas mayores y enfermas. ¿Qué les puede estar ocurriendo en aquellos páramos a las mujeres embarazadas, a los niños recién nacidos, a los heridos, a los enfermos de diabetes, a los que padecen cáncer o enfermedades cardiovasculares, a los enfermos mentales? 

No ignoremos que habitamos un mundo globalizado, sin confines. Tampoco descuidemos las enfermedades infecciosas que un día azotaron nuestra humanidad y que pueden encontrar un nuevo caldo de cultivo entre tantos y tantos prójimos desamparados. Decía Gabriel García Márquez que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. 

No olvidemos pues.

08 junio 2014

LA MANITA



Disculpen por emplear hoy términos futbolísticos, pero es que nos encontramos a las puertas de iniciar un nuevo campeonato mundial este vez cubierto por demasiadas sombras. Aquello del pan y circo de la antigua Roma, pongamos ahora que pan y fútbol, no surte efecto cuando la gente tiene hambre, y no de balón precisamente.

El título de hoy trae a nuestra memoria un gesto considerado como de cierto desdén, empleado para tomarle el pelo a los rivales futbolísticos. Lo lució, por ejemplo, el barcelonista Gerard Piqué para rubricar una paliza histórica al Real Madrid de Mourinho el Único. También hay manitas fantasma, como la que algunos creyeron ver en el Estádio da Luz de Lisboa, indicándole al árbitro que prorrogase 5 minutos el tiempo reglamentario en la Décima del Madrid. 

Hay manitos menos populares y famosas, pero mucho más interesantes. No es la primera vez, ni será la última, que destaco en estas líneas al Dr. Rafa Bravo y su blog, “Primun non nocere”. También allí tienen su particular manita, para comunicar a los pacientes con diabetes tipo 2 los 5 objetivos de su tratamiento. 

Alguna otra vez destacamos que el foco principal en el tratamiento de esta enfermedad ya no se centra tanto su luz sobre el control de la glucosa en sangre. 

Un enfoque actualizado para los diabéticos tipo 2 adultos está basado en intervenciones que verdaderamente mejoran su calidad de vida y alargan su duración. Si disponen de un minuto, detengan su mirada sobre la palma de una de sus manos y extiendan los dedos. 

Esta manita tan cautivadora comienza por el dedo pulgar, en orden decreciente de beneficio. Este dedo, el más corto y grueso, representaría el abandono del hábito tabáquico, indispensable para que la salud del diabético tipo 2 sea lo más óptima posible. Dejar de fumar disminuye la mortalidad en general, pero especialmente en este grupo de pacientes. La Asociación Americana de Diabetes ha establecido que fumar siendo diabético implica 14 veces más posibilidades de tener problemas cardíacos, en comparación con aquellos prójimos no diabéticos que no fuman. Fumar cigarrillos también incrementa el riesgo de padecer una neuropatía diabética.

El segundo dedo de la mano, el índice, hace referencia al adecuado control de la presión arterial. Tampoco bastará con que el paciente diabético reciba tratamiento antihipertensivo, sino que además éste debe ser eficaz, controlando sus cifras tensionales en los niveles recomendables. Recordemos que la hipertensión arterial empeora y acelera el daño que la diabetes provoca en las arterias, aumentando el riesgo de padecer infarto de miocardio, trombosis cerebral, enfermedad vascular periférica e insuficiencia renal. 

El tercer dedo, el corazón, hace referencia al tratamiento con metformina, siempre que el paciente lo tolere adecuadamente. 

El cuarto dedo, el anular, insiste en la recomendación de disminuir los lípidos en sangre, en este caso el conocido como “colesterol malo” o LDL-colesterol. Y dicen los expertos que mucho mejor cuanto mayor sea esta reducción. 

Por último, el dedo meñique viene a completar la manita, porque el estricto control de la glucosa en sangre no ha demostrado efectos sobre la mortalidad ni en las complicaciones relevantes de esta enfermedad. Nos despedimos hasta otra, con la manito abierta.

27 mayo 2014

EL ODIO COMO ENFERMEDAD


De las múltiples virtudes y defectos consustanciales a los primates humanos, hoy vamos a centrarnos en el odio, sentimiento prácticamente específico de nuestra especie humana. Los animales no aborrecen, aunque algunos expertos opinen que sí, como por ejemplo el magistral Miguel Delibes. En “El camino” (1950) relata un episodio de ojeriza entre ciertas aves rapaces diurnas, como el milano, y  otras nocturnas, como el buho real. En la campiña inglesa, se han descrito batallas aéreas similares entre córvidos, cernícalos y lechuzas comunes. 

Quizás a los humanos nos sobren justificaciones, que no razones, para odiar. El odio, como el amor, caras opuestas de la misma moneda, han originado actos heroicos y tremendas vilezas. Decía Fénelon que el que ama con pasión aborrece con furor. Ambas sensaciones comparten similares estructuras neuronales cerebrales. No obstante, mientras el circuito del amor desactiva determinadas áreas de la corteza cerebral frontal relacionadas con el juicio crítico y el razonamiento, este hecho no se produce cuando se desencadena una emoción rencorosa.

Sostiene Aloysius que amor y odio son distintas llamas en las que nuestra pasión se consume irremediablemente. Se puede dar o quitarla vida a un semejante por amor y por odio. Solemos amar lo que también odiamos. Odiamos según nuestros credos, y así se gestaron los baños de sangre que empaparon Europa en los siglos XVI y XVII, letales guerras religiosas que enfrentaron entre sí a las naciones cristianas de la época. Actualmente, talibanes y demás grupos radicales musulmanes de diferentes países africanos continúan empeñados en imponer su particular fe a base del terror,  de la sangre y el fuego. 

Odiamos por motivos raciales, desde la solución final de Hitler y el Holocausto judío, hasta la indiscriminada matanza de inocentes en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en Beirut Oeste. El Ku Klux Klan en Estados Unidos o el apartheid en Sudáfrica, segregaron y atacaron a infinidad de prójimos por el mero color de su piel. 

Odiamos por motivos políticos. En España todavía recordamos tantas vidas segadas en ambos bandos durante aquella Guerra Incivil, decía Don Miguel de Unamuno, un conflicto fraticida con miles de cautivos, ejecutados, represaliados y desaparecidos en campos y cunetas. En la Unión Soviética, para consolidar el poder dictatorial de Stalin, millares de comunistas, socialistas, anarquistas y opositores al régimen fueron eliminados o confinados en terribles campos de concentración. Y qué decir del genocida camboyano Pol Pot y sus sanguinarios jemeres rojos.

Tenemos cerebro para amar, y por lo tanto también para odiar. Tenemos cuchillos para cortar el pan, pero también para herir y matar a nuestros semejantes. Sin embargo, mientras el amor suele siempre ser justificado, el desprecio, el rencor y la venganza no tienen cabida en la razón humana. Las diferencias siempre generan odios, pero las diferencias son subjetivas, nunca indispensables.


28 abril 2014

CUIDANDO AL CUIDADOR


Algunos libros que coleccionan palabras clasifican en su apartado de sinónimos dos vocablos, compasión y solidaridad, que en mi humilde opinión albergan connotaciones un tanto diferentes. La primera, compasión, invoca un sentimiento de lástima hacia aquellos que sufren calamidades y desgracias. La segunda, solidaridad, santo y seña para diferentes movimientos políticos y sociales, significa la adhesión temporal a las causas de los otros. Para ser solidarios y compasivos, hace falta saber colocarse en el lugar del otro. Cuando tal identificación se hace con un prójimo que sufre o pena, la solidaridad se transforma en compasión.

Sostiene Aloysius que estas disquisiciones se hacen necesarias a la hora de disertar sobre las personas enfermas, las que por una limitación o padecimiento determinado, se encuentran con dificultades para garantizar su propio cuidado. Y en estas circunstancias, si se nos permite ser maquiavélicos, o más bien pragmáticos, todo vale con tal de facilitar la existencia de éstos nuestros semejantes.

Es entonces cuando la figura del cuidador, sea o no profesional, realice sus tareas a cambio de un salario o por el más puro altruismo, adquiere una significación fundamental. Cuidadores son los trabajadores de la salud, pero también los familiares o allegados de las personas que los necesitan, padres, hijos, esposos, parejas, hermanos, amigos… Los primeros han sido escogidos por la sociedad gracias a su formación y experiencia. Los segundos, hipotecan muchas veces tantas energías y esfuerzos que incluso llegan a relegar a un segundo plano su propio cuidado.

En una provincia como la nuestra, con una pirámide poblacional completamente invertida, con una esperanza de vida todavía entre las más extensas del mundo, no resulta extraño encontrarnos con cuidadores que, bien por su edad, bien por sus limitaciones físicas, cada día tienen que atender a un ser querido, también en la soledad de sus hogares. En España existen más de 2 millones de personas discapacitadas que cotidianamente necesitan la imprescindible ayuda de un cuidador.

Cuando analizamos el papel social de la denominada industria farmacéutica, con frecuencia nos topamos con opiniones encontradas. Sin embargo, en estos días he tenido la oportunidad de conocer una iniciativa puesta en marcha desde ese ámbito particular, destinada a reivindicar y apoyar activamente la figura de los cuidadores no profesionales, impulsando en las redes sociales el Día del Cuidador, con la intención de que no sea solamente un día más para reivindicar en un calendario de eventos quizás ya demasiado repleto. 

En colaboración con la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, han elaborado el Manual del Cuidador no Profesional, con consejos sobre el cómo cuidar y el cómo cuidarse.

  

18 abril 2014

MONDO TÓXICO


Aquellos pacientes lectores de esta colaboración periódica, seguramente recordarán la relación existente entre ciertas sustancias químicas y diversas patologías. Resultan habituales las advertencias sobre el incremento del riesgo de padecer cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares entre los fumadores habituales. 

De las paredes de mi consulta cuelga un póster que con frecuencia llama la atención de los que la visitan. Con cierta incredulidad observan la lista de tóxicos que se producen durante la combustión de un cigarrillo, y más de uno ha salido muy preocupado al conocer que introduce cada día en sus pulmones materiales presentes, por ejemplo, en los productos de limpieza doméstica o en el combustible de aeronaves y coches. 

Asimismo hemos dedicado un tiempo a la sensibilidad química múltiple, una misteriosa patología que ha comenzado a describirse en estos últimos años, de la que ya atendemos pacientes en nuestras consultas, condenados a vivir con una máscara antigases y en un intolerable aislamiento, incluso dentro de sus propios hogares.

Recientemente, la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) se ha dirigido a los máximos responsables de la sanidad española y comunitaria alertando sobre el riesgo que suponen para la salud diferentes tóxicos medioambientales con los que compartimos nuestra existencia cotidiana. En general, hablan de disruptores endocrinos, un término científico que engloba a todos las sustancias capaces de ocasionar cambios moleculares y celulares en nuestro organismo. 

Aquí se incluyen los alquilotenoles, usuales en detergentes domésticos e industriales, o el bisfenol A, utilizado para la fabricación de recipientes de plástico que contienen alimentos o agua, incluso biberones infantiles, vetado por la Comunidad Europea para consumo e importación. 

También se incorporan los ftalatos, integrantes de insecticidas, barnices, adhesivos, repelentes de insectos, lacas de uñas, cosméticos y tintas de impresión. Un simple quitamanchas empleado para limpiar nuestras ropas y alfombras contiene sustancias prefluoradas, que pueden acumularse en animales y tierras de cultivo. Son frecuentes las polémicas que cada cierto tiempo saltan a los medios de comunicación respecto a los parabenos, ingredientes de cosméticos, productos farmacéuticos y conservantes alimentarios. 

Por último, los pesticidas organoclorados, triunfadores en valiosas batallas contra la erradicación de insectos vectores de enfermedades y causantes de plagas agrícolas, provocan más daños que beneficios, quedando su uso y empleo regulados por estrictas normas en los países occidentales.


Por todo esto, no es de extrañar que ya hay quien considera la posibilidad de tener que acudir, relativamente dentro de poco tiempo, a una consulta especializada en medicina ambiental.

14 abril 2014

EL DENGUE


La otra noche tuve la oportunidad de compartir mesa y mantel con dos estupendos amigos, el Doctor Manuel Garrido Valenzuela, de vuelta una vez más de sus queridas tierras bolivianas, y Javier González Lamelas, parafraseando a Graham Greene nuestro hombre en Chandrexa, entusiasta capitán de esa nao Eurisaces que navega viento en popa, a toda vela, por los procelosos mares editoriales. 

Por obvias cuestiones digestivas, sostiene Aloysius que cuando dos médicos se juntan para cenar nunca deberían hablar de enfermedades. Por llevarle la contraria, en medio de la charla surgió una patología, el dengue. Comentaba el Doctor Garrido que uno de estos brotes epidémicos se había desatado en el departamento de Santa Cruz de la Sierra, con centenares de casos de enfermedad clásica y algunos aislados de la terrible variedad hemorrágica. 

Casualidades de la vida, el pasado 7 de abril celebramos el Día Mundial de la Salud, este año dedicado a las enfermedades transmitidas por vectores, insectos, como moscas, mosquitos, pulgas y garrapatas, pero también otros organismos, como los caracoles de agua.

Nombres como malaria, paludismo, dengue, enfermedad de Chagas, enfermedad del sueño, fiebre amarilla… en la infancia sirvieron para transportarnos con la imaginación a lejanas tierras salvajes inexploradas, a junglas de vegetación lujuriante, a ignotos manglares y a ciénagas tropicales infestadas de insectos y parásitos. 

Años, más tarde, sobre los pupitres de la facultad, aprendimos más sobre estas patologías poco frecuentes en nuestro entorno, pero causantes de gran mortandad en sus zonas endémicas. Destacar que la Medicina Tropical y Salud Internacional ha tenido siempre grandes especialistas españoles, no todo iba a ser negativo después de varios siglos de colonialismo. 

La causa del dengue o fiebre quebrantahuesos, por la afectación dolorosa de las articulaciones, es un virus transmitido por la picadura de mosquitos, principalmente del género Aedes aegypti. A nivel mundial, entre 50 y 100 millones de personas padecen cada año esta enfermedad. Alrededor de 1 millón de prójimos necesitan hospitalización para tratar sus formas más graves, de fiebre hemorrágica. Su mortalidad ronda el 2.5% y hasta existen casos raros de superinfecciones provocados por una especia de pecado original antigénico, cuando el sistema inmunitario no es capaz de responder adecuadamente a la infección viral. 

La banda ecuatorial y tropical de este planeta alberga las naciones más afectadas por el dengue: Brasil, Colombia, Paraguay, Perú y Venezuela en América Latina, y en África en Camerún, Gabón, Nigeria, Congo, Sudán, Kenia y Tanzania. También hay dengue en el subcontinente indio, en el Noreste de Australia y en el Lejano Oriente. 

Hace décadas, los mosquitos viajaban desde sus países de origen en los barriles de agua que transportaban las bodegas de los barcos. Hoy en día, la globalización también tiene estos inconvenientes. Y el próximo Mundial de Fútbol en Brasil ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias. Deseamos ganarle al dengue por goleada.

  

05 abril 2014

ANIMALES DE EXPERIMENTACIÓN



Sostiene Aloysius que dos de los libros que más han influido en su vida descansan ahora sobre el mismo estante de su biblioteca. Nos estamos refiriendo a “Matanza de inocentes: los animales en la experimentación médica” de Hans Ruesch, nada más y nada menos que 740 paginas de argumentos bien documentados en contra de estas prácticas, y “Vivisection or Science?”, la obra capital del Dr. Pietro Crocehasta donde llegamos a conocer todavía inédita en lengua española. 

Para aclarar conceptos. Cuando nos referimos a la vivisección, estamos describiendo cualquier tipo de experimento que se realice con animales vivos. Tal vez por casualidad, ambos textos tienen en sus portadas fotografías de humildes ratones de laboratorio, esos animalitos de pelaje blanco inmaculado, con sus vivaces ojillos como intensos rubíes a ambos lados de sus pequeños cráneos. 

Mientras hojeo sus páginas, el indignado Aloysius me tiende un artículo que recientemente ha recortado de un periódico. El titular resulta espectacular: "la ciencia emplea medio millón de animales de laboratorio al año". Y añade: "su utilización es muy importante en investigaciones sobre el cáncer y otras numerosas enfermedades". 

Tanto Hans Ruesch como el Dr. Croce evitan en sus obras argumentos animalistas. Su intención es demostrar cómo la investigación con animales, lejos de aportar avances en medicina, ha provocado y provoca serios retrasos en el progreso científico. 

La premisa de la vivisección es simple: los resultados obtenidos en experimentos con animales son perfectamente extrapolables a los seres humanos. La tesis del Dr. Croce también es sencilla: en un mismo experimento, incluso individuos de la misma especie reaccionan de maneras diferentes. 

Comentábamos anteriormente que en España se emplean cada año casi medio millón de animales de experimentación. Esta cifra representa ahora la mitad de los utilizados hace 20 años. El ranking está encabezado por los ratones, algo más de 400000, seguido de 84000 ratas, 4700 cerdos, 4600 conejos, 4300 cobayas y 1200 hámsters. Pero también 574 perros y 49 gatos, la gran mayoría de ellos sacrificados en aras del progreso científico. 

El Dr. Croce, nacido en 1920 y fallecido en 2006, tenía en su haber un curriculum envidiable: médico y cirujano, microbiólogo, patólogo, doctor por la Universidad de Pisa, beca Fulbright, trabajó durante años en el departamento de investigación del Hospital Universitario de Denver – Colorado (EEUU), jefe del laboratorio del Hospital L. Sacco de Milán. Tampoco fue santo de devoción de los animalistas; en resumidas cuentas, hubo de batallar toda su vida tanto contra los defensores a ultranza de la experimentación animal como contra aquellos otros empeñados exclusivamente en dotar de los mismos derechos a animales y seres humanos. 

La lógica limitación de espacio de esta sección imposibilita extendernos hoy más en estas cuestiones. Simplemente destacar que en pleno siglo XXI existen vías de investigación científica perfectamente válidas y aceptables que no necesitan derramar la sangre o provocar el sufrimiento y el dolor en millares de seres obligados a compartir con nosotros este maravilloso planeta repleto de vida.