CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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28 septiembre 2006

EL DESEO SEXUAL


Le pregunto intrigado a Aloysius si recuerda el nombre de aquella película de Woody Allen en la que aparecía disfrazado de espermatozoide y mi suspicaz amigo se mosquea conmigo ante los titubeos de mi memoria. Sin embargo, no sacándome de la duda, me regala un aforismo atribuido a este genio del cine contemporáneo: el amor es la respuesta a muchas inquietudes de la vida, pero mientras aguardamos su llegada, el sexo nos planteará unas cuantas preguntas.

Con la intención de aprender un poco más, y habiendo sido invitado por la siempre afectuosa concejala de Sanidade del Concello de Ourense, Dña. María Antonia Rilo, acudí a la conferencia que mi colega y amigo, el Dr. José Luis Doval, impartió esta semana en nuestra ciudad. Su disertación pretendía iluminar nuestros conocimientos ante temas controvertidos como la influencia hormonal en el deseo sexual en los seres humanos a partir de la madurez. Aunque la audiencia estaba formada mayoritariamente por mujeres, el Dr. Doval se extendió sobre la problemática causada por las disfunciones en el deseo sexual en ambos sexos.

Antes de acudir a la ponencia, intenté repasar los conceptos clásicos de las investigaciones de Masters y Johnson (década de los 60 del siglo XX) y las posteriores de Kaplan. La síntesis de las mismas me descubrió las diferentes fases del concepto trifásico en la respuesta sexual humana (deseo – excitación – orgasmo), que son precisamente en las que trabajan los terapeutas sexuales para tratar las posibles alteraciones de cada una de ellas.

También me quedó claro que en el deseo sexual confluyen dos vertientes: una puramente primaria y biológica, que nos impulsa a mantener relaciones sexuales para reproducirnos y perpetuar la especie humana, y otra más bien definida como cultural, en la que se complementan la canalización de nuestras emociones con el mecanismo afectivo útil para experimentar placer.

Varias situaciones habituales por las que pasa el devenir cotidiano pueden influir en la disminución del deseo sexual, como por ejemplo la depresión, la ansiedad, las enfermedades, el estrés, los trastornos hormonales y las causas psicológicas. De manera tradicional, la mayoría de las disfunciones sexuales se consideraban de origen psicógeno. Pero las constantes investigaciones han revelado la importancia de los factores hormonales en las mujeres y en los hombres. Es lo que llamamos causa orgánica de estas alteraciones.

Pero las hormonas tampoco lo explican todo. No son la panacea dentro del tratamiento farmacológico. En la historia de medicina, ninguna otra medicamento ha sido tan vigilado, alabado y denostado a la vez. A pesar de que niveles bajos de testosterona influyen en la disminución del deseo sexual de los varones, y que los andrógenos influyen en el deseo de las hembras, existen otros muchos factores que intervienen en este campo, como las expectativas que tenemos respecto a nuestra propia conducta sexual, el estado de bienestar corporal, los sentimientos respecto a la pareja y el propio estado de la función sexual de nuestro partenaire.

En estas cuestiones del deseo, con en muchas otras de la vida, se recomienda la comunicación con la pareja. Sólo así se podrán afrontar las dificultades con pragmatismo, para luego buscar la ayuda externa de los terapeutas. La sexualidad sigue siendo una asignatura pendiente para la mayoría de nuestros paisanos y de nuestros compañeros médicos.

22 septiembre 2006

DESDE NIVARIA


Aventurero incansable, ha encabezado Aloysius una expedición de viajeros accidentales a la isla de Nivaria, inmersa en un conflicto social sin precedentes provocado por el desembarco incesante de inmigrantes ilegales a sus costas meridionales. A esta legión de deteriorados prójimos centroafricanos se añaden ahora las centurias procedentes del subcontinente indio; éstos se encuentran albergados en unas condiciones bastante inadecuadas en una nave almacén puesta a su disposición por las autoridades portuarias locales. Aquí no hay cama pa’ tanta gente, como decía el son del Gran Combo de Puerto Rico.

Todo este panorama me provoca una serie de reflexiones sobre el racismo, concepto económico por antonomasia. Se le cierran las puertas de un sueño equivocado llamado Occidente (como el navío de José Luis Sampedro en “La senda del Drago") a miles de seres humanos que con casi total seguridad pasarían a engrosar las bolsas de pobreza extrema en las naciones de acogida. De otra manera, ¿cómo conseguirían sobrevivir entre nosotros sin oficio ni beneficio conocidos?. Basta recorrer con nuestra mirada las calles de las más populosas ciudades españolas para reconocerlos dedicados a la venta ambulante de los más variopintos objetos, desde tallas artesanales hasta material audiovisual pirateado. Curiosamente los indostaníes casi siempre venden flores. Y todo este fenómeno no es exclusivo de nuestro país. Al caer la tarde, cuando han cerrado los comercios, las calles turísticas de Florencia se llenan de manteros africanos que venden marroquinería barata, especialmente bolsos falsificados. Al mismo tiempo, finalizan su jornada laboral los empleados de seguridad de las grandes firmas de moda. El color de la piel es el mismo para unos y para otros. La diferencia solamente es económica: trajes de Gucci frente a sudados drapeados tradicionales. He aquí el sofisticado toque de nuestra modernidad.

Desde las Canarias, con destino a Senegal, han empezado a partir los vuelos de repatriación a razón de un pasajero deportado por cada policía vigilante. Se podría meter en un brete el gobierno de nuestra desalineada nación si mientras participábamos como observadores en la cumbre de los Países No Alineados de La Habana, a la legión de subsaharianos deportables se les ocurriese amotinarse negándose a subir a los aviones. Algunos de ellos ya han jurado que pese a todo volverán a intentarlo.

Mientras todo esto ocurre aquí, allá en Suazilandia el último monarca absolutista del África subsahariana ha organizado unos fastuosos festejos para elegir su décimo cuarta esposa. La llamada Danza de los Juncos atrajo a miles de muchachas de escasos recursos económicos, con la esperanza de ser la elegida por Mswati III para engrosar su colmado harén. Mientras las chicas suazili bailan con los senos descubiertos y sus coloristas faldas tradicionales, este año han participado mucho más recataditas varias decenas de adolescentes europeas, por aquello de la globalización, el buen rollito y las alianzas entre las civilizaciones.

La Unión Europea deberá esforzarse mucho más en la mejora sustancial de las condiciones económicas de los países africanos exportadores de inmigrantes. Sólo así podrá corregirse este drama humano. Lo demás es tratar de ponerle fronteras al océano, porque por cada avión de repatriados que despegue de Nivaria, varios cientos de cayucos siguen siendo calafateados a la espera de singladuras más propicias.

05 septiembre 2006

EL TURISTA RESPONSABLE


Mientras viajaba por las italias, de repente se encontró Aloysius con el recorte de una revista cuyo editorial firmaba Giancarlo Roversi. El título del artículo era harto sugerente: el decálogo del turista responsable. Se le atribuye a Enzo Garrone la paternidad de esta innovadora ética del viajar, y aunque la mayoría de los que lean estas líneas estarán ya en plena convalecencia del síndrome postvacacional, voy a reproducirlas por su interés general. Según los expertos, este tipo de recomendaciones encuentra su mayor aceptación entre las viajeras con edades comprendidas entre los 36 y los 50 años, que trabajan en la enseñanza, son directivas o desempeñan profesiones liberales. Un claro ejemplo: Frances Mayes, la protagonista de “Bajo el sol de la Toscana” (Audrey Wells 2003), interpretada por una resplandeciente Diane Lane.

El primer mandamiento del turista responsable es colaborar con empresas de viajes que inviertan parte de sus beneficios en proyectos de cooperación con las naciones de destino vacacional, sobre todo los que respeten los derechos humanos y los encargados de proteger su patrimonio natural. El segundo obliga a informarse previamente de la cultura, costumbres y de los problemas sociales y ambientales de la nación elegida para viajar, para una vez en el destino, comportarse adecuadamente según los usos y costumbres del país. El tercer mandamiento ruega no colaborar con la extinción de especies animales y vegetales, desaconsejando la adquisición de souvenirs que hayan implicado el maltrato o la muerte de nuestros vecinos de planeta. El cuarto precepto recomienda, siempre que sea posible, viajar en vehículos no contaminantes y que respeten el medio ambiente. El quinto ya resulta más complicado, pues solicita viajar fuera de temporada alta, para evitar las aglomeraciones turísticas. La sexta prescripción sugiere el uso de los servicios locales de los que la población se beneficie directamente a partir del turismo. Dentro de éstos, por supuesto, se excluye todo tipo de turismo sexual y vejatorio. Viajar en grupos pequeños que causen pocas perturbaciones a las comunidades de destino forma parte de la séptima recomendación ética.

La adaptación a las costumbres locales, sin tratar de imponer las propias constituye el octavo consejo para el turista responsable; difícil de cumplir a la hora de comer, por ejemplo, donde los más remilgados siempre van a sufrir enormes penalidades. ¿Entenderá por fin Aloysius que no se puede exigir tortilla de patatas para cenar en el medio del desierto de Wadi Rum, en Jordania?. La novena sugerencia invoca la no recolección de piedras, flores ni conchas en el país de destino, así como no dejar signos desagradables de nuestra presencia allí. Dos anécdotas al respecto: existen cumbres montañosas a las que ya no dejan ascender a los turistas, porque a base de llevarse vistosas piedras y rocas de recuerdo, estaban incluso consiguiendo modificar el paisaje y el entorno natural. En los urinarios públicos de una gran galería de arte europea, a una altura prácticamente inaccesible para la mayoría de los humanos, alguien había pintado con gran esfuerzo “Aupa Logroñés”. Ahí queda eso.

Para concluir, el décimo mandamiento recomienda la visita a los parques naturales, a las reservas ecológicas, a los museos y a los santuarios. Se supone que el importe de la entrada va destinado a la conservación de los mismos. Pero sobre todo, el turista responsable debe mezclarse con la población local, participando activamente en la vida de la comunidad. No existe mejor manera de conocer un pueblo.

Si no están de acuerdo con estas recomendaciones, siempre pueden seguir el consejo de Sidonie Gabrielle Claudine Colette, pues los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas.

BUENOS ALIMENTOS


En este particular blog, bajo el título “Comiendo como un astronauta”, disertaba Aloysius el pasado verano sobre los nuevos alimentos que tan de moda se han puesto en nuestra mutante y vertiginosa sociedad. En las secciones más avanzadas de los supermercados podemos encontrarnos con pequeños recipientes de plástico, de apenas unos 20 centímetros cúbicos de capacidad, capaces de albergar el 50% de nuestras necesidades diarias de frutas y verduras.

Dentro de esta innovadora oferta nutritiva, existen también múltiples y variados derivados lácteos que presumen de su utilidad para combatir las elevadas cifras de colesterol. Los productos destinados a saciar precozmente nuestro apetito también comienzan a formar parte de la composición de determinados alimentos. Mientras la televisión nos muestra imágenes de apetitosas hamburguesas de varios estratos, chorreantes de salsas y quesos fundidos, el mismo establecimiento de la marca anunciante incluye en sus menús sanísimas ensaladas con productos de la huerta de primera calidad. Tal vez sea la ingestión de lechuga y tomate la que lava más nuestras conciencias de progenitores, a cualquier temperatura.

Varias veces he oído mencionar y emplear el término alicamentos, palabra formada a partir de la contracción de alimento y medicamento. Se trata de comestibles que aportan beneficios para la salud (en principio, y por definición, todo lo que alimenta debería ser bueno para la salud) o que incluyen en su composición algún suplemento de bondad igualmente demostrada para el ser humano. Según informaciones publicadas en la internet, por ejemplo por UNICEF, probablemente haya más marketing que ciencia detrás de muchos de estos preparados. La utilidad del alicamento debería demostrar que son capaces de prevenir la aparición de enfermedades, condición que no cumplirían los alimentos sensu estricto; ¿podría valer el ejemplo de la vitamina C en la prevención y tratamiento del escorbuto?.

Otra cosa diferente es que los médicos recomendemos consumir productos lácteos desnatados a pacientes obesos o con cifras elevadas de colesterol, cereales con fibra a los que padecen estreñimiento o leches enriquecidas en calcio y vitamina D en determinados carenciales. Pero curar, lo que se dice curar, de momento no lo hace ningún alicamento.

Dicen los franceses: “ne nous melons point de ce qui ne nous regarde” (algo así como que lo que no nos hemos de comer dejémoslo cocer). En el actual menú de a bordo de una compañía aérea europea, de cuyo nombre no quiero acordarme, después de ofrecer diferentes bocadillos y tentempiés, bebidas calientes y frías, alcohólicas y no alcohólicas, en la última página se nos hace la propuesta de una “comida sana”: zumo multifrutas enriquecido con vitaminas y bajo en azúcar, galletas de chocolate con fibra dietética o una tableta de cereales concentrados. Y es que volar a tanta altura a algunos los recarga de oxidantes.


01 septiembre 2006

SÍNDROMES

De manera general, en medicina hablamos de un síndrome cuando queremos referirnos al conjunto de síntomas que caracterizan a una enfermedad; por ejemplo: estás sufriendo un síndrome gripal (fiebre, dolores musculares, estornudos, tos...). Pero los diccionarios también definen esta palabra como un conjunto de fenómenos que caracterizan una situación indeterminada. Clarísimo ¿no? Aquí engloban situaciones muy especiales como el síndrome de Estocolmo o el síndrome de Stendhal.

Cuentan que en el año 1973, ante el frustrado asalto a una entidad bancaria en la capital sueca, los ladrones se hicieron fuertes secuestrando a los empleados durante varios días. Tras tan particular experiencia, los apresados desarrollaron muestras de afecto y solidaridad con sus captores. Una situación semejante sólo podría darse en los avanzados países nórdicos de los 70. ¿Se imaginan ustedes al conde Ugolino de Pisa haciendo pandilla con los verdugos que lo emparedaron vivo junto a sus hijos y a sus nietos varones, allá por los tiempos en que la Edad Media se convertía en el Renacimiento?.

El síndrome de Estocolmo ha vuelto a la palestra de la actualidad gracias a la historia de Natascha Kampusch, cautiva durante 10 años en una casa de las afueras de Viena. Su caso me ha recordado a la ficción vivida por Miranda (Samantha Eggar), la muchacha secuestrada por el inquietante Terence Stamp en la película “El coleccionista” (Billy Wilder 1965). Miranda era una joven estudiante de arte; en su desesperación, intentó seducir a su secuestrador para huir. Como Victoria Abril a Antonio Banderas en “Átame” (Pedro Almodóvar 1989).

Precisamente acaba de llegar Aloysius a la ciudad procedente de un viaje de estudios artísticos. Nada más y nada menos que de la encandilante Florencia. Allí oyó hablar del síndrome de Stendhal, extraño trastorno que afectó en el pasado a este autor literario cuando visitaba la Iglesia de la Santa Croce, en la capital de la Toscana. Fue tan angustiante la vertiginosa sobredosis de belleza que se le colapsó el pulso y los ojos se le quedaron en blanco. Sufrió una aparatosa pérdida de conciencia.

A pesar de existencia de un departamento especializado en el estudio de este síndrome dentro del Hospital de Santa María Novella, sostiene mi displicente amigo que el síndrome de Stendhal en realidad no existe. A su juicio se trata más bien de una intoxicación visual típica de aquellos turistas que quieren comprimir la visita a Florencia en un día, empachándose de paisajes, puentes, fachadas, cúpulas, claustros, corredores, frescos, estatuas, tallas, tapices, joyas, porcelanas y pinturas, unos detrás de otros, sin respiro ni tregua, incapaces apenas de digerir tamaña hermosura. Al igual que ocurre con el dolor, la experiencia de este síndrome es muy subjetiva. Aloysius ha hecho un compendio de todas estas vivencias en tres grandes grupos.

El primero, los Stendhal típicos (el que mucho abarca poco aprieta). Visitan Florencia a toda pastilla, al más puro estilo japonés, filmando y fotografiándolo todo (hasta lo no permitido). El segundo, los Stendhal atípicos, los que se enclaustran días enteros dentro del palacio Pitti, por ejemplo, y se pierden la riqueza cultural bullente en las calles de la ciudad. Y es que existen trattorías de visita tan obligada como la del Duomo o la del Ponte Vecchio. Por último, los Stendhal idiopáticos, cargados con cientos de souvenir y que empiezan a angustiarse en la misma sala de embarque el aeropuerto cuando empiezan a echar cuentas de cuánta pasta se han gastado (o se han comido) en la portentosa y descuidada Florencia. Chi vediamo.

MENTIRAS INCOMPLETAS


Sostiene Aloysius que solamente percibimos el 5% del Universo que nos rodea. El 95% restante se reparte entre la materia y la energía oscuras. Y mira que montamos follones en nuestra insignificante parcela de existencia. He venido observando que los canarios, los cubanos y los gallegos tenemos en común una especial manera de entender el humor, una forma pragmática de exprimir lo positivo de la vida.
En un hotel para extranjeros de La Habana, un establecimiento al que no pueden acceder con plena libertad ni siquiera los propios ciudadanos camarada cubanos, un turista español con resaca de Havana Club y Tropicana le preguntó al camarero si tenían consomé de primer plato. El empleado le contestó sonriente: Sí, señor. Consomé de ave. Y se alejó mascullando hacia las cocinas: De ave...rigue usted lo que lleva.
También los gallegos somos famosos por responder con una pregunta a lo que nos preguntan; todavía nos estamos preguntando por qué ardieron nuestros montes con tanta furia inusitada o cuándo llegará por fin el AVE a Galicia.
Mis amigos de Tenerife, desbordados ante la oleada de cayucos procedentes de las costas africanas que arriban a sus playas incesantemente, con fina ironía sostienen que todas esas pateras proceden precisamente de la materia oscura.

Me pregunto preocupado: ¿tenemos en la Unión Europea verdadera consciencia de lo que está ocurriendo en el continente africano?. ¿Qué empuja a tantos y tantos prójimos a embarcarse en dilatas y peligrosas singladuras, poniendo en riesgo su propia vida en demasiadas ocasiones?. Una densa y extensa capa de materia y energía oscuras se extiende un poco más lejos de donde rompen las olas en nuestra geografía.

Sábado 19 de agosto de 2006. Coalición Canaria pide cambiar la ley de extranjería y un Ministerio de Inmigración. Algún nostálgico del MPAIAC del legendario Antonio Cubillo quedará todavía por ahí completamente acojonado por lo que se le podría venir encima a las Islas Afortunadas si se hubieran independizado de la metrópoli peninsular. Me llamó especialmente la atención la fotografía que acompañaba a este titular sabatino de La Región. Me pareció distinguir de nuevo a Patrick El Carpa desembarcando de un cayuco vistiendo esta vez la samarreta del Barça. Su equipaje se reducía a una modesta mochila en el que con toda seguridad no portaba su pasaporte.

Patrick El Carpa es mi símbolo para todos los inmigrantes subsaharianos: palabra ésta políticamente correcta donde las haya (¿acaso no son también subsaharianos los rubios paisanos de Ciudad del Cabo?). Seguro que anda por ahí perdido algún ciudadano africano indocumentado que intentó saltar las vallas de Ceuta y Melilla, que fue deportado por el gobierno de Marruecos y abandonado a su suerte en el desierto del Sahara, que caminó miles de millas hasta las costas de Senegal para embarcarse en un desvencijado cayuco que partió del Parc de la langue de Barbarie de Saint Louis, que estará dispuesto a trabajar o a delinquir para llevarles a los suyos una llamita de esperanza, que si le pillan volverá a intentarlo, si hace falta saltando en paracaídas sobre la Gran Vía madrileña o sobre la Rambla de Canaletas. Verdades a medias son mentiras incompletas.

Sostiene Aloysius que no se le pueden poner vallas al mar. Y es que la solución al problema es la mar de sugerente. Dignidad contra pobreza. Se admiten apuestas.

17 agosto 2006

INCONTINENCIA

Podríamos debatir largo y tendido sobre el término incontinencia; si consultamos los diccionarios nos encontraremos con amplias definiciones que oscilan entre la lógica ausencia de continencia (por ejemplo verbal, tan típica de Aloysius), hasta cierta circunstancia de la persona que no puede reprimir sus deseos y pasiones. Dentro de este segundo dictamen tendría perfecta cabida el caso de Cleto Ruiz Díaz, el Tigre de Corrientes, obligado a litigar contra la administración sanitaria argentina porque le deniegan una y otra vez una a todas luces muy necesaria intervención de vasectomía. Este dilema persiste a pesar de que este incontinente sexual elevado al cubo ha procreado 37 vástagos a la esperanzadora edad de 44 años.

Pero la palabra incontinencia también puede referirse a la enfermedad provocada por el déficit en la retención de la orina (incontinencia urinaria). Este trastorno afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres, debido fundamentalemente a particulares circunstancias de la vida femenina que actúan acentuando esta especial vulnerabilidad: el embarazo, el parto y la menopausia. La causa fundamental de la incontinencia de orina es la debilidad de la musculatura del suelo pélvico. Además, un porcentaje no desdeñable de estos casos (alrededor del 17%) se encuentra relacionado con una debilidad muscular de tipo hereditario.

Los expertos estiman que alrededor de 2 millones de mujeres españolas refieren problemas de incontinencia urinaria. Nuestras paisanas se ven atormentadas por incómodos escapes líquidos en circunstancias cotidianas tan banales como toser, estornudar, reir, bailar, hacer ejercicio, andar o simplemente ponerse de pie.

La mayoría de ellas no lo consulta por vergüenza o por miedo a la cirugía. Recordemos aquí una vez más al agudo Baltasar Gracián, afirmando que hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos. Otras féminas además son presa de la desesperación al pensar que su problema no tiene solución. Datos referentes al estudio NOBLE, realizado en los Estados Unidos, revelan que más del 50% de los afectados por incontinencia no habían acudido nunca al médico, a pesar de algunos de ellos estuvieran utilizando ya absorbentes urinarios.

A medida de que las mujeres van cumpliendo años, sobre todo al superar la menopausia, la incontinencia urinaria puede hacerse más prevalente. Hace poco tiempo escuché a un colega ginecólogo comentar acertadamente que podríamos sospechar si una señora mayor padece este trastorno observando simplemente el tamaño de su bolso.

Es obligación del médico de cabecera interrogar sobre los posibles síntomas de incontinencia a todas nuestras pacientes. Suena a perogrullada, pero resulta muy adecuada aquella máxima atribuída al escritor francés Georges Duhamel: cuando se quiere saber una cosa, lo mejor que se puede hacer es preguntarla. No debemos olvidar luchar contras las barreras del sonrojo, de la ignorancia y de la desconfianza que cercan con demasiada frecuencia todo aquello referente a nuestra geografía genital y sexual. No olvidemos que ni todos los pacientes tienen la misma vivencia de su trastorno, ni todas las incontinencias urinarias son iguales.
Para tratar correctamente a estas pacientes, el facultativo debe en primer lugar conocer si está ante un caso típico de incontinencia de esfuerzo (escapes de orina al hacer ejercicio, por ejemplo) o más bien ante un descontrol debido a una vejiga hiperactiva, que a veces provoca un deterioro aún mayor de la calidad de vida de la paciente. La urgencia miccional y la incapacidad de llegar a tiempo para orinar obligan a la afectada a vestir ropas oscuras ocultadoras de manchas, a llevar pañales o a vivir inmersa en zonas de seguridad que nunca se alejen demasiado de un servicio público urinario. No lo duden: si se les escapa el pis, consulten con su médico. Seguro que les ayuda.

10 agosto 2006

LA LUNA Y LAS HOGUERAS


FOTO DE LA LUNA SOBRE LENGUAS DE FUEGO.
AUTOR: JOSÉ JOAQUÍN MORENO (C)
Escribía Cesare Pavese algo sobre la luna y las hogueras. Mientras leo su novela, arrecia el olor a chamusquina en esta Galicia nuestra que ha quedado convertida de repente en una terrible gran queimada. Nuestros gobernantes ponen cara de póker. Entre tanto, los paisanos gallegos se convierten en los héroes anónimos de esta desigual batalla contra el fuego. Benditos sean.

En plena vorágine incendiaria, La Región se hacía eco hace unos días de una información ciertamente sorprendente: las preferencias laborales del 95% de nuestros niños nada tienen que ver con la profesión de sus padres.

A la cabeza de las predilecciones masculinas figura, como no, el trabajo de futbolista. De futbolista millonario, añadiría yo, porque nadie piensa en arrastrar sus patas por otras canchas que no sean el Santiago Bernabeu o el Nou Camp. En la cara de la moneda se sitúan nuestras féminas, que prefieren la más loable profesión de profesora, a pesar de cómo se las gastan hoy en día los alumnos en nuestras aulas patrias.

Muy poquitos quieren ser médicos, y menos todavía, bomberos. Todo ello a pesar de que Aloysius porfíe que una de las profesiones más valorada por la sociedad actual continúe siendo la de médico. Tal vez tenga algo que ver en esta admiración la lucha permanentemente contra el sufrimiento y la enfermedad; el noble oficio de sanador covertido en el paladín de nuestra comunidad. Chamanes, brujos, hechiceros o curanderos, han venido empleando para tratar el mal misteriosas energías espirituales y mágicas. Los médicos, sin embargo, se han apoyado en la razón, en la ciencia y en la evidencia (o por lo menos así debería ser).

Mientras se mantienen en la estratosfera las notas medias necesarias para acceder a las facultades españolas de Medicina, los jóvenes todavía quieren ser médicos. Pero no los hijos de los médicos. Ni tampoco sus nietos. ¿Será porque perciben lo que se cuece a diario en sus vidas familiares?. La respetada figura del galeno tradicional ha sido sustituída por la del médico funcionario. En muchas otras profesiones, las nóminas son más gordas a final de mes, sin que además lleven intrínseca la responsabilidad sobre la vida y el bienestar del prójimo. Además, andan diciendo por ahí que la profesión de médico quema. Ven a la escuela de calor.

Un reciente estudio norteamericano indica que el 45% de los estudiantes de medicina se autodefinen como quemados (burnout), presentando síntomas tan preocupantes como el agotamiento emocional, la despersonalización (tratar a los semejantes como si fueran objetos) y la realización personal seriamente mermada. Por si las moscas habría que estudiar también este fenómeno en España.

Por aquello de consejos vendo, pero para mí no tengo, los facultativos no solemos llevar a la práctica lo siguiente: sabemos que las personas optimistas sufren menos enfermedades y sobreviven más. Al contrario, los pesimistas consumen más medicamentos y frecuentan las consultas médicas con mayor asiduidad. Según el Dr. Flórez Lozano, catedrático de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Oviedo, el asma, la artritis, las cefaleas, las úlceras gástricas, los problemas cardíacos y hasta las enfermedades infecciosas afectan más a los individuos propensos al odio, a la rabia, al desprecio, a la ingratitud, a la intolerancia y al resentimiento. Ya saben, la mucha tristeza es muerte lenta. Pero es difícil ser optimista cuando vemos tanta vida arrasada por el fuego a nuestro alrededor.

04 agosto 2006

WHIZZINATOR


Me cuenta enardecido Aloysius que de esta guisa se llama el último grito de la moda en doping. Este trebello se compone de un pene sintético unido a un pequeño depósito (que el deportista tramposo lleva preparado con orina “limpia”). Si por sorpresa le toca control, podrá engañar al comisario haciendo que mea cuando en realidad no mea. Muy pícaro. Como estamos inmersos en un mercado mundial globalizado, el Whizzinator se comercializa en cinco tonos diferentes de piel.

La serpiente de este verano, además del execrable conflicto armado de Oriente medio, nació del huevo depositado por otra gran serpiente multicolor llamada Tour de Francia. Dicen que el ganador de la edición 2006 ha hecho trampa y que de rebote habrá un gallego campeón. Por méritos propios ya lo mereció con creces, pero hubiera sido mejor que Oscar Pereiro se hubiera subido a lo más alto del cajón de manera estrictamente deportiva.

Sabemos que los métodos dopantes son amplios y variados: estimulantes (cafeína, cocaína y anfetaminas), analgésicos (codeína – permitida con justificación médica), betabloqueantes y diuréticos, etc. Pero cuando se destapa un escándalo de este tipo, generalmente se refiere al consumo de determinadas hormonas y sus derivados. Dejando a un lado a la ya famosa eritropoyetina (EPO), se emplean los anabolizantes porque aumentan la masa muscular.

En estos días hemos contemplado unos hechos llamativos: ante la confirmación por parte de la Audiencia Nacional de los 2 años de sanción para el futbolista Gurpegui, el presidente del Atlético de Bilbao desata su ira contra el Secretario de Estado para el Deporte, al que acusa de querer ser ministro a costa de este caso. Recordemos que Gurpequi dio positivo por nandrolona. Los mismo que el céltico Giovanella.

De manera casi inmediata, el velocista Justin Gatlin dió positivo por estanozolol, un esteroide bastante pasado de moda. Tal vez pensó que una carrera de tercera categoría nadie se iba a preocupar de controlar el doping de los atletas. Lo pillaron. Y por mucho que declare su inocencia basándose en la teoría de un complot en su contra, lo pillaron.

Los análisis de orina de Floyd Landis, el ciclista con nombre de masaje de afeitar, acaban de revelarnos que la testosterona que eliminó no era natural, sino sintética. Los modernos laboratorios de control disponen de análisis precisos para discriminar si el origen de esta hormona es endógeno (segregada por el organismo) o exógena. Hace 2 años, en atletismo se redujo de 6 a 4 el coeficiente testosterona / epitestosterona necesario para iniciar una investigación sobre dopaje. Valores naturales bajos de epitestosterona hacen que el coeficiente aumente de manera matemática. Este fenómeno también ocurre con la ingesta de alcohol, porque el etanol interfiere en el metabolismo hepático de la testosterona. Por ello, en un intento desesperado por conservar el maillot amarillo del Tour, los abogados de Landis alegaron que el ciclista norteamericano había ingerido whisky la noche antes del control positivo.
Ya andaba algo mosca Aloysius cuando vio cómo se recuperaba Landis en la etapa 17ª del Tour (disputada entre Saint Jean de Maurienne y Morzine) tras haber sido prácticamente barrido de la carretera el día anterior por la magnífica actuación del campeón de Mos; lo del yanqui o era garrafón o era un anabolizante. Veremos en que queda todo. Como con el cabezazo de Zidane, una vez más pierde el deporte.

26 julio 2006

ESTIVALIA

A pesar del título hoy no vamos de anuncio de perfumes. Sostiene Aloysius que si Federico Fellini hubiera nacido en esta querida Auriavella nuestra (o si por lo menos se hubiera inspirado en ella) a buen seguro habría filmado una película titulada “Estivalia”. En su escena de inicio, una bandada de estorninos sobrevolaría a una pandilla de pillastres persiguiéndose por las calles de Colón y de la Libertad, corriendo como locos hacia el Jardín del Posío para engañar a la canícula bajo las sombras de la floresta. O tal vez anunciaría la llegada del verano con la imagen de unos golfetes lanzándose río Miño abajo desde la playa de Oira a bordo de rancias cámaras de neumáticos hinchadas con aire y agua a partes iguales.
Cerca de mi casa existía un taller de recauchutados que surtía de tan peculiares flotadores a los bravos que se atrevían a conquistar las riberas del río entre el Puente Romano y el embalse de Velle. Eran pasados tiempos peores, en los que por no haber en Ourense no había ni ahogados. El caucho, la gutapercha y el látex tienen orígenes vegetales comunes. Estos populares productos tan pronto valen para un roto como para un descosido. Y es que viendo los últimos datos publicados sobre la ingente demanda por parte de nuestras jóvenes de anticonceptivos de emergencia (la mal llamada píldora del día después) tal vez fuera un buen negocio reabrir la antigua tienda de recauchutados, no para reparar cubiertas de ruedas sino para reforzar condones. Una exitosa unión temporal de empresas entre Michelin® y Durex®. El principal motivo por el que se solicita la anticoncepción de emergencia es la rotura del preservativo. Dicho accidente viene ocurriendo aproximadamente en 9 de cada 10 casos. Entiende Aloysius que las usuarias y usuarios de este servicio contraceptivo, o bien no cuentan toda la verdad (practicando relaciones sexuales sin protección), o bien los modernos machos desbravan cada vez con más frenesí. A pesar de tanto despliegue amatorio, las muestras de semen de nuestros paisanos cada vez contienen menos espermatozoides válidos, dicen que por el estrés y los malos hábitos de la vida moderna.
Bajan este verano los ríos de la provincia escasos de agua y ricos en truchas (o por lo menos mis amigos cada vez son mejores pescadores). Vuelven al mapa del tiempo los soles que anuncian temperaturas por encima de los 40 grados. Sostiene Aloysius, y yo le doy la razón, que los precios de las piscinas deberían ser más baratos en Ourense, por aquello de la discriminación climática positiva. En Oira se puede elegir entre unas piscinas gratis y otras de pago. El peligroso río también es gratuito. La Playa de la Antena se convierte en un espectáculo multicolor donde rivalizan en broceado los cuerpos y las almas. Mientras tanto, las piscinas del Concello de Barbadás son mucho más caras para los foráneos que para los oriundos. Las de Monterrey cuestan lo mismo para tirios y troyanos.
Comenzábamos con una bandada de pájaros cantarines anunciando la llegada del verano a Auriavella. Un estío más de entre tantos a los que cantó con su fina voz Pura Vázquez:
“violís e páxaros
cantarolan nos meus abidueiros
c-un estronicio multiforme
lizgairos y pequenos”.
Seguro que irán a despertarla con armoniosos trinos a su nueva morada.

11 julio 2006

PROUSTIANA





Le encantaban los espaguetis a la boloñesa. Pero tenía un problema: no sabía por qué. ¿Cuándo había comido ese plato por primera vez?. No se acordaba. ¿Quién preparó entonces aquella exquisita comida que tanto le apetecía ahora?. Tampoco encontró en su memoria la respuesta adecuada.

Tras esa primera inquietud gastronómica se preguntó lo mismo respecto a sus gustos musicales o literarios. Por ejemplo, ¿por qué se aficionó al jazz, o a la música clásica, o al blues o al buen rock and roll?. 



Sin embargo recordaba perfectamente aquella tarde de verano en la que caminaba hacia el colegio y se sorprendió tarareando “Imagine” de John Lennon. Una araña flotaba en el viento agarrada al filamento transparente que pendía de la palmera enana. El aire caliente aportaba un inmenso sopor que invitaba a dormitar en la sombra de los árboles. 


Siguió andando. Los portalones entreabiertos dejaban escapar un aroma a papeles usados, a frescor de escombro. Las zapatillas de deporte, apenas recién estrenadas, le apretaban en el empeine. Su mirada se perdió entre los cabellos de la joven pelirroja con la que indefectiblemente se cruzaba todos los días al final de la cuesta, justo antes de embocar la Plaza Mayor. 


Le gustaba aquella chica, a pesar de la marca que le dejaban los calcetines en sus tobillos, quizás un poquito gruesos. Pensó que aquellos pies mejorarían mucho dentro de unos zapatos de tacón. En las carteleras del cine anunciaban una de vaqueros, una de esas películas de bajo presupuesto en las que los sioux lucían el pelo corto y patillas, al más puro estilo bandolero de Sierra Morena. Falsas también eran las pinturas de guerra.


De repente lo envolvió el olor de los espaguetis recién escurridos y se fijó en cómo se derretía la mantequilla en la sartén. A un lado esperaban la carne picada y el bote de salsa de tomate, dispuestos a fundirse en un abrazo que le devolvería a su paladar todo aquel tiempo perdido.

10 julio 2006

AMOR ETERNO


Te juré amor eterno. Todas las noches me dormía abrazado a la almohada, transmutada en tu cuerpo que todavía desconocía. Ponía el volumen del magnetofón en el máximo que me permitía escucharlo sin que se enterasen mis padres. No les gustaba que les molestasen mientras dormían. Se levantaban siempre muy temprano para ir a trabajar. Sonaban “Let it Be”, “Hey Jude”, “Angie” y “Wish you were here” una vez detrás de otra, hasta que el cansancio me vencía. Temía que la casete se me rompiera de tanto ponerla para atrás y para adelante. Gasté cientos de pilas.

Grabé tu nombre dentro de mi viejo pupitre de madera, para que perdurase mi lealtad hacia ti por siempre. Con un aerosol de pintura roja escribí bien grande tu nombre y el mío en la pared externa de las piscinas, para que todo el mundo lo leyera. En el medio pinté un corazón atravesado por una flecha. Sabes que soy muy clásico y previsible. Añadí la fecha.

Pasaron treinta años. Treinta estíos abrasadores como éste. Camino hacia el aparcamiento para rescatar mi coche de la calorina. Te he visto pasar con tus hijos de la mano al lado del muro de las piscinas. Te quedas mirando un gran corazón encarnado y macilento, atravesado por una flecha casi invisible. Hay dos nombres escritos y una fecha. Continúas impasible tu camino. Te juré amor eterno y nunca lo supiste.




EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ


En vísperas de la entrada del tercer milenio en nuestras vidas, dejé transcurrir parte de aquel verano del 2000 en Icod de los Vinos leyendo bajo la sombra protectora del Drago Milenario. Entre otras, alterné las páginas de la saga de historia - ficción espacial firmada por Isaac Asimov (Fundación) con las del libro titulado “Predicciones” de la editorial Taurus. Nada más y nada menos que 31 expertos en diversas áreas de la biología, la física, la filosofía y las ciencias sociales se atrevían a vaticinar cómo sería en realidad el futuro que nos espera. Por cierto, el único español presente en esta selección mundial fue el pensador Fernando Savater, recientemente amenzado de muerte por ETA.

Los lectores habituales de esta modesta colaboración dominical (según Aloysius mi propio padre, él y tres o cuatro incondicionales más) recordarán que alguna vez ya he mencionado a Shirley Turkle, socióloga de la ciencia del Instituto Tecnológico de Massachussets, el prestigioso MIT norteamericano. Tras nutrirse durante muchos años de las fuentes del psicoanálisis y del postestructuralismo francés (Lacan, Foucault, Barthes) esta doctora se centró en el estudio de las relaciones que establecemos las personas con los ordenadores, especialmente los vínculos afectivos entre los niños y los robots humanoides (o animaloides), las mascotas virtuales (como los Tamagotchi) o los muñecos digitales (los Furby por ejemplo).

En palabras de la propia Turkle, estos artefactos piden al niño que valore su estado de ánimo para poder establecer una buena relación entre ambos; piden que se les alimente, que se les cuide, que se les mantenga limpios y sanos. Los Furby son además entrañables y hablan cariñosamente con sus compañeros de juegos. Durante la infancia de los de mi generación, algunos se dedicaban a desmontar sus juguetes para conocer cómo funcionaban en realidad (luego conseguían montarlos de nuevo con más o menos suerte; incluso sobraban piezas). A los actuales niños que juegan con los Tamagotchi o con los Furby no les preocupan los entresijos de sus mascotas, sino la manera de hacerlas felices.

Nosotros preferíamos tener un cachorro (y dábamos la murga con el tema). Nuestros modernos chiquillos se decantan por los bichos virtuales que no ensucian ni destrozan nada; tampoco hay que sacarlos de paseo, ni huelen a perro o a gato. Sus cacas pueden recogerse con un simple movimiento de lápiz óptico sobre la pantalla del ordenador o del Nintendo y encima podemos adiestrarlos en cuestión de minutos para que realicen una serie (siempre limitada al software) de habilidades. Me recuerdan a los protagonistas de la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, del inclasificable Philip K. Dick, en la que precisamente se basó Ridley Scott para rodar el film de culto “BladeRunner”. Aquellos personajes trabajaban duramente para poder comprarse un animal natural como mascota, hartos de los sucedáneos artificiales con los que se tenían que conformar los ciudadanos de menor poder adquisitivo.

Cuando veo jugar a mis hijas absortas con su nuevo Nintendog, arrojo la toalla vencido y voy en busca de nuestra Pomerania para sacarla a dar un paseo. Prefiero contentarme con el agradecimiento que me demuestra con sus saltitos y su mirada llorosa. ¡Qué le vamos a hacer!, soy del siglo pasado.

CARA Y CRUZ





Vivimos una existencia llena de posibilidades. Repleta de probabilidades. Al igual que los sondeos electorales, la salud y la enfermedad se encuentran sometidas a las imperturbables leyes de la estadística. Un ejemplo escogido al azar entre las noticias médicas más recientes: el consumo de hachís eleva hasta en un 30% la probabilidad de padecer esquizofrenia. Otro similar: entre un 50 – 60% de las mujeres que han heredado de sus antepasados las mutaciones denominadas genes BRCA1 y BRCA2 desarrollarán un cáncer de mama antes de cumplir los 70 años.

Los modernos pacientes, ahora oficialmente llamados usuarios, exigen que los facultativos les demos porcentajes de curación. Hacen bien. Están en su derecho. Para ello vivimos inmersos en el mundo de los derechos. El papel del médico actual se parecerá cada vez más al del gestor de la salud (y de la enfermedad) de sus usuarios. Nosotros asesoramos y los ciudadanos y ciudadanas deciden. Incluso pueden rechazar las medidas terapéuticas propuestas. Pero seguramente que nuestra existencia será perfecta cuando también asumamos plenamente nuestras obligaciones. La más incómoda de todas: responsabilizarnos de nuestro propio cuidado (los que puedan) y conocer nuestras limitaciones como seres humanos; sólo así entenderemos la salud y la enfermedad como las dos caras de la misma moneda, como dos partes de un todo.

El papel del médico en la sociedad contemporánea cambia vertiginosamente. Y más que cambiará a medida de los avances técnicos nos obliguen a realizar una práctica médica que poco o nada se parece a lo que nos enseñaron (y todavía enseñan) en las facultades de Medicina. Tampoco nos servirá demasiado de ayuda la experiencia profesional, pues con mayor frecuencia nos enfrentaremos a situaciones ante las cuales ésta será inexistente. Bienvenidos pues al mundo de la intuición. A la par que cambia la medicina lo harán también la filosofía y la antropología, incluso la religión grosso modo.


La ficción, como es habitual, ha rebasado por la izquierda a la realidad. ¿Se acuerdan ustedes del ingenuo Dr. Fleichsman, protagonista de la serie “Doctor en Alaska”?. Todos los días tenía que atender a los pacientes más variopintos de un remoto y gélido poblado perdido en el tiempo, contando con la única ayuda de una enfermera, una peculiar auxiliar administrativa nativa y unos medios materiales ciertamente limitados. Un chamán más que un médico. Mi amigo socarrón me pregunta: ¿y cuántos compañeros tuyos han tenido que ejercer en la Galicia rural de la misma manera que el Dr. Fleischman lo hacía en el pueblo de Cicely?.

En la cruz de la moneda nos encontramos al Dr. Gregory House: misántropo, impío, faltón, mordaz y sagaz a partes iguales, se pasa el día huyendo de los pacientes y mortificando a sus compañeros de trabajo, mientras cojea apoyado en su muleta consumiendo analgésicos según le aprieta un dolor crónico poco soportable. Nunca lleva bata blanca, para diferenciarse de los demás médicos. Experto en el diagnóstico de difíciles patologías mediante sofisticados medios técnicos, encarna a la perfección al profesional hipercualificado que sólo ve enfermedades donde en realidad hay enfermos. Me asombra el Dr. House, pero me pregunto, ¿qué haría él solito en una destartalada consulta perdida en el medio de Alaska (o de Galicia)?. ¿Qué haría yo?.

03 julio 2006

ALPINCHE




El mero hecho de vivir hace que nos podamos crear simpatías y antipatías a partes iguales. Uno opina buenamente sobre la supuesta jubilación futbolística de Zidane tomándose unas cañas con los amigos en la barra del bar y el parroquiano a tu lado que te escucha en silencio te jura amistad o enemistad eternas. Y así con otras muchas cuestiones, desde las más banales a las más trascendentales.

Acaba de aparcarse en las inmediaciones del Parque de San Lázaro un Alpinche pilotado por Reverter y Coleman y ya se ha desatado la polémica entre sus incondicionales y sus detractores. Hay que ver lo que dan que hablar las silentes estatuas. Recuerdo con cuánto lujo y boato se inauguraron en el pasado las colosales efigies de Ceaucescu, Lenin, Musolini o Franco, por poner unos ejemplos, y con cuánto empeño fueron derribadas por el mismo pueblo que sólo unos meses antes ensalzaba a esos mismos gobernantes. No me extraña nada pues la controversia generada por el original híbrido de Alpine y Porsche. Incluso Aloysius se ha atrevido a terciar en la porfía, ya que entiende que el mejor aparcamiento del afamado coche de rallies sería la esquina superior del Parque, justo enfrente del Choupana, para que Toñito Coleman pudiera pasar lista de todos los colegas que entran y salen a diario de este establecimiento o del Gaimola, y a la vez saludar a los que suben calle Bedoya arriba para comer en Casa José Luis. Pero ese puesto privilegiado ya está ocupado desde hace tiempo por el Carrabouxo.

Lo que sí ruega Aloysius encarecidamente es que los prójimos respeten las estatuas, víctimas frecuentes del incivismo urbano, porque todas tienen sus sentimientos aunque no posean corazón. Y siguiendo con cuestiones cardíacas: ¿podremos algún día pedirle a los cirujanos que nos extirpen el corazón y nos lo sustituyan por uno nuevo, para prevenir el padecimiento de una enfermedad mortal a la que de seguro nos condena nuestra herencia genética?. Hace escasas semanas diez primos miembros de una misma familia norteamericana, los Slabaugh, se han extirpado sus estómagos sanos para evitar el desarrollo de un cáncer de estómago hereditario que había provocado anteriormente el fallecimiento de una abuela común, de sus padres y de sus tíos. A partir de ahora deberán alimentarse muchas veces al día en pequeñas cantidades. En la foto de la prensa se les veía muy felices.

Medidas tan drásticas han sido tomadas también en la lucha contra otros cánceres, como por ejemplo el de mama, si bien la actual medicina basada en la evidencia solamente apoya la mastectomía profiláctica (extirpación de los senos sanos en mujeres con peligro de padecer un cáncer de mama hereditario) en aquellos casos de riesgo constatado muy elevado.

Hace ya unos cuantos años atendí en mi consulta de Atención Primaria a una joven de unos 20 años que quería vaciarse. Le pregunté sobre si tenía alguna enfermedad en el útero o en los ovarios que la hiciera subsidiaria de semejante tratamiento quirúrgico. Con una tranquilidad pasmosa me contestó que su estado de salud era perfecto. Simplemente demandaba una histerectomía porque no tenía instintos maternales. Entonces le expliqué que nuestro sistema sanitario no cubría sus pretensiones. Sin más, se despidió y abandonó la consulta.

En el juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, sostiene Aloysius que habiendo dado el terrorista Txapote tan terribles muestras de insensibilidad ante el dolor causado por su actividad criminal, el juez podría haberle condenado a la extirpación profiláctica de su condición humana, porque está claro que de nada va a servirle en el futuro.



14 junio 2006

¿ANGUSTIA O ANSIEDAD?

Estaba la otra tarde Aloysius desempolvando viejos discos de vinilo guardados en unas cajas del desván cuando de repente se encontró un ejemplar del “Nat King Cole canta en español”. ¿Cuántas veces habremos escuchado aquella añeja versión del tema “Ansiedad”?; ¿cuántos amores se habrán gestado en este planeta al compás de tales acordes tradicionales?.

Los trastornos ligados al estrés y a la ansiedad son la primera causa de absentismo laboral en nuestro país, muchas veces asociados a la depresión. Y eso que en España todavía parece disfrutarse de un ritmo de vida que ya quisieran en otras muchas naciones europeas, mal que le pesen al Fondo Monetario Internacional y a mister Euribor.

Los médicos deberíamos entender la ansiedad como una situación no patológica, es decir, como un componente normal de la vida cotidiana, conducta tal vez heredada de nuestros primitivos ancestros que se pasaban la mayor parte de su vida en situación de alerta para poder sobrevivir jornada tras jornada. Algo similar podemos observarlo en los animales, nuestros parientes más cercanos, ya que cuando se enfrentan a una situación de peligro responden con comportamientos de huída o de lucha.
¿Qué ocurre entonces en nuestra particular jungla de asfalto? No todos estamos dotados de una misma capacidad de respuesta ante situaciones de estrés: la presión laboral, una desengaño sentimental o la pérdida de un ser querido, generalmente se convierten en circunstancias desagradables en nuestro devenir cotidiano, si bien algunos prójimos desarrollan ante las mismas una respuesta exagerada que se convierte en síntomas y en enfermedad. Como muy bien decía Enrique Echeburúa, Catedrático de Terapia de la Conducta de la Universidad del País Vasco, en los trastornos de ansiedad la respuesta al miedo o al estrés funciona como un dispositivo antirrobo defectuoso, que se activa y pone a funcionar la alarma ante un peligro inexistente.

Todavía sigue siendo difícil diferenciar entre ansiedad y angustia, palabras que además comparten la misma raíz etimológica. Los expertos entienden que la ansiedad se encontraría más ligada a una sensación de agudo desasosiego, que mantendría al paciente en tensión y con sensación de ahogo permanente, mientras la angustia se representaría en un nivel mucho más visceral, relacionada con sensaciones de tipo opresivo que mantendrían al enfermo cautivo del miedo a enloquecer o a la muerte inminente.
Dejando a un lado clasificaciones académicas, en la práctica el tratamiento de los estados patológicos de ansiedad y angustia se basa fundamentalmente en medicamentos y en terapias psicológicas específicas.

Al igual que Lou Marinoff, autor de aquel éxito de ventas de antaño titulado “Más Platón y Menos Prozac”, defiende Aloysius las bondades de los nuevos usos de la filosofía clásica para combatir la ansiedad, la angustia y la depresión que nos causa el ser mujeres y hombres contemporáneos. En esta línea les recomiendo la lectura de la pequeña gran obra titulada “El primer trago de cerveza”, de Philippe Delerm, delicioso breviario que nos enseña a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como por ejemplo ver un película en el cine, ponerse un jersey en otoño, oler las manzanas que maduran en el sótano o leer el periódico mientras desayunamos, como hoy. Y es que mojarse las alpargatas es conocer el amargo placer de un naufragio completo.

LA COVADA


En una escena intimista de “El paciente inglés” (Anthony Minghella 1996) el conde László Almásy (Ralph Fiennes) susurra al oído de su amada Catherine Clifton (Kristin Scott Thomas) los nombres de los vientos del desierto: el Ghibli, el Aajej, el Simún, el Harmattan o viento rojo. Alguna que otra de estas tórridas corrientes aéreas anda calentando nuestra ciudad en estos días de estío adelantado al final de la primavera. Igual de candente se encuentra la actualidad política a propósito de las negociaciones con la ilegalizada Batasuna en el País Vasco y al desarrollo de la campaña por el Estatuto de Cataluña, donde los responsables máximos de la movida independentista piden ahora el NO exactamente igual que los fachas del PP, pero claro está por motivos bien diferentes.
Una auténtica covada para estadistas de salón. Mientras pasa todo esto, el pueblo en general se entretiene pensando en las próximas vacaciones veraniegas, titubeando aún entre los rescoldos de los macro - funerales de Rocío Jurado y la confianza ciega en que la selección española gane por fin un campeonato mundial de fútbol; ni Zapatero se atrevió a apostar por ellos y ya saben ustedes que nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas, como diría Anatole France.
Y hablando de tocar las pelotas, he leído unas simpáticas anotaciones pertenecientes al libro de Adele Gelty titulado “La diosa Madre de la naturaleza viviente”, en las que cuenta una sana costumbre de los indios huicholes de Méjico. En esta cultura se piensa que el hombre y la mujer deben compartir tanto el placer del embarazo como los dolores del parto; por este crucial motivo, mientras ellas dan a luz ellos se colocan sentados sobre unas vigas situadas a la cabeza de la parturienta, con una cuerda atada a los testículos. Es fácil que mientras la madre se retuerce de dolor (y de alegría) tire de la cuerda al ritmo de las contracciones. Dice la autora del libro que este acto contribuye a una actitud paterna solidaria, como si de un empollamiento del nuevo hijo se tratara.
Por preferir, la mayoría de los machos nos inclinaríamos hacia la covada, del latin cubare – guardar cama durante el puerperio -; narrada ya en la antigüedad por Apolonio de Rodas en su obra Los Argonautas, el padre sustituye a la madre en el lecho una vez se ha producido el nacimiento del hijo para alimentarle, cuidarle y darle cobijo. Esta costumbre estuvo muy extendida entre algunas comunidades, como por ejemplo los corsos, los vascos (J. A. Zamácola, Historia de las naciones Bascas, 1818), los canarios y los ibicencos. En el siglo XX se ha constatado la covada en Laponia, Borneo, Inglaterra, Francia, Brasil, Alemania... Hasta el mismísimo Sigmund Freud le encontró una explicación a tan peculiar demostración: en su disertación sobre los celos femeninos del pene, el padre del Psicoanálisis justificó la sustitución paternal de la puérpera en el lecho del recién parido como un acto de lucimiento del miembro viril ante las vecinas.
Dentro de su particular concepción del mundo que nos rodea, interpreta Aloysius que la covada ocurre por la envidia ancestral que el género masculino tiene del femenino dada nuestra incapacidad para parir. Con mucha cautela le prestaremos atención a tales aseveraciones, ya que está muy preocupado porque su perra acaba de parir seis cachorros el día sexto del sexto mes del sexto año del presente siglo: ¿el número de la Bestia?.

31 mayo 2006

FATIGA CRÓNICA

- ¿Cómo se encuentra hoy, Sr. Mancini?:

- Estoy....muy cansado...


¿Se acuerdan ustedes del pusilánime Sr. Mancini?. Era uno de los recluidos en aquel peculiar manicomio retratado de forma magistral por Milos Forman en “Alguien voló sobre el nido del cuco” (1975). El chalado histrión R. D. McMurphy, protagonizado por el celebrado Jack Nicholson, se le subía en una escena encima de los hombros para tratar de encestar una pelota de baloncesto en las canastas de la desolada y lúgubre pista de juego de la institución psiquiátrica. El Sr. Mancini siempre estaba profundamente cansado. Tal vez padeciera un síndrome de fatiga crónica en grado extremo.
Sostiene el Dr. Enrique Baca, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Puerta de Hierro, que los pacientes afectados por este extraño síndrome se quejan de un cansancio permanente e invalidante. Este experto no sabe si el sufrimiento de estos enfermos es mayor por la amplia y variada sintomatología física que padecen o por la incomprensión del entorno que les rodea. 
Hace unos días una funcionaria ourensana aquejada de fatiga crónica protagonizaba una sentada ante los estamentos sanitarios oficiales para llamar su atención y reivindicar sus derechos como enferma crónica. Es cierto que los que sufren enfermedades raras o escasamente prevalentes entre la población general se ven obligados a actuar de manera estridente y provocadora para lograr que la sociedad vuelva su mirada hacia sus padecimientos. De seguro que a esta paisana no le servirá de consuelo aquella máxima de Sócrates afirmando que es mejor sufrir una injusticia que cometerla.

También en fechas recientes he tenido la oportunidad de asistir a los actos conmemorativos del Día Mundial de la Fibromialgia, realizados de manera existosa en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ourense. En demasiadas ocasiones ambas patologías tienden a confundirse, quizás por sus características incapacitantes y crónicas. Mis admirados colegas y maestros, el Dr. Ovidio Fernández y el Dr. Manuel Cabaleiro, defendieron la creación de unidades multidisciplinares destinadas al diagnóstico y al tratamiento de ambas enfermedades, donde médicos de familia, internistas, reumatólogos, rehabilitadores, psiquiatras y psicólogos trabajen codo con codo para ofertar una mayor calidad asistencial.
Pero ¿y la comprensión social?. Las mayores dificultades con las que se enfrentan los pacientes de fibromialgia y fatiga crónica aparecen a la hora de reclamar sus derechos laborales, las incapacidades funcionales o las correspondientes pensiones por enfermedad; en otras palabras, al miedo al engaño y a la simulación. Es cierto que aquellos países cuyas legislaciones sanitarias resultan más laxas en el reconocimiento de la categoría de enfermedad profesional para estos trastornos se enfrentan a tasas más elevadas de indemnizaciones por discapacidad permanente. Pero resulta que estamos ante enfermedades que afectan predominantemente a mujeres jóvenes en edad productiva y reproductiva, y además ¿cómo actuamos la mayoría de los médicos de familia en nuestras consultas masificadas ante una paciente que de manera reiterada se queja de cansancio, debilidad muscular, flatulencia, diarrea, desmotivación, cefalea, dolores múltiples y variados, mialgias, tos crónica y persistente, falta de atención y pérdida de memoria, manos y pies fríos, fotofobia, erupciones cutáneas, sofocos, parestesias y fasciculaciones, intolerancia al alcohol, micciones frecuentes, etc, etc, etc.?

22 mayo 2006

LISTAS DE ESPERA





Por enésima vez se me quejaba la otra tarde un conocido sobre las listas de espera. Su esposa acudió a la consulta del médico de familia aquejada de unas molestias genitales. Una vez explorada le fue detectada una lesión vulvar, por lo que recibió la correspondiente hoja de interconsulta para el servicio de ginecología de referencia. A pesar de que dicha solicitud llevaba marcada la casilla preferente, a esta señora le dieron cita para atención especializada en marzo del 2007. 


Intentando su consuelo le conté otra historia similar: no eran hemorroides las que le causaban a un paciente asistido en mi consulta de atención primaria un sangrado anal recidivante. A pesar de referir unos llamativos antecedentes familiares de cáncer de colon (presentes en un tío paterno y en su propio progenitor) también le dieron cita para realizarse una colonoscopia en marzo de 2007. Por lo menos, el especialista del aparato digestivo apenas tardó 2 semanas en consultarle.

Estos son dos ejemplos de los muchos usuarios del SERGAS que en la provincia de Ourense se enfrentan a las barreras establecidas por la administración sanitaria que gestiona las listas de espera para una primera consulta o para la realización de una prueba diagnóstica en determinados servicios de atención especializada. En el caso de la ginecología, el otro día la portada de un diario anunciaba que el tiempo medio de demora alcanzaba los 117 días en Galicia; en otras palabras, los 4 meses. 


En este ejemplo concreto, la potenciación del nivel asistencial primario mediante el correcto desarrollo del hasta ahora llamado Programa de la Mujer, seguramente podría aligerar las listas de espera eliminando de las mismas a todas nuestras paisanas que intentan acudir al ginecólogo para una revisión de salud. Otro cantar sería ya la atención de mujeres portadoras de diversa patología.

El pasado 19 de mayo, un informativo de noticias electrónicas relacionadas con la sanidad se hacía eco de un reportaje que se me antoja de importancia capital, a pesar de que tan sólo se le dedicaran al mismo una docena de líneas: 23 años después, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le ha dado la razón a la propuesta del entonces Defensor del Pueblo, D. Joaquín Ruiz Jiménez, respecto a la licitud de acudir a un servicio asistencial ajeno siempre que el sistema público no sea capaz de proporcionarle al usuario la asistencia adecuada en tiempo y forma.

Ya se pueden poner las pilas sin distinción todos los servicios autonómicos de salud para establecer decretos que garanticen unos tiempos mínimo de espera reales, sin maquillajes, sin trampa ni cartón, con medidas eficaces y efectivas antes de que los jueces se pongan mano a la obra y las peticiones de los afectados colapsen nuestros masificados juzgados. De seguro que lloverán las facturas de los centros privados. 


Mientras se sigue echando mano de las en su tiempo tan criticadas peonadas y de los tan denostados centros concertados, los pacientes siguen esperando que se tome la medida gestora que todos conocemos para paliar el efecto oprobioso de las listas de espera: un mayor presupuesto sanitario. Eso sí, habrá que mojarse y decidir qué es políticamente más correcto: subir los impuestos (directos y/o indirectos), recortar las prestaciones o establecer medidas de copago. A ver quién se atreve a ponerle el cascabel al gato.

LAMENTO BOLIVIANO


Están que echan humo las emisoras de radio ante la inminente llegada del estío pugnando una vez más por la designación de la llamada Canción del Verano. Nada de extrañar en estas fechas puesto que todos los años asistimos impasibles a una pugna similar. ¿Recuerdan cuántas veces en el pasado se proclamó Georgie Dann vencedor de tan singular campeonato? 


Este año las tonadas nominadas para este insigne galardón son tres: “La Mordidita”, éxito de cubaton - reggaeton interpretado por el tropical Candyman, llena de ritmo porfiado y con una letra sugerentemente libidinosa, seguida muy de cerca por “A Cabritinha”, propuesta sorbetera entonada en la ilustre lengua de Camoens por Quim Barreiros, si bien el populacho se decanta por el triunfo del “Lamento Boliviano”, bachata popularizada en su día por los Enanitos Verdes y hoy felizmente revitalizada por el grupo caribeño Toque d´Keda.

Bolivia está de moda, y no sólo por la demostración política del lado oscuro de la fuerza de Evo Morales, el azote del capitalismo más ortodoxo en aquellas tierras de chaco y altiplano, considerado un moderno héroe revolucionario o un desagradecido que muerde la mano que alegremente le tendió el gobierno español según baile el agua del paisano. ¿Tal vez no murió en vano el Che Guevara en aquella escuelita de La Higuera?

Nuestro apreciado colega ourensano, el Dr. Manuel Garrido Valenzuela, es un experto conocedor de la realidad social y sanitaria de Bolivia, la nación más pobre de Hispanoamérica junto con Haití. Anda ahora empeñado este buen cirujano infantil en la siembra de quirófanos móviles por las estribaciones de los Andes bolivianos, dispositivos asistenciales que quizás permitan concluir su gran obra de entrega solidaria comenzada en solitario un buen día en la pequeña localidad de Santa Cruz de la Sierra.

Los problemas sanitarios de Bolivia se me antojan bien distintos a los de Galicia y de Ourense. Allí el 60% de la población es menor de 25 años y sólo el 7% es mayor de 65 años. Su tasa global de fecundidad se sitúa en los 3.8 hijos por mujer, oscilando entre los 3.1 del ámbito urbano y los 5.5 del rural. La esperanza de vida de un boliviano al nacer se sitúa en los 63 años y medio (considerando en conjunto ambos sexos).

En aquel país se mueren por culpa de las enfermedades cardiovasculares (30%), por las enfermedades transmisibles (12%) y por causas externas (11%). Bolivia no iba a ser la excepción y una vez más las mujeres tienen más probabilidades de morirse, sobre todo las rurales, las de menor grado de instrucción y las de origen campesino o indígena, lo mismo que las que han emigrado a los grandes centro urbanos buscando mejores condiciones de vida.

El cáncer de cuello uterino, por ejemplo, constituye un problema de salud pública de magnitud máxima en Bolivia. Sin embargo, la relación de casos SIDA es de 2.8 hombres por cada mujer. Respecto a la mortalidad infantil, entre 1989 y 2003 descendió de 94 por mil nacidos vivos a casi la mitad. Por último destacaría también que el 60% del territorio boliviano es endémico respecto al padecimiento de la enfermedad de Chagas.

Chompas aparte, sería necesario y deseable que las supuestas mejoras económicas pretendidas por parte del gobierno de Morales se vean convenientemente reflejadas en el ámbito de la sanidad. Bolivia no se merece más lamentos. Por cierto, la única canción del verano que se escucha a todas horas es el himno del Barça.