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04 abril 2020

EL ANTES Y EL DESPUÉS


Sostiene Aloysius que para él la cita más inquietante del gran Arthur C. Clarke (1917-2008) es “el futuro ya no es lo que solía ser”. Cada una de estas jornadas de marzo y abril, cada noche antes de dormir y al día siguiente, al despertarse, se pregunta cuándo regresaremos de nuevo a la normalidad, una realidad que jamás volverá a ser lo que era.

Ante tanta incertidumbre, he tenido la oportunidad de leer las opiniones del epidemiólogo Jacobo Mendioroz, una brillante síntesis de lo publicado en abril por Resolve to Save Lives, una iniciativa que pretende salvar millones de vidas combatiendo las enfermedades cardiovasculares y librar a nuestro mundo de las epidemias, capitaneada por prestigiosos especialistas en Salud Pública como los Doctores Tom Frieden, Cyrus Shaphar y Amanda McClelland.

Según estos expertos, ¿qué tendremos que hacer para recuperar la normalidad después de esta inmisericorde pandemia COVID-19?

1.- CRITERIOS EPIDEMIOLÓGICOS: habrán de pasar al menos 14 días constatando:
  • Descenso de casos (manteniendo o subiendo nivel de testeo)
  • Descenso de fallecimientos.
  • Descenso de casos no ligados a casos conocidos.
  • Descenso de infecciones en el personal sanitario.
2.- CRITERIOS SANITARIOS:
  • Capacidad de absorber en camas UCIs el doble de casos existentes (incluyendo personal).
  • Capacidad para testear al doble de casos (incluyendo personal).
  • Stock de protecciones para sanitarios y mascarillas para pacientes, aún doblando el número de casos.
  • Menos ingresos por COVID-19 que altas.
  • Niveles sanitarios en atención primaria y otros niveles hospitalarios semejantes a los basales.
  • Diseño de medidas de protección, aislamiento y expansión de centros sanitarios de rápida aplicación.
3.- CRITERIOS DE SALUD PÚBLICA:
  • Haber detectado al menos al 90% de los contactos de los casos y haberlos testeado.
  • Disponer de las suficientes soluciones hidroalcohólicas para colocar en los grandes edificios.
  • Tener zonas preparadas para acoger a personas vulnerables con síntomas leves.
  • Desarrollar campañas de comunicación preparadas y generales en caso de que un nuevo confinamiento fuera necesario.
Para todo esto todavía no disponemos de una fecha precisa, dependerá de CUÁNDO cumplamos esos criterios.

¿Y una vez alcanzados estos objetivos? Todavía tendríamos que:
  • Seguir lavándonos las manos.
  • No salir de nuestras casas con síntomas, y en caso de tener que salir, llevar mascarilla.
  • Desinfectar superficies.
  • Ventilar espacios.
  • Aislar contactos.
  • Evitar visitas a hospitales o residencias.
Pero sin embargo ya podremos:
  • Abrir restaurantes.
  • Abrir negocios; siempre con el mínimo personal (máximo 10 personas) y respetando el distanciamiento.
  • Las personas vulnerables y sus cuidadores aún no deberían salir.
Si todo se desarrolla satisfactoriamente y continúan cumpliéndose todas las condiciones anteriores, entonces podremos:
  • Abrir los restaurantes y los negocios.
  • Abrir lugares de reunión (máximo 50 personas).
Habrán de transcurrir entre 4 y 8 semanas más para poder salir normalmente, si se siguen manteniendo las condiciones iniciales.

Este sería el principio del fin de esta pesadilla.

Todas estas medidas han sido pensadas para la situación que actualmente estamos atravesando.

Y por supuesto, si se consiguiera un tratamiento específico o una vacuna contra este coronavirus efectiva, inocua e universal, o si la inmunidad de rebaño protege realmente a la comunicad, esta situación, tal cual descrita, podría variar considerablemente, que es lo que todos anhelamos.

12 marzo 2020

APLANAR LA CURVA



Continuamos inmersos en la epidemia COVID-19, la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus más reciente descubierto en China, y que la Organización Mundial para la Salud (OMS) acaba de calificar como pandemia, porque afecta ya a más de 100 países en el planeta. 

En nuestro entorno más cercano han comenzado a tomarse medidas restrictivas, como el cese de la actividad escolar y académica. La intención es clara: evitar la diseminación de la enfermedad entre la población, y en especial, entre las personas mayores y aquellas otras aquejadas de patologías crónicas de tipo cardiovascular, respiratorio, pacientes inmunodeprimidos y diabéticos, por ejemplo. 

Los niños y los estudiantes han sido reconocidos como posibles vectores transmisores de la infección, un numeroso colectivo que, salvando situaciones excepcionales, no está siendo especialmente afectado por la misma. 

Asimismo, se están suspendiendo actividades que reúnan a grandes colectivos de personas, sobre todo en lugares cerrados. Ya se han visto afectadas Las Fallas de Valencia, se está valorando hacer lo mismo con las procesiones de Semana Santa, se han aplazado las competiciones deportivas nacionales e internacionales, pero sigue llamando la atención de los expertos por qué no se hizo lo mismo con recientes manifestaciones multitudinarias, mítines políticos en la capital de España, quedando a la espera de lo que ocurrirá en el Reino Unido después del desplazamiento a Liverpool de unos 3000 seguidores madrileños para se testigos directos del triunfo de su equipo. 

Las autoridades sanitarias insisten en la precaución, aprovechando la experiencia de China e Italia, que nos llevan ventaja en su lucha contra esta enfermedad. Se habla de cifras de mortalidad en torno al 2%, dependiendo de los colectivos de mayor riesgo, y de un 5% de hospitalizaciones en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), donde los pacientes más graves pueden necesitar medidas de soporte respiratorio. Y si bien las altas continúan superando a las defunciones, no debemos olvidar los graves problemas que esta crisis sanitaria está ocasionando a nivel económico y social, y su mayor impacto en sociedades demográficamente envejecidas, como la nuestra en particular. 

De ahí la importancia de todas las medidas encaminadas a aplanar la curva epidemiológica de la enfermedad, evitando en primer lugar el número de contagios, y de esta misma manera, el colapso de uno de los sistemas sanitarios más eficaces del mundo. Existen teléfonos habilitados para que las personas que sospechen estar infectados, por sus síntomas y por sus contactos, activen los servicios sanitarios sin abandonar su propio domicilio, evitando acudir a los hospitales y los servicios de urgencias cuando dicha indicación no sea estrictamente prescrita. Tranquilidad y responsabilidad colectiva. Es lo que otros han hecho para vencer a esta enfermedad. Sigamos su ejemplo.

  

28 febrero 2020

MÁS CORONAVIRUS



Aseguraba Madame Swetchine (1782-1857) que los humanos siempre estamos atentos ante lo que pueda suceder, pero que sin embargo no solemos prevenirnos para nada, pensamiento ciertamente acertado para reflexionar sobre lo que está pasando a nuestro alrededor con los dichosos coronavirus. 

Porque mientras determinada histeria colectiva empieza a manifestarse por la desinformación (o el exceso de ella), resulta que en Galicia, en lo que va de año, por culpa del virus de la gripe han sucumbido más prójimos que por el COVID-19 en toda Europa. El 62% de estos fallecimientos ocurrieron en personas que, teniendo recomendada la vacuna (que además es gratuita), decidieron no aceptarla. 

Algunos suspicaces ya han empezado a hacer acopio en casa de víveres y mascarillas, por si la infección se extiende hasta nuestros pagos y nos imponen una cuarentena. Esto me recuerda al desasosegado Aloysius, preocupado por la caducidad de un yogur que iba a comerse, mientras a diario se fumaba paquete y medio de cigarrillos. 

Él mismo me ha estado reprochando que si en verdad el problema del coronavirus no tiene connotaciones apocalípticas, ¿por qué las autoridades sanitarias están montando tanto revuelo? ¿Para qué tantas reuniones de expertos, protocolos, medidas preventivas, cuarentenas, controles y aislamientos? Intentaremos darle repuesta a sus interrogantes. 

Es cierto que nos enfrentamos a una infección novedosa, aunque de características similares a la gripe y a otras enfermedades causadas en el pasado por la misma familia de virus (el Síndrome Respiratorio Agudo Grave – SARS en 2003, por ejemplo) y que los servicios sanitarios están preparados para su manejo y tratamiento. 

También es verdad que por el momento no existe una vacuna contra el COVID-19, una medida preventiva de la que esperamos disponer en un futuro no muy lejano, y que los casos más graves, con una mortalidad rondando el 15%, se han producido en personas mayores y con patologías concomitantes, si bien en muchos de estos casos resulta complicado conocer cuál fue realmente la causa del deceso.

Por lo registrado hasta ahora, esta patología está respetando especialmente a la población infantil, lo que debería tranquilizar a los padres. Pero al tratarse de una infección de reciente aparición, no existe una inmunidad colectiva, por la ausencia de anticuerpos específicos en nuestra comunidad. Tampoco existe un tratamiento típico para esta infección, asintomática en la mayoría de los casos, con una mortalidad media de aproximadamente el 2%, pero que en los menores de 50 años desciende al 0.4%. 

Por todo ello, y a pesar de ello, la puesta en marcha de dispositivos de control no está de más. Y descubrir que no debemos toser ni estornudar disparando indiscriminadamente virus y gotas de saliva al aire no es una novedad. Y lavarse las manos con frecuencia, tampoco. Más agua y jabón, y menos mascarillas.



08 febrero 2020

VIRUS RICO, VIRUS POBRE



Parafraseamos el título de aquella famosa serie de televisión de los 70, que entre cosas sirvió para convertir  a Nick Nolte en rutilante estrella televisiva y cinematográfica. Asimismo, descubrimos la quintaesencia de la maldad en el personaje tuerto de Falconetti, encarnado por el prolífico actor William Smith. 

Y lo hacemos con toda la intención, después de reflexionar sobre lo que está ocurriendo a nivel planetario con la epidemia de neumonía por el coronavirus de Wuhan (2019-nCoV), con un último recuento de algo más de 600 fallecidos y 31000 infectados en China, lo que viene a traducirse aproximadamente en una mortalidad de un 2% entre los afectados. 

Esta epidemia, como ha ocurrido en el pasado con otras, está sirviendo para arruinar a unos y enriquecer a otros. Entre los últimos, la demanda de mascarillas desechables ha disparado inesperadamente los ingresos de sus fabricantes y vendedores, algo similar a lo acontecido con los productores de las soluciones desinfectantes que se pusieron de moda a raíz de las recomendaciones sanitarias en los tiempos de la denominada gripe A. Y qué decir del famoso Tamiflu ® (Osetalmivir), un fármaco para contrarrestar los síntomas gripales y que algunos expertos han coincidido en calificar como la mayor estafa de la Historia. 

Todos recordaremos lo que representaron las amenazas de la gripe aviar (algunas cepas capaces de infectar a humanos y a cerdos) y sus resultados catastróficos para la industria avícola (140 millones de aves sacrificadas en 2005), la gripe porcina (casos esporádicos transmitidos a humanos) para su sector productivo específico o la llamada enfermedad de las vacas locas para las explotaciones y la producción de vacuno y sus derivados. 

En el 2003, la economía china se vio azotada por una epidemia originada por otro coronavirus que provocaba infecciones respiratorias y neumonías. Fue el SARS Co-V, responsable de Síndrome Respiratorio Agudo Grave, con una mortalidad de alrededor del 18%. Tan sólo en el gigante asiáticos, las perdidas económicas estimadas alcanzaron entre 12.3 y 28.4 billones de dólares, con una reducción del 1% de su producto interior bruto (PIB). En el caso de la gripe A (H5N1), donde la gestión sanitaria resultó más eficaz, las pérdidas se limitaron a unos 5.6 millones de dólares. 

Expertos en economía de la salud estiman que la actual epidemia de Wuhan supondrá pérdidas similares a las ocasionadas por el SARS en 2003. En el caso de la gripe, los expertos confirman que puede resultar más letal que la infección por el coronavirus. 

Más concretamente en nuestro país, y a pesar de las campañas de vacunación de cada año, la mortalidad por la gripe ha alcanzado el 11.5% entre los casos graves hospitalizados, el 76% de los mismos en mayores de 64 años y el 63% de sexo masculino. Según datos del 2017, los costes de la gripe en España ocasionaron unas pérdidas entorno a los 1520 millones de euros, solamente en lo que a incapacidad laboral se refiere. A esta factura habría que sumarle el coste de la atención sanitaria, las vacunas, la medicación y las hospitalizaciones, considerando que cuánto mayor sea la gravedad clínica y sus complicaciones, mayor será también el gasto. 

¿Y qué decir de otro tipo de costes no calculables? Como el miedo y la ignorancia se propagan en nuestra sociedad  a una mayor velocidad que el más contagioso de los virus, somos testigos de comportamientos xenófobos y racistas más que reprobables, que tienen como objetivo prójimos pertenecientes a la etnia china, sin importar siquiera que su apariencia física sea la única característica en común compartida con sus ancestros, pues muchos han nacido en España que ni siquiera han visitado el país de sus antepasados. Afortunadamente, no estamos en el medievo, ni esta epidemia es la Peste Negra.

06 enero 2020

AV1



Me llamo Lucas y estudio 5º de Primaria. La semana pasada, al llegar a clase, nos encontramos una gran sorpresa. Sobre el pupitre de Pablo estaba un aparato brillante, de color blanco. Al principio lo confundí una licuadora, como la que tiene mi madre en la cocina. Pero al acercarme más, descubrí que se trataba de una pequeña cabeza unida a un soporte. En total, no mide más de 30 centímetros. Donde tendría la frente, el extraño objeto dispone de una cámara diminuta, como la de los teléfonos móviles, para grabar vídeos y tomar fotos. Me acordé de un cíclope que había visto en un cómic, gigantesco y con una larga barba negra, con los colmillos como dos sables y las orejas puntiagudas. En la frente sólo tenía un ojo. Mi padre me explicó que se trataba de las aventuras de Ulises, un héroe de la antigua Grecia. Polifemo, que así se llamaba el monstruoso gigante, los retenía prisioneros en su caverna. Ulises y sus compañeros engañaron al cíclope, y se escaparon atados a las barrigas de una ovejas. 

Nuestro compañero Pablo hace un mes que no viene al colegio, La profesora nos ha contado que está muy enfermo, y que iban a tener que darle un tratamiento especial muy fuerte, por lo que pasaría una temporada en el hospital. Cuando le pedí a mi madre que acompañara a verlo, me dijo que era mejor esperar unos días, pues las visitas no eran convenientes. Más tarde escuché cómo le hablaba en secreto a mi padre. No entendí apenas nada, pero sí una palabra rara: leucemia. 

La profesora nos ha contado esta mañana que el extraño artefacto es en realidad un robot, y que va a acudir a clase en lugar de Pablo, mientras siga enfermo. Pero Pablo se va a curar. La profesora nos ha asegurado que también lo hacen muchos niños con su enfermedad. En principio nos tomamos los del robot en broma, porque los que conocemos son como los de la Guerra de las Galaxias: C3PO, R2D2 y el pequeño BB-8, que se parece mucho a un balón de fútbol. El robot que sustituye a Pablo no tiene brazos ni piernas. 

Se llama AV1 y permanece todo el rato sobre el pupitre, quieto. Por el objetivo de la cámara se fija en lo que la profesora escribe en la pizarra. Ella nos ha dicho que Pablo puede verlo mismo en la pantalla de un ordenador, desde su habitación del hospital. Más tarde, cuando le den el alta, nos seguirá desde su propia habitación, en su casa. Si Pablo quiere decirnos algo, habla por un micrófono y podemos escucharlo a través de unos altavoces que tiene el robot. Aún así, su voz suena como metálica. 

AV1 tiene también unos ojitos luminosos, que brillan con intensidad cuando Pablo está contento, y que se apagan un poquito cuando no está de buen humor. La profesora nos ha contado que son cosas del tratamiento. Y aunque estamos encantados con nuestro nuevo compañero, todos deseamos que pronto regrese nuestro amigo, seguimos mirando de reojo al robot, para ver qué hace.

26 noviembre 2019

ORINOTERAPIA



No es la primera vez que desde esta sección alertamos a los lectores sobre determinadas costumbres perniciosas para la salud que, no sabiendo muy bien cómo, alguien pone de moda. 

A propósito de este tema, el otro día se libraba una encarnizada batalla en las redes sociales entre científicas, médicas y farmacéuticas contra un ejército de las llamadas influencers, personas que al parecer cuentan con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y que gracias al poder que le otorgan millares de seguidores virtuales, consiguen convertirse en auténticas estrellas publicitarias para determinadas marcas comerciales. Hasta ahí, nada que objetar. 

Cosa bien distinta ocurre cuando los zapateros abandonan sus talleres y se meten a cirujanos. Para entendernos, pongamos un par de ejemplos. Existen unas toallitas impregnadas con una solución medicamentosa, que contienen un antibiótico que se ha venido utilizando en el tratamiento del acné leve. No sirven para tratar de ocultar ese incómodo inoportuno granito en la cara de una chica, justo antes de salir de noche, por mucha o mucho influencer que lo recomiende. Y así también con anti-inflamatorios para determinadas dolencias, sedantes e hipnóticos para dormir o colirios que supuestamente endurecen las pestañas. 

Respecto a las últimas terapias escatológicas, hay por ahí quien está recomendando el uso de nuestro pipí para tratar diversos tipos de patologías. Pablo Carbonell se debe estar meando de la risa, mucho más que cuando popularizaba “Mi agüita amarilla” con sus Toreros Muertos

Podemos remontamos al antiguo Imperio Romano, cuando se publicitaban los enjuagues con meos para blanquear los dientes. Sostiene Aloysius que la historia de la Medicina está repleta de ejemplos terapéuticos tan peregrinos como éste, por supuesto cuando esta disciplina no era ni siquiera ciencia, ni científica. Ahora, resucitando a los romanos muertos, un famoso youtuber vuelve a la carga con el pis como blanqueador dental y colirio. 

Depositar orina en las mucosas, en los ojos o en las heridas tan sólo sirve para provocar molestas irritaciones o contagiarse de infecciones. Que se lo pregunten a cualquiera que haya padecido una cistitis. Y es que aunque la orina está formada por un 95% de agua, contiene además sustancias como urea, cloruro sódico, fosfatos, creatinina, ácido hipúrico, sulfato de amonio y otros compuestos que nuestro organismo elimina después del filtrado renal. 

Cuando no existían todavía Instagram o YouTube (ni se les esperaba), en 1944 el supuesto naturópata británico John W. Armstrong publicaba “El agua de la vida”, un tratado terapéutico miccional, el pionero de tan estrambótica doctrina. Pero como personajes fascinantes, nosotros preferimos al Azarías de “Los santos inocentes” (Mario Camus, 1984) que se orinaba las manos para que no se le cortasen con el frío. Inolvidables Miguel Delibes, Alfredo Landa y Paco Rabal.