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10 septiembre 2017

GUERRA BIOLÓGICA: VIRUS, CONEJOS, MOSQUITOS Y HOMBRES


¿Se acuerdan ustedes de la mixomatosis? Su historia es más o menos la siguiente. El Myxoma virus fue descubierto a mediados del siglo XIX en Uruguay, causante de esta enfermedad en los conejos de cola de algodón. Desde esta especie importada se diseminó afectando a extensas poblaciones de conejos silvestres sudamericanos. En la década de los años 50 del pasado siglo XX, una cepa menos virulenta fue introducida en Australia con la intención de reducir drásticamente su superpoblación de conejos, donde podían reproducirse con enorme facilidad dada la ausencia de depredadores específicos. En tan sólo 2 años, de los 600 millones de conejos australianos sobrevivieron apenas 100 millones. Esta cuestión ecológica artificial, como ha ocurrido en otras ocasiones con diferentes animales y plagas, se les escapó de las manos a los expertos. La mixomatosis terminó por extenderse por el continente europeo exterminando al 99% de los conejos en algunas regiones. 

En Europa, la mixomatosis suele transmitirse mediante las picaduras de pulgas y otros insectos hematófagos, mientras que en Australia los vectores infecciosos son ser mosquitos. Esta enfermedad cursa con múltiples tumefacciones en la piel y las mucosas de los animales enfermos, especialmente localizadas en la cabeza y los genitales. Los cuadros de conjuntivitis pueden culminar en ceguera. La fiebre y la falta de apetito se suman a esta sintomatología, que suele terminar con la vida de los conejos infectados en apenas una par de semanas.  
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. A finales de la pasada primavera, las autoridades australianas liberaron una cepa mortífera de un virus para controlar la proliferación de sus conejos autóctonos. El RHDV1 K5 fue aislado en Corea del Sur y en teoría sólo debería afectar a los conejos silvestres. El virus es capaz de resistir activo varios meses en el medio ambiente. Los conejos fallecen en tan solo 48 horas y su letalidad alcanza al 90%. Pero, ¿qué ocurriría si la cepa RHDV1 K5 se disemina fuera de Oceanía? Además de incidir fatalmente en la cunicultura, la infección podría extenderse a los depredadores de los conejos. Por ejemplo en España, la mixomatosis ha sido responsable del declive de la población  de las águilas imperiales y de los linces. Una consecuencia no calculada de las guerras biológicas en este planeta.


Por decirlo así, existe otra cara de una moneda similar. En Río de Janeiro han comenzado a liberar millones de mosquitos Aedes aegyptus inoculados con Wolbachia, una bacteria común entre mariposas, arañas y libélulas, capaz de reducir la infección por dengue, zika y chikungunya. Y es que los mosquitos infectados por tan peculiar bacteria ven bloqueada su capacidad para transmitir dichas enfermedades. Fiocruz, la prestigiosa fundación brasileña de investigaciones médicas, asegura que los mosquitos con Wolbachia no afectan la salud de las personas ni alteran el medio ambiente. Veremos cómo termina esta peculiar batalla.

20 agosto 2017

PALIZAS


El joven Niccolò Ciatti trabajaba de frutero en la muy hermosa ciudad de Florencia. Se desplazó hasta Lloret de Mar para pasar unas breves vacaciones y nunca más regresó a su hogar. Tres individuos le dieron una tremenda paliza Al salir de la discoteca. Uno le propinó el golpe de gracia, una brutal patada en la cabeza que lo dejó inconsciente y moribundo. Un crimen más en este seco verano del 2017.

Andrés Martínez tuvo más suerte. Todavía padece amnesia y secuelas neurológicas. En su caso el agresor fue un portero de una discoteca de Murcia. Un salvaje puñetazo dejó a Andrés en coma durante 1 mes, 30 días en el limbo, en esa oscura y lábil frontera desde donde con suerte uno puede retornar a la luz de la vida, pero también deslizarse irreversiblemente hacia la muerte.

A la salida de un instituto en La Laguna, en Tenerife, un grupo de adolescentes jaleaban a una chica de 16 años mientras le daba una paliza a otra menor. Lo grabaron con las cámaras de su teléfonos, para verter después las imágenes en los vertederos de las redes sociales. Casos similares se repitieron en Arrecife (Lanzarote) y Palma de Mallorca. En esta ocasión una pequeña de 8 años fue pateada en el suelo por un grupo de 12 cobardes con edades comprendidas entre los 12 y los 14 años.

Más cercano a nosotros en el espacio, pero un poco más alejado en el tiempo, las hemerotecas recogen la feroz somanta que 3 jóvenes le propinaron a otro en Ourense. Una vez acogotado, le robaron su dinero y su bicicleta. Golpes, patadas, puñetazos… incluso un botellazo que derribó a la víctima al suelo.

No es la primera vez que denunciamos este tipo de actos violentos como una auténtica enfermedad social. El ejercicio de la fuerza para someter a los semejantes no se ciñe únicamente a los conflictos bélicos, sino que poco a poco se ha venido infiltrando entre nosotros. La crueldad desmesurada ni siquiera parece despertar el más mínimo arrepentimiento. Algunos pensamos que nos encontramos ante conductas miméticas que aportan algún tipo de maligno regocijo a sus actores principales. ¿Cómo si no entender semejante ensañamiento? Habrá que repasar "Neurología de la maldad" de Adolf Tobeña.


Es un deber político y social buscar soluciones a esta lacra, que también ocasiona víctimas mortales, como los infartos, el cáncer y los accidentes de circulación. Nuevamente apelamos a la educación como la medida preventiva más eficaz. Violencia machista, acoso escolar, abuso del poder, intransigencia, racismo, conductas de riesgo, radicalización, enmascarada o no bajo pretextos económicos o religiosos. Sostiene Aloysius que añora a aquellos palizas de antaño, capaces de irte dando la murga desde los Salesianos al Jardín del Posío. Ida y vuelta. Por lo menos.

13 agosto 2017

ENGENDRAR, PARIR, NACER


En España, en las últimas 4 décadas, la edad media de las madres que tienen su primer hijo se ha incrementado en 5 años. Si en 1975, en los albores de nuestra democracia, la edad media de las primíparas se situaba en los 25, en el 2014 se pasó a los 30.5 años. Muchos son los factores que han influido en esta realidad: económicos, culturales, sociales y laborales. Y, por supuesto, de tipo personal, ya que muchas mujeres ni siquiera se plantean la posibilidad de ser madres en la vida. En las sociedades occidentales, entre el 25 y el 30% de ellas nunca tendrán hijos. Lejos quedan los años del baby boom en los que las propias sociedades entendían a las mujeres como máquinas maternales. 

Todas estas reflexiones se realizan con el máximo respeto a la decisión particular de cada mujer, tanto las que desean ser madres (hay casi 58000 familias numerosas registradas en España con 5 o más hijos) como a las que no quieren tener descendencia. Simplemente reflejan una serie de datos que nos muestran una vez más cómo nuestra sociedad va cambiando vertiginosamente y lo que quizás nos puede deparar un futuro cada vez más incierto.

Por otra parte, en Galicia, 1 de cada 10 partos tiene como protagonista a una madre de 40 años. Tan sólo en la última década, el número de gallegas que han decidido ser madres en torno a esta edad se ha duplicado, alcanzando la cifra total de 1800 partos anuales. Y aunque recientemente se ha avanzado mucho en el control gestacional, los embarazos a partir de los 40 años se consideran de alto riesgo, debido a las posibles complicaciones para las madres (diabetes gestacional y preeclampsia) como para su descendencia (alteraciones cromosómicas). La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera una madre añosa a aquella mujer que decide tener su primer hijo después de los 32 años. Esta definición para nada resulta arbitraria, pues está basada en criterios médicos. Porque a partir de dicha edad, la cantidad y calidad de los óvulos disminuye notablemente, sobre todo a partir de los 35 años.

En otra faceta del mismo prisma se sitúan las 50000 parejas gallegas que sufren algún problema de esterilidad. En España, la normativa que regula la reproducción asistida establece un tope de edad (40 años) para las fecundaciones in vitro y otro a los 38 años para la inseminación artificial de donante. Y así, mientras muchas mujeres desestiman la idea ser madres, otras intentan aferrase a cualquier medida que les permita serlo, incluyendo la gestación subrogada. 

¿Y el futuro? El profesor Henry T. Greely, experto en cuestiones éticas relacionadas con los avances biotecnológicos, desde la prestigiosa Universidad de Stanford vaticina que en 20 años, el sexo será únicamente recreativo, pues la principal vía para concebir será la inseminación artificial. Prometemos comprobarlo en un par de décadas.

04 agosto 2017

LA TAPA DEL YOGUR


El otro día un amigo mío observaba con detenimiento la tapa del yogur que le habían servido de postre. Previamente había evaluado la cantidad de grasas, proteínas e hidratos de carbono presentes en aquel modesto derivado lácteo. Le preguntamos a qué se debía semejante despliegue de precauciones. Con gesto serio, nos comentó que no solía consumir productos cercanos a su fecha de caducidad. Y entonces me acordé del ministro Arias Cañete y sus comentarios sobre los yogures caducados, enmarcados en un contexto donde la administración pública andaba a la procura de un sistema de etiquetado que evitara el desperdicio de alimentos.

Según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, perdemos o desperdiciamos demasiados alimentos a lo largo de la cadena de suministro, desde la producción inicial hasta el consumo final en los hogares, de manera accidental pero también intencionadamente. Conscientes de tal realidad, instituciones públicas y privadas han iniciado campañas de concienciación y movilización para evitar el quebranto de tantos recursos en un mundo donde muchos estamos sobrealimentados mientras otros tantos continúan muriéndose de hambre. Según los expertos, en los países más desarrollados se desperdician cada año alrededor de 222 millones de toneladas de comestibles, una cantidad similar a la producción alimentaria neta de todo el África subsahariana.

Sostiene Aloysius que en España tiramos a la basura el 5% de nuestra cesta de la compra alimentaria. Si pudiéramos resucitar a uno de nuestros ancestros, que a lo largo de su sufrida existencia apenas lograba consumir media docena de alimentos diferentes, y lo invitásemos a visitar la sección de comestibles de cualquier gran supermercado, a buen seguro sufriría un shock psicológico. Por poner un ejemplo, por un instante repasemos el listado de frutas diferentes que podemos consumir habitualmente a lo largo del año.

Éstas y otras reflexiones nos acompañaban la otra tarde mientras escuchábamos a nuestro amigo Matías contarnos sus peripecias en Sudán y Lesotho dentro de los programas específicos en los que trabajaba para la FAO. También le escuchamos quejarse, con precisa ironía suiza, de la reducción de fondos económicos para el desarrollo desde que Donald Trump había llegado a la presidencia de los Estados Unidos. A la par que Matías disertaba, Aloysius curioseaba con el paquete vacío que alguien había dejado sobre la mesa. La etiqueta avisaba de lo nocivo que es el tabaco, para la salud, acompañado de impactantes imágenes amenazando con la enfermedad y la muerte. Y en mi mente recaló la escena del amigo que, una vez zampado el yogur que estaba a punto de caducar, con parsimonia encendió un pitillo dejando suspendido en el aire un círculo de humo perfecto.


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22 julio 2017

EL CHICO DE LA PORTERA


En mi generación, las meriendas infantiles consistían casi siempre en bocadillos: de chorizo, salchichón, jamón, mortadela, o de las diferentes combinaciones de tales embutidos, con el queso como elemento fijo en la cuestión. Tuve algún compañero de clase más iconoclasta que se los preparaba de patatas fritas o de mayonesa. Pero eran caso aparte. De vez en cuando nos caían también bocadillos de chocolate, sobre todo en la aldea, pétreas onzas de cacao a la taza que traían cromos de ciencias naturales en el envoltorio. Recuerdo especialmente las cuchipandas de Hospitalet de Llobregat, suculentos bocatas de pa amb tomaca, con jamón serrano, atún o sardinillas. Además nos daban fruta en abundancia: plátanos, naranjas, manzanas, mandarinas, y cuando era temporada melón, sandía, peras, uvas, cerezas, melocotones y ciruelas claudias. 

En aquellos lejanos tiempos nos pasábamos el día corriendo y saltando, o jugando interminables partidos en el Jardín del Posío o en las canchas de los Salesianos. Siempre que había una pelota, ya fuera de fútbol o de baloncesto, montábamos una pachanguita. Más tarde llegaría la expansión de la bollería industrial, el aluvión de la Coca-Cola y la invasión de las videoconsolas. 

Estas evocaciones acuden hoy a mi después de leer una inquietante noticia: los padres españoles ya no perciben el sobrepeso de sus hijos. Frente a la obesidad infantil estamos bajando poco a poco la guardia, un dato llamativo en una época en la que cada vez hay más gente haciendo deporte o ejercicio. No recuerdo a mi padre con un chándal o unas zapatillas deportivas. Ni a ninguno de sus amigos. Ni a ningún vecino. Ni siquiera al padre de ninguno de mis amigos. Tal vez un ratito en bañador de media pierna, de aquellos que llamaban Mil Rayas, dando unos toques sobre la arena húmeda de la playa. Las actuales madres y los padres, mucho más informados y concienciados con las recomendaciones para vivir sanamente, parecen más despistados con el sobrepeso de sus retoños. 

Lo afirma el Doctor Miguel Ángel Royo, jefe del área de estudios de la Escuela Nacional de Sanidad. Según la Revista Española de Cardiología, el 71% de los padres perciben erróneamente el exceso de peso de sus hijos. Podría ser que con los años este problema se haya ido normalizando en un país con un 9% de niños obesos y un 30% con sobrepeso. ¿Qué meriendan los niños del siglo XXI? ¿Qué actividad física desarrollan? Los expertos insisten: en Galicia, por ejemplo, la obesidad infantil se multiplicó por 3 en los últimos 40 años. Es cierto que las generaciones actuales son más altas, pero su peso medio se ha incrementado en 7 kilos. La Fundación Española del Corazón confirma que el 85% de los niños no realiza siquiera una hora de actividad física diaria. 

Sin embargo, investigadores británicos no han encontrado una relación significativa entre el sobrepeso en niños de 4-5 años y la ausencia o lejanía de zonas correctamente adaptadas para sus juegos infantiles. Habrá que seguir investigando. Porque todavía intento descifrar por qué mi abuelo nos comparaba a mi primo y a mi con el chico de la portera, cuando devorábamos con fruición nuestra merienda mientras Paquito Fernández Ochoa ganaba esquiando una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sapporo.