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15 enero 2017

LA GRIPE AL ATAQUE



Si por estas fechas repasamos las hemerotecas, cada año la gripe se erige en el principal protagonista de las noticias. Enero del 2017 no iba a ser la excepción, a pesar del terror al Trump que ha de venir, a las solitarias pataletas de Piqué y a las pirómanas dedicatorias de Sergio Ramos a la barra brava sevillista. 

Pero, ¿por qué se repite este mismo fenómeno una temporada invernal tras otra, con interminables filas de afectados formando largas colas en los centros sanitarios?. 

La estacionalidad de estas epidemias ha sido establecida mediante su verificación epidemiológica. Pero los expertos todavía no tienen demasiado claro el por qué de su mayor incidencia cuando la invernía llama a nuestras puertas. 

Parece ser que los virus causantes sobreviven mejor en condiciones ambientales frías, y que la tos y los estornudos más frecuentes por los resfriados contribuyen a propagar estos virus por el aire. 

La gran variabilidad y la capacidad de mutación de estos microorganismos colaboran en el empeoramiento del problema. Cada temporada, las vacunas antigripales contienen cepas diferentes, teniendo en consideración las recomendaciones de los virólogos y los epidemiólogos. A pesar de ésta y otras medidas preventivas, muchos expertos continúan quejándose de la reiterada falta de previsión de nuestro sistema sanitario. 

Hace siglos, ante la escasez de campos para sus cultivos, los habitantes de Flandes se las ingeniaron para ganarle grandes extensiones terrestres al mar. Presas, molinos, canales y una amplia red de drenajes fueron diseñados para mantener fértiles sus explotaciones agrícolas, evitando las subidas de las mareas y las inundaciones de sus pólderes. A esto se le llama efectividad, porque fueron eficaces y eficientes. No lo fueron tanto aquellos otros prójimos que en lugar de modificar el trazado de las peligrosas curvas de sus carreteras, prefirieron construir hospitales en la vecindad para los lesionados y los heridos. 

Con el manejo de la gripe deberíamos aprender algo más de los antiguos holandeses. Si se espera una sobrecarga asistencial temporal y estacionaria, habrá que organizar los recursos humanos y materiales para hacerle frente. Esto no es gratis, pero no tiene por qué ser caro. Las campañas de vacunación efectivas, destinadas a los personas de los grupos de riesgo, representan una herramienta fundamental. En este caso, la colaboración de los pacientes es muy necesaria, de la misma manera que ayudaría mucho evitar que los casos menos graves acudiesen directamente a las urgencias de los hospitales sin pasar antes por los servicios de atención primaria. Y por último, prevenir los contagios evitando lanzar millones de virus al aire con cada estornudo o golpe de tos (utilizando pañuelos desechables y mascarillas), una sencilla medida preventiva tan eficaz como el correcto lavado de las manos. 

Aunque la gripe es capaz de provocar 5000 fallecimientos anuales en España, la mayoría de los casos se resuelven con unos días de reposo, asegurando una adecuada hidratación, no tomando antibióticos innecesarios y sí los fármacos antitérmicos y analgésicos que nos prescriba el facultativo. Contra la gripe, más flamencos, pero de Flandes.


04 enero 2017

DE CANTANTES Y DESINFECTANTES



Menuda polvareda la que ha levantado en estos días el popular cantante británico Robbie Williams por limpiarse las manos con un desinfectante después de tocar y ser tocado por sus admiradores enfervorecidos en uno de sus conciertos. No es el primer caso de un famoso que comete este error en público. El desaparecido Michael Jackson solía cubrir sus manos con unos sempiternos guantes para evitar el roce con sus semejantes, portadores de microbios y virus capaces de minar su salud y acabar con su vida. Cruel paradoja, pues el final de sus días vino marcado por una sobredosis de fármacos. Dicen que el millonario Howard Hugues tenía la misma manía.

El temor de la humanidad a las enfermedades infecciosas es ancestral. No en vano terribles plagas de enfermedades contagiosas diezmaron a la especie humana en el pasado. Gripe, peste, difteria… son los nombres de algunas de las más mortíferas. Los virus y las bacterias habitan este planeta mucho antes de nosotros, los humanos, una suerte de error evolutivo, pues ninguna especie conocida hasta el momento ha conseguido sobrevivir esquilmando su medio ambiente. Nosotros sí, por el momento. Pero en pleno siglo XXI seguimos aterrorizados ante la simple idea de una nueva pandemia. El último susto lo vivimos con el virus del Ébola, para el que en un tiempo récord ya se ha encontrado una vacuna efectiva.

Muchas epidemias históricas se iniciaron por el contacto íntimo con los afectados. Aquellos besamanos del pasado a las autoridades, los santos o sus reliquias pudieron ser tan nocivos y contagiosos como las plagas de ratas y pulgas. Enfermedades infecciosas gastrointestinales, como la fiebre tifoidea y demás patologías diarreicas, se propagaban gracias a una mala higiene de las manos una vez saciadas nuestras necesidades más básicas, entiéndase la evacuación de heces y orina. Y qué decir de las enfermedades de transmisión sexual, saltando de un individuo a otro según la frecuencia y la intensidad de sus intercambios carnales, sin la debida protección.

Portamos, respiramos, comemos y excretamos virus y bacterias, por millones. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS), ante el miedo a la dispersión de las gripes aviar y porcina, recomendaba especial esmero en la higiene, limitando al máximo expresiones cariñosas como besos, palmaditas, abrazos y apretones de manos. Hospitales y centros de salud se dotaron de envases con potentes líquidos desinfectantes. Entonces no resulta de recibo tanto escándalo el montado por el señor Williams y su antiséptico de manos. Dicen las malas lenguas que lo utiliza hasta con su esposa. Allá él. Limpiarse las manos después de un saludo a veces puede resultar un acto reflejo. Y si no que le pregunten a Pedro Sánchez. Él lo hizo, sin mala intención, después de darles la mano a una familia de color. No tardaron en machacarlo acusándolo de racista.

Sin exagerar y caer en el ridículo o en la paranoia, es importante recordar que existe una infinidad de agentes patógenos que se transmiten por el contacto, desde los intestinales (el demoledor Clostridium difficile o la extendida Escherichia coli), pasando por los típicos de los portadores de pañales (niños y ancianos), así como otros causantes de infecciones cutáneas altamente contagiosas, virus de tipo herpes, impétigos, conjuntivitis, enfermedades hemorrágicas virales (como el Ébola) y otras tan impopulares como piojos, sarna y ladillas. Seamos pues un poco más condescendientes con el señor Robbie Williams.

20 diciembre 2016

CONGELADOS


Sostiene Aloysius que un anticiclón aposentado sobre el Atlántico es el responsable del frío que estos días padecemos en la provincia de Ourense. La verdad es que andábamos un poco desacostumbrados a las nieblas persistentes y al viento gélido soplándonos en las orejas. Las inclemencias del tiempo nos han traído recuerdos invernales de una infancia en la ciudad de As Burgas, cada vez más lejana.

Hablando de frío, hace un mes una adolescente británica de apenas 14 años y enferma terminal de cáncer, se ganaba en los tribunales el derecho a ser congelada tras su muerte, con la esperanza de poder ser reavivada en un futuro más o menos incierto, cuando la cura de su enfermedad fuera posible. A priori, demasiada incertidumbre. Aunque considerando fríamente esta cuestión nada tendría que perder, salvo los 44500 euros que ha costado el proceso de criogenización, asumidos íntegramente por su abuela materna. 

Este caso posee todos los elementos para crear viva polémica: menor de edad, padres divorciados con ideas contrapuestas, cuestiones médicas, legales y bioéticas…; ahora el cuerpo de la muchacha no descansa en una gélida tumba, sino que se encuentra custodiado por una empresa especializada, sumergido en un tanque de nitrógeno líquido a – 196º centígrados. 

A pesar de sus particularidades este acontecimiento no resulta excepcional: varios seres humanos permanecen aletargados en semejantes condiciones, todos ellos con el mismo anhelo de resucitar algún día. La criogenización es un lance aprovechado ampliamente por el cine y la literatura. En estos días terminamos de repasar la esperpéntica película “El dormilón” (1973) de Woody Allen, protagonizada por el propio cineasta, personaje que despierta en una sociedad futura tras haber sido congelado por error dos siglos antes. 

Lo cierto es que la naturaleza ha demostrado que es posible criogenizar algunos animales, como por ejemplo reptiles, anfibios, gusanos e insectos, pero en el caso de los seres humanos el proceso de congelación y descongelación posterior provocaría serios daños en nuestros tejidos y órganos. Más concretamente, para evitar semejante deterioro serían necesarios procedimientos muy cuidadosos durante la congelación, con descensos controlados de la temperatura así como el empleo de sustancias crioprotectoras (sulfóxido de metilo, etilenglicol, glicerina y propanediol). Los expertos tratarían de evitar la formación de hielo dentro de nuestras células, causante de la destrucción de las mismas. Deberían emplear un procedimiento de enfriado rápido denominado vitrificación. 

La descongelación no resultaría menos complicada. Las proteínas anticongelantes desempeñarían una papel crucial para evitar la formación de hielo durante la resucitación. Si bien la medicina y la cirugía del frío han obtenido éxitos parciales, las mayores dificultades se plantearían en la recuperación del cerebro y sus funciones vitales, haciendo dudar sobre la capacidad para que este órgano regrese intacto a la vida desde el ultrafrío. Una vez más, tal vez la solución venga de la mano de la nanotecnología avanzada y de la medicina regenerativa, hoy por hoy en fase de investigación. En este aspecto, permanecemos helados. El futuro todavía no está aquí.


05 diciembre 2016

EVOLUCIÓN TECNOLÓGICA



Discutíamos la otra tarde sobre la evolución humana, cuando de repente Aloysius esbozó una enigmática sonrisa. Miró al gato que sesteaba mansamente sobre un cojín y afirmó que la evolución de las especies tal y como fue concebida por Charles Darwin en el siglo XIX sería muy pronto un cuento chino. No para aquel felino durmiente, por supuesto, ni para la mayoría de los seres vivos que habitan este planeta, pero sí para nosotros los primates humanos. 

La celeridad intrínseca a los cambios tecnológicos en esta era contemporánea provocará en pocas décadas la aparición del Homo digitalis como sustituto artificial del Homo sapiens o del Tercer Chimpancé, como prefiere denominarnos el popular fisiólogo evolucionista Jared Diamond. 

Clones, prótesis robóticas, implantes cerebrales, exoesqueletos, genomas mejorados y enriquecidos, nanotecnología, medicina cromosómica y molecular, máquinas inteligentes… todos vendrán a potenciar su efecto para hacer realidad situaciones que hoy en día constituyen todavía una cercana ciencia ficción. Nuestra estructura física se irá modificando a la par que nuestras costumbres. Pero también irán surgiendo novedosos problemas que deberán resolver las leyes y la bioética. Y los médicos deberán abordar nuevos trastornos que hoy en día ya empiezan a florecer en nuestras consultas. 

No vamos a referirnos a los pacientes que acuden a Internet antes que al médico, sino a las pequeñas situaciones que se derivan del uso cotidiano de sofisticados dispositivos, como las tabletas y teléfonos interactivos. 

Una de ellas es la nomofobia, pánico irracional que sufren algunas personas cuando no pueden acceder a sus teléfonos móviles - es como faltara una parte de de mi - alegan estos sujetos, como si la ausencia de esta interfase fuera equivalente a la sección del cordón umbilical que les conecta con el mundo virtual circundante. 

De manera similar, los expertos han definido el síndrome visual informático, una patología que afecta a nuestro sentido visual, con fatiga ocular, visión borrosa, cefalea, ojos secos y enrojecidos. Un reciente artículo de la revista científica Medical Practice estima en 70 millones los afectados a nivel global. 

Consecuencias menos graves supone el síndrome de la llamada imaginaria, que más de uno hemos sufrido alguna vez que otra creyendo que nuestro móvil está sonando o recibiendo mensajes cuando así no es. Y es que nuestro cerebro está aprendiendo a vivir en una alerta constante, circunstancia que impide nuestro normal descanso nocturno. 

El Phubbing es el responsable de que muchas veces nuestros interlocutores se muestren ausentes, más pendientes de sus teléfonos y tabletas que de lo que les estamos diciendo. Parecen oírnos, pero no nos escuchan. 

Finalmente, expertos de las universidades de Harvard, Columbia y Wisconsin nos han alertado sobre el llamado efecto Google, porque somos portadores de una especie de memoria externa infinita (la web) que podemos consultar en cualquier instante, pero que cuando perdemos contacto con la misma desencadena una serie de sentimientos negativos equiparables a la pérdida de un ser querido.

Idos preparando, galenos del mundo.

03 diciembre 2016

SALUD E IMPUESTOS


O viceversa, que tanto monta como monta tanto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha mostrado taxativa a la hora de recomendar una subida de los impuestos destinados a gravar las bebidas azucaradas. Al igual que Aloysius se preguntarán ustedes: ¿subir tributos es una medida sanitaria?, ¿resulta eficaz?. Vayamos por partes. 

Los expertos insisten que si dichas tasas se incrementasen en un 20% representarían una reducción equivalente en el consumo de estos productos. La lucha contra la obesidad y la diabetes es un objetivo sanitario primordial. La lógica indica que si se restringe el consumo de todos los productos ricos en azúcar estaríamos avanzando claramente en este objetivo. Pero entonces no se trataría de las bebidas azucaradas en exclusiva, sino también de determinadas galletas, golosinas y bollería industrial. Si se toman la molestia de consultar los porcentajes de azúcar de la mayoría de los productos que nos ofertan en la estanterías de los supermercados y tiendas especializadas quizás se llevarían una desagradable sorpresa. 

La propuesta tampoco es novedosa. En el año 2012, el entonces alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, cargaba contra las bebidas no alcohólicas más populares, entre las que los refrescos de cola resultaban paradigmáticos. Este político tenía muy clara su perniciosa influencia en la plaga de obesidad que afectaba a sus vecinos. Pero, si volvemos a darnos una vuelta por los estantes comerciales y nos detenemos delante de los zumos industriales, podremos comprobar como muchos de ellos no se quedan a la zaga de los refrescos más habituales. En algunos casos los superan en cantidad de azúcar, incluso aquellos ofrecidos como naturales y ecológicos.

En la obesidad, el sobrepeso y la diabetes, además de la ingesta elevada de hidratos de carbono, influyen otros factores como por ejemplo  el sedentarismo. Puestos a gravar los productos de consideración negativos, como así nos lo recomiendan las autoridades sanitarias, deberían también bajarse los impuestos de aquellos beneficiosos para la salud, como los artículos deportivos, y los impuestos que pagan gimnasios y piscinas, por ejemplo.

El gobierno español estima recaudar 200 millones de euros adicionales durante el 2017 a cuenta de las bebidas azucaradas. Unos 350 millones adicionales vendrán de la mano de la subida de los tributos para el alcohol y el tabaco. Desde hace tiempo las autoridades sanitarias vienen reconociendo que este tipo de medidas resultan muy efectivas para minorar el consumo de sustancias peligrosas para la salud. En el caso del tabaco, sin querer hacer más sangre, después de tantas evidencias que relacionado el hábito de fumar con múltiples enfermedades, sin embargo continúa vendiéndose libremente gracias a lo mucho recaudan los estados con los fumadores, bastante más que lo que se gastan en el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades que padecen. Una anécdota más de nuestra controvertida naturaleza humana.


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