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22 julio 2017

EL CHICO DE LA PORTERA


En mi generación, las meriendas infantiles consistían casi siempre en bocadillos: de chorizo, salchichón, jamón, mortadela, o de las diferentes combinaciones de tales embutidos, con el queso como elemento fijo en la cuestión. Tuve algún compañero de clase más iconoclasta que se los preparaba de patatas fritas o de mayonesa. Pero eran caso aparte. De vez en cuando nos caían también bocadillos de chocolate, sobre todo en la aldea, pétreas onzas de cacao a la taza que traían cromos de ciencias naturales en el envoltorio. Recuerdo especialmente las cuchipandas de Hospitalet de Llobregat, suculentos bocatas de pa amb tomaca, con jamón serrano, atún o sardinillas. Además nos daban fruta en abundancia: plátanos, naranjas, manzanas, mandarinas, y cuando era temporada melón, sandía, peras, uvas, cerezas, melocotones y ciruelas claudias. 

En aquellos lejanos tiempos nos pasábamos el día corriendo y saltando, o jugando interminables partidos en el Jardín del Posío o en las canchas de los Salesianos. Siempre que había una pelota, ya fuera de fútbol o de baloncesto, montábamos una pachanguita. Más tarde llegaría la expansión de la bollería industrial, el aluvión de la Coca-Cola y la invasión de las videoconsolas. 

Estas evocaciones acuden hoy a mi después de leer una inquietante noticia: los padres españoles ya no perciben el sobrepeso de sus hijos. Frente a la obesidad infantil estamos bajando poco a poco la guardia, un dato llamativo en una época en la que cada vez hay más gente haciendo deporte o ejercicio. No recuerdo a mi padre con un chándal o unas zapatillas deportivas. Ni a ninguno de sus amigos. Ni a ningún vecino. Ni siquiera al padre de ninguno de mis amigos. Tal vez un ratito en bañador de media pierna, de aquellos que llamaban Mil Rayas, dando unos toques sobre la arena húmeda de la playa. Las actuales madres y los padres, mucho más informados y concienciados con las recomendaciones para vivir sanamente, parecen más despistados con el sobrepeso de sus retoños. 

Lo afirma el Doctor Miguel Ángel Royo, jefe del área de estudios de la Escuela Nacional de Sanidad. Según la Revista Española de Cardiología, el 71% de los padres perciben erróneamente el exceso de peso de sus hijos. Podría ser que con los años este problema se haya ido normalizando en un país con un 9% de niños obesos y un 30% con sobrepeso. ¿Qué meriendan los niños del siglo XXI? ¿Qué actividad física desarrollan? Los expertos insisten: en Galicia, por ejemplo, la obesidad infantil se multiplicó por 3 en los últimos 40 años. Es cierto que las generaciones actuales son más altas, pero su peso medio se ha incrementado en 7 kilos. La Fundación Española del Corazón confirma que el 85% de los niños no realiza siquiera una hora de actividad física diaria. 

Sin embargo, investigadores británicos no han encontrado una relación significativa entre el sobrepeso en niños de 4-5 años y la ausencia o lejanía de zonas correctamente adaptadas para sus juegos infantiles. Habrá que seguir investigando. Porque todavía intento descifrar por qué mi abuelo nos comparaba a mi primo y a mi con el chico de la portera, cuando devorábamos con fruición nuestra merienda mientras Paquito Fernández Ochoa ganaba esquiando una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sapporo.





29 junio 2017

DE TAPONES Y ZARATRONES


Quizás haya sido excesiva la polvareda levantada en estos días respecto a la donación de 320 millones de euros realizada por la Fundación Amancio Ortega para adquirir mamógrafos y aceleradores lineales destinados a la lucha contra el cáncer en España.

Profundizando un poco más en estas cuestiones, la legislación española define como fundaciones a todas aquellas organizaciones constituidas sin afán de lucro, de carácter privado y con un patrimonio vinculado a fines de interés general.

De la misma manera, los fines de interés general incluyen la solidaridad y la colaboración con el progreso de la sociedad. Así podríamos entender que determinados ciudadanos quieran devolver a la comunidad, de manera voluntaria, parte de los beneficios obtenidos de la misma y las fundaciones resultan un vehículo propicio para ello. Casos ha habido en este país (y seguirá habiendo) de mecenazgo religioso, artístico, científico y cultural.

¿Y por qué no también sanitario? Una de las primeras lecciones que se aprenden en cualquier master sobre gestión sanitaria es que los recursos son finitos, limitados. La idea que se fundamenta en que el Estado, a través de sus Presupuestos Generales, debería financiar en exclusiva la sanidad pública resulta muy aceptable, pero desafortunadamente se topa con la dura realidad.

Grosso modo, la financiación estatal se nutre a partir de:

1º/ impuestos directos, como el que grava la renta de las personas físicas o a los beneficios empresariales, esa deducción que nuestra empresa realiza cada mes  en nuestro salario en nombre del gobierno nacional.

2º/ impuestos indirectos, como el popular impuesto sobre el valor añadido o IVA, 

3º/ impuestos indirectos especiales, como aquellas imposiciones adicionales sobre el tabaco, el alcohol, la gasolina y dentro de poco también sobre las bebidas azucaradas, 

4º/ las tasas y cobros que el gobierno recauda por determinados servicios o gestiones que nos presta, como las abonadas al obtener el carnet de identidad o el de conducir, 

5º/ transferencias corrientes, como los ingresos recibidos de los organismos públicos y de las empresas estatales, 

6º/ los ingresos patrimoniales, como los intereses de títulos, depósitos y valores, los alquileres de edificios estatales y los dividendos del Banco de España. 

Insistimos, recursos condicionados y realmente insuficientes. Desde el año 1989, la asistencia sanitaria en España es universal y financiada a través de impuestos. Según la Ley de cohesión y calidad de Sistema Nacional de Salud son las comunidades autonómicas la encargadas de financiar la Sanidad Pública de conformidad con los acuerdos de transferencias firmados en materia sanitaria. 

No debemos olvidar que la donación de los dichosos 320 millones son para el Sistema Nacional de Salud, aceptados por Comunidades Autónomas de signo político diverso (que son las que van a gestionar el reparto), aplaudidas por las asociaciones de pacientes y la gran mayoría de los profesionales, y que, si bien resulta cierto que el Sr. Ortega se ahorra 96 millones en la declaración de la renta, su aportación real le cuesta 224 millones de euros. Si es mucho o poco es otro cantar. La Fundación Bill y Melinda Gates donó 750 millones de dólares en 2012 para luchar contra el SIDA, la malaria y la tuberculosis pulmonar. No hubo objeciones. 

Quizás en España necesitemos actualizar el marco normativo para regular el mecenazgo, como existe ya desde hace décadas en los países anglosajones. 

Con o sin ley de mecenazgo, no parecería prudente rechazar, por poner unos ejemplos, el dinero recaudado en maratones televisivos para tratar determinadas enfermedades, las aportaciones de algunas funciones particulares a favor de trasplantes y terapias oncológicas infantiles o el peculio obtenido de la recogida de millones de humildes tapones de plástico que pueden garantizar el tratamiento de un pequeño con una rara enfermedad allí donde mejor puedan proporcionárselo.

26 junio 2017

MASCOTAS


El título de estas reflexiones es políticamente incorrecto. Empezamos mal. O no, porque esta eventualidad deberá servirnos para enfocar mejor determinadas cuestiones sobre el lugar que ocupamos como seres humanos en este planeta, en el universo, en la vida. El termino mascotte es de origen francés y significa amuleto. La creencia popular identifica a los animales de compañía con la buena suerte para el que los cuida. Diferenciados de aquellos otros criados y explotados como ganado, medio de transporte, investigación en los laboratorios o complementos deportivos y culturales (en clara referencia a circos, corridas de toros y otras actividades cada día más cuestionadas desde perspectivas éticas y morales), los animales de compañía no nos aportan beneficios económicos ni nutricionales. Sin embargo cada vez hay más, tantos como las personas que se refieren a ellos como peludos, (perros y los gatos especialmente).

Según registros veterinarios oficiales, en España existen unos 20 millones de animales de compañía, y en 4 de cada 10 hogares patrios conviven cotidianamente con los primates humanos. Los perros y los gatos disfrutan de nuestras preferencias. El gasto medio anual de un perro doméstico supera los 800 euros. Y a pesar del reciente cierre de muchos centros veterinarios (como las peluquerías y las floristerías, castigados con un IVA que pasó del 8% al 21%), todavía sobreviven en España 6000 clínicas y 5000 tiendas especializadas. 

Y es que existen primates no humanos que disponen de perros como animales de compañía. Los langures de la India y los papiones  sagrados de las montañas de Taif, vecinas a La Meca (Arabia Saudí), son típicos ejemplos de tan peculiar asociación. 

Cada vez se publican más trabajos relacionando la salud humana con la presencia de mascotas, peludos o animales de compañía. El Doctor Jeremy Barron, director médico del Centro Beachman de Medicina Geriátrica de la prestigiosa Universidad de Johns Hopkins demostró que compartir la existencia con un perro disminuye los niveles de cortisol en los humanos, la hormona del estrés, a la par que incrementa los de oxitocina, la hormona del bienestar, a la vez el nexo de unión materno filial. Pacientes con estrés postraumático que disponían de un perro adiestrado disminuyeron sus síntomas y el consumo de fármacos. 

En otros trabajos, los especialistas evaluaron el efecto de una terapia asistida con perros sobre la autoestima en un grupo de adolescentes con problemas emocionales, observando cambios significativos en su capacidad para percibir las emociones adecuadamente. Los beneficios cardiovasculares de la compañía animal han sido destacados por la Asociación Americana de Cardiología. Abandonando esta perspectiva ciertamente utilitarista, incluso especista,  compartir la vida con ellos nos hará mejores en ese desarrollo evolutivo permanente en el que nos encontramos sumidos como primates en proceso de hominización. 

Mientras repaso “Cuando el hombre encontró al perro” de Konrad Lorenz, permítanme que me despida recordando con nostalgia a Silvestre, el increíble gato que hasta hace muy poco formó parte esencial de mis últimos 15 años de existencia. Porque no hace falta ser humano para ser miembro de nuestra familia.

11 junio 2017

TERAPIA MUSICAL


En la sala de endoscopias de un moderno hospital, mientras preparan al paciente para una exploración, la auxiliar se encarga de encender un minúsculo aparato conectado a los altavoces de la sala. Y la música comienza a sonar. Sobre el suelo terroso de la aldea, en el interior de una tienda de ramas entrelazadas, una pequeña permanece inmóvil mientras el chamán agita sobre su cabeza un sonajero fabricado con una pequeña calabaza. En el umbral, sentado sobre una raída alfombrilla, un joven golpea su tambor con un palo. 

Varios siglos separan ambas escenas. O quizás no, tal vez sean en este caso muchos kilómetros la medida de dispersión. O acaso apenas un centenar de ellos indicando la distancia entre un flamante hospital de la metrópoli y el mísero poblado que a duras penas sobrevive en el rural periférico. 1500 años antes de Cristo, los antiguos egipcios entendían que las melodías podían dulcificar penas y dolores, reconfortando el espíritu. Comprobado está que la música modifica nuestros ritmos cardíaco y respiratorio, mediante neurotransmisores relacionados con las áreas cerebrales del placer.

En los templos dedicados a Asclepio (Grecia) o Esculapio (Roma), serpientes no venenosas se arrastraban entre los lechos de los enfermos y heridos. Los sacerdotes prescribían tratamientos según los sueños de los pacientes y la música y la danza desempeñaban además una importante utilidad terapéutica. No en vano Pitágoras, Platón y Aristóteles establecieron los fundamentos de la musicoterapia. Pero no vamos a referirnos a la disciplina que constituye uno de los pilares de la Terapéutica artística y que mediante su práctica intenta recuperar a los enfermos, sino a la novedosa propuesta de incorporarla sistemáticamente en nuestras clínicas, integrando un proceso que cada día despierta un mayor interés en nuestra sociedad: la humanización hospitalaria.

El Hospital Universitario 12 de Octubre y la ONG Música en Vena están colaborando en un singular estudio con el aval del Comité Ético de Investigación Científica de dicho centro sanitario. Este programa ha sido bautizado como Músicos Internos Residentes. Intenta valorar los beneficios de la música en la reducción de la ansiedad, el control de la frecuencia cardíaca de los ingresados en unidades de cuidados intensivos, la percepción del dolor crónico en las patologías del suelo pélvico y la relajación materna al amantar a sus bebés. En esta investigación no se emplea música enlatada, sino ejecutada en directo por artistas. 

Hace ya unos años, el Doctor Ruza constató en Hospital de La Paz los beneficios de la música en los recién nacidos. Me pregunta intrigado Aloysius: ¿y sirve cualquier música? Por el momento, los expertos apuestan más por el barroco clásico que por el heavy metal, aunque lo verdaderamente importante son los gustos de cada persona. Si me permiten escoger, me pido el preludio “Gota de Lluvia” de Chopin o el “Us and Them” de Pink Floyd. ¿Y ustedes?.

27 mayo 2017

INTELIGENCIA ANIMAL


PHOTOGRAPH BY BRIAN J. SKERRY, NATIONAL GEOGRAPHIC CREATIVE

Una de las imágenes más espeluznantes que he contemplado en la vida es la matanza de delfines en Taiji (Japón). Aunque parezcan peces son mamíferos como nosotros, los humanos. Además del desastre ecológico y de la brutalidad de semejantes acciones, resulta que el consumo de carne de delfín está provocando un grave problema de salud a  la población, pues tales son las concentraciones de mercurio contaminante en estos animales. Y no solamente en los delfines, sino también en una amplia gama de pescados y mariscos. Mientras tratamos de olvidar aquellos mares saturados de rojo carmesí, nos han vuelto a sorprender otras dos noticias sobre tan particulares cetáceos. 

La primera es la terrible instantánea de una cría de delfín agonizando mientras un grupo de bañistas la mantiene en volandas para fotografiarse con ella en una playa. La ignorancia suele ser atrevida, y en esta ocasión también asesina. 

La segunda está ilustrada por un delfín interactuando con una pantalla subacuática en el National Aquarium de Baltimore (EEUU). Esta tecnología les ha permitido realizar juegos complejos y comunicarse de manera inteligente con los humanos, una característica que hasta ahora solamente se había constatado en los grandes simios. En 1758, el naturalista sueco Carlos Linneo situó a los primates en el orden taxonómico más elevado, junto al hombre, al entender que eran los animales más parecidos a nosotros. Primates, los primeros entre los animales.

Con el paso del tiempo, infinidad de investigadores han descubierto que los simios son capaces de aprender el lenguaje de los signos, superándonos incluso en determinadas habilidades de memoria matemática. Poseen además autoconciencia, capacidades simbólicas y transmiten de generación en generación una cultura quizás rudimentaria y primitiva, pero que no muy diferente de la que tenían nuestros comunes ancestros. Al igual que los humanos, los primates pueden ser manipuladores, arteros y mentirosos, incluso asesinos. Y también manejar toscos utensilios, dotando de la necesaria intencionalidad a un objeto, como por ejemplo una piedra o un palo, para transformarlo en una herramienta, es decir, un instrumento destinado a la realización de determinado trabajo. La cognición animal es una realidad: simios, cetáceos, elefantes, perros, gatos, mapaches, roedores… pero también pájaros, loros, córvidos, palomas, reptiles, lagartos, serpientes e invertebrados (pulpos, insectos y arácnidos). 

Me consuela pensar que no estamos solos en el universo. Mientras nos afanamos en la búsqueda de vida inteligente fuera de la Tierra, nos olvidamos tantas veces de la incalculable suma de intelecto que nos acompañada desde hace millones de años en este planeta. Decía el filósofo moralista suizo Henry Amiel que el hombre se eleva por la inteligencia, pero al fin y al cabo es hombre por el corazón.

15 mayo 2017

OVEJAS Y ÚTEROS ARTIFICIALES


El 5 de julio de 1996, en el Instituto Roslin de Edimburgo (Escocia) nació el primer mamífero clonado a partir de una célula humana adulta. Superadas ya dos décadas, la especie y el nombre de aquel animal forman ya parte de nuestro acervo colectivo: la oveja Dolly. Muy cerca de allí, en la propia Universidad de Edimburgo, trabaja Colin Duncan como catedrático de Medicina Reproductiva. Hablando de tan populares rumiantes, el Doctor Duncan recuerda que el tratamiento con esteroides en las embarazadas con riesgo de tener hijos prematuros se descubrió investigando con ovejas. Y con corderos prematuros, un equivalente a los fetos humanos en su semana 23ª de desarrollo, ha estado trabajando el equipo del Doctor Alan W. Flake del Hospital Pediátrico de Filadelfia (Estados Unidos), capaces de diseñar un ingenioso sistema equivalente a un útero artificial y que podría incrementar la supervivencia de los pequeños humanos que vienen al mundo con una prematuridad extrema.

Los resultados de estas investigaciones ya han sido publicados, avalan que mediante estos dispositivos las ovejas completaron su desarrollo hasta alcanzar existosos embarazos a término de manera artificial. El objetivo de estos estudios sería conseguir que niños prematuros nacidos entre las 22-23 semanas, de tan solo 600 gramos de peso, con una mortalidad del 50% y con grandes probabilidades de padecer severas complicaciones en el futuro, puedan completar su desarrollo dentro de estos úteros artificiales por lo menos hasta la semana 28ª, cuando el riesgo crítico de supervivencia hubiera sido rebasado.

El ingenioso sistema del Doctor Flake suministra la sangre al feto ovino mediante un cordón umbilical sintético que faculta al corazón del animal la regeneración de su propio circuito sanguíneo para obtener los nutrientes necesarios. Por otra parte, no existe ningún sistema de ventilación artificial, como en el caso de las incubadoras más avanzadas, sino que el embrión permanece sumergido en un líquido amniótico de laboratorio que permite a sus pulmones realizar el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono, garantizando de esta manera una correcta maduración de estos órganos, mucho más parecida a lo que en realidad ocurre en el interior del útero materno. 

Diversos especialistas se han mostrado escépticos con semejantes investigaciones, entre ellos el propio Doctor Colin Duncan, pues entienden que todavía harán falta varios años y mayores avances técnicos antes de que estos úteros artificiales puedan demostrar su utilidad práctica. Sin embargo, si repasamos la reciente historia de la medicina, intervenciones hoy en día habituales en nuestros hospitales, como por ejemplo los trasplantes de órganos, hace apenas medio siglo eran cuestiones limítrofes a la ciencia ficción. De momento toca esperar un poco más y continuar contando borreguitos.

09 mayo 2017

ESTIMABLE PENICILINA




Sostiene Aloysius que Sir Alexander Fleming fue un científico doblemente afortunado. Se refiere a su descubrimiento de la penicilina, el primer antibiótico de uso generalizado en medicina. La historia nos cuenta que Fleming descubrió la penicilina el 28 de septiembre de 1928, cuando al regresar de sus vacaciones estivales descubrió que un hongo había contaminado accidentalmente unas placas de cultivos bacterianos. En notas escuetas, los libros de historia atribuyen a Charles Tom la identificación del hongo como Penicilinum notatum

El hallazgo de Fleming permaneció hibernando en los estantes de las revistas especializadas hasta que en 1939 dos médicos británicos, que más tarde compartieron el Nobel de Medicina con el descubridor, decidieron emplear aquella novedosa medicación en un paciente desesperado que se moría sin remedio. Los doctores fueron Howard Walter Florey y Norman Heatley, que inyectaron por vía intravenosa el medicamento purificado por los químicos Edward Abraham y Ernst Chain al policía Albert Alexander, víctima de una septicemia causada al herirse en el rostro con las espinas de un rosal. Tras el éxito inicial, con la mejoría pasajera del paciente, finalmente éste falleció ante la escasez de nuevas y suficientes dosis.

Los medicamentos para uso humano continúan probándose previamente en animales de laboratorio. En la época de Fleming sucedía lo mismo. Su doble fortuna no se refiere únicamente al hallazgo casual del antibiótico. La escasez de cobayas en el laboratorio obligó a que Fleming probara su novedosa sustancia con ratas. Si hubiera dispuesto de suficientes conejillos de indias probablemente la penicilina habría caído en el pozo del olvido, pues estos sufridos roedores suelen ser alérgicos a los antibióticos y éstos medicamentos tóxicos para ellos. Casi un siglo después, 33 millones de prójimos necesitan diariamente inyecciones de penicilina para tratar sus enfermedades. 

La fiebre reumática, una patología prácticamente erradicada en nuestro entorno, continúa representando un importante problema de salud en muchos países, especialmente entre las clases más necesitadas. Todo comienza con una simple infección de garganta, provocada por una bacteria del género estreptococo. Si no se trata adecuadamente con penicilina, puede diseminarse por el organismo invadiendo el corazón y dañando las válvulas cardíacas. Así está ocurriendo, por ejemplo en la República Sudafricana. 

La rotura de stock de este antibiótico también está afectando a Estados Unidos, Canadá, Portugal, Francia y Brasil. La culpa la tiene otra enfermedad infecciosa, la sífilis. El único antibiótico efectivo para tratar la sífilis fetal es la penicilina. A nivel mundial, sólo 4 compañías elaboran penicilina como principio activo. Al ser un artículo que genera escasos beneficios, su producción se mantiene en niveles bajos. Y es que en pleno siglo XXI, millones de personas siguen siendo tan infortunadas como aquel policía londinense que se hirió en la cara con un rosal.