CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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14 octubre 2018

SALUD, DINERO Y AMOR



La financiación de nuestro Sistema Sanitario de Salud es pública, mediante impuestos. En este aspecto, se diferencia sustancialmente de otras opciones elegidas por países de nuestro entorno, como por ejemplo Francia o Alemania, donde la financiación se realiza mediante el pago de cuotas obligatorias abonadas tanto por trabajadores como por empresarios. En líneas generales, en España desde 1986, mediante los presupuestos generales del Estado y ciertos impuestos especiales, el Estado ha transferido a las Comunidades Autónomas la financiación de la sanidad pública. La excepción queda limitada únicamente a las mutualidades de funcionarios (Muface, Mugeju o Isfas), financiadas en parte con las cotizaciones de las nóminas. Gracias a ello, nuestro sistema puede garantizar la solidaridad y la universalidad en la atención sanitaria. De lo contrario, y dado que la distribución de la renta de los ciudadanos en cualquier sociedad es desigual, si la financiación no se pareciera a la española, correrían el riesgo de no poder acceder a los servicios sanitarios de manera equitativa. 

Traemos a colación estas reflexiones provocadas por algunas informaciones seleccionadas por los medios de comunicación y las redes sociales, respecto a situaciones particulares en las que se ven involucrados algunos ciudadanos de otros países, como por ejemplo los Estados Unidos de Norteamérica. 

Y es que a pesar de que allí dedican el 16% de su producto interior bruto (PIB) al gasto sanitario (el doble que España o Alemania), 40 millones de estadounidenses carecen de la cobertura sanitaria adecuada. Siempre hablando en términos generales, una consulta con un médico de familia suele rebasar los 100 dólares. Si la consulta es con un especialista, el coste asciende a los 300, e incluso podría alcanzar los 700 dólares si el paciente precisa además un análisis de sangre. Una resonancia magnética ronda los 1000 dólares, un traslado en ambulancia los 600, en el caso más económico, y la intervención de una simple apendicitis, incluyendo 5 días de hospitalización postoperatoria, puede llegar a necesitar el desembolso de unos 50000 dólares. Según la Federación Internacional de Planes de Salud, en el año 2012 el coste promedio de un parto natural ascendía en EEUU a unos 10000 dólares, incrementándose hasta los 15000 en el caso de una cesárea. 

Por otra parte, las dificultades que tienen millones de mujeres estadounidenses para poder sufragarse los costes de su asistencia prenatal, especialmente aquellas más desfavorecidas o con las coberturas insuficientes por sus seguros sanitarios, han llevado a que la gran potencia norteamericana cuente con unas tasas de mortalidad materno-infantil intolerables. 

En España, hace años recuerdo las llamadas facturas sombra entregadas a los pacientes en el momento del hospitalaria, intentando informar a nuestra población de la verdadera realidad que para las arcas públicas habían supuesto su gato hospitalario. Retomando el título de hoy, la financiación sanitaria pública mediante el dinero aportado por todos los españoles, representa un logro capital para nuestro bienestar personal y colectivo. Salud, dinero y ¿amor?; ¡por supuesto! Y muy solidario.

03 octubre 2018

SEPARANDO LA PAJA DEL TRIGO




Las espigadoras. Jean Francois Millet, 1857
Oleo sobre lienzo. Museo de Orsay (París)



"En el siglo XXI la humanidad ha hecho un descubrimiento asombroso: todo cura.

Las piedras, ondas, luces, imanes, cristales, golpes, pasamanos, ácidos, azúcares... todo cura.

Todo menos los fármacos y vacunas que llevamos décadas estudiando y perfeccionando. Esos matan".

Jacobo Mendioroz.

En estos días hemos sido testigos de un interesante movimiento en las redes sociales protagonizado por muchos médicos e investigadores enfrentados a las falsas terapias. Con contundencia, han demostrado su contrariedad ante la proliferación de charlatanes desaprensivos que ofrecen la curación de cualquier enfermedad empleando procedimientos y sustancias sin ninguna base científica. No es la primera vez que llamamos la atención sobre un comportamiento social antagónico con lo que habitualmente exigimos para nosotros mismos en la vida cotidiana. Por poner un ejemplo, los vehículos que empleamos para desplazarnos, automóviles, trenes, barcos o aviones, funcionan gracias a la sinergia de una cadena de avances técnicos ratificados por la ciencia y la experiencia. Entonces, ¿por qué sin embargo algunos se empeñan en cuestionar los progresos sanitarios? ¿Por qué rechazan la medicina basada en la evidencia y depositan su confianza en las pseudociencias? 

En España, la Organización Médico Colegial (OMC) ha creado un observatorio específico contra las falsas terapias y el intrusismo profesional. Existe también una Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP). Muchas facultades de Medicina han dejado de impartir cursos de Homeopatía, y la presión profesional insiste en que este tipo de sustancias no se consideren medicamentos. Las pseudoterapias, además de engañar a los enfermos creándoles falsas expectativas, pueden provocar intolerables retrasos en el inicio de tratamientos que podrían resultar muy beneficiosos en diversas patologías. Las pseudoterapias matan: así de contundentes se manifiestan los expertos.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental a la hora de difundir ciertas informaciones relacionadas con la salud y la enfermedad. Se trata de defender la veracidad de los hechos frente a las opiniones sin fundamento que cualquiera puede colgar en las redes sociales. Lo primero resulta muy valioso; lo demás más bien se relaciona con la libertad de expresión, pero no tanto con hechos científicos, comprobables y reproducibles. Así los lectores estaremos más capacitados para separar el trigo de la paja. Con la mirada puesta en los intereses de los pacientes y de sus familiares, los investigadores médicos deben cuidar escrupulosamente lo que publican en sus artículos y revistas, para no crear precisamente falsas esperanzas. 

A veces leemos que una sustancia ha sido capaz de curar el cáncer o el Alzheimer. Pero cuando profundizamos en la letra pequeña, comprobamos que se trata de un único estudio, realizado con células in-vitro de determinado tumor o con animales de experimentación, y cuyos resultados, en caso de poder generalizarse o extrapolarse a los humanos, podrían tardar décadas en demostrarse. En estas ocasiones, también, intentemos separar la paja del trigo.

18 julio 2018

LA HUMANIZACIÓN DE LOS CUIDADOS INTENSIVOS






El otro día nos aventurábamos, no sin cierto atrevimiento, a pronosticar cómo serían los hospitales del futuro, más pequeños, confortables, funcionales y especializados, más cercanos a los pacientes, con nuevos servicios de apoyo a los asistenciales, y con la presencia de robots en las diferentes áreas de los mismos, desde la información y el acompañamientos de los usuarios, hasta los propios quirófanos y unidades de hospitalización.

Sostiene Aloysius, cuando nos escucha defender semejantes planteamientos, que todos esos avances estarán muy bien, pero siempre y cuando no se pierda de vista la humanización de nuestros centros, pues al fin y al cabo, deberían destinarse más a la atención de enfermos que a la resolución de determinadas enfermedades. Precisamente en esta línea ya nos estamos moviendo en la actualidad. Y para demostrarlo hemos escogido un proyecto centrado en la mejora de las unidades de cuidados intensivos, que albergan a los pacientes más críticos, donde trabajan profesionales de diversas disciplinas.

El enfoque parte de la confluencia entre los profesionales, los pacientes y sus cuidadores, familiares en la mayoría de los casos, pero que no siempre habrá de ser así. Los expertos han establecido 7 líneas estratégicas para la humanización de los cuidados intensivos. La primera de ellas hace referencia a las unidades de puertas abiertas, en las que los familiares puedan estar presentes y participen en los cuidados. La segunda hacé hincapié en la comunicación, tan necesaria y a veces incluso ausente en la era de la globalización y las modernas tecnologías, no sólo entre el equipo encargado de los cuidados, sino también con el paciente y sus cuidadores. La tercera línea está centrada en el bienestar del paciente, físico, psicológico, ambiental, garante del necesario descanso y promocionando la autonomía del paciente según su grado de afectación. La cuarta línea estratégica centra su foco en los profesionales, con la intención de evitar el desgaste inherente a la toma de decisiones rápidas y con capitales consecuencias sobre la salud y el bienestar de los enfermos. La quinta línea se ocupa de la prevención, manejo y seguimiento del conocido como síndrome post cuidados intensivos (PICS en sus siglas en inglés). Descrito recientemente, puede afectar a un número significativo de pacientes, con problemas de salud presentes tras el alta hospitalaria, como dolor persistente, malnutrición, debilidad, ansiedad, depresión, pérdida de la memoria, alteraciones del sueño y estrés postraumático. La sexta línea estratégica se ocupa de los cuidados al final de la vida, cuestión de de bate continuo, respecto a los protocolos a seguir, el control de los síntomas físicos, el acompañamiento en el final de la vida, la cobertura de las necesidades espirituales y emocionales, la limitación de los tratamientos de soporte vital, buscando el bienestar y huyendo del encarnizamiento terapéutico, y todo ello siempre desde un prisma multidisciplinar que delimite las fronteras y amplíe los horizontes.

Finalmente, la última línea estratégica ha de procurar unas infraestructuras humanizadas, valorando la privacidad, el confort ambiental y del área de profesionales, familiares y cuidadores, procurando, en la medida de lo posible, la distracción y orientación de los pacientes. Una correcta señalización y accesibilidad a las unidades de cuidados intensivos facilitará enormemente las cosas, así como la habilitación de patios, jardines y espacios para la relajación.

 Conseguida esta realidad, y aún pudiéndolo evitar ¿quién no querría estar en una unidad de cuidados intensivos?


HOSPITALES DEL FUTURO





A los que hoy día trabajamos en hospitales, con frecuencia se nos plantea cuál será el futuro de nuestros centros. Una incógnita difícil de despejar, puesto que en la solución se encuentran implicados factores tan dispares como la balanza demográfica, el envejecimiento poblacional, la política sanitaria o la tasa de reposición de los médicos especialistas, por considerar varios ejemplos.

Hace apenas una semana, los medios de comunicación se hacía eco de un estudio piloto que va a llevarse a cabo en el Hospital Clinic y el San Joan de Deu de Barcelona. De esta manera, el pequeño robot humanoide Pepper podrá interactuar con pacientes de la tercera edad, para explicarles los tratamientos a seguir, o convertirse en acompañante de niños inmunodeprimidos o pacientes en fase postoperatoria. El coste medio de estos robots de apariencia dulce y jovial ronda los 16000 euros, y los resultados sobre su efectividad podrán conocerse a mediados de 2019.

Este es un primer adelanto del futuro que vendrá, donde la presencia de los robots se multiplicará notablemente en la medicina de precisión, desde los quirófanos, donde el sistema de cirugía robótica Da Vinci, presente en varios hospitales públicos españoles, lleva ya unos cuantos años ayudando a los cirujanos, hasta las salas de recepción y consultas. A la par, los servicios informáticos irán incrementando sus efectivos. En los hospitales actuales, los trabajadores mayoritarios son el personal médico y de enfermería. Nuevas profesiones relacionadas con la informática y las nuevas tecnologías irán ganando espacio y medios materiales en los hospitales del futuro. Hoy en día ya manejamos conceptos como big data, inteligencia artificial o el internet de las cosas. Aquellos pacientes que vivan lejos de los centros de salud y de los hospitales de referencia, en el futuro dispondrán de aparatos capaces de transmitir a distancia datos relevantes para su salud.

Esto permitirá el control de muchos pacientes que de esta manera no necesitarán desplazarse a los centros sanitarios. Hace apenas unos años nos hablaban de conceptos como la historia electrónica informatizada y la prescripción de medicamentos por receta electrónica, hoy en día realidades incontestables. Los hospitales del futuro serán mucho más humanos y confortables. Tenderemos a una atención más personalizada y participativa, pues ya hemos comentado en anteriores ocasiones que existen enfermos, no enfermedades.

Uno de los pasos que han comenzado a darse al respecto son las unidades UTPR (habitación de parto integral), que irán progresivamente sustituyendo a los antiguos paritorios, donde la mujer que desee tener su hijo en el hospital dispondrá de las máximas medidas de confort y los mayores estándares de calidad asistencial. Los hospitales del futuro dejarán de ser lugares en los que nadie quiere entrar, Para ello, la humanización está obligada a dulcificar la aplicación fría y dura de los avances tecnológicos. Tal vez en aras de esa tan necesaria consideración, los grandes hospitales del pasado irán progresivamente desapareciendo, dejando su lugar a centros más pequeños, prácticos y eficientes, donde la especialización se encuentre al servicio de los tratamientos más personalizados.


No los perdamos de vista y de paso no olvidemos que, tal y como nos advirtió el genial Arthur C. Clarke, el futuro ya no es lo que solía ser.



17 junio 2018

PEINANDO CANAS



 En el archiconocido tango, el inmortal Carlos Gardel se lamentaba con amargura: “volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien…” Metáfora del paso inexorable del tiempo, las canas simbolizan la sabiduría y la madurez. 

En la cruz de la moneda, no sin cierto sarcasmo e indudable machismo, la paremiología recoge el dicho “hombre canoso, hombre hermoso” para ensalzar la supuesta prestancia del cabello blanco sobre las cabezas masculinas, o aquella otra famosa frase de “echar una cana al aire”, que nos libera de la paradigmática alegoría de la senectud intentando fugazmente rejuvenecer, aunque por un instante. 

Dejando a un lado estas consideraciones culturales, recientemente los medios de comunicación se han hecho eco de diferentes informaciones científicas que asocian las canas con diferentes patologías. La primera de ellas se refiere al gen IRF4, relacionado con el color del cabello y la aparición de las canas. Además de su indudable interés antropológico, los investigadores han descubierto diferentes vínculos de este gen con los procesos de envejecimiento y enfermedad. 

Porque la decoloración capilar podría estar relacionada con un mayor riesgo de deterioro cardiovascular, o por lo menos así lo manifiestan un grupo de expertos de la Universidad de El Cairo (Egipto) dirigidos por el cardiólogo Irini Samuel. Estas afirmaciones podrían parecer una perogrullada, pues los cabellos canos son más frecuentes en personas de mayor edad, un grupo de edad donde las enfermedades cardiovasculares resultan prevalentes y además representan la primera causa de mortalidad. 

Sin embargo, no todas las personas presentan canas a la misma edad. Podríamos encontrarnos ante un marcador de edades biológicas (que no cronológicas) más avanzadas. Y es que la aterosclerosis comparte mecanismos patogénicos con la decoloración capilar, sobre todo respecto a la reducción de la capacidad de reparación del ADN celular, junto a un incremento del estrés oxidativo y de la inflamación, en determinados cambios hormonales y en el deterioro celular asociado al paso del tiempo. Por el momento, estos hallazgos no pueden generalizarse, puesto que el estudio egipcio se llevó a cabo exclusivamente con varones; por supuesto, ni quedarse calvo ni teñirse el cabello mejoraría el riesgo cardiovascular. Ojalá. 

Finalmente, y en este caso mediante investigaciones con ratones, expertos de la Universidad de Alabama (EEUU) han relacionado los genes que controlan el color del cabello y la alerta inmunológica desencadenada por infección patógena. Este hallazgo relaciona el cabello gris con la inmunidad natural mediada por el MIFT, el factor de transcripción implicado en la regulación de diversas funciones de los melanocitos, las células productoras de la melanina que colorea nuestra piel y cabello. 

Es hora de recordar al genial Miguel de Cervantes, cuando nos recomendaba no escribir con las canas, sino con el entendimiento, una habilidad que mejora con los años. Habitualmente.

02 junio 2018

NIPAH



 El nombre de algunos lugares del mundo persiste para la posteridad debido a su estrecha asociación con algún tipo de catástrofe: la batalla de Waterloo, el terremoto y el posterior desastre nuclear de Fukushima, al igual que el de Chernobyl, los campos de concentración de Auschwitz y Mauthausen, o la epidemia iniciada a orillas del río Ébola, en la República Democrática del Congo, constituyen algunos ejemplos de ello.

En la geografía de Malasia encontramos Kampung Sugai Nipah, una localidad que a pesar de la distancia, tiene mucho que ver con la aldea congoleña de Yamkubu, donde en 1976 se identificó el origen de la primera epidemia de la enfermedad por el virus Ébola, un tipo especialmente letal de fiebre hemorrágica.

De manera similar, en 1998 se aisló en Kampung Sugai Nipah el virus causante de la enfermedad de Nipah, responsable de cuadros de encefalitis de extrema gravedad que pueden causar la muerte a la mayoría de los infectados. Las semejanzas entre el virus Ébola y el virus Nipah son preocupantes. En ambos casos sus reservorios naturales son murciélagos frugívoros, desde donde pueden pasar a infectar a otros animales: simios, monos, antílopes de los bosques y puercoespines, en el caso del Ébola, y cerdos en el caso del Nipah. El contacto físico de los humanos con estos mamíferos posibilita el contagio y la enfermedad. Por el momento, no existe tratamiento específico para ninguna de las dos patologías, y la lucha contra su diseminación ha de limitarse a medidas preventivas.

Los expertos hablan de zoonosis emergentes, enfermedades de los animales que pueden afectar a los humanos incidentalmente, prácticamente desconocidas hasta las últimas décadas del pasado siglo XX, y que pueden constituir un problema de salud pública muy grave en el futuro más inmediato, en el supuesto de no controlarse. En este tipo de patologías también se incluye la infección por el virus Hendra, que afecta a los caballos y al hombre, así bautizada al haberse detectado en 1994 en este suburbio de Brisbane, en Australia. Con una mortalidad cercana al 75% de los infectados, las defunciones son provocadas por graves cuadros respiratorios y neurológicos.

Ébola, Nipah, Hendra… Cuando los científicos creían haber domado y vencido a los virus que históricamente diezmaron a la humanidad (sarampión, viruela, gripe), nuevos enemigos se asoman peligrosamente por nuestro horizonte, simples formas de vida habitantes de este planeta mucho antes que esos orgullosos primates pomposamente autodenominados Homo sapiens. La batalla permanente entre ciencia y naturaleza prosigue.