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06 enero 2020

AV1



Me llamo Lucas y estudio 5º de Primaria. La semana pasada, al llegar a clase, nos encontramos una gran sorpresa. Sobre el pupitre de Pablo estaba un aparato brillante, de color blanco. Al principio lo confundí una licuadora, como la que tiene mi madre en la cocina. Pero al acercarme más, descubrí que se trataba de una pequeña cabeza unida a un soporte. En total, no mide más de 30 centímetros. Donde tendría la frente, el extraño objeto dispone de una cámara diminuta, como la de los teléfonos móviles, para grabar vídeos y tomar fotos. Me acordé de un cíclope que había visto en un cómic, gigantesco y con una larga barba negra, con los colmillos como dos sables y las orejas puntiagudas. En la frente sólo tenía un ojo. Mi padre me explicó que se trataba de las aventuras de Ulises, un héroe de la antigua Grecia. Polifemo, que así se llamaba el monstruoso gigante, los retenía prisioneros en su caverna. Ulises y sus compañeros engañaron al cíclope, y se escaparon atados a las barrigas de una ovejas. 

Nuestro compañero Pablo hace un mes que no viene al colegio, La profesora nos ha contado que está muy enfermo, y que iban a tener que darle un tratamiento especial muy fuerte, por lo que pasaría una temporada en el hospital. Cuando le pedí a mi madre que acompañara a verlo, me dijo que era mejor esperar unos días, pues las visitas no eran convenientes. Más tarde escuché cómo le hablaba en secreto a mi padre. No entendí apenas nada, pero sí una palabra rara: leucemia. 

La profesora nos ha contado esta mañana que el extraño artefacto es en realidad un robot, y que va a acudir a clase en lugar de Pablo, mientras siga enfermo. Pero Pablo se va a curar. La profesora nos ha asegurado que también lo hacen muchos niños con su enfermedad. En principio nos tomamos los del robot en broma, porque los que conocemos son como los de la Guerra de las Galaxias: C3PO, R2D2 y el pequeño BB-8, que se parece mucho a un balón de fútbol. El robot que sustituye a Pablo no tiene brazos ni piernas. 

Se llama AV1 y permanece todo el rato sobre el pupitre, quieto. Por el objetivo de la cámara se fija en lo que la profesora escribe en la pizarra. Ella nos ha dicho que Pablo puede verlo mismo en la pantalla de un ordenador, desde su habitación del hospital. Más tarde, cuando le den el alta, nos seguirá desde su propia habitación, en su casa. Si Pablo quiere decirnos algo, habla por un micrófono y podemos escucharlo a través de unos altavoces que tiene el robot. Aún así, su voz suena como metálica. 

AV1 tiene también unos ojitos luminosos, que brillan con intensidad cuando Pablo está contento, y que se apagan un poquito cuando no está de buen humor. La profesora nos ha contado que son cosas del tratamiento. Y aunque estamos encantados con nuestro nuevo compañero, todos deseamos que pronto regrese nuestro amigo, seguimos mirando de reojo al robot, para ver qué hace.

26 noviembre 2019

ORINOTERAPIA



No es la primera vez que desde esta sección alertamos a los lectores sobre determinadas costumbres perniciosas para la salud que, no sabiendo muy bien cómo, alguien pone de moda. 

A propósito de este tema, el otro día se libraba una encarnizada batalla en las redes sociales entre científicas, médicas y farmacéuticas contra un ejército de las llamadas influencers, personas que al parecer cuentan con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y que gracias al poder que le otorgan millares de seguidores virtuales, consiguen convertirse en auténticas estrellas publicitarias para determinadas marcas comerciales. Hasta ahí, nada que objetar. 

Cosa bien distinta ocurre cuando los zapateros abandonan sus talleres y se meten a cirujanos. Para entendernos, pongamos un par de ejemplos. Existen unas toallitas impregnadas con una solución medicamentosa, que contienen un antibiótico que se ha venido utilizando en el tratamiento del acné leve. No sirven para tratar de ocultar ese incómodo inoportuno granito en la cara de una chica, justo antes de salir de noche, por mucha o mucho influencer que lo recomiende. Y así también con anti-inflamatorios para determinadas dolencias, sedantes e hipnóticos para dormir o colirios que supuestamente endurecen las pestañas. 

Respecto a las últimas terapias escatológicas, hay por ahí quien está recomendando el uso de nuestro pipí para tratar diversos tipos de patologías. Pablo Carbonell se debe estar meando de la risa, mucho más que cuando popularizaba “Mi agüita amarilla” con sus Toreros Muertos

Podemos remontamos al antiguo Imperio Romano, cuando se publicitaban los enjuagues con meos para blanquear los dientes. Sostiene Aloysius que la historia de la Medicina está repleta de ejemplos terapéuticos tan peregrinos como éste, por supuesto cuando esta disciplina no era ni siquiera ciencia, ni científica. Ahora, resucitando a los romanos muertos, un famoso youtuber vuelve a la carga con el pis como blanqueador dental y colirio. 

Depositar orina en las mucosas, en los ojos o en las heridas tan sólo sirve para provocar molestas irritaciones o contagiarse de infecciones. Que se lo pregunten a cualquiera que haya padecido una cistitis. Y es que aunque la orina está formada por un 95% de agua, contiene además sustancias como urea, cloruro sódico, fosfatos, creatinina, ácido hipúrico, sulfato de amonio y otros compuestos que nuestro organismo elimina después del filtrado renal. 

Cuando no existían todavía Instagram o YouTube (ni se les esperaba), en 1944 el supuesto naturópata británico John W. Armstrong publicaba “El agua de la vida”, un tratado terapéutico miccional, el pionero de tan estrambótica doctrina. Pero como personajes fascinantes, nosotros preferimos al Azarías de “Los santos inocentes” (Mario Camus, 1984) que se orinaba las manos para que no se le cortasen con el frío. Inolvidables Miguel Delibes, Alfredo Landa y Paco Rabal.

10 noviembre 2019

LA TRÁGICA HISTORIA DE LA ASTURIANITA



El 24 de agosto de 2007, en nuestro blog hermano “Medycine”, publicábamos la reseña sobre la película “Freaks, la parada de los monstruos” (Tod Browning, 1932), un alegato contra la marginación de aquellos prójimos que, por unas circunstancias u otras, han sido sistemáticamente apartados de la sociedad por culpa de sus malformaciones físicas. 

Enanos y gigantes, hombres esqueleto y mujeres barbudas, personas sin brazos, sin piernas, sin brazos y sin piernas, con extraños síndromes y raras enfermedades, fueron condenados durante siglos al más cruel ostracismo, cuando no obligados, paradójicamente, a triunfar siendo los singulares protagonistas de barracas de feria y circos itinerantes. 

El catálogo es extenso, y existen libros especializados sobre este tema como “American Sideshow” (2005) del estadounidense Marc Hartzman, o el más cercano a nosotros “El hombre que compraba gigantes” (2013) del periodista y escritos extremeño Luis C. Folgado de Torres sobre el gigante extremeño Agustín Luengo Capilla, de 2.35 metros de estatura. 

Pero, tal y como prometíamos, concentrémonos ahora en la historia de La Asturianita. Descubrimos este personaje gracias a una reseña histórica que la periodista Maribel Outeiriño publicó en la sección histórica del diario “La Región”

Esta singular artista visitó la ciudad de Ourense acompañada por el gran guitarrista Ojembarrena. Y es que Regina García López, nacida en 1898 en el asturiano pueblo de Valtravieso, perdió los brazos a la edad de 9 años tras sufrir un aparatoso accidente en el aserradero familiar. Las poleas de una sierra industrial engancharon a la pequeña y le arrancaron ambos brazos a la altura de los hombros. Anestesiada con cloroformo, fue operada con éxito, evitando su muerte. Confinada a un asilo, donde creció entre ancianos y enfermos, a los 17 años intentó estudiar Magisterio, pero sus medios económicos fueron insuficientes. Después de haber visto un circo italiano, con gran tenacidad decidió entrenar sus extremidades inferiores, y en apenas unos meses cosía, bordaba y escribía con los pies. 

Comenzó así una exitosa carrera artística que la llevó a realizar giras internacionales por todo el mundo, conduciendo un coche de gran cilindrada, liando cigarrillos que luego encendía con los pies, dibujando caricaturas del público, descorchando botellas y sirviendo copas, tocando diversos instrumentos musicales y disparando una escopeta para tumbar una moneda sobre la boca de una botella. 

Atrapada en Madrid en plena Guerra Civil, padeció primero la barbarie de una checa republicana y más tarde la represión de las tropas franquistas, al negarse a colaborar con las crueldades de uno y otro bando. 

Falleció en 1942 de tifus exantemático, cautiva en Las Ventas, con la sola compañía de su hija adolescente María y de su cuñada Josefa.


17 agosto 2019

SALUD Y ENFERMEDAD: PARADOJAS Y CONTRADICCIONES




Que el ejercicio físico resulta esencial para conservar la salud no admite controversias, aunque el escéptico Aloysius se empeñe en contradecirnos apoyándose en los recientes casos protagonizados por Iker Casillas, que padeció un infarto de miocardio, y el malogrado Chicho Sibilio, excepcional jugador internacional que contribuyó a engrandecer con sus triunfos la sección de baloncesto del F.C Barcelona. Al parecer, el alero hispano-dominicano fallecido a los 60 años, no pudo superar las complicaciones de una diabetes que venía padeciendo desde hacía varios años. Recordamos aquí los casos de los futbolistas Juan Señor y Rubén de la Red, obligados al abandono de la práctica deportiva por sus enfermedades cardíacas. 

Por otra parte, la práctica deportiva, incluso de élite, está sobradamente representada por figuras que superaron sus enfermedades de base para alcanzar los puestos más altos de los podios. La nadadora Mireia Belmonte, que paradójicamente vivió desde su infancia en el badalonés barrio de La Salud,  confesó que padecía asma bronquial, circunstancia que no le ha impedido cosechar infinidad de medallas y trofeos nacionales e internacionales. Los médicos también podemos justificar cómo otro ilustre enfermo asmático pudo ganar 5 ediciones del Tour de Francia. Por supuesto, nos estamos refiriendo a Miguel Indurain. 

Es más, existen trabajos clínicos que han demostrado que la incidencia de asma es mayor entre los deportistas de élite (10%) que entre la población en general (7%), explicando esta paradoja en base al sobresfuerzo que el ejercicio físico intenso supone para las vías respiratorias y en una mayor exposición a irritantes y alérgenos atmosféricos ocasionada por los entrenamientos al aire libre. 

Respecto a la diabetes, constatamos los ejemplos de Joe Frazier, campeón olímpico de boxeo en Tokio 1964 y campeón mundial profesional de los pesos pesados, diabético insulinodependiente, y entre los más actuales, Nacho Fernández, defensa internacional del Real Madrid con una carrera deportiva repleta de galardones, diabético desde los 12 años y al que una alimentación cuidada le permite desarrollar una vida completamente normal. 

Y hablando de alimentación y de paradojas, mucho se ha escrito sobre la recomendación de la dieta mediterránea (rica en pesado, verduras y frutas) como la más saludable, a pesar de la conocida paradoja que indica que las provincias españolas de la cuenca mediterránea son aquellas con mayores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, sin que se haya encontrado todavía una explicación científica válida para semejante contradicción epidemiológica. Por ello nosotros seguimos defendiendo las bondades de nuestra dieta atlántica, no sometida a ninguna paradoja o contradicción patológica. De momento.