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01 diciembre 2018

HOMO NOVUS



En 1998 adquirí un ejemplar de un libro ciertamente tentador: “Vuelta al Edén” de Lee M. Silver, eminente biólogo molecular que imparte clases en la Universidad de Princeton. 

Resulta curioso que el lema de tan prestigiosa institución educativa, Dei Sub Numine Viget, sea una alegoría del progreso, siempre bajo la tutela divina. Y lo digo porque en temas de genética los avances futuros no caerán de los cielos, sino  que seguirán procediendo de mentes humanas. 

En su libro Lee Silver, que además fue co-fundador de GenePeeks, una compañía de investigación dedicada a la detección de trastornos genéticos, ponía en boca de un personaje ficticio la siguiente predicción: “si la acumulación de conocimiento genético y los avances de la tecnología de enriquecimiento genético continúan al ritmo actual, para finales del tercer milenio la clase genrica y la clase natural se habrán convertido en los seres humanos-genricos y los seres humanos-naturales: especies completamente separadas  sin capacidad de cruzarse, y con el mismo interés romántico mutuo que un ser humano actual tendría por un chimpancé”. Lee Silver vaticinaba estos hechos para el año 2350...

A principios del siglo XXI, cuando las consideraciones del biólogo estadounidense pivotaban sobre la tremenda vuelta de campana bioética que podría suponer para la humanidad la generalización de la clonación, los sistemas de edición genética se encontraban en fase de desarrollo, si bien la compañía Genentech ya era capaz de producir insulina a gran escala desde finales de los 70, a partir de cultivos de la bacteria Escherichia Coli a las que se les había añadido un gen humano. 

Traemos a colación estas reflexiones como consecuencia del anuncio del nacimiento de dos niñas en China que podrían ser los primeros seres humanos modificados genéticamente. La comunidad científica se está moviendo entre la incredulidad de unos y el estupor y la condena de otros. 

Entre todas las opiniones, me ha llamado la atención la de Íñigo de Miguel, de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano de la Universidad del País Vasco (UPV), poco partidario de las líneas rojas en medicina, y aún dudando de la veracidad del hito anunciado  a bombo y platillo por el investigador He Jiankiu, entiende que la tecnología empleada no está lo suficiente madura para garantizar el éxito de la edición genética en seres humanos. Pero, quizás cuando sí lo esté... Dicha tecnología se denomina CRISPR-Cas9, grosso modo una especie de recorta y pega del ADN que habría permitido que las recién nacidas chinas sean inmunes a la infección por el VIH. 

Otros científicos como Lluís Montoliú, investigador del Centro nacional de Biotecnología y presidente fundador de la Sociedad Internacional para las Tecnologías Transgénicas,  entienden que el peligro de todo esto radicaría en la creación de una nueva estirpe de humanos, que además podrían transmitir a su descendencia modificaciones en sus propias líneas germinales.

Muchas esperanzas se habían depositado en la técnica CRISPR para modificar genes anómalos y curar determinadas enfermedades. Más tarde hemos sido alertados de sus peligros, pues su empleo en células humanas puede generar tumores. Estaremos atentos a lo que nos deparará el futuro. 

Pues si algo hemos aprendido de la ciencia es que cuando un avance técnico se hace posible, su aplicación práctica será incuestionable: ¿alguien recuerda las barreras éticas que se levantaron contra las primeras vacunas y los pioneros trasplantes?


28 octubre 2018

ANCIANIDAD Y BIOÉTICA



Parafraseamos hoy el título de la jornada desarrollada el pasado 25 de octubre en la Consellería de Sanidade por la Axencia de Coñecemento en Saúde (ACIS), en colaboración con el Consello de Bioética de Galicia (CBG), respecto al futuro de los cuidados de las personas mayores. 

Ya nadie discute, en el marco de una sociedad claramente envejecida, el valor de la atención que dispensamos a nuestros ancianos, y el esfuerzo que significa para las administraciones públicas, desde el ámbito social y sanitario, así como para las propias familias. 

Grosso modo, el cuidado de los mayores ha estado representado por dos grandes modelos históricos y geográficos bien definidos y diferenciados. Por una parte, el escandinavo, en el que la responsabilidad fundamental recae en el estado, encargado de dotar económicamente un sistema de cuidados altamente profesionalizado, y el mediterráneo, donde la familia se convierte en pilar básico de la atención de las personas mayores. En este caso, Galicia es un ejemplo paradigmático. Con el paso del tiempo, se han desarrollado sistemas más o menos mixtos, como por ejemplo en Francia.  

La especie humana actual ha podido evolucionar a partir del momento en que nuestros ancestros comenzaron a cuidar a los elementos más frágiles de sus primitivas comunidades. El pasado y el presente lo conocemos. 

Pero, incluso desde un punto de vista egoísta, ¿cuál será el mañana de nuestra ancianidad? 

Los expertos vaticinan que a mediados del siglo XXI, España será el país con más ancianos del mundo. Para afrontar esa realidad, ya vamos con retraso. Y para que dicha atención sea posible, resulta fundamental una financiación pública suficiente. Indudablemente, la Ley de Dependencia supuso un avance muy importante, pero económicamente infradotado. De ahí su insuficiencia práctica. Hay quien lo define como un brindis al sol. 

En el futuro, para la provisión de estos servicios asistenciales, los expertos defienden la colaboración pública – privada, pues sería temerario despreciar determinados recursos que trabajan en la procura de tan loable fin. Aprendiendo del modelo europeo septentrional, debido a su especial cercanía con los ciudadanos, el ámbito municipal sería el más adecuado para la prestación de los servicios, y allí donde los ayuntamientos no alcanzasen, las diputaciones provinciales podrían ser complementarias. Por supuesto, una estricta fiscalización pública debería ser capaz de garantizar la eficacia del modelo, con prevalencia de los criterios técnicos sobre los políticos, evitando inequidades, injusticias y perversas tentaciones de absurdos localismos. 

Los cuidados del anciano se llevarán a cabo allí donde mejor puedan prestarse, por supuesto incluyendo el ámbito familiar, con pleno reconocimiento de los cuidadores, tanto a efectos curriculares como económicos, con derecho a subsidio o pensión garantizado, como ocurre con los demás profesionales. La tecnología y la formación continuada serán herramientas fundamentales en el desempeño de estas funciones. Porque como aseguraba Don Santiago Ramón y Cajal, lo más triste de la vejez es carecer de mañana. Y para nosotros ese mañana ya es hoy.

 

14 octubre 2018

SALUD, DINERO Y AMOR



La financiación de nuestro Sistema Sanitario de Salud es pública, mediante impuestos. En este aspecto, se diferencia sustancialmente de otras opciones elegidas por países de nuestro entorno, como por ejemplo Francia o Alemania, donde la financiación se realiza mediante el pago de cuotas obligatorias abonadas tanto por trabajadores como por empresarios. En líneas generales, en España desde 1986, mediante los presupuestos generales del Estado y ciertos impuestos especiales, el Estado ha transferido a las Comunidades Autónomas la financiación de la sanidad pública. La excepción queda limitada únicamente a las mutualidades de funcionarios (Muface, Mugeju o Isfas), financiadas en parte con las cotizaciones de las nóminas. Gracias a ello, nuestro sistema puede garantizar la solidaridad y la universalidad en la atención sanitaria. De lo contrario, y dado que la distribución de la renta de los ciudadanos en cualquier sociedad es desigual, si la financiación no se pareciera a la española, correrían el riesgo de no poder acceder a los servicios sanitarios de manera equitativa. 

Traemos a colación estas reflexiones provocadas por algunas informaciones seleccionadas por los medios de comunicación y las redes sociales, respecto a situaciones particulares en las que se ven involucrados algunos ciudadanos de otros países, como por ejemplo los Estados Unidos de Norteamérica. 

Y es que a pesar de que allí dedican el 16% de su producto interior bruto (PIB) al gasto sanitario (el doble que España o Alemania), 40 millones de estadounidenses carecen de la cobertura sanitaria adecuada. Siempre hablando en términos generales, una consulta con un médico de familia suele rebasar los 100 dólares. Si la consulta es con un especialista, el coste asciende a los 300, e incluso podría alcanzar los 700 dólares si el paciente precisa además un análisis de sangre. Una resonancia magnética ronda los 1000 dólares, un traslado en ambulancia los 600, en el caso más económico, y la intervención de una simple apendicitis, incluyendo 5 días de hospitalización postoperatoria, puede llegar a necesitar el desembolso de unos 50000 dólares. Según la Federación Internacional de Planes de Salud, en el año 2012 el coste promedio de un parto natural ascendía en EEUU a unos 10000 dólares, incrementándose hasta los 15000 en el caso de una cesárea. 

Por otra parte, las dificultades que tienen millones de mujeres estadounidenses para poder sufragarse los costes de su asistencia prenatal, especialmente aquellas más desfavorecidas o con las coberturas insuficientes por sus seguros sanitarios, han llevado a que la gran potencia norteamericana cuente con unas tasas de mortalidad materno-infantil intolerables. 

En España, hace años recuerdo las llamadas facturas sombra entregadas a los pacientes en el momento del hospitalaria, intentando informar a nuestra población de la verdadera realidad que para las arcas públicas habían supuesto su gato hospitalario. Retomando el título de hoy, la financiación sanitaria pública mediante el dinero aportado por todos los españoles, representa un logro capital para nuestro bienestar personal y colectivo. Salud, dinero y ¿amor?; ¡por supuesto! Y muy solidario.

03 octubre 2018

SEPARANDO LA PAJA DEL TRIGO




Las espigadoras. Jean Francois Millet, 1857
Oleo sobre lienzo. Museo de Orsay (París)



"En el siglo XXI la humanidad ha hecho un descubrimiento asombroso: todo cura.

Las piedras, ondas, luces, imanes, cristales, golpes, pasamanos, ácidos, azúcares... todo cura.

Todo menos los fármacos y vacunas que llevamos décadas estudiando y perfeccionando. Esos matan".

Jacobo Mendioroz.

En estos días hemos sido testigos de un interesante movimiento en las redes sociales protagonizado por muchos médicos e investigadores enfrentados a las falsas terapias. Con contundencia, han demostrado su contrariedad ante la proliferación de charlatanes desaprensivos que ofrecen la curación de cualquier enfermedad empleando procedimientos y sustancias sin ninguna base científica. No es la primera vez que llamamos la atención sobre un comportamiento social antagónico con lo que habitualmente exigimos para nosotros mismos en la vida cotidiana. Por poner un ejemplo, los vehículos que empleamos para desplazarnos, automóviles, trenes, barcos o aviones, funcionan gracias a la sinergia de una cadena de avances técnicos ratificados por la ciencia y la experiencia. Entonces, ¿por qué sin embargo algunos se empeñan en cuestionar los progresos sanitarios? ¿Por qué rechazan la medicina basada en la evidencia y depositan su confianza en las pseudociencias? 

En España, la Organización Médico Colegial (OMC) ha creado un observatorio específico contra las falsas terapias y el intrusismo profesional. Existe también una Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP). Muchas facultades de Medicina han dejado de impartir cursos de Homeopatía, y la presión profesional insiste en que este tipo de sustancias no se consideren medicamentos. Las pseudoterapias, además de engañar a los enfermos creándoles falsas expectativas, pueden provocar intolerables retrasos en el inicio de tratamientos que podrían resultar muy beneficiosos en diversas patologías. Las pseudoterapias matan: así de contundentes se manifiestan los expertos.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental a la hora de difundir ciertas informaciones relacionadas con la salud y la enfermedad. Se trata de defender la veracidad de los hechos frente a las opiniones sin fundamento que cualquiera puede colgar en las redes sociales. Lo primero resulta muy valioso; lo demás más bien se relaciona con la libertad de expresión, pero no tanto con hechos científicos, comprobables y reproducibles. Así los lectores estaremos más capacitados para separar el trigo de la paja. Con la mirada puesta en los intereses de los pacientes y de sus familiares, los investigadores médicos deben cuidar escrupulosamente lo que publican en sus artículos y revistas, para no crear precisamente falsas esperanzas. 

A veces leemos que una sustancia ha sido capaz de curar el cáncer o el Alzheimer. Pero cuando profundizamos en la letra pequeña, comprobamos que se trata de un único estudio, realizado con células in-vitro de determinado tumor o con animales de experimentación, y cuyos resultados, en caso de poder generalizarse o extrapolarse a los humanos, podrían tardar décadas en demostrarse. En estas ocasiones, también, intentemos separar la paja del trigo.