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17 agosto 2019

SALUD Y ENFERMEDAD: PARADOJAS Y CONTRADICCIONES




Que el ejercicio físico resulta esencial para conservar la salud no admite controversias, aunque el escéptico Aloysius se empeñe en contradecirnos apoyándose en los recientes casos protagonizados por Iker Casillas, que padeció un infarto de miocardio, y el malogrado Chicho Sibilio, excepcional jugador internacional que contribuyó a engrandecer con sus triunfos la sección de baloncesto del F.C Barcelona. Al parecer, el alero hispano-dominicano fallecido a los 60 años, no pudo superar las complicaciones de una diabetes que venía padeciendo desde hacía varios años. Recordamos aquí los casos de los futbolistas Juan Señor y Rubén de la Red, obligados al abandono de la práctica deportiva por sus enfermedades cardíacas. 

Por otra parte, la práctica deportiva, incluso de élite, está sobradamente representada por figuras que superaron sus enfermedades de base para alcanzar los puestos más altos de los podios. La nadadora Mireia Belmonte, que paradójicamente vivió desde su infancia en el badalonés barrio de La Salud,  confesó que padecía asma bronquial, circunstancia que no le ha impedido cosechar infinidad de medallas y trofeos nacionales e internacionales. Los médicos también podemos justificar cómo otro ilustre enfermo asmático pudo ganar 5 ediciones del Tour de Francia. Por supuesto, nos estamos refiriendo a Miguel Indurain. 

Es más, existen trabajos clínicos que han demostrado que la incidencia de asma es mayor entre los deportistas de élite (10%) que entre la población en general (7%), explicando esta paradoja en base al sobresfuerzo que el ejercicio físico intenso supone para las vías respiratorias y en una mayor exposición a irritantes y alérgenos atmosféricos ocasionada por los entrenamientos al aire libre. 

Respecto a la diabetes, constatamos los ejemplos de Joe Frazier, campeón olímpico de boxeo en Tokio 1964 y campeón mundial profesional de los pesos pesados, diabético insulinodependiente, y entre los más actuales, Nacho Fernández, defensa internacional del Real Madrid con una carrera deportiva repleta de galardones, diabético desde los 12 años y al que una alimentación cuidada le permite desarrollar una vida completamente normal. 

Y hablando de alimentación y de paradojas, mucho se ha escrito sobre la recomendación de la dieta mediterránea (rica en pesado, verduras y frutas) como la más saludable, a pesar de la conocida paradoja que indica que las provincias españolas de la cuenca mediterránea son aquellas con mayores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, sin que se haya encontrado todavía una explicación científica válida para semejante contradicción epidemiológica. Por ello nosotros seguimos defendiendo las bondades de nuestra dieta atlántica, no sometida a ninguna paradoja o contradicción patológica. De momento.

02 junio 2019

JUGANDO A MORIR



Unos de mis iconos cinematográficos favoritos es la cazadora roja que James Dean portaba en “Rebelde sin causa” (Nicholas Ray, 1955). Existe una fotografía suya sentado sobre el capó de un coche junto a Corey Allen, su antagonista en la película, que viste una cazadora de cuero negro, material más recio y pesado, antítesis de aquella prenda más ligera y mítica del protagonista. Y aunque el personaje de “Buzz” Gunderson fallecía en la película, tras despeñarse por un precipicio perdiendo el control de su vehículo en una loca carrera hacia la muerte, el actor Corey Allen realmente vivió muchos más años que sus compañeros de reparto: James Dean (24 años, accidente de tráfico), Natalie Wood (43 años, ahogada en el mar) y el frágil Sal Mineo (asesinado a los 37 años de edad). Allen falleció en 2010 en California, dos días antes de cumplir 76 años, a causa de una enfermedad de Parkinson. 

Traemos hoy a colación estas reminiscencias cinéfilas haciéndonos eco de las informaciones publicadas recientemente por diferentes medios de comunicación, respecto al conocido como juego de la muerte, el último disparate que parece haber embaucado algunas mentes adolescentes. Se trata, nada más y nada menos, de entretenerse en provocarle la asfixia a un compinche apretándole el cuello hasta su desvanecimiento. Al comprimir las carótidas, el flujo sanguíneo se detiene y la falta de oxígeno cerebral deriva en una pérdida de la consciencia. Sólo hace falta la participación de un tercero, que graba la escena con la cámara de un teléfono para posteriormente colgar semejante hazaña en las redes sociales. 

En esa realidad paralela, la difusión morbosa de este tipo de escenas, como tantas otras de contenido sexual, maltrato animal o de regodeo en peleas y trágicos accidentes, se ha convertido en una novedosa enfermedad colectiva que encuentra su público más entusiasta entre los sectores sociales más jóvenes y vulnerables. Una vez más, la metáfora del cuchillo, valiosa herramienta a la hora de cortar el pan, pero terrible si se emplea como arma blanca. ¿Dónde está la solución? ¿En la prohibición? ¿En la educación? 

Se repiten conductas patológicas de extraña denominación como el eyeballing, administración directa de alcohol sobre las mucosas oculares, que puede acarrear graves infecciones e incluso la ceguera, el tamponvodka o tampón on the rocks, de funcionamiento similar, sólo que para la ocasión el alcohol se vehicula mediante tampones empapados introducidos en la vagina o en el ano, o las relaciones sexuales de riesgo sin protección, jugando a la ruleta rusa con la muerte como aquellos protagonistas de “El cazador” (Michael Cimino, 1979), prisioneros en la perturbada vorágine de la Guerra de Vietnam.

21 mayo 2019

BENNY GOLSON EN EL CAFÉ LATINO


Además de un personaje entrañable y encantador, Benny Golson, con sus 90 años ya cumplidos, constituye una enciclopedia viva del jazz. Y los que ayer asistimos a su concierto en el Café Latino dentro del XXIII Festival de Jazz Primavera 2019 tuvimos la oportunidad de constatarlo de nuevo. Fue su segunda actuación sobre el mismo escenario, que ya había visitado anteriormente en la edición de 2010, nada más y nada menos que con otro coloso del jazz, el pianista Cedar Walton.

Por la velada desfilaron personajes y anécdotas que nos transportaron a la Philadelphia de su juventud, cuando con apenas 14 años de edad iniciaba su carrera como saxofonista amateur, y a sus primeros años en compañía de otras leyendas del jazz como John Coltrane, Red Garland y su paisano Philly Joe Jones, inolvidable baterista. Y también al mítico club Birdland de Nueva York, donde se gestó su famosísimo estándar "Killer Joe", después de contemplar a un tipo extravagante que derrochaba dólares en compañía de unas señoritas que trabajaban para él. Este tema horrorizaba a Bobbi, la esposa de Golson, no sólo por su temática sino también porque le resultaba monótona. Hasta que suculentos royalties comenzaron a desbordar las cuentas bancarias matrimoniales...


En palabras del propio compositor, en 1959, en su apartamento neoyorkino de la calle 92, 55 oeste, estuvo trabajando sobre esta canción ininterrumpidamente desde las 8.00 de la mañana hasta las 9.00 de la noche. El éxito llegaría en 1960, cuando el mismo Golson en compañía de Art Farmer fomentaron una campaña publicitaria con unos carteles que preguntaban si alguien había visto a Killer Joe.

Acompañado por un trío de la máxima efectividad y solvencia, formado por Joan Monné al piano, Ignasi González al contrabajo y el baterista alemán Jo Krause, comenzó su repertorio con "Horizon Ahead", puro exquisito mainstream, seguido de otro estándar como "Whisper not", una pieza que el compositor confesó haber escrito en apenas 20 minutos mientras tocaba en Boston con la banda de Dizzy Gillespie.

El emocionado recuerdo de Clifford Brown brotó de sus palabras y de las notas de su saxo recordando al malogrado trompetista fallecido prematuramente a los 25 años en un accidente de tráfico el 26 de junio de 1956, un músico al que todos los músicos adoraban, y especialmente Benny Golson, en cuyo homenaje compuso "I remember Clifford", otra página esencial en la historia del jazz.


Quizás un tanto fatigado por el esfuerzo y los recuerdos, o tal vez porque ya hubiera programado de antemano ese descanso, Golson dio paso a sus acompañantes para que nos deleitaran con su particular versión de "All the things you are", uno de las composiciones más populares de Jerome Kern.

Vuelta a retomar el timón de la nave con el anteriormente nombrado "Killer Joe", para atracar en un puerto siempre seguro: "Take de A Train" del maestro Duke Ellington.

Después le tocó el turno a otro de sus estándares, "Stablemates", compuesto en 1954 cuando tocaba con Earl Bostic en Delaware y acaba de divorciarse de su primera esposa. Golson nos contó que entonces creía que se trataba de una de las peores canciones que había compuesto en su vida. Al parecer, le entregó la partitura original a John Coltrane, necesitado de repertorio para incorporarlo al quinteto de Miles Davis integrado entonces por el propio Coltrane como saxofonista, Red Garland al piano, Paul Chambers al contrabajo y por supuesto Philly Joe Jones a la batería. Hasta el propio Benny Golson se asombró del éxito y la repercusión de un tema por el que él mismo no habría apostado.


Por si fuera poco semejante despliegue, el maestro se despidió de la audiencia con "Blues March", un tema que el batería Art Blakey odiaba porque le recordaba a las marchas que las bandas tocaban para acompañar a los difuntos hasta su última morada, en el cementerio de Nueva Orleans, y que se convirtió en un divertido motivo de celebración, un esperanzador hasta el próximo año, que el maravilloso compositor y saxofonista nos dedicó con el micrófono en la mano, quizás pensando aquello de que 90 años, centenares de grabaciones y más de 300 éxitos compuestos apenas son nada.


INTELIGENCIA ARTIFICIAL



A pesar de ya llevar tiempo instalada entre nosotros, conceptos relacionados con la inteligencia artificial como el aprendizaje de las máquinas se han introducido de lleno en el debate preelectoral de las municipales en nuestra provincia. Y eso que el término no es novedoso, pues unos expertos se lo inventaron en 1956, quizás con la esperanza de que el futuro llegase más rápido que lo que la realidad ha venido a demostrar. 

Estos iluminados fueron John McCarthy, Claude Shannon y Marvin Minsky, fallecido en 2016, del que el generoso Aloysius tuvo a bien regalarme un ejemplar de su libro “La máquina de las emociones: sentido común, inteligencia artificial y el futuro de la mente humana”. Casi nada. Y es que todas estas cuestiones no solo se ciñen al mundo de los algoritmos científicos. Tienen también profundas implicaciones éticas, sociales, económicas y legales. 

De vez en cuando una palabra se pone de moda. Se repite hasta la saciedad en los medios de comunicación y las redes sociales. Ahora le ha tocado el turno al término “algoritmo”, algo tan sencillo como una serie de instrucciones sencillas destinadas a solventar un problema, pero a la vez complejo de entender. Cuando a los algoritmos le sumamos su procesamiento por las computadoras, obtenemos una revolucionaria fórmula que impregna nuestro presente y a buen seguro decidirá por dónde se encamina nuestro futuro. 

Nuestros teléfonos inteligentes y nuestros ordenadores funcionan mediante algoritmos. También nuestro coches automáticos y las redes sociales que utilizamos cotidianamente, como Facebook o Twitter. Si hacemos caso al profesor Ricardo Peña Marí, de la Facultad de Informática de la Universidad Complutense de Madrid, autor del libro “De Euclides a Java, la historia de los algoritmos y de los lenguajes de programación”, el trabajo de los programadores informáticos consiste en traducir los problemas del mundo a un lenguaje que una máquina pueda entender, en algoritmos que puedan manejar. De esta manera, un ordenador puede realizar miles de millones de operaciones matemáticas en un solo segundo. 

Una de las aplicaciones más recientes y curiosas de los algoritmos al campo de la Medicina permite que la inteligencia artificial sea capaz de detectar la depresión infantil con una precisión del 80%. Lo han desarrollado Ellen y Ryan McGinnis, psicóloga clínica e ingeniero biomédico de la Universidad de Vermont (Estados Unidos). Concretamente, su algoritmo de aprendizaje automático fue capaz de analizar las características de las grabaciones de audio de unas breves historias que relataron los niños de su estudio, relacionándolas con sus probable diagnóstico. Un trabajo muy interesante. Y como colofón, no olvidemos que los algoritmos también son capaces de pronosticar los resultados electorales. Pues eso.

13 mayo 2019

CAR-T



La inmunoterapia está triunfando en importantes batallas de la lucha contra el cáncer. Su fundamento es aparentemente sencillo: potenciar el sistema inmunitario del paciente para que sus propias defensas ataquen y destruyan las células tumorales, una estrategia similar a la empleada por la naturaleza para combatir las infecciones por bacterias y virus. 

Existen varios agentes defensivos, pero nosotros vamos a centrarnos en una especie determinada, los linfocitos T. La terapia CAR-T (de sus siglas inglesas Chimeric Antigen Receptor T- cell therapies) consiste en extraer de la sangre del paciente varios millones de linfocitos T, modificarlos genéticamente, multiplicarlos en el laboratorio y devolvérselos al paciente por vía intravenosa. Con este método innovador, un pequeño de 6 años se ha curado de la leucemia linfoblástica aguda (LLA) que le diagnosticaron cuando apenas tenía 23 meses. Antes de ser tratado con la terapia CAR-T había sufrido 2 recaídas, a pesar de haber recibido un trasplante de médula ósea. 

Estamos ante el primer paciente pediátrico así tratado a cargo de nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS), un auténtico hito para la sanidad pública española, capaz de abrir un conflicto entre el Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas para designar qué centros de referencia se encargarán a partir de ahora de aplicar y controlar estos tratamientos. 

Mientras estos avances se están produciendo, en Florida (Estados Unidos) un juez acaba de ordenar que se trate a un niño de 3 años que también padece una LLA, en contra de la voluntad de sus padres, que preferían una terapia alternativa, a base de vitaminas, cannabis medicinal y una dieta específica. El tratamiento queda ahora bajo la supervisión judicial. Podrá durar hasta 3 años, siempre y cuando los médicos informen positivamente sobre la remisión de la enfermedad. Estos dos casos no son más que los ejemplos constatables de un debate generado por los avances técnicos de la medicina que vendrá, que ya se encuentra entre nosotros, y determinados movimientos sociales, por suerte minoritarios en nuestro entorno, empeñados en cuestionar precisamente los progresos de la ciencia. 

Los antivacunas, por ejemplo, que tanto daño están provocando en la salud pública de los Estados Unidos y en algunos países europeos, constituyen la punta de un peligroso iceberg que puede hacernos retroceder a los períodos más oscuros y terribles de la humanidad, diezmada por enfermedades que hasta el día de hoy se han controlado mediante medidas tan efectivas y valiosas como a buen seguro será también la terapia CAR-T.