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19 diciembre 2020

UNA REALIDAD PARTICULAR


Nos aproximamos al final de este aciago e inquietante 2020 con demasiada incertidumbre. Hay quien anhela que el cambio de guarismo en el calendario traiga la esperanza y el olvido. Ojalá. La realidad particular podría ser que, después de estas Navidades, las camas de los hospitales vuelvan a llenarse con enfermos COVID-19, mientras su presión asistencial todavía no se ha relajado. 

Está previsto que la vacunación contra esta pandemia comience en España la víspera de los Santos Inocentes, pero sus efectos beneficiosos tardarán semanas, incluso meses. Entretanto, más mascarillas, higiene y distanciamiento social. 

Nuestra experiencia personal, durante todos estos meses, confirma los descubrimientos de los expertos y afianza sus recomendaciones. La enorme mayoría de los pacientes atendidos en la consulta de atención primaria se infectaron en reuniones familiares, especialmente después del verano, cuando se suavizaron las restricciones después del confinamiento. Exceso de confianza. El elemento en común fue la transmisión respiratoria, probablemente en forma de aerosoles, en espacios cerrados y escasamente ventilados. 

También constatamos la gran variabilidad de respuesta ante la infección por el SARS-CoV-2. En una misma unidad familiar hubo contagiados, sintomáticos y asintomáticos, y no contagiados, cuestiones relacionadas con la inmunidad personal y la carga viral del portador. Asimismo, los más jóvenes padecieron una enfermedad más benigna, con síntomas controlables con antitérmicos y analgésicos. 

Otros pacientes más frágiles, diabéticos, hipertensos, obesos o inmunodeprimidos, necesitaron hospitalización, incluso en la UCI. Por desgracia alguno desarrolló un curso evolutivo fatal, falleciendo por la enfermedad o sus complicaciones. Casos contados, pero no por ello menos dolorosos. Un recuerdo muy especial para sus familias, en esta Navidades tan tristes para ellas. 

Precisamente esta realidad particular vivida, a pesar de su sesgo inevitable, debe activar nuestra alerta ante lo que podría repetirse en las próximas semanas. Aún a riesgo de resultar cansinos, apelamos una vez más a la responsabilidad individual, porque la realidad es tozuda. Las reuniones grupales en nuestra provincia, relacionadas con tradiciones como la matanza, han provocado brotes epidémicos en algunos ayuntamientos, de la misma manera que otras reuniones familiares a finales del verano. Ojalá no ocurra lo mismo durante estas entrañables celebraciones. 

Sigamos el ejemplo de lo más pequeños de la casa, que cada día acuden al colegio respetando escrupulosamente las normas sanitarias, aún a costa de pasar frío. Responsabilidad y disciplina. Porque de sobra conocemos las consecuencias contrarias.



14 diciembre 2020

ACORDES Y DESACUERDOS


Parafraseamos hoy el título de la película de Woody Allen. En 1999 convirtió al actor Sean Penn en un genio del jazz que, debido a su desorganizada vida personal y sentimental, nunca alcanzó la élite de su profesión. Y lo hacemos para reflexionar sobre el advenimiento de una tercera oleada de la pandemia de COVID-19, cuando algunos países todavía no se han recuperado de los embates de la segunda. 

Curiosidades del calendario, esta tercera plaga podría coincidir con el Adviento, el período durante el cual la liturgia cristiana se prepara para la Navidad. Como en tiempos pasados, se alzan de nuevo las voces de los expertos advirtiendo del riesgo de diseminación del coronavirus SARS-CoV-2 en relación con las aglomeraciones sociales. Incluso hay quien, especialmente enfadado, no entiende como la humanidad es capaz de tropezar varias veces en la misma piedra. 

Nos guste o no, asumiendo el desgaste económico y social que conlleva, el distanciamiento social y las medidas de protección han demostrado su valor como barreras ante la propagación de esta enfermedad infecciosa, transmitida de humano a humano, fundamentalmente por vía aérea. En tales cuestiones reina la armonía entre las autoridades sanitarias, si bien es cierto que todo cambiará en muy poco tiempo, debido a las campañas de vacunación masiva. Hay quien se ha atrevido a pronosticar una inmunidad de rebaño del 70% en España para el verano. 

Pero, mientras tanto, la realidad es bien distinta. En Italia contabilizan la cifra más elevada de defunciones del continente europeo. La todopoderosa Alemania acaba de dictar sus medidas sociales más restrictivas, en plenas fiestas navideñas. En nuestro país, después de la tímida apertura social de los puentes de primeros de diciembre, se constata un repunte de nuevos casos infectados. En Ourense, coincidiendo con las reuniones comunitarias de las matanzas, alguna localidad ha visto cómo se han disparado los casos de coronavirus. Es el caso de Sarreaus, por ejemplo, donde apenas padecieron contagios en los meses anteriores. 

A pesar de todo, continúan los desacuerdos entre los diferentes servicios de salud de España respecto a las restricciones para la Navidad: número de familiares y allegados, el cajón desastre, horario de los locales de hostelería y toques de queda para Nochebuena y Nochevieja. Algo nos ha enseñado la experiencia: cuando se eleva el número de casos de infectados, apenas en una o dos semanas se notará en los hospitales y en la UCIs, cuyas camas se llenan fácilmente de enfermos, pero se vacían con mucha más lentitud. También en los cementerios. 

Porque existen más enfermedades que la COVID-19, que necesitan de los recursos sanitarios. Otra vez, de nuestra responsabilidad individual dependerá nuestra salud colectiva. Más acordes, Menos desacuerdos. 




06 diciembre 2020

ALLEGADOS


Recuerdo a mi viejo amigo, D. José Luis Penedo, sit tibi terra levis, también colaborador de La Región, que cuando tenía una duda acudía presto al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Por eso hoy intentaremos definir el significado de la palabra “allegados”, que sin quererlo se pondrá de rabiosa actualidad. 

Porque afirma nuestra vicepresidenta primera del gobierno que los allegados son las personas que están en nuestras vidas, y que para entenderlo, no hace falta acudir a un tratado de exégesis lingüística. 

Retomando el glosario favorito del prolífico Penedo, resulta que el adjetivo allegado-allegada, dicho de una persona, significa "cercana a otra en parentesco, amistad, trato o confianza". 

Allegado o allegada también puede utilizarse como sustantivo. La cosa se complica. Y mucho. Porque ahora nos tocaría definir quiénes son nuestros parientes, nuestros amigos y las personas con las que tenemos trato y confianza. 

Confieso mi sincera envidia por las familias numerosas que antes eran capaces de reunir 50 ó 100 miembros para celebrar un evento, celos que se evaporan ya que ahora deberán tirar de calculadora para sentarse alrededor de la mesa de Navidad. Y siendo necesaria esta cruel selección entre los parientes, no digamos nada más sobre nuestras amistades. 

Deseaba Roberto Carlos tener un millón de amigos, para así más fuerte poder cantar. El círculo de nuestras amistades y conocidos, al fin y al cabo también personas de nuestras vidas, depende del tamaño del radio de nuestra popularidad, e inversamente proporcional cuanto más ariscos y antipáticos seamos. Hete aquí otro problema para contabilizar a los allegados. 

Y todo esto se puede enredar hasta el infinito, pues personas que asimismo están en nuestras vidas son los desconocidos habituales, los que nos cruzamos cotidianamente, incluso varias veces al día, sin ni siquiera saber sus nombres, pero completamente necesarios en nuestro devenir habitual porque puntuales conducen el autobús que nos lleva al trabajo o nos cobran la nota de la panadería o el supermercado. 

Porque las personas que están en nuestras vidas, según la vicepresidenta Carmen Calvo nuestros allegados, pueden ocupar el espacio de un autobús, de un tren con varios vagones de pasajeros, de un Boeing 747 (es decir un Jumbo con 660 asientos), las bancadas de una cancha polideportiva o las gradas del estadio de O Couto, por poner algunos exagerados ejemplos. 

Todavía pueden llenar muchas camas de nuestros hospitales, en el caso de padecer COVID-19, y demasiadas en las unidades de cuidados intensivos, como hemos comprobado por desgracia durante las dos primeras oleadas de la pandemia. Visto lo visto durante la desescalada, y la fuga de prójimos de las capitales durante el puente de la Constitución, mucho temor me dan estas Navidades. Y a mis allegados también.