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22 marzo 2009

EL TRIUNFO DE SANTA BIBIANA



Imagen: "1669 2007 e, Chiesa di Santa Bibiana" de alvarodealvariis, en Flickr TM

Vagabundeando por la Ciudad Eterna, cerca de la Stazione Termini, una mañana de primavera me encontré con la recóndita Iglesia de Santa Bibiana. En la frescura de su interior, una capilla guarda la bellísima escultura de la santa romana, obra del inconmensurable Bernini. Adornada con una palma y una corona, está acompañada por la columna en la que dicen fue atada para sucumbir en el martirio. Bibiana, cuyo nombre significa aquella que vive intensamente, padeció tormento junto a su hermana Demetria durante la persecución desatada contra los cristianos por el perturbado Juliano el Apóstata. La tradición dice que este emperador romano, como otros tantos de sus predecesores, murió asesinado a manos de los suyos. Profesión de riesgo, como la de político.

Sostiene Aloysius que en Cataluña, antiguamente las madres se encomendaban a la santa para que protegiera de las enfermedades a sus hijos lactantes. Según la tradición católica, Santa Bibiana, abogada frente a las cefaleas, es la patrona de los epilépticos (honor compartido con Santa Dimpna y San Vito), de las personas con problemas mentales y de las víctimas de la tortura. Como ven, tiene trabajo de sobra.

Desde tiempos ascentrales, el ser humano, desamparado ante la enfermedad y la muerte, buscó más allá de los cielos las causas de sus males y sus posibles remedios. En el caso concreto de la epilepsia, muchos se mostrarían perplejos ante un prójimo que de repente cayera fulminado al suelo, se retorciera convulso privado de sus sentidos y poco después se levantara prácticamente indemne. Si la causa del fenómeno se interpretaba como divina (morbus divinus, morbo sacro), el enfermo se ganaría el respeto y la protección de su propia sociedad. Pero si el origen del padecimiento era atribuido a la maldad y al oscurantismo, es fácil imaginarnos el final de tantos desafortunados enfermos.

En 1847, la Iglesia consideraba inoportuno el permitir ejecutar funciones eclesiásticas a aquellos que sufrieran epilepsia, entonces vulgarmente conocida como Alferecía o Mal de Corazón. Mal de corazón, como el amor, heraldo de la primavera en Roma.

Un siglo más tarde, en 1953, el gran Vittorio De Sica llevó a las pantallas del cine una historia de Truman Capote sobre el dilema de una mujer casada debatiéndose entre regresar a la monotonía de su vida familiar o mantener encendida la intensa pasión recién descubierta por un profesor italiano. Se tituló “Stazione Termini”; Jennifer Jones y Montgomery Clift fueron sus protagonistas. Y como el amor surge de repente, y viene y va, como aleteo de colibríes, un día escribió Vladimir Holan:

“tras un breve momento, ambos se encuentran en algún lado del espacio, pero sin detenerse siguen volando cada uno en distinta dirección, ya que podrían reconocerse…”


1 comentario:

Virginia · Hilario dijo...

Bonita llegada de la primavera y, de algún modo, de celebrar el día mundial de la poesía.
¡Cuántos pliegues claroscuros encuentra Aloysius en una simple capilla de la ciudad eterna!