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11 febrero 2011

EL "CONCETO"



Recuerdo con especial cariño aquella interpretación que Manuel Manquiña hacía de Pazos, un narcotraficante gallego en “Airbag” (Juanma Bajo Ulloa, 1997). Hay que ver el juego que daba una simple letra cayéndose de una palabra, como una fruta madura en verano, cómo cambia el significado de un vocablo cuando alguien confunde su sentido.
He tenido la oportunidad de leer esas antologías del disparate que de vez en cuando se dejan ver por los mundos reales y virtuales, generalmente florilegios de dislates recopilados en las aulas patrias o en las consultas de los médicos. Una paciente anciana ya fallecida, ocurrente donde las hubiera, me contaba que tomaba unas pastillas para controlar su tensión llamadas “bernardinas”. En realidad quería referirse al medicamento Brinerdina ®, un cóctel de diurético y alcaloide de la rauwolfia que se empleaba en los tiempos heroicos para el tratamiento de la hipertensión arterial. Otro caballero calmaba los dolores de su artrosis con “nenúfar”, un apelativo acuático y floral más eufónico a la hora de definir al popular Neobrufen ®, tal vez el antiinflamatorio más famoso en el mundo. Por último, una paciente conseguía aplacar su desasosiego tomándose antes de acostarse cada noche un comprimido de “tranquilizin”, hete aquí un concepto más práctico para definir el archiconocido ansiolítico Trankimazin ®.
Ahora que las recetas con electrónicas y los informes generalmente se escriben en el ordenador, resulta más difícil equivocarse con el nombre de las medicinas. Mucha culpa de los errores en la comunicación entre médicos y pacientes la tenemos los facultativos, empeñados en utilizar una compleja jerga profesional plagada de hermetismos.

Pero como donde las dan las toman, el mordaz Aloysius acaba de inundarme el correo electrónico con ciertas frases maliciosamente entresacadas de algunos informes médicos. 

Aquí dejamos algunas, como prueba para la posteridad: “resbaló en el hielo y sus piernas fueron en direcciones opuestas, a primeros de diciembre”, “al segundo día tras la operación, su rodilla estaba mucho mejor, y al tercero había desaparecido completamente”, “el paciente está deprimido desde que comenzó a visitarme, en 1983”, “sujeto varón de 69 años, decrépito pero de aspecto sano, estado mental activo, pero olvidadizo”, “el paciente presenta dolores de cabeza ocasionales, constantes, infrecuentes”, “afirmó que había sufrido estreñimiento durante casi toda su vida, hasta 1989, cuando se divorció”, “el paciente abandonó el hospital sintiéndose mucho mejor, salvo por sus dolencias originales”; y por último, la guinda del pastel: “la paciente expiró en el suelo, tranquilamente”. 

Habrá que revisar detenidamente todos estos concetos, porque de todos es bien sabido que el tiene boca, se equivoca.


3 comentarios:

Francisco Doña dijo...

Desconozco cuanto esfuerzo le habrá supuesto al genial Aloysius dar con esas joyas de la expresión verbal en medicina. Le supongo capaz de todo; aunque creo que, en esta ocasión no habrá tenido que emplearse a fondo porque, por unas cosas u otras, la mayoría hemos dejado escrita, en más de una ocasión, frases como esas. Yo el primero y el que más. Eso respecto a las escritas, porque dichas son incontables. Pero bien está leerlas, sonreír, incluso reír un poco. ¡Qué verdad tan grande, amigo mío, cuando se dice que el "humor" bien entendido empieza por uno mismo! ¿O era el amor?

aloysius dijo...

Ambas cosas... Y también la caridad... O eso dicen los expertos. Gracias por seguir leyendo estas líneas.

Anónimo dijo...

Esto me recuerda a mi abuela cuando sollozaba " Ay, las cláusulas, me olvidé de tomar las clausulas"