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07 enero 2010

DIABÉTICOS EN TIEMPO DE REBAJAS



Los Tres Reyes Magos, que según algunos ni eran tres ni reyes ni magos, me han dejado un inesperado regalo. Hacía tiempo que se lo había pedido, pero la cosa se demoraba. Sea como fuere, el presente llegó a mi buzón vía correo postal. Venía de Bruselas, de la IDF (International Diabetes Federation) y he de agradecer su envío a Olivier Jacqmain, el Coordinador del programa “Life for a child”, “Vida para un niño”. Es un DVD que contiene el documental realizado por Edward Lachman en 2008. Este film ha participado con éxito en el Festival Cinematográfico de Tribeca, en el Festival Internacional de Cine de Viena, en el Festival de Cine de Heartland y en el Festival du Nouveau Cinéma de Montréal.

Ed Lachman cuenta con una amplia experiencia como director de fotografía. En el 2003, dirigió “Striptease Aerobic”, un documental protagonizado por la explosiva Carmen Electra, en el que la diva desplegaba sus encantos como monitora de gimnasia empleando las técnicas de danza de las strippers. Una de cal y otra de arena.

Hace poco tiempo que diagnosticaron de diabetes a un muchacho conocido de mi familia. De esta cruel manera quedaron justificadas sus continuas ganas de beber y de orinar; también su adelgazamiento. Lógicamente su hospitalización mantuvo en vilo a sus padres. Se tarda tiempo en asumir una enfermedad como ésta en un chiquillo acostumbrado a vivir libre como un pájaro. Por el momento debe pincharse los pulpejos de los dedos de las manos, para controlar cuánta glucosa tiene en la sangre, e inyectarse la insulina varias veces al día.

En “Life for a child” conocemos la historia de tres niños, dos varones y una chica. Todos viven en Nepal. El primero se llama Agni Prasad Ghimire y todavía sigue alimentándose de la leche materna. Padece frecuentes hipoglucemias, bajadas bruscas de azúcar que pueden llevarle al coma o a la muerte. Sus progenitores trabajan como aparceros en una granja de búfalos de agua. Bishnu, el padre, ha de limpiar con sus propias manos los abundantes excrementos que producen los bóvidos en los establos. Sushila, la madre, tuvo que aprender a pincharle la insulina a su pequeño. Gracias al Hospital de Patan, en Kathmandú, consiguen que su hijo mantenga una calidad de vida aceptable. Pero necesitan mucho más.

Ashok KC tiene 16 años y es diabético desde los 12. Cada mes se desplaza al hospital para ser controlado. Desde su casita de las montañas el viaje se prolonga durante 2 largas horas hasta la capital nepalí. Tiene que pincharse insulina, pero no puede llevarse la necesaria porque pudiera estropeársele. De mayor, sueña con ser maestro.

Y por último, está Anupa Dhimal, una guapísima chiquilla a la que le diagnosticaron diabetes hace 6 años. Ella misma aprendió a pincharse en los muslos la tan preciada medicina. Al igual que Ashok, tiene que llevar un régimen especial, cuando en su casa la mayoría de las veces no hay nada para comer. Para llegar a la parada del autobús a Kathmandú debe caminar entre 4 y 6 horas por escarpados senderos. A pesar de todo, anhela llegar a ser enfermera, para ayudar a otros niños diabéticos. Pero, como dijo Chesterton, lo más increible de los milagros es que ocurren…

3 comentarios:

ponton dijo...

cuando se ven estas cosas, te preguntas si realmente tienes derecho a seguir pidiendo que se VEA a nuestros diabéticos, aunque seguiré luchando por los derechos de mi niña, a pesar de no vivir en un país del 3º mundo.

aloysius dijo...

Querido amigo:

En teoría, todos tenemos el derecho a que se nos preste atención sanitaria cuando la necesitamos. El problema no es por tanto de derechos...

La realidad es muy diferente. Está claro que un niño que nace en un país pobre pocas veces va a tener garantizado el derecho a la salud.

Espero que algún día traduzcan "Life for a child" a nuestro idioma y que muestren este documental en los colegios, para que nuestros hijos vean cuán afortunado son, incluso los que están enfermos...

ponton dijo...

Cuando eso sea así, me gustaría verlo porque yo de inglés...(lo mio es el francés). Ya sé que no tengo mucho derecho a quejarme, pero la lucha en que estoy metido me supera, sobre todo porque estoy sola ante la Administración ¡casi ná! aún así me ha impresionado la situación de estos niños... ¡y se permiten tener sueños! Eso es coraje.