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01 enero 2010

ONDINA



Dicen los estudiosos de la materia que los poetas del Romanticismo anhelaban un Arte absoluto, capaz de sintetizar en si mismo diferentes formas de expresión. En este sentido, y sin haberlo pretendido en sus comienzos, con el paso del tiempo me he ido dado cuenta que he concebido este blog como una bitácora romántica, pues concilia en su estructura literatura, fotografía, vídeo y música. E incluso poesía.

Desde estas líneas tratamos, en cierta manera, de combatir los males que atenazan al ser humano, de enfrentarnos al sufrimiento. No en vano el autor es un médico que trabaja a diario intentando arañarle girones de la vida a la muerte.

En cierto sentido, los eruditos también achacaron a los artistas románticos un permanente deseo de escapar de la desaparición: es lo que definieron como "un sentimiento persistente de fuga temporal".




Uno de ellos fue Aloysius Bertrand, elogiado por el mismísmo Charles Baudelaire en el prólogo de "El spleen de París".

La inspiración de la pintura está presente en la génesis de su famosa colección de poemas en prosa de 1842 titulada "Gaspard de la nuit, Fantaisies à la manière de Rembrandt et de Callot", que curiosamente en 1908 sería fuente de inspiración para "Gaspard de la Nuit: Trois Poèmes pour Piano d'après Aloysius Bertrand", de Maurice Ravel.










"Ondine" es una de las partes de esta obra de Ravel. Las ondinas son unos seres imaginarios, en la mitología nórdicas bellísimas ninfas acuáticas habitantes de las fuentes, estanques, ríos, lagos y manantiales, que pudieran corresponder a las Náyades clásicas de la mitología griega. Hay también quien erróneamente identifica a las ondinas con las sirenas. Nada que ver.

El 27 de octubre de 2009 fallecía víctima de una neumonía Shiloh Pepin a los 10 años de edad. Esta pequeña estadounidense había nacido con un síndrome extremadamente raro (1 de cada 60000 nacimientos) denominado sirenomielia. Tenía ambas piernas fusionadas, como si de una cola de sirena se tratara, carecía de intestino grueso y órganos genitales. Sólo poseía un ovario y sus problemas renales necesitaron de un trasplante en dos ocasiones. Lo excepcional de este caso es que esta niña, a pesar de todas estas graves malformaciones, consiguiera sobrevivir tanto tiempo.




A veces, la naturaleza es caprichosa, y a algunos de nuestros prójimos le toca padecer tamañas veleidades.

De "El spleen de París":

"A Arsenio Houssaye. Le envío a usted, mi querido amigo, una obrita de la cual no podría decirse, sin injusticia, que no tiene cola ni cabeza; toda vez que, por el contrario, es al mismo tiempo cabeza y cola, alternativa y recíprocamente...".

Cabeza y cola... como una sirena...

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