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21 enero 2010

YO ROBOT


A los amantes de la Ciencia-Ficción este título les traerá gratos recuerdos. Se trata de un conjunto de relatos publicados en 1950 por el genial Isaac Asimov y que daba un paso más allá en la relación del hombre con las máquinas al dotar a éstas de inteligencia y de moralidad.

Durante estos últimos tiempos, los robots han ido evolucionando, desde los primitivos que se parecían a rudimentarios brazos gigantescos empleados en la producción industrial, hasta los más modernos y contemporáneos, con forma humana, capaces de caminar, bailar, gesticular e incluso hablar y pestañear. Son los llamados androides, robots antropomorfos, cuya máxima expresión se alcanzaba en el mundo de la fantasía con aquellos terribles y bellos replicantes Nexus 6 inventados por la mente febril de Philip K. Dick en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.

La hipotética lucha entre robots y sus creadores humanos ha sido exitosamente explotada en la literatura y el cine, adornada casi siempre con oscuros tintes apocalípticos. Simplemente mencionar aquí la mítica “Blade Runner”, película de culto dirigida por Ridley Scott y que cada día se gana más y más adeptos, o la saga de Terminator, protagonizada por el rocoso senador estadounidense Arnold Schwarzenegger.

Toda esta introducción repleta de filias por la imagen y las letras viene a cuento porque el otro día me encontré con una información muy esperanzadora para determinados tipos de enfermos, destacando los avances en biónica, en el empleo de soluciones biológicas al servicio de la Tecnología y la Medicina. Para explicar lo que todo esto significa en realidad las enciclopedias ponen como ejemplo las aletas de bucear, diseñadas como copia de la forma natural de las patas de las aves nadadoras y desarrolladas para incrementar el rendimiento humano en el agua. En otras palabras, esta ciencia haría que los seres vivos mejorasen gracias a la añadidura de elementos puramente artificiales y mecánicos.

Y no nos estamos refiriendo solamente a las prótesis, que pronto quedarán a la altura de la tradicional pata de palo de los piratas de los cuentos. Hablaríamos de ingenios mecánicos que podrían incluso superar la capacidad humana. ¿Se acuerdan ustedes del Inspector Gadget?; ¿se pueden imaginar un implante en el oído de una persona sorda capaz de devolverle una audición perfecta?; ¿y qué opinan de una retina artificial capaz de hacer que un ciego vuelva a ver?



Por lo de pronto, a Oscar Pistorius, el atleta sudafricano sin piernas que corre con dos prótesis, no le dejaron participar en los últimos Juegos Olímpicos...






Sostiene Aloysius que existen robots en forma de armadura capaces de potenciar nuestra fuerza muscular. Serían muy útiles para ayudar a los trabajadores que deben mover pesadas cargas, pero a la vez facilitarían el movimiento y la autonomía de muchos pacientes hoy en día condenados a una cama o a una silla de ruedas por crueles enfermedades neuromusculares, o a ancianos rehenes de una discapacidad inherente al inexorable paso del tiempo. Esta especie de traje robotizado es japonés y se llama Hal, igual que aquel ingenio informático que dirigía la nave espacial en “2001, una odisea espacial”. Otra vez el cine, otra vez Stanley Kubrick…

Y esto todo está empezando a dejar de ser ciencia-ficción, pues el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) ha realizado con éxito experimentos con niños afectados por parálisis cerebral, capaces de mover un robot mediante un asa conectada a la pantalla de un ordenador.

O el sonriente Kaspar, un robot británico gesticulante destinado a interaccionar adecuadamente con niños autistas.




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