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06 octubre 2011

DROGAS



Hace aproximadamente un siglo, la epidemia de consumo de opio en China puso en marcha las primeras medidas internacionales en la lucha contra las drogas. Dicen los expertos que si el ritmo de consumo de opiáceos se hubiera mantenido en el mismo nivel que entonces, en lugar de los 17 millones de consumidores actuales estaríamos hablando de un problema de mayor magnitud, que afectaría a unos 90 millones de prójimos aproximadamente.

Otro dato que resulta muy llamativo es el marcado descenso en la producción mundial de opio, de forma lícita e ilícita, y todo ello a pesar del incremento permanente en el ilegal de la adormidera afgana durante los últimos 30 años, cuyos beneficios con toda seguridad van a parar a las manos de los señores de la guerra.

Aunque no existen datos fiables sobre el consumo de cannabis hace un siglo, el consumo de las drogas derivadas de esta planta parece ser mayor en la actualidad.

La producción de cocaína, anfetaminas y éxtasis a nivel mundial se ha estabilizado desde 2004. En Europa, por ejemplo, el consumo de cocaína se ha ido incrementando mientras el de las anfetaminas se ha mantenido más o menos estable.

Como en tantas otras facetas de la vida, en el diversificado negocio mundial de las drogas existen perdedores y ganadores. Las víctimas están claramente identificados; se trata de los consumidores y los adictos, enfermos que deterioran su salud a la par que engordan las arcas de los traficantes del mercado negro. Las ganancias para los intermediarios son enormes, pues resulta muy fácil que éstas se multipliquen por 100 a lo largo de la fatídica cadena iniciada en los productores y finalizada en los camellos que andan al menudeo.

Atendiendo a las recomendaciones de los expertos, la fiscalización de las drogas funcionará mejor siempre que exista la concurrencia de 4 elementos: la aplicación de las leyes, la prevención del consumo, el tratamiento de los afectados y la atenuación de las consecuencias perjudiciales del consumo, elemento también conocido como reducción del daño.

Tampoco debemos olvidar que en la producción, el tráfico y el consumo de drogas ilícitas deben considerarse factores políticos, sociales, económicos y culturales, que en muchas ocasiones coinciden también con los implicados en el caso de las llamadas drogas legales, como el alcohol y el tabaco. 

Por último, es interesante recordar que no existen sustancias buenas o malas, sino abusos y usos indebidos de las mismas. ¿Qué hubiera sido de nuestra la humanidad sin la bendita analgesia proporcionada por la morfina y sus derivados?.

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