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18 enero 2015

CÁPSULAS, SOBRES Y JARABES


Estamos en tiempo de la gripe. Se desbordan los servicios de urgencias y las consultas de atención primaria. Las complicaciones de esta enfermedad hacen mella en el colectivo de las personas mayores afectadas por otras enfermedades. Digamos que el virus de la gripe es cobarde, se aprovecha de la debilidad. Hay incluso quien ha cuestionado la efectividad de las campañas de vacunación, al parecer menos protectoras este año que en los anteriores. 

Si consultamos las hemerotecas, este caos se repite cíclicamente, con la llegada del invierno. Es una situación que puede y debe preverse. Un euro gastado en prevención ahorra muchos otros en medicina asistencial. Es un axioma básico cuyo efecto práctico, sin embargo, no llega a cuajar. 

Existe otro fenómeno paralelo que también se reproduce, a propósito de la gripe. Las campañas en los medios de comunicación incrementan su intensidad y diferentes preparados se convierten en los reyes de la publicidad farmacéutica. Nos estamos refiriendo a los antigripales mediáticos, algunos ya clásicos de reconocida solera. En líneas generales, y sin mencionar marcas, son cócteles medicamentosos destinados al alivio sintomático del paciente griposo: fiebre, dolores de cabeza y musculares, tos y mucosidad abundante.

En esencia, el antigripal estándar contiene en su formulación un analgésico – antipirético. Los más empleados son el paracetamol y el ácido acetilsalicílico, este último de popularidad infinito gracias un inevitable nombre comercial: Aspirina ®. En los últimos años, el ibuprofeno, un antiinflamatorio no esteroideo muy utilizado, ha ido ocupando el tercer puesto en este podium de los analgésicos.

En segundo lugar, la clorfenamina es otro componente habitual de los antigripales. Se trata de un veterano antihistamínico que pretende tratar los síntomas de rinitis asociados a la gripe: estornudos, goteo y obstrucción nasales. A pesar de que décadas de comercialización amparan su uso, no está exenta de numerosos efectos secundarios.

Algo similar ocurre con la fenilefrina y la pseudoefedrina, medicamentos manejados como descongestionantes, el primero de ellos, más eficaz en forma inhalada, y el segundo, cada vez menos empleado por su potencial adictivo. La ficción televisiva la ha hecho famosa. En la exitosa serie “Beaking Bad”, partiendo de la pseudoefedrina sus protagonistas sintetizan metanfetamina, una conocida droga cuyo consumo provoca devastadores perjuicios para la salud.

En tercer lugar se encuentran los antitusivos, fundamentalmente dextrometorfano, pero también codeína, aunque en menor medida, porque también puede provocar adicción. 

Por último, otras sustancias como el ácido ascórbico (vitamina C) y la cafeína suelen complementar, junto con sus correspondientes excipientes, esos bálsamos de Fierabrás que, si le hacemos caso a la publicidad, son capaces de aliviar al instante cohortes completas de tan molestos síntomas. Y así, de esta maravillosa manera, los pañuelos desaparecen, por arte de magia.

1 comentario:

Karen Daniela Lopera Vanegas dijo...

Me puedes activar algo que tenga clorfenamina para la rinitis?