CREA, INVENTA, IMAGINA... ¡NO COPIES!

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29 junio 2007

BLADERUNNER

RUTGER HAUER en el papel de ROY BATTY
Así, y no de forma separada (tal y como figura en el título de la famosa película futurista), se escribe la palabra utilizada por primera vez en un relato del médico y escritor de ciencia ficción norteamericano Alan E. Nourse. En los años 70, el controvertido y voraz politoxicómano W. S. Burroughs, se basó en el libro de Nourse para escribir un guión destinado a las pantallas con el mismo título. Aquí los "bladerunner" eran unos traficantes de instrumental médico destinado a doctores clandestinos.


El director cinematográfico Ridley Scott compró los derechos de la obra de Burroughs, pero sólo aprovechó el título para designar a los policías encargados de ejecutar a los replicantes, personajes a su vez extraídos de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, obra de otro escritor estadounidense maldito, Philip K. Dick. ¡Vaya galimatías, machiño!

Si a esta altura usted todavía continúa leyendo, entenderá que estas líneas pretenden servir de homenaje a una película de culto sin parangón en su 25 aniversario. Durante 1982, el año de su estreno, supuso un verdadero fiasco en la recaudación de las taquillas de las salas de cine, a pesar de su atractiva estética y del particular abordaje de profundas cuestiones éticas y morales, dependientes de la relación entre el ser humano y otras formas de vida artificial creadas por él mismo. Insignificante dios imitador del estilo bíblico de la imagen y la semejanza, irreverente adorador de los ídolos de la ingeniería genética.

Al igual que las monstruosas creaciones que habitaban “La isla del Dr. Moreau (mitad bestias, mitad hombres), los androides replicantes de “Blade Runner” se rebelaron, adquirieron conciencia, recuerdos y sentimientos propios, llegando incluso a destruir a sus creadores, tal y como nos cuenta la mitología griega que Zeus hizo con su progenitor Cronos (Júpiter contra Saturno, en la de Roma), dioses contra titanes, al fin y al cabo.

En anteriores publicaciones de este blog, (
junio 2005, mayo 2006), se hace referencia a varias cuestiones filosóficas de esta índole. También se mencionaba la rara enfermedad denominada progreria (envejecimiento prematuro que supuestamente afectaba en la película al personaje del diseñador genético J.F. Sebastian). Hasta aquí la ciencia ficción.


Instalada en la realidad de nuestros días, la empresa biofarmacéutica EpiStem se está dedicando a investigar los llamados biomarcadores de cabello arrancado (plinked hair biomarker technology). Para que todos nos enteremos: estudian la expresión genética presente en los folículos pilosos del cuero cabelludo de los pacientes sometidos a tratamientos contra el cáncer.


Sin extraer muestras sanguíneas de estos delicados enfermos, los investigadores podrán conocer, por ejemplo, cuál es la toxicidad de los fármacos antineoplásicos, o las dosis y la frecuencia de administración de los mismos. Y es que resulta que las células troncales ((stem cells) del intestino delgado, de la piel y del cabello se comportan de manera similar. La accesibilidad de los cabellos y la extracción de dichas muestras de forma fácil e indolora, aporta un material fiable y seguro para que los médicos puedan elegir qué tratamiento es el más eficaz para cada paciente, en cada momento evolutivo de su enfermedad.

Roy Batty, el poderoso replicante rubio protagonista de “Blade Runner”, tiene ya 25 años. Son muchos más que él mismo habría soñado…; …¡y que cumpla muchos más…!

18 junio 2007

TESTOSTERONA


Niños comiendo melón y uvas - Bartolomé Esteban Murillo (1650)
Uno de los folletos informativos de la Sociedad Española para la Salud Sexual dice literalmente: “hacia los 40 años, comienzas a notar los primeros cambios relacionados con la edad (¡qué miedo!)…y es que la testosterona juega un papel fundamental en tu bienestar sexual, físico y mental”.

Al leer estas afirmaciones, se me vino a la cabeza el recuerdo de la sorprendente historia protagonizada por W. B. Yeats, escritor irlandés Premio Nobel de Literatura en 1923; a los a los 69 años, se sintió acongojado por una permanente sequía en su inspiración poética y creativa, achacada por el propio poeta dublinés a la pérdida de su vigor sexual. Fue entonces, en 1934, cuando decidió someterse a una misteriosa operación de testículos en Londres, que curó su impotencia e incluso le permitió iniciar una relación con la actriz Margott Ruddock, 40 años más joven que él.

Su solución estuvo en la “Operación Steinach”, técnica desarrollada por el cirujano vienés así apellidado, de la misma manera que lo había sido también para el Nobel noruego Knut Hamsum y para el mismísimo Sigmund Freud. Parece ser que el cierre de los conductos espermáticos de los testículos incrementaba su producción de testosterona, que de esta manera volvía a fluir por el plasma sanguíneo en cantidad poderosa y suficiente.

Por ese tiempo, realizaba en París el especialista ruso Dr. Voronoff otra intervención quirúrgica destinada al tratamiento de la impotencia sexual. Sostiene escandalizado Aloysius que en las gónadas de estos pacientes eran insertadas 6 finas rodajas de testículo de mono, responsables al cabo de unas semanas de la reinstauración del equilibrio hormonal masculino perdido por el avance inexorable de la edad.

Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces, y la moderna terapéutica dispondrá en poco tiempo en el mercado de parches transdérmicos de testosterona para el tratamiento del llamado trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), entidad que puede afectar a determinadas mujeres menopáusicas, especialmente a las que han alcanzado este estado de manera precoz por haber sido sometidas a una castración quirúrgica.

En el caso de los varones, la disminución de la testosterona puede provocar disfunción eréctil, pérdida de la líbido, debilidad muscular, osteoporosis, cansancio, humor depresivo, dificultad para conciliar el sueño e incluso sofocos. Sería recomendable que todo hombre así afectado sea valorado por el médico para poder beneficiarse (si no existen contraindicaciones) del tratamiento con geles de testosterona o inyecciones hormonales de larga duración.

En tiempo de vendimia, como todos los demás pillastres infantiles de la aldea, a escondidas solíamos ir a comernos las uvas hurtadas en las viñas de los vecinos. Los ladronzuelos más atrevidos sabían escoger unos racimos muy especiales y suculentos: aquellos preñados por los dulcísimos ovoides dorados de collón de mico, o los cargados con gordas lágrimas tintas de collón de galo. ¡Qué listos!

13 junio 2007

PICASOS Y CALORASOS


HEAD FULL OF SMILES - FERGUS MAYHEW
Tiene el idioma gallego muchas y divertidas peculiaridades, especialmente notables en determinadas zonas de nuestras costas, cuyos habitantes emplean el seseo como simpático deje al hablar. Allá por el siglo pasado, andaba yo estrenando mis primeros guantes de látex en un servicio de urgencias, cuando una tarde me tocó atender a una paciente ginecológica que acudía ciertamente apurada. Desde que se le había retirado la regla, toda la culpa de sus males se centraba en unos incómodos “calorasos” que apenas la dejaban descansar por las noches, impidiéndole llevar una vida normal. Curiosamente, en aquella jornada guardia también tuvimos que atender a una paisana suya, aquejada de unos insoportables “picasos” en sus partes íntimas. Sostiene el atribulado Aloysius que múltiples y variados son los trastornos que nuestras sufridas compañeras han de padecer por el simple y único hecho de poseer dos cromosomas X.

Traigo a colación esta anécdota para introducir el debate que todavía sigue suscitando el empleo de la terapia hormonal sustitutiva (THS) en el tratamiento de los síntomas climatéricos. La paisana de los “calorasos” hacía muy bien en quejarse, pues la menopausia provoca en 1 de cada 4 españolas trastornos importantes en su vida cotidiana. Son datos aportados por la Dra. Cancelo, del Hospital Universitario de Guadalajara, en el recién finalizado XXIX Congreso de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). En el transcurso de sus sesiones, los especialistas abogaron por un tratamiento individualizado de la menopausia, según la sintomatología presente en cada caso, sin olvidar que el efecto placebo es capaz de corregir los incómodos síntomas en un 30% de las ocasiones. Y allí también volvieron a debatir sobre la utilidad de los estrógenos a dosis bajas, solos o en terapia combinada, para corregir los sofocos y la perturbadora sudoración nocturna.

La controversia sobre el empleo de estos fármacos de nuevo se aupó a las mesas de discusión; por ejemplo: cuánto duran los efectos una vez suspendida la medicación, cuál es la relación de los estrógenos con una mayor frecuencia de cáncer de mama o cómo se incrementan las enfermedades vasculares cerebrales y cardíacas vinculadas a esta terapia. Tampoco existen otras alternativas exitosas, presentando las isoflavonas de soja resultados más bien discretos en los estudios de medicina basada en la evidencia.

Como en muchos otros capítulos de la ciencia de sanar, una vez más el médico deberá de digerir todos los conocimientos que a diario le proporcionan múltiples fuentes de información (guías, simposios, manuales, foros de expertos, libros, separatas, monografías, artículos, revisiones, meta-análisis, compilaciones, páginas web…), para una vez asimilados, ser capaz de asesorar a sus pacientes sobre cuál es la mejor opción terapéutica, teniendo en cuenta su capacidad de decisión y autonomía, y los criterios racionales en el uso de los medicamentos. Caliente, caliente…

Y es que según se espera que venga la caloría de este inminente verano, me temo que muchos seremos los ourensanos que tendremos que soportar los “calorasos” del futuro estío. Porque a los fastidiosos “picassos”, que desaprensivamente se dedican a estropear los edificios públicos y privados con sus esprays do carafio, ya los llevamos aguantando desde hace demasiado tiempo.

07 junio 2007

ABUELAS, YAYAS...


En el jardín del tanatorio, una empleada uniformada adecentaba los arbolitos del aparcamiento. Es demasiado temprano y los visitantes todavía no han llegado. Las salas de espera se encuentran solitarias, completamente silenciosas, apacibles. Melancólico y abatido, recordando la reciente pérdida de mi propia abuela, me detuve ante el féretro de la señora Basilisa. Encima de la caja, alguien anónimo había depositado un centro con flores blancas y una cita con letras doradas. De tu nieto. Pensé: otro que se ha quedado doblemente huérfano.

En mi generación, muchos fuimos criados por nuestras abuelas, inmensas madres redobladas, encargadas de nuestro crecimiento corporal y moral. Por ello, me incordian los que vienen a darte el pésame y de sopetón te sueltan – “pobrecita, tan mayor…, es que eran 95 años, ya había vivido lo suyo” – y a ti te dan ganas de decirles – “y ojalá tuviera 500 ó 1000 más, y siguiera consintiéndome como siempre, y hubiera vivido lo tuyo, lo mío y lo de una multitud, pues su vida la dedicó enteramente al cuidado de su familia, sin quejarse ni una sola vez, y no merecía ni la enfermedad, ni el sufrimiento, ni la muerte” – pero te cortas, bajas la cabeza y entre dientes se te escapa un falso – “sí, claro…es ley de vida”.

Y mientras nadie llega, porque no se madruga para ir a los tanatorios, pienso en todo el tiempo pasado y en la velocidad con la que corren los relojes cuando uno es feliz, y recuerdo cómo se alegraba la señora Basilisa cuando íbamos a su casa de visita, en O Porto o en Punxín, tan enjuta y frágil, vestida de negro, de luto perpetuo que ella guardaba escrupulosamente por la desgraciada muerte de un hijo en la infancia – “pero que gordo y guapo que estás” – y ella te engordaba aún más porque su mirada era benéfica, e inmediatamente se empeñaba en que tomaras algo – “no me lo irás a despreciar” – y comenzaba a contarte historias de la emigración en París, y te la imaginabas muy delgada y con ropas oscuras, moviéndose con diligencia por el Boulevard de Saint Germain, Rive Gauche, como una sombra esquiva, siempre a la procura de lo mejor para los suyos, la grandísima grande-mère, trabajando a todas horas, no sé de dónde podía sacar tantas fuerzas de aquellas carnes magras y de aquel esqueleto arquitectónico.

Están presentes. Vidas paralelas, mi abuela y la señora Basilisa, ora pro nobis, planchándonos la ropa y preparándonos la merienda, tantas y tantas otras yayas que perviven en nuestro recuerdo. Y mientras llegan los primeros visitantes al tanatorio, y se acercan a la mampara que separa a la difunta del resto de la sala, comentando lo bonitas que son las flores y lo grandes y hermosas que parecen las coronas, me acuerdo de aquella tarde lluviosa en la viguesa calle de Príncipe, los viandantes corriendo a refugiarse del súbito aguacero en los portales, y un muchacho caminado con dificultad, apoyado en dos muletas, y su abuela sujetándole el paraguas – para que no se me moje el nieto accidentado, no se me vaya a enfermar más el pobrecito – con la gabardina y las canas del cabello empapadas de una lluvia pertinaz que a ella es imposible que la cale ni le haga daño.

Casualidades de la vida, me encuentro de nuevo con un libro de Ungaretti, esta vez no “El dolor” sino “La Alegría”, y lo abro al azar y leo: “con el mar, me he hecho un ataud de frescura”.

GUERRAS MÉDICAS

Jacques Louis David: Leónidas en las Termópilas.
Entiende Aloysius que el calificativo médico debería estar reñido con el sustantivo guerra. Una profesión que pretende ayudar al prójimo, preocupándose por la preservación de su salud, no resulta un compañero de viaje adecuado en el desarrollo de ningún conflicto. Solícito, procedo a tranquilizarlo, pues estas guerras se refieren a las sostenidas entre griegos y persas a lo largo del siglo V antes de Cristo.


El cine acaba de poner en el candelero la historia de Leónidas y sus 300 espartanos, que sucumbieron heroicamente tratando de contener el avance de las tropas de Jerjes en el estrecho paso de las Termópilas. Me ha parecido una película peculiar, pues en su realización se amalgaman elementos reales con otros procedentes del cómic. En las mismas pantallas cinematográficas están triunfando dos obras maestras del veterano Clint Eastwood, relatos especulares ambientados en la batalla de Iwo Jima, cuya resolución supuso un punto de inflexión en el escenario del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

Con anterioridad a ellas, ya me había interesado en la manera de expresar cinematográficamente dentro del género bélico los traumas psicológicos que sufren los combatientes. Por poner unos ejemplos, la cohesión de los compañeros que buscan al soldado Ryan en una misión kafkiana (Salvar al soldado Ryan, 1998), la obcecación del capitán Willard viajando río arriba hacia el horror para culminar una misión que a nadie beneficia (Apocalypse Now, 1979), la desesperación de los infelices reclutas elegidos al azar para ser inmolados en el ara de los sacrificios, tratando así de ocultar la molicie de sus superiores (Senderos de Gloria, 1959) o la perplejidad del marine Swofford (Jarhead, 2005) tirador de élite que participa en la primera guerra del Golfo sin realizar ni un solo disparo.

Y es que están bien documentadas las REC (reacciones de estrés por combate), implicadas en la claudicación de la resistencia y en la merma de la moral de las tropas previamente a la derrota en la batalla. La pérdida de la unidad y el colapso del liderazgo suponen el inicio del fin de un bando combatiente. Muchas menguas de las tropas de los frentes se producen por este tipo de reacciones, y hay quien incluso ha llegado a afirmar que en determinadas divisiones de combate, por cada 1600 bajas se producen 1000 evacuaciones psiquiátricas (Beebe y cols, 1952).

La utilización de las nuevas tecnologías de comunicación también desempeña un papel esencial en el tratamiento de las REC. El equipo de Giuseppe Riva, del Istituto Auxiológico Italiano de Milán, acaba de publicar un interesante artículo en el que demuestra la utilidad de la telefonía móvil (aparatos celulares 3G y PDA) en el tratamiento del estrés militar en pleno fragor del campo de batalla. Ante esta tesitura, sostiene Aloysius que si los afamados cirujanos castrenses de Napoleón levantaran la cabeza, capitaneados por el insigne barón Dominique – Jean Larrey (estratega inventor de las ambulancias de campaña), de seguro se volvían a morir, aterrorizados por tanto avance tecnológico.

05 junio 2007

WATSON, CRICK....Y FRANKLIN

El Dr. James Watson con una copia de su propio ADN descifrado
Extracto del artículo publicado en La Región el 17 de abril de 2005
Creo recordar que uno de los primeros libros que adquirí en la decana Librería Galí de la Rúa del Villar, al comenzar mis estudios de medicina en la añorada Compostela de los años 80, fue precisamente "El azar y la necesidad" de Jacques Monod (Premio Nobel en 1965), cuyo título hace referencia a una frase célebre del filósofo griego Demócrito.


De su lectura me llamó poderosamente la atención el concepto de INVARIANZA GENÉTICA, entendida como la cantidad de información que asegura la conservación de la especie, trasnmitida de generación en generación.


En mi opinión, uno de los procesos más fascinantes de la biología es el procedimiento mediante el cual se trasmite la información genética de célula a célula, de padres a hijos. El 13 de abril de 2005 acudía al II Salón Internacional de la Salud, en el Palacio de Congresos de Santiago. Iba muy ilusionado pues pretendía escuchar al profesor James Watson en persona (premio Nobel de Medicina el año de mi nacimiento). Esa manifiesta necesidad particular mía entró en colisión con el inexorable azar de la vida, ya que este insigne científico justificó su ausencia debido al padecimiento de un proceso alérgico agudo, complicado a su vez con una infección respiratoria.


El Dr. carlos Cordón, presidente del comité científico, fue el encargado de leer una breve nota de salutación que el Dr. Watson le había hecho llegar a los presentes.


Las investigaciones llevadas a cabo en la década de los 50 por James Watson y FRancis Crick en la Universidad de Cambridge culminaron con el descubrimiento de la llamada doble hélice del ADN, estructura que atesora toda la información genética del ser humano, y que ha sido reconocido por los expertos como el mayor avance histórico de la Medicina.


Pero no debemos ol vidar la figura de Rosalyn Franklin, cuyas investigaciones previas sobre la difracción crsitalográfica del ADN, probablemente iluminaron el descubrimiento del afamado tándem de Cambridge. Ya se pueden imaginar ustedes los obstáculos que entonces debía superar una mujer científica; glosando a Honoré de Balzac, los errores de la mujer derivan casi siempre de su fe en el bien o de su confianza en la verdad.


Durante el verano del 2004 falleció el Dr. Crick. A propósito de esta irreparable pérdida, James Watson comentó: "convivir con él durante dos años en una pequeña habitación de Cambridge fue verdaderamente un privilegio. Siempre esperaba con anticipación reunirme o hablar con él, hasta el momento de su muerte. Se le echará muchísimo de menos".


En los tiempos que corren, donde se nos propone vivir en diminutos pisitos, esto no resulta un hándicap para el desarrollo de una elevada actividad científica, contando por supuesto con el peso intelectual del habitante del aparatamento. Al igual que Mario Benedetti opino que las modas pasan, mientras sus escombros permanecen.

TROPICALIA


BANDERAS DE PLUMAS

AMARILLO AZUL ROJO

LAS GUACAMAYAS

01 junio 2007

DOS HAIKUS SELENITAS

"bLUE mOON" de eggneckface33
Luna de junio
Esquiva en el cielo
Tino sideral

Monda lironda
Atusa su calva
La luna plena

30 mayo 2007

EL DEFENSOR DEL PUEBLO Y LA SANIDAD


Me cae bien Enrique Múgica Herzog. Tiene sentido de Estado y una mentalidad abierta que le permite rebasar a otros estadistas, pilotos de naves lastradas por caducas ideologías todavía entretenidas en la contraposición entre derecha e izquierda (o viceversa). Encima, este caballero no despierta sospechas, pues es hijo de madre judía, estuvo preso varias veces en las cárceles franquistas y su hermano Fernando fue asesinado por ETA. Ha sido y es Defensor del Pueblo, con gobiernos del PP y del PSOE. Una rara avis política en claro peligro de extinción.

Termina de pasarme el fiel Aloysius un resumen de su último informe. Muy diligente, se ha tomado la molestia de marcar con rotulador fucsia fosforito lo más importante respecto a la sanidad española. Resulta que los usuarios de nuestro sistema sanitario (enfermos, pacientes, familiares y allegados) continúan quejándose de la falta de información y de su nula participación en las decisiones gestoras, a pesar de que exista ya una cierta mejoría en las listas de espera. No sé si este alivio en la demora asistencial es real (por los denodados esfuerzos de los diferentes servicios de salud) o ficticia (porque la gente se ha aburrido de quejarse y ha dejado de enviarle estas reclamaciones al Sr. Múgica).

Lo cierto es que nuestro Defensor del Pueblo vuelve a tirar de las orejas a las autoridades sanitarias, porque en algunas Comunidades Autónomas se tarda demasiado a la hora de realizar determinadas pruebas diagnósticas, porque se realizan demasiadas cesáreas, porque la espera se hace insoportable para las parejas que demandan reproducción asistida o por el caos organizativo en muchos servicios de Urgencias.

Pide más atención para enfermedades emergentes como los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia), la fibromialgia y la fatiga crónica. Exige más cuidado en el ámbito de la salud mental, mostrándose muy crítico respecto a las medidas destinadas a la rehabilitación y adaptación social de los enfermos mentales; ya se sabe, desde siempre los chalados, los alcohólicos y los drogadictos han sido y son enfermos incómodos para el sistema.

Postula la financiación pública destinada a los fármacos para el tratamiento de la obesidad mórbida. Resulta paradójico escuchar a las autoridades sanitarias alertando constantemente que la obesidad será la epidemia del siglo XXI y luego ellas mismas permiten que estas medicaciones se paguen a costa del bolsillo de cada prójimo: los pudientes, no problem, los desfavorecidos, se jo…roban.

Algo similar ocurre en el caso del tabaquismo, cuyo tratamiento tampoco es subvencionado por el erario público. Y es que en el mundo de la medicina a veces nos vemos sorprendidos por paradojas inconcebibles: mientras en España existen pacientes terminales que luchan activamente a favor de la eutanasia, en Nueva Zelanda acaban de desenchufar de su respirador artificial a una desgraciada enferma por no pagar la factura de la luz. Desconozco si allí existe la figura del defensor del pueblo (o del defensor del paciente). Si así fuera, deberían estarle cantando la haka a la muy mezquina compañía eléctrica, por si acaso de esta manera consiguen acojonarla un poco para que se comporte.

28 mayo 2007

EL MILAGRO DE OURENSE

"PROMETHIUS" óleo de ULYANA GUMENIUK (c)
En 1953, Los Dres. Henri Bon y François Leuret, este último en calidad de Presidente del Departamento Médico de Estudios Científicos de Lourdes, escribieron en su libro “Las Curaciones Milagrosas Modernas”:


”espontáneamente o merced a la súplica del hombre, Dios interpone, y por decirlo así, aporta una modificación al desarrollo aparentemente automático de las cosas. Tal es la zarza ardiendo que admira Moisés porque se incendia sin quemarse; o el mar que se abre para que pase el pueblo hebreo;…o la multiplicación de los panes y los peces por Cristo…o la resurrección de Lázaro; o la del propio Cristo, muerto en la cruz, derramada y agotada toda su sangre con la lanzada, y puesto en el sepulcro. Esto es el milagro: derogación de las leyes aparentes del mundo”.

Dejando transcurrir nuestra vida por las calles y rincones de Ourense también podemos ser testigos de milagros, no en el sentido estricto de los piadosos galenos franceses, pues la derogación de las aparentes leyes del mundo físico no es estrictamente necesaria; más bien al contrario, su corroboración y admiración se convierten aquí en imprescindibles.

Escampa después de un chaparrón intenso. Ha dejado rebosantes charcos de agua plateada entre las piedras que forman el suelo de la calle Colón. Como un Mercurio adolescente, caminando ligero desde la Plaza Mayor hacia el Jardín del Posío, el sol de mediodía se refleja cegador sobre el empedrado, transformando en una joya valiosa aquella experiencia del devenir por el trayecto del laborioso barrio de los artesanos. Veloz regreso de vuelta a casa, para contarles a las palomas que revolotean en la Iglesia de la Trinidad cómo sabía el primer beso de tus labios.

Domingo por la mañana; mientras los vecinos más madrugadores se despejan bajo una ducha cálida o degustan ociosos su desayuno ojeando las páginas de las ediciones dominicales de los diarios, me siento a escuchar el paso del tiempo al abrigo de los soportales de la Plaza del Hierro. La ciudad está desierta y es mía. La fuente, gris y melancólica, canta susurrante una tonada antigua que apenas rompe el silencio del amanecer. Austera paz monacal; no en vano la fontana cambió de domicilio allá por los tiempos de la desamortización de Mendizábal. O eso dicen. Y de repente, las piedras vestidas de verdín me relatan un cuento mágico, pues hubo una vez que uno de los caños de esta fuente en vez de agua vertió vino, litros y litros de brebaje tintado, milagro en el que algo tuvo que ver un accidente doméstico en la bodega de la cercana taberna de los hermanos Bouzas. ¿O tal vez sería una broma pagana del travieso dios Baco, despechado ante la indiferencia de las musas calpurnias que recónditas habitan al calor de As Burgas?


El sol se va a ocultar en el horizonte, en un momento mágico tan apasionante como ese justo instante cuando la madera cruje antes de comenzar a arder. Los estorninos ya anuncian la bonanza y el cielo progresivamente torna de un azul eléctrico a un violeta claro, la cúpula de la Catedral se engalana con una gasa tornasolada mientras una precoz estrella comienza a brillar en el firmamento. No es el cielo de Madrid. Es el hechicero de Auriavella.

27 mayo 2007

BASURA GENÉTICA


Estracto del artículo publicado en La REGIÓN EL 26 DE JUNIO DE 2005


El otro día estuve revolviendo en los cajones de ofertas de un videoclub y conseguí un ejemplar de segunda mano de "Gattaca" (1997). Desde entonces ando barruntando pensativo una serie de particulares consideraciones sobre el futuro de la humanidad. Y todo ello provocado porque el lema de la película se me ha quedado sobrevolando el ingenio como un denso nubarrón: "no hay gen para el espíritu humano". 


Este film de Andrew Nicoll, protagonizado por Ethan Hawke y una más que etérea Uma Thurman especula sobre la historia de un "no válido", una persona concebida de manera natural y no mediante diseño genético, inmerso en la vida de una sociedad donde la mayoría de los individuos tienen una carga genética superior a la suya.


¿Cómo será un mundo donde los padres o la sociedad misma pueda proyectar a su gusto nuestra identidad? ¿Desaparecerán la mayoría de las enfermedades que hoy en día nos torturan, a cambio de enfrentarnos a la incertidumbre científica que hoy en día todavía somos incapaces de comprender?


Mihàly Dés, director de la Revista Cultural Lateral, en su editorial de marzo de 2001, crtiticaba con cierta acritud el éxito que supuso descifrar la secuencia completa del genoma humano. Precisamente una de las grandes sorpresas derivadas de este proyecto se basó en la inexistencia del incremento en el número de genes, a pesar de que aumente de forma paralela la complejidad de los seres vivos.


Por si fuera poco, de los 30000 genes de la especie humana, aproximadamente el 95% tiene una función desconocida. Parece ser que los reyes de la creación somos basura genética en el 95% de nuestra estructura. Sólo tenemos dos tercios más de genes que la mosca del vinagre y un tercio más que el gusano común. La guinda del pastel de este desmesurado regocijo la pone el hecho que el 98% de nuestro material genético es comprtido con los primates.


Ya lo predijo Jacques Monod, premio Nobel de Medicina en 1965 (junto a François Jacob y André Lwoff), en su famosa frase "lo que vale también para la bacteria Escherichia coli vale también para el elefante". Tal vez el fundamento científico de la idea de la reencarnación, defendida por algunas religiones, bien pudiera basarse en el respeto máximo a la vida de los animales, de los que al fin y al cabo sólo nos separan unos cuantos genes.


Respecto a la reparación genética en la futura lucha contra las enfermedades, minúsculos aparatos genómicos denominados "biochips", podrían encargarse de la misma. Mihàly Dés se muestra pesimista porque sus beneficios prácticos seguramente irían a parar a esa pequeña parte de la humanidad, cuyo promedio de vida ya se ha prolongado desde la actualidad alrededor de unos 20 años. Este autor, afirma literalmente que "la ciencia promete un futuro mundo minoritario con una esperanza de vida de 120 años, y otro mayoritario, con una desesperanza de 30 o 40 años".


En definitiva, todo avance médico lleva inherente una necesaria mejora en las condiciones económicas, sociales y culturales (y al fin y al cabo políticas) de la colectividad.


Mientras luchan los intrones y los exones en el campo de batalla de nuestros genes, los seres humanos continuamos reproduciéndonos con la firme convicción de que las generaciones venideras serán mejores que la nuestra, porque como dijo el historiador británico Thomas Babington Macaulay, "la ciencia avanza a pasos, no a saltos".

25 mayo 2007

COG del MIT

Poema sobre la inteligencia artificial realizado con técnica combinatoria de palabras según una serie de números aleatorios.


Más venideras y menos combustibles,
en la línea del tal experimento conciliador,
el cerebro humano,
empresa galeón,
especie de comida que mucho gustaría
en los tiempos paganos.

Expectación.
Los dos queremos tu reproducción.
Entonces, la exploración es un libro plástico que actualmente
no carga Internet.

24 mayo 2007

NECROLÓGICAS


El día que George Harrison
murió,
viajamos juntos a Compostela.
El sol se ocultó apaciguado
en el cárdeno laberinto de tu cabello;
¿recuerdas cómo entonces me tentabas?.

El día que Ella Fitzgerald
murió,
cenamos juntos en Varsovia.
Vino turbio y una escueta ensalada de acederas.
¡Cuánto latrocinio, amor!


El día que Ava Gadner
murió,
no atendí tus llamadas.
Estaba de luto.
Como Caronte, entre las salvias.

WISH YOU WERE HERE


Ojalá estuvieras o estuvieses
Escupieras o escupieses
Una gota de avellana
Ingrata saliva que mil veces mana
En el devenir cansino de la tarde tenue siciliana.

Galatea, fruta glauca,
Grácil luna, loba blanca

Ojalá estuvieras o estuvieses
Rompieras o rompieses
Los grilletes puros
Del erial salado de tu impostada falta.

EL CASTRO DE LAS CALDELAS REVISITED

http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoID=1870300010
Desde el verano de 1978, varias veces he vuelto a Castro Caldelas. Estuve en su castillo cuando su estado era ruinoso. Volví años después para filmar un vídeo mientras se realizaban las obras de rehabilitación. Regresé cuando sus puertas quedaron definitivamente abiertas al público. Mi sombra primero creció y luego fue acortándose. Mi cabello mudó de color, como un réptil cuando se acerca el verano. Me he asomado por esta ventana en distintas ocasiones. Pero el paisaje sigue estando ahí, vigilante, perpetuo...



Cerró el bar del pueblo su puerta metálica hace años,
y la casa dejó también caer
sus párpados lívidos y apesadumbrados,
como tanta poca vida que apuramos
aquellos banales y jóvenes veranos.
Todavía conserva el cartel que los dos juntos admiramos,
(la gramola se vendió y sus discos, como negros perros, dispersados).
Antaño los hombres buenos se encarnaron en nobles ancianos;
hoy parezco el viejo yo, maltratado en las tabernas, por el tiempo magullado.
¡Destapa el licor meloso, confuso lacayo azulado,
ese gélido elixir, que ocultas aún bajo un férreo candado!.
De la botella volará, cual pálido corcel desbocado,
la espuma de la prisión, mil días en el castillo encantado,
pues de tu boca quisiera rescatar, infelizmente atrapado
conseguir solo un suspiro, una sonrisa veraz, un temblor dorado,
como las turbias y escasas aguas del pantano helado,
en el que nunca me pude hundir, por no estar de ti
tan canallamente enamorado.

LA "F" TAMBIÉN EXISTE


Más tarde o más temprano, todos los que por sus prójimos se sienten injustamente olvidados terminan por rebelarse y montan un pollo para que los demás se enteren de sus cuitas. La tribu de los maquiavélicos siempre los respalda, por aquello tan manido de que el fin justifica los medios. No olvidemos que vivimos inmersos en el mundo de la publicidad: me anuncio, luego existo. Teruel también existe (este sencillo lema se ha hecho muy popular).


Del postergado Teruel es el Dr. José Alegre Martín, descendiente de pastores, como él muy orgullosamente alardea. Este colega es el responsable de la Unidad del Síndrome de Fatiga Crónica del Hospital Vall d´Hebron de Barcelona. Una de las ventajas que tienen los grandes centros hospitalarios es que pueden crear unidades superespecíficas para el diagnóstico y el tratamiento de determinadas enfermedades.


El Dr. Alegre defiende la existencia de dos enfermedades muchas veces interrelacionadas: la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica. Así lo cree él; a pies juntillas. Una amplia experiencia clínica avala su decidido convencimiento. Yo también tenía esa certidumbre, pero escucharle a él no me ha dejado duda alguna.


¿Sería posible que miles de mujeres de diferentes nacionalidades y estratos sociales se pongan de acuerdo a la vez para simular e inventarse una enfermedad? Y digo mujeres porque son legión entre estos pacientes: sólo 1 de cada 10 casos de fibromialgia es de sexo masculino. Sostiene Aloysius que la famosa pintora mejicana Frida Khalo también padecía este trastorno.


Al prestarle atención a un colectivo de enfermas ourensanas el pasado 12 de mayo pude constatar sus quejas: incomprensión social, desconocimiento de sus patologías (incluso por parte de los profesionales a los que acuden buscando alivio), aislamiento familiar y promesas políticas incumplidas. Ellas tienen la sensación de que sus derechos como pacientes son inferiores por el mero hecho de residir en nuestra provincia. No quieren desplazarse a Barcelona para ser tratadas (y comprendidas). No pueden.

La fibromialgia y la fatiga crónica son enfermedades que existen: han sido reconocidas por la Organización Mundial de la Salud y figuran codificadas en los manuales de clasificación de las enfermedades humanas (CIE).


Unos compañeros de A Coruña han estudiado 123 pacientes fibromiálgicas, pertenecientes a un área asistencial de 50000 usuarios del SERGAS. El 99% eran mujeres, una tercera parte con edades comprendidas entre los 40 y los 49 años, en la plenitud de su capacidad laboral. Por eso, el 85% de ellas trabaja o ha trabajado fuera de su casa. En la mitad de las ocasiones, han necesitado una baja laboral y 3 de cada 4 reconocen que nunca han tenido dificultades para obtenerla. Aún así, 7 de cada 10 mujeres de este estudio aceptaría una reducción de su jornada como alternativa a la baja, y además la mitad de ellas ha demandado en algún momento una recolocación laboral. Y aunque parezca mentira, el 60% de estas enfermas manifiesta un alto nivel de satisfacción respecto a la atención prestada por sus médicos de cabecera. Esta complacencia desciende al 46% cuando se les pregunta por los médicos especialistas y los fisioterapeutas que las han atendido alguna vez.


Deben unirse para hacer oír más altas sus voces demandando una atención integral y multidisciplinar de su patología. Estoy convencido que pronto lo van a lograr. En su propia ciudad, sin moverse. Cuentan con el respaldo del Dr. Cabaleiro Fabeiro; y ese es mucho apoyo.

La otra tarde, volviendo a ver la excelente “Alguien voló sobre el nido del cuco” (Milos Forman 1975), el perspicaz Aloysius descubrió que el Sr. Bancini (Josip Elic) estaba afectado por un síndrome de fatiga crónica. Y encima, el cabrito de McMurphy (Jack Nicholson) se le subía encima para hacerle jugar al baloncesto. De locos.

BUQUES DE GUERRA


Despierto, deambulo y ando,
camino por un camino
herido, salado y blando.
Y cuando al final, aterido, alcanzo
mi desdichado lugar de descanso,
sacudo el polvo de mi abrigo,
amigo,
y retomo la senda esquiva
de mi vulgar destino.


Apunto, disparo y miro
cómo veloz, intento desviar
su tiro.
Y andanadas planas
de un cañón sumergido,
barrerán sin piedad
mi transitado e infiel desatino.

18 mayo 2007

CABALLOS SALVAJES




De zarcas prímulas los prados preñados,
dorados, índigos, burlados,
a la luz del alba apagados,
bajo la fuerza
de sus bravos cascos,
hendidos, ajados,
salvajes potros desbocados,
de vertiginoso galopar;
no reparan ni en los bosques
ni en los lagos,
amarrados,
bien sujetados
con atávicas bridas
amargas,
cubiertas las grupas
de suaves sargas,
sangrantes heridas
que sudorosas buscan
el indómito trotar del alma.




09 mayo 2007

EL MEDICO DE LOS POBRES

Ciencia y Caridad (Pablo Ruiz Picasso, 1897)
Óleo sobre lienzo; 197 x 249'5 cm; Museo Picasso. Barcelona. España.
© Sucesión Pablo Picasso. VEGAP, A Coruña, 2005.

Conozco a muchos compañeros que son médicos de los pobres. Yo, sin ir más lejos, también soy uno de ellos. De los pobres, de los ricos, de los gordos, de los flacos, de las putas, de los enanos, de los locos, de los cuerdos, de las mujeres, de los hombres, de los homosexuales, de los toxicómanos, de los ancianos, de los adolescentes, de los músicos, de los gitanos, de los obreros, de los inmigrantes, de los enfermos y de los sanos, de los buenos, y también de los malos...


Pero no es a este tipo de médico al que me voy a referir. Hoy en día es una bicoca trabajar para un sistema sanitario de cobertura universal. Además, a fin de mes siempre te ingresan la nómina. Pero este lujo asistencial los ancianos del lugar todavía lo recuerdan demasiado reciente.


Hablamos de los esforzados médicos del tiempo pasado, que trabajaban en unas condiciones que hoy se nos antojan heróicas. Médicos disponibles las 24 horas del día, todos los días del año. Cuando una enorme mayoría de nuestros prójimos no tenían para pagarse las atenciones médicas, cuando enfermar era un lujo, ahí estaban estos profesionales todoterreno. Por su culpa se dice que la medicina es una profesión vocacional.

En Ourense acaba de abandonarnos uno de ellos. Como muchos de nuestra generación, en mi infancia yo también fui paciente suyo. Afortunadamente no fue por falta de recursos económicos familiares, sino por la confianza que mis padres depositaron en su arte y ciencia de sanar, de confortar.


Tenía el Dr. Gallego su consulta abierta justo enfrente al Jardín del Posío. A cambio de nada, atendía a todo aquel que llamaba a su puerta. Recuerdo que aguardé junto a mi madre mucho tiempo sentado en una sala de espera abarrotada. La numerosa cola incluso se extendía fuera de aquella habitación. Mi asma me llevó a sus manos. Me auscultó. Le dijo a mi madre que si quería que mejorase mi enfermedad debíamos trasladarnos a una ciudad de clima frío y seco. "A León, por ejemplo". Por supuesto, no aceptó ninguna paga por sus atenciones.


Hace dos años estuve metido en las gestiones oficiales para concederle la Medalla de Oro de la Sanidad de Galicia. Hablé con su hermana. Me confirmó que estaba muy enfermo y que apenas salía de casa. También me hizo desistir del empeño honorífico, pues él nunca aceptaría ningún tipo de homenaje.


Un paciente mío regentó durante mucho tiempo una tienda de fotografía. Un día, el Dr. Gallego entró allí para hacerse unas fotos de carnet. A la hora de pagar, el dueño no quiso cobrarle. "Usted tampoco me cobraba a mí cuando iba a su consulta", le dijo. El Dr. Gallego insistió en pagarle y así lo hizo: "Una cosa no tiene nada que ver con la otra", sentenció.


Mi amigo Pastor Outeiral se quedó con las ganas de hacerle un retrato. "Tenía la cara de los médicos de antes". Un día se lo encontró en una cafetería, acompañado por unos familiares. Al reconocerlo, se le acercó para saludarlo. "Usted es el Dr. Gallego, ¿verdad?". "Lo fuí, es cierto", le contestó amablemente el anciano galeno. Y luego, declinó amablemente la petición de ser "inmortalizado" por el artista.


Ha habido otros muchos médicos de los pobres: el Dr. Esteban Maradona (1895-1995), que atendía y educaba a indigentes e indios en Argentina, y que fue dos veces candidato al premio Nobel de la Paz, el médico santo de Nápoles Dr. José Moscati (1880-1927), con su predilección por los enfermos pobres, el Dr. Carlos Showing Ferrari (1893-1995), benefactor de los enfermos necesitados del Perú, el beato venezolano Dr. José Gregorio Hernández, que murió atropellado mientras iba a buscar las medicinas necesarias para tratar a una anciana pobre, el cubano Dr. Armando Carnot Veulens (1884-1926), médico de los obreros y de los deposeídos..., y tantos y tantos otros.

06 mayo 2007

LA TEMPESTAD Y LA CALMA

Imagen: Médicos del Mundo.
Dibujo de los niños afectados por el tsunami en Sri Lanka

El devastador efecto de una catástrofe natural puede modificar de manera sustancial las condiciones sanitarias de una zona. Lo mismo puede suceder con la afluencia masiva de personas que se desplazan desde un territorio a otro, como ocurre con los refugiados de un conflicto bélico. Un ejemplo de la primera situación ocurrió durante el tsunami que arrasó el Golfo de Bengala hace unos años.


EXTRACTO DEL TEXTO PUBLICADO EN LA REGIÓN el 25 de enero de 2005.


Asegura un viejo refrán popular que después de la tempestad viene la calma. También la cantante Bebe recita en una de sus canciones que "hay un trozo de luz en esta oscuridad para prestarme calma, el tiempo todo calma, la tempestad y la calma, el tiempo todo calma..."


Transcurrirá mucho tiempo para que se alcance la calma total en las zonas afectadas por el maremoto del Golfo de Bengala. Han comenzado a propagarse insistentes rumores por el sur de Asia sobre supuestos peligros para la salud humana derivados del consumo de pescados y mariscos en las costas afectadas por el tsunami, que se hubieran contaminado por el contacto con los cadáveres en descomposición de las incontables víctimas tragadas por el mar en aquellas latitudes.


El pescado supone la base de la alimentación de la mayoría de la población de los litorales afectados, que además suele consumirlo casi crudo o escasamente cocido, siguiendo tradicionales costumbres culinarias.


Las autoridades sanitarias han manifestado su preocupación por la afectación de los sistemas de gestión de las aguas residuales, que pudieran provocar filtarciones contaminantes causadas por virus, bacterias o parásitos intestinales, así como por la proliferación de las algas productoras de toxinas que afectan a peces y moluscos (mareas rojas).


Decía Benedetti que "hoy me siento apenas como una laguna insomne, con un embarcadero ya sin embarcaciones". Pocos días después de la catástrofe, pescadores tailandeses reparaban sus maltrechos barquitos de pesca y salían de nuevo a faenar al mismo mar que apenas unas horas antes les había arruinado por completo. En algunas playas de Sri Lanka comenzaban a levantarse unas frágiles cabañas a tan solo 50 metros de la playa, una vez más la desafiante tenacidad del hombre ante las adversas fuerzas telúricas.


Estos humildes héroes cotidianos se parecen a los protagonistas de "Mar morto", del escritor brasileño Jorge Amado.


Médicos Sin Fronteras ha denunciado la aparición de varias decenas de casos de tétanos entre los supervivientes, con un elevado índice de mortalidad cercano al 25%, atribuido fundamentalmente a la contaminación de las heridas producidas durante el tsunami, pero alertando del riesgo de contagio a los trabajadores de las tareas de limpieza y desescombro, así como para aquellos que todavían buscan a sus familiares muertos entre las ruinas.


Se han puesto en marcha campañas de vacunación contra el tétanos, la hepatitis, la fiebre tifoidea y la meningitis. También se realiza una especial vigilancia ante la aparición de casos de malaria, peligrosa enfermedad que pudiera encontrar el campo abonado en las abundantes aguas insalubres.


Otras prioridades se encargan de asegurarle a los afectados suficiente agua potable, así como los alimentos necesarios para combatir la densutrición y el apoyo psicológico para sobrellevar tanta desventura.


Los cálculos más pesimistas estiman que las secuelas delmaremoto pudieran ser la causa de al menos tantos muertos como los fallecidos en el episodio agudo.