

San Martín partiendo su capa con la espada.
Fachada de la Catedral (Munster) de Basilea.
"Recuerdo lo que no quisiera recordar, y en cambio no puedo olvidar lo que quisiera dar al olvido..." MARCO TULIO CICERON. Y todo esto es así porque los dioses no conocen la memoria y los hombres son capaces de convertir el destino en recuerdo...


San Martín partiendo su capa con la espada.
Fachada de la Catedral (Munster) de Basilea.


Soy un tipo afortunado. Tengo varios amigos que controlan un huevo sobre nuevas tecnologías. Cuando les escucho hablar, sobre todo si es entre ellos, me entra una gran desazón, pues me imagino como un auténtico analfabeto funcional intentando comprender a dos extraterrestres. Sostiene Aloysius que esta chocante sensación se debe a mi cualidad de hombre del siglo XX, como Buffalo Bill por ejemplo, fallecido en Denver en 1917, el mismo año en que un tío abuelo mío emigró a Cuba. No me sirve de consuelo, porque otro famoso Bill, en este caso Gates, nació en 1955 y es uno de los máximos responsables de este galimatías informático.
Tomando posición en estas reflexiones, las traigo hoy a colación ante la propuesta que la parlamentaria Rosa Díez, de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) planteaba el otro día en el Congreso de los Diputados a Trinidad Jiménez, Ministra de Sanidad y Política Social, a propósito de la necesidad de una tarjeta sanitaria única y homogénea para todo el Sistema Nacional de Salud. Resulta poco comprensible que exista un documento comunitario europeo semejante mientras que en nuestro país se percibe cierta fragmentación autonómica. La diputada nacional se refería más concretamente a las dificultades que afectan a determinados pacientes dependientes, enfrentados a incómodas barreras burocráticas cada vez que necesitan trasladarse desde su comunidad autónoma de origen hasta un centro de referencia, generalmente en Madrid o en Barcelona.
Nuestra ministra apeló a la interoperabilidad existente, a su juicio, entre las diferentes tarjetas de los servicios autonómicos. La realidad es que en España conviven 17 modelos diferentes de este documento esencial, una especie de DNI sanitario, infrautilizado y que en la práctica cotidiana todavía presenta demasiadas disfunciones administrativas. Los pacientes dependientes y sus familiares siguen reclamando la supresión de las barreras físicas y burocráticas.
La interoperabilidad es un término que hace referencia a la traducción macarrónica de la palabra inglesa “interoperability”, la capacidad que poseen los sistemas de tecnologías de la información y las comunicaciones, y de los procesos empresariales a los que apoyan, para intercambiar datos y posibilitar la puesta en común de información y conocimientos.
En román paladino, para que esta entelequia se transforme en una realidad obliga a que los ordenadores estén enchufados, interconectados, trabajen con sistemas operativos similares, comprendan las órdenes que les transmiten sus operarios y aporten, en tiempos de espera razonable, las soluciones demandadas por los usuarios. Lo demás es música celestial. O burrocracia, como prefiere más de un desencantado de los modernos teclados, harto de tanto marasmo administrativo contrario al sentido común y que hace blasón y enseña del ni lo sé, ni me importa, y si no está escrito en un papeliño oficial, no existe. Amén.
Por cierto, dicen que Buffalo Bill se convirtió al catolicismo una hora antes de morir...

La vida puede ser maravillosa, a pesar de que nos abandonaste sin despedirte, dejándonos derrotados, provocándonos todo el desconsuelo de esa última canasta que nos enchufó el equipo contrario, en el instante final, sobre el alarido de la bocina. Y perdimos el campeonato.
Me aficioné a la NBA por culpa de aquellas finales épicas entre los Celtics y los Lakers en la década de los 80... Formaban la tropa bostoniana nada más y nada menos que Larry Bird, Kevin McHale, el jefe doble cero Robert Parish, Danny Ainge y aquel fenomenal base afroamericano, pelirrojo, con pecas y bajito, el malogrado Dennis Johnson... La banda angelina estaba dirigida por el globetrotter Magic Johnson, acompañado por Kareem Abdul- Jabbar, James Worthy, Byron Scott, Michael Cooper y aquel sexto hombre con bigotillo y gafotas llamado supermán Kurt Rambis...
La vida puede ser maravillosa. Años más tarde, el interés por el baloncesto norteamericano, entonces el mejor del mundo, se extendió por nuestro país como una epidemia. Andrés Montes tuvo mucha culpa de ello. Acompañado por el inefable Daimiel, que se chupaba los mismos vaciles que más adelante sufrirían en sus propias carnes Julio Salinas, Kiko Narváez o el palomero Juanma López Iturriaga, Montes nos narró desde Canal Plus las hazañas del extraterrestre Michael Jordan, el mejor jugador de basket de todos los tiempos, que mientras desafiaba a la fuerza de la gavedad catapultaba a la fama a los Bulls de Chicago.
Muletillas, aliteraciones, juegos de palabras, apodos, tergiversaciones..., todo un arsenal de recursos convertidos en el cuerpo doctrinal de una nueva manera de narrar los partidos televisivos, que hacía brotar en idénticas proporciones a admiradores y detractores. Y después de tanto amor y odio, para no aburrirles con mis honores por el desaparecido, permítanme tan solo un ejemplo: Andrés Montes transformó la preciada merluza del pincho (capturada artesanalmente, con anzuelo) en el "pincho de merluza" (espectacular tapón baloncestístico). Ahí se le notaban los genes gallegos.
La vida puede ser maravillosa. Esta tarde he quemado todas mis viejas pajaritas...
Para todos aquellos que el pasado domingo 25 de octubre de 2009 no pudieron ver este documento vital, repleto de humanidad:
http://yanopuedoperoaunpuedo.blogspot.com/
Por cierto, aquí van unas breves palabras introductorias. Son del propio Raul:
Hola a todos ¿Qué tal?:
Muchos de vosotros me seguís hace tiempo y por ello aprovecho y os mando información sobre el documental que se va a emitir este domingo día 25 en TVE2 a las 22 horas dentro del programa CRÓNICAS. Para que podáis conocer algo de lo que allí se podrá ver, os incluyo un enlace a mi blog, para ver un avance del reportaje. Espero que os apetezca verlo y también invitar a vuestros contactos a que lo vean.
http://yanopuedoperoaunpuedo.blogspot.com/2009/10/25-de-octubre-reportaje-sobre-la-ela-y.html
Y dentro del blog he colgado más información sobre el mismo por si os apetece profundizar. En Facebook hay un grupo que intenta dar difusión al documental, espero que entréis y os unáis para ver si llegamos a 500.
http://www.facebook.com/home.php#/group.php?gid=152337734311
Gracias por estar ahí y mucho ánimo para todos.
Raúl

Su singularidad ha sido ensalzada por diversos escritores: la fábula tradicional de los Tres Cerditos, la rivalidad entre Snowball y Napoleón en “Rebelión en la granja” del visionario George Orwell, el tartamudo y malicioso Porky, y por supuesto, nuestro bienquerido D. Vicente Risco y su genial sátira “O porco de pe”. Hasta los psicodélicos Pink Floyd les dedicaron parte de su fantástico disco “Animals”.
Los marranos son demasiado semejantes a nosotros, y no me estoy refiriendo al parecido físico o espiritual, sino a que sus tejidos han sido aprovechados en medicina para la realización de determinados trasplantes, como por ejemplo de las válvulas cardíacas. Este tipo peculiar de solidaridad orgánica entre especies se denomina xenotrasplante.
Los xenotrasplantes precedieron a los alotrasplantes, aquellos realizados entre individuos de la misma especie. Históricamente los primeros animales empleados fueron los cerdos. Incluso se ha intentado conseguir razas especiales de ganado porcino libres de antígenos, para evitar así el rechazo por parte del receptor. Mi muy informado Aloysius me ha contado una singular historia protagonizada por un paciente que necesitaba con urgencia un trasplante hepático. A la espera de que apareciera un órgano compatible, una conexión venosa con un cerdo vivo al lado de su cama permitió subsanar la demora necesaria.
Continuando con el apasionante tema de los trasplantes, muchos se sorprenderan cuando lean que los órganos de un solo donante pueden salvar las vidas de ocho personas. Dicen los expertos que éste fue el argumento empleado en su día por los guionistas de la película “Siete Almas”, protagonizada por el popular Will Smith. La lástima es que cometieron tantos errores de bulto que convirtieron este film en un pastiche completamente increíble, desde el punto de vista médico y científico. Pero seguro que se sorprenderán todavía más cuando lean que los tejidos de un solo donante pueden servir para tratar las patologías de 800 prójimos. Nos estamos refiriendo, por ejemplo, a huesos, tendones, ligamentos, válvulas, arterias, córneas e incluso la piel. Y aquí se cierra el círculo, pues injertos de piel de cerdo fueron empleados exitosamente para salvar la vida en grandes quemados.
Admirado y a la vez denostado animal. ¿Acaso tan pronto hemos olvidado el tremendo valor que en su día tuvo la insulina porcina para el tratamiento de la diabetes mellitus en humanos?
Enterado del poder rejuvenecedor de la mascotas, hasta el muy suspicaz Aloysius está pensando adoptar a un cerdito enano vietnamita. Como George Clooney.

Casi todo el mundo conoce que la glucosa es la gasolina del cuerpo humano, esa fuente primaria de energía empleada por nuestras células. Los músculos necesitan dicho azúcar para funcionar, lo mismo que el cerebro, órgano extremadamente sensible a los cambios en las concentraciones de la glucosa en sangre. Las cifras excesivas (hiperglucemia) o deficientes (hipoglucemia) pueden provocar confusión mental e inconsciencia.
Los cinéfilos admiramos una de las hipoglucemias más famosas en la historia del 7º Arte, aquella sufrida por Michael Corleone en la tercera parte de “El Padrino”. Mientras visitaba al cardenal Lamberto, en la ficción futuro y breve Papa Juan Pablo I, su desvanecimiento obligó a los curitas que le asistían a reanimarlo con celeridad: zumo de naranja y chocolatinas.
Continuando en el fascinante mundo del cine, durante estos últimos días andaba muy entusiasmado mi apacible Aloysius con su colección de clásicos en blanco y negro. La otra tarde se mantenía absorto con una emocionante persecución a través de las lóbregas alcantarillas de la Viena de la posguerra, en la oscarizada “El tercer hombre” (Carol Reed, 1949). Por cierto, la novela original y el guión fueron obra de Grahan Green, escritor británico vinculado a Ourense por sus frecuentes retiros en nuestro majestuoso MonaSterio de Oseira.
Pues bien, en el Prater vienés, muy cerca de la famosa noria en la que un atónito Holly Martins (Joseph Cotten) descubría el ácido cinismo de su viejo amigo, el traficante de penicilina Harry Lime (Orson Wells), se celebró apenas hace unas semanas la reunión anual de la Asociación Europea de Diabetes. En uno de sus múltiples symposiums, el profesor Vivian Fonseca, de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans), alertaba a los presentes sobre la relación entre hipoglucemia y riesgo de muerte cardiovascular en los enfermos diabéticos.
Evitar la hipoglucemia es el caballo de batalla en el tratamiento de estos pacientes, pues precisamente ciertos fármacos (insulina y antidiabéticos orales) pueden desencadenar bruscas caídas de la glucemia plasmática. Los equipos investigadores han desarrollado recientemente avances terapéuticos para minimizar el riesgo de hipoglucemia, sintetizando modernas insulinas e innovadores fármacos, como los inhibidores de la degradación de las incretinas. Las incretinas son hormonas que se liberan después de las comidas, estimulando al páncreas para que fabrique insulina. En los diabéticos, lo ideal sería emplear fármacos capaces de controlar los niveles elevados de glucosa plasmática, sin provocar hipoglucemias.
Muchos consideramos ya a la diabetes como la plaga del siglo XXI. A la hora de combatirla eficazmente no debemos permitirnos daños colaterales. Y la hipoglucemia es uno de ellos. Cruel e inmisericorde. Como Michael Corleone. Como Harry Lime.

Y cuando el hambre aprieta, no es difícil imaginar cómo nuestros antepasados descubrieron el valor de un alimento tan barato y asequible. Paradojas de la vida, mientras millones de niños mueren de hambre cada día en el mundo, para reivindicar sus derechos los modernos granjeros de la Comunidad Europea se han visto obligados a regar los campos con sus excedentes lácteos. El mundo al revés, o como sostiene el furibundo Aloysius, somos la leche.

Mientras algunos disfrutamos de una relajada existencia, medio ocultos hinchándonos los carrillos en una vasta y apetecible fábrica de caramelos, otros, más lúcidos y desesperados, se ven obligados a replegar sus sueños cada noche esparcidos por las esquinas que tienen los cartones y que indefectiblemente siempre empiezan a mojarse cuando llueve.
"Esta noche ocurrió por primera vez, en lo que va de verano: estaba durmiendo, como siempre, detrás de los edificios de la Policía Local, desde donde puede divisarse el viejo letrero de la fábrica de caramelos Varela, arropado entre los cartones y la manta de la Abuela; y la lluvia me despertó. Transcurrían unos minutos de las cinco de la mañana y un ruidillo fino, lleno y opaco, entre las tinieblas terminó por languidecer y hacerse todo en el todo. La manta tenía un extremo al margen del espacio que cubría la cornisa del edificio y se mojó, y dos cartones se habían extraviado a medio metro de mí. Ante la insistencia de la lluvia llegaron a quedar inservibles. Y a mi rostro le comenzaron a caer pequeñas gotas pestañas abajo. De repente, la lluvia convirtió todo en más soledad".

Imagen: "Alchemy Notebook", de Ninth Wave Desings, en Flick TM
Después de un esforzado verano, durante unas breves jornadas el peculiar Aloysius decidió trotar por el mundo. Encaminó sus pasos hasta Basilea, el enclave suizo fronterizo con Alemania y Francia, ciudad europea por antonomasia, apacible nudo de caminos y culturas, donde por cierto existen más de cien fuentes públicas de agua potable. Aún conociendo las licencias que le permite su imaginación, puedo aceptar que estuvo hospedado en una hermosa casita de tres plantas con la fachada decorada por signos arcanos, en pleno Elftausend – jungfern – Gässlein, el Callejón de las Once Mil Vírgenes, donde quinientos años atrás vivió el mismísimo Philippus Aureolus Bombast von Hohenheim, más conocido como Paracelso.
Este famoso alquimista, astrólogo y naturalista comenzó sus estudios en la Universidad de Basilea en los albores del siglo XVI. Con el tiempo, llegaría a ostentar el cargo de médico de la ciudad, durante el bienio 1527 – 1528.
A Paracelso se le atribuye un sinfín de historias inciertas. Desde la transmutación del plomo en oro, como hizo el ultraestafador Bernard Madoff o los malaventurados gestores del banco Lehman Brothers, hasta el descubrimiento del zinc. Nos estamos refiriendo a unos tiempos en los que el saber médico practicamente quedaba reducido a la traducción de los tradicionales tratados atribuidos a Hipócrates, Galeno y Celso. A decir verdad, tampoco existe constancia de que este último enciclopedista fuera médico, aunque sí el autor del clásico “De Medicina”. Lo cierto es que el orgulloso Paracelso se puso ese apodo para destacar su personalidad sobre la del filósofo romano del siglo I de nuestra era.
De regreso a casa, después de tanta ciencia y literatura, Aloysius el viajero alcanzó la Bahnhof SBB, la estación central de los ferrocarriles suizos en Basilea. En este mundo deshumanizado cada vez quedan menos prójimos que te despachen un billete de tren. Han sido sistemáticamente sustituidos por pulcras máquinas expendedoras, algunas con pantallas táctiles. No percibió la histeria colectiva española por la gripe A. No vio por ninguna parte dispensadores de soluciones hidroalcohólicas, barbijos ni toallitas desinfectantes. Pero sí se percató que en Suiza existe una tarifa de medio billete para las mascotas que se desplazan con sus dueños, exactamente el mismo precio que pagan los niños. Y se acordó de una Golden Retriever que dorada y pacífica viajaba al lado de su propietario en el tranvía que partía desde la Barfüsserplatz hasta la estación. También se acordó de los cien mil perros que fueron abandonados en España el pasado año…

Me entretenía leyendo los "Cuentos Orientales" de Marguerite Yourcenar. Por fin relajado, con el agua al cuello, como el Emperador que anhelaba cegar la mirada del viejo pintor Wang - Fo, como el rubio detective Harper...
Y me acordé del viejo Czeslaw Milosz, escribiendo sobre un papel, la mano temblorosa y su espesa tinta polaca:
"El día es tan feliz. La niebla se fue pronto... En mi cuerpo no había lugar para el dolor. Cuando me enderecé, vi el mar azul, y al fondo unos veleros..."
En la otra orilla, una garza permanecía inmóvil, dichosa, camuflada entre los alisos... Demasiado blanca y desnuda para burlar mi acecho. Al sentirse sorprendida, disimulando enfiló su aguzado pico hacia las viñas que se desbordaban hacia las riberas.
De momento, la cosecha de Ribeiro promete...

¿Estábamos todos dormidos cuando hace unos años una asonada similar arrasó Cáceres al intentar su alcaldesa controlar el botellón en la monumental capital extremeña? ¿Seguíamos amodorrados cuando año tras año constatamos que el mayor acontecimiento universitario en Sevilla, Granada, Santiago de Compostela o Vigo es un macrobotellón que deja esparcidas por el campus toneladas de basura y cascos vacíos, sobrecargando con decenas de intoxicaciones etílicas los sufridos servicios médicos de urgencias? ¿Acaso continuamos ababiecados cuando cada fin de semana asistimos atónitos a la masacre acaecida en nuestras carreteras, protagonizada por hermosos cadáveres que digirieron mal la mezcla de alcohol y velocidad automovilística? Para algunos políticos resulta demasiado sencillo seguir siendo guais, progres, tíos y tías de puta madre, mirando hacia otro lado mientras el problema social crece. Prohibir hace perder votos. ¿En qué país de nuestro entorno se permiten mazadas colectivas semejantes? ¿Para cuando el tan cacareado pacto político nacional en materia de Enseñanza y Sanidad?...
¿O es que todavía pensamos que lo ocurrido en Pozuelo de Alarcón es un fenómeno sociocultural pasajero, una caralladita de los nenes pijos periféricos de Madrid tratando de acojonar a la policía?

El otro día, a la hora de las cañas en "El Baden - Baden", me encontré con Aloysius y le acucié:
Date prisa, rellénalos con esa solución hidroalcohólica desinfentante que guardas en tu almacen; tíñela de verde, que es el color de la esperanza...; haz tu oferta comercial todavía más atractiva regalando las mascarillas, ¡qué mas da!, no las cobres, que te sirvan así de reclamo publicitario...
Colócalos por todas las partes. El mundo occidental acaba de descubrir que tiene que lavarse las manos. Hasta que empezó el acojone con el virus de la gripe A no importaba la roña que se nos pegaba en las uñas. Ahora tenemos pánico y remordimiento. Los antisépticos se venden mejor que la Coca Cola o que el agua mineral embotellada. Apresúrate... Mientras dormías tu pequeña empresa ya está cotizando en bolsa... ¡Y tú sin saberlo!
Yo me pregunto: ¿por qué le tenemos más miedo al virus de la gripe A que al del SIDA?... ¿Por qué han derrotado los barbuquejos a los preservativos?.
Y como ELOGIO a la CORDURA, me permito convertirme en el eco de esta información...
Por Juan Gérvas, Licenciado y Doctor en Medicina por la Universidad de Valladolid
Con el debido respeto, ruego que escuchen a este médico general rural preocupado por el pánico desatado ante la epidemia de gripe A. Es preocupación clínica y social, pues se refiere tanto a la atención a los pacientes como al impacto en la estructura social, laboral y económica de un pánico que tendrá peores consecuencias que la propia epidemia de gripe A.
CONSIDERACIONES
Conviene recordar que el Gobierno de Canadá se planteó dos objetivos ante la gripe aviar:
1/ disminuir su impacto en mortalidad,
2/ mantener la estructura social.
No es una visión improbable la de un país sumido en el caos, parado por cierres de escuelas y centros de trabajo, con las urgencias y servicios médicos colapsados, con falta de atención a otros problemas de salud incluso graves, como infartos de miocardio y apendicitis (sin hablar de los errores tipo retrasos en el diagnóstico de meningitis por confusión con la "omnipresente" y deslumbrante gripe A.
Y, sin embargo, la gripe A es enfermedad benigna, con menos mortalidad que la gripe estacional (la de todos los años). Lo sabemos ya con datos, por la experiencia del invierno en los países del hemisferio sur. La diferencia es responder como Argentina (pánico y descontrol absoluto) o como Australia (organización y eficacia).
Según los cálculos más ciertos podemos esperar como máximo unos 500 fallecimientos por gripe A, frente a los más de 1.500 anuales por la gripe estacional. Por ello, habrá menos muertos en todos los grupos de edad con la gripe A que con la gripe estacional. Para disminuir la mortalidad habrá que tratar adecuadamente a los casos que se compliquen.
Lastimosamente la vacuna prometida llegará tarde, y no deja de ser una vacuna cuya eficacia desconocemos. Hasta que no haya más conocimiento muchos ni nos la pondremos ni la recomendaremos.Respecto a las embarazadas, siempre se han visto más afectadas por la gripe, especialmente en el tercer trimestre, por los cambios cardio-respiratorios que provoca la ocupación del abdomen por el útero grávido.
La gripe A no cambia nada respecto a la gripe estacional; habrá la misma proporción de ingresos, y menos muertes que con la gripe estacional. La embarazada puede y debería llevar la vida sana que siempre se le ha recomendado, lo que incluye continuar con su vida normal, familiar y laboral. La gripe A no provoca abortos ni malformaciones del feto. Estar embarazada no aumenta la probabilidad de contagiarse por gripe A.
La selección de personas por sus "factores de riesgo" es cuestión discutible pues los factores de riesgo ni son necesarios ni son suficientes para explicar las complicaciones. Por ejemplo, hasta el 70% de los niños que mueren por gripe estacional carecen de factores de riesgo definidos.
La predicción sobre la evolución de la gripe A debería basarse en lo que sabemos de esta propia epidemia y de pandemias previas. Por ello lo previsible es una onda de rápido contagio. Hablar de otras posibilidades es ignorancia, fantasía, irresponsabilidad o maldad. Es absurdo recordar epidemias de gripes de cuando ni había una cobertura pública sanitaria ni existían antibióticos para tratar las neunomías que las complican.
PROPUESTAS
Dejen de organizar protocolos y de promover medidas de recepción a los pacientes de probable gripe A que carecen de sentido. Es absurdo el aislamiento en urgencias y en los centros de salud de los pacientes con fiebre y síntomas de gripe. Durante la epidemia los griposos estarán en todos sitios y las medidas de aislamiento son innecesarias en los centros sanitarios. Sólo contribuyen a crear alarma y pánico.
No promuevan el diagnóstico exacto de la gripe A, excepto para investigación y vigilancia epidemiológica. Las pruebas de detección rápida son poco fiables, e inútiles. El seguimiento es el mismo sea gripe A, gripe estacional, o cualquier otra infección respiratoria.
Dejen que los médicos clínicos hagan su labor. Llevan años atendiendo a los pacientes con gripe, y saben hacerlo en las urgencias, las consultas y los domicilios. Los "expertos" poco pueden añadir, salvo colaborar como consultores. La gripe A es más benigna que la estacional, pero concentrará a los enfermos en un periodo breve de tiempo. No conviene hacer grandes inversiones ni cambios, sino reforzar los dispositivos existentes con lógica y sentido común. La buena atención clínica a los casos complicados es tan importante o más que todas las demás medidas juntas.
La atención a domicilio debería gravitar sobre los médicos de cabecera que tienen conocimiento y capacidad de decisión respecto a sus pacientes y su entorno familiar. Tengan en cuenta la sobrecarga de trabajo y prevean medidas para compensar las horas extras de trabajo (no todo es gastar en acumular anti-virales y vacunas).
No promuevan excesivamente ni los anti-virales ni la vacuna. Hay dudas razonables sobre sus ventajas, y tienen efectos adversos innegables.Tengan en cuenta que la gripe A tendrá más impacto en la clase social baja, entre los pobres, marginados, toxicómanos, mal alimentados, mal abrigados y habitantes de viviendas insalubres. Todos ellos tienen menos interés por su salud por lo que habrá que prever medidas pro-activas tendentes a evitar la falta de equidad en la atención a estos pacientes y poblaciones.
No promuevan el uso de mascarillas. Su eficacia es dudosa. Promuevan el auto-cuidado. Lo importante es que los pacientes y las familias se enfrenten a la gripe A con la misma serenidad y buen hacer que a la gripe estacional. El ser humano ha evolucionado en convivencia con el virus gripal, de forma que hay un excelente cúmulo increíble de normas sensatas de auto-cuidados en la población.
Como siempre ante la gripe, los individuos y las familias son capaces de cuidarse sin necesidad de médicos ni de sanitarios. Faciliten la justificación de la ausencia al trabajo. La gripe dura siete días, y normalmente los tres primeros son los peores. Nada impide que esos tres días se puedan justificar por el propio trabajador, sin necesidad de baja médica (con lo que se ahorra la visita al médico en el 95% de los casos, que serán leves). Y en caso de ausencia más larga, de hasta una semana, facilite la justificación de la baja con un solo documento que se pueda hacer en sólo una visita (según la organización actual se requerirían tres).
Pidan a los medios de comunicación que sean responsables. No tiene sentido transmitir en vivo y en directo cada muerte por gripe A. En vez de 500 parecerán 500.000. Con ello se crea alarma social innecesaria. Tenemos la experiencia de la meningitis C, que desató el pánico por este comportamiento absurdo de los medios de comunicación.
La percepción social del riesgo de contagiarse y de morir por gripe A no tiene nada que ver con la realidad. Todos tenemos la culpa, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) al Ministerio de Sanidad y Política Social, pasando por las Consejerías de Sanidad, los Colegios de Médicos y los medios de comunicación. Y entre todos hay que lograr enmendar este desaguisado antes de que sea tarde. Es clave que la percepción social del riesgo de enfermar y de morir por gripe A corresponda a la realidad, a la de una enfermedad leve, una gripe de menor gravedad que la habitual.
Juan Gérvas es médico de Canencia de la Sierra, Garganta de los Montes y El Cuadrón (Madrid). Profesor Honorario de Salud Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, y Profesor Visitante de Atención Primaria en Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad (Madrid).

Esa misma voluntad de bien exigida moralmente a todo aquel que desea ejercer la medicina. El eco apagado de la ronca voz de Hipócrates todavía resuena en unos versos de su Juramento: “llevaré adelante ese régimen, el cual, de acuerdo con mi poder y discernimiento, será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror”.
Tal vez alucinado por el sol en las recónditas callejuelas de la vieja Córdoba, un mediodía me pareció escuchar similar salmodia balsámica en los prudentes labios del gran Averroes.
La medicina occidental ha contado con famosos colegas encumbrados en extremos opuestos de la ética profesional. Por un lado, el siniestro Dr. Josef Mengele, el ángel exterminador de Auschwitz. Y en el contrario, mi admirado D. Santiago Ramón y Cajal, ejemplo de sabiduría y vocación. En el mundo musulmán, ciertas informaciones afirman que Ayman al Zawahiri, el lugarteniente de Osama Bin Landen, estudió la carrera de medicina. Otras noticias cuentan que el Sindicato de Médicos de Egipto ha prohibido en su país la realización de transplantes entre cristianos y musulmanes. Una iniciativa arriesgada, pues el paso siguiente pudiera afectar a las transfusiones de sangre e incluso a la propia dinámica asistencial.
Sostiene Aloysius que la rigidez de la ortodoxia religiosa nunca debería condicionar la salud del prójimo. Pone como ejemplo el Ramadán, el pilar del Islam que obliga a los musulmanes al ayuno desde el amanecer hasta el ocaso. Las excepciones contemplan a los niños menores de 12 años, a los ancianos, a las embarazadas, a las mujeres lactantes y a los enfermos en general. Pero un problema práctico podría presentarse en la consulta cuando un diabético devoto de Alá desea cumplir dicho precepto. El pacto entre médico y paciente resulta imprescindible para minimizar los trastornos metabólicos.
La Asociación Británica de Diabetes ha publicado unas recomendaciones al respecto. Pueden consultarse en:
http://www.islamhoy.org/principal/Novedades/ayunodiabetes.htm
Otras controvertidas imbricaciones entre espiritualidad y enfermedad pueden observarse en nuestro entorno, por ejemplo cuando los fieles acuden a consulta con los pies destrozados tras una larga peregrinación o en las clásicas desavenencias sobre las transfusiones de sangre y los Testigos de Jehová.
Al final, si algo tengo que agradecerle al estudio y a la práctica de la medicina es la adquisición de una firme convicción en la igualdad de todos los seres humanos. En diferentes ocasiones he visto sufrir a personas de diversas razas y creencias, quejándose de manera semejante y solicitando el alivio para sus males en distintos idiomas. Y es que el rictus del dolor humano es sosprendentemente universal.


La primera de ellas se titula "Bogotá y la Junta de Socorros". En ella vemos la alegoría de dicha Junta consolando a la desastrada urbe colombiana: "No llores, noble ciudad, que por cada Sotero hay mil corazones generosos que os quieren y os defenderán de la peste y el hambre".
Se trata de una xilografía (23 x 19 cm) original de José "Pepe Gómez" (1892- 1936) y fue publicada en "Bogotá Cómico" el noviembre 2 de 1918.
La justificación de la caricatura viene dada porque debido a las deficientes condiciones sanitarias durante la epidemia de gripe de 1918 las víctimas entre la ciudadanía fueron incontables. El autor culpa aquí a un ineficaz funcionario municipal apellidado Sotero Peñuela...

Al pie de la misma se podía leer el comentario siguiente:
"Partió en gira comercial para un cercano paraje la gripa, famoso mal que ha poco a la capital llegó de Europa. Buen Viaje. Bogotá lleva en su manto las granadas que orlan el escudo de armas de la ciudad, otorgado por el rey Felipe II. Está coronada con una de las torres del escudo del Nuevo Reino de Granada. La epidemia de gripa de 1918 cobró innumerables víctimas debido a las malas condiciones de higiene".
Sostiene Aloysius: "contra la gripe, vacunas, antigripales, antivirales y... buen humor...."
NOTA: Tomado del blog "1000 palabras" con permiso de su autor gabumadiel

Le tengo mucho respeto a las noticias publicadas en los medios de comunicación sobre farmacoeconomía. Como especialidad científica abarca el estudio de temas tan dispares como la oferta y la demanda de los cuidados de salud en una población hasta el grado de eficiencia y equidad que alcanzan los diferentes sistemas sanitarios. A veces, mi recelo se transforma en pánico, dependiendo quién escribe o elabora la supuesta información. Escrito con gruesos trazos, pero a la vez simples para centrarnos en el tema, la farmacoeconomía es el estudio de los costes y de los beneficios de los tratamientos y de las tecnologías médicas. Por ejemplo, aquí quedaría comprendido por qué no es correcto realizar una radiografía del tobillo a todos los pacientes con esguinces o también cuál es el mejor fármaco que el médico debe prescribir para tratar una enfermedad determinada.
Y es que mientras unos curramos, el taimado Aloysius ha estado leyendo al borde la piscina “Los inventores de enfermedades”, el controvertido libro del periodista alemán Jörg Blench, una perorata contra médicos, políticos e industria farmacéutica que no deja títere con cabeza. Tal vez por eso, su sensibilidad crítica se mantiene a flor de piel y se empeña en acusar a todos los galenos del Servicio Galego de Saúde de majaras peligrosos armados con bolígrafos e impresoras, capaces de disparar el gasto sanitario de Galicia hasta la estratosfera. Según él, estamos empeñados en no recetar suficientes genéricos, es decir, medicinas sin marca comercial.
Nadie cuestiona la utilidad y el valor de estos fármacos. Pero identificar genéricos con el producto más económico no es del todo cierto, pues hay medicinas con marca que cuestan lo mismo o menos. También hay que tener en cuenta el llamado precio de referencia, vigente normativa que faculta al farmacéutico para cambiar el fármaco prescrito por un genérico de precio igual o inferior al medicamento de referencia. En último caso, el paciente es soberano a la hora de decidir pagar o no de su bolsillo la diferencia. Y además, no todos los genéricos son iguales. En el propio envase encontramos aquellos etiquetados como EFG, especialidades que han demostrado mediante estudios clínicos la misma biodisponibilidad que el producto originalmente patentado, y otros a los que esta cualidad se les supone (como el valor al recluta en el antiguo Servicio Militar), aprobados por una mera disposición administrativa que tiene en cuenta la composición del principio activo, la parte del medicamento verdaderamente responsable del efecto terapéutico.
El gasto farmacéutico in crescendo. Los gestores sanitarios fiscalizan a los médicos a la hora de recetar fármacos nuevos, pues algunos no aportan ningún beneficio adicional y encima resultan mucho más caros. Entonces ignorantes nos preguntamos, ¿por qué el Ministerio de Sanidad los aprueba? Como colofón, una anécdota. Hace muy poco se comercializó en nuestro país el Aloysín ®, un innovador tratamiento para la reducción duradera y prolongada del jugo gástrico. Cuesta unas 10 veces más que el estándar genérico de su mismo grupo terapéutico. Las fichas de información farmacoterapéutica que el Ministerio de Sanidad periódicamente remite a todos los médicos españoles informa que el Aloysín ® es costoso y no supone ninguna ventaja respecto al producto de referencia. Pues bien, una guía elaborada por el propio Ministerio sobre la calidad de prescripción de los medicamentos útiles para reducir de forma duradera y prolongada el jugo gástrico fue exclusivamente patrocinada por el producto… ¿adivinan ustedes cuál?
Por cierto, Aloysin ® es una marca ficticia pero patentada, que no puede usarse sin el permiso de su inventor. Al loro, quedan todos advertidos.

Esta mañana recibí una visita inesperada. María había finalizado su aislamiento y en su primer día de normalidad recuperada vino a darme un beso. Estaba jovial y resplandeciente. Las pruebas del laboratorio confirmaron la etiología viral H1N1 de su cuadro gripal. Hasta el día de hoy, nadie de su entorno se había contagiado. Mejor para todos. Este lunes pasado leyó su historia en La Región, en la página de Salud.
Su madre me ha contado que María ha guardado el recorte del periódico como recuerdo de la enfermedad padecida. Tal vez en un futuro hoy en día muy lejano María le cuente a sus nietos que ella sobrevivió en el 2009 a la pandemia de Gripe A.
Por cierto, su hermana pequeña aprovechó la coyuntura para delatarla: "mientras estuvo en casa sin salir, a veces se quitaba la mascarilla que le habíais mandado los médicos..." Cándida chivata.


Tal vez es la hora de que los responsables de los 17 sistemas sanitarios autonómicos de este bendito país, y por supuesto el resto de los gobernantes de las naciones afectadas (que cada día serán más) empiecen a ponerse de acuerdo. Porque resulta que no va a ser lo mismo padecer la gripe A residiendo en el centro de Ourense que en una de nuestras aldeas más alejadas de los centros sanitarios.
El otro día le escuché decir en la televisión a un prestigioso epidemiólogo que el virus más peligroso al que se ha enfrentado es el del miedo. Sobrevive en un caldo de cultivo óptimo llamado ignorancia.

Los primeros años que pasé estudiando Medicina en Compostela estuve hospedado en el Convento de San Francisco, en la residencia universitaria regentada por los discípulos del santo de Asís. Permanecí en un rancio pero hermoso edificio monacal, reconvertido actualmente en un moderno hotel de lujo. En la entrada se encuentra semioculto un sepulcro, en el que al parecer descansan los restos de Cotolai. La tradición establece que este humilde carbonero, iluminado por la fe y el mismísmo San Francisco, encontró un tesoro que sirvió para financiar las obras del cenobio. Todavía hay quien cree que los montes que rodean Santiago albergan riquezas ocultas, a buen seguro necesarias para continuar edificando las obras públicas y privadas que tanto proliferan en el neocentralismo capitalino. Y mientras, en Auriavella, inmersos en el interior de nuestra comunidad y alejados de oceános y tumbas de santos, continuamos con la sangría humana provocada por el éxodo de la juventud y el envejecimiento poblacional. A ver si alguien se da cuenta de una vez y comienza a compensarnos; positivamente; digo yo.
Sostiene el sagaz Aloysius que ante esta perenne situación, al igual que la excepcional niña de 9 años de la que comentábamos el otro día, habremos de acostumbrarnos a funcionar con la mitad de nuestros cerebros. Aunque parece ser que lo importante no es gozar de una abundante masa encefálica, sino más bien de desarrollar zonas concretas de nuestro espeso magma neuronal.
En una prestigiosa revista especializada, resulta inminente la publicación de los resultados obtenidos por el equipo investigador de la Universidad de Leicester capitaneado por el Dr. Rodrigo Quian. Estudios realizados mediante electrodos implantados en el cerebro de pacientes epilépticos han demostrado cómo respondemos a los estímulos, cómo procesamos dicha información y cómo somos capaces de almacenarla. Pues resulta que una sola neurona especializada del hipocampo (área relacionada con la memoria) es capaz de responder ante la fotografía de una persona famosa, ante la lectura de su nombre e incluso ante la simple mención del mismo. Se jacta Aloysius de que hasta ahora los experimentos han dado resultado con fotografías de las actrices Marilyn Monroe y Jennifer Aniston, de la popular presentadora televisiva norteamericana Ophra Winfrey, de Luke Skywalker, el mítico protagonista de la Guerra de las Galaxias y hasta con imágenes del propio Dr. Quian, al que los pacientes conocieron apenas dos días antes del experimento. Y por supuesto también con el divino Maradona, que para algo Rodrigo Quian es argentino.
Los primeros años que pasé estudiando Medicina en Compostela, algunos de mis compañeros de residencia universitaria se sorprendieron de que un muchacho procedente de Ourense tuviera entre sus casetes música de Neuronium… Pero, como dicen en Italia, se non è vero, è ben trovato.
Y ahí va un regalo: el viejo "Viento Solar"...; una verdadera maravilla: